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Original subtitles

A contracorriente, Films.

En una animación, figuras estilizadas representan a un equipo de rodaje

cinematográfico a ambos lados de la pantalla.

Cine Español.

Una producción de La Terraza Films.

Turanga Films.

Sideral.

Ikiru Films.

Entre Medina y Genaro.

Una coproducción de Halley Production.

Una coproducción hispano -francesa.

Con la participación de Radiotelevisión Española.

Apunt Radiotelevisión Valenciana.

Movistar Plus.

Crea SGR.

En asociación con Film Factory.

Con la financiación del Ministerio de Cultura, Generalitat Valenciana,

Valencia de Cultura, Comunidad de Madrid y el Instituto de Crédito Oficial.

Oscar Lazarte, Nora Hernández.

Elvira Mínguez, Eva Ugarte, Carmen Balaguer.

Martín Paez, Carlos Serrano.

Tony Agustí.

Con la colaboración especial de Antonio Resines.

Ayudante de dirección, Javier Petit Pérez. Casting, Marichu Sanz. Dirección

arte, Mágita Razona.

Supervisión de efectos especiales, Ignacio Miguel.

Alucine efectos, Miguel Costa Templado.

Sonido directo. Sofía Estraface.

Montaje de sonido, Miriam Pedregal. Mezclas, Antonín Dalmaso. Vestuario,

Sánchez. Maquillaje, Amparo Sánchez. Peluquería, Anne Martínez. Dirección de

producción, Carlos Samoedo. Jefe de producción, Eduardo Liz. Montaje,

Marín Ver. Música original, Anne -Sophie Bersnayen. Dirección de fotografía,

Aitor Manchola. Diseño de producción, Goldo Valles. Producción ejecutiva,

Castro Otero.

Ana Camacho, coproducida por Javier Ugarte, Edmond Roig, Andrea Marcelli y

Alexandra Leberet. Escrita por Joaquín Oristrel, Yolanda García Serrano y

Gómez Pereira. Basada en la obra de José Luis Alonso de Santos, La cena de los

generales, producida por Cristóbal García, Lina Badenes y Roberto

Dirigida por Manuel Gómez Pereira. La cena.

En la fachada del edificio de las Cortes, dos personas alzan una pancarta

que se lee Viva Franco.

Una moto con Sidecar pasa frente al edificio.

En el Sidecar viaja un hombre adormilado con bigote. Al mando de la moto, otro

miliciano con gafas de conducir recorre las calles de Madrid.

Frenan en seco ante tres mujeres uniformadas con camisa azul y boina roja

cruzan la calle.

El hombre del bigote despierta.

¡Viva el movimiento nacional!

El motorista les cede el paso.

La moto

continúa su trayecto.

Avanzan por otra calle mientras el teniente continúa durmiendo.

Se detienen ante la entrada de un edificio.

El teniente despierta.

En el interior, un hombre canoso da instrucciones a otros dos que cuelgan un

retrato del general Franco.

Más a la derecha. Más, más, más, más, más, más. Quieto.

Un poquito a la izquierda. Y ahí.

Colgarle.

Es un círculo.

El teniente se detiene delante de la puerta sobre la que hay un cartel que

indica Hotel Palace.

Es moreno de unos 35 años.

Interpretado por Mario Casas. Mira hacia arriba contemplando la fachada del

edificio y entra decidido.

Se coloca la gorra de plato mientras avanza por el vestíbulo. El hombre

se fija en el teniente. Baja por unas escaleras y lo sigue.

Está interpretado por Alberto San Juan.

El teniente abre una cortina roja. Ante él se extiende una sala con camas

ocupadas por enfermos.

Avanza por la estancia.

Busco al responsable del hotel.

Busco al responsable del hotel. Una enfermera se acerca.

Del hospital, querrá decir.

Hace tiempo que el Palas dejó de ser un hotel.

El teniente la mira de arriba abajo y continúa avanzando. La enfermera lo

El teniente abre una puerta que da paso a una amplia sala.

Alza la cabeza y contempla una enorme cúpula. El espacio está acondicionado

un quirófano.

La madre que me parió. Perdone, aquí no se puede estar.

Nos permiten visitar.

No soy una visita. Estoy aquí por orden directa del Estado Mayor. ¿Quién está al

mando? Al cargo un servidor.

Genaro Palazón, maestro del palacio. Santiago Medina, teniente de

Mucho gusto, señor.

Arriba España. Arriba siempre.

Santiago y el hombre canoso se miran.

Usted dirá. Hay que organizar una cena.

¿Una cena dónde?

Aquí, esta noche.

¿Esta noche?

¿Para quién? Para Franco.

¿Para Franco?

Para sus generales. A las nueve en punto.

Hay que trasladar a toda esta gente a las plantas de arriba.

La cocina.

Acompáñame, por favor.

Adelante.

Y si me da un segundo...

Esto no está en condiciones.

Entra el caudillo, ve esto y nos mete un paquete.

¿Pero que va a entrar el caudillo aquí? Sí, el caudillo entra en todas partes.

Lo ve todo, lo vigila todo.

¿Por qué cree que hemos ganado la guerra?

Aquí tiene el menú.

Sopa al cuarto de hora.

Sí.

Huevos a la aurora.

Eso es.

Ternera con guarnición.

Exacto. ¿Y de dónde saco yo los ingredientes? Eso es cosa mía. Soy de

intendencia. Llevo tres años sacando panes de las piedras, tres.

Comensales, ¿cuántos? Por ahora, 60.

¿Qué?

Imposible, imposible. Dígale de mi parte a don Francisco. ¿Qué pasa, que quiere

ser acusado de rebeldía? No, no, no, no es rebeldía. Es una orden.

Y las órdenes hay que cumplirlas.

Santiago lo mira amenazante y se aparta.

¿Qué hacemos con los cocineros? ¿Cómo que qué hacemos?

No hay cocineros, están en la cárcel. ¿En la cárcel por qué? Porque son de

izquierdas. Pues llame a unos de derechas.

Imposible, todos los cocineros de Madrid son de izquierdas. No me jodas, eh...

Genaro. Eso, todos.

Los buenos sí.

Como no traiga alguno de Burgos o Valladolid, eh... Reclutaré cocineros de

cuarteles, siempre tengo que hacerlo yo todo.

¿Y les va a dar una cena de rancho a los generales en el Palace?

¿En mi comedor?

Antes prefiero que me pegue usted un tiro.

No me lo diga dos veces, eh.

Genaro se acerca y Santiago se aleja.

Mi teniente, ¿y usted qué tiene tanto mal? No podría, quizá, hacer algún tipo

gestión para sacarlos de la cárcel. Por un día, nada más.

A los rojos. Son unos cocineros excelentes.

Me está pidiendo que le sirva al Estado Mayor una cena hecha por comunistas.

No tendría por qué enterarse nadie.

El caudillo se entera siempre de todo, de todo. Podría estar escondido allá

ahora mismo. El caudillo querrá la mejor cena posible.

Han preparado banquetes para Azaña, para Einstein, para Imperio Argentina.

Cuidado. Para Su Majestad el Rey, por favor.

Santiago se lleva las manos atrás y se gira de espaldas a Génaro.

Papel y lápiz.

¿Eh? Papel y lápiz.

Apunten sus nombres. Venga conmigo, por favor.

La enfermera entra mientras conversan.

Vamos a ver.

Para la sopa, Antón Avendaño.

El chef imprescindible.

Fernando Marín para la ternera.

Vlad Calderón, para los huevos.

Y Epifanio Somoza, para los postres.

Y Ángel Molinero.

Falta Ángel Molinero.

¿Ese quién es?

El sommelier.

¿El sommelier qué?

El encargado de los vinos.

Franco no bebe.

¿Y los general?

¿Dónde hay un teléfono?

En el vestibulo.

Perdón, Ángel...

Molinero. Marca usted el uno y le dan dinero.

El uno.

Santiago se va.

Me la estoy jugando por ti.

Gracias.

Tú no eres el conserje, no es de cocina. Pero está en la cárcel.

Vaya España está en la cárcel.

Genaro, nos íbamos a cazar.

Seguro que no sabe ni utilizar un sacacorchos.

Bueno, sabe hacer hijos.

Estoy embarazada.

La enfermera lo besa en la mejilla y se va.

Genaro niega. En un despacho.

Al habla José Luis Alonso Candelas, jefe de tercio de la falange.

Al habla José Luis Alonso Candelas, jefe de tercio de la falange. A sus órdenes.

Estoy en el palas.

Eso ya lo sé. ¿Qué pasa?

La cena se complica.

¿Me está tomando el pelo?

No. No, claro que no, señor.

Escúcheme bien.

Si Franco quiere cenar en el palas, cenará en el palas por mis santos

Es que no hay cocineros. Están en la cárcel.

¿Por qué?

Por rojos.

Alonso tuerce el gesto contrariado.

Y no hay otra.

Con tan poco tiempo me temo que no, señor.

Pues se le saca.

Guisan y se les devuelve a la cárcel en cuanto se repartan los puros. ¡Queda

claro! Alonso cuelga y entrega el teléfono a un subordinado.

Estos hijos de puta encima nos van a acabar dando de comer.

Vamos. ¿A dónde nos lleváis?

A dar un paseo al patio.

Más que paseo, paseillo.

¿Nos van a matar?

Nos van a matar.

¿Por qué? Porque hemos perdido la guerra.

¿Por qué?

Porque ellos tenían más ventana y más armas. Pero nosotros teníamos razón. Con

razón no se ganan las guerras.

¡Vamos, vamos, moverse!

Cinco presos caminan por el pasillo de una cárcel escoltados por varios

guardias.

Recorren el exterior y pasan por un cartel donde se lee Cerro Melero.

Encabeza el grupo un hombre calvo, con barba, de más de 60 años.

Está interpretado por Antonio Recine.

Salen del recinto y caminan por un terreno de tierra.

Al fondo, varios soldados se aguardan frente a un muro.

Los soldados apuntan y los presos cierran los ojos.

Se arrodillan y se agachan.

¿Estamos muertos?

Estáis gilipollas.

¿Quién ha dicho fuego?

¿Quién ha dicho fuego? ¿Quién ha dicho fuego? ¡Arriba, vamos!

Esto debe haber sido en el patio de mujeres aquí al lado.

¡Atento, pelotón!

¡Apunten!

El sargento al mando se gira. A lo lejos llega la motocicleta con Sidecar con el

teniente Santiago Medina a bordo.

Santiago baja del Sidecar.

Sargento, a sus órdenes, mi teniente.

¿Qué pasa?

¿Antona Bendaño?

Yo.

¿Fernando Marín?

Yo.

¿Blas Calderón?

Yo.

Epifanio Somoza.

Yo.

Ángel Molinero.

Yo. Se vienen conmigo.

¿Con usted a dónde?

Al Palace.

¿A qué?

Al Hotel Palace.

Vamos.

Los presos lo siguen.

¿Qué pasa todo el mundo? Nadie da un paso.

¿Qué pasa?

Con todo mi respeto, mi teniente, ¿la orden?

Santiago se acerca al sargento.

La orden mis galones, sargento.

Mi palabra de que mañana los tiene de vuelta para rematar la faena.

Está bien.

¡Rompan fila! ¿Y vosotros fuera de mí? Andando, para el camión.

¿Con ellos?

Vamos, sopero.

Un camión se detiene en la entrada del Hotel Palace.

Vamos.

Un grupo de soldados se baja del vehículo. Del asiento del copiloto

jefe del tercio de la falange, José Luis Alonso.

Viste un uniforme militar azul y gafas de sol. Es moreno de unos 40 años.

interpretado por Azir Echeandía.

Alonso recorre el vestíbulo seguido del pelotón, se detiene, se quita las gafas

de sol y observa el cuadro del general Franco en la escalera.

Alonso entra en el salón de la cúpula y contempla el improvisado quirófano.

Las enfermeras dejan de trabajar y lo miran.

Alonso se coloca unas lentes y contempla algo en una mesa.

Un

médico

se acerca.

Hemos movido tanques, ejércitos, aviones.

El médico lo mira inmóvil.

Alonso se quita el birrete.

Digo yo que podrá usted mover un quirófano.

Señor.

Arriba España.

Genaro Palazón, maître del palace, encargado de organizar la cena. Un

Si me acompaña, en la cocina tengo un croquis con la distribución de las

Alonso mira severo al médico y camina hacia una puerta.

Alonso lanza una mirada a la enfermera y sigue a Genaro, en otra parte del

hotel.

Los presos entran.

Los presos siguen caminando. La enfermera lleva a Ángel a un lado del

lo abraza.

Se besan.

Un poco más y me matan, María.

Ni se te ocurra morirte, ¿eh? Me subís a las pacientes.

¡Eh! Tú, venga a la cocina. Te quiero, María, y aunque me maten te voy a seguir

queriendo, ¿vale?

Ángel se va.

Santiago mira serio a María.

En la cocina.

Si le parece correcto, estaría la presidencial con el generalísimo y luego

dos, tres, cuatro, cinco, seis mesas con seis comensales cada uno. El señor.

Le traigo al equipo de cocina.

Alonso se detiene delante de Santiago y los presos y los observa con gesto duro

tras quitarse las lentes.

¿Qué es esto, menina?

Santiago permanece inmóvil.

Género contempla la escena inquieto.

Alonso se sitúa detrás de Santiago.

y dan asco.

Avanzó un par de pasos hasta Nando.

Me huele a mierda.

¿De verdad creen que voy a permitir que esta escoria cocine para nosotros?

Si me permite, se les lava, se les despioja, se les pone su ropa de

¿Ropa de trabajo para qué?

¿Eso para qué?

Alguien nos puede decir de una puta vez qué está pasando.

Hay que preparar un banquete por el caudillo.

¿Para quién has dicho?

Para el caudillo del Movimiento Salvador de España.

Nosotros. Los mejores cocineros de Madrid.

Antón da un paso hacia adelante.

¿Me estás pidiendo en serio que cocine para ese enano de mierda?

Un inesperado honor.

¿Honor? Perdón, es que soy un poco duro de oído. ¿Qué es lo que ha dicho?

Nada, no ha dicho absolutamente nada. Aquí tienes el menú, Antón.

He dicho que yo no enciendo mis fogones para cocinar para ese hijo de la gran

puta. Eso es lo que he dicho.

Alonso sonríe y apunta con su pistola a Antón.

Le dispara en la frente y Antón cae al suelo muerto.

La sangre salpica el rostro de Santiago.

María se contrae.

Alonso y Genaro observan el cadáver mientras un charco de sangre se extiende

sobre el suelo hidráulico.

Nando agarra del brazo a hablar.

Detrás, Epifanio, Ángel y María permanecen inmóviles.

Ángel se vuelve y cruza una mirada con María, conteniendo las lágrimas.

Genaro sigue quieto con el rostro rígido.

Frente a los presos, Santiago permanece rígido mirando a Alonso.

Alguien tiene algo más que objetar con respecto a la cena.

No, señor.

Bien.

Alonso lanza una mirada a Genaro y avanza unos pasos hacia Santiago.

Lo dejo en sus manos, Medina.

Sí, señor.

Alonso abandona la cocina.

Venga, ya habéis oído. Al patio, a despiojaros.

Tú, acompáñalos, los otros dos. Venga, a sacar a este señor de aquí.

María, ayúdalos, por favor. Coge toallas, uniformes, ayúdalos. Eso.

María siente y se marcha con los presos.

Santiago se retira restos de sangre del rostro. Tres soldados se llevan el

cuerpo de Antón.

En el baño, Santiago se lava la cara en el lavabo, mira su reflejo en el espejo

y se seca con un paño.

Es imposible.

¿Se puede ganar una guerra sin un capitán general? No, ¿verdad? Pues en la

cocina el chef es el capitán general.

¿Me quiere dejar en paz?

A ver, llevo 48 horas sin dormir.

Solo hay una forma de arreglar esto. Se llama Juana Sanz.

Una mujer.

La subchef. Tan buena o mejor que Antón.

¿Y esa mujer dónde está?

En el molino de Fuencarral. ¿Y qué hace ahí?

Han convertido el molino en un campo de prisioneros.

Ahora me va a decir que la han metido ahí por roja.

Era la responsable del sindicato de hostelería de la CNT.

Anarquista.

Anarcosindicalista, es un matiz.

Santiago recoge su chaqueta y su gorra y se acerca a Génaro.

Le traigo un peine.

Santiago lo mira afunciando el ceño y se aparta. Genaro suspira. En la calle,

dos hombres descuelgan una pancarta que indica no pasarán.

Un camión cruza por debajo de la misma. En su interior viajan Santiago y Genaro.

¿Y Franco qué tal?

¿Simpático?

¿O es más bien serio?

Santiago lo mira de reojo.

Genaro contempla por la ventanilla una cola de personas ante un puesto de

racionamiento.

El vehículo gira en la plaza, dejándolo atrás.

Genaro asiente.

Yo coincidí con Franco una vez. Y dale.

En un banquete que realizó hace años.

Pareció bajito, pero con personalidad.

La mujer muy seca.

Santiago frena bruscamente.

Mira, como sigas hablando de Franco, te arranco la lengua y me la como.

¿Estamos?

Genaro asiente.

Santiago retoma la marcha.

El camión avanza por una calle.

Un soldado acompaña a Santiago y Genaro por un recinto exterior cerrado con

presos repartidos por el espacio.

Los presos los miran mientras almuerzan.

Cruzan una puerta y avanzan por el interior de un molino.

La mujer, de unos 60 años, se gira hacia Genaro.

Se abrazan.

¿Qué haces aquí? ¿Hay que te acusar?

No, no voy a acusar a nadie.

Hemos venido a sacarte.

¿Ese frasquista viene contigo?

Ese señor es el teniente Medina.

Nos han encargado de hacer un banquete esta noche.

Hay que dar de cenar a 50 personas.

Franco quiere cenar en el palo.

Juana se aparta bruscamente.

A la culona ni a agua.

Vas a hacerlo, Juana.

Ni jarta vino.

Vas a hacerlo por tu hijo.

En el hotel, María se acerca a un guardia.

Entra en el baño.

María coge el uniforme.

Ángel toma a María del brazo y se apartan.

Ángel la besa en los labios y el cuello.

Ángel, Ángel.

Escúchame, Ángel.

Tenéis que fugaros.

¿Quién? Tú y todos.

¿Cómo?

Aprovechando la cena.

Estamos vigilados, María. Nos van a matar.

Nos van a matar sí o sí.

A lo mejor nos perdonan. No, no. Esa gente no perdona, cariño. Ya has visto

que han hecho con Antón.

Pobre Antón.

Deja tres hijos.

Y tú dejarías uno si no te escapas.

Yo tengo un hijo.

Lo vas a tener.

Ángel, que estoy embarazada.

Voy a ser padre.

Eh,

vosotros, fuera.

Voy a ser padre. Fuera.

Voy a ser padre, macho.

Ángela abraza al guardia. Yo padre también.

Tengo cuatro hijos, mira.

Abdel, Yeshira, Fetima y Mustafa, como yo.

Joder. Sí, joder mucho.

Joder, siempre es que puedo.

El guardia se aparta.

Ángela aprieta su uniforme contra el pecho y sonríe.

Fuera, varios soldados escoltan a los presos, ya vestidos de cocineros.

Llega Santiago.

Llegan

Genaro

y Juana.

Ángel abraza a Juana.

¿Dime, estás bien?

Sí.

Voy a ser padre, madre.

No es momento para ser padre, hijo.

Ha muerto mucha gente, madre. Habrá que reponer.

Si es niño le voy a poner Stalin.

Anda que... ¡Hala!

Bueno, venga.

Venga, todo el mundo a trabajar.

Esto tiene que funcionar como un reloj.

Venga, deprisa.

Descargan la comida.

¿Y el marisco?

¿Qué marisco?

Hombre, la sopa al cuarto de hora lleva marisco.

Marisco, ¿ahora mismo en Madrid?

Ni una meja, mi teniente.

Pues ya me contarás.

Va a ser sopa al minuto.

Pues se pone otra cosa.

O se va al mercado negro.

En la España de Franco no hay mercado negro.

Santiago saca su pistola.

Dispara al aire.

¡Nadie se ríe de mí!

Llevo tres años de guerra.

No voy a consentir que nadie se ría de mí, ¿está claro?

Ángel asiente.

Que se cambie la señora.

Un guardia agarra a Juana del brazo.

¿Qué tacoño?

Juana se va seguida del guardia. El resto continúa descargando las cajas de

comida del camión.

Dentro. Mi teniente.

¿Qué?

Supongamos que puedo conseguir el marisco en una hora. No me pregunte

Y que conste que esto lo hago por usted. Para que usted quede como Dios, mi

teniente.

Déjame pensar.

Te hablas mucho, tú.

Que toques, hombre.

Fuera.

Hay que intentar que los generales beban lo más posible cuando estén todos

borrachos. Pero, Hernando, los moros que nos vigilan, esos no van a beber.

Los trinchamos a los moros.

Van armados. Nosotros tenemos cuchillos. A ver.

¿Y Franco?

¿Franco no bebe? Los trinchamos. A Franco también.

Hay que matarlo a tal. ¿Qué dices?

Yo me encargo, tú tranquilo. ¿Qué te cagas como capullo? Como a la rata.

Echa un poquito en la tarta y no va a quedar vivo ni uno.

¿Y Gerardo?

¿Qué hacemos con Genaro?

Que se venga con nosotros también. No, no, no.

Genaro no puede enterarse. Es de derecha.

Es monárquico, no es de derechas.

Pues eso, monárquico, es de derecha.

Epifanio agarra un cajón de comida.

Dentro, Santiago entra en el despacho de Genaro.

Está bien.

Adelante con el marisco. Hable con sus contactos.

Lo único... ¿Lo único qué?

Dinero. Hace falta dinero.

Francos, libras, dólares.

Los estraperlistas solo aceptan moneda extranjera.

Pero ¿y dónde saco yo moneda extranjera? Eso es imposible, ¿no?

Entonces... Genaro, muestra una llave.

¿Y eso?

La llave de la cueva de Alibaba.

¿Y? Tengo más de mil botellas guardadas en la bodega.

¿Y?

Ábrete, César.

No conoce usted el cuento.

Es igual.

Medina, lo que voy a hacer por usted no lo he hecho antes ni por mi madre.

Genaro mira una agenda en el patio.

Mira, una docena de tinto rioja.

¿Tampoco? Vamos a ver, Majuelo, que no te estoy pidiendo caviar. Te estoy

pidiendo unos tristes mejillones.

¿Teniente Medina? Sí, soy yo.

A sus órdenes, mi teniente. Somos los camareros.

¿Les han informado de la importancia de la cena de hoy? Para nosotros es un

honor servir al caudillo.

Somos todos...

del glorioso movimiento nacional.

Y yo de Palanje. Mira, aquí está el carnet. Muy bien.

¿No sabe lo que significa para nosotros ver a Franco en persona después de lo

que hemos pasado todos estos años?

Nos han perseguido, nos han insultado.

Han intentado matarnos varias veces. Está bien, señora.

Vayan a la cocina y espérenme ahí. A sus órdenes, mi teniente. ¡Vamos!

Se marchan a excepción de la mujer, sargento. El teniente. El teniente.

Con hombres tan machos.

¿Cómo no íbamos a ganar la guerra?

Se va.

A las tres y media, en el hotel.

Gerardo.

Los camareros llegan a la cocina y encuentran a los cocineros con los

preparativos.

¿Qué hacéis vosotros aquí?

¿Y qué pinta esta gentuza en la cena?

¿Gentuza? Aquí la única gentuza que hay eres tú, hija de la gran puta.

Verás cuando le diga al teniente quiénes sois. Él nos ha sacado de la cárcel.

Tú nos delataste, ¿verdad?

¿Me estás hablando a mí? Sí, a ti.

Lo hiciste por lo de la Mari conmigo, ¿no?

Escúchame, yo no quiero líos con nadie, ni menos contigo. No quieres líos, pero

por tu culpa se han cargado al Vasco.

¿Será el Vasco? ¡Será tu puta madre!

Vaya, vaya, vaya.

Éramos pocos y parió la burra, ¿eh? La que faltaba.

¿Qué hacen estos en nuestra cocina? La cocina ya no es vuestra, señora.

No, Juana.

Las cosas han cambiado.

Ya veréis ahora con Franco.

¿Pero nosotros qué os hemos hecho?

No os hemos hecho nada.

Pensábamos distinto, pero trabajábamos juntos.

¿Por qué? ¿Eh? ¿Por qué tú?

Mari, contra ti no tengo nada.

Pero el tonzolaba este... ¡Tonzolaba tú, eh! ¡Eh!

¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh!

¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh!

¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh!

¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh!

¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh!

¡Eh!

¡Eh ¡Mi teniente!

No queremos trabajar con comunistas. ¡Nosotros no queremos trabajar con

chibatos! ¡Ángel! ¡De chibato nada!

¡Es un patriota! ¡Bastistas! ¡Ya mucha honra! ¡Ya está!

¡Por favor, la guerra se ha acabado!

¡No hemos tenido suficiente guerra, por el amor de Dios!

Todos miran hacia un lado.

Todo Cristo lo suyo, venga.

¡Todo el mundo a trabajar!

¡Venid a... Los enfermeros retiran el quirófano apresurados.

Alonso dispara desde la escalera.

A sus órdenes.

El hotel está lleno de ratas.

Odio las ratas.

¡Miren!

¿Y estas se oyen?

¿Usted no las oye?

Sí, señor.

Escúcheme.

Franco viene con su mujer.

La gran mayoría de invitados también.

No puede aparecer una rata en la cena. No puede.

No, señor.

Venga conmigo.

En una suite.

Mire qué hora es. Y está todo manga por hombro.

Y encima está sin dios. Fíjese.

Aguántame esto, Benítez.

Benítez sostiene una maqueta de distribución de mesas.

Ahora todo el mundo quiere sentarse en la mesa de Franco.

Hay hostias por sentarse con él, ¿sí o no?

Sí, señor. ¿Confirmaciones?

Prácticamente todo el mundo, señor.

Benítez le da una lista.

Es que lámela el culo.

Pero en los despachos bien que se ríen de él. ¿Sí o no?

Sí, señor.

¿Cómo llama Kei? ¿Puede llamar Caudillo?

Paca la culona, señor.

¡Paca la culona, no se jode!

Santiago sonríe.

Alonso deja de reír y lo mira serio.

No.

¿Y qué hacemos con Yahweh, con Aranda y con Quindelán?

No le colocamos suestos ahora.

Dicen que esto de la cena es un disparate.

Y que España está en la miseria. Ahora, no te jode, ahora está en la miseria.

Que tenemos que dar ejemplo. ¿Ejemplo de qué?

Ejemplo de mis cojones, ejemplo.

Ejemplo de que hemos ganado la guerra.

Ese es el ejemplo.

Quiero lo mejor.

Lo mejor de lo mejor. Sí.

El mejor vino.

El mejor café.

Los mejores puros.

Flores.

Quiero flores.

Flores. Sí. Y una orquesta. Le traigo a la banda, señor. No, no, no, no, no, no.

Una orquesta.

Como Dios manda.

Averigüeme las canciones favoritas del caudillo. Señor.

Venga, ¿qué pasa? Que tengo que hacerlo todo yo.

Pues vamos.

Santiago y Benítez salen.

¡Se viene a matar ratas!

Alonso toma su pistola. En el salón, los camareros colocan las mesas.

Con cuidado.

Un poquito más centrada.

Ahí. Ahí está bien.

Perfecto.

No.

Eh, eh, eh.

Medio pasito. Más hacia mí.

Dos camareros mueven una mesa.

Sí. Sí.

Buscamos simetría, señores.

Escúcheme, tío.

No empecemos.

Es agua del Carmen.

Pasa ya.

Anda, quieta.

La camarera se va y el joven la mira. Santiago baja la escalera.

¡Chapero! Chapero fuma un cigarro.

¡Chapero! ¿Y también te...? Hacen falta flores.

¿Flores? Sí, eso he dicho.

¿Dónde carayos quieren que sacaran flores?

Vas con tu gente y las cogéis de los jardines.

Pero si lo hemos bombardeado todo, mi teniente.

Pues las coges de los tiestos de los balcones. Búscate la vida a sus órdenes.

Gerardo. Genaro, sí. Esto huele fatal.

Hay que limpiar más y mejor.

Estamos en ello. Muy bien. No se ponga usted nervioso, macho.

No, de macho nada.

De macho todo.

No sea usted modesto.

Esto tiene que brillar como el oro. Estamos.

Acompáñeme, por favor.

Genaro se acerca a un interruptor.

Atención. Uno.

Dos.

Tres.

Se hizo la luz.

Muy bien.

Esto está muy bien.

¿Sabe dónde puedo conseguir una orquesta?

No vamos a llegar ni a la esquina, Mari.

Ángel, no te rindas.

María.

Quédate aquí, no te muevas.

María.

María, aquí está.

María Jareño, cantante de la orquesta del Palas.

Pero ella era enfermera.

Bueno, pide enfermos, canta, puede hacer dos cosas a la vez, yo puedo hacer

hasta tres.

¿Y los músicos?

Músicas. Somos una orquesta de señoritas. Una orquesta de señoritas

generales, no lo veo.

A ver, son finísimas, las perlas del palas.

A las señoras les van a encantar y es que además es que no hay otra opción.

A ver, ¿puedes localizarlas?

Creo que sí.

Por favor, que traigan lo mejor que tengan.

Nada de escotes, finísimas.

María se marcha sonriente.

Ay, Medina, que vuelve la música al palas, qué emoción.

¿A usted le gusta bailar?

Sí.

El camarero joven aborda a María en un pasillo.

María, espera.

¿Qué quieres?

¿Pero tú qué crees capaz a mí de denunciar a nadie?

Yo ya no sé qué pensar.

María, yo no he sido, ¿eh? Ni mi tía, ni ninguno de los camareros. ¿Cómo íbamos

a hacer una ocasión los compañeros, por el amor de Dios?

¿No estaríais los primeros?

María, yo no, ¿eh? Yo no.

Déjalo. Ya da igual.

No, no da igual.

María, a partir de ahora la vida volverá a merecer la pena.

Yo voy a abrir un local de categoría y tú volverás a cantar.

¿Qué es eso?

¿El cuento de la lechera?

Yo cuento nada. Somos tú y yo juntos en el sitio correcto, que es donde hay que

estar.

Haré lo que quieras si salvas a Ángel.

Yo a Ángel no lo puedo salvar.

Pero sí puedo salvarte a ti, María.

Él la atrae hacia sí y la besa en los labios.

Se separan, se miran a los ojos y ella se va.

Ella mira de reojo hacia atrás y continúa alejándose.

General y Santiago entran en una sala.

El tesoro mejor guardado del palacio.

Lo he custodiado como un cancerbero durante toda la guerra.

Muy bien.

Marisco. Lo vamos a conseguir con dos cajas de champán que tengo ahí.

Pero antes, va usted a probar una auténtica obra de arte. No, no, yo estoy

servicio. No, no bebo.

Va, mi teniente, que el vino engorda la sangre.

Se lo merece usted, Medina.

Nos lo merecemos los dos.

¿Los dos?

Sí. ¿Qué pasa?

Pues pasa que no somos los dos.

Deje de hacer como si fuera mi amigo. No soy tu amigo.

Por supuesto que no es usted mi amigo.

Pero le consigo los cocineros, el marisco, la orquesta, le saco las

fuego y tú... ¿Yo qué?

No te relajas.

Estás tenso, rígido como un garrote. Es que no te he visto sonreír ni una sola

vez en todo el día.

¿Pero y por qué iba a sonreír?

Por estar vivo.

¿Te parece poco?

Por favor.

Por la

vida.

A tomar por saco.

Por la vida.

Santiago cierra los ojos mientras traga.

Ambos se sientan.

Genaro lo observa y esboza una leve sonrisa.

¿Qué tal?

Es la hostia.

Está buenísimo.

¿Santo Marco?

Italiano.

¿Llevas mucho tiempo casado, teniente?

¿Cómo sabe que estoy casado?

El anillo.

¿Tú también?

Soy viudo.

Mi pareja murió en Barcelona.

En un bombardeo.

Santiago lo mira a los ojos y apoya la mano sobre la suya.

Lo siento.

Lo siento.

Genaro niega levemente.

¿Tienes hijos?

Madre, está lleno de pasadizos.

Esa puerta conduce a la iglesia de Jesús en Brinaceli.

Escuche.

Aquí hemos salvado curas.

Son las tres hay que ir.

Santiago se pone de pie, apura su copa y va hacia la puerta.

Teniente. ¿Qué?

Si todo sale bien, podrías hacer algo por los cocineros.

¿Algo como qué?

Salvarles la vida.

El caudillo lo ha dejado claro.

La sangre de los que cayeron no consiente el olvido.

Pero los que cayeron son todos, de un lado y del otro.

Los del otro no importan un carajo.

Santiago se marcha.

Genaro queda boquiabierto.

En la cocina, Juana trocea una cebolla, la corta en juliana y la deposita en una

bandeja.

Blas toma varios huevos y los introduce en una olla con agua hirviendo.

Juana coge unas verduras, se acerca a la pila y comienza a lavar un puerro.

Blas añade tacos de mantequilla a una cazuela, gira la cabeza y cruza una

con el guardia que los vigila.

Nando toma un lomo de ternera, lo coloca sobre una tabla y le unta sal con la

mano.

En otra mesa, Epifanio abre un hueco en un volcán de harina, casca un huevo y lo

deja caer en el centro del mismo.

En el comedor, los camareros vistan las mesas con manteles blancos.

Un soldado coloca una bandera con la cruz de Borgoña. El sobrino de Flora

otra con el símbolo de la falange.

Flora se acerca a una bandera de España, la acerca a su rostro y cierra los

ojos. En el patio, tres extraperlistas entregan cubos con marisco a Genaro.

Él hace una seña a dos soldados que se llevan los cubos.

Otros dos introducen cajas con botellas de champán en el maletero de los

extraperlistas. En la suite, Alonso camina observando la maqueta en relieve

la disposición de las mesas.

La arruga y la destroza.

Tres soldados entran en una iglesia.

Una anciana los mira mientras van hacia el altar.

Se requieren para generalismo, padre.

¿Para quién? Para Zanco.

Arriba España.

Arriba siempre.

Vamos, muchachos, a prisa.

Las botellas las dejas en mi despacho y que no las toque nadie, ¿entendido?

Ángel, el sacacorchos, ¿qué tal?

Ahí vamos.

Practica. Vale.

Juana, ¿todo en orden?

La sopa huele que alimenta y la ternera ya está en marcha.

Mira qué te decía.

Toma la mantequilla.

Blas gesticula con su rostro mirando a Genaro.

Este frunce el ceño y se acerca a él.

¿Qué pasa?

Epifanio la va a liar.

Genaro va hacia Epifanio, el cual está vertiendo veneno para ratas en la masa

del postre.

Epifanio.

¿Qué?

¿Por qué estás echando la comida?

Ah.

Blas se acerca.

Genaro forcejea discretamente hasta arrebatarle la caja de veneno.

¿Tú estás loco? Me lo cargo a todo.

Todavía podemos ganar la guerra.

No puedes echar ninguna sustancia tóxica a la comida.

¿Por qué? A ver, ¿por qué? Pues entre otras cosas porque nos lo pueden hacer

probar cabeza de mulo.

Ya lo he dicho. Eso no me lo has dicho. Sí que te lo he dicho. ¿Cuándo me lo has

dicho? ¿Qué me ha dicho?

Te he dicho, si no me veía en la fuga, se lo va a tomar por saco.

Qué boquita tiene.

¿La fuga?

¿Qué fuga?

Nos vamos a fugar.

¿Quiénes? Nosotras.

Los cocineros.

Tú también si quieres.

Genaro, eres de derecha, pero no eres mala persona.

Vamos a tener una pequeña conversación en mi despacho, por favor.

Genaro. Equipo de cocina, por favor, un minuto todos a mi despacho para aclarar

un tema.

Ya llevo tres.

Abro otra.

No tenéis que abrir ninguna de estas. Se practica con botellas vacías, por

favor.

Señores.

Los cocineros van hacia el despacho.

Genaro cierra la puerta.

Se detiene delante de los cocineros.

Se puede saber qué locura es esta.

Genaro, nos vamos a fugar.

Y tú tienes que ayudar, ¿no?

No contéis conmigo. ¿Por qué? A ver.

Porque os van a matar. Y nos van a matar. No es ninguna novedad. O nos

o nos matan mañana.

¿Cómo mañana?

Preferimos morir luchando.

Juan, por favor.

Un poco de sentido. ¿Cómo no es tu hijo?

Es imposible fugarse. No lo has oído, Genaro. Si no nos fugamos, mañana nos

cuchillan.

Vamos a dejar fuera de combate a los soldados.

Estamos en un hospital, así que tiene que haber cloroformo en el almacén. Y

fugaremos por la bodega. De ahí salimos a la iglesia y a la puta calle.

A correr.

A correr.

Puedes venir con nosotros o quedarte.

Tú decides.

Yo no quiero que me maten.

Haz lo que quieras, pero necesitamos la llave de la bodega. ¿Por qué no? Vamos a

escapar por la bodega.

Genaro asiente.

Vamos a rayar.

La llave se queda conmigo.

Dánosla por las buenas o por las malas, Genaro. Me la tendréis que arrancar.

Dánosla, ya ves.

¿Qué está pasando aquí?

¡Se acabó!

¿Sabe lo que querían hacer?

Genaro se zafa de los cocineros y los señala con el dedo.

¿Qué?

¿Qué? Querían comerse la cena.

Ellos. Porque tienen hambre.

Y el hambre vuelve locas a las personas.

Queremos comer.

Sí, sí.

Queremos comer.

Ahora.

Ahora.

Ahora. Ahora.

Todo el mundo a los pogones. No una tontería más. Venga. Tenemos hambre.

Queremos comer. Venga.

Queremos comer. Queremos comer.

O comemos aquí, no cocina ni Dios. No cocina ni Dios.

No saquemos las cosas de quicio. Se os va a dar de comer, pero más tarde. Eso,

venga. Queremos comer ahora o no hay cena. Eso.

Medina. Callate.

Santiago saca su arma y apunta.

Los tres soldados de la Guardia Mora que vigilan la cocina hacen lo mismo.

Va todo el viento en popa.

Vamos a estropearlo por una tontería.

No es imprescindible.

Mira a Ángel.

La cena se hace sin él.

¿Y el vino? El vino lo sirves tú. No me hace puta falta un sommelier.

¿Sommelier? Eso.

Adelante, dispare. Juana se adelanta.

Dispáreme a mí.

Dispáreme a mí también.

Pero a mí. A mí.

Llega Chapero.

Ya tenemos flores, mi teniente.

Las conseguí en la iglesia.

Santiago continúa apuntando.

Teniente, las flores del párroco desde Falange. Estaba bien contento.

Llegaron ya las señoritas de la música, por si quiere decirles algo.

¿Estáis jugando con fuego?

Se marcha. Los cocineros quedan inmóviles en el centro de la cocina.

Santiago y Chapero entran en el comedor.

María y seis mujeres aguardan de pie.

Chicas, el teniente Medina.

Teniente, aquí está la banda.

Buenas tardes. ¿Están todas?

Violín, acordeón, contrabajo, cello, guitarra y piano.

Hay que afinarlo.

Y van a necesitar un sitio para cambiarse.

Acompáñalas arriba, Chapero. Por supuesto, mi teniente.

Acompáñenme, por favor, señorita. Por aquí.

Muchas gracias.

Por aquí.

Se marchan.

Chapero lanza una mirada a Santiago desde la escalera.

Genaro se acerca a Santiago.

Nunca has disparado contra nadie, ¿verdad?

No te ofendas, eso te honra.

Se nota que eres buena persona.

No, no soy buena persona. Tú y yo somos buenas personas, por eso nos caemos

bien. ¿Pero a ti quién te ha dicho que me caes bien? Hay cosas que no hace

decir. Te voy a romper la cara, ¿eh?

No serías el primero.

Santiago la bofetea.

Llega una mujer.

¡Santiago!

Luchi.

Oye, déjeme pasar, que soy la mujer del oficial al cargo.

¿Qué haces aquí?

Lo mismo que tú.

¿Vas a irte a la cena?

¿A la cena?

Hombre, eres el anfitrión.

Lo normal es que recibas a Franco con tu esposa al lado.

Y cambiate.

Te vas a estar con igual zachoto.

Una que menos mal que pienso yo por los dos, ¿eh? Mira, aquí tienes tu uniforme

de gala.

Escúchame que nunca escuchas, bomboncito. La cena es para los

No, mi amor. La cena es para mí. ¿Y sabes por qué?

Porque yo también he vivido una guerra y me lo merezco. Lo sé, lo sé.

Pero las plazas están limitadas.

No, no se te ocurrirá. Hay una lista. No puedo con arte hacia la brava. A la

brava es como se consigue las cosas, Santiago. A la brava es como se

como se consiguen los buenos puestos. Y que yo no me voy de aquí sin hacerme

amiga de Carmen Polo.

Mira, que no tengo tiempo para esto. La habitación es arriba, supongo, ¿no? Vete

y espérame. Y hablar.

Nunca vamos a tener una oportunidad como esta. Luchi, me estás poniendo en un

compromiso. Oye, es que yo quiero lo mejor para nosotros, ¿eh? Y tú deberías

querer lo mismo.

Eres mi mujer.

Soy tu marido.

Y como marido que soy, te exijo que te vayas a casa.

No. ¡Te lo exijo!

Luchi se marcha escaleras arriba.

Santiago observa a Genaro caminando hacia la cocina. En una habitación, las

mujeres afinan sus instrumentos. Mica, tenemos que ensayar. Hace meses que no

actuamos. Pues a ver qué tal.

Oye, y...

¿Nos pedirán temas o tocamos nuestro repertorio?

Nosotras vamos con lo nuestro.

¿Terminamos como siempre, tocando la internacional?

No, no, no, tocamos el cara al sol.

¿Y tú crees que nos darán de cenar?

Por supuesto, señoritas.

Llega Alonso.

Yo me encargaré personalmente de que no les falte de nada.

Muchísimas gracias.

Alonso mira fijamente a María y se acerca a Benítez.

Vamos, chicas.

¿A qué esperáis?

¿Te queda así de la idea de traer putas?

No son putas, no.

¿Ah, no?

No, son las pelas del palo. Una banda de chicas.

Pues eso.

Putas.

Las mujeres salen de la habitación portando sus instrumentos y pasan entre

Benítez y Alonso.

Benítez va tras ellas.

María se queda atrás recogiendo unas partituras.

Alonso se acerca a ella.

Bueno. Así que... Las perlas del palas. María intenta salir y Alonso le corta el

paso. Un momento.

Monumento. Disculpe, pero tengo que irme.

¿Tú qué instrumento tocas?

Yo nada, soy la vocalista. Ah, que cantas.

A ver, canta.

Ahora no puedo.

Él la sujeta.

Pero si yo te lo pido.

¿Puedes? Venga, cómose esa canción que estabas cantando.

Tengo que ensayar.

Bueno, pues ensaya para mí que te quiero escuchar. Me están esperando.

Yo llevo tres años esperando una persona como tú.

La abraza.

¿Y si yo te pido que cantes?

¿Qué cantas?

Señor.

¿Qué? Será mejor que no te acerque. ¿Por qué?

Tengo sífilis. Él se aparta.

¡Vete!

María se va corriendo.

Alonso se lava las manos y la lengua en una palangana.

En la cocina, Nando y Juana están con Ángel.

Nando abre un conducto que comunica con la lavandería.

Ángel se introduce y se desliza por la rampa cayendo sobre una montaña de

sábanas sucias.

Nando y Juana regresan a la cocina.

Ángel toma un saco de tela y avanza con cautela por la lavandería mirando a

ambos lados.

Llega a la zona de los vestuarios y abre un armario donde cuelga la ropa de los

camareros.

Saca la documentación y la deja sobre un banco sin dejar de vigilar la puerta.

Por el pasillo, el sobrino de Flora camina fumando un cigarro.

Entra en el vestuario, sorprende a Ángel y se acerca sonriendo.

Joder.

Pensaba que ya no quedaban ratas.

Rubio.

¿Qué mierda haces aquí?

Estaba buscando tabaco.

¿Tabaco, mis cojones?

Nos está robando, hijo de puta.

Suelta el saco o te arranco la cabeza.

No puedo morir, macho. Voy a ser padre.

¿Tú?

¿Padre? Sí.

Voy a tener un hijo de la Mari.

Esa niña la vamos a llamar Libertad. Y ese niño habíamos pensado... No.

¿Por qué no? Si es un hombre precioso.

La Mari es mía.

No. La Mari no es de nadie. La Mari es de la Mari.

El rubio sonríe y se gira tratando de contenerse.

Rompe una botella en el lavabo dejando la base rota. Se acerca Ángel y forcejea

con él acercándosela al rostro.

Ángel le patea la entrepierna. El otro le da un rodillazo en el vientre y

recupera la botella.

Ángel lo agarra por la espalda. El rubio se zafa y lo lanza al suelo.

Ángel retrocede arrastrándose.

El rubio lanza una patada al aire, resbala sobre el alcohol derramado y cae

suelo tras golpearse la nuca contra el lavabo.

Ángel se incorpora y lo observa inmóvil.

María y las chicas de la banda ensayan en el salón.

Genaro lanza un beso a María.

Genaro sonríe. Saca del chaleco un reloj de bolsillo con la cadena sujeta a un

botón y repara en otra cadena suelta.

Se gira y contempla a Flora bailando mientras saca un cubierto.

Rora, ¿tú has visto la llave de la bodega?

¿Yo?

La he perdido.

¿La has cogido tú?

¿Por qué la iba a coger yo? Porque no sería la primera vez.

Vamos a ver. Que de vez en cuando eche un chupito no quiere decir que sea una

borracha. Rora.

Y mucho menos una ladrona.

Devuélveme la llave, haz el favor.

Pues no he cogido la puñetera llave, joder.

A mí no me hables así, ¿eh? Y tú a mí tampoco te denuncio por pervertido.

¿Pensabas que no lo sabía?

Todos sabemos que eres más maricón que un palomo, cojo.

Se detiene antes de marcharse.

Y ándate con cuidado, ¿eh?

Porque en la España del Franco no hay sitio para gente como tú.

Flora se va.

Genaro, ¿dónde puedo lavarme y cambiarme?

En mi habitación puedo utilizar la 17 en la primera planta. Allí tengo jabón,

Floyd, toallas.

Siento haber creído los nervios. No, antes.

Genaro asiente abstraído.

Bueno.

Santiago se va. Genaro mira a María.

María se contonea mientras canta.

Genaro camina por un pasillo hasta la puerta de la bodega.

Encuentra la llave en la cerradura, la coge y se asoma por la ventana.

Mira hacia el fondo del pasillo.

Hola.

Ángel sale de detrás del tabique de los lavabos.

Hola. ¿Qué haces tú ahí?

Genaro se acerca y lo agarra del chaleco.

Genaro descubre el cuerpo del rubio sobre un charco de sangre.

¿Está muerto?

Sí.

Genaro se lleva las manos al rostro, se agacha y observa el rostro del rubio.

¿Qué hacemos ahora, Ángel?

Yo ya pensaba meterlo en la taquilla.

Pero su tía se va a dar cuenta.

Si le damos de beber se le va a olvidar.

Ayúdame.

¡Ayúdame! ¡Qué locura, Ángel! ¡Qué locura!

¡Cógelo!

Arrastran el cuerpo.

¿Qué sabe francés?

Francés, inglés, italiano.

¿Por qué?

Si nos fugamos podrías servirnos de intérprete. Yo no me voy a fugar a

parte. Soy neutral.

No.

Aquí no hay neutrales, macho.

O te fugas con nosotros o nos traicionas.

Pero hay que elegir.

Ayúdame. Cógelo.

Genaro agarra el cuerpo por las piernas.

En una habitación, Luchi termina de vestirse detrás de un biombo. Se ajusta

ropa y sale de detrás del panel.

Se acerca a un espejo ovalado que le llega a la cintura.

y se observa con atención.

Da un par de saltos tratando de verse entera y tuerce el gesto frustrada.

Dirige la vista hacia el fondo de la estancia y sale a un elegante pasillo.

Avanza por él y se detiene ante una puerta.

Tira del picaporte sin lograr abrirla.

Reanuda el paso y, unos metros más adelante, abre dos puertas correderas

comunican con una sala donde se encuentran Alonso y Benítez.

Ay, perdón, creí que estaba vacía. Señorita. Benítez.

Alonso sonríe. ¿Y esta belleza dónde ha salido?

¿Es usted una de las chicas de la orquesta?

No, no, no.

Yo soy la esposa del teniente Medina.

Vaya.

Estaba buscando un espejo de cuerpo entero.

Pues aquí tiene un espejo.

No un cuerpo entero, que soy yo.

Adelante. No, no, no, no quiero molestar.

No molesta en absoluto, sirvase usted misma.

Gracias.

Luchi camina hasta el espejo y se gira para mirarse por detrás el vestido de

satén dorado.

Se atusa el pelo mientras Alonso la contempla admirado.

Benitez, vaya por tabaco.

Usted no fuma, señor.

He dicho que vaya por tabaco.

Benitez se marcha.

Alonso se acerca a Luchi.

Me queda muy bien el vestido.

Pero creo que estaría mejor sin él.

Ella se toca su melena coqueta.

En su despacho, Genaro da la palabra a Ángel delante de los cocineros.

Se va a escapar con nosotros.

¿De verdad?

Genaro, eres mejor. Es una locura, pero no imposible.

Hay que trabajar en equipo.

Organizarse bien. Tenemos que funcionar igual que en la cocina.

Y hay que escoger el momento idóneo para escapar.

Y en mi opinión esto va a ser cuando saquemos la tarta.

Volvemos al matarrata. Deja el matarratas.

Ángel, has de ocuparte de que los generales beban todo lo posible.

Vale.

Pero Franco no bebe. Si hay brindis tendrá que beber.

Es verdad. No será tan sieso. Cuantos más brindis mejor. Yo me encargo. Cuando

saquemos la tarta. María Cantara, soldadito español.

Cabanique, esa será la señal para fugarse.

Después nos lanzamos por la rampa y acabamos en el sótano.

Pero antes hay que drogar a los soldados.

Yo me encargo del clorofón.

Y ahora, señores, a la cual a su tarea.

Los cocineros salen del despacho.

Genaro asiente sentado en su escritorio.

Juana se dirige a él.

Puedo preguntar por qué has cambiado de opinión.

Juana se marcha.

Ángel entra de nuevo y cierra la puerta.

Gerardo.

¿Qué canción era?

Soldadito español.

Soldadito español.

Vestido de frac.

Genaro sube unas escaleras con varias prendas de ropa dobladas en sus manos.

Se detiene ante la habitación número 27 y se dispone a llamar.

Al descubrir la puerta entornada, la empuja suavemente.

Entra en la habitación en penumbra y cierra la puerta.

Avanza unos pasos y se detiene mirando al fondo.

En el baño, Santiago duerme dentro de la bañera.

Genaro se queda quieto observándolo.

Con la mirada sostenida.

Se acerca a la cama y deja la ropa sobre ella.

Se apoya en el pie de la cama y desvía la mirada hacia el lado.

Santiago continúa dormido.

Genaro se acerca a la puerta del baño sin llegar a asomarse.

Teniente, van a dar las siete.

Santiago no reacciona.

Genaro entra despacio y se detiene junto a la bañera.

Observa al teniente unos segundos y aparta la mirada.

Toma aire, recoge un porro de un cenicero junto a la bañera y le da una

Cuidado que pega el grifa.

¿La ha probado alguna vez?

Yo he probado prácticamente de todo en la vida, mi teniente.

Es la primera vez que me siento a gusto en tres años.

Genaro le devuelve el porro y Santiago fuma.

Mira al Met, que mantiene la mirada fija al frente.

¿Sabe?

El 18 de... ¿Cuándo era?

De julio de 1936 iba a dejar el ejército y montar mi propio estudio de

fotografía. Ya sabe, bodas, bautizos, comuniones... Tenía palabra de un

local. Me habían concedido un crédito y todo.

¿Qué es la hostia?

Me había olvidado del agua caliente.

Santiago le lanza espuma de jabón de un soplido y le salpica agua de la bañera.

Genaro le da la toalla girando la cabeza hacia un lado.

Santiago sale desnudo de la bañera y se anuda la toalla a la cintura.

En la España de Franco seremos todos ricos.

Genaro se sienta en la cama mientras Santiago va hacia el lavabo.

Conozco bien a los ricos.

No sabrían vivir en un mundo sin pobres.

Si todo sale bien, voy a pedir un destino en el cuartel de Paterna.

Seguro que el local sigue ahí.

Luchi, no sé quién es de Madrid, pero yo a mí... ¿Y si sale mal?

Porque va a salir mal, está todo listo, ¿no?

Sí, por supuesto, pero...

No sé, si ocurriera algo... ¿Algo como qué?

Que la sopa saliera salada, por ejemplo, o la ternera resulte correosa, si algo

se torciera... ¿Qué pasaría?

Pues... Me echarían la culpa, supongo. Me iría a la mierda.

Pero... Escúchame.

Que todo va a salir de la hostia.

Y en parte...

Gracias a ti.

Macho. Macho.

Santiago lo abraza. La toalla cae al suelo y Genaro se queda paralizado en el

comedor. Señoras y caballeros, ahora un tempie para todo el mundo.

Los camareros y las chicas de la banda se acercan a una mesa.

Flora se acerca a Ángel, el cual le sirve una copa de vino hasta arriba.

Y lo tinto del bueno.

No me lo vas a despreciar.

Flora toma la copa y bebe.

¿Tú sabes dónde está mi sobrino?

Le vi salir a la calle.

¿A la calle a qué?

Creo que a comprar tabaco.

¿Comprar tabaco?

¿Y tú por qué estás tan contento?

Porque voy a ser padre, Flora.

Ángel se aparta y va hacia donde está María.

Daya. ¿Qué pasa?

Yo no puedo fugarme dejándote sola con el niño.

Ángel, tienes que hacerlo.

Y si se cambian los generales?

Imagínate que os echan la culpa de la fuga y no podéis volver. Escúchame.

Tienes que llegar a Endaya como sea.

¿Endaya? Sí.

Eso está muy lejos de Madrid.

En Francia.

Allí viven mis tíos, Manuela y Jean -Pierre. Y tienen un bistro que se llama

Tontón. ¿Te acordarás de todo?

Yo no soy muy bueno con los nombres, ya lo sabes.

María coge un bolígrafo de un atril y escribe en la mano de Ángel.

Flora los observa desde lejos.

Chez Tontón.

Chez Tontón.

Manuela y Jean Pierre.

Yo me reuniré allí contigo lo antes que pueda, ¿vale?

Un hombre entra y susurra a Chapero.

toca la lotería contigo.

¡Nos pilla el toro! ¡Nos pilla el toro! ¡Todo el mundo a su puesto ya!

Santiago, Génaro y Chapero llegan a la habitación de las chicas de la banda.

Señoritas, vayan bajando, por favor, nos pilla el toro.

María. María luce un vestido rojo.

Estás divina.

Cuando saquen la tarta, canta Soldadito Español, que es la canción favorita del

caudillo. ¿Cómo lo sabes?

Yo sé muchas cosas, María.

María recoge algo de la habitación.

Genaro hace amago de decirle algo a Chapero, pero desiste y se va.

María sale en otra dirección.

En un pasillo, Santiago llega ante la habitación de Alonso y hace una seña a

Benítez.

A sus órdenes, mi teniente. No va a ver al señor Alonso.

No se puede. Sí se puede. Está ocupado.

Que me da igual cómo esté.

Santiago golpea la puerta a la vez que Benítez se va.

Con su permiso.

Teniente Medina con novedades. Señor.

Señor. Santiago mira su reloj.

Alonso abre las puertas vestido con una camiseta interior.

¿Qué coño pasa?

Franco está al llegar.

Eso es imposible, no es la hora todavía.

Está de camino, señor.

No toda llego.

Siempre igual, coño.

Alonso se aleja hacia el dormitorio.

Si no da por culo, no se queda contento.

Santiago entra lentamente mientras contempla sobre una silla el vestido de

de Luchi.

¿Y qué

hace

aquí su mujer?

Eso digo yo.

Esto es una cena de generales. ¿Usted es general?

No, claro que no.

Entonces usted no está invitado a la cena.

No, señor.

¿Y tampoco su mujer?

Ya, pero el vestido... ¿Qué perra le ha dado con el vestido? Pues coja el

vestido y póngaselo si le da la gana. Pero venga que está Franco a punto de

llegar o es que no se ha enterado. Sí, señor.

¡Venga! Santiago permanece inmóvil mirando al dormitorio. ¡Luchi!

¿Medina?

¡Luchi!

¿Medina le ha dado una orden?

¡Luchi!

Miren. Alonso coge su pistola.

A mí...

Le apunta al rostro.

Santiago le mira fijamente mientras aprieta los labios e hincha los

reprimiendo su furia.

Al poco, camina por el pasillo donde están Genaro, Benítez y Chapero.

Saca su pistola mientras mira hacia el frente.

En el vestuario, una voz emerge del armario.

Genaro entra con Santiago en la cocina.

Señores, ¿qué tal?

¿Qué tal, pana? ¿La sopa?

¿Quieres probarla?

La va a probar el teniente.

¿Marchando un plato de sopa? No.

¿Marchando?

No, que no hace falta.

Hace falta.

Teniente, hace falta.

Hace falta que te tomes un descanso. Por favor, haga mi caso.

No me haga esto ahora, por favor.

Siéntese. Siéntese. No estoy yo.

Por favor.

Unos cubiertos para el teniente.

Yo estoy ahora en... Hágame caso.

Lleva el hombre todo el santo día sin probar bocado.

Por favor, Vlad, unos huevos.

Archando. Ángel, vino.

Por favor. Voy. Que no falte de nada.

Nando, ¿podría ser una ración de ternera?

Muy bien, con las patatitas. Muy bien.

Che, che, che, che.

Venga, descanse.

Ángel, sirve vino.

Che.

Ángel se aparta.

Santiago mira los platos sobre la mesa.

Las penas con pan son menos, mi teniente.

Los cocineros observan a Santiago.

Este toma una cuchara y prueba la sopa.

Genaro permanece de pie tras él.

Santiago saborea la sopa. Coge el cuchillo y el tenedor y prueba los

Genaro lo observa expectante.

Desde su asiento, Santiago vuelve a dirigir la mirada hacia los cocineros

mientras traga.

Corta un trozo de carne y se lo lleva a la boca.

Mastica mirando hacia el frente y se recuesta en la silla.

Dirige la vista hacia la copa de vino.

Mira retraído a Genaro y bebe un trago incómodo bajo la atención de los demás.

Deja la copa, termina de tragar y vuelve a fijarse en los cocineros.

Quiero felicitaros por lo que han hecho hoy.

Muy pocas personas habrían sido capaces de hacer algo así en estas condiciones.

Esto es mucho más de lo que yo les pedí.

Santiago se pone de pie.

Esto es de primerísima categoría, primerísima.

Genaro sonríe.

Pueden estar muy orgullosos del trabajo que han hecho.

Bravo. Bravo.

Santiago felicita a Genaro.

Bravo.

Muy bien.

Buen trabajo.

Chapero entra aplaudiendo.

Muy bien.

Franco, mi teniente.

Franco.

Santiago, Chapero y Genaro salen de la cocina.

Santiago

descubre

en una mesa una tarjeta con el nombre de Luchi de Medina.

Lo toma en su mano y lo arruga con gesto enojado.

Luchi entra y se detiene frente a él.

Genaro contempla la escena.

Santiago agarra a su esposa del brazo y la lleva aparte.

Salen del salón.

Ya sé que no me crees. Pero lo que he hecho, lo he hecho por ti.

Por los dos. Vete.

Que sin mí no eres nadie, Santiago.

Santiago se quita la alianza del dedo y la deja sobre el mostrador de recepción.

Vete. Ya.

Mira, me acostaría con el mismo demonio por salir de esta miseria.

En cambio, ¿tú qué haces?

Nada.

Vete, por favor.

¡Medina!

¡El himno!

Una multitud se agolpa en la puerta.

Luchi recoge la alianza y va hacia la salida.

Un coche escoltado por dos motocicletas se detiene en la entrada del hotel.

Luchi mira seria a Santiago y camina hasta la puerta.

La esposa de Franco sonríe desde el interior del coche y sale.

El general Franco baja del vehículo.

Saluda a Alonso alzando el brazo derecho y este le responde con el mismo gesto.

Franco se marcha mientras Luchi se acerca a Alonso.

Dos soldados apartan a Luchi hacia el gentío.

Alonso se recompone

la chaqueta, mira a Luchi y sonríe altivo.

Luchi llora entre la multitud.

En el interior.

El himno.

Genaro se acerca a Santiago.

Perdón. El himno.

María, el himno, por favor.

El otro, María.

Perdón.

La marcha real.

Genaro mira de reojo a Santiago.

Flora mueve la cabeza contemplando a la banda.

Suerte.

Genaro.

Suerte me viene.

Miran al frente.

Sobre la banda cuelga un tapiz con el escudo de España.

Genaro chasquea los dedos.

Santiago revisa la lista.

Los camareros comienzan a servir vino a los comensales.

Flora mira hacia el salón con los brazos situados atrás.

María comienza a cantar.

Flora se esconde discretamente tras una columna.

Saca una petaca y bebe un trago.

Ángel se acerca a Franco sin apartar la vista de María y empieza a servirle

vino.

Franco cubre la copa con su mano y la bebida cae sobre esta.

Genaro observa preocupado.

Perdón, es que nos habían dicho que le sirviéramos vino para los brindis.

¿Qué brindis?

¡Viva Franco!

¡Viva!

Ángel le seca la mano.

Hola, sírvale un poco más.

No vas a brindar con agua, Paco.

¡Viva el ejército español!

¡Viva!

¡Viva!

Franco y Carmen beben.

Flora entrecierra los ojos.

Rastrea el salón con la mirada y se aparta.

Ángel continúa embelezado mirando a María.

¿La sopa?

Frequísima.

Franco lo observa extrañado y mira a Carmen.

En el pasillo de la cocina, Epifanio orina en una sopera.

Nando se acerca.

Los camareros recogen las soperas.

Epifanio se acerca a uno de ellos.

El cocinero coloca la sopera plateada en una bandeja y sale de la cocina.

En el salón, el camarero sirve la sopa a Franco.

Franco recoge sopa con la cuchara y la sopla.

Santiago y Genaro lo observan atentos desde un extremo de la sala.

Un sacerdote y un obispo lo miran desde sus asientos.

Tras probar la sopa, Franco mira a su esposa.

Genaro sonríe.

Santiago lo mira serio.

¿Eh?

Azafrán.

Franco asiente y llena su cuchara de nuevo.

Ya toco mejilla.

Ángel entra en la cocina.

Me ha encantado la sopa, la culona.

¡Venga, venga, venga! Esto tendría ya que estar emplatado.

Juana se acerca a Ángel.

Vamos,

la ternera, ¿cómo va? En el vestuario.

¡Sobrino!

Flora va hacia el armario.

Rubio, estás aquí.

Flora intenta abrir el candado. En el salón.

¡Arriba España!

¡Arriba siempre!

Todos brindan.

Permítame, caballero.

Alonso se levanta de su mesa y camina hacia Santiago.

Muy bien, Medina.

Si la cosa sigue así, le recomendaré para que se quede en Madrid, en el

de San Cristóbal conmigo.

¿Me ha oído?

Incluso igual con un poco de suerte puede que le consiga un piso en la calle

Ferraz.

Así podríamos ser vecinos.

Seguro que a su mujer le parece una idea fantástica.

Alonso se retira sonriente.

Santiago permanece inmóvil mirándolo con gesto contenido.

Genaro se dirige a Carmen Polo. Todo a su gusto, señora.

La sopa excelente, pero la orquestina con tanto hombre no me parece lo suyo.

Son todo músicas de conservatorio. No digo que no.

Y de la sección femenina.

Carmen lo mira seria.

¿Le parece a usted bien que vayamos sacando ya los huevos?

Los estamos sacando desde el 18 de julio.

Flora rompe el candado con un martillo.

En el salón, los camareros permanecen de pie tras las mesas sosteniendo los

platos.

Sirven los platos a los comensales.

Franco y Carmen se miran y comienzan a comer.

Fuera, en el vestíbulo, Chaperó baila al compás de la música mientras fuma un

porro.

En el vestuario, Flora sostiene al rubio que se tambalea con la cabeza y la

camisa ensangrentadas.

Cariño, cariño, te tiene que ver un médico.

Espérate.

Si no te cogen esta brecha, se te van a salir los sesos.

El rubio coge el martillo. En la cocina.

Los huevos son diez.

Alegría. Sacamos la ternera.

Oídos, señores, sacamos la ternera.

Juana.

Juana sale de la despensa.

¿Estamos listos?

Está todo preparado.

Lo que me preguntaste antes, porque he cambiado de opinión.

En la España de Franco no hay sitio para alguien como yo.

Juana lo besa en la mejilla.

En el vestuario, el rubio camina hacia la salida empuñando el martillo.

Rubio, ¿dónde vas?

¿Dónde vas que no puedes salir así delante de todo el mundo?

El rubio se zafa de ella.

Flora cae en las duchas, quedando inconsciente, a la vez que él se marcha.

En el comedor, los comensales continúan cenando.

Franco hace una ceña con la mano a Alonso y éste se levanta y camina hacia

Aparta a Ángel de un empujón y se inclina.

Santiago los observa serio desde el fondo del salón.

Genaro llega y se detiene a su lado.

¡Viva doña Carmen Polo!

¡Viva!

Ya estamos casi.

Solo falta sacar la tarta.

Alonso se acerca a ellos.

Franco quiere felicitar a los cocineros. En cuanto den paso al postre han

entrado en la cocina para darles la enhorabuena personalmente.

¡Diperos míos!

Alonso los mira amenazante alzando un dedo y se marcha.

Es una imprudencia.

Son rojos. Puede pasar cualquier cosa.

Franco no tiene que entrar en la cocina.

Genaro se marcha. Santiago permanece de pie mirando serio al frente.

En la cocina.

La tarta, Juana.

¡Dale la tarta!

A ver, necesitamos ayuda, que esto pesa muchísimo, ¿eh?

Los tres soldados de la Guardia Mora se miran y asienten.

Los soldados van hacia la despensa, donde están los cocineros con la tarta.

Pasan al interior.

Nando, Blas y Epifanio los sujetan y les colocan un paño con cloroformo en el

rostro.

En el salón, Ángel se revino a Franco.

Este alza los ojos y lee en su mano la nota que le apuntó María.

La copa queda llena hasta el borde y Ángel se aparta. En la cocina, los

cocineros sacan la tarta de la despensa.

Epifanio forcejea con un guardia.

El rubio llega al

salón con el martillo en la mano.

Y ahora, aprovechando que va a salir el postre, esta humilde orquesta quiere

ofrecerle al generalísimo una de sus canciones favoritas.

Para su excelencia, su distinguida esposa, y para todos los salvadores de

patria y sus acompañantes, la pieza inmortal de don Jacinto Guerrero,

Español. Alonso repara en el rubio, irrumpiendo entre las mesas, y se

sacando su arma.

¡Hijo de puta!

El rubio camina hacia Ángel.

Santiago se adelanta unos pasos.

Alonso y varios generales disparan al rubio en el pecho.

Genaro y los cocineros, ya vestidos con ropa de calle, miran alertados hacia la

puerta de la cocina.

El rubio cae abatido despacio en el centro del salón con el martillo en la

Franco observa la escena sin alterarse.

María clava la mirada en Ángel.

oculto tras un macetero con el rostro desencajado.

Santiago y Chapero miran sobrecogidos desde sus sitios.

Alonso permanece con la pistola en la mano.

Santiago se incorpora despacio.

Genaro sale de la cocina y se queda mirando desconcertado.

María lo mira desde lo lejos.

Genaro se da la vuelta y regresa a la cocina.

Paco. Carmen hace un gesto con la cara.

Chapero camina dando tumbos hacia la cocina.

Varios soldados cargan con el cuerpo del rubio y se lo llevan.

Chapero entra en la cocina tambaleándose. Mira alrededor y

varios pisos de altura.

Hunde el dedo en la nata y se lo lleva a la boca.

Epifanio sale del despacho de Genaro cerrándose el abrigo, seguido de los

¿Qué haces?

¿Y vosotros dónde carayobáis?

Yo en mi casa, que es tardísimo ya.

¿A qué tanta prisa, hombre?

El último también sale a las diez.

¿La tarta?

¿Quién va a sacar la tarta?

¿Y si la sacas tú? ¡Yo!

¡Ja, ja, ja!

¡Ja, ja, ja! ¡Ja, ja, ja! ¡Ja, ja, ja!

¡Ja, ja, ja! ¡Ja, ja, ja! ¡Ja, ja, ja! ¡Ja, ja, ja! ¡Ja,

ja,

ja!

Le golpea en la cabeza con una sartén y Chapero cae sobre la tarta.

Genaro vigila mientras todos bajan por el conducto de la lavandería.

Ángel camina apresurado por el salón en dirección a la cocina.

María lo observa desde el escenario.

Santiago y Alonso lo miran con suspicacia.

Ángel entra en la cocina y encuentra a Chapero desplomado sobre la tarta.

Ángel, Ángel, Ángel.

Vámonos, vámonos, vámonos.

¿Qué ha pasado?

Es igual.

Se han cargado al rubio. No estaba muerto ya. Se ha muerto doble. ¿Eh?

Santiago permanece pensativo en el salón.

Chicas, sonladito.

Santiago camina hacia la cocina.

María comienza a cantar.

Genaro lanza su abrigo por el conducto de la lavandería. Genaro se queda

paralizado. Santiago entra en la cocina y descubre a Chapero desplomado sobre la

tarta. Lo sujeta por el cuello de la chaqueta y lo levanta ligeramente.

Genaro permanece inmóvil mirándolo desde el pasillo.

Genaro escapa mientras Santiago va hacia la despensa.

Santiago encuentra a los soldados de la Guardia Mora inconscientes en el suelo.

Genaro desciende por la rampa de la lavandería y comienza a cambiarse de

junto a Ángel.

Santiago camina desconcertado hacia el centro de la cocina.

Soldadito español, soldadito valiente,

el orgullo del sol es besarte

la frente.

Santiago arruga la lista que lleva en la mano. La victoria fue tuya.

Santiago corre por el salón hacia la calle.

Alonso lo mira con suspicacia.

Genaro y los demás llegan a la bodega.

Genaro abre y todos corren hacia la puerta del pasadizo que comunica con la

iglesia.

Flora llega y los descubre escapando.

En la iglesia todos caminan a paso lento y sigiloso con Epifanio a la cabeza.

En la bodega Flora avanza tambaleándose hasta la mesa donde hay dos copas de

vino servidas y se sienta.

Toma una de las copas y bebe mirando hacia la puerta del pasadizo.

Genaro y el resto cruzan sigilosos entre los bancos de la iglesia hasta el otro

lado de la nave.

Genaro tropieza y todos se detienen.

Seguidamente continúan corriendo hasta llegar al otro extremo.

Se abrazan.

¿Y ahora qué hacemos?

Nosotros nos vamos a Chet, tontón.

Yo me voy a Teat.

Acá mi madre.

Yo tengo un primo en Polonia.

Vive en Auschwitz.

Creo que es un pueblo muy bonito.

Todos miran a Blas.

Sí.

Que Dios reparta suerte.

Pero tú crees en Dios, Juan.

Igual sí.

Hay que creer, sí.

Se abrazan entre sí.

Adiós, Blas.

Vamos. Suerte, Edi. Vente conmigo, pacienza.

Venga.

Ángel se acerca a Genaro.

¿María? María se reúne contigo en Chet -on -pon. ¿Eh?

María va a estar enseguida contigo, no te preocupes.

Ella es lista, ¿verdad?

Como yo.

Corre con tu madre.

Se besan en las mejillas.

Gracias.

Ángel se marcha dejando solo a Genaro.

Este avanza lentamente hacia el umbral.

Mira a ambos lados y se aleja caminando calle abajo mientras se pone un

sombrero. Santiago corre hacia él.

¡Vámonos!

Santiago saca su pistola y le apunta.

Genaro lo mira inmóvil.

¿Qué vas a hacer?

¿Le darme un tiro?

Santiago asiente.

¿La primera vez en tu vida ibas a ser a mí?

Sí.

Medina, si te quedas estás perdido.

Al fondo de la calle aparece Alonso, el cual se detiene al verlos.

Genaro repara en él y acerca las manos a la pistola de Santiago.

Genaro le dispara y Alonso cae muerto.

Genaro y Santiago corren calle abajo.

El cuerpo de Alonso yace inmóvil en el suelo sobre un charco de sangre.

Una rata se acerca y bebe de la misma.

La imagen funde a negro.

De día, en una tranquila calle, un cartel con el rótulo Xiatontón cuelga

la entrada de un restaurante.

Nueve meses después, un vehículo negro se detiene en la puerta del

establecimiento.

Dos hombres con sombrero y gabardina se bajan y van hacia la puerta.

En el interior están Santiago, Genaro, María, Ángel, Juana, un bebé y un par de

personas.

¡Vivan los novios!

A ver, aquí, todos aquí.

Un poquito a la derecha. Un poquito a la izquierda.

Ahí, perfecto.

Sonreír.

Vuestra mejor sonrisa.

Venga. Santiago, vamos.

todos posan ante una cámara de fotos

¡Eh, fermé! ¡Qué pesado!

La tarta, la niña, la tarta. ¿Quieres un poquito más? Sí, venga. Trae los

platos, por favor. Sí, Jean -Pierre, por favor, trae y así vamos sirviendo.

¿Cuántos somos al final?

Ya le podemos dar tanta alegría. A ver,

ahí vamos.

¿Ajelillo? Vale.

¡Ay, qué bonita!

Ha quedado increíble.

¿Manuela es tuya?

Vale.

Genaro va hacia la entrada del restaurante y encuentra a Santiago en

inquieta.

Entra Franco, un oficial con bigote y uniforme marrón y varios militares.

Huevos a la aurora para todos.

Menos para el fiure, que es vegetariano.

Genaro y Santiago se miran serios el uno al otro.

La imagen funde a negro.

Aparecen los títulos de crédito.

Medina, Mario Cázar.

Genaro, Alberto San Juan.

Alonso, Aziede Cheandía.

María, Nora Hernández.

Ángel, Oscar Lazarte.

Chapero, Martín Paez.

Juana Elvira Mínguez, Epifanio, Toni Agustí, Blas, Ferran Gadea, Nando,

Ortiz, El Rubio, Carlos Serrano, Flora, Carmen Balaguer, Luchi, Eva Ugarte,

Franco, Xavi Francés, Carmen Polo, Gloria March, Antón, Antonio Recines,

Mustafa, Abdel Zenouzi, Asistente Alonso, Rafa Valls, Doctor Beltrán,

Caballero, Sargento Mando Cárcel, Vicente Domingo.

Laura Chelo, Laura Bota, Sofía Pianista, Sofía López, Chica Violín, Lourdes

Serrano, Chica Contrabajo, Eva Serrano, Chica Guitarra, Ana Zomeno, Chica

Acordeón, Isabel Latorre, Oficial Tropas Ventas, Enrique Galán, Hitler, David

Díaz, Recluso, Ulises Andrés Delgado.

Sobre fondo negro con letras blancas continúan apareciendo los títulos de

crédito.

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