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Original subtitles

¡De prisa!

¿No puede correr más?

La ruta es un desastre.

Y como está el auto...

Además, lo sabe, prometí a su marido cuidarla.

A mí también me prometió algo.

No se preocupe, nuestro pacto sigue en pie.

Nuestro pacto acelerado.

La deseo, no veo la hora de llegar a Venecia.

Lo sé, entonces corra.

Corra.

Cuanto antes lleguemos, antes se cumplirá con el pacto.

Hoy mismo llegaremos. Y hoy mismo...

Sí, pero no hable más.

Ocúpese de conducir.

Déjeme descansar un poco.

¿Y así? ¿Con uno de la calle?

Con uno cualquiera que pasaba.

No supe qué hacer.

Debiste llamar.

¡Me das asco!

Fue sólo un capricho.

¡Perfecto!

No, Flavia, si no lloraste entonces...

¿por qué ahora?

Ahora, déjame ir.

¿Qué dices? ¿Cómo? ¿Por qué?

- Ahora que sabes esto. - Yo ya lo sabía.

- ¡Lo sabía! - ¿Cómo lo sabía?

Lo había imaginado.

¡Tengo tanta vergüenza!

¡Deténganse todos!

Si en el teatro hay espías o traidores fascistas...

mejor que salgan.

Recibirán un tratamiento partisano.

Venecianos, el último cuarto de hora, para Hitler...

los traidores fascistas están por caer.

Unanse a nosotros por la causa de la liberación nacional...

y la caída definitiva del nazi-fascismo.

¡Muerte al fascismo!

¡Libertad al pueblo!

¡Viva el frente de la juventud!

Damas y caballeros, buenas noches.

Y diviértanse.

¡Que nadie se mueva!

EI teatro está rodeado.

¡Dámelo!

¡Te dije que me lo des! ¡Es una orden!

No le doy nada.

¿Por qué no se lo pidió a los que estaban en el escenario?

¡Casquivana! ¡Cúbrase el pecho que no estamos en el burdel!

La señorita está conmigo.

Devuélvale el folleto.

Vamos.

Es inadmisible que...

Sí que es admisible.

¡Ahora todo es admisible!

¿Quién es ese cobarde?

EI teniente Helmut Schultz, del servicio cinematográfico alemán...

aquí en Venecia.

Un putañero que hace lo que quiere.

¿Cómo es posible?

Llevó a la actriz Lida Baroba a la cama del Dr. Goebels.

Todo es posible.

¡Teniente!

Típico de estos italianos.

Entendí que lo hizo por mí.

Sentí los ojos de su deseo prepotente entre mis muslos.

Los sentí, como nunca lo sentí en un hombre.

Su mirada me había violentado.

Y yo no había huido, no me había avergonzado.

Tuve un orgasmo.

¿Qué quiso decir Hugo sobre la Baroba?

Que fue la amante de Goebels hasta que Hitler lo obligó a dejarla.

¿Y ese teniente Schultz qué tiene que ver?

- Era su acompañante. - ¿Acompañante?

Sí, era el rufián por cuenta de Goebels.

¿Y ahora?

¿Y ahora? ¿No lo viste?

Es un semental que duerme con todas.

¿Y tú cómo lo conoces tan bien?

¿Cómo no voy a conocerlo? Es el representante del cine alemán.

Todos los acuerdos con Alemania se hacen a través de él.

¿Sólo intercambian noticieros cinematográficos?

¡No! No lo hagas.

Era la señal de que quería hacer el amor.

Si no tenía las medias, mi marido no se excitaba.

Si mantengo buenas relaciones con él es porque aquí todo está mal.

¿Viste el éxito en el teatro? Hay que prepararse para después.

¿Entiendes que quiero decir?

Favores transversales y Hugo ya se está moviendo.

Amigos, enemigos, todos tienen interés.

Y Schultz es un alemán que podría volverse útil.

Incluso gracias a todos sus vicios.

Apaga las luces, habrá ataque antiaéreo.

La noche es preciosa.

Hay luna llena.

Lo atraje a propósito detrás de mí para no ver su rostro.

Su piel contra la mía...

el placer de hacerme suya en la mirada...

esa noche no lo habría podido soportar.

- ¿Qué vicios? - ¿Qué vicios?

¿No dijiste que el Tte. Schultz podía ser útil gracias a sus vicios?

Sí, quería decir que como es un anormal, un cínico, un jugador...

un depravado, incluso con las mujeres...

¿Por qué te interesa tanto?

¡No me interesa!

¡Tesoro, qué mojada estás!

¡Bellísima! ¡Cerda!

Te gusta, puta. Di la verdad. Te gusta.

¡Vamos, dímelo!

¿Por qué me casé con Carlo?

Si alguna vez lo amé, sabía que ya no lo amaba.

Estuve segura de otra cosa que me asaltó y me aterró.

Mi cuerpo, mi carne, mis sentidos...

querían desesperadamente a Helmut.

- ¿Castañas asadas? - ¿Por qué no?

2 centavos.

- ¡Anciana! - ¿Qué quiere?

Gracias.

¡Eh, tú! ¡Alto allí!

¿Qué dicen, camaradas?

¡No hice nada!

¿Lo escucharon? No hizo nada.

Si dice que no hizo nada, entonces...

- ¡Se corta! - ¡Largo de aquí!

¡Y no olvides la lección!

- ¡Aquí muchos bailan! - ¡Mientras la patria llora!

¡Esos están locos!

El cambio, señora.

¡Guárdelo!

Aquí tiene el cambio.

Se me detuvo el corazón.

Hacía días que soñaba con hallarlo de nuevo.

Pero al mismo tiempo, temía que sucediera.

Aunque no mirara, los sentidos me decían que Helmut me seguía.

Me temblaban las piernas.

La sangre golpeaba mis sienes.

¿Quiere que le sostenga las castañas?

Debo hablar con su marido.

A esta hora no está.

¿No?

¿No quiere?

Nadie la obliga.

No podía separarme, no quería huir.

Sentí mi sumisión desencadenar mis sentidos.

Se lo repito, es libre.

¿Lo ve? ¡Es mía!

¿Es Ud., Sra. Livia?

EI teniente busca al comendador.

Cierto, cierto.

Con permiso.

Te amo...

¡Vete!

También yo lo amaba.

Sí, lo amaba.

Lo amaba...

¡Maldita sea!

- ¿Qué es? - Una barricada.

- ¿Una barricada? - Sí.

Partisanos, quédese tranquila...

y déjeme a mí.

¡Apague el motor y bajen con las manos en alto!

Estamos en regla, tengo un salvoconducto.

¡Cordelia, ocúpate del auto!

¡Uds. vigilen la ruta!

¡Regístralos!

¡Limpio!

¡Muy bien! ¡La mujer!

- ¡También limpia! - ¿Puedo fumar?

¡No!

¿Quiénes son? ¿De dónde vienen? ¿Adónde van?

Vamos a Venecia, venimos de Ausburg.

Soy el abogado Hugo Gianno, ella es mi hermana.

¡Documentos!

¡Minculpop! ¡Fascistas!

¡Aparentemente!

Tengo un afidávit. Puedo mostrarlo.

¡Veamos!

"EI portador de la presente está en garantía."

Está bien, pueden seguir.

- Gracias. - ¿Por qué? No los esperábamos a Uds.

¡Quiten el tronco!

¿No hallaste nada?

¡Sólo esto!

Mauser del 36. Una pieza de colección.

Alemana, pero republicana.

Estuvo en la guerra de España con el V Regimiento. ¡Fuera!

¡Fuera!

¡EI rojo vencerá!

¡Fanáticos!

Ahora tendremos que recuperar el tiempo perdido.

Espere, ya llegará el momento oportuno.

Ya lo verá.

¿Tiene un cigarrillo? Necesito fumar.

En el bolsillo interno de la chaqueta.

Enciende también uno para mí.

Deme fuego.

A la izquierda.

También tengo un partisano en la familia.

Mi primo Tomaso. Ex capitán del ejército.

No sabemos nada de él desde el 9 de septiembre.

¿También está enamorado de Ud.?

Sí, creo que sí.

¿Y Ud.?

No.

Es un hombre con demasiados ideales y demasiadas virtudes.

Todo lo contrario de Helmut.

Claro.

Lo contrario de Helmut.

Mario, tengo miedo.

Vito sospecha de nosotros.

No temas, yo me ocupo de tu marido.

¡No, Vito! ¡No lo hagas!

¡Salvé mi honor!

¡Corten!

¡Muy buena!

¡Felicitaciones!

Creo que todo estará bien.

No habrá que rehacer ninguna escena.

Vamos a hacer un brindis.

También Uds., vengan a brindar.

¡Muy bien!

¡Camaradas! ¡Brindo por la traición!

EI primer giro de manivela de esta película...

de la nueva "Scalera" fascista y republicana...

victoria que hace posible recuperar el trono...

de Bonaparte y la escenografía...

erróneamente exportada de las instalaciones de Cinecitta.

Todo fue gracias al más que generoso Tte. Schultz...

a quien invito a unirse a nuestro brindis.

- Gracias. - Por nada.

A su salud.

¿Y tú, Helmut? ¿Matarías por honor?

¿Honor? No entiendo. ¿Qué es el honor?

¡Santo cielo! ¿Un soldado alemán que no sabe lo que es el honor?

¡Asunto de militares!

¿Y por amor? ¿Matarías por amor?

Los maridos matan a los amantes.

Nunca los amantes a los maridos.

- ¿Verdad, comendador? - ¡Menos mal!

También porque los maridos son más útiles vivos que muertos.

¿Verdad, teniente?

Por como lo miraba esa puta, supe que había dormido con él.

Sentí que moría de celos.

La idea de que siguiera haciéndolo me hacía enloquecer.

¿No se siente bien?

Tengo un poco de jaqueca, no es nada.

En mi camerino tengo píldoras...

muy eficaces.

Venga conmigo.

Venga.

Vamos.

Las acompaño.

Diga a su jefe que le agradezco el brindis.

Claro.

De nuevo felicitaciones.

Las píldoras están en la mesa.

- ¿Helmut? - Sí.

Cuando termines, vuelve a cerrar con llave.

Una película maravillosa. ¡Será una obra maestra!

Ya no entendía nada.

Los celos de un primer momento...

se habían convertido en una excitación sexual violenta.

- ¿Estás celosa? - A morir.

De todas las mujeres que te miran.

¿También de ella?

¡También de ella! Sí, ¿por qué?

EI marido parezco ser yo.

No entiendo. ¿Qué quieres decir?

Te lo explico en otro momento, no tenemos mucho tiempo.

¿Estás libre el domingo?

Sí, creo que sí.

Entonces te espero a las 15 Hs. En casa de Nemo. ¿Lo conoces?

Sí, el que cambió su nombre Memo por Nemo.

Justamente él.

- ¿Irás? - Cueste lo que cueste.

Bésame otra vez.

Esta vez tengo algo doblemente excitante.

Forma y contenido.

Si Ud. lo dice.

- Veamos... - Allí está.

- ¡Livia! - ¡Qué lugar extraño!

No lo imaginaba así. Hola.

Hola. Es una pena que esté vacío.

Pero en sus días, hacía furor.

Siéntate.

Quiero que también lo mires.

Cuando salgamos, tal vez no lo tenga más.

¡Fuerte! ¿Quién es?

¿Cómo? ¿No lo conoce?

Me extraña de Ud.

- Gerblus. - ¿Cómo es posible?

¿Esto no es arte degenerado?

¿No lo habían eliminado?

No, se escapó a América. ¡Qué afortunado!

Estaba perturbada.

Los hombres y las mujeres de esos dibujos eran ficticios.

Sin embargo, había algo que me excitaba.

Me parecía que Helmut me arrastraba a un torrente de perversión.

¡Son impresionantes!

Impresionantes de verdad.

Por esto, quien los hizo fue perseguido.

1 5 mil por todos.

Ud. es un canalla.

Un precio de usurero.

Ex, Sr. Teniente, con el cambio de nombre.

Y me bauticé cristiano.

Merecería ser denunciado.

Si me denuncia, ¿a quién venderá sus acuarelas la próxima vez?

Hagamos 20 mil.

Pero sigue siendo un canalla.

Como Ud., Sr. Teniente. Como Ud.

De acuerdo. 20 mil liras.

Me pregunto qué hará con ellas.

¿Qué "haremos" con ellas?

Simple, las usaré para salir de la guerra.

Un día, dos días...

una semana.

Así es.

20 mil liras por una semana de desersión.

Acompáñeme, teniente.

Acompáñeme a la caja fuerte si quiere su dinero.

Con 20 mil liras puedo darme el lujo...

de tener a mis pies a un oficial del Reich.

¿Qué quería decir?

Fuerte, apuesto, perverso, vil.

Me gustaba.

Hasta la próxima vez.

AI salir, cierren bien la puerta, por favor.

¡Teniente, su cartera!

¡Téngala, está incluída en el precio!

Un recuerdo del Dr. Goebels que le regalo a Ud.

- Espera. - ¿Por qué?

Poséeme...

Poséeme un día, dos días, una semana.

Haz lo que quieras conmigo. Sobre mí, dentro de mí...

Te gustaron mis acuarelas.

Los hombres parecían tu marido y sus amigos.

Esas mujeres, sus mujeres.

No soy así.

Sólo contigo, amor. Sólo contigo podría.

No, tú no. Claro que no.

Pero te excitaron.

Me excitaron.

Siente...

Sí, lo siento.

Estaba en sus manos.

Nadie me había tocado así.

Con un solo dedo, Helmut me hizo su esclava.

Tómame aquí, ahora. Enseguida.

¡Corre! ¡Corre!

¡Gino!

¡Gino!

¡Gino!

¡María!

¡Alto!

Una redada.

Quédate aquí.

¡Mamá!

- ¡Vamos! - ¡Mamá!

- ¡Vamos! - ¡Mamá!

¡Vamos, te dije!

¡Mamá!

¿Qué sucedió?

La guerra.

Habría querido esconder mi rostro en el pecho de Helmut.

Ya no quería ver, sentir, pensar...

Sólo quería tenerlo.

Me di cuenta de que sólo Helmut daba sentido a mi vida.

Un sentido que nunca le había hallado.

¡Ven aquí!

¡Ven aquí!

¡Ven aquí!

El cielo estaba gris, pero no hacía frío.

Helmut insistió que lo acompañara a la playa del hospital...

para ayudar a los heridos.

¿No ves que llueve?

¡Qué importa la lluvia!

Estábamos solos entre cielo, lluvia, arena y mar.

Me sentí inmensamente libre, sin reglas, ni deberes...

ni vergüenzas.

¿Estás loca? ¿Qué haces?

¿Quién era ese hombre?

- Un doctor. - ¿Estás enfermo?

No, estoy muy bien.

¿Qué te dio?

Dinero.

- ¿Y tú qué le diste? - Ampollas.

- ¿De qué? - Morfina, quita el dolor y olvidas.

¿También te olvidarás de mí?

No, de ti nunca.

Querría olvidarme del resto.

De las reglas, del uniforme, de la guerra.

Moriría si me olvidaras.

¡Espera!

No llueve más.

No, salió el sol.

¡Vamos!

¡Vamos al mar!

Finalmente sentí que Helmut era mío.

Lo quería con toda mi alma, quería su cuerpo.

Quería sentirlo dentro de mí.

¡Espera!

¡No te muevas!

Como no fue bombardeada...

Venecia se convirtió en una especie de zona franca.

Gracias, por el Chanel Nro. 5.

En el mercado negro se encuentra todo.

¿También morfina?

Sin duda. La morfina también.

¡Y también cocaína!

¿Quién la usa?

¡Tantos!

Tal vez conoce a algunos.

¿Por ejemplo?

Actores...

También alguna actriz.

Sobre todo la cocaína.

Disculpe.

Hay tan poca luz.

Aquí no se ve nada.

Puedo pedirle una lámpara a mi marido.

Quizás.

¡Carlo!

A sus órdenes.

¿Nos prestas tu lámpara de trabajo?

La Sra. Rosa necesita más luz.

Tómala. Igual yo voy a la Giudecca.

¿La buscarías en el escritorio de mi marido? ¿Sabes dónde está?

Claro, en el fondo del corredor.

Gracias.

Tengo una cita con el Tte. Schultz.

Tipo extraño ese alemán.

¿Por qué?

Ayer me contó las maravillas de un baño bajo la lluvia...

en el Lido.

¿Qué tiene de extraño?

EI baño, nada, pero sí la propuesta que me hizo.

¿Cuál propuesta?

La recuperación de los derechos de nuestras películas en Alemania...

que hace años no tenemos, contra el pago de 1 00 mil liras.

¿Un pago a quién?

AI Tte. de la SS Helmut Schultz obviamente.

¿Cuánto recibirías?

Un par de millones.

Una propuesta ventajosa, diría.

Sí, ventajosa, sin duda.

¿Es de confiar?

¿No confías?

EI teniente tiene cierta necesidad de dinero.

Sin escrúpulos, lo tendrá seguro.

Ya no cree en el Fuhrer, si alguna vez creyó.

Le gusta vivir y no cometer errores.

No lo sé.

¿Tú qué harías?

Yo confiaría.

Tal vez tienes razón.

EI nos necesita...

y nosotros a él.

¡Ahora sí que se ve!

¿No son bellos los pies de mi esposa?

¿Y los muslos? Son mejores aún.

Los más bellas en circulación en Venecia.

Sentí los ojos de Carlo sobre la marca dejada...

por los dientes de Helmut. "¿Sospechaba algo?

No demostré aprensión para que no sospechara.

Me quedaría aquí, pero el deber me llama.

- Adiós, Sra. Rosa. - Mis respetos, comendador.

¿Qué quería Carlo?

¿Que yo supiera que aceptaba mi juego...

y que yo siguiese el suyo?

¿O me quería provocar?

Venecia era cómplice de nuestro amor.

No me importaba nada ni nadie.

No sentía remordimientos por Carlo.

No me sentía culpable por hacer el amor con Helmut.

Lo amaba cada vez más.

Cuando nos detuvimos por primera vez frente a esa puerta...

me temblaron las piernas.

No de miedo, sino de emoción.

Era el apartamento clandestino que Helmut tenía en la Giudecca.

¡Llegó! ¿Buenos días, Sr. Teniente?

Buenos días.

¡Basta! ¡No puedo más!

Aquí no. Espera.

Ven dentro.

Ven dentro.

Ahora te toca a ti.

Bebe.

¿Quién era esa mujer detrás de la puerta?

- Una "come-dinero". - ¿Es decir?

La dueña de casa.

Por este apartamento y su silencio...

debo pagar, pagar, pagar.

¿Sabes qué me puede suceder si mis superiores saben de esta casa?

De ahora en más, pagaré todo yo.

Yo cuesto caro.

- ¿Cuánto? - Caro.

Las deudas de juego...

los gastos por estar lejos del frente...

y todo el resto.

Te lo dije...

me ocuparé de todo.

¡Muy excitante!

Yo, Helmut...

un mantenido.

Tú, Livia...

mi amante.

Como Alexei Orlov...

y Catalina de Rusia.

Sí, muy excitante.

No, uno solo.

¡Mira qué paz!

Si me engañas, te mato.

No me gustan las pistolas.

¿Qué soldado eres?

¿No sabes que la guerra se hace con pistolas?

Precisamente, tampoco me gusta la guerra.

¿No?

¿Qué te gusta entonces?

Lo sabes muy bien.

Quiero oírte decirlo.

¡Tu culo!

Por el culo.

Por el culo a todos los culos del mundo.

Por el culo a Hitler. Por el culo al Duce.

Por el culo a Stalin.

Estoy borracho de tu culo, Livia.

Por el culo a los generales, por el culo a los curas...

por el culo a los jefes.

¡Quiero enloquecer dentro de tu culo!

¡Dime que estoy borracho!

¡Dilo!

¡borracho!

¡No te escucho! ¡Más fuerte!

¡Dilo! ¡Dilo!

¡borracho!

¡borracho de mí!

Mis vísceras y mi cerebro gozaron frenéticamente.

Helmut me llevó más allá de mí misma.

Liberando deseos que ni siquiera sabía que tenía.

Había superado el límite, ultrapasado la línea.

Mussolini y Hitler tienen los días contados.

Tenemos la tormenta encima.

Debemos atravesarla rápido.

Y, contemporáneamente, desde ahora...

prepararse a resurgir.

Hay que salir a flote...

y posiblemente volver a ser lo que éramos.

En julio Carlo cumplirá 69, 28 más que yo.

Por poco, es la edad de Helmut.

Toda la logística de la misión aliada.

Por no hablar de los contactos con los emisarios de la curia.

En Suiza vi...

Más tarde, Emilietta, la llamaremos nosotros.

Decía que encontré al Conde Leoni...

y me confesó haber cedido gratuitamente...

la mayoría accionaria del periódico...

a los moderados del CLN.

Para seguir teniendo el sartén por el mango...

nuestros amigos están dando muchos millones...

incluso dentro de la resistencia.

Está bien, ingeniero, pero esos tienen dinero.

¡También Ud., Mazzoni!

¡También Ud.! ¿Cómo decirlo?

Por ejemplo...

Haciéndose entregar inmediatamente por el Minculpop...

un prefinanciamiento de tres millones...

para producir tres películas de "Astro Cinematográfica".

Que nunca serán realizadas.

¡Exacto!

Los de la Astra transferirán el dinero a favor...

de los partisamos que es oportuno sostener.

Soportaba a ese hombre repelente sólo porque sabía...

que al día siguiente haría el amor con Helmut.

Se puede hacer.

Sí, se puede hacer.

Hugo, mañana mismo marque una entrevista con ellos.

Y hay otro problema que enfrentar.

El salvamento de las instalaciones cinematográficas de la Giudecca...

y de Giardini cuando se retiren los alemanes.

Ya está hecho, ingeniero.

También nosotros tenemos contactos.

Obrest Langhs, encargado técnico en Alta Italia...

el Tte. Schultz, representante alemán...

ofrecieron ocuparse del tema.

¿Confiables?

Langas sí, Schultz no.

¿Por qué Schultz no?

Ultimamente incluso consiguió morfina para el hospital...

aún sabiendo que era para partisanos heridos ocultos allí.

Lo hizo por el dinero, juego, mujeres...

Vendería a su madre.

Corruptible por nosotros, pero también por todos.

EI Tte. Schultz busca con desesperación una salida personal...

- de esta guerra. - Sí.

Pero no tiene principios.

¡Buenos días!

- ¿Qué quiere servirse? - ¿Qué tiene?

No mucho, un Amaro, un Maraschino, un Spritz.

- ¿Qué es? - Una gota de vodka, vermouth y una rodaja de limón.

Eso está bien, gracias.

Dame un beso...

Ven, Helmut. ¿Dónde estás? ¿Qué te sucedió?

¡Aquí tienen! ¡Se los paso por el culo!

Cuidado cómo hablas, hay una señora.

- Aquí tiene. - Le pago ahora. ¿Cuánto es?

Una lira.

- ¡Señora! ¡La cartera! - Gracias.

¡Y el Spritz!

¡A su salud!

¡Helmut!

No puedes asustarme así, pensé que algo te había sucedido.

- Que hubieses ido... - ¿Con otra mujer?

Sí, otra mujer. ¡Helmut!

Estoy celosa. Muero de celos. Celosa por todas.

Ninguna mujer, Livia, es tu rival, sino el juego.

Un rival infernal que me daña el alma, me ciega la mente.

- Y me vacía los bolsillos. - ¡Júralo!

Mira, hice hacer una copia de la llave.

Esta es la de la puerta de entrada y esta, la del apartamento.

Así puedes venir, entrar y sorprenderme cuando quieras.

- Tómalas, son tuyas. - ¡Amor!

Ven, subamos. Debo hablarte.

No confían en ti.

- ¿Quién no confía? - Hugo y mi marido traman algo.

Amor, debes tener cuidado. Carlo no está.

- Puedo quedarme toda la noche. - Espera.

Estaremos juntos toda la noche, pero no aquí.

- ¿Entonces dónde? - Donde me esperan.

Debo pagar una deuda de juego. Por eso cambié de uniforme.

¿Por qué en lugar de preocuparme no me pides el dinero que necesitas?

¿Cuánto tienes contigo?

70, 80 mil liras.

Eres mi salvación, Livia.

Esta es tuya.

¿Y?

¿Te gusta mi fiesta?

¿Dónde está Helmut?

Allí.

EI pueblo, dijo el Duce, es como la mujer...

está con el hombre que gana.

- Somos el pueblo. -¡Viva el Duce! - ¡Por nosotros!

¡Brindo por la victoria!

¡Por nosotros!

La tardanza de Helmut en la cita me llenó de pánico.

Me di cuenta que dependía totalmente de él.

Incluso disfrutaba dándole mi dinero.

Carta.

¡Kaput!

Adiós a tus 80 mil.

No me importa.

Mañana tendré más.

Sí, pero yo no puedo jugar más.

¿Quién lo dijo?

Te doy la posibilidad de recuperarte.

Aquí están. Las 80 mil liras, contra Livia.

EI que gana se queda con todo.

EI dinero y la mujer.

Un solo intento, a los dados.

- Estoy de acuerdo. - Muy bien, Livia.

Gracias por el sacrificio.

Gané yo.

Es toda tuya...

¿Vamos allá?

Sentía la cabeza libre y ligera.

Sonidos y colores aumentados.

Todo me llegaba sin filtros ni frenos al cerebro.

Todo me parecía fantástico y real al mismo tiempo.

Ya no me importaba nada de nada.

Habría hecho lo que fuera para complacer a Helmut.

Era su mujer y él mi hombre.

Elsa sólo el condimento de nuestra pasión.

La conciencia dejó lugar al placer.

Libre.

Debí esperar el fin del toque de queda para irme.

Helmut seguía jugando y seguía perdiendo.

Elsa le prestó más dinero.

Tenía la sensación de que esa mujer lo dominaba.

Debía liberarlo de ella.

¡Circulen! ¡Circulen!

Le dieron cuatro tiros en la calle.

Es la venganza por ayudar a los otros.

¡No mires! ¡Vamos!

¡Vamos!

¡No mires, te dije! ¡Vamos!

¡Señora, es Ud., menos mal! EI patrón regresó.

Se enfadó conmigo porque no sabía adónde había ido.

¿Regresó? ¿Dónde está?

En su estudio.

Dile que llegué. Voy a cambiarme.

Sí, señora.

¡Claro!

¿Se puede saber dónde coño pasaste la noche?

En casa de tu amiga Elsa.

¡Me sorprendió el toque de queda!

¿Sabes qué dirán ahora de ti?

¿Qué?

¡Que eres una puta!

¡Y estás con putañeros!

Pero no es verdad. ¿Verdad que no es verdad?

No bromees, Livia. No es el momento.

¡Y no te lo permito!

¡Ciertas frecuentaciones deben terminar de inmediato!

¿Me entiendes, verdad?

Sabes perfectamente a qué me refiero.

Si regresé antes es porque no hay un minuto que perder.

En mi interés y en el tuyo.

Ponte algo y ven conmigo.

Tu baño puede esperar, nuestros intereses no.

Está bien.

Presta atención.

Esta maleta tiene un doble fondo.

Estos son documentos de los aliados y del CLN.

Estos son 4 millones.

Conservarlos en Venecia sería una locura.

Esta ciudad caerá de un momento a otro.

Por eso, mañana irás con el dinero a Perazolo...

donde hay una casa confiscada a ingleses.

Te acompañará Hugo y te quedarás allí hasta que pase todo.

Es cuestión de semanas, tal vez de días.

¿Y tú?

Debo quedarme aquí.

Un pie en una parte, y un pie en la otra.

¿Me entiendes, verdad?

En el momento justo, los reuniré en el lugar justo.

Cuento contigo.

Coloca encima medias, ropa interior, etc.

Y ciérralo con llave.

¿Cuándo volveré a verte?

Abandonar todo así, de pronto.

Nos reuniremos en cuanto sea posible.

Ahora, puedes tomar tu baño.

Pero luego empaca rápido. Partirán mañana temprano.

"Estoy desesperada. Mi marido me envía a Perazolo.

Debemos vernos de inmediato.

Te espero a las 1 6 en mi casa.

Carlo no estará.

Ven, te lo ruego. No faltes.

Livia."

Emilietta...

yo confío en ti, lo sabes.

Debes llevar esta carta al comando de la SS,

Preguntas por el Tte. Helmut Schultz y se la entregas en mano.

Debes entregársela sólo a él. Sólo en mano.

No puedes equivocarte.

- ¿Ese que estaba con Ud. Tras la puerta? - Sí, ese. Vé.

Y no regreses sin su respuesta. ¿Entendido?

Me sentía morir.

Marcharme a Perazolo, lejos de Helmut.

Contaba las horas, los minutos, los segundos...

que me separarían de él.

- ¿Seguro que está confirmado a las 4? - Sí.

- ¿Vio? Corro a abrirle. - No, deja. Voy yo.

¡Querido, viniste hasta aquí! ¡Entra!

¡Entra!

Querido, mi marido quiere que me vaya mañana mismo.

Dice que la situación se precipita. ¡Pero yo no quiero!

Quiero quedarme contigo.

Podemos ocultarnos en tu apartamento.

Nada de esto, tu marido tiene razón.

Su posición aquí está muy expuesta.

En Perazolo estarás segura.

Pero no te preocupes, iré a buscarte.

Júrame que no me abandonarás.

¿Qué dices? ¿Estás loca? Ni siquiera lo pienses.

EI momento es dramático. Todos estamos en dificultades.

También quiero deshacerme de esto.

¿Quieres desertar?

Quiero salir.

Hay una organización que ayuda a los que son como yo.

Hazlo, amor, hazlo.

No es tan fácil.

No son filántropos, lo hacen por dinero.

¿Cuánto?

Mucho, al menos 1 millón.

¡No te muevas!

Quédate aquí.

Enseguida regreso.

¡Mira! ¡Mira!

¡Amor!

Querida.

Te amo.

Tómalo.

Cuéntalo. Creo que te alcanzará.

Nunca me arrodillé así frente a un hombre.

Darle ese dinero multiplicaba mi excitación.

Llena de gozo, mi garganta recibió su orgasmo.

Helmut era mío.

Nuestros destinos estaban ligados.

Yo lo necesitaba a él y él a mí.

¡Saltó la transmisión! Nos quedamos a pie.

¿Entonces?

- Esperamos que pase alguien. - ¿Cuánto?

Espero que poco, mientras tanto, descargamos el auto.

- Debo alejarme un momento. - Tenga cuidado.

Se nos averió el auto. ¿Nos pueden llevar?

¿Quiénes son? ¿Adónde van?

A Venecia.

¿Quién está allí?

¿Y esa quién es?

Una camarada, está conmigo.

Papeles del Minculpop.

Está bien, siéntense atrás. También vamos a Venecia.

¡Fuerza!

¡Uno, dos, tres! ¡Arriba!

¿Van al frente?

Nosotros dos. EI va a casa.

- ¿Licencia? - Herido.

Lo lamento.

Para él al menos se terminó.

Dentro de poco se terminará para todos.

¿En qué sentido?

Nosotros perderemos y los otros ganarán.

Siempre sucede lo mismo.

A nosotros y a los demás.

Basta que el que se quede no tenga ese fin.

¡Emilietta!

¡Emilietta!

¿Dónde te escondiste?

¡Sirvienta estúpida!

¿Qué hacía en el laberinto de esa casa llena de olores?

Sin Helmut, la paz de ese lugar me hacía morir de angustia.

Hacía dos semanas que no tenía noticias suyas.

Me desesperaba como una ninfómana en abstinencia.

"El extraño peso de los testículos entre sus piernas.

Ella sintió de nuevo la lenta y fatal erección del falo."

A los 1 6 años me masturbaba con estas páginas.

Tal vez lo hizo también la propietaria inglesa de la casa.

O tal vez no. Dicen que tenía un amante italiano.

¡Esa cerda! ¡Allí estaba!

No tardó mucho en encontrar un maníaco.

Por un momento me sentí una mirona.

Siempre fui celosa.

¡Emilietta!

¡Hugo!

¡Por fin!

Hace 1 5 días que no sé nada de nadie.

Tranquila, estamos en plena crisis...

pero como ve, igual vine, y no fue fácil, se lo aseguro.

Tengo noticias de su marido...

y del Tte. Schultz.

"Livia adorada, te beso furiosamente.

Sufro día y noche por el deseo de tenerte entre mis brazos.

Apretarte, hacerte gritar de placer.

Me salvaste la vida. Con tu dinero pagué a los médicos...

y ahora figuro oficialmente fuera de servicio.

Estoy encerrado en el apartamento.

Dentro de poco, el Tte. de la SS Helmut Schulz dejará de existir.

Saldrá definitivamente de esta guerra perdida y sin sentido.

Estarás de nuevo tú, siempre tú y sólo tú...

mi único y verdadero amor. Helmut."

Hugo. Ud. me es devoto, ¿verdad?

Yo la amo, Lidia. Lo sabe.

Entonces lléveme a Venecia.

¿Yo? ¿Cómo hago?

Le di mi palabra a su marido.

Elija. O yo, o mi marido.

¿Cómo?

- ¿Quiere decir...? - Entendió perfectamente.

Si me lleva a Venecia yo seré su recompensa.

Partimos mañana a la mañana.

AI alba.

¿Y nosotros?

Cuando cumpla su promesa, yo cumpliré con la mía.

Livia, gracias.

¿Qué me importaba Hugo?

Si debía pagar ese precio para regresar con Helmut...

estaba dispuesta a entregarme a quien fuera.

¡Venecia!

¡Lo logramos!

Nos separamos aquí, yo iré por allí.

- ¿Puedo acompañarla un poco más? - No.

Está bien, como quiera. ¿Y esto?

Téngalo Ud., me lo da en "Luna".

- La espero en el hotel "Luna". - De acuerdo.

La amo, Livia, no lo olvide.

¡Hasta luego!

Gino, estoy harta de esconderme.

¿Y yo? ¿Crees que no estoy harto de disimular?

¿Por qué no se lo dices a tu mujer?

Es más fácil decirlo que hacerlo.

¿Te gusta, no?

¿También los testículos?

¡Ten cuidado!

¿Qué quieres?

- Ponte dentro. - Espera.

Espera...

Así...

Vamos, así.

Muy bien, mi alemán.

¿Era buena como yo la Sra. Livia?

Eres mil veces mejor.

¿Era bella como yo?

Era vieja, celosa y lúgubre como la guerra.

Mentiroso, le decías que la amabas.

Sabes bien por qué.

Sin su dinero, ni tú ni yo estaríamos aquí.

¡Mira quién está!

Pasa, que te presento.

¡Mira es la Sra. Livia!

¿Querías saber cómo es? ¡Aquí está!

¿Qué quieres?

¿Viniste a espiarme?

¿O quieres venir a la cama con nosotros, bella señora?

¡Estoy harto de tus celos!

¡Estoy harto de ti!

¿Qué pretendes?

EI amor que compraste lo tuviste, ahora basta.

No tengo más deudas contigo.

¿Qué sucede?

¿La verdad no te gusta?

En cambio, debes oírla.

EI dinero que me diste era el precio de mis marcas.

EI amor no tiene nada que ver. Yo nunca te amé.

Y tampoco tú.

¡Lo que querías de mí era sólo mi pene!

¡Y tú lo sabes!

Cobarde...

Sí, soy un cobarde.

Y agradece al cielo que lo sea...

porque si hubiese sido un héroe, no habrías podido comprarme.

¡Cobarde!

¡Huye! ¡Señora de mis testículos!

¡Vete de aquí, espía! ¡Y no regreses nunca más!

Sigamos con lo nuestro.

Tómame enseguida.

Hazme el amor.

Vamos, tómame.

¡Dámelo todo, todo!

¡Te deseo tanto!

¡Quiero morir!

¡Quiero morir!

¡Quiero morir!

¡Alto!

Busco al Sr. Obrest Langhs.

¡Documentos!

¡Espere aquí!

No puede verlo, ahora es el comandante general de la SS.

Debo hablar con su comandante, es importante.

Sígame.

Aquí hay una mujer italiana.

Busca al Obrest Langhs.

Livia Mazzoni.

Tómale los datos.

Iré a buscar a Obrest.

Deje su bolso allí, acompáñeme.

Señor, aquí está la señora.

Dile que me espere.

De acuerdo, señor.

- Siéntese. - Prefiero estar de pie.

¡Sra. Mazzoni!

¿Qué tiene que decirme?

De prisa, no tengo tiempo que perder.

Lea esto.

¿EI Tte. Helmut Schultz es su amante?

Es un traidor.

Y la abandonó.

Pagó médicos para desertar.

¡Su denuncia es grave, Sra. Mazzoni!

Cumplí con mi deber.

Cumpla con el suyo.

Giudecca, Calle delle Convertite 23.

Tercer piso.

Adiós, Sra. Mazzoni.

Una última cosa, si la necesito, ¿dónde la encuentro?

En el hotel Luna.

Acompañe a la señora a la salida.

Sí, señor.

¿Ese reloj está bien?

Tiene dos minutos de retraso. Es la 1 y 32.

Espere, hágame compañía. Yo invito.

Con gusto, abogado.

¿Puedo hacerle una pregunta reservada?

Claro, dígame.

En su opinión, de una mujer que se ama...

¿es mejor saber todo o no saber nada?

¡Nada!

- ¡Hugo! - ¡Livia!

¡AI fin!

- Temía que no regresaras. - ¿Y por qué?

Yo mantengo siempre mi palabra.

Otro para mí.

Y un cigarrillo.

Sus ojos brillan como nunca.

Otro.

¿Sabe qué los hace brillar?

¿EI amor?

EI odio.

¿Odia a su marido?

¿Y por qué habría de odiarlo? ¡Pobrecito!

Está tan ocupado que ni siquiera recuerdo cómo es su pene.

No, Hugo.

Odio al hombre más amado.

Yo le advertí, el Tte. Schultz es un cobarde...

que sólo se ama a sí mismo.

Esta noche es su noche, Hugo.

Ud. es sublime.

Extraordinaria...

Suntuosa...

¡Unica!

Vamos, Livia. Vamos al cuarto.

¿La Sra. Livia Mazzoni?

Soy yo.

De parte del coronel.

¿Qué piensa hacer?

- Voy a ver la ejecución. - Y yo la acompaño.

Por si me necesita.

Tómeme, Hugo.

Aquí, ahora.

Enseguida.

Livia...

Eres un ángel.

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