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Me pregunto si todo irá bien esta vez.
Cada año me pregunto lo mismo.
Cada año todo ha ido bien.
¿Cuándo dejaré de preocuparme?
Muy pronto, supongo.
Es la única ventaja de tener 79 años.
Una vez más la Academia Sueca de Ciencias ha votado.
El Instituto Real Caroline ha votado y la Academia Sueca de las Letras ha
votado.
Una vez más el hombre otorga la inmortalidad a sus semejantes.
Señoras y caballeros, los ganadores del premio Nobel de este año.
El premio de literatura ha sido para el novelista americano Andrew Craig.
El hombre más joven ha sido honrado desde que Rudyard Kipling ganó el premio
a los 42 años.
El señor Craig es famoso en Europa por su novela antifascista El Estado
Imperfecto. Al doctor Stratman por sus investigaciones en el campo de la
energía solar.
El premio concedido al doctor Garrett que comparte con el doctor Farelli de
Roma es uno de los tres premios Nobel concedidos este año a ciudadanos de los
Estados Unidos.
En química, el premio ha sido otorgado al equipo que constituyen los esposos
Claude y Denise Marceau por sus trabajos sobre la estructura de la esperma y la
vitrificación de las células reproductoras humanas.
En física, al alemán Dr. Max Stratman, que actualmente vive en Atlanta,
Georgia. Se le ha concedido el premio por sus investigaciones en el campo de
la energía solar y el desarrollo de nuevos cohetes propulsores. En las
tradicionales ceremonias del Concert Hall, el rey entregará un medallón de
oro, un diploma y un cheque de 50.000 dólares a cada uno de los premiados.
A los doctores Claude y Denis Marceau de París, por sus investigaciones sobre la
composición de la esperma y la vitrificación del... En física, al
científico de origen alemán, doctor Max Stratman, que actualmente vive en
Atlanta, por sus investigaciones en el campo de la energía solar.
Por sus trabajos para vencer la barrera inmunológica en el trasplante de órganos
humanos, al doctor John Garrett de los Estados Unidos y al doctor Carlo Parelli
de Italia, se les ha concedido el premio de medicina conjuntamente.
El del Dr. Garrett es uno de los tres premios concedidos este año a ciudadanos
de los Estados Unidos. Los otros dos son el físico Matt Stratman y el novelista
Andrew Gray.
Los ganadores llegarán a Estocolmo poco antes de las ceremonias y se hospedarán
en el Gran Hotel como de costumbre.
Oscar Hilding, cállense de una vez.
¿He de volver a recordarlo?
Durante la semana Nobel nadie debe hablar sueco aquí.
Pero... Ni siquiera cuando riñan. Pero es que este año me toca a mí entregar
los obsequios, señora Alquist. El año pasado lo hizo el... No riñan por eso,
caballeros. Irán a repartir los obsequios juntos.
¿Juntos? Uno entregará los obsequios y el otro le ayudará.
Los llevaré yo, los llevaré yo.
Alternarán en cada entrega.
Y no quiero oírles discutir más sobre este asunto.
Y mucho menos en sueco.
Veamos cuál es el primero.
¿Medicina, literatura, química, física? Tal como me siento, yo diría que la
medicina. Tal como te oigo, yo diría que es mejor empezar por la física.
El premio Nobel de Medicina está dividido en dos partes iguales entre el
Dr. John Garrett de Estados Unidos y el Dr. Carlo Farelli de Italia.
Ah, sí, aquí está. Dr. John Garrett, esposa e hijos.
Suite 447.
Andando. Ayudante.
¿Señora Garrett?
Sí.
Con la felicitación más efusiva de la dirección.
Gracias.
¿Y no puede preguntar a alguien del hospital el número particular del doctor
Oman? Déjelo encima de él. No está en la guía. Vivirá en un suburbio.
¿Puedo coger algo?
Yo quiero este plátano. Lo he visto yo antes.
Es mío. Callaos, callaos.
Vuestro padre está hablando por teléfono. Quiero este plátano. Por
favor, callaos.
Tenga.
No, gracias. Buenas noches.
Buenas noches. Buenas noches. No, yo no estoy enfermo, pero es importante que
hable con el doctor Oman. ¿Por qué?
Porque ya has cenado. Ahora me empiezo a sentir enfermo. ¿Sabe qué le digo,
señora? Que será mejor que cuelgue. Eso es. Adiós.
Nunca debí salir de California.
No tendrás tiempo mañana. Estás agotado. Yo quería tener la prueba contra Farelli
antes de la conferencia de prensa. ¿Estás seguro de que existe esa prueba?
¿Qué es un Farelli, mamá? Farelli es el hombre que robó la mitad del premio
Nobel a papá. ¿No deberían estar ya en la cama? Sí, sí. Vamos.
Vamos a la cama enseguida. ¡Farelli es un punto!
¡Farelli es un punto!
¿El doctor Farrelly?
En carne y hueso, como pueden ver.
Un obsequio para usted de parte del gran hotel.
Oh, magnífico, magnífico. Pásen, pásen.
Póngalo ahí cerca de mi madre para que pueda ir comiendo sin necesidad de
moverse.
¿Pipiache, mamá?
¿Señora Farrelly? Señora Farrelly.
Buenas noches. Buenas noches.
Gracias, muchas gracias.
Adiós.
lo que yo necesitaba.
Sugiero que te fijes en cómo lo hago yo con los ganadores del premio Nobel de
química, el doctor Claude Marceau y la señora Denise Marceau.
Aprenderás mucho observándome.
Estoy de acuerdo.
Siempre tendrías que estar en observación.
Buenas noches, doctor.
Yo no he pedido nada.
Es un obsequio de la dirección para usted y su señora esposa.
Buenas noches, señora Marso. Buenas noches. De las gracias a la dirección.
¿No podrían llevar otro igual a la habitación de aquí al lado? Es para mi
secretaria. ¿La señorita Subir?
Oh, sí, doctor.
No solo los premiados, sino también sus invitados reciben el presente con que
les obsequia la dirección. Quizá te gustaría incluir una tarjeta con una
dedicatoria. Oh, gracias. Buenas noches.
Denise. Denise, ¿has de hacerlo delante de ellos? Si hemos de seguir en esta
ridícula situación, amenicémosla con buen humor. ¿Sabía yo acaso que íbamos a
ganar el premio Nobel?
Lo menos que podemos ofrecer a cambio es unos pocos días de dignidad.
Dignidad. Eso es absurdo. Yo diría que es hasta inmoral que estemos viviendo
los dos en la misma habitación. Somos marido y mujer, ¿no es verdad?
Sí.
Pero, ¿qué pensará ella?
Entra, Sherry.
La puerta está abierta.
Buenas noches.
¿Todo eso es para mí?
¿Quién me quiere tanto?
El Gran Hotel, señorita. Subir. Oh, ¿ustedes no?
Para el Gran Hotel.
Póngalo aquí.
¿El champán está frío? Sí, señorita. ¿Descorcho la botella? No, no.
Todavía no.
Merci beaucoup, caballeros.
¿Quedan dejar la puerta un poquitín abierta?
Así, ¿eh?
Buenas noches. Buenas noches.
Él dijo secretaria, ¿no es eso?
En su idioma quizás significa otra cosa.
¿Señorita Stratman?
Sí.
Para el profesor Stratman y para usted, de parte de la dirección del Gran Hotel.
Son muy amables.
Yo lo cogeré, mi tío está descansando.
¿Se le puede caer, señorita? Si se me cae, le llamaré a usted y recogeremos
los trozos juntos.
Muy bien.
Buenas noches, señorita Stratman.
Buenas noches. Y gracias.
Creí que eran esos amigos que te van a llevar al club nocturno. Y los señores
Berg no vendrán hasta dentro de una hora.
¿Cómo no estás acostado todavía?
¿Te imaginas a mi viejo cuerpo dentro de esta ropa tan elegante? Es un insulto
para el sastre.
Emily, cuando estreche la mano del rey, ¿no podría llevar un suéter o algo
semejante? No. Y si ahora no te echas un poco, esta noche no te dejaré salir a
ese rendezvous secreto de que me hablaste.
Secreto no.
Estoy avergonzado de viejas amistades.
Tío, ¿no sería mejor que no salieses?
¿Pero qué nos han traído esos camareros?
¿Snaps?
¿Se arrugará?
Lo hago a propósito. Así tendré que admitir que no está en condiciones de
ponérmelo para ir al concert hall.
Esto es muy bueno.
Lo mejor para celebrar el hecho de verte convertida en una mujercita.
Y también...
Esta maravillosa tontería de que tu viejo tío haya sido llamado a Estocolmo
para el premio Nobel, como si fuera alguien importante.
Debieras estar descansando. Nada de descanso. Si no tomo un poco de snaps
enseguida podría despertar de este maravilloso sueño.
No es un sueño, tío Max.
No, no, de ninguna manera.
Espere un momento.
Estas son las habitaciones del ganador del premio Nobel de Literatura, señor
Andrew Craig, ¿no es cierto?
Sí, dejen eso ahí, por favor.
Oiga, al señor Andrew Craig no le gusta que le hagan preguntas desagradables. No
se vayan.
Hablaremos luego.
Adiós.
Llévense ustedes esas botellas.
¿Llevárnoslas?
Champaña, cerveza, Aquavit, fuera.
Pero es que el señor Craig no tendrá nada para beber.
Exactamente. Y ahora, por favor, hagan lo que les he dicho. Perdón, señorita,
con todos mis respetos.
¿Quién es usted?
La señorita Anderson del Ministerio del Exterior.
Dentro de 30 minutos el señor Craig desembarcará en el aeropuerto y nosotros
aquí perdiendo el tiempo. Coja.
Allí está.
Usted ha hecho que el viaje me parezca un sueño. Gracias, señor Craig.
Y prepara unos excelentes combinados. Quizá demasiado fuertes para un vuelo
tan corto. No niegue nunca a un hombre su derecho de estar inconsciente.
Temo que le estén esperando.
Sí, yo también lo temo.
Adiós, señorita Monson. Adiós, señor Craig.
De tanto verla andar por el pasillo del avión, es como si conociera sus piernas
de toda la vida.
Pórtese bien en Estocolmo, señor Craig.
Oh, esta chica.
¿Puede usted sonreír, señor Craig?
Sí, si dice usted algo gracioso. Señor Craig, soy el conde Bertil Jacobson. En
nombre de la ciudad de Estocolmo le doy la bienvenida a Suecia.
Gracias. Estoy muy contento de estar aquí.
Muchas gracias.
El señor Clark Wilson, de la Embajada América. Mucho gusto.
Encantado. Le felicito, señor Craig. Hombres como usted enorgullecen a
nuestro país.
Exagera usted.
Otra foto, por favor, señor Craig.
Desearía que contestase usted a unas preguntas, señor Craig. Un momento,
¿dónde estaban ustedes cuando yo les necesitaba? ¿Leían mis novelas? El señor
Steve McMahon, de la Academia Sueca. Es para mí un honor estrechar su mano,
señor Craig. Muchas gracias.
Unas palabras para Radio Suecia, señor Craig, por favor.
Pues yo siempre había deseado ver Suecia, pero la verdad nunca pensé que
podría hacerlo en unas circunstancias tan remuneradoras. La remuneración es de
50.000 dólares, ¿eh?
Estábamos preocupados al ver que no llegaba usted en el avión de la mañana.
Fue porque me encontré a esa joven danesa en Tivoli.
¿Una vieja amiga?
Lo es ahora.
Permítame, conde Jacobson.
Señor Craig, soy Inger Lisa Andersen del Ministerio Sueco del Exterior, asignada
a su servicio mientras dure su estancia en Estocolmo.
Encantado. Mucho gusto. Tengo un coche fuera esperándonos.
¿Quiere usted acompañarme?
Perdone.
Las cosas van mejorando. Señor Craig, unas palabras, por favor.
Inmediatamente después habrá una visita a la ciudad. El viernes por la tarde, el
Consejo de Administración de la Fundación Nobel... ¿Le mantengo
despierto?
Solo a medias.
Pero sigue usted hablando. Esto puede esperar.
No se enoje usted, soy rudo con todo el mundo.
Ya lo sabía, señor Craig.
Sabiendo que me encomendaría en esta misión especial, me informé ampliamente
sobre su persona.
¿Y qué averiguó usted?
Su falta de interés por el premio Nobel, sus amenazas de rehusarlo, su decisión
de venir a Estocolmo solo por los 50.000 dólares.
¿Cómo dijo usted en el Time Magazine?
No es moco de pavo.
Eso es, no es moco de pavo.
Me ha juzgado solo por el exterior, señorita Anderson, pero tenga en cuenta
que las nueve décimas partes de un iceberg están ocultas a la vista.
En su caso solo son cubos de hielo.
Me va gustando usted cada vez más. Gracias.
¿Qué plan tiene usted para estos cubos de hielo? Ninguno de momento, esperar y
rezar. Haremos todo lo que podamos. Sí, ciertamente.
¿Cómo ha venido usted en lugar de algún diplomático?
Porque usted está solo y hay compromisos oficiales que atender.
Y porque consideramos que a usted le gustaría más así.
Es un detalle por parte del gobierno sueco, pero no temerán por usted.
¿Se refiere a su reputación con las mujeres?
Más o menos.
Señor Craig, espero que me disculpara, pero respecto a este asunto, comparado
con el escandinavo corriente, usted sería un simple aficionado.
¿Quiere usted casarse conmigo?
Un dicho sueco dice, ¿para qué contentarse con un plato si hay tantos
en la carta?
Está nada mal esto.
Desde sus habitaciones puede ver el Palacio Real al otro lado del río.
Espere encuentre todo a su gusto.
Si el rey promete no mirar.
¿Qué hay previsto en el cuaderno para usted y para mí esta noche?
Usted tiene una conferencia de prensa mañana por la mañana a las once. Le
sugiero que esta noche se la pase durmiendo.
Ajá.
Le presento al señor Andrew Craig, de los Estados Unidos.
El señor Lindquist le facilitará todo lo que usted necesite.
Bienvenido al gran hotel, señor Craig.
Muchísimas gracias.
Me disculpa un momento, por favor. Desde luego.
Profesor Strathman.
¿Quiere echarme esto al correo, por favor? Sí, señor.
¿No debería un premio Nobel conocer a otro?
El señor Andrew Craig, de literatura. El señor Max Strathman, de física.
Doctor. Así que este es el joven que hace cosas tan buenas con las palabras.
Por favor.
Oh, un momento.
Gracias.
Hace tiempo que deseaba conocerle, señor Craig.
Y yo a usted, doctor.
Le felicito cordialmente.
De veras lo hace cordialmente.
Usted y yo tenemos que charlar un rato. ¿Sobre qué?
Admiro las palabras que usted ha escrito en sus libros, pero no puedo decir lo
mismo de las que ha pronunciado ante los periodistas sobre el premio Nobel, en el
sentido de que solo le interesa el dinero.
Diga, ¿no cree que el señor Nobel merece más respeto? ¿Y también los Estados
Unidos de América?
Mañana, mientras tomamos un poco de snaps, conversaremos.
¿Si promete no darme unos azotes?
Yo nunca prometo nada.
Dígame, ¿a dónde puede ir aquí un forastero por la noche?
Pues a la ópera real, al teatro dramático real. No, no, no, algo un poco
más vulgar que todo eso, ¿eh?
Baile, música, bebidas con un ligero contenido alcohólico. Entiendo.
Un poco de color local en el ambiente.
¿Color local?
Siempre añade interés a un lugar.
Vamos a ver, tenemos el Hamburgo, el Bucky Bapen, el Walling House, el Golden
Cross en la parte antigua.
No, el Golden Cross no le gustaría.
¿Por qué no?
Demasiadas chicas jóvenes con ideas equivocadas.
Lamentable. Sí.
Gracias por advertírmelo.
Lo anotaré para que recuerde usted que debe olvidarlo. Se lo agradezco.
Encantado de servirle, señor.
Bueno, todo parece estar en orden.
¿Estará en condiciones de recibir a la prensa mañana por la mañana?
Claro, me voy directamente a dormir.
¿Le importaría ayudarme a doblar el cubre cama?
Creo que no tengo condiciones para camarera.
Nadie es perfecto.
¿Podría usted intentar serlo durante la Semana Nobel?
Lo intentaré.
Buenas noches. Buenas noches.
Diré al mozo que haga las reservas.
¿Verdad que es Andrew Craig el premio Nobel de literatura?
Desgraciadamente. Vamos, Rolf.
Durante la Semana Nobel no debiera permitirse la presencia de tipos así en
Estocolmo. ¿Ha leído alguno de sus libros? Nosotros somos funcionarios del
Ministerio del Exterior, no de la Academia Sueca de Letras. Pues yo creo
que es maravilloso.
Tío Max.
Suponía que ya estabas en la reunión.
Hay personas a las que me gusta hacer esperar.
Lo celebro.
Así puedo darte otro beso de despedida.
¿Por qué dices despedida?
¿Acaso no piensas volver aquí esta noche?
No si los señores Berg cumplen su promesa de acompañarme a todos los clubs
nocturnos de Estocolmo. Hasta algunos que ya no debiera haber.
He dado una lista al señor Berg.
Están todos, desde el ambasador hasta el Golden Crow.
¿Qué puede hacer él? ¿Lo prometió?
Bueno, diviértete, diviértete. Buenas noches. Buenas noches.
Max. Max.
Mi viejo amigo, Max.
Así que nos encontramos de nuevo, Edgar.
He llegado esta mañana en avión.
Rolo para verte.
Debiera honrarme oír eso. Pero me duele el estómago.
Eso tiene solución. Conozco un lugar donde la comida está caliente y la
cerveza fría. No, pasearemos.
Prefiero que no me vean hablando contigo.
Bien. Pasear es bueno para el espíritu, lo admito.
¿Recibiste mi carta?
Sí, y la tiré.
¿No fue de tu agrado mi felicitación?
Cuando la recibí me dije, no contestaré, no iré a verle.
Pero has venido.
Orgullo de un viejo que dice, ¿puede un hombre ser digno del premio Nobel y no
ser capaz de mantener dos minutos de conversación con un antiguo colega?
Dos minutos solamente.
Puedes empezar.
Tu patria te necesita, Max.
Mi patria es los Estados Unidos de América, lo sabes muy bien.
Digamos la mía, entonces.
¿Qué pertenece a otros?
Te queremos con nosotros.
No, por favor. Estoy autorizado para ofrecerte la más alta posición, completa
autonomía y el triple del dinero que ganas en América.
No sigas. Trabajar para nosotros es trabajar para la causa de la paz en todo
el mundo.
Paz has dicho.
¿No queda en ti ni una pizca de amor hacia tu patria?
Más del que queda en ti y en tipos de tu calaña.
Haz el favor de escucharme.
Me han ordenado que te diga lo siguiente.
A partir de mañana, cuando hables a la prensa, empezarás a preparar al mundo
para tu renuncia a la nacionalidad que actualmente posees.
Aludirás a los fines belicistas en que América emplea a sus hombres de ciencia.
Y luego, en Concert Hall, realizarás el gesto que dé espectacularidad a tu
reprobación del trabajo que has hecho para los imperialistas.
Y ese gesto, Eckhart, hazme un gráfico.
Será necesario que renuncies al premio Nobel.
¿Para eso te han enviado a Estocolmo?
¿Para decirme eso me has hecho venir aquí a medianoche? En un asunto tan
importante como este, yo no dormiría tranquilo si no hubiese intentado
persuadirte antes de que tomen medidas más severas. Pensé que por lo menos
debía intentarlo.
Ahora ya puedes dormir tranquilo.
Ha fatigado mucho esta noche, ¿verdad, señor? No, no, nada de eso, señorita
Stratman. Yo siempre bostezo deliberadamente después de visitar el
tercer cabaret lleno de humo. Ayuda a la respiración.
Oh, Ralph.
Voy al lado.
Lo siento, pero no hablo sueco.
Ya estoy orientado.
Dice que él solo habla sueco. Lo ha invitado a bailar. Me gustaría.
¿Les parece bien? No.
Le he dicho que solo un baile. De acuerdo.
Póngalo en mi cuenta.
Póngalo
en
mi cuenta.
¿Qué? ¿Cómo?
Buenas noches.
Creo que ya es hora de marcharnos.
Señor Baird, acabo de ver a unos buenos amigos de Londres y me han pedido que me
reúna con ellos. ¿Les molesta? De ningún modo. Buenas noches, señorita Stratman.
Vámonos, querida.
Muchísimas gracias por todo. He disfrutado mucho. Buenas noches.
Adiós. Hasta mañana.
Yo no hacía más que mirar. Si usted no quiere que la gente la mire, lo mejor
será que la cubra con un saco. Hola.
No se meta en esto. Ahora que pienso, no estaría mal dentro de un saco.
Bueno, no hay otra manera de liquidar esto. Salgamos a la calle.
¿A tú? La chica y yo.
Déjeme. Vamos, cálmate.
¿Qué es eso?
¿Pertenece usted al cuerpo de bomberos?
¿Quiere usted bailar?
¿Cree usted que podría arrastrarme?
Bueno, entonces me sentaré.
Me llamo Smith, soy un turista americano y estoy ligeramente mareado. No lo
hubiera adivinado nunca.
Le doy mi dinero ahora o prefiere atracarme más tarde.
Acaba usted de darme una gran idea.
¿Una copa? No, gracias.
No tiene usted aspecto de ser austemia, señorita.
Greta Garbo.
¿Le importa que la llame Ingrid?
En absoluto. Oiga.
¿Por qué no salimos de este local repleto de gente?
¿Qué le pasa? ¿No le gusta la gente?
Hay algunas cosas que solamente pueden hacerse en privado, señor Smith.
¿Ah, sí?
Y usted no quiere hacer nada aquí que pueda llamar la atención.
¿Verdad, señor Smith?
¿Cuántos años tiene usted?
¿Por qué?
No lo sé, pero la mayoría de las chicas en este lugar...
Creo que debiera estar usted en la cama.
De acuerdo.
¿Se le pasó el mal humor?
Oiga, ¿vamos realmente a donde yo creo que vamos?
Al hotel, naturalmente. Oh, qué fantástico país es Suecia.
¿Qué le encuentra a usted de fantástico? No sé, está tan lleno de sorpresas
agradables. ¿Cree usted que esta es una?
Espere que lleguemos al hotel.
¿No deberíamos subir separados?
No se preocupe, aquí me conocen.
¿Lleva usted su llave?
Nunca doy un paso sin ella.
Ustedes los americanos son tan listos. Pero el caso es que no he hecho nada
para merecer esto.
Oh, sí, ha hecho.
Es curioso, todo el mundo me dice que me parezco a Andrew Craig.
Usted...
No
es esa puerta.
No es aquella.
Es...
¿Se equivoca?
No me equivoco.
No es esa puerta.
Sí, es esta puerta.
Que duerma bien, señor Andrew Craig.
¿Andrew Craig?
Soy la sobrina del doctor Stratman.
Mañana me lo agradecerá.
Andrew Craig, mi buena obra de esta noche.
Por tu éxito.
Por el tuyo. Lo tendremos.
Ibar dijo que todo iba bien.
Perfecto. Ahora tienes que dejar de preocuparte. Sí, pero... Te lo mando.
¿Qué hora es?
Las doce y diez minutos.
¿Cómo? Si usted no puede ver la esfera sin gafas.
Te pasas de lista.
Lo siento.
Para leer las necesitadas.
Es verdad.
Señora Marceau, ¿puedo hacerle una pregunta que quizá resulte un poco
indiscreta? Si no es demasiado mordaz.
Considerando que usted y su marido han conseguido el premio Nobel por su
trabajo, en la conservación de las células reproductoras humanas, ¿no
resulta un tanto irónico que usted y su marido, el doctor Marceau, no hayan
tenido hijos?
Irónico no, explicable sí.
No es cierto, a ver, ¿qué relación tiene...? Mi esposo y yo hemos trabajado
tanto tiempo juntos como equipo científico.
Que hemos llegado a vernos el uno al otro como sustancia gris, como un
cerebro que complementa a otro. Por mi parte, no he sabido aún cómo resolver
esta situación.
Pero creo que mi esposo sí ha sabido llegar a un arreglo bastante afortunado.
¿Le importaría leerme lo que acabo de decir, señorita? Lo lamento, no lo he
cogido. Oh, yo estaba segura de que sí.
Puede que a ti te guste decir algo, Claude.
No.
Creo que tú ya has dicho bastante.
Y ahora, por favor, perdónenos.
Bien. ¿Dónde está su bello durmiente?
Estoy llamando a su habitación. ¿Por qué no sube usted a buscarlo? ¿Se reunieron
en alguna ocasión o mantuvieron correspondencia? Yo contestaré a eso. No
hemos trabajado juntos en absoluto. Yo no conocía las investigaciones del
doctor Farelli y he de suponer que él tampoco las mías. Solo había otro colega
que estaba al corriente de mí. Largas noches de trabajo ininterrumpido. Yo
en... el Instituto Superior de Sanidad de Roma.
Mientras, ignorándolo yo, mi admirado colega, el doctor Garrett, perseguía su
victoria en la lejana Pasadena, en California.
Ambos usábamos el mismo método de prueba y error.
El doctor Farrelly es muy amable al decir que yo usaba su propio método.
Pero la verdad es que yo pasaba de la A a la B y luego a la C mientras él
saltaba de la A a la Z sin hacer ningún experimento en medio.
Es cierto, en Roma uno hace lo que los romanos hacen, improvisar.
Doctor Garre, hace un momento usted dijo que otro hombre conocía su trabajo.
¿Sí?
El doctor Eric Oman, un eminente cirujano de aquí, de Estocolmo. Hace
tres años, cuando me enteré de que él trabajaba en los trasplantes de corazón,
Le escribí ofreciéndole todos mis hallazgos dentro de la confianza más
estricta, naturalmente.
Una de las razones por las que estoy satisfecho de estar en Estocolmo es que
por fin tendré la oportunidad de saludar al doctor Oman personalmente.
Un placer que creo tuvo el año pasado el doctor Farelli.
Ajá, en Ginebra, sí.
Lamentablemente no hubo tiempo más que para una breve entrevista entre
nosotros.
Estoy seguro.
Pase.
Déjelo ahí encima. Gracias.
¿Qué debo dejar ahí encima?
¿Podría interesarle bajar enseguida?
No llevará usted jamón y huevos en ese bolso, ¿verdad?
Hay café en la conferencia de prensa.
El condenado fue invitado a café.
Dígame, ¿por qué le tiene tanto miedo a la prensa?
Porque ha llegado el momento de confesar ciertos secretos con los que he estado
viviendo durante mucho tiempo.
¿Qué clase de secretos? Soy un escritor lento.
Juzgando su hazaña de la noche pasada, no se puede decir que sea usted un
hombre lento. La señorita Stratwan lo hizo todo. Yo actué de supervisor.
Ese tipo de relaciones entre los ganadores del premio Nobel o sus
familiares es algo que el gobierno sueco no ve con muy buenos ojos, señor Craig.
A decir verdad, ella no puso ni un guante encima de mí.
Me gustaría creer eso.
¿Por qué?
Encuentro que la honestidad es irresistible en un hombre.
Quédese por aquí.
¿Por qué? ¿Qué piensa usted hacer?
Ser irresistible.
A pesar de leer en todas partes que ha encontrado usted una manera de enjaezar
los rayos del sol, no he podido enterarme con precisión de qué ha hecho
usted.
He preguntado a la Real Academia de Ciencia Sueca...
Y ellos no saben o no quieren decírmelo.
Ellos nada pueden decirle porque han recibido instrucciones del gobierno de
los Estados Unidos en este sentido, en nombre de la llamada seguridad nacional.
Tengo la impresión de que no está usted totalmente de acuerdo con las
autoridades de Washington.
Pues el secreto se está convirtiendo en un modo de vivir en este mundo.
En una actitud que se excusa usando la palabra supervivencia. Es una situación
lamentable para un hombre de ciencia.
Pero el secreto no fue una invención de los Estados Unidos.
Si no fuera por la política de los países del telón de acero... No siga,
por favor.
Solo contestaré preguntas sobre mi trabajo o sobre mí, nada más.
Y quiero recordar a los fotógrafos que no deben sacar fotografías sin pedir
antes permiso.
Doctor Strathmore.
¿Es objeto de curiosidad por parte de muchos de nosotros el por qué permaneció
usted en Alemania y continuó su trabajo allí durante la Segunda Guerra Mundial
después que tantos colegas suyos salieron del país?
Desconozco las circunstancias que concurrieron en los demás. Yo solo puedo
hablar de las mías.
Mis seres más queridos estaban en campos de concentración.
Mi pobre esposa, mi hermano Walter, su familia.
Mientras yo cooperase, ellos seguirían viviendo.
Pero desgraciadamente, a pesar de mis esfuerzos, solo mi sobrina Emily está
viva.
Confío en que esto habrá satisfecho su curiosidad.
¿Es verdad que usted fue raptado por el ejército americano en Berlín al terminar
la guerra mundial y llevado a los Estados Unidos por la fuerza y obligado
a trabajar para los imperialistas americanos?
Sin comentario.
Solo tiene que responder no, profesor.
Permitan que termine esta entrevista diciendo que un hombre de ciencia
siempre prefiere realizar su trabajo allí donde sabe que el logro de sus
investigaciones no será usado para la explotación de la humanidad.
Esto es algo en lo que he pensado mucho últimamente.
Exactamente. ¿Qué quiere usted decir con... Doy a todos ustedes las gracias
por su atención. Buenos días.
Vamos, Emily.
Espero que no habrá representado un esfuerzo para usted. Quizá el esfuerzo
estaba del otro lado. Permítame que le presente al ganador del premio Nobel de
Literatura, el señor Andrew Craig, el doctor Strachman. El doctor y yo...
Tengo mucho gusto en conocerle, señor Craig.
Imaginaba que era usted un hombre de más edad al conseguir el premio.
Veo que no recuerda usted nuestro encuentro de la noche pasada, doctor.
¿Cómo se encuentra hoy, señor Craig?
Bien.
Oh, bien, bien. Sí, gracias a usted.
¿Usted y mi tío Max habían sido presentados? Sí, aunque parece no
recordarlo. Señor Craig, le están esperando.
Oh, perdone.
Espero no olvide que se va a encontrar con la prensa mundial.
Valor.
Vamos, Emily.
Me gustaría quedarme y escuchar al señor Craig.
¿Puedo hacerlo?
Desde luego.
Por favor, por aquí. Sí.
Señoras y caballeros, el señor Andrew Craig de los Estados Unidos.
Señores, cuando ustedes quieran. Señor Craig, por favor.
¿Cuál fue su primera reacción cuando se enteró de que le habían otorgado el
premio Nobel?
No se lo puedo decir, estaba borracho en aquel momento.
Pero ahora parece estar completamente sereno, así que podría contestar qué
efecto le produce hallarse en compañía de William Foner, Albert Camus y Ernst
Hemingway. A eso contesto con otra pregunta. ¿Por qué no he publicado un
libro en cinco años?
Pero eso nada tiene que ver con el conjunto de su obra. Seis novelas
superlativas. Ninguna de las cuales se vendió lo suficiente como para que la
gente se enterase.
¿Cree usted que el alcohol estimula la imaginación creadora?
De ningún modo.
Pero en mi caso es necesario.
¿Por qué es necesario?
No lo sé. Supongo que es porque yo tengo mal carácter y estoy irritado conmigo
mismo por no poder interesar al público lector. Y también estoy irritado con la
Academia Sueca.
Porque me obliga a presentarme ante el mundo y morir en público cuando lo
estaba haciendo la mar de bien en privado.
Señor Craig, ¿qué hay de Regreso a Cartago, el libro que está escribiendo
desde hace seis años?
No existe Regreso a Cartago.
Es una ficción ideada por mí para ocultar el hecho de que ya no tengo
imaginación.
Bien, pero si sus libros no se han vendido y no ha escrito nada durante
varios años, ¿cómo se ha ganado usted la vida?
¿De verdad quiere que se lo diga? Sí, por favor, con novelas policíacas.
¿Novelas policíacas? Sí, he podido ir bien vestido, he comido bien y he bebido
mejor gracias a las novelas policíacas, a los relatos de misterio.
Todo con un pseudónimo. Y no me pregunten cuál es porque no se lo diré.
Algún miembro de la Academia Sueca podría leer una de esas novelas y
quitarme los 50.000 dólares.
No es que lo ponga en duda, señor, pero me resulta difícil creer que el Andrew
Craig que escribió Los muros de Croydon y El estado imperfecto sea capaz de
hacer lo que usted acaba de describirnos.
Verá, lo que ocurre es que yo tengo olfato para husmear en los misterios de
la vida y encontrar temas tortuosos en los que observo. Supongo que no le
molestará hacernos una demostración de ese olfato.
El momento quizá no es el indicado.
Pero voy a intentarlo.
Que nadie me robe la idea, tal vez la necesite más tarde.
Un premio Nobel viene a Estocolmo. Le dan de comer, de beber, le entrevistan,
le dan el premio. Y en realidad nadie sabe que es un impostor. ¿Un impostor?
Sí, enviado aquí por el verdadero ganador a fin de que él pueda pasar un
divertido fin de semana en Acapulco.
Descabellado. ¿Por qué?
¿Cómo sabe usted si yo soy Andrew Craig o un impostor? ¿Porque me parezco a él
en fotografía?
¿Me había visto alguno de ustedes antes de llegar a Estocolmo ayer noche?
Tal vez el doctor Stratman que está allí sea el doctor Marceau con barba y... el
doctor Marceau sea en realidad el peluquero de su esposa.
Muchas gracias por su demostración, señor Craig.
No hay de qué.
Creo que ya le hemos robado bastante tiempo al señor Craig.
Señoras y caballeros, será por terminada la rueda de prensa.
¿Enojada?
Podría perder mi empleo por decir impresionada.
Tengo algo más que decir.
Le aconsejo que lo guarde para otro día.
Noche. Señor Cray, ¿podría hablar con usted un momento?
De usted no está todo perdido. Aún queda alguien que quiera hablar conmigo.
Señorita Stratman, la señorita Anderson del Ministerio del Exterior. Mucho
gusto, señorita Anderson.
Señorita Stratman. La señorita Anderson está encargada de atenderme durante mi
estancia en Estocolmo.
Qué encargo tan agradable.
Gracias por haberlo desempeñado por mí anoche. Con gusto volvería a hacerlo.
Podríamos ir los tres juntos a almorzar.
Yo no puedo, lo siento.
Y por favor no olvide que la recepción en casa del conde Jacobson es a las
siete. No lo olvidaré.
Iré a buscarle a las seis y media.
Tenga mis señas. Y el número de teléfono de la oficina por si me necesitase.
Buenos días.
No le gusta la señorita Anderson.
Y yo creo que usted tampoco a mí.
Es que hoy no es mi día.
¿Dónde podemos hablar?
Debe de haber un bar dentro del hotel.
Y si no lo hay, usted lo inventará.
Gracias.
Ya puede ir preparando otro igual.
A su salud.
A la suya.
Anoche se me escurrió usted.
Así soy yo. No lo hubiera podido hacer de estar yo sereno.
Ya no lo hubiera hecho de no estar usted mareado.
Entonces, ¿por qué lo hizo?
El prestigio de un premio Nobel puede perderse si no se cuida. Ya me he dado
cuenta de eso en la conferencia de prensa. Ha estado usted maravilloso.
Gracias.
¿Qué clase de artimaña me tiene reservada hoy?
¿Artimaña?
¿No ha dicho que quería hablar conmigo? Sí, le oí decir que había conocido a mi
tío anoche. Sí, cuando yo me estaba inscribiendo en el hotel, el conserje me
lo presentó. Ah, ya entiendo.
¿En alguna ocasión su tío ha tenido fallos de memoria?
No sabría decirle. En realidad yo no conozco a mi tío muy bien.
Yo era una niña cuando él se marchó a América después de la guerra. ¿Cómo pudo
alguien dejar a una niña como usted abandonada?
Yo ya vivía con una familia amiga en Montreal, después que murieron mis
padres.
Tío Max y yo nos escribíamos con frecuencia, pero nunca llegamos a
reunirnos. Entonces yo fui a un colegio de Londres y me quedé allí.
Al enterarme de que le habían concedido el premio Nobel, le telegrafié
insinuándole que me invitara a reunirme con él aquí.
Llegué ayer por la mañana.
Casi somos desconocidos.
Ha observado algo diferente en él hoy.
Quiero decir, comparándolo con ayer... ¿Diferente?
Se reirá usted.
Cuénteme el chiste.
Pues, cuando conocí a su tío ayer, él...
Parecía muy cordial, habló muy bien de mis libros y yo se lo agradecí.
Disfrutó cuando le fotografiaron y se le veía enamorado de América.
En cambio hoy se ha portado como si no me conociera.
Su voz tenía otro tono y su aspecto era diferente.
Se opuso a que le tomaran fotografías y adoptó una actitud...
antiamericana en la conferencia de prensa. El tío Max.
Ayer cuando le di la mano tuve la sensación de que yo era mucho más alto
que él.
Y hoy parece que... Parece que ha crecido un
poco. Señor Craig, tiene usted que hacerse un favor a sí mismo.
No diga una palabra de esto a nadie.
Y para preservar su precaria reputación, yo tampoco diré nada.
Lo tendré en cuenta, se lo prometo.
Ahora debo dejarle. Ahí está mi tío. Dijo que le esperara para almorzar.
Confío en que nos veremos luego.
Déjalo en mi cuenta, por favor.
Señor Craig.
Sí. Soy Denise Marceau.
Doctora Marceau, perdón, no lo había reconocido.
¿Cómo iba usted a reconocerme si todavía tienen sus ojos a la señorita Strathman?
¿Puedo decir que mis ojos son capaces de mirar a dos mujeres hermosas a la vez?
Eso dicen de usted.
Siéntese. La ciencia necesita el consejo de la literatura. Yo me disponía ahora a
almorzar. Espléndida idea.
Por favor.
Un martini muy seco. Traiga dos.
Veo a la señorita Stratman en su ojo izquierdo.
Perdóneme, doctora. No, doctora, no, por favor.
De mí.
rima con chamis.
Sabía que era usted el hombre indicado para aconsejarme.
¿Y qué clase de consejo necesita de mí? Oh, no, puramente literario.
La situación es la siguiente.
Un marido ama a su mujer, pero se ha olvidado de que la ama debido a la
pasión física que siente por otra.
Problema. ¿Cómo ha de seguir la historia para llegar a un final feliz para la
esposa?
¿Puedo llamarle Andro? Sí, por favor.
Andrew, ¿ella podría recuperar a su esposo con amenazas? Nunca sale bien.
¿Y si probara abrirle los ojos respecto a la verdad de la otra mujer?
¿Cómo es esa verdad?
Lo reconozco, arrebatadora. Eso es lo malo.
Entonces no ve otro camino para la esposa que encontrar a un hombre joven y
atractivo que haga recordar a su marido que ella es todavía deseable.
¿Cree usted que eso es practicable?
¿Cuál querría ella que fuese la misión de ese hombre?
Pues ella pretendería mantener con él una relación amistosa, crear una
ilusión.
Nada más.
Nada más.
Gracias por usted.
Por las ilusiones.
Este es mi tercer martini y todavía no he desayunado.
Soy del hotel.
Gracias, señora Marceau. Señor Craig.
Me preocuparé de que mi marido reciba una copia.
Le llaman al teléfono, señor Craig. Sígame, por favor.
¿No se marcha usted?
Gracias.
Diga, soy Craig.
No entiendo.
¿Ha dicho Stratman?
¿Qué pasa con Stratman?
Oiga, no puedo entenderle.
Eh, espere un momento.
Solo un momento, por favor.
Perdóneme, llamo Craig. ¿Habla usted sueco?
Nací en Estocolmo, supongo que sí.
¿Podría usted traducir lo que quiere decirme el caballero que está al
teléfono?
¿Hola?
Sí, ¿cuál es el nombre de Buenafuente?
Craig me ha dicho que no quiere.
Sí, lo entiendo.
Marten Trotsig, ¿creen?
Sí.
Que vaya usted a la calle Marten Trotsig, número 40, enseguida.
Se llama Linlon y es para un asunto relacionado con usted y el señor
Stratman. Algo muy serio y urgente. Que vaya enseguida.
¿Cuál era esa dirección?
Espere, se la escribiré.
Calle Marten Trotsig.
Número 40.
Está al otro lado del canal, en la ciudad antigua.
Lindon, recuerde que es muy urgente.
Muchísimas gracias.
De nada.
Déjeme adivinar.
Le han llamado para decirle que su premio Nobel es un error burocrático.
Usted quizá pensará que soy algo brusco, pero se me ha presentado un asunto
urgente y he de marcharme enseguida. ¿Cuál es el nombre de ella?
Probablemente señorita Quimera.
¿Podría disculparme?
Nunca. Y voy a hacer que pague usted por ello esta noche.
Marten Trofim.
¡Suscríbete!
Oiga, perdone, ¿dónde puedo encontrar un policía? No, gracias. Un guardia, un
agente de la autoridad, un policía.
¿Puedo pedirle a la señora que me acompañe?
Sí, por favor, señora.
por lo que se refiere al doctor Stratman. Estoy haciendo lo posible para
divertirle a usted.
Supongo que no le molestará que le pregunte si había bebido usted. Se lo
dije a la tripulación del barco que me pescó para que creyesen que me había
caído al agua.
Estoy contenta porque no dijo usted quién era. Si lo digo, me vuelven a
echar al agua.
¿Pero no había bebido nada?
No, nada. Solo tomé un martini con Emily Stratman.
¿Oh?
Bueno, quizás fueron dos.
Oh, no.
Y otro Martini corto con Denise Marceau. Con Denise Marceau. Pero nada más.
Y eso porque no tuvo tiempo de llegar hasta la madre del doctor Farelli.
Tenían que dejarme dentro de la ropa cuando la secaron en la caldera.
Deberíamos ir al hotel para que se cambie. No, no, vamos al número 40 de la
calle en Marte en Trotsik y entonces quizá usted y su amigo el agente Stroho
me encuentren esta historia menos divertida.
Espero que no tratará usted de competir con la policía.
Tenemos que evitar que aparezcan los periódicos. Lo que tienen que evitar es
que me arrojen al canal.
No necesito policías, sino guardaespaldas.
¿Es usted la señora Lindholm? Sí.
Lo siento por molestarla, señora, pero... No hablo inglés.
Ella no habla más que sueco.
Mi nombre es Anderchen, de Udde.
Y este es nuestro personaje. Buenas tardes.
Buenas tardes.
Por favor, entran.
Gracias. Algo raro pasa aquí. Está muy alegre.
Pregúntele qué le ha pasado a su marido.
¿Puedo preguntarle, agente Strohan? Sí, puede usted hacerlo.
¿Es su
marido?
Pues su cadáver yacía ahí, en esta habitación. Yo lo he visto esta tarde.
Dice que ha estado en casa todo el día y que está usted de broma.
Si cree que es una broma, quizás se convenza cuando vaya al entierro.
Pregúntele qué hace él para ganarse la vida.
¿Qué hacía?
Era maquillador y hacía pelucas para los artistas.
¿Conocía a un hombre llamado Stratman?
Me parece que debemos irnos. Sí. Esperen un momento, les aseguro que lo vi.
Estaba sentado ahí, delante... Delante de la televisión.
Pregúntele dónde está el televisor.
No tienen aparato de televisión.
Miente, estaba aquí.
Oyó o vio algo en la conferencia de prensa que le llamó la atención y por
eso me llamó al hotel.
Vámonos, señor Gray. No.
¿Qué sabe acerca de Moss Mow? ¿Moss?
Ya se lo he dicho. Mow significa gaviota. Y Estocolmo está lleno de
gaviotas. Por favor.
Oye, qué pasa.
Nos vamos.
¿Consideran el caso resuelto? Sí.
He disfrutado con su interpretación de la viuda alegre. ¡Ya!
Ya sé qué está usted pensando.
¿En serio?
¿Por qué no estalla y lo dice de una vez?
Muy bien.
Estaba pensando que me pondría para la recepción de esta noche.
Sí, tiene razón. Yo lo inventé todo. No tenía nada que hacer, me inventé un
asesinato y luego decidí refrescarme en las aguas del canal.
Agente Strohan. ¿Sí? ¿Qué piensa usted hacer en este asunto?
Como un favor al Ministerio del Exterior, la policía olvidará este
incidente. ¿Se olvidará también del tipo de las gafas que intentó matarme?
Dice que él es como si también estuviera de vacaciones en Suiza.
Me sorprende que no me detengan ustedes por darme un baño borracho.
Señor Craig.
¿Puedo confiar en usted dejándolo solo hasta las seis y media? Si tomo un baño
de agua caliente en la bañera para deshelarme, ¿qué me puede suceder?
¿Puede usted irse de esa agua abajo?
Señorita Anderson, quiero hacerme un favor.
Desde luego. Antes de recogerme esta noche, ¿le importaría tomarse usted
también un baño de agua caliente a ver si se deshiela?
Buenas noches.
¿Quién es?
Alguien peligroso.
Hola.
¿Todavía vive?
De momento, sí.
Los periódicos publican su conferencia de prensa. ¿Cómo me dejan?
Le aconsejo que no aprenda usted a leer sueco.
Supongo que los periódicos no dirán nada de la muerte de un tal Lindholm.
Nada. ¿Me permite?
Encantadora.
Baño caliente.
¿Cómo se dice en sueco encantadora?
Fossi saende. ¿Y me gustas?
Svana.
¿Con quién piensa usted hablar sueco esta noche?
¿A quién quiere usted cantar esta noche?
Listo.
¿Por qué antes de irnos no tomamos una copita?
Ya es tarde.
Y eso no está en el programa.
Acabo de ponerlo yo.
¿Qué está usted haciendo?
Inspeccionando el Ministerio del Exterior.
Y yo no quería venir a Estocolmo.
Eso tampoco está en el programa, señor Craig.
Tendría que estar preparada para afrontar situaciones no programadas.
No tenía que haberle hecho caso.
¿Sobre qué?
Sobre lo que me dijo de deshelarme en la bañera.
¿Lo hizo usted?
Estuve demasiado rato.
Yo me estaba metiendo en agua caliente durante toda mi vida.
Yo creía que un iceberg no se derretía nunca.
Yo creía que Suecia era neutral.
No deberías haber hecho eso.
No quiero que el rey nos vea.
Él se haría cargo de que estoy cumpliendo con mi deber.
Sigue cumpliéndolo.
Guardándote de caer en dificultades.
Pero metiéndote en otras.
Esto me sucede.
Oh,
allí están los Stratman.
Y aquí estamos nosotros.
Y mantengámonos así. Creo que deberíamos acercarnos a ver si descubrimos algo.
Y yo creo que no.
¿Tú no quieres que esté cerca de Emily?
Lo que yo no quiero es que estés cerca de su tío. Si es que de verdad es su
tío. ¿Te das cuenta?
¿Qué te ocurre?
Aquel camarero alto.
¿Qué le pasa al camarero?
Es el individuo que...
Camarero. Perdone.
Creo que nos hemos visto antes en alguna parte.
No recuerdo.
¿Estás seguro de que no se acuerda de mí?
Andrew Craig.
Premio Nobel en sumersión.
¿Tampoco recuerda a Lindholm Chap Chap?
Nada.
¿Cómo se llama usted?
Darani, señor. Darani, ¿eh?
¿Le apetece un canapé?
¿Cuál es el que tiene el cadáver dentro?
No me mires de esa manera. ¿Dónde está el Conde Jacobson?
No, por favor.
¿Por qué no? No quiero verte hacer el ridículo.
Pues será mejor que te quedes aquí.
Ah, el Conde Jacobson. ¿Qué tal, señor Craig?
Precisamente. Le presento al doctor Farrell. El señor Craig. Mucho gusto,
señor Farrell. Señora Farrell.
El señor Cray. P.H.L., P.H.L. Y aquí está el doctor Garrett. Y la señora
Garrett.
Enhorabuena, señor Cray.
Gracias. Estamos muy lejos de casa, ¿verdad?
Demasiado lejos. Tengo algo que decirle.
Venga, venga. Ahora no.
Me ha sucedido algo extraño, muy extraño. La doctora Denise Marceau y el
doctor Claude Marceau. El señor Andrew Cray. Andrew.
Ojalá no la hubiese dejado este mediodía. Hoy casi almorzamos juntos.
Sí, he visto la fotografía de su teta Ted, señor Cray.
Espero que haya quedado bien. Gracias por las flores que me envió. Tres
docenas de las más bellas rosas.
Está usted en todo, señora Marceau.
Le presento a la señorita Sudir, secretaria particular del doctor
Marceau. Encantada.
Le felicito, doctor.
¿Y ahora oiga? ¿Conoce al señor Wilson de la Embajada Americana?
Sí, sí, lo conozco.
Le felicito, señor Craig. Fue toda una exhibición su entrevista en la
conferencia de prensa. Pues si usted cree que aquello fue una exhibición, ¿ve
usted a aquel camarero de allí?
Sí.
Bien.
¿Sabe quién es?
Pues un camarero empleado de la casa que sirve en esta fiesta.
Se llama Dharani.
Por favor.
No se ría de lo que voy a decirle, pero ha intentado matarme.
Mi querido conde, ¿qué dirían sus invitados si supiesen que usted ha
empleado criados de tal especie?
Señor Craig, por favor, le ruego... Atiéndame un momento. Él asesinó a un
tal Lindblom que iba a contarme algo acerca del doctor Stratman. Él sabe que
yo huelo algo y por eso me empujó al canal.
Y usted se ahogó sin duda.
Debería llamar a la policía e interrogar a ese sujeto y procurar encontrar el
cadáver del pobre Lindblom. Oh, ¿se ha extraviado?
Sí. Señor Craig, ¿no cree usted que ha ido ya bastante lejos?
Hice lo posible por salvar su reputación abreviando la conferencia de prensa.
Procuré evitarle compromisos no enterando al señor Wilson del informe
que me pasó la señorita Anderson. ¿Qué informe? Me ha dado toda clase de
detalles respecto a su fabulosa imaginación.
¿Ha hecho eso?
Tuve que reprenderla por no cuidar de usted con más atención.
No debía usted haberlo hecho. Espero no tener que hacerlo otra vez.
Caballeros.
¿Y bien?
Nada. De modo que has pasado un informe mío al conde Jacobson, ¿eh?
Tenía que hacerlo. Trata de comprender.
¿Le has dicho también lo del baño de agua caliente?
¿Cómo puedes pensar eso? Ya no sé qué pensar.
Piensa en esto, loco.
Pase lo que pase, voy a llegar al fondo de la cuestión, aunque solo sea para
demostrarte que no estoy tan loco como parece.
¿Qué vas a hacer?
Aunque lo supiera, crees que te lo diría. Tú lo chismorreas todo en los
informes.
¿Te apetece algo de esto?
Pues no sé, no estoy decidida. Deja que yo escoja. Buenas noches.
Hola. Hola, ¿cómo está usted esta noche, doctor?
Demasiadas burbujas en la boca, ¿eh, señor Craig?
Esta tarde sí he tenido burbujas en la boca.
Tiene usted un ingenio muy vivo.
Sí, muy vivo, pero hay quien quisiera verme muerto, ¿verdad, profesor?
Perdonen, la señorita Anderson, del Ministerio del Exterior.
Oh, mucho gusto, señorita.
Disculpen.
¿Doctor Strandman?
Oh, me siento sorprendida y a la vez satisfecha de verle a usted. No es
cierto comprender por qué le sorprende a usted verme en esta fiesta, señora
Garrett. Oh, no me he explicado.
Verá usted, esta tarde cuando mi marido ha regresado al hotel me ha dicho, Sara
Lee, ya sé que no puede ser, pero juraría que he visto al doctor Strandman
en el pasillo del hospital.
Cuando lo llevaban en camilla a la sala de operaciones y parecía estar
inconsciente. Yo le dije, debes de haber visto visiones. Y afortunadamente tenía
yo razón, ¿verdad, doctor Strachman?
Vuelvo enseguida.
John, ¿dónde estará mi marido?
Aunque yo esté algo bebido, podemos hablar.
Por favor, doctor Garvey. Va a tener que escucharme.
Usted puede engañar al comité del premio Nobel y a la prensa, pero no a mí. Está
usted bromeando, doctor. Le repito una vez más que no trate de engañarme.
Desde luego Eric Coman no pudo decirme nada esta tarde en el hospital.
Ah, es eso. No pudo porque usted estuvo con él antes que yo.
Le doy mi palabra de que usted... Usted utilizó mis hallazgos, mis años de
trabajo, y disimuló miserablemente ese robo con una palabra, improvisación.
Serénese, algún día le permitiré que me pida disculpas.
Espere, espere, espere. No se meta en esto.
Estoy...
Es sumamente desconcertado, señor Craig.
¿Qué veíamos, eh?
¡Desaparezca de mi vista!
Siento haberle interrumpido, pero tengo que preguntarle algo.
No tengo ganas de hablar. ¿Qué hospital ha visitado hoy?
Déjeme solo.
Vamos, Garrett, esto es importante. Su esposa dijo que usted vio a un hombre
que le pareció el doctor Stratman a quien llevaban en camilla en un
hospital.
Sí, un parecido asombroso. Sí, pero ¿en qué hospital?
Me parece que me voy a marear. Diga, ¿en qué hospital?
En la clínica Flora, cuarto piso.
Gracias.
Acabo de hacer una travesura. He cambiado de sitio las tarjetas de la
mesa para poder estar a su lado.
Será mejor que las vuelva a cambiar o estar al lado de una silla.
¿Es una discusión de enamorados?
¿Qué sabes acerca de la clínica Flora?
Es una institución especializada en enfermedades nerviosas. ¿Dónde está?
En Palsunden.
¿A qué distancia?
A unos minutos en coche.
Palsunden. ¿No querrás irte ahora?
Volveré enseguida. Pero irle a cena. Discúlpame ante los demás. Voy contigo.
No, no, te quedas aquí.
¿Qué le detuvo tanto rato?
No sabía que me esperase. El abrigo del señor Craig, por favor.
¿Iremos en su coche o en el mío?
¿Vamos a alguna parte juntos?
A la clínica Flora.
Ya.
Gracias.
Mientras tanto, si en la fiesta se dan cuenta de que faltamos los dos...
¿Qué cree que pensarán?
Pensarán que estamos enamorados.
Acláreme algo.
Lo que quiera.
Antes usted me dijo que yo imaginaba cosas ridículas con respecto a su tío y
ahora está usted aquí para comprobarlas. ¿Cambió de parecer?
Yo no he cambiado de parecer.
Solo quiero estar allí cuando lo haga usted.
Entiendo. No parece estar usted muy convencido.
Pero, sin embargo, empiezo a estar convencido de cómo es usted.
Espere aquí.
Sí, y si no he salido dentro de dos días, entre a buscarme.
¿Gottwald? Buenas noches.
Yo no hablo sueco. Le entiendo.
Tiene un paciente aquí que se llama Stratman.
Espere un momento.
¿Le importa que hable yo?
Yo... es como si no estuviera aquí.
Soy el Dr. Eckhart. ¿Puedo ayudarle en algo? Sí. Me llamo Craig, la señorita
Stratman. Tratamos de averiguar si tienen aquí como paciente al tío de la
señorita, el Dr. Max Stratman.
O a alguien que se le padece.
Probablemente esté en el cuarto piso. No hay ningún Stratman aquí. Aquí tiene su
retrato. ¿Le es familiar este rostro?
¡Oh! Un premio Nobel.
Y este es usted, Andrew Craig.
Es un honor.
¿Sí o no, doctor?
No. Es un asunto urgente. ¿Tiene inconveniente en que demos un vistazo
por el cuarto piso?
¿Es una petición de usted, señorita Stratman?
Sí.
Venga conmigo.
¿Quién es a quien hay?
Está desocupada. ¿Hace mucho tiempo?
Creo que una semana.
¿Me permite?
Sí.
Vamos, señor Craig.
Supongo que usted pensará que estoy... ¿Y la señorita Stratman?
Está esperando abajo, señor Craig.
Siento mucho haberle molestado, doctor.
Ninguna molestia. Así he tenido el placer de conocerle. Gracias.
Buenas noches. Buenas noches.
¡Así te...!
solo porque no acepté uno de sus malditos canapés.
Perdón, necesito ayuda. ¿Podría usted decirme dónde...? Paso usted a los
vestuarios. No puede presentarse de ese modo, señor.
¿No querrá desvestirse aquí?
Aguarde, aquí no.
Es allí, en el de caballeros. ¿Caballeros? Gerrard, Gerrard.
¡Gracias!
Oigan, me están siguiendo. Nada ropa aquí. Necesito la policía. Nada ropa
aquí. Nada.
Esténse quietos. Tengo cosquillas. Quietos, por favor.
Sí, sí, sí.
Sí,
sí, sí.
Oiga, oiga, ¿habla usted mi idioma?
Pues sí, la mayoría de los presentes lo hablamos. Yo necesito ayuda.
Entonces, por cortesía, con nuestro visitante extranjero de hoy hablaremos
todos en su idioma. ¿De acuerdo?
¡No, no, no!
Usted no me ha entendido. Estoy en un apuro.
Las ropas no hacen más que impedir el contacto con el sol y con el aire.
Convierte a la anatomía humana en algo misterioso.
Dando origen a pensamientos indecolosos.
Oiga, un momento. Me están persiguiendo dos hombres que intentan matarme.
Están ahí detrás.
Oiga, quiero que avisen a la policía.
Oigan, les estoy hablando en serio. Ahora no puedo darles explicaciones,
pero... Los americanos raramente se toman en serio el desnudismo. Pero
recuerde que ahora está en Suecia. A punto de que me claven un cuchillo en la
espalda. Les ruego que no interrumpa otra vez esta reunión.
De lo contrario, me verá obligado a llamar a la policía.
¿Me presta su toalla?
De ningún modo.
¿La policía? ...las partes del mundo para reconocer su esencial falsedad.
Si un hombre se encontrara con una mujer sueca o una francesa desnuda por
casualidad... Seguro que no sería por casualidad. ...ella se cubriría
inmediatamente cierta parte de su cuerpo con las manos. Pero si esa mujer fuese
árabe... Lo primero que se cubriría sería el rostro. ¿Y cómo reaccionarían
los hombres si esa mujer árabe hiciese eso en mi país?
Le he pedido que se calle y que deje a esa pobre árabe con el cuerpo desnudo.
Si un hombre sorprendiera a una mujer china desnuda, ella intentaría ocultar
los pies.
Una mujer de las célebes, las rodillas. Y una chica de Samoa, el ombligo.
¡Claro! Una vez sorprendí a una chica que era parte china, parte samoana y
parte célebre. Y cuando yo... Pasó un rato horrible.
Según el... Según el desnudismo internacional, según el desnudismo
internacional, todas las partes del cuerpo debieran llevarse descubiertas.
Los codos también.
Nadie tendría que cubrirse nada, porque nada habría que temer. ¡Pregunta,
pregunta!
Y la consecuencia sería un más alto nivel de moralidad en todas partes.
Señor presidente, yo quiero que me dé usted su opinión acerca de los codos.
¿Por qué no le echamos fuera?
¡Echémosle, señor Norbert!
Tengan paciencia.
Tengan paciencia.
No estará mucho rato entre nosotros.
Permítanme que continúe. Dejen de mirarme.
¿Qué clase de mente deshonesta tienen ustedes?
Si alguien me toca, chillaré. Amigos míos, ¿cuál es nuestra meta?
Comentar el bienestar físico con una actitud más tolerante... ¡Hipocresía!
¡Hipocresía! Mentiras, mentiras y mentiras. Deseo ser oído.
Escúchenme, yo hablo como ciudadano americano y no como individuo que se ha
quedado sin camisa y pantalón. Bien.
No escuchen al señor Norbert porque les está engañando miserablemente. Mientras
ustedes están aquí sentados en cuero, sus ropas están allí en los armarios
roperos a merced de los ladrones profesionales. El señor Norbert está
robándoles las camisas a sus espaldas. Esa es la verdad. Gracias, muchachos.
Si quieren que entre ahí, tendrán ustedes que acompañarme. ¿No sabe
vestirse solo? Allí hay dos hombres que pretenden matarme. ¿Por qué creen
ustedes que les hice venir?
Venga, acompáñenos.
Sí, y ahora avístase.
¡Eh! ¿Qué es eso? ¡Han robado mi ropa!
Conserve su toalla, por favor.
Vamos.
Sí, voy. Vamos directamente a jefatura. Tengo que contarles una historia muy
complicada y seguramente nos llevará bastante tiempo. Sí, seguro.
¿No tiene usted necesidad de darnos ninguna explicación, señor Craig?
Le conocemos a usted y sus historias por el agente Strohom. Sí, sí, pero les
aseguro que siento todo lo que... ¡Ah, por favor, señor Craig!
Yo voy al cuarto.
¿Y usted? Al sexto.
Siempre doy un paseo antes de acostarme.
Así duermo mucho mejor.
Hace frío esta noche.
He tenido que ponerme la toalla.
¡La llave!
¡Señora! ¡No se mueva, no se mueva! ¡Señora, oiga!
¡Denise!
¡Andro!
¿Me permite entrar?
¡Qué pregunta!
Ya veo. que sigue usted fiel a su reputación.
Ya le explicaré todo en otro momento.
No tiene usted por qué.
Querría usted hacerme un favor. Llamar al conserje y decirle que suba la llave
de mi habitación. Número 443.
Inmediatamente.
Mientras, ¿por qué no se pone encima algo más apropiado?
Por una hermosa noche.
Por la mujer que la ha hecho hermosa.
Doctor Marceau, le llaman al teléfono.
¿Diga? Oye, Claude, soy Denise.
Te llamo para decirte que hay un hombre desnudo en mi habitación.
Pero... Eso no es posible.
Oiga, soy la doctora Marceau. Haga el favor de subir a mi habitación la llave
de la del señor Andrew Craig.
Número 443.
Naturalmente, es para él.
Vale.
Ya traen la llave.
Póngase esto y quítese esa ridícula toalla.
Gracias. Oiga, espere usted un momento, por favor.
Oiga, Andrew Craig al habla.
Es ahí una casa consignataria de barcos, ¿verdad?
¿Quiere desabrocharme el corchete de la espalda?
Sí, llegadas y salidas de barco. Ahora le voy a contar lo que se ha perdido en
la recepción de esta noche. No, no, espere un momento.
¿Cómo ha dicho?
La cremallera también.
Bien, dígame, ¿a qué hora abren ustedes por la mañana? Merci.
Esperaré. Una maravillosa reacción ha tenido lugar entre la secretaria de mi
marido y ese encantador italiano, el doctor Faraheli.
Estupendo.
Gracias a la científica manipulación que realicé con los tarjetones de la mesa.
Gracias.
Hola,
Claude.
¿Conocías al señor Craig?
Lo voy conociendo poco a poco.
Mi bata le sienta muy bien. Casi le sienta igual que a mí.
Casi podría decir lo mismo de mi esposa.
Muy ingeniosa su esposa.
Perdonen, la llave del señor Craig. Sí.
He de darme prisa.
Buenas noches, doctor.
Le devolveré la bata mañana por la mañana.
Adiós. Gracias, Andrew.
¡Andrew!
Olvidaba su toalla.
Denise, tengo la impresión de que has de ser vigilada más de cerca.
Yo también lo creo así.
¿Cómo pudiste hacerme eso? Te lo mereces.
He estado intranquila durante toda la noche. Me hubiera gustado estar aquí
para tranquilizarte.
Cuéntame qué te ha pasado.
No lo creerías nunca.
¿Qué pasa?
No es mía, es de Claude Marceau. Su mujer me la ha dado.
Iba desnudo. ¿Qué otra cosa podía hacer?
¿Y ella qué llevaba? Una sonrisa improvisada.
Quiero saberlo todo.
Lo primero es lo primero.
¿Por dónde te gustaría empezar?
¿Por la aventura con Denis Marceau?
¿Desnudo? ¿O por lo de Emily Stratman con la que has desaparecido tan
misteriosamente? Ah, el Ministerio del Exterior está celoso. Y esperando una
respuesta. A su debido tiempo, primero tengo que enterarme de las entradas y
salidas de los barcos y la oficina de información está cerrada.
¿Qué clase de barcos?
De carga, de pasajeros, todos los que estén en el puerto, entren o salgan.
Y espero que no haya salido.
¿Puedes verlo en los periódicos?
Oh, claro.
Ve traduciendo mientras yo me visto.
Si me permites preguntarlo, ¿qué importancia tienen esos barcos? Pues me
baso en una intuición. El auténtico Max Extragman ha sido metido por la fuerza
en uno de esos barcos.
Por favor.
Los que salían hoy han zarpado ya esta tarde.
¿Y mañana?
Explorador blanco, destino San Francisco.
No.
George B. Wilson con rumbo a Marsella.
No. El boulanger para Amberes. No.
Dam Chief Moss para Leningrado.
Leningrado.
Bien.
Sigue.
Quizá no sea más que una coincidencia, pero... Dam Chief Moss es alemán.
Significa vapor gaviota.
Moss gaviota.
Es lo que el himno me intentó decirme. Tiene que ser eso.
Llega al muelle 18 mañana procedente de Tallinn. Así que no ha entrado.
Y zarpa mañana por la noche para Leningrado. ¿Mañana noche?
Naturalmente.
Inmediatamente después de la entrega de los premios. Con el verdadero Stratman a
bordo. Mientras el falso Stratman, quién sabe lo que hará en las ceremonias. Creo
que tienes mucha fantasía. No, no, no, es perfecto, todo encaja. Ahora bien, si
hacemos algo esta noche, les abriríamos los ojos.
Y cambiarían los planes.
Incluso podrían matar a Stratman.
Pero mañana... caerán en su propia trampa. Embarcarán a Stratman en el
gaviota y nosotros... avisaremos a la policía para que registren el barco.
¿Con qué pruebas? No hay pruebas. Es una intuición. ¿No es suficiente?
Para organizar un incidente internacional, sí.
Inger, todo me gusta de ti.
Menos tu exagerada precaución diplomática. Ling Long tenía algo que
decirme. Era la palabra gaviota. Quisieron matarme otra vez esta noche.
Así que mañana iremos a ver al conde Jacobson o a quien quiera escucharnos
para actuar antes de que sea demasiado tarde.
Muy bien, hablaremos con el conde Jacobson. Estará en el salón de
conciertos por la mañana.
¿Querrás ayudarme?
Sí. Lo prometes.
¿Quién es?
Señor Craig.
Señor Craig, un caballero ha traído esto, diciendo que lo dejó usted
olvidado en el gimnasio. Ah, déjalo encima de la silla.
¿Era un caballero alto de cara delgada?
Sí, señor.
Ya me lo imaginaba.
Me encargó que le dijese que le volverá a ver a usted.
Qué tranquilizador.
¿Desea usted alguna cosa más, señor?
De ti no, gracias.
Vamos, cariño, quédate.
Creo que me gustas un poquito.
Y tú también a mí.
Y como ahora vas al gimnasio, debes de estar en excelentes condiciones físicas.
Tú también estás en excelentes condiciones físicas.
Buenas noches, querido pupilo.
Buenas noches.
Buenas noches.
A la sala de conciertos.
¿Me recuerda usted, señor Craig?
Doctor Eckhart.
Nunca olvido un rostro.
Perdóneme por haber irrumpido así en su coche, pero temía no tener la
oportunidad de hablar con usted a tiempo.
¿A tiempo?
Acerca de la señorita Anderson.
¿Qué tiene que decirme de la señorita Anderson?
Se afligiría a usted mucho si mañana ella fuese encontrada víctima de un
desgraciado accidente, ¿verdad?
Edgar, yo no sé exactamente quién es usted, ni tengo idea de qué hay en este
maldito asunto, pero ¿verdad que no le gustaría a usted acabar en una de las
camas de su hospital? Cuídese estrictamente de sus asuntos.
Inmediatamente después de la entrega de los premios Nobel, la señorita Anderson
será puesta en libertad, tan bonita y entera como estaba al salir de las
habitaciones de su hotel la pasada noche. ¿Qué han hecho con ella?
No le ocurrirá nada si usted no quiere, se lo aseguro.
No lo creo. Ella está esperándome en la sala de conciertos.
No, señor, cree. Si no está allí, llamaré al ministerio del exterior y
tomarán sus medidas. Perderá usted el tiempo. Le dirán que fue reclamada por
un anciano pariente suyo que se está muriendo en el norte de Suecia.
Hemos enviado un mensaje en su nombre.
Será mejor que no haga usted nada.
Y de todo esto, ni una palabra.
Sobre todo las autoridades.
¿Lo ha comprendido, señor Craig?
De usted depende la vida de ella.
Ya hemos llegado. La sala de concierto.
Si no le importa, yo seguiré en este coche.
Levántense, caballeros, y acérquense hasta mí, el rey, para recoger sus
premios. ¿A usted le gustaría recibir ambos premios? Si se refiere usted a un
premio adicional a la tolerancia, sí.
Su majestad ceremoniosamente hará entrega de los premios.
Doctor Farelli, y le estrechará la mano.
Doctor Garrett.
Perdón. Adelante.
Ahora, caballeros, deben dar un paso atrás, inclinarse y volver a sus
asientos.
No tenga usted tanta prisa.
Quiero darle las gracias por todo, especialmente por lo de anoche. Es usted
una cómplice tan bonita. Suélteme, por favor. Antes el premio Nobel me
importaba un comino, pero ahora, gracias a usted y a sus compinches, daría el
pescuezo con tal de que no se lo llevara un hombre a quien no le corresponde. Ya
me ha causado usted bastantes problemas. Le advierto que son pocos comparados con
los que le esperan como le ocurra algo a la señorita Anderson.
Recuérdelo.
Ah, señor Craig, llega usted
a tiempo.
¿Dónde está la señorita Anderson?
Oh, lo siento. Ha tenido que desplazarse a Orsholvik.
Por enfermedad de un familiar.
¿Puedo buscar otra persona que le atienda?
No, no se moleste.
¿Quiere usted ocupar su lugar en el escenario?
No puedo.
Pero el ensayo... No hay tiempo.
Señor Craig, ¿le ocurre algo?
No, no, nada en absoluto.
Entonces, por favor, perdóname.
Señor Craig, pero...
¿Qué pasa?
Ayúdame, soy escritor y no levantador de pesas.
¿Se encuentra bien, profesor?
Nunca me he encontrado tan bien en toda mi vida.
Todo es por tu culpa.
Tenías que haberte quedado conmigo ayer noche.
O por la tuya, porque no insististe.
Bueno, pero ¿qué ha ocurrido?
Cuénteselo usted, señorita.
Pues verás, el otro Stratman es su hermano. ¿El padre de Emily?
Sí, hermano gemelo. Todo el mundo creía que había muerto en un campo de
concentración. Coja su cinturón.
Terminó tras el telón de acero y se convirtió en uno de ellos.
¡Acérrimo! Hátele los pies.
Pero es a él a quien quieren. Su cerebro para que trabaje para ellos. Un hombre
llamado Eckhart es el que lleva todo el tinglado.
Y jactándose ante mí en aquel hospital de todos sus ardides. Él muy
sinvergüenza. ¿Qué ardides?
Pues evitar que la opinión mundial sepa que me han raptado.
Así que ellos harán que parezca como si yo me pasara por propia voluntad.
Mi hermano subirá al escenario de la sala de conciertos como si fuera yo.
Y nunca sabrá nadie la verdad.
Él no subirá nunca a aquel escenario porque usted llegará primero.
No llegaremos a tiempo.
¿Cuál es la parte de Emily en todo esto? Pues primero la aturdieron con la
noticia de que su padre aún vivía.
Y luego la obligaron a ayudarles diciendo que la vida de él correría
peligro si se negaba.
Usted no debe pensar mal de Emily. Ella me quiere de verdad.
Me alegra mucho oírle decir eso.
Muy bien, ahora la sala de conciertos. No, estoy muy de... Todos lo estamos.
Vamos, arriba, arriba.
Bien. Por favor.
Anímese, todo irá bien.
¿Cómo saldremos?
No tengo la menor idea.
¿Podremos? Es la única solución, venga.
Tan cómodo como yo estaba en aquella litera.
Yo iré en el siguiente.
¿Sabes lo que... ¿Sabes lo que estoy pensando?
Me lo dirás cuando nos casemos.
¿No has contestado a lo que te he dicho?
¿Sobre qué?
¿Quieres casarte conmigo?
Me casaré contigo.
Con la condición de que ahora mismo quites tu codo de mis costillas.
Está bien, profesor.
¿Doctor Farrelly?
Hola, señor Craig. Siento molestarle, pero le necesito. ¿Qué ocurre? Max
Extradman se ha desmayado. ¿Dónde está? En mis habitaciones.
El médico del hotel ha salido para un caso urgente. No saben cuánto tardará.
Está mal. Muy mal.
Doctor Garrett, venga. No creo que me necesiten. No, por favor. Doctor
Garrett, necesito saber su opinión.
Algo de corazón, desde luego.
Sí, taquicardia ventricular.
¿Qué significa eso? El corazón está agitado y no hay latidos efectivos. Es
irremediable si no le llevamos al hospital.
Demasiado tarde, no hay tiempo.
Está desfallecido.
¿Y usted no puede hacer nada?
¿Qué puedo leer? ¿Qué puedo hacer?
Hay que improvisar.
¿Qué va usted a hacer?
Lo salvaré.
Desabróchale la camisa.
Lo matará.
Suélteme.
No, no lo toques.
¿Dónde estoy?
¿En el cielo?
En Estocolmo.
Ah, en el cielo.
Lo hemos conseguido, doctor Garrett.
Lo hemos conseguido. Lo ha conseguido.
Eh,
un momento. Espere un momento.
Levantarse ahora de la cama sería una temeridad. Pero este es el momento más
importante de mi vida.
Oh, mi querido doctor Stratman. Si yo estuviera en su lugar, me estaría muy
quietecito. Sí, pero usted no está en mi lugar.
Yo iré.
Nada me detendrá.
Nada, por favor.
Me encuentro bien.
Muy bien, de acuerdo.
Descanse un momento.
Diremos que está usted... No, no.
No hablen a nadie de nada, no importa lo que suceda más tarde. ¿Conforme?
De acuerdo.
Atención todo el mundo, por favor, presten atención. Va a entrar el rey.
¿Señor Craig?
¿Cómo se encuentra usted?
Yo muy bien, doctor Farrell. ¿Y usted?
Señor Craig.
¿Dónde está el señor Craig?
El niño no está aquí.
¿Dónde se habrá metido?
Que yo tenga que llevar el uniforme de un metrotel en lugar de mi elegante
traje de etiqueta.
Piense en el pobre hombre, sentado por ahí en paños menores.
Siempre he sido un hombre fuerte.
Ahora soy un pobre hombre.
Procure usted animarse.
Es por ahí. ¿Hay que subir?
No puedo.
Al doctor John Garrett, de los Estados Unidos, y al doctor Carlo Farelli,
de Italia.
Porque soy un viejo tozudo que quiere llegar por sus propios medios.
La presentación es breve. Llega su turno, doctor Strattner.
Toda una vida dedicada al estudio.
Por sus investigaciones en el campo de la transformación fotoquímica de la
energía solar.
Y por su descubrimiento de métodos hasta ahora no soñados para emplear por
síntesis la energía solar en el logro de nuevos cohetes propulsores, el premio
Nobel de Física al doctor Max Stratman de los Estados Unidos.
Quiero hablar con usted.
Suélteme. Es acerca de su hija Emily.
Yo no tengo ninguna hija. Sé que es usted Walter Stratman. Conozco toda la
historia. Por favor.
¡Stratman!
Ella lo hizo por usted. Haga usted algo por ella. Diga que no está obligada.
¡Cuidado! Espere, espere. Yo no soy Max Stratman.
Que adiós a Max y a Walter
Strachman. Y adiós a la magia del maquillaje de
Oscar Limlom, que no supo callarse.
Pero ¿y mi padre?
Tuvimos que engañarte y hacerte creer que estaba vivo para conseguir tu ayuda.
Pero ¿y usted?
Yo no soy más que un actor.
especializado en papeles políticos.
Su amigo el señor Craig acaba de escribir el final de
mi historia.
Por sus escritos y el apoyo de ideales humanitarios, por su inagotable
curiosidad, su constante búsqueda de la verdad, su espíritu insobornable y su
audaz imaginación, que parece no conocer límites, se concede el premio Nobel de
Literatura de este año al señor Andrew Cray, de los Estados Unidos.
Le debo tantas explicaciones que no sabré por dónde empezar.
Desde Londres, por poco.
¿Por qué cada año me preocupo tanto temiendo que va a salir algo mal?
Nunca pasa nada.
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