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nuestra programación habitual para darles una noticia importante.
El peligro ha pasado.
La grave situación provocada por extrañas circunstancias, atípicas
diríamos, y que tanto tiempo amenazaron la paz y seguridad ciudadana, se
encuentran ya bajo control.
Los últimos brotes de peligro han sido sofocados sin tener que lamentar ninguna
otra víctima.
Podemos afirmar ya, sin ninguna duda, que...
Gracias.
¿Diga? Sí, dime.
No, no puede ser, ya lo sabes.
¿Cómo?
Pero si ya te lo dije ayer.
No, no puedo ir a la fiesta, tengo trabajo.
No, te digo que no.
¿Cómo dices?
No, no, no se os ocurra venirme a buscar.
No puedo ir, caramba.
¿Qué le debo? 280.
Un momento.
Gracias. Buenas noches.
Buenas noches.
Hombre, nuestro intelectual nos hace una visita.
¿No pueden dormir hoy los inquietos del barrio?
Escucha, Arnau, tendrías que darme alguna pastilla.
Tengo mucho dolor de cabeza y no puedo trabajar.
Se me van las ideas.
Mal, muy mal. Eso puede ser el principio del fin.
Los intelectuales, los científicos, no nos podemos dejar vencer por un simple
dolor de cabeza.
Ya lo tengo.
Te daré unas pastillas. Sí, señor. Pero oye, después valor y al toro.
Piensa que si no fuese por el sacrificio de nosotros, los sabios, y digo nosotros
porque ahora ya lo puedo decir, yo también estoy a punto de hacer un gran
descubrimiento.
Sí, sin nuestro sacrificio y dedicación, todavía estaríamos en la edad de
piedras.
Mira, aún es un secreto.
Pero ya estoy casi al final de mi gran invento. Cuando lo consiga.
Profesor, prof... Señorita, ¿cuántas veces tengo que decirle
que esto es un secreto? Un secreto. Verá, verá, es que yo no... Es que, es
que, ¿cuántos?
¿En su día?
El mundo conocerá mi gran invento.
Así, señorita. Muy bien, muy bien. Continúe, continúe, señorita. No se
pare. Continúe, continúe.
Continúe. Así.
No se le ocurra pararse en este momento. Esta es la fase más crucial de nuestro
experimento. Piense en el honor y la gloria que nos esperan, señorita. Es
que... es que... es que me canso. Dele, dele.
La Junta Rectora no le podría proporcionar un hornillo eléctrico de
esos tan modernos que salen por la televisión.
Y de paso, podríamos hacer canalones. Se chuparía todos los dedos, profesor.
¿Canalones? Yo a punto de ganar el Nobel y usted hablando de canalones.
Es bien cierto que en este país todavía se puede decir aquello de que inventen
ellos.
¿Ellos? ¿Quiénes?
Uy, señorita, dejémoslo.
¡Ya está! ¡Ya está!
¡Ya está!
¡Yo lo tengo!
¡Ya está! ¡Ya es nuestro!
¿Qué tiene? ¿Qué le pasa?
¿Qué tiene?
¿Qué me pasa? ¿Qué quiere? ¿Qué me pasa? ¿Qué me va a pasar? ¿Lo hemos
conseguido? ¿Lo hemos conseguido? Sí, lo hemos conseguido.
Conseguido... ¿El qué?
¿Cómo el qué? Pues esto, la fórmula. ¡Ah, claro!
La fórmula.
Lo hemos de celebrar. Esto hay que celebrarlo solemnemente.
A su salud, señorita. A la de usted, profesor.
Faltaría más.
Ahora venga, venga conmigo y le enseñaré dónde está el lugar ideal para nuestra
prueba definitiva. Es un hospital que se encuentra en medio del bosque, en pleno
monte.
Acérquese, acérquese.
Bueno, no tanto, ¿eh? Creo yo.
Esto me sostenga esto.
Mire, lo ve, está aquí, en este hospital, en su depósito de cadáveres.
Pero, ¿y para qué quiere los cadáveres, profesor?
Oiga, señorita, ¿está segura que le dieron el título de licenciada en
ciencias químicas? Por supuesto. Claro que tengo el título. Si no lo cree,
pregúntele a mi padre, que es profesor en la universidad.
Ah, me lo temía, me temía una cosa así.
¿Pero es posible que llevemos siete meses con este experimento y usted
todavía no sepa que se trata de un nuevo y revolucionario reconstituyente?
Es verdad.
Ahora me acuerdo.
Me gustaría saber cómo consiguió que la contrataran. Ah, ¿sí?
Eso fue muy sencillo.
En realidad, yo, pues... No, no, no, no me lo cuente que tenemos mucho trabajo.
De momento tenemos que fabricar unos cuantos litros de mi fórmula. Al menos
con usted tengo la ventaja de que no la divulguera por la sencilla razón que no
tiene ni puñete... Perdón, ni puta idea. Pero si la recuerdo perfectamente de
memoria. Dos gramos de litio fosfatizado.
Un miligramo de sosa. ¡Cállese, señorita, cállese! No sabe que es una
fórmula secreta. Mire, la CIA, la KGB y una serie de siglas más que ahora no
recuerdo estarían interesadísimas en que no la patentara o en descubrirla ellas
para sus fines maléficos. Comprende, señorita, comprende. ¿Por qué? No sabe
que es una fórmula que revolucionará el mundo. Pues por eso, señorita, por eso.
Usted, señorita, tendría que adelantarse y entretener al conserje mientras yo
intentaré coger la llave de la sala que nos interesa. Pero yo, ¿y cómo?
Vamos, vamos, haga cualquier cosa.
Desabróchese la bata, Ángel Escote.
Así.
Y súbase la falda. Enséñale las piernas. ¡Profesor!
Es por la ciencia, señorita, por la ciencia. Piense en Madame Curie.
Cuidado.
que ya lo he entretenido.
Profesor, me parece que será mejor que vaya usted.
Yo ya recogeré las llaves.
¿Yo?
Ande, ande, profesor. No se lo tome así, hombre.
Piense en Messier Curie, en Fleming, en Napoleón. Me gustaría saber si también
tuvieron que enfrentarse con enemigos de pestañas postizas.
Profesor, estoy horrorizada.
Horrorizada. Pues, ¿qué esperaba? ¿Un cine? ¿Una discoteca? La ciencia no
tiene nada que ver con el placer.
Ande, prepáreme el instrumental.
¡Ay! Pero, ¿qué hace, profesor? Es que no lo ve.
Además de tonta miope.
Profesor, ¿está usted seguro del experimento?
Hombre, señorita, nunca se puede estar seguro de todo, pero piense que son
cinco años de mi vida trabajando en esta fórmula, o sea... ¡Ay!
Señorita, usted está demasiado nerviosa, mujer.
Relájese, relájese. Piense que este personal está bien muerto, o sea que no
pueden hacernos nada con frente.
Profesor, lo siento.
¿No nota la paz y la tranquilidad que hay aquí?
No la siente.
Parece que la naturaleza ha invadido la tierra y que la lejana ciudad no es más
que una pesadilla pasajera.
Qué bien habla, profesor. ¿Usted cree?
Pues tenga en cuenta que en la facultad ya me llamaban la langue d'or, que
quiere decir la lengua de oro. ¿Ah, sí?
¿De veras?
Y si todo va bien, ¿qué le parece si un día de estos la invito a cenar? ¿Se lo
podría demostrar? Me gustaría, mire, me gustaría mucho.
Sí, no lo dudo, ¿no?
Pero ahora al trabajo, vamos.
Señorita, mientras yo realizo la última fase, que es la más importante, será
mejor que usted salga y espere a la puerta de esta sala. No sea caso que
alguien del personal se le ocurra entrar en el momento culminante.
Si se acerca alguien, entreténgale. Ya sabe cómo, ¿eh?
No todo el mundo es como el conserje.
Vaya.
Hola, buenas noches.
¿Tienes fuego?
Sí.
Esto, si no me das un cigarrillo, es que tampoco tengo.
¿Siempre fumas rubio? Sí, sí.
No está mal.
¿Qué dice?
No, nada, cosas mías. Es que es tan extraño todo esto.
¿Esperas a alguien?
No.
Pues pregunto, ¿qué hace una chica como tú en un lugar como este?
Ya sabes lo que hay aquí dentro.
Sí, sí, ya sé.
Ya lo sé, ya.
Ah, bien, contra gustos.
Pero eso es muy extraño.
Pero tú eres muy bonita.
Si quieres, podríamos... ¿Eh?
Parece que estás preocupada.
Quería estar sola.
Eso es todo.
Todo sea por la ciencia. ¿Qué dices? No nada.
Decía que tú tampoco estás nada mal.
Quizá... quizá resulte relajante.
¿No te parece?
Sí.
Que he muerto, pero si es un vivo.
Es un enfermo que estoy cambiando de habitación y se había dormido.
Eh, chico, eso se acabó.
Mujer, ha sido muy corto eso, ¿eh?
Adiós.
Veo, veo, veo un encuentro insólito en tu vida.
¿Lo dices de veras? ¿Y qué más, qué más?
Un hombre entrará en tu vida.
¿Sí?
¿Y qué hará?
Pues... pues te cogerá por los hombros y luego te dará un largo beso.
¿Estás seguro de que lo has visto en la bola todo eso?
Segurísimo.
Chica, con esta dieta te volverás medio Popeye.
¿Acaso son malas las espinacas?
Yo no digo que lo sean, pero si tienes un par de huevos fritos... Tendrás más
colesterol y más grasas. Eso mismo.
Has de pensar en el negocio, nena. Los caballeros las prefieren rubias, no
gordas. Bah, todo eso depende del caballero. De todas maneras, me queda
muy poco. Treinta y cuatro faenillas más y me retiro a escribir. ¡Ah, tu gran
novela! Claro que sí, tu famosa novela. ¿Cuál es el último título? ¿El secreto
de los hombres azules?
No, y no te rías.
Es la bestia innombrable, aunque no lo tengo bien decidido.
Por cierto, ahora que habláis de escribir, ¿os ha telefoneado alguna
persona solicitando vuestros servicios sobre el nuevo anuncio que redactasteis?
Todavía no. Me parece que Ana se pasó con eso de dos diablesas que os
trasladarán desde... Desde los fondos infernales a las cimas del paraíso.
Suena bien, ¿no?
A mí me gusta. Suena muy bien. Sí, pero el que no suena es el teléfono. Hay
mucha incultura en este país.
Sí, eso también lo dice mi amigo el medio que... Solo falta que nombres a
ese ahora.
Encima de que se te ventila gratis. Quizá te tienen bobada y todo.
Mira, todo menos que hables mal de él. Eso no, ¿eh?
Es un hombre maravilloso.
Ahora estamos estudiando las sectas de adoradores del diablo. Y punto.
Debe ser muy interesante, ¿no? Sí.
Y dice que...
El triunfo del mal es inminente y que no será necesario saber del lado de quien
hemos de estar. ¿No es una mala teoría? No. Sí, pero yo en tu lugar antes de
cada reunión le estipularía una tarifa. El mal se soportaría mejor.
Siempre has de pensar mal.
Mal pensada. Es la experiencia hijita, la diabólica experiencia.
¿Y tú qué opinas Ana?
Mira, será algún intelectual. No te quepa duda.
Dígame.
El anuncio dice que tienen servicios especiales.
¿Qué clase de servicios?
Lo entiendo.
Sí. Yo querría... Bueno, tengo una cierta debilidad por los
coches.
¿Sabes? Sí, sí.
Ya veo que me comprendes.
¿Alrededor de las cinco?
Las dos.
Claro. Las dos diablesas.
Por cierto, ¿a dónde repuñetas nos llevas?
Hace rato que no se ve ni una casa.
Y qué camino, chico.
Tranquilas. Vamos a un lugar donde nadie nos molestará.
No lo dudamos en absoluto.
¿Tú vienes a menudo por aquí?
No, mucho no.
Solo cuando puedo.
Es un lugar muy bonito.
Y me gusta mucho.
Bueno, final de trayecto.
Bien, ahora que ya hemos llegado, me parece que será mejor que vayamos
detrás. Aquí es más incómodo.
Ah, sí, claro está.
¿Me permiten?
Adelante, estás en tu casa.
¿Y tú, no te desnudas un poco?
¿Quién, yo?
No, no.
Tengo faringitis.
Faringitis crónica. Y podría coger frío.
¿Y aquí también tienes faringitis, guapo? Sí, señorita, por favor. Me
parece que se equivoca.
Vaya, ¿qué quieres decir?
Es que...
Es que yo... yo creo que les he de decir una cosa.
Sí, hombre, sí. Dinos lo que quieras.
La verdad es que yo las he traído hasta aquí para... Para que te contáramos un
cuento, ¿verdad, guapo?
Pues sí.
¿Cómo lo ha podido adivinar?
¿Pero qué dices?
Vaya, eso es nuevo.
Este es el que me gusta más de todos.
Blancanieves.
Así que este es tu preferido, ¿no?
¿No preferirías mejor el gato con botas? Es que me lo sé de memoria, ¿sabes?
No, no.
Este, este.
Blancanieves.
Sabe leer bien, ¿eh?
Tranquilo, hombre. Esta es licenciada en filosofía pura y yo en filológicas. Ya
verás.
Había una vez en un país muy lejano un rey y una reina que vivían muy felices y
tenían una hija que se llamaba Blancanieves. Y la malvada madrastra de
Blancanieves, transformada en viejecita, ofreció a la inocente mocita la manzana
envenenada.
¡Oh, qué desgracia!
Blancanieves cogió la fruta y se la aproximó a los labios. ¿Habéis oído?
¿Qué será eso? Será algún conejo. ¡Pero continúa! ¡No te pares ahora!
Ignorando las malas intenciones de la madrastra, la chica mordió una
manzana...
¡Oh!
Juan, ¿qué haces aquí?
¿Y tú de dónde sales?
Yo no te entiendo.
Ni yo tampoco.
¿Y esta casa de quién es? ¿Esta casa? ¿Esta casa es mía?
Tuya. ¿Y qué hago yo en tu casa?
Eso quisiera saber yo. ¿Qué haces en mi casa y desnuda?
Es verdad.
Ten, ponte este jersey.
No, miraré.
¿Estás? Sí, ya.
Bien, ya no estás desnuda.
Y ahora haz el favor de decirme, ¿qué hacías corriendo en plena noche y
desnuda por el bosque?
¿Quién te creías que eras? ¿Pisadora Duncan?
Mira, es difícil de explicar.
Es que realmente ellos me perseguían.
Realmente, ellos me persiguen.
¿Estás haciendo la cena?
Sí.
¿Tienes apetito?
No, no mucho. Pero probaré un poquitín para no hacerte un desprecio. Gracias.
Bueno, pues vamos a la cocina.
¿Y quieres que me crea que a tu amiga y a aquel tipo se los comieron unos
extraños seres de aspecto asqueroso?
Exacto. Tal como yo me estoy comiendo la sopa.
Óyeme, ¿no habrías fumado algo raro?
Quiero decir, si no irías un poco colocada.
No me crees, ¿verdad?
Escucha, desde que me plantaste vivo aquí, nunca me he tropezado con algo más
peligroso que una rata.
Este bosque está completamente deshabitado.
No empieces, me plantaste tú. Y te aseguro que eran unos monstruos
horribles, una especie de zombies.
Zombies, no me hagas reír.
Precisamente estoy escribiendo una novela sobre muertos vivientes.
Escucha, no vendrás por casualidad de parte de mi editor, ¿verdad?
¿Tú escribes novelas? Sí, más o menos.
Quizás te sonará mi nombre de guerra.
John Piper.
No, no me digas que eres John Piper en persona.
Es que me encantan tus novelas. Las leo todas y en todo momento.
¿De veras?
Oh, sí.
¿Sabes? Yo también escribo. Estoy ahorrando para retirarme a escribir una
novela. ¿Es cierto eso? Sí. Ya tengo el título.
Sangrienta persecución. ¿Qué te parece?
Muy bueno.
Muy bueno. Con un título como ese es posible que te den el premio Planeta.
¿Tú crees?
Sí,
estoy convencido.
Oye, hablando de otra cosa.
¿Quién es el tipo de ojos almendrados que está en la habitación de atrás?
Ya has visto a Shiushi.
Es mi criado afgano.
Una vez en un viaje le salvé la vida y desde entonces no se ha separado de mi
lado.
Ya sabes, la fidelidad oriental.
Parecía que no se encontraba muy bien. Es que tiene asma y de vez en cuando le
vienen los ataques.
Y volviendo a lo de antes, ¿cuántos eran los que os atacaron?
¿Podrías ampliarme de alguna forma los detalles?
No tuve tiempo de contarlos. Solo tuve tiempo de correr y correr.
Unos ocho o nueve. No sé.
Tendríamos que avisar a la policía. La policía.
Puede tratarse de una epidemia o... Una epidemia.
Como el sarampión o las paperas.
¿Sabes qué te digo?
Que tu historia no tiene ninguna base, Ana.
Ninguna. Y yo te digo que es cierto.
¿Dónde está el teléfono?
¿Dónde está el teléfono?
No tengo teléfono.
Si de verdad quieres avisar a la policía, tendrás que esperar hasta
mañana.
Te acompañaré hasta el puesto más próximo.
Por otra parte, esta noche la tendrás que pasar aquí.
¿Por qué me miras de esa manera?
Yo, si no te miro de ninguna manera.
Sí, me miras con ojos hambrientos, como si me quisieras comer.
Tú estás convencida de ser un sabroso bocadillo.
Siempre ves a alguien que se te quiere zampar.
No, tú me miras como si... Vamos, vamos.
No fijas más conmigo.
Quieto.
Juan, pero... ¿A qué vienes ahora eso?
Pero ¿por quién me has tomado?
Déjame. ¿Qué estás esperando en este momento?
¡Suéltame!
¿Qué estás esperando durante mucho tiempo?
¡Suéltame ya!
¿Quién es?
¿Quién es?
¿Quién es?
¿Quién es?
¿Quién es?
¿También sabes idiomas?
Sí, un poco.
Perdona por todo lo que ha pasado.
Compréndelo. He estado solo tanto tiempo.
De súbito, tu irrupción en el bosque.
Desnuda.
No, la culpa también es mía. No tenía que haber aceptado un jersey tuyo.
No, no, no te lo quites.
Hace frío por la noche. Mañana buscaremos algo más adecuado.
¿Me das un cigarrillo?
Tendrá que ser la pipa.
Bueno.
Es muy fuerte.
Sí, ahora será mejor que vayas a dormir. Por la mañana saldremos a explorar en el
coche. De acuerdo.
Buenas noches.
Vaya, nos volvemos a encontrar.
Esta noche me ha salvado ya dos veces. No es nada.
Lo hago cada día, para no perder la práctica.
¿Comprendes? Ah, claro.
Bueno, si no necesitas que te salve otra vez.
No, en todo caso te llamaría.
Solo tienes que silbar.
Y... Mec, mec, estoy a tu lado.
Me llaman el Mic Mic.
Muy bien.
Buenas noches.
Buenas noches.
Vete de aquí, afgano asqueroso.
Hola, buenos días.
Buenos días.
¿Has descansado bien? Sí, muy bien.
Me he permitido prepararte el desayuno.
No es un gran desayuno, pero... Da igual.
¿Prefieres desayunar en tu habitación o en la cocina?
Pues donde sea, pero esto pesa.
Perdona, no me había dado cuenta.
Bien, vamos a la cocina. Sí, sí, claro.
Sí.
Oye... ¿Por qué tienes todos esos objetos extraños dispersados por la
casa? ¿Esos látigos?
¿Esas cabezas estrafalarias? ¿Esas muñecas?
Ah, todas esas cosas.
Principalmente me sirven de orientación para mis novelas. ¿Lo comprendes? ¿Y
cuando tienes que escribir sobre perversiones sexuales, te ambientas con
todas aquellas cosas adomasoquistas?
Aún no he escrito ninguna novela sobre perversiones sexuales.
Ah.
Bien, digamos que todavía no me ha venido la inspiración.
¿De verdad te cuesta inspirarte?
Bueno, yo ya estoy. Será mejor que vayamos a dar una ojeada al bosque.
Maldita sea.
Vaya hombre.
Solo nos faltaba esto.
Vaya, no me digas que este trasto ahora no funciona.
No, no te lo digo.
Es que no funciona.
Me parece que para ir a buscar a tus amigos los zombies tendremos que ir
andando. Cuando los tengas delante y se te coman esa lengua tan larga que
tienes, ya sabrás lo que es bueno. Seguro que sí.
¡Shushi!
¿Qué le has dicho?
Que me arregle el coche lo más pronto posible.
Me parece que fue por aquí donde te encontré desnuda. Ya está bien. ¿Quieres
recordármelo toda la vida? No, solo lo decía para situarnos.
Francamente, no recuerdo nada.
¿Te suena este árbol?
No, no me suena.
Con tu permiso voy a... Adelante, por mí no te preocupes.
Estoy perfectamente convencida de que no me crees.
¿Cómo dices?
Que no crees mi historia de los zombies.
No es que no me la crea, es que me parece absolutamente increíble. ¿Y
piensas que habría venido hasta aquí?
Medio desnuda.
Eso mismo.
¿Medio desnuda para contarte un cuento fantástico?
Entonces, dime, ¿por qué has venido? Reconoce que querías estar otra vez
conmigo. No empieces de nuevo.
Inténtalo, la voluntad lo puede todo.
¿Quieres dejarme tranquila?
He venido aquí a buscar restos.
¿Para qué los quieres?
¿Piensas comprarte un panteón? Muy gracioso.
Además, si tu historia es cierta, no encontrarás ni los huesos.
Los zombies se acostumbran a tener mucho apetito.
Mira, un coche.
Sí, ya lo veo, un coche.
¿Qué hacemos?
En tu casa o en la mía.
Hablo en serio.
Y yo también.
Podríamos acercarnos.
¿Y si están los zombies?
Ah, ahora ya empiezas a creerme, ¿eh?
No.
Pero no se puede saber nunca lo que puede pasar cuando el elemento
fantástico se introduce en la vida cotidiana.
En momentos como este se nota que eres escritor. ¿Lo dices de verdad? Sí,
vamos.
Anda.
Juan, mira, un trozo de ropa con sangre.
Sangre, sangre, pero es que no te das cuenta, es el estampado.
¿Y qué me dices de esto?
Oye, en este bosque hay un viejo cementerio que está repleto de huesos.
¿Pies? ¿Manos?
Son casi prehistóricos.
Recoge unos cuantos e intenta venderlos y quizás ganes algunos duros.
Bueno, vamos a volver a la cabaña. Empieza a tener hambre.
Estoy segura de que esos horrorosos zombies se los comieron.
Oh, sí.
Seguramente cada noche acostumbran a cenar con carne humana.
Y de postre alguna tierna jovencita. Anda, vámonos.
Yo te digo que los he visto.
Y mi pobre amiga Magda.
No quiero ni pensarlo.
Te aseguro que existen. Claro que sí. Y Drácula, y la Cenicienta y Blancanieves.
Y los siete enanitos.
¿Y el jeep?
No lo sé.
No creo que se lo haya llevado la grúa.
Han sido ellos. Han sido los zombies para que no podamos pedir auxilio.
Seguro. Ahora dan el carnet de conducir a todo el mundo.
¿Xiu Xi?
¿Xiu Xi?
¿Dónde se habrá metido ese maldito?
¿Xiu Xi?
Los zombies se lo han comido.
Los zombies, los zombies. Se lo harás pagar todo a los zombies.
Hasta la culpa de la situación de la política actual.
Te estoy hablando en serio.
Lo más seguro es que ese maldito se haya llevado el jeep. Habrá ido a comprarse
una revista erótica o algo por el estilo.
Quiero saber lo que pasa. Ah, tienes aspiraciones heroicas. ¿Te imaginas ser
Dale Arden? Tú tampoco eres Flash Gordon.
El tiempo de los héroes ha pasado por si no lo sabías. Ahora solo hay
supervivientes. Yo soy un superviviente.
Me gustaría saber a qué has sobrevivido tú.
Yo he sobrevivido a las calamidades del nacimiento, de la adolescencia y a un
par de años de relaciones contigo y con tus manías. ¿Te parece poco?
¿Y lo has podido resistir?
¿Te ríes? Era antes que debías haberte reído.
Que los espíritus iluminen nuestras pisadas en el camino que hemos de
recorrer hasta la mansión del bosque.
Oh, espíritus, os invoco en nombre de Belzebú.
Que este lugar no sea propicio como de costumbre para nuestro aquelarre.
Que el que puede todos los males acuda a la cita.
Que... Me parece que un espíritu me ha tocado por debajo de la mesa.
Calla, descarada.
Ahora, todos a nuestros vehículos y hacia el lugar indicado.
Ya hemos llegado.
Dejan las bicicletas.
Hola.
Venid.
¿Podéis pasar?
Oh príncipe de las tinieblas, oh tú, emperador del mal, fuente de los más
terribles vicios, envía a los espíritus del mal redentores sobre la tierra y
úngelos con tu maldad divina.
Gracias.
Gracias.
Oh,
tú, emperador del infierno, perla de la falsa corona, mina de los bajos
placeres, envía a los espíritus del mal redentor sobre la tierra
y úngenos con tu maldad.
Gran satán.
¿Serás enviado?
¡Juan!
¡Juan!
¿A qué debemos esta inesperada furia de pasión?
Ellos están aquí. Han entrado en el baño mientras me duchaba.
Vaya, qué picarones, ¿eh? Ahora tenemos zombies voyeurs.
Te lo juro, tenemos que hacer algo.
Néstor. Me ha dicho que ha entrado para ver si querías que te ayudara a lavarte
la espalda.
¿Era él?
Sí.
Que se vaya a la mierda.
El muy estúpido.
Me ha dicho que había cogido el jeep para ir a comprar una revista de las que
te había dicho yo antes.
Esa fidelidad oriental... Siento mucho haberte interrumpido. Soy una tonta.
No, al contrario.
Te estoy mojando.
¿Sabes? Empiezo a creer que tienes razón.
Naturalmente.
Siempre he dicho que un polvo después de cenar es una cosa muy, muy sana.
No te rías. Me refería a los zombies.
Pero aún estamos con esas.
¡Ah!
Auxilio. Necesito ayuda. Mis compañeros.
Ahora me darás la razón a mí.
Necesito ayuda.
Mis amigos.
Mis amigos todos.
Aquellos horribles seres. Cálmate.
Pasa.
Tranquila.
No puede ser. No puede ser.
Mujeres desnudas en mi casa perseguidas por los zombies.
No puede ser.
Es el estrés.
No puede ser verdad. No.
He escrito demasiadas novelas.
Desde ahora me dedico al libro infantil.
Solo cuentos.
¿Shushi?
¿Shushi?
Te puedes quedar las dos para ti si quieres.
Están locas.
Yo paso, paso. Están abusando de mí.
Tráeles una manta, que se tapen.
Vamos.
Date prisa.
Estoy segura de que se trata de alguna cosa nuclear.
Habrán lanzado algo sin decir nada.
Quizás sí, pero creo que una cosa así primero avisarían, ¿no?
No, mujer, no. La han lanzado de incógnito y ya veis los resultados.
Sí, no se puede decir que las radiaciones les favorezcan mucho.
Tan... tan p...
Es simpático, ¿no?
¿Quieres decirte?
Supongo que ahora me creerás.
¿Creerte?
Creo que estás loca.
Creo que tú y esa como se llame os habéis escapado del frenopático y que os
habéis puesto de acuerdo para que yo os acompañe al regreso.
¿Te encuentras bien?
Sí, muy bien.
Es que parece que no lo esté.
No, si yo no decía nada.
Pues mejor que no digas nada.
Será mejor para todos y tú.
Tú y aquella neurótica no abréis la boca.
¿Entendido?
No te pongas así.
Después de todo, nadie tiene la culpa de que tú no los hayas visto todavía.
¡No, no!
No pienses más en él.
Jajaja.
¡Ja, ja, ja!
¡Ja, ja, ja!
Estoy preguntándome qué deben hacer aquellos dos tanto rato.
Y si... No, por favor.
Otra vez no.
Yo no me lo pregunto. Sé lo que hacen.
Hombre, no debes ser tan mal pensado, caramba.
Ella me ha parecido una buena chica.
Pero si no pienso mal.
Sencillamente pienso.
Cosa que al parecer hay mucha gente que no hace.
¿Va por mí la indirecta?
¡Un grito!
Tranquila, tranquila. La sangre no llegará al río.
¡Juan! ¡Juan, mira!
¿Pero qué es esto?
¿Otra?
Esto es un maldito complot, una trama negra.
No, Juan, son ellos.
Ana, me matarás. ¿A cuántas has hecho venir?
Dime, ¿a cuántas has hecho venir?
Los zombies nos han rodeado.
Tenemos que hacer algo.
Tengo una idea, quizá nos salga bien.
Juan, ¿qué haces, Juan? No podemos perder tiempo. Tengo una pistola con
balas de plata.
¡Mierda! ¡No les hace nada!
Tenemos que salir antes de que nos rodeen. ¡Vamos!
¿Qué te ha pasado?
No lo sé.
No lejos de la cabaña.
Nos hacen correr en todas direcciones.
¡Corre!
Estoy muerta, Juan.
¿Tú también?
Déjate de bromas ahora.
No es el momento.
¿Qué quieres que haga? ¿Que llore?
Dejémoslo. Si me hubieras creído desde el principio, Juan, no nos veríamos así.
Vaya, ahora que empezaba a sentir una irresistible pasión por ti, me
haces reproches.
Ana.
No, no.
Juan, Juan. Quizá nos hemos pasado. Sí que es impresionante.
Me dijo que no vinieramos a buscarle, pero no creí que se lo tomara de esa
manera. Juan, Juan.
¡Ja, ja, ja!
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