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- Me aceptaron. - Soy Pierre. Encantado.
Te presento a compañeros que piensan como tú y yo.
Sin grabadora.
Sin grabadora.
- Dime. - Vamos. Trujillo está fuera.
El generalísimo la está esperando.
No voy a permitir que sigas viviendo así.
Tengo grandes planes para ti, niña.
Quiero denunciar a dos homosexuales.
- Se llevaron a Tomás. - No estaba metido en nada.
Se lo llevaron por homosexual.
Que te quede claro que estás en esas aulas porque yo lo dispuse.
Si eliges ser indomable como mis caballos,
tarde o temprano, hay que ponerlos a dormir.
No sabía que venías.
En realidad, yo tampoco.
Volvía de palacio y algo me dijo que tenía que pasar a verte.
¿Hice mal?
Para nada.
¿Quieres uno?
No, no.
Prefiero mi champaña.
Tengo dos en el refrigerador.
Ya te serví.
Ya me he tomado un whisky.
Vamos, bebe.
Ven.
Siéntate aquí.
Gracias.
¿Estás a gusto?
¿Aquí contigo?
Conmigo todo siempre está bien. Si estás a gusto con la casa, digo.
Mucho.
¿Y esto?
Es precioso.
Quítate eso y dame un beso. Anda.
Me pone incómoda que estén ellos abajo.
¿Mis guardias?
No nos ven y no nos oyen. Son mis eunucos.
¿Necesitas algo?
No.
No dudes en llamarme.
Hermosa noche.
Julio.
Ya está. Ya se han ido.
- Perdón. - No te preocupes.
Ven, ven aquí. Vamos.
Vamos.
Oye, ¿y tenías más amigos en Dominicana aparte de Minerva?
En realidad, solo tenía uno: Julio César.
Un excelente amigo.
Pero bueno, en general, me sentía muy sola.
Pero Minerva también estaba en la ciudad estudiando, ¿no?
Sí, pero frecuentábamos ambientes muy distintos.
No os veíais.
Desde que ingresó en la universidad, no la volví a ver.
Nos alejamos, tomamos caminos diferentes, pero no la culpo, ¿eh?
Yo tampoco la llamé.
¿Por qué?
Me parece que no te puedo ser de mucha más ayuda.
- ¿Seguro? - No sé qué más contarte, de verdad.
Mucho.
Háblame de Trujillo.
Muy buenos días.
Buenos días.
Vamos directamente al grano
porque tengo que inaugurar la nueva carretera al oeste.
Tomen asiento.
Bien.
A partir de este momento, disuelvo la confederación de partidos.
Cada uno de ustedes en esta elección irá por su cuenta.
Quiero que regresen a sus ranchos y hagan el juego del opositor.
Excelencia, se imaginará que no será fácil hacerle oposición a usted
en una puja electoral.
Yo no seré el candidato.
Será mi hermano Héctor.
Lo voy a anunciar antes del fin de semana.
Excelencia,
pero es que tenemos muy pocos meses para poder rehacer desde cero mi partido,
que ha estado por años dentro de la confederación gobernante.
¿Cuál es el problema, Vásquez?
Abres cuatro o cinco casitas de afiliación,
te vas de gira por todo el país repitiendo lo de siempre.
"Quien mejor representa los intereses del pueblo dominicano
es el Partido Republicano".
Y punto.
Perdone, excelencia, pero yo soy el líder del Partido Republicano.
El diputado Vásquez lidera la Coalición Patriótica.
Me da lo mismo.
Lo que les estoy pidiendo es que se agredan los unos a los otros.
Y, por supuesto, está claro que no deben hacerlo con mi candidato.
Excelencia, pero una campaña presidencial genera gastos.
A ti se te olvidó todo lo que te di cuando te integraste a la coalición.
Te voy a refrescar la mente.
Tienes el 18 % del ingenio que logramos recuperar en La Romana,
más la designación de tu hermano como embajador en Brasil.
En esa agenda que ves ahí
tengo anotados todos los negocios de tu hermano.
A mí, que lo sé todo, ¿me vas a decir que no tienes participación alguna?
¿Que no te salpicas con lo que él se moja?
Bien.
Ya saben lo que se les está pidiendo.
Estos no son tiempos de mezquindades ni egoísmos.
Instruyo delante de todos ustedes a mi hermano José
para que los medios del Gobierno les den espacios.
Que tengan reportajes, fotos, entrevistas...
Ya sabrán cómo contarlo.
- ¿Entendido? - Entendido.
Doy por terminada la reunión.
Pueden retirarse.
Estén seguros de que en el próximo mandato este esfuerzo les será reconocido.
Escúchame.
Aunque hayan perdido su veneno hace mucho tiempo,
todos estos cabrones siguen siendo unas víboras.
- ¡Ojo! Mucho cuidado con todos ellos. - Lo tengo claro.
- De todas formas, yo estaré ahí. - No hay problema.
El ojo del amo engorda el caballo.
¿Te vienes conmigo a lo de la carretera?
Si entra mi esposa ahora mismo, me saca los ojos.
Es celosa.
Bueno, ya sabe, señor Mirabal. Si presenta algún dolor excesivo o mareos,
interrumpa inmediatamente y comuníquenoslo, ¿vale?
Sí, señora.
- Ahora vuelvo, señor Mirabal. - Gracias.
- Don Enrique. - ¿Sí?
Vamos a continuar sus ejercicios en otra sala de rehabilitación, ¿vale?
Bueno.
Un momento. ¿Adónde me llevan?
- Todo está bien. No se preocupe. - ¿Para dónde vamos?
Tengo derecho a saberlo.
- Todo va a ir bien. - ¿Para dónde vamos?
No se preocupe.
Toma.
¿Has visto lo que he preparado?
Tienes que comer algo.
Era todo una mentira.
No soy nada más que un payaso.
Como tú, como Tommy.
Solo les servimos para su entretenimiento.
- ¿A qué te refieres? - Sabes a lo que me refiero.
He sido un cobarde, un miserable.
He tenido tantas oportunidades de ser honesto, pero no.
Cogí las migajas, como un perro.
Y me doy asco.
Julio, estás siendo muy duro contigo. No podías hacer otra cosa.
No, no. Ya estoy condenado.
Me di cuenta de la peor manera y demasiado tarde.
Pero tú estás a tiempo, Arantxa.
La realidad es mucho peor de lo que queremos ver,
mucho más espantosa.
Por más que nos deslumbremos con las luces.
Espero que no estés intentando un sermón conmigo.
- No, al contrario. - No soy estúpida.
Lo que te quiero decir es que no creas que tienes ningún poder sobre Trujillo.
Aquí todos somos útiles o desaparecemos.
El único que queda es él.
Entiendo que no vas a comer nada.
A mí se me ha quitado el hambre.
Es muy peligroso que nos quedemos en esta casa.
Peligroso para mí y para ti.
Discúlpeme, doctor.
Mi marido estaba en rehabilitación. ¿Sabe algo?
No sabría decirle, señora. Soy cirujano.
Disculpe, tengo una urgencia. Pregunte en Recepción o al médico a cargo.
Muchas gracias.
- Buenos días, señorita. - Buenos días.
Mi marido, Enrique Mirabal, estaba en la sala de rehabilitación,
pero no ha regresado aún.
- Sí, debió haber terminado hace una hora. - No puede ser.
Llevo mucho tiempo esperándolo ahí.
- Lo hubiera visto. - Tranquila.
No me diga que esté tranquila, por favor.
- Voy a preguntar. - Bien.
Sí, María Luisa de la recepción.
Busco a un paciente: Enrique Mirabal.
Siempre, en todas las películas, lloras.
¿Que yo estaba llorando? ¿Y cuándo?
Bueno, varias veces.
Seguro que cuando los cazan antes de ser ahorcados,
- cuando muere su hermano, cuando... - ¿Me estabas espiando, Leandro?
No, no te estaba espiando, pero es que estabas como poseída.
No pude evitar mirarte de reojo.
No me pasa en todas las películas, pero es que a la Hepburn y a Bogart
me los creo completamente.
Me hipnotizan.
Me encanta que te guste tanto el cine, así puedo invitarte cada fin de semana.
Si estuviéramos en la capital, como mi hermana Minerva,
podríamos ir todos los días.
Aquí llegan solamente algunas, viejas y todas rayadas,
pero allí me las vería todas recién estrenadas.
Bueno...
Mamá me va a matar.
No, por favor, quiero que te vuelva a dejar salir conmigo.
Ha sido un día perfecto.
Hemos visto una película buenísima y hemos hablado de todo.
- No de todo. - ¿Y de qué nos ha faltado hablar?
De la política de este país.
¿Quieres que hablemos de política?
¿Qué piensas de Trujillo?
Con que me contestes a eso, me conformo.
- ¿Qué opinas tú de él? - No, dime.
Sé valiente y no me mientas.
Creo que es el cáncer de esta república.
- Padre nuestro que estás en el cielo. - Libéranos del dictador.
Es el diablo en la Tierra y nos va a volver a joder.
No puede salirse con la suya.
Para derrotar al enemigo, hay que valorarlo en su justa dimensión.
Es lo que digo. El Chivo siempre está un paso adelante.
- Minerva, qué bueno verte. - Hola, Raúl.
Vivir de ilusiones como: "¡Fuera, Chivo! La República Dominicana será libre".
- Sí, nos llena de energía, pero después... - Manolo.
Hola. Te estábamos esperando, Pierre.
Lo que hablábamos mientras es más de lo mismo.
Me descargaba porque el diablo hizo una jugada muy inteligente.
Traigo a una nueva compañera.
Supongo que todos hemos escuchado hablar de ella.
- Minerva Mirabal. - Minerva.
- Bienvenida, compañera. - Vamos a escucharla.
Bienvenida, Minerva. Manolo Tavares.
Perdona que te cuestione recién llegado, Manolo,
pero entiendo muy bien de qué estás hablando.
¿Por qué te resignas a decir tan rápido que el Chivo se salió con la suya?
Porque ya lo hizo en el 38 con Jacinto Peynado y le salió bien.
¿O me van a convencer de que Peynado gobernó esos cuatro años?
Es verdad, pero a mí me cuesta asumir esto como una nueva derrota.
Tenemos que seguir adelante con nuestro plan.
Compañeros, seamos lúcidos. Nuestro plan ya no sirve.
¿Cómo que no?
Nuestras acciones de lucha apuntaban a evitar
que se modifique la Constitución para ser reelecto presidente.
Y ahora resulta que se retira
y pone en marcha esta opereta de elecciones libres y democráticas,
donde el bueno para nada de su hermano
compite contra tres o cuatro delincuentes que fingen de opositores.
- Habrá fraude con todas las de la ley. - Claro.
Lo que tenemos que hacer es convencer a nuestro pueblo
y la comunidad internacional de que habrá fraude, coño.
Habrá fraude.
A ver si me entienden, compañeros.
No quiero disentir, pero debemos ser pragmáticos.
Con expresiones de deseo no se lo derrota.
¿Quién me explica cómo convencemos a estos millones de personas
que lo aman por bailar bien el merengue?
Son una barbaridad.
¿Dónde se denuncia el fraude cuando después de más de 20 años
ya no queda un solo periódico que no sea del Gobierno?
Si quería cambiar la Constitución,
podíamos hacer huelga frente al Congreso o las embajadas,
pero ¿anunciar que se avecina un fraude? Yo, la verdad, no lo veo...
Puede denunciarse, Manolito.
- A esos hijos de puta hay que joderlos. - Eso hay que hacer.
Y aguantar las consecuencias, aunque duelan.
- Sí, señor, así es. - Perdón, compañeros.
Sé que es mi primera vez en este grupo y no quiero imponer mi punto de vista,
pero entiendo el sentimiento de Manolo.
¿Qué es fraude? ¿Cambiar los votos en las urnas?
El Chivo no tendrá que ensuciarse las manos.
- Es verdad. - Porque contamos con un sistema electoral
donde al nuevo presidente lo consagra el Congreso Nacional,
un congreso donde no existe una sola banca opositora.
- Así es. - ¿Qué vamos a hacer?
¿Denunciar al extranjero? Esa película ya la vimos.
Se instalarán unos observadores enviados por la OEA.
¿Y qué dirán cuando el negro Trujillo haya ganado?
Dirán lo que los Estados Unidos de América quieren que digan.
Desgraciados.
Dirán que fueron unas elecciones ejemplares y democráticas.
Estamos en un mundo hipócrita gobernado por unos hijos de puta.
¿No vamos a hacer nada?
- ¡Eso! - Así es, compañera.
Tiene razón, compañera, tiene toda la razón.
¿Por qué me miras así?
¿No he estado bien?
Todo lo contrario.
Estuviste estupenda.
- Pues yo no me he sentido así. - Sí, eso veo.
¿Vas a hacer como si no pasara nada?
¿No dices nada de la ausencia de Tomás?
¿Y tú no vas a decir nada de la ausencia de Julio César?
No sé qué insinúas.
Ambas sabemos que se fue contigo y no te voy a preguntar adónde.
Pero te voy a advertir: los dos corren gran peligro.
Según Petán,
Tomás y Julio César están felices
tomando agua de coco en una playa en Puerto Rico.
La homosexualidad...
en este país tiene pena de muerte.
Nadie va a hacer nada por él.
Solo nosotras.
Tengo una manera de sacarlo de aquí.
Prudentes, hermana. No es posible que le...
- Hija. - Hola, hermana, buenas noches.
Te han estado llamando todo el día de tu casa.
Mire, una moneda para la llamada. Gracias.
Con mucho gusto.
Hermana, acompáñeme.
Hola, mamá. Bendición.
Me dijeron que estuvieron llamando. ¿Pasó algo?
¿Cómo?
Mi amado pueblo dominicano: hoy, 8 de octubre,
se conmemoran 15 años de la victoria de esta república
frente a la invasión de Haití.
Quiero felicitar y recordar a nuestros héroes
que defendieron la patria con valentía,
con coraje, arriesgando sus vidas en nombre del pueblo,
para que esta república sea libre y respetada.
Pero no debemos simplemente descansar en las glorias pasadas
creyendo que nuestra paz estará eternamente asegurada.
Una nueva amenaza se posa en el horizonte,
la amenaza del comunismo,
que con saña intenta arrasar los cimientos de nuestra sociedad.
Pero quiero que sepan que este Gobierno,
y en especial yo, el general Rafael Leónidas Trujillo Molina,
hará esfuerzos denodados para que su veneno
no se extienda por nuestro pueblo, cortando la hiedra desde su raíz.
- ¿A qué hora dijo que te llamaba? - ¿Cuántas veces me has preguntado, Dedé?
- Me estás poniendo nervioso. - Todos estamos nerviosos, Jaime.
- ¿Por qué no lo llamas tú? - No lo conozco.
No tengo su número. Por favor te lo pido, Dedé.
Se ha retrasado, no sé, por el trabajo o alguna cosa.
¡Oye!
¿Diga?
- Enseguida le comunico. - ¿Ves?
Hola.
Sí, con él habla. Cuénteme.
- ¿Tú lo conoces? - No exactamente.
Es amigo de la escuela, trabaja en el Gobierno,
es un contacto que se mueve bien en estos casos.
Permítame un segundo. Un segundo.
Un lápiz, María Teresa.
Sí, a ver. Permítame. ¿Me repite?
Perfecto. Muchísimas gracias.
Hasta pronto.
- ¿Y entonces? - Creo que este tipo nos puede ayudar.
- ¿Sí? - Sí. Lo escuchaba muy convincente.
- ¿Qué te dijo? - Está en la capital.
He cuadrado un encuentro para mañana ahí.
- Sé dónde es. - Minerva está allí.
Puedo ir con Patria.
¡Ay, no, Dedé! Si tú te vas, ¿quién atendería el negocio?
- También es verdad. - Quédate. Voy sola.
Patria, no quiero que vayas sola.
¿Qué alternativa tenemos?
Me puedo ir mañana en el primer autocar que sale.
Miren, avisamos a Minerva para que me espere mañana en la terminal.
Y así me acompaña a ver a ese tipo.
- ¿Qué te digo? - Sí.
¿Está bien, mamá?
Está bien.
Está bien.
- Muchas gracias a usted. - Eres muy linda.
- Muchas gracias. - Una beldad.
Ha sido un gran discurso, general.
No he hecho más que decir la verdad.
¿Conoce a mis hermanos? José, Héctor, mi hijo.
Mucho gusto.
Imagino que el talento para la política está en la sangre de la familia.
Usted lo ha dicho.
Embajador, creo que debemos aprovechar la oportunidad
y así le ahorro un viaje a palacio.
Necesitamos que el pueblo dominicano tenga constancia de todo cuanto acontece.
¿Y qué tiene en mente?
La televisión.
¿De qué manera puedo ayudarlo?
Mi hermano José, en calidad de ministro de las Comunicaciones,
se está encargando de las negociaciones con diversas empresas,
pero, para nosotros, las marcas americanas tienen un sitio de privilegio
a la hora de elegir.
Veré qué puedo hacer para ayudarlos.
Estamos en una situación delicada.
Al presidente Truman le preocupa mucho la estabilidad política
de las islas del Caribe.
¿Nos dejan, por favor? ¿José?
Adelante.
- No, usted. - Gracias.
Muchas gracias.
Okay.
En Cuba, los focos de la resistencia son cada vez más grandes
y el Gobierno de Batista no logra controlarlos.
Hay un temor cierto de que estas conductas lleguen a la República Dominicana.
No.
Gracias a Dios, esto no es Cuba.
Y usted puede comprobarlo por sus propios ojos.
Las transiciones presidenciales,
como la que están por llevar adelante, son siempre un...
¿Cómo decirlo...?
Un enigma.
No, no, no. Pero las relaciones con Estados Unidos son intocables.
La sucesión de mi hermano como presidente no hará sino reafirmar ese compromiso.
Y ahora volvamos al inicio.
Estos revolucionarios comunistas izquierdosos,
con sus mentiras, tienen una ideología muy peligrosa
y logran llegar al pensamiento del pueblo.
Precisamente para contrarrestar ese pensamiento tan nocivo,
para apoyar a ese pueblo, necesitamos darle al dominicano alegría,
paz, confianza en su país y en nuestros aliados.
Créame, embajador, de veras, necesitamos la televisión.
Déjeme ver de qué forma puedo ayudarle.
¡Salud!
Salud.
Buen día.
Buenos días, cariño.
Vasco, ¿le pones un cafecito a la muchacha?
Bien cargadito.
- ¿Quieres comer algo? - No, solo café.
¿Cómo estás?
Anoche prácticamente ni dormí.
No me extraña. Yo tampoco pegué ojo.
¿Pueden ser tan hijos de puta estos cabrones?
Se ensañaron con don Enrique.
Gracias.
Hay algo que no te dije por teléfono.
Mis hermanas tienen un contacto y las mandan reunirse con un tal Morales.
Dice que sabe dónde está papá.
- ¿Qué contacto es ese? - De Jaime.
Ellos no lo conocen, pero parece que está bien conectado en el Gobierno.
¿Alguien del Gobierno?
Puede ser una trampa, Minerva.
¿Vas a ir?
No puedo dejar que Patria vaya sola a encontrarse con un desconocido
y menos por algo así.
Me parece un poco arriesgado.
Temo que pueda empeorar las cosas.
Minerva, es tu padre.
Y estamos viviendo una situación de vida o muerte.
Esto lo está destrozando.
A él, a ti, a tus hermanas, a tu familia.
Incluso a nosotros, sus amigos, a todos los que lo queremos.
Hemos llegado al extremo de dejar de lado los apuntes ideológicos
y buscar una solución inmediata.
De verdad que me escucho y no puedo creer estar diciendo esto.
Pero esta gentuza está haciendo esto más largo y doloroso a propósito.
¿Cuándo va a terminar todo esto?
No hay una sola noche en la que me acueste sin pensar en la muerte del Chivo,
en implicarme cada día más, que seamos muchos
y que arda la isla.
Si hace falta, que arda.
- Me voy para la parada. - No, no, no, no, por favor. Deja eso.
Una última cosa, Minerva.
El otro día te vi hablando con un chaval, un estudiante, Pierre.
- ¿Lo conoces? - Conozco a varios de ese grupo.
Solo te pido una cosa.
Estate muy atenta y cuídate mucho, por favor.
- Tú también. - Minerva, yo me cuido si tú te cuidas.
Tenme al tanto.
¡Ay, Minerva!
A mí no me gusta para nada este sitio.
No creo que sea seguro encontrarnos con él aquí.
No tenemos otra opción, Patria.
Si nos han citado cerca del hospital, ha de ser buen indicio, ¿no?
Debe ser que tienen a papá internado allí.
¿Cómo vamos a saber quién es este tal Morales?
No lo sé.
Julio.
Gretchen.
Sí, señor. Enseguida se lo traigo.
- ¿Hermanas Mirabal? - ¿Sí? ¿Señor Morales?
El mismo.
Disculpen que no les dé la mano, pero este lugar está lleno de microbios.
Ahora mismo no les puedo decir mucho, pero tenemos que actuar rápidamente.
- Queremos ver a mi padre. - No es tan sencillo.
Nos dijeron que nos puede ayudar, que tiene contactos.
Este lugar no es seguro. Hay oídos por todos lados.
Y lo de su padre es un asunto muy crítico.
No es un simple tema de salud.
El Kid ha sacado de esta isla a homosexuales, negros,
judíos por mucho tiempo.
Si alguien te puede ayudar a huir, es él.
- ¿Cómo lo hacemos? ¿Vamos ahora? - Ahora no.
Primero te vas a quedar en un lugar seguro hasta que termine de organizar el viaje.
No te preocupes porque te voy a ayudar con todo lo que necesites.
¿Y dónde lo van a llevar?
Primero vamos por mar hasta Haití.
Y de allí, un avión a México.
No queda ninguna otra opción, ¿verdad?
Cuanto más tiempo perdamos, más peligroso es.
Todo va a ir bien.
Ya verás.
Gracias.
Por favor, cuídate mucho.
Tú también.
¿Aitor?
Hola. Hola. Sí, soy Arantxa, la hija de Asier.
No, no. No, no. No le digas nada.
Solo quiero saber cómo está.
Trabajé durante 15 años en el servicio de inteligencia.
Y, cuando me retiré, pues quise abandonarlo todo, pero...
¡Qué va! Uno no se puede retirar por completo de esto.
Así que sé qué decir y qué no decir.
Tengo algunos amigos agentes que pertenecían a mi equipo
y sigo en contacto con ellos.
Así que ayudo desde el lugar que me toca.
¿Qué sabe de él?
Bueno, don Enrique está en un estado muy delicado por...
su condición.
Claro que eso no es nada nuevo,
pero tenemos que sacarlo cuanto antes de ahí.
Hay mucho funcionario detrás de este caso y es muy difícil liberarlo.
Y más de un hospital militar como este.
He hablado con mi gente y me dice que su padre es un hombre muy bueno,
que no merece estar aquí.
Pero nos puede ayudar, ¿sí o no, señor Morales?
Bueno, moviendo algunas fichas, haciendo algunas llamadas, creo que sí.
Entonces, ¿qué tenemos que hacer?
Bueno, hay mucho médico, mucho funcionario,
mucho personal involucrado en una acción de este tipo,
pero, a fin de cuentas, todos quieren lo mismo: dinero.
¿De cuánto estamos hablando?
Dos mil dólares.
- Pero eso es una pequeña fortuna. - Es mucho el riesgo.
Podemos juntar ese dinero.
Sí, pero es una locura.
¿Qué pasa si buscamos el dinero, pero no sueltan a papá?
Bueno, yo suelo utilizar el dinero cuando todo está seguro.
Si el dinero está, su padre sale.
Ahora, si es porque desconfía de mí, es libre de levantarse e irse.
- Bueno... - No, no. No es eso.
Permítanos hablarlo con el resto de la familia.
¿Cuánto tiempo tenemos para juntarlo?
Todo depende de la salud de su padre.
Si me pregunta, tendríamos que hacerlo en las próximas 72 horas.
Es muy poco tiempo.
Minerva, por favor, no montes un escándalo. Te lo pido.
Déjame hablarlo con mamá, ¿sí? Ya te entendí.
Bueno, tomen su decisión y llámenme. Yo solamente soy un servidor.
Ahora, una cosa sí les digo.
Puedo abrir las puertas del hospital, pero no mantenerlo con vida.
Subtítulos: Carmen Arnaldos Almagro
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