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Qué buen salchichón.
Tenga cuidado, Jules.
La charcutería no es Io mejor para usted.
Al contrario. Es ideal.
¿La compraste para mí cuando te dijo que venía?
Sí. En Nagaud.
¡Ah, Nagaud!
Qué andouillette más buena...
El abuelo de Nagaud se enriqueció durante la Ocupación.
Era el rey del mercado negro.
Olvidemos esas viejas historias y disfrutemos del salchichón.
No me dijo nada de su charla en la Casa de la Cultura.
Porque no hay nada que decir.
Contribuí a mi deber de memoria.
El deber de memoria es una idiotez.
A mí me parece muy bien. La gente se olvida de todo.
Afortunadamente.
La vida no es posible sin el olvido.
Yo diría: "No hay vida sin memoria".
Ambas valen:
la memoria para recordar
que Nagaud hace el mejor salchichón
y el olvido
para no pensar en Io que hizo para enriquecerse.
Pero los recuerdos compartidos con los allegados
son importantes.
La memoria forrada de olvido. La memoria selectiva.
Seleccionamos ciertas cosas.
Está buenísimo.
No me ha dicho nada de su charla en la Casa de la Cultura.
¿Ya Io he preguntado?
Hace dos minutos.
Estoy amnésico tras hablar de la memoria.
A todo esto,
se acuerda de mi compañero de habitación,
el deportado búlgaro, Léonine.
- Sí, claro. - A mí no me suena de nada.
Claro, como vienes tan poco a verme.
Se murió la semana pasada, de repente, durante la noche.
Fue una muerte apacible.
Vi a su hijo el día siguiente.
Es un dirigente del Frente Nacional.
Se dan cuenta, el hijo de un deportado...
El nieto de Edmond Lherbier está vinculado al FN, ¿Io sabían?
¡Pobre Edmond!
Estará revolviéndose en su tumba.
Ser alcalde comunista durante 30 años y engendrar a un fascista.
Por favor.
¿Qué es eso?
Lo he olvidado.
Gracias.
A mí, el recuerdo me alivia.
Pues a mí, me angustia.
No me habló de su charla en la Casa de la Cultura.
UN PUEBLO FRANCÉS
EL DESEMBARCO
Quería decirle que no sufrió.
Y como un policía fue testigo del salto,
no hace falta hacer autopsia.
Salvo si usted Io desea.
¿Cómo sabe que no sufrió?
Es decir...
Murió en el acto: fractura de cervicales.
Por eso sé que no sufrió.
Bueno, es Io que imagino.
Pero yo no soy médico
como usted, claro.
¿Van a tardar mucho?
Es decir...
Esto es una morgue provisional.
Están haciendo un parking
subterráneo en la plaza,
junto a la calle Marcel Larcher.
Un momento...
Larcher... ¿Es usted pariente de Marcel Larcher?
Sí.
Bueno, entonces están haciendo...
un parking subterráneo,
en la plaza,
y hubo un problema con...
los cimientos de la clínica y de la morgue.
Temen que se derrumbe.
Por eso la morgue está aquí.
Como no hay lugar suficiente, una parte de...
de los clientes vienen de allí,
de la morgue principal.
¿Por qué no la llevaron a la morgue principal?
No podíamos.
Por seguridad. Temen que se derrumbe.
Han tardado mucho.
La Iona para la pintura del hall
dificulta mucho entrar la camilla.
¿Nos quedamos, nos vamos o qué hacemos?
No Io sé. Vuelvan en 10 minutos.
Señor Larcher, ¿10 minutos serán suficientes?
Sí.
Lo siento mucho. Es porque...
Es provisional. Son 15 amperios.
No aguanta la tensión.
Ahora vuelvo. Traeré una linterna.
¿Sr. Larcher?
Es Io único que he encontrado.
Oh, Io siento.
Desearía estar a solas con ella, por favor.
Sí, por supuesto.
Voy a buscar el disyuntor.
- Le dejo la linterna. - Gracias.
Hortense...
¿Por qué Io has hecho?
Siempre quise saber Io que se sentía.
- ¿Al morir? - No.
Al saltar por la ventana.
¿Y qué se siente?
Te mueres.
A menos que saltes desde la planta baja, supongo.
Hacía tiempo que no te tocaba.
No todos los días son festivos.
Es curioso...
Siempre pensé que sería el primero en marcharse.
A tu edad, ya deberías estar acostumbrado a equivocarte, ¿no?
Uno nunca se acostumbra.
¿Sufriste?
Todo el tiempo.
Desde mi más tierna infancia.
Pero nadie me creyó nunca.
Excepto Heinrich.
Pero él...
A él le encantaba hacer daño.
Te va a aliviar que ya no esté aquí.
No Io sé.
Eras mi dolor.
Va a ser extraño vivir sin dolor.
Voy a aburrirme.
Solo tienes que pensar en mí.
De vez en cuando,
cuanto te apetezca sufrir un poco.
Te Io prometo.
¿Sabes Io que pensé el otro día?
El comandante no tenía orden de disparar.
Explíqueselo a los electores. Los colegios ya están abiertos.
¿No dices nada?
Es mejor que no Io haga.
¡No fui yo quien disparó! No exageren.
Fue un poco usted, señora.
¿No sabían que la huelga había acabado?
¿No llamaste a De Kervern?
Suzanne tenía que hacerlo.
¿Y te fiaste de ella?
Adiós, Raymond.
¿No va a esperar los resultados?
Los sabemos desde anoche, estimada señora.
La vida es corta.
Tengo asuntos que resolver.
¿Tal vez los comunistas no Io llamaron?
Está delirando.
Hasta luego.
He anulado el contrato de las vías del tren.
- Vas a perder... - Lo que me queda, sí.
Voy a hundirme alegremente.
Pero crearé otra empresa.
Una que será solo mía.
- Eres injusto. - Sí.
Y tú eres justa. Para equilibrarlo.
No quiero polemizar sobre el drama de la serrería de Schwartz.
Simplemente, me inclino ante un camarada cuya muerte
afecta a los trabajadores,
los resistentes,
los humanistas.
Creo que conocía personalmente a Anselme Mercier, ¿verdad?
Ambos participamos en la Resistencia.
Yo en el PCF. Él no.
Coincidimos en varias ocasiones.
Pero no hablaré de mí.
La tragedia en la serrería Schwartz
solo impone una cosa:
recogimiento y discreción. Gracias.
Creía que no te vería más.
Edmond Lherbier, candidato comunista...
Fui muy afortunado.
¿Están nuestros asesores?
- Lo comprobé. - ¡Vuelve a hacerlo!
¿Qué ocurrió anoche?
No Io sé.
Me enteré de todo por la radio.
Pero bueno...
¿No avisaste a De Kervern? - Pues no.
- No tenía noticias tuyas. - ¿"No tenías noticias"?
Hablé con un camarada a las 8 h,
y le dije que la huelga había terminado...
Me dijo que te informaría.
¿"Un camarada"?
¿Conoces su nombre?
Edmond, ¿has sido capaz?
¿"Capaz" de qué?
¿Max?
¿Tú sabes algo?
Mírame.
Max está agotado.
- Estuvo en un campo... - Mírame, Max.
Deberías ir a descansar.
¿Max?
Lo siento.
Suzanne...
No vuelvas a dirigirme la palabra.
Jamás.
Adiós, Max.
Supongo que harás Io mismo.
¿Y adónde voy a ir?
"Mi casa está enferma, pero es mi casa".
¿De quién es?
De un poeta soviético.
Muerto en un campo.
¿Le duele todo el tiempo o no?
Todo el tiempo.
Con pinchazos agudos en el dedo pulgar y el medio.
Apenas puedo sujetar el arma.
La guerra ya terminó, pero para un gendarme no está bien.
A priori, es artrosis.
Le haré una prescripción para una radiografía.
Quería preguntarle
por la Sra. Morhange,
¿tiene noticias de ella?
Murió volviendo de Drancy.
Realmente, era buena persona.
Sí.
El paso de los judíos por la escuela fue duro.
Pienso en ello a menudo.
Yo también.
Yo me libré de la purga.
Ayudé a la Resistencia en el 43,
por casualidad.
Pero bueno.
Conseguí una medalla.
Yo conseguí la indignidad nacional.
A veces, depende de muy poco.
Tenga.
No espere demasiado para tratarse la artrosis.
- ¿Cuánto le debo? - Nada.
Una cosa. ¿Logró ver a la polaca que Io buscaba?
- ¿Cuál? - La de Birkenau.
Vino a la gendarmería. Lo estaba buscando.
Se llamaba Rachel...
No sé qué más.
Debía tomar un tren por la tarde. Quería verlo antes de irse.
Tenía un mensaje de otra persona.
Le di su dirección.
¿No vino a verlo?
Bien, pues...
Gracias, doctor.
¿Por qué hizo eso?
¿Has visto los resultados?
Hola a todos.
Bien.
Quería decirles...
Voy a cerrar la serrería.
Pero bueno.
Voy a crear otra empresa...
Y me comprometo con ustedes
a contratar a quien esté disponible
en las mismas condiciones que negociaron.
Nada más.
- ¿Amélie no ha venido hoy? - No. Y Hubert tampoco.
¿Saben dónde vive la mujer de Anselme?
Estaban separados, creo.
Hay que encontrarla, para avisar a sus hijas.
Suzanne la sabrá.
OK. Hablaré con ella.
¡Hubert!
Señor Schwartz.
Vine a ver si...
Si me necesitaba para algo.
- ¿Amélie no ha venido con usted? - No.
Cuida del niño.
Está un poco enfermo.
Hoy está con su suegra.
¿Dónde está ella?
Le he dicho que con el niño.
Dime dónde está, desgraciado.
¡Amélie!
¡Amélie!
- Maldito cabrón. - Cuidado...
Me duele todo.
Me ha roto el brazo.
No puede quedarse aquí. Me la llevo.
¿Y Hubert?
Le he partido la cara. No va a venir.
- ¿Lo ha matado? - No, pero me habría encantado.
Me pareció más inteligente venir a verla.
Deme su brazo.
Cuidado.
- ¿Así está bien? - Sí.
Se pondrá bien.
Se pondrá bien.
Un pequeño esfuerzo más.
Tranquila, se pondrá bien.
Se pondrá bien.
No nos casamos.
Pero es mejor que una boda, es como volver a nacer.
He salido de la cárcel.
Quítate esto.
- Solo hay algo que me intriga. - ¿Qué?
¿Por qué Chassagne...? Jeannine...
¿Por qué hizo que te soltaran?
No Io sé. ¿Tal vez por tener un buen gesto?
Tal vez sea ella.
Me extrañaría.
Quítate eso.
Sí.
¡Hubert!
¿Qué quiere?
Quiero hablar con usted.
Ahora no puedo.
Pase mañana por mi oficina.
Buena idea.
Pero me voy a Cayena.
Pues cuando vuelva de viaje.
Prefiero hablar con usted ahora.
Bien. Está empezando a molestarme.
Hizo una apuesta y perdió.
Aún no Io he perdido todo.
No puede recuperar a su mujer de esta manera.
Le digo que cometí un error.
Discúlpeme, colega,
pero su mujer tiene alucinaciones.
- No hay duda. - Tal vez.
Si la traje, fue por una historia cierta que creía que era un delirio.
Sr. Larcher, un loco puede tener razón.
Aun así, sigue estando loco.
Para mí, no.
Pero usted no está solo.
Su mujer se paseó desnuda.
Agredió a nuestro personal.
Es peligrosa para ella y para los demás.
- Quiero Ilevármela. - Me niego.
Pero no está en la cárcel.
Va a estar internada durante un mes.
Después, sacaremos conclusiones.
¡Soy su marido!
Yo la traje aquí.
Pero no por eso deja de ser un peligro para la sociedad.
Es una irresponsabilidad.
Presentaré un recurso.
Está en su derecho.
Presente un recurso ante la Comisión Regional de Salud.
El plazo de respuesta es de entre seis y nueve meses.
Michel... ¿Qué tal?
Te robo un cigarrillo.
Sírvete.
¿Usted quién es?
El Dr. Gaspard, de la inspección sanitaria.
Acabo de hablar con el Dr. Vignal.
Voy a echar una ojeada.
Hortense.
Hortense.
¿Es su marido?
Daniel, ¿verdad?
Decía que vendría, pero yo no me Io creía.
- Hortense, despierta. - Le han puesto tranquilizantes.
Son unos monstruos.
- Despierta. - Le pusieron una inyección.
Hortense.
- Ya no aguanto estas visiones. - Hortense, soy yo.
Estoy aquí. Tenías razón respecto a Sarah.
Me equivoqué.
Ahora me crees.
No estás loca, Hortense.
Yo soy el loco, por haberte traído aquí.
Ven, te llevaré conmigo.
- Me crees. - Nos iremos juntos a otro lugar.
Empezaremos una nueva vida juntos.
¿Quién es?
Daniel Larcher. Soy el marido de esta mujer.
También soy médico
y esto me escandaliza.
Las correas están apretadas, le saldrán escaras.
Algunos enfermos están desnutridos.
Vaya al pabellón.
- Avise al doctor. - Lo llaman el purgatorio.
¡Seguridad!
No me dejes.
No me dejes.
No me dejes.
¡Llamen a seguridad!
¡Cuente Io que ocurre aquí!
Déjeme pasar.
Cálmense.
Mamá, ¿quieres café?
Vas a matarme.
Hoy no.
Es mejor que vaya a descansar una horita.
La charla me ha dejado agotada.
¿Lo llevamos de vuelta luego?
Allá, sí.
Yo quiero café.
Salchichón, café...
Te estás pasando.
Gracias, gracias.
Pórtense bien, ustedes dos.
¿Puede dejarnos solos, por favor?
- ¿No está bueno? - Sí, sí.
¿Hace cuánto tiempo que no has venido a verme?
Si amas a alguien, no Io cuentas.
Tres meses, ¿no?
Cuatro.
¿Me Io reprochas?
¿Cómo podría?
Eres mi única historia de amor.
Tú también.
En cuatro meses, han pasado cosas.
¿Dónde?
En mi estómago.
Es la última vez que nos vemos, Françoise.
Desde hace cinco días, aguanto...
a base de Inyecciones de un medicamento...
del que afortunadamente olvidé el nombre.
Mi corazón va a dejar de latir.
Me han dicho que no me dolerá.
No seré centenario.
Por poco.
¿Mamá Io sabe?
No, no.
No quiero que Io sepa.
No quiero quedarme con la imagen de sus lágrimas.
O tal vez es porque temo que no Ilore.
- ¿Te duele? - No, no.
No, desde las inyecciones.
Me quitan el dolor.
Pero también me quitarán la vida.
Por eso me he invitado hoy.
No quería decírtelo por teléfono.
Déjame ir contigo.
- No, no. - Sí.
No quiero que estés solo.
Yo decido, y quiero estar solo.
Déjame marcharme solo.
Y no le digas nada a tu madre.
Es todo Io que te pido.
Si quieres ayudarme, hazlo por mí.
No decirle nada, eso hice toda mi vida.
Unos días más.
Dos o tres.
Mamá y yo fuimos al cementerio.
Se adelantaron.
Se quedó mucho tiempo frente a una tumba.
Me dijo que era un amigo.
Sentí que esa amistad...
era algo especial.
¿Sabes quién es?
Sí, sé quién es.
¿Vas a decírmelo?
Sí, voy a decírtelo.
Hola, cariño.
Estás hermosa.
¡Ve a sentarte!
No la tome con ella.
Cállate.
Si haces algo, Io pagará ella. ¿Entendido?
¿Lo has entendido?
- No me das miedo, Hubert. - ¿Ah, no?
De rodillas, Schwartz.
Las manos en la cabeza.
Apresúrate.
No deseo asustarte, Amélie.
Deseo hacerte daño, como tú me hiciste.
Eso no creo que Io consiga jamás,
pero al menos te harás una idea.
Déjennos solos.
Acaba de violar todas las reglas deontológicas.
Lo denunciaría al Colegio de Médicos.
Debería de hacerlo, sí.
Dígales que miente en las muertes de los pacientes.
¿A qué se refiere?
En el edificio de ladrillos rojos,
hay tres fallecidas a causa de un ictus apoplético.
Pero ambos conocemos la causa real.
¿Está delirando?
Murieron de malnutrición.
Tenían un edema en el tobillo.
Característico.
¿Por qué las mata de hambre?
No se Io consiento.
Hace meses que luchamos para salvar al máximo posible.
Para salvar, sí.
¿Desde cuándo se mueren de hambre en un hospital público?
Desde julio de 1940, Sr. Larcher.
¿Cómo dice?
¿Cree que esto solo ocurre aquí?
En Charbonnières, la tasa de mortalidad es del 20 %.
En otros el 30.
En Châteauneuf, muere uno de cada dos.
Y ocurre Io mismo en los asilos para ancianos.
¿Cómo puede ser eso?
En un país muerto de hambre,
dejaron morir, literalmente, a los locos y a los viejos.
Las dotaciones alimentarias bajaron.
Desde febrero del 41, estamos por debajo del mínimo vital.
La Ocupación terminó hace un año.
Pero la escasez no. De momento, es aún peor.
Tanto con Pétain como con De Gaulle,
a nadie le importan los viejos y los locos.
Bueno.
A mí, Io que me importa es mi mujer.
No puedo dejar salir a una alienada que está interna.
Contaré sus cientos de muertos de hambre a la prensa.
¿Por qué no te vienes conmigo?
Fuera, no me siento bien.
- No está hecho para mí. - ¿Qué no está hecho para ti?
La gente.
Dicen que quieren hablar conmigo,
pero en realidad solo quieren comerme.
- Vamos, Hortense. - ¡Un segundo!
Me despido de una amiga.
Podrás venir a verla.
Podrás escribirle.
Sal de aquí.
Sal de aquí por nosotras dos.
- ¿Me enviarás caramelos? - Sí, te enviaré caramelos.
Hortense.
Escucha a tu marido.
Es tu príncipe azul.
Es tu príncipe azul.
Vamos, ven.
¿Estás bien?
Sí, estoy bien. No te preocupes.
Es raro que no hubiera nadie más,
aparte de nosotros.
¿Ya no ves a Suzanne?
¿A Suzanne?
La vi en la televisión, una vez,
cuando se debatió la ley del aborto.
Salvo por eso... no.
¿Y los cuadros?
No sé qué haré.
Hablaré con la hija de Bériot.
Tal vez ella pueda... No Io sé.
Podemos volver a vernos...
De vez en cuando, si quieres.
Sí, sí...
Hacía años que no nos veíamos,
y de repente, nos vemos...
aunque sea en un momento...
Pero podemos quedar.
- Bueno, como quieras. - Escucha... Claro que sí.
No tomamos cita ahora, ¿no?
Ya no tengo agenda.
Y yo no tomo citas.
Apareceré el día D.
Aparece cuando quieras.
De todas formas, estaré aquí.
De acuerdo.
Papá, voy a marcharme.
Nathalie trabaja mañana muy pronto
y con la varicela de Jérôme...
¿Estás bien?
Sí. Escuchen...
No soy adivino, pero creo
que Io superaré.
- ¿Vienes a cenar el viernes? - Sí.
¿Puedes llevar a Gustave a la estación?
Por supuesto.
No quiero molestarte, iré a pie.
No. ¿La estación de Villefranche?
Sería estupendo, sí.
- Bueno. - Bueno.
Dales un beso a Nathalie y Jérôme.
Sintió marcharse del cementerio.
Está cansada y mañana trabaja muy pronto.
Ya está bien que haya venido.
Hasta pronto.
Nosotros... ¿Nos damos la mano o nos damos un beso?
No Io sé.
Bueno.
Adiós, Gustave. Me he alegrado de verte.
- Volveremos a vernos, ¿no? - Sí. Te he dicho que sí.
Y espero que Léonor se cure pronto.
No es nada grave.
No es nada.
Disculpa, es que...
Bueno, pues nos vamos.
Adiós, tío.
Adiós... Gus.
¡Amélie!
Sírveme un whisky.
Durante cinco años, en el stalag,
todos los días, todas las noches,
soñé con volver a ver mi país,
mi casa,
a mi mujer.
Y un buen día, volví.
Mi país me ignora, me desprecia...
mi casa ya no es mi casa
y mi mujer ya no es mi mujer.
Y para colmo, este amable patrón, muy humano,
muy comprensivo, me da trabajo
y me roba a mi mujer.
Y tengo que aceptarlo.
Deténgase aquí, Lucienne.
Me gusta mucho este lugar.
Huele bien, ¿por qué será?
Seguramente es por el laurel que hay allí.
Me gusta cómo les da sentido a las cosas.
¿No le parece que...
Françoise estaba especialmente triste hoy?
No. No especialmente.
Nunca fue muy alegre.
Despidámonos aquí. Voy a tomar un poco el aire.
Normalmente, le gusta que Io acompañe.
Sí, pero hoy es diferente.
Deje que me duerma en los laureles.
La próxima semana,
le traeré botes con hierbas.
Laurel, tomillo, lavanda,
ajedrea...
¿Por qué no se me ocurrió antes?
¿La semana próxima?
Sí, claro.
El martes.
Como todas las semanas.
¡Ah, sí! Sí, claro.
Desde que está aquí, jamás falté a mi cita de los martes con Bériot.
¡Ah, sí! Es verdad.
Es muy fiel.
No sea retorcido.
Hago Io que puedo, como siempre hice.
Hasta la semana que viene, Lucienne.
Hasta la semana que viene, Jules.
¿Por qué me da un beso?
Nunca Io hace.
No Io sé.
Por el 60 aniversario del desfile.
Pero si yo no estuve allí.
Pero yo sí.
Cuando los hombres vivan del amor
No habrá más miseria
Y comenzarán los días hermosos
Pero nosotros, Ya estaremos muertos, hermano
Cuando los hombres vivan del amor
Habrá paz en la Tierra
Los soldados serán trovadores
Pero nosotros Ya estaremos muertos, hermano
En la gran cadena de la vida
Por la que debíamos pasar
Donde teníamos que estar
Nos llevamos la parte mala
Cuando los hombres vivan del amor
No habrá más miseria
Y comenzarán los días hermosos
Pero nosotros Ya estaremos muertos, hermano
En la gran cadena de la vida
Por la que debíamos pasar
Donde teníamos que estar...
¿Qué quiere que hagamos?
Sobre todo, si se queda.
Es mi mujer, Carlotta.
Busco a mi bebé.
Me habría gustado tanto conocerla.
Si te divierte...
No.
¡Basta!
Ojalá fuera para siempre.
Nada dura para siempre.
- ¿Por qué saliste y él no? - Es complicado.
¡Es asqueroso!
Solo hay una cosa extraña en ti:
nunca dices Io que piensas.
Resultado: no dejó que nadie se fuera.
Y murieron todos.
140 hombres, mujeres y niños.
¡No Io sabía!
La muerte nos llega a todos, tarde o temprano.
Pase Io que pase, siempre serás mi hermano.
Ayúdame a morir, Marcel.
¿Lo harías si fuera yo?
Jamás nos perdonarán Io que estamos haciendo, Servier.
Salvamos la vida de 10 personas.
¿Te molesto?
No.
¿Te importa que coma algo?
Tengo mucha hambre.
No.
Pasaba por aquí.
Y pensé: "Voy a ir a ver a Daniel".
Es muy amable.
Entre hermanos, es Io normal.
No siempre pensaste así.
"Olvidemos el pasado", dijo Jrushchov a Tito.
Si quieres.
Me gustaría.
Además, quería...
darte las gracias.
Bueno... disculparme.
¿Disculparte?
Sí.
- Por los soldados. - ¿Qué soldados?
Cuando robé los soldados de papá,
tú recibiste los azotes.
¿Lo habías olvidado?
No.
- Nunca Io habíamos hablado. - Es cierto.
Solo quería decirte...
Que fue muy bonito. En serio.
Jamás Io olvidé.
Bueno.
Tengo cosas que hacer. Están esperándome.
¿Puedo ir contigo?
Claro.
Si quieres.
- ¿Estás lista? - Sí.
¿Enviaste los caramelos?
Dos paquetes.
Oye,
¿crees que seremos felices en París?
Sé que en Villeneuve no Io seremos.
¿Cómo haremos para ver a Tequiero?
- ¿Tienes ganas de verlo? - Sí.
Nos arreglaremos. Vendrá a vernos de vez en cuando.
¿La ropa ya salió?
Sí. Ayer, en tren.
Me apetecía cambiarme de vestido.
Este te queda muy bien.
No me apetece que la gente me mire.
Anda, ven.
Adaptación: Enrique Tormo Palop para ECLAIR
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