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Original subtitles

Para entenderlo,

tengo que contarles...

Los cuatro maquis,

Claude, Thierry,

Arnaud y François,

eran mis amigos.

Y...

No puedo...

No puedo contarles cómo los cuatro maquis

se sacrificaron,

porque no se sacrificaron, sino que nosotros los sacrificamos.

Siento mucho decepcionarles.

La verdad es demasiado importante

como para que esta ceremonia deforme la memoria.

Fue dos días después del desfile del 11 de noviembre.

Nos tendieron una trampa,

estábamos rodeados.

La única forma de escapar era escalando

el acantilado.

Era difícil, pero Io conseguimos.

Bueno...

Casi.

Cuando los nazis llegaron,

quedaban cuatro compañeros abajo.

Los nazis iban muy bien armados.

No podíamos ganarles.

Entonces...

Solté la cuerda con la que habrían podido subir.

Y los abandoné a su suerte.

Esa es...

la verdad

sobre los cuatro maquis.

¡Claude!

UN PUEBLO FRANCÉS

EL TÚNEL

¡Magnífico testimonio!

Muchas gracias, Antoine.

Gracias a usted,

a quien agradezco su coraje

y su sinceridad,

ahora sabemos,

cómo nuestros amigos y hermanos,

nuestros compañeros, murieron por Francia.

¡No eligieron ser héroes,

pero terminaron convirtiéndose

en auténticos héroes de la Resistencia!

Después...

de este homenaje,

inevitablemente insuficiente

a nuestros cuatro maquis,

tenemos que preguntarnos cómo prolongar su legado.

Aquello por Io que murieron.

Le cedo la palabra

a Raymond Schwartz,

todos saben quién es,

que conoció a los cuatro maquis

y que, creo,

quiere anunciarnos algo importante.

Raymond, por favor.

No soy un hombre de discursos.

"Nosotros...

"nos inclinamos ante los que murieron,

"o fueron gravemente heridos.

"A quienes conocí bien durante mis largos meses en la Resistencia.

"La lucha por nuestros valores sigue:

"libertad, igualdad,

"y el valor supremo, la fraternidad.

"La lucha de De Gaulle en Francia,

"también se lleva a cabo en cantones, ciudades...

"Las elecciones de Villeneuve serán en diciembre,

"y de acuerdo con mi compañero Lanzac,

"amigo de la Liberación,

"y Bériot, diputado

"que desea dedicarse a su carrera nacional,

"presento mi candidatura

"a la alcaldía de Villeneuve".

Y para comenzar, desearía rebautizar una de las calles de la ciudad

"calle de los Cuatro Maquis".

¡Bravo!

Para que la llama de su combate no se apague nunca.

¡Viva De Gaulle, viva la Resistencia y viva Francia!

¡Viva Francia!

¡Gracias, camaradas!

Gracias.

Voy a ceder la palabra al camarada Roger Marteau,

diputado constituyente, que va a decirnos unas palabras.

Aclamemos a nuestro camarada Marcel Larcher...

fusilado por los fascistas,

como 75 000 militantes comunistas

Io fueron entre 1940 y 1944.

Me gustaría leer aquí todos sus nombres.

Evidentemente no es posible.

Marcel Larcher,

muerto por Francia el 13 de noviembre de 1943.

Marcel Larcher,

que conocía bien,

ni siquiera tiene un callejón con su nombre.

¡Vergonzoso!

¡Qué injusticia!

¡Es el símbolo de los tiempos presentes!

Cuando pienso que nuestro partido fue el primero

en combatir a los nazis.

Desde el 10 de julio de 1940, con la llamada de Maurice Thorez

y Jacques Duclos.

Cuando pienso que nuestro partido

fue la punta de lanza de la Resistencia

ejecutando oficiales nazis en 1941,

acción en la que Marcel Larcher

participó heroicamente aquí.

¡No! ¡Hay que poner las cosas en su sitio!

¡El proceso histórico en su lugar!

¡Nuestros 75 000 fusilados Io exigen!

¡Debemos, por todos los medios,

reclamar, exigir,

obtener una calle Marcel-Larcher en Villeneuve!

¡Viva el PCF, viva la Resistencia

y viva Francia!

¡Bravo!

Para evocar mejor que yo

la memoria de Marcel Larcher,

doy la palabra al camarada Edmond Lherbier,

amigo suyo y compañero de armas,

candidato a la alcaldía de Villeneuve,

y estoy casi seguro,

¡futuro alcalde de Villeneuve!

Gracias, camaradas.

Marcel Larcher es para mí,

y Io será siempre,

un modelo.

Serio,

modesto, trabajador y responsable

en sus análisis dialécticos,

era la esencia de un gran militante,

¡el que logra victorias y hace revoluciones!

Aún puedo verlo,

a partir de 1940,

dispuesto a arriesgarse por ir a una cita.

¿Entonces?

¿Es cierto Io que dice?

No, no es verdad.

Pero la verdad no es importante.

Lo que cuenta es luchar para que cambien las cosas.

Mamá decía que mentir no está bien.

A los padres y a los camaradas, no.

¿Te esfuerzas en el cole?

Ya no voy al colegio, papá.

¿Ah, no?

Búscale sentido a tu vida, Gustave.

Y solo hay un sentido posible: el del proceso histórico.

¿En qué lugar te situarás?

Eso Io leí en tu cuaderno, pero no Io entendí muy bien.

Gustave,

el mundo es injusto.

El rico aplasta al pobre,

El blanco aplasta al negro.

El poderoso aplasta al débil.

- Sí, eso Io entiendo. - Es la lucha de clases.

Has de elegir un bando.

Defender a los ricos o a los pobres.

No hay término medio.

El proceso histórico es que un día, los pobres ganarán.

Y construirán un mundo más justo donde se vivirá mejor.

No se dejará a nadie de lado.

Por eso tienes que luchar.

Eso es Io que cuenta.

¿Comprendes?

¿Por eso te marchaste?

Sí.

Por eso me marché.

No te equivoques al respecto.

Por cierto,

mamá te da un beso.

El género humano

Es la internacional

Agrupémonos todos

En la lucha final

El género humano

Es la internacional

¡El tribunal!

Siéntense, por favor.

Acusados, en pie.

El tribunal, tras haber deliberado,

en aplicación de los artículos 75 a 77 del código penal,

las disposiciones del 15 de febrero de 1943

y del 14 de agosto de 1944,

condena a Servier, Luc, Henri, Saturnin,

nacido el 10 de marzo de 1902 en Courbevoie,

a la pena capital,

que será ejecutada tal y como establece la ley,

condena

a Larcher, Daniel, André, nacido el 10 de julio 1895 en Villeneuve,

a la indignidad nacional,

sin prohibición de ejercer la medicina

por la penuria actual de médicos.

Estos veredictos no se podrán recurrir.

Se levanta la sesión.

¡Qué horror!

Larcher es responsable.

Él no podía saberlo, claro.

No fue tan terrible. Solo fue un mal momento.

- ¿Dónde estabas? - Entre los que te aclamaban.

- ¡Basta! - Sí, la gente te aclamaba, Antoine.

No cuando conté Io que realmente ocurrió.

Ah, la verdad...

"El hombre es hielo con la verdad y fuego con la mentira".

- ¿Eso de quién es? - De Jean de La Fontaine.

No solo hacía fábulas.

¿Geneviève?

¿Me he perdido algo grande?

No. Lo he echado todo a perder.

Lanzac me ha dicho que había estado muy bien.

Leí el discurso, me trabé en alguna palabra. Fue patético.

Hoy ya no necesitaré nada más de usted. Puede marcharse.

Quería que terminara de planchar.

¡Cambié de opinión!

- Hasta mañana. - Bien, señora.

Las criadas, cuando son sinceras, son idiotas.

¡Es lamentable!

Estuve fatal.

Visiblemente, eres el único que Io piensa.

O a la gente le da igual, o quieren amarte

y no te escuchan.

Pero te votarán. Créeme.

¿Qué bebes?

Ponme el whisky de 30 años.

- Es decir, el regalo del coronel. - Exactamente. El mismo.

- ¿Hielo? - No.

- ¿Y tu guerrillero estuvo bien? - Estuvo formidable.

Es él quien debería ser alcalde.

- Es realmente bueno. - The best.

¿Por qué te gustan los uniformes? Antes no eras así.

Cuando Io veo, no siempre lleva uniforme.

¿Por qué quieres que sea alcalde?

Tengo un plan.

¿Qué quieres, Jeanine?

Sabes muy bien Io que quiero.

¿Qué ha ocurrido?

Habían bebido.

El sargento estaba...

Ha sido muy largo.

Eran...

¿los soldados habituales?

Sí.

Se emborracharon porque se van de Villeneuve.

Decías que eran simpáticos.

Pues me equivocaba.

¿Y ocurrió sin más?

Es decir,

¿se abalanzó de pronto sobre ti?

¿Acaso piensas que se Io pedí?

No, pero bueno...

Solo quiero entender.

No hay nada que entender, Antoine.

Se creen en tierra conquistada,

creen que todas las francesas son chicas fáciles,

y se sirven.

Eso es.

Lo siento.

No tienes la culpa.

Sí.

- No querías que los dejara. - Por Mamé, no por mí.

¿Y la ceremonia?

¿Ha estado bien?

No. ¿Pero eso qué más da?

Debía de ser importante porque fuiste.

No me toques.

Geneviève...

Si quieres reprocharme algo, hazlo.

No nos callemos las cosas.

Te amo.

¿Por qué te fuiste?

¿Por qué te fuiste?

¿Por qué me dejaste? ¿Por qué?

Me ha asustado.

¿He dormido mucho?

¿Por qué Io hizo?

Creía que ya no me hablaba.

El Dr. Moret me dijo que pudo ser grave.

No le faltó mucho.

Fallé incluso en eso.

¿Acaso ha pensado en Françoise?

¿Y usted?

¿Ha pensado en Françoise,

antes de tratarme como Io hace últimamente?

Lo mezcla todo.

Hago Io que puedo.

¡No empiece, Lucile!

¿Puede hacerme un favor, a pesar de todo?

- Tal vez. - Vaya a ver al cura.

Cuéntele Io ocurrido

y dígale que deseo confesarme.

Ahora.

¿Aquí?

Estoy demasiado débil

para ir a la iglesia.

De acuerdo.

- Gracias por venir. - No diga tonterías.

Sí, sí.

Salvo Arlette y usted...

Pero Arlette llora, no es agradable.

No sabía que pudiera llorar.

¿Cómo va su petición de gracia?

Le dije a Lévy que no la presentara.

¿Pero por qué?

Porque me impondrían la perpetua, Larcher.

Aunque saliera antes, la prisión no es para mí.

¿Y la muerte Io es?

La muerte nos llega a todos,

tarde o temprano.

Me alegro de que se librara.

La indignidad nacional, la acabarán olvidando.

- No creo. - La gente Io olvida todo, Larcher.

¿Eso piensa?

Si no, hace tiempo que no votarían.

Olvidan a los héroes.

Olvidan a los traidores.

Olvidan las penas.

Olvidan las alegrías.

A mí ya me han olvidado.

- Yo no le olvidaré. - Claro que me olvidará.

Bueno, eso espero.

¿Conoce el juego del retrato chino?

No.

El otro día pensé:

- ¿"Y si fuera un libro"? - Curiosa idea.

Usted, si fuera un libro, ¿qué libro sería?

No Io sé.

- Un diccionario médico. - Puede hacerlo mejor.

Una novela.

Una novela larga con las páginas pegadas.

¡Eso no es muy alegre!

Amigo mío, sabe que no soy alguien alegre.

Eso es cierto.

Es la hora, señor Servier. El médico Io espera

para la visita.

La visita reglamentaria.

Ocuparse de mi salud antes de ejecutarme

es una idiotez.

Mal empieza la nueva República.

¿Y usted?

Si fuera un libro, ¿cuál sería?

Un código penal obsoleto.

Es evidente, Larcher.

Olvídeme.

E intente despegar las páginas de su libro.

Ha estado bien, ¿no?

Sí.

- ¿Por qué pareces tan triste? - No estoy triste.

Sí, pareces un niño que ha roto su juguete.

¿Piensas en Marie?

Es estúpido preguntarme qué pienso.

¿Por qué?

Puedo responderte cualquier cosa.

Cuando me preguntas en qué pienso,

pienso en otra cosa.

¿Y qué era?

La muerte.

¿En la muerte?

Marchetti va a morir, Servier va a morir.

Mucha gente ha muerto desde 1940.

Es normal pensar en la muerte, ¿no?

Yo pienso en la vida.

- Es Io mismo. - No.

Desde 1941, me he preguntado a menudo si tú...,

yo,

nosotros...

Explícame,

cuando jodías con Chassagne, ¿pensabas en mí?

¡En absoluto!

Pensaba en ti de vez en cuando.

A menudo.

¿Tú pensabas en mí?

- Sí, claro. - ¿Cómo?

Quieres saber qué pensaba, en qué estoy pensando,

y, ¿también Io que pensaré? - No.

Lo quiero todo.

¿Y tú en qué piensas?

Yo pienso...

Pienso...

que tú y yo

vamos a reconquistar...

el mundo.

- ¿Le molesto? - No.

No, yo...

- Estaba leyendo. - ¡Ah!

- Me pareció escuchar un violín. - No, hace tiempo que no toco.

Entre, por favor.

Disculpe este desorden.

Su marido me contó Io que había hecho.

Sí, ya Io sé.

También me dijo que quería confesarse.

¿Le molesta

si pongo un poco de música?

¿Música?

Me ayudará. Bruckner.

¿Conoce a Bruckner?

Es imposible confesarse con música, Sra. Bériot.

Aparte de la música de su alma.

Lo mejor...

sería que...

que se sentara aquí.

Yo,

me pondré aquí,

así reproduciremos

las condiciones de confesión en la iglesia.

Sepa que es muy excepcional

que vaya al domicilio de una feligresa.

Se Io agradezco mucho.

Esta excepción no volverá a darse.

Lo entiendo.

Perdóneme, padre, porque he pecado.

Le escucho, hija mía.

En realidad, no quería suicidarme.

Entonces no es un pecado.

Lo es hacérselo creer a mi marido.

¿Y por qué hizo semejante cosa?

Para que usted viniera aquí.

¿Con qué objetivo?

Intenté seguir sus consejos,

pero volví a tener malos pensamientos.

Gracias a Dios y a sus consejos,

conseguí...

dejar de pensar en el otro hombre.

Eso está bien.

Reemplazándolo.

¿Por su marido?

Por usted.

Es una insensatez,

pero no me deje, padre, solo usted me une a la vida.

Ayúdeme a librarme de los malos pensamientos.

¿Mediante mentiras y manipulaciones,

atrae a un sacerdote a su habitación

para decirle que los malos pensamientos van hacia él?

¿Y pretende mantener una relación conmigo?

¡Esta ciega, hija mía!

- No me abandone, padre. - Tiene que abrirse, señora.

Abrir su corazón.

No a los malos pensamientos reales

o fabricados,

ni a quimeras del pasado,

sino a Dios, a su generosidad, y también a la suya.

Generosidad hacia los demás y hacia usted misma.

No sé qué penitencia imponerle, por el tamaño de sus faltas.

Haré todo Io que me diga.

- Estoy preparada para ir al convento. - ¡No, no Io está!

Entonces, déjeme volver a confesarme.

Me está poniendo en una situación imposible

en la que debo elegir entre negarle mi escucha,

Io que, según dice, la pone en riesgo,

o bien aceptar,

Io que alimenta en usted una llama malsana.

Que así sea.

Le enseñaré la fuerza de la fe.

Vendrá a confesarse.

Y le haré descubrir el verdadero amor,

el amor de Cristo.

El amor de Dios.

¿Podrás hacerlo?

Sí.

Siéntense.

Acabo de hablar con el coronel Bridgewater.

Tras el asesinato de uno de los suyos,

no van a ocuparse de una fiesta que terminó mal.

Fue una violación.

- ¿Está segura? - Sí, está segura.

Debe responder ella, intentarán desacreditarla a ella.

¿Desacreditarla?

¡Pero si ella es la víctima!

Eso Io demostrará la investigación. Si se hace.

No me cree y aún no le he contado nada.

Según Bridgewater,

dos soldados estadounidenses

admiten haber tenido relaciones con usted,

pero dicen que fueron consentidas.

¿En la mesa del comedor, con mi abuela al lado?

¿Tiene marcas de golpes?

No.

Eran dos, más fuertes, y me sujetaron.

¿De donde la sujetaron?

De la garganta y las manos.

¿Me permite?

No veo nada.

Sin marcas, es su palabra contra la suya.

Una joven mujer con un pasado turbio...

¿Cómo dices?

Contra un suboficial estadounidense...

Quiero denunciar.

Los conocía desde hace tiempo, ¿no?

Compraban en la granja desde hace un año.

¿Los invitó a entrar en casa?

Por supuesto.

Pierde el tiempo poniendo la denuncia.

Podrían acusarle de difamación.

Loriot, queremos denunciarles.

No debo aceptar las denuncias fantasiosas

que no conducen a nada.

¿"Fantasiosas"?

¿Has olvidado que ayudaste a Marchetti?

Tú también Io intentaste.

- E incluso Io conseguiste. - Sí.

Pero yo cumplía órdenes del prefecto Bériot.

Aceptarás la denuncia,

señor jefe de la policía.

Si no, te aseguro que empezaré a contar cosas de tu vida.

¿Te queda claro?

Si desean perder el tiempo...

¿Hortense?

- ¡Señor Escudier! - Señor Larcher.

- Vengo por su esposa. - Pero no está en casa.

Sí, tuvimos un altercado antes y se ha marchado.

Parecía, cómo explicarlo...

agitada.

¿Ah, sí? ¿Y qué ocurrió?

Señor Larcher, con todo el respeto,

últimamente, hace cosas raras.

¿Qué es Io que está insinuando?

Por la noche, anda y habla sola en su habitación.

A menudo, mi mujer y yo la oímos.

Sí.

Ahora mismo, no duerme muy bien.

- Saben por Io que ha pasado. - Sí, por supuesto.

El problema es que hace agujeros en nuestra pared.

¿"Agujeros"?

Hoy parece de buen humor.

Se ha confesado, es curioso.

Si me confesara,

dudo que me pusiera de buen humor.

La ceremonia de los 4 maquis fue un gran éxito.

- Excelente noticia. - Pero llamó la atención su ausencia.

- ¿Dice eso para agradarme? - No, Lanzac no Io encajó bien.

Dice que su candidatura para las legislativas

no es 100 % segura.

- Miente. - Le repito Io que me ha dicho.

Según él, si Schwartz pierde la alcaldía,

usted puede despedirse de su escaño.

Tenemos que hacer caer a Schwartz sin dejarnos ver.

Hay que jugar a Io seguro.

Tiene una hora.

No puedo hacer más.

¿Lo tienes?

No.

¿Y por qué has venido?

Para decirte adiós.

¿No fuiste a la dirección?

- No puedo hacer esto, Jean. - ¿Por qué?

Porque eres el padre de mi hijo.

Lo soy cuando te conviene.

No.

Solo que a veces me cuesta aceptarlo.

Pensaba que Io tendrías.

Estaba contento de irme así.

Ayer,

al salir de la cárcel, vi a David.

Me preguntó qué era el cuaderno que llevaba.

Le dije que era un cuento...

de papá,

que le leería algún día.

¿"Un cuento"?

Puso una enorme sonrisa.

Le decepcionó no ver ningún dibujo.

No sé dibujar, no sé.

Lo tienes.

Sé que Io tienes.

La gente no registra los sombreros.

Sobre todo a las mujeres.

Me di cuenta de eso en Suiza.

La muerte no ocupa mucho espacio.

Y tampoco huele.

¿Te dijo cómo utilizarlo?

Bébetelo de un trago, si no, te quemarás.

¡No!

¿Así?

Así.

¿1° del concurso

de la administración prefectoral de la Seine?

Usted llegará lejos.

Diría que incluso más lejos que su padre.

Crémieux, Hélène,

Hélène Crémieux, nacida en 1931.

No trabajas bastante, Henri.

En lugar de hacerte preguntas, aprende.

El trabajo te da respuestas, la reflexión no.

Pero bueno, ¡no puede haber una boda sin música!

Es la hora, señor Servier. ¿Está preparado?

Son puntuales, eso está bien.

Soy todo suyo, señores.

Mi mujer tendría que haber venido.

- ¿Sabe por qué no ha venido? - No, Io siento.

Dígale que...

Dígale que yo...

Bueno, no le diga nada.

Dele mi cuaderno.

¡Servier!

¿Nos perdimos?

No, estamos junto al campamento. Hay que encontrar la salida.

Esa es buena, Servier. Hace 20 min que la buscamos.

La encontraremos, es una cuestión de paciencia.

No tendríamos que haber entrado.

Votamos. Estábamos de acuerdo, incluso tú.

Yo no Io estaba. Solo quería contentarles.

Votar es votar. Si no, ¿de qué sirve?

Según mi padre, no sirve.

Mi padre dice que votar nos mantiene libres.

- Porque es el prefecto. - No veo qué relación hay.

- ¿No hemos pasado por aquí antes? - No.

- Entonces estamos perdidos. - ¡Pero no Io estamos!

Estamos dando vueltas, claro que estamos perdidos.

- ¿Tienes una solución mejor? - Sí, separarnos.

Eso es. Cada uno va en una dirección,

el 1° que salga, vuelve a por los demás.

¿Y cómo encontrará a los otros, listillo?

¡Gritando!

En los túneles no se oye nada. Es una estupidez.

- No hay que separarse. - Voto a favor de separarnos.

- Estoy en contra. - Pues votemos.

¿Quién quiere que nos separemos? Es la única solución.

Serge, si votas por mí, te prestaré mi reloj.

- ¡No le compres el voto! - No se Io compro, le explico.

¡Louis, piensa! Vota mi opción.

¡Chicos, veo la salida! Miren la escalera.

¡Ah, sí! ¡Por fin!

- Pero podemos votar. - ¿De qué sirve?

- Para saber quién tenía razón. - ¡Bueno, ya vale!

Apresúrense, estarán buscándonos.

Bueno. De acuerdo.

¡Alto!

¡Pelotón, prepárense!

Es una pena, podríamos haber votado.

¡Carguen armas!

¡Apunten!

¡Fuego!

¿Te han soltado?

Sí. Me condenaron a la indignidad nacional.

Eso es asqueroso.

Y a Servier, a la pena de muerte.

- Tal vez le concedan la gracia. - No Io creo.

¿Tienes pacientes? Llevas la bata.

No es eso.

Hacía bricolaje.

¿Ah, sí?

- ¿Saliste? - Sí. Pareces sorprendido.

Es que sales poco desde que...

Quería comprarme sombreros

para mi nuevo peinado, ¿te apetece verlos?

Más tarde, sí.

Hablé con Escudier.

Se enfadó conmigo solo por poner un clavo.

- ¿Sí? ¿Pusiste un clavo? - Sí.

No quería que el cuadro cayera.

Me encanta ese cuadro.

¿Sabes que Escudier nos espía, de noche?

- Ah. - Sí...

Habla de nosotros durante horas.

De mí y de Heinrich, con su mujer.

Nos escucha.

Bueno, me escucha. Lo oigo.

¿Qué es Io que oyes?

Pues cómo me escucha.

Si no, estaba buscando una cosa, y...

Entonces, he abierto tu cómoda.

Te pido disculpas.

- He descubierto periódicos. - Sí, son para mis collages.

¿Tus collages?

Quiero hacer obras compuestas.

Pintura, collages. Está de moda en EE. UU.

Leí un artículo en el periódico.

Son cuadros con letras de titulares de periódicos.

¡Muy interesante!

Voy a ordenar mi despacho.

Todo está bien, cariño.

Está bien.

No siento nada.

¿Es normal?

Me dijo que sería repentino.

Al cabo de media hora o una hora.

Entonces es mejor que te vayas.

Que no estés aquí cuando me hallen.

No voy a irme ahora.

Ah, ya llega.

Ya llega.

Estoy notando algo.

Veo menos bien.

Todo está borroso.

- ¿Te dijo que vería borroso? - No.

Solo que no te dolería si te Io bebías de un trago.

¿Recuerdas

las Mil y una noches?

Sí.

¿Y Scherazade?

"Scheherezade".

¿Cómo era?

Bella

como el día.

Misteriosa como la noche.

Ahora ya no veo nada.

No siento dolor.

No siento dolor.

¿Cómo era su vestido?

No puedo casarme con este vestido.

¿Usted qué opina?

No está mal.

Evidentemente...

A usted le da igual mi vestido.

- Igual que la boda, de hecho. - ¿Por qué dices eso?

Me dijo que solo era por los papeles.

Me dijo que no quería nada de mí.

Escucha, si no quisiera nada de ti,

¿piensas que me interesaría por tus papeles?

Me dijo que no me amaba.

Es cierto, no te amo.

Pero escucha,

nunca se sabe cómo pueden cambiar las cosas.

Entonces, vamos a casarnos.

Llevarás un buen vestido.

Llevaré un lindo traje.

Iremos...

a un restaurante.

Luego nos iremos,

a Étretat.

- ¿Conoces Étretat? - No.

Étretat es la playa más linda del mundo.

Iremos al hotel Les Bains.

Comeremos marisco.

Y tal vez podamos bañarnos.

Tal vez nos divirtamos.

Tal vez nos divirtamos, en serio, tú y yo.

Y nos apetezca repetirlo.

¿Usted cree?

Hay que creer, Éliane.

El amor, nunca se sabe cómo va a acabar,

hay que creer.

Le pediré ropa a mis primas.

Vienen de París.

Y a mis padres,

¿qué voy a decirles?

Tus padres.

Pero, Éliane...

Tus padres, no es complicado.

Les...

Les cuentas...

una historia...

Sí.

Les contaré una historia.

UN PUEBLO FRANCÉS 1945, EPÍLOGO

Adaptación: Enrique Tormo Palop para ECLAIR

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