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¿Por tu culpa
maté a Tom por nada?
No fue en vano.
Tenía un socio con el que me llevo muy bien.
¿Jérôme Io sabe?
Jérôme...
Desde que estás con nosotros, Jérôme está perdido.
Esto se terminó para ti, Gus.
Lo que dijo Gustave me dejó pensando.
No estaba seguro.
¿Quisiste pasarme por arriba?
Es una pena.
Te quería.
Yo también.
Te vas al país de los amores sin riesgo.
Podríamos irnos juntos a Marsella.
No me gusta mucho el sol.
Soy un tipo de Jura.
Después de Io que hice,
no puedo dejarte.
UN PUEBLO FRANCÉS
Bueno.
EL DEBER DE MEMORIA
Es una pena.
Hola, Jérôme.
Hace tiempo que te buscamos.
- ¿Es tu ángel de la guarda? - No.
Es un policía de mierda.
¿Cómo nos hallaste?
Estaba por aquí.
Y ustedes hacen ruido.
¿Qué propones?
Deja el arma, y los llevo.
¿Estás bromeando?
Estás solo.
Estás aquí por el niño.
Si me detienes, diré que mató al norteamericano.
Si me dejas ir, cambio de aire
para siempre.
Muchos polis, en tu lugar, me habrían matado.
Pero tú no eres así.
Así que...
Me voy contigo.
- Cállate, Gustave. - ¡No, tú te callas!
Anda, vete.
En seis horas, te acuso de homicidio.
Chao, Gus.
Qué lástima, te habría enseñado cómo es la vida.
¿Dónde está el arma que usaste?
Aquí.
Estás en una disyuntiva.
Debes aprendes a escuchar y a callarte.
Haz Io que digo, y todo saldrá bien.
Si no aprendes,
la cosa irá mal.
Irá muy mal.
¡Desgraciado!
¡Un poco de silencio, por favor!
- ¡Silencio! - ¡Basura!
El señor Marchetti está condenado a muerte.
- ¡Bien hecho! - ¡Vendido!
¡Haré evacuar la sala!
Prosigan.
Estaba diciendo
que en los arrestos de judíos
y en la lucha contra terroristas,
obedecía las órdenes del subprefecto Servier.
No parece estar arrepentido.
Obedecía a mi jefe quien obedecía al mariscal,
el cual fue designado en su puesto
por los representantes.
¡No es así! No todo el pueblo estaba representado
en el congreso que nombró al mariscal en julio de 1940.
Faltaban muchos diputados y senadores,
como los comunistas.
Los comunistas...
Se habían aliado con los alemanes,
no habría que olvidarlo.
¡Por favor!
¡Silencio!
De todos modos, el mariscal fue elegido
por la representación de la mayoría.
Acusar hoy a Servier
es acusar a Francia.
La Francia de verdad estaba en Londres, señor Marchetti.
En Londres, en 1940, no había nadie.
Excepto tres marinos bretones
y un general jubilado, totalmente desconocido.
¡Por favor!
En 1940, 1941, la población nos necesitaba.
La gente no pensaba en la política.
Querían víveres, que regresaran los prisioneros,
sentir dignidad tras la derrota.
Y no obtuvieron nada de todo eso.
Así, todos los políticos
deberían estar presos.
El Estado francés fracasó.
Pero hoy hay que preguntarse si era legítimo,
pues reprochan a Servier y a mí haber obedecido.
Sí, era legítimo,
diga Io que diga De Gaulle.
Bien.
Háblenos de su relación con el señor Larcher.
No nos llevábamos bien.
Al revés que yo,
Larcher no creía en la revolución nacional.
- ¿Era un mal colaborador? - Podría decirse.
Cuando arrestamos a los judíos, nos perjudicó.
¿Podría precisar más?
Era hostil a los arrestos, decididos por la alta jerarquía.
Quiso quitarme a la policía que yo necesitaba.
Por suerte, la firmeza del señor Servier me permitió
llevar a cabo mi misión.
¿Llevar a cabo su misión?
¿Sabe que los veintiocho judíos que usted arrestó ese día
murieron todos en Auschwitz
al poco tiempo de llegar allí?
Un funcionario no se cuestiona
si el Estado tiene razón o no, solo Io hace funcionar.
Yo...
Yo ahorqué a alguien.
Me fusilarán por eso.
Servier no mató a nadie.
Hizo funcionar el Estado, como Io hace usted hoy.
Cabrón - A muerte
Estuvo bien Marchetti, ¿no le parece?
No sé.
Parece que no se plantea nada.
¿Usted se plantea algo?
Marchetti tiene razón. Un funcionario obedece al Estado.
Pero ya no estamos en acción.
Muchas veces pienso en los niños judíos de la escuela.
No creo ser responsable de sus muertes,
pero pienso en ellos igual.
Había una niña
con trenzas.
Hélène Crémieux.
La recuerdo muy bien.
Pienso mucho en ella.
No sé por qué, no tenía nada especial.
Es curiosa, la memoria, ¿no?
Sí.
- Debo ver a la señora. - Ya está con alguien.
- ¿Quién es usted? - Schwartz.
Raymond Schwartz.
Veré qué puedo hacer.
¿Qué haces aquí?
Te dije que volverías con Jeannine.
No digas bobadas.
Con ella, hago Io peor que se puede hacer:
política.
¿De verdad?
Es Io peor del mundo, pero es Io único que te excita.
Eres fría.
Siempre me Io reprocharás.
Marie, llévame.
Ya estoy contigo.
Dijimos a las once.
Señor Schwartz.
- Encantado de conocerlo. - Igualmente.
La señora Cantillon dice que le interesa el mercado alemán.
Como a todos.
Usted no es como todos, señor Schwartz.
Viene recomendado por la élite de Villeneuve.
Pronto será alcalde.
- Eso Io decidirán los votantes. - Right.
Anyway, we'll do some business.
Señora De Cantillon. Señor Schwartz.
Coronel, it's been a pleasure, as usual.
Likewise.
I'll be in touch.
- ¿Whisky? - No, gracias.
- ¿Has dejado de beber? - No, pero es temprano.
No tengo tu entrenamiento.
Lanzac está entusiasmado.
Para él, eres el candidato perfecto.
Quizá deba mostrarle esto.
No tiene importancia.
Habría que averiguar quién Io ha enviado.
¿Habrá mucha gente en el acto?
Todos los no comunistas.
- Ya pensé qué diré. - Excelente. ¿Qué dirás?
Hablaré de mi paso de la colaboración a la resistencia.
- Lo diré con mis palabras. - No, Raymond.
No debes hablar de la colaboración bajo ningún aspecto.
Dijiste que la foto no era un problema.
La colaboración es un comodín
que te servirá para jugar con la resistencia.
Pero no debes mostrar la carta de la colaboración.
La gente ya Io sabe.
Pero decirlo es replantear el problema.
Los colaboradores son los malos.
Puedo decir Io que quiero.
Confía en quienes conocen ese nido de víboras.
Te preparé un proyecto de discurso.
Léelo. Cambia Io que quieras, personalízalo.
¿Por qué debo confiar en ti?
Porque quiero que seas alcalde.
Yo Io deseo más que tú.
En política,
la fuerza del deseo domina el mundo.
Gracias, doctor.
- Señores. - Adiós, doctor.
¿Están preparando mi entierro?
Para nada.
- El de la resistencia. - Es una buena noticia.
No exageremos.
- ¿Qué dijo el doctor? - Que viviré cien años.
En serio.
Debo pedirle dos cosas.
Diga.
¿Podría ocuparse
del trabajo en la granja hasta que aparezca un comprador?
Abuela...
¿Qué hay?
Me pediste que te dijera Io que dijo el doctor,
y estoy respondiéndote.
No te pongas triste.
Todos debemos irnos un día, Geneviève.
¿Y?
De acuerdo, no tengo planeada una carrera.
Gracias.
- ¿Qué otra cosa me pedirá? - ¿Es hábil con las manos?
Bastante.
Quiero que usted haga mi ataúd.
Los materiales están en el trastero.
- Nunca hice un ataúd. - No es difícil.
Yo hice el de mi padre, con mi hermano.
Me dará gusto reposar en cuatro maderas
unidas por un hombre como usted, el último que conocí.
¿Oyes a través de la puerta?
No.
Mientes.
¿Sabes qué le pasa a las mentirosas?
- Me lastima. - Sí, las lastiman.
Muy bien, resiste.
No sé por qué eres tan difícil.
¿Por qué escuchas a tu padre?
No puede hablar, no hay nada que oír.
A veces me habla, papá.
¿Te habla?
Sí.
- ¡Mientes otra vez! - Le juro que no.
Hazlo hablar, ya que habla.
¡Anda, hazlo hablar!
Haz que hable.
¡Hazlo hablar!
¡No oigo!
¡Que hable!
Avanza.
Siéntate.
- Pudiste arreglar las cosas. - En principio, sí.
Debo volver para arreglar todo.
¿Podemos hablar un minuto?
- Léonor, ve a tu cuarto. - Pero...
Obedece a tu madre.
Nos metió en un lío, Io arreglaremos,
pero hay que obedecer sin rechistar.
Tiene razón. Haz Io que dice.
- ¿Se queda aquí? - No sé.
Luego podrás despedirte. Déjanos.
Come.
Presentaré el homicidio a Kervern.
Veremos cómo sale todo.
Luego decidiremos.
Discúlpame.
Leí los Evangelios.
Los leí casi todas las noches.
- ¿Qué pensó, hija mía? - Me hizo bien.
Le hizo bien, pero le hablo de pensamientos,
usted evoca sentimientos.
Los sentimientos son importantes.
Sí, pero son engañosos.
El sentimiento es animal.
El pensamiento distingue al hombre.
Pero los sentimientos dictan los actos.
Así cometemos los mayores errores.
El placer es una trampa, no Io olvide.
Si Dios no quisiera que sintiéramos placer,
¿por qué Io sentiríamos durante el acto carnal?
Nos mandó procrear, pero...
Podría haber hecho que el acto de reproducción
fuera como beber un vaso de agua.
La tentación es necesaria para construir la moral.
Nos hacemos humanos resistiendo a la tentación.
¿Usted conoció la tentación, padre?
Soy un ser humano.
¿Y siempre se resistió?
Nos desviamos del tema, que es usted, no yo.
Si me dijera cómo hizo para resistir a la tentación,
sabría actuar mejor.
Hija mía, me cuesta entenderla.
¿De qué tentación me está hablando ahora?
No me atrevo a decirlo.
Vino aquí para atreverse, me parece.
A veces, a la noche, en mi cama,
después de rezar...
Yo duermo sola,
tenemos habitaciones separadas desde hace tiempo.
Pienso en Kurt,
el padre de mi hija.
- Y tengo pensamientos sucios. - ¿Y?
Siento calores.
Calor en el bajo vientre.
Hija mía, no estoy seguro de poder ayudarla.
¿Cómo decirle...? Siento vergüenza, padre, pero...
¡Nada! No puedo seguir escuchándola.
Está...
No está abriendo su corazón a Dios.
Relea los Evangelios.
¿Señora Larcher?
¡Míreme, por Dios! ¡Señora Larcher!
- ¡No es él! - ¡Mire mejor!
- Lo vi a dos metros, no es él. - Pero durante dos segundos.
Era más joven, tenía los ojos y el cabello más claros.
- ¿Te acostaste con él también? - ¿Bromea? Era un marica.
¿Conocías al asesino?
- Lo vi una vez. - El expediente.
No es él. El asesino estaba con una muchacha.
Ese es marica.
Gracias.
El expediente de Gustave Larcher.
Muy bien.
Relee la declaración y fírmala.
Lo dirás de nuevo. Más vale que recuerdes mejor.
¿Resultado?
Los norteamericanos quieren certezas.
- Aristide, seguro. - El testigo dice Io contrario.
- Henri, estaban sus huellas. - "Señor prefecto", por favor.
Sus huellas estaban en el arma,
eran cómplices.
- Un testigo vio que discutían. - ¿Quién?
Un soplón anónimo.
A ese Aristide, ¿Io liquidaron esta mañana?
Seguramente Io mató Jérôme, su amante, que huyó.
Te diré algo, Alain.
Tu caso tiene muchos huecos, podría tropezarme.
No puedo presentar esto así.
Está bien.
Voy a investigar, cuenta conmigo. Cuente conmigo.
Vi que atrapaste a Gustave Larcher
hace cuatro días.
- Sí. - ¿Por qué Io liberaste luego?
Me dijeron que había extorsionado.
Señor prefecto,
vivo en concubinato con Suzanne Richard,
pareja de Marcel Larcher, su padre.
Le hice un favor, es lógico.
Sí, es lógico.
Tenme al tanto. Necesito algo certero para los americanos.
¿Ganaste la lotería?
¿Cómo estás?
¿Por qué no respondiste mi carta?
La recibí ayer.
Estaba en Palestina, recién la recibí ayer.
- ¿Fueron a Palestina? - Sí.
Tierra sin pueblo.
Hay un pueblo.
Es muy bonito.
- Vivimos bien allí. - Sí, se nota.
Ezéchiel es el único superviviente.
Los demás se quedaron en Varsovia.
Desaparecieron en el gueto
o en los campos.
Tenía un tío muy rico.
Realmente muy rico.
Entonces eres rica.
Es increíble.
La vida...
¿David será rico?
Sí.
¿Por qué están en Francia?
Ezéchiel busca el cuerpo de su hijo y de su primera mujer
para enterrarlos en Palestina.
No tuve nada que ver con eso.
Jamás dije eso.
Salvé la vida de Ezéchiel y de su hija.
¿Esperas una medalla?
Entre una medalla y la ejecución hay mucho trecho.
De mi parte, ni uno ni Io otro.
En serio,
Jean,
¿qué quieres de mí?
¿David está contigo?
El testigo no debe ver ni a Gustave ni a Léonor.
Iríamos los dos presos.
Kervern me tiene entre ceja y ceja.
Debe de ser Edmond.
Lo que faltaba...
- ¿Estás solo? - Hay cambios.
- Inspector. - Camarada.
La gente de la federación decidió
que tu presencia en la ceremonia por Marcel
era indeseable, digamos.
Qué cretinos.
- Fue su pareja tres años. - Te Io dije.
Sabes cómo resolver el asunto.
Conozco a este niño, ¿quién es?
- El hijo de Marcel. - ¿En verdad?
- ¿Seguiste en contacto con él? - Más o menos.
Ya dijiste todo. Vete ahora.
Espera.
¿Sabes que yo era amigo de tu padre?
Un amigo muy cercano.
Yo nunca Io vi.
Él podría venir a la ceremonia.
- ¿Sin mí? - No eres su madre, que yo sepa.
Además estamos organizando cursos para jóvenes
en la UJRF.
Una semana en los bosques de Moisset: deportes,
presentaciones, lectura,
debates políticos.
- Tu hija podría venir también. - Ni hablar.
Pero, espera.
- ¿Adónde dormirían? - En tiendas de ocho.
Chicas y varones separados.
Una semana
en un ambiente sano, estudioso.
- Me parece muy bien. - ¿Hablas en serio?
Gustave, ¿qué opinas?
De acuerdo.
Para ser policía, eres muy complaciente.
Le comenté
Io que usted me dijo a mi director de conciencia.
¿Y qué dijo, padre?
Lo que usted me dijo es pecado.
Un pecado grave.
Ya no debe hacer...
Io que me contó.
¿Se da cuenta de que es vano?
¿De que está mal?
- Sí, padre. - Bien.
Si volviera a hacerlo,
sería un pecado grave, pues Io cometería consciente.
No podría volver a comulgar.
Debe pedirle perdón a Dios, hacer penitencia
y prolongar las oraciones.
Por supuesto,
debe canalizar esas tendencias lujuriosas
en la relación con el hombre
que desposó ante Dios, su marido.
El otro hombre,
cuyo recuerdo sin duda es reflejo del mal,
debe ser absoluta y definitivamente
borrado de su mente.
Cumpliendo esa condición, condición sine qua non,
recibirá la absolución.
Entiendo, padre.
Solo vuelva para decirme
que ya borró su imagen de su mente.
- ¿Crees que durará mucho? - ¿Esto?
No Io sé.
No Io creo.
¿Por qué?
Vivimos fuera de tiempo,
fuera del mundo.
Nos encontramos en secreto, lejos de las miradas.
Siempre estamos solos.
A veces me pregunto si existes de verdad.
¿Cómo?
Mira si existo.
Basta, me haces daño.
¡Basta!
Estamos haciendo ruido.
- Mi superior nos escuchará. - Qué importa.
Yo Io quiero, es amable.
Nunca se sabe qué piensa.
¿Por qué no duraría por siempre?
No Io sé.
Mira a tu alrededor.
La gente se casa, luego se cansa,
se aburre.
No nos aburriremos.
"Siempre" no significa nada,
pues al final, morimos.
¿Estás seguro de que el amor supera a la muerte?
GLORIA AL CAMARADA MARCEL LARCHER
- ¿Ya te vas? - Sí.
Quiero estar antes de que lleguen todos.
Hasta luego.
Hasta luego.
Te saludo. Adiós, David.
¿Quién eres tú?
Anda, ve con tu mamá. Vete.
Ve con Judith. Luego leeremos un cuento.
Ve, cariño.
Vayan al hotel, llévelo, por favor.
¿Me das la mano?
Te agradezco, de verdad.
No es nada.
No es nada, pero...
Creo que es bueno
para él.
- ¿Qué le contarás? - Caperucita roja.
No, quiero decir, ¿qué le contarás de mí?
No sé.
Que su papá se equivocó.
Todos pueden equivocarse.
No, oye...
Escribí mi historia.
Desde mi infancia.
La policía, la guerra.
Es para David.
Cuando tenga 15, 20 años, dásela para que la lea.
No quiero que tenga la imagen...
La imagen de los diarios,
de los libros de historia.
La tendrá forzosamente.
No quiero que tenga esa imagen de mí.
Te Io prometo.
- ¿Qué sucede? - Nada.
¿Jean?
- ¿Qué sucede? - Rechazaron el recurso de gracia.
Me fusilarán el lunes o martes.
Lo siento mucho.
¿Puedo hacer algo por ti?
Sí...
Una última cosa.
Dime.
Yo...
No quiero morir frente al pelotón de ejecución.
Quiero morir bien.
A mi tiempo.
Ve a esta dirección.
Un tipo te dará un frasco para mí.
Toma el frasco y tráemelo, por favor.
Tal vez no Io recuerdes, pero me has amado.
Me amaste, Io sabes.
Porque me mentías.
Todos los amores empiezan con una mentira.
David es mío, te salvé la vida.
Te pido que salves mi muerte.
Por favor.
- ¿Qué preparas? - ¡Puré de castañas!
¡Con trozos de queso, una delicia!
Partida inmediata. ¡Al trote!
Tomen Io indispensable, cada minuto cuenta.
Arriba está Antoine.
Quiere que vayamos.
- ¿Quién quiere ir primero? - ¡Yo!
¡Deténganse!
No creemos que sean guardias.
Cuidan la muralla,
protegen la ciudad de la destrucción, están asediados.
Son soldados.
No es fácil.
Necesitamos murallas de verdad.
No, no hacen falta murallas.
Representar Io real no es Io real.
¿Cómo?
Representar Io real no es Io real.
Fernand y tú se pelearon por el puré de castañas.
¿Cómo contarías eso?
Con Fernand...
nos peleamos por el puré de castañas.
¿Qué hora era?
¿Adónde estaban?
¿Qué llevaban puesto? ¿Cómo era el tono de voz?
¿Qué relación tienes con Fernand?
¿Cómo está hecho el puré de castañas?
¿Cuál es la función de las castañas en el campo?
Nunca concordarán en los detalles.
Las cosas pasan, eso es Io real.
Luego, se termina.
Cada uno Io cuenta de una manera distinta.
Existen las huellas de los hechos, pero son parciales o están dañadas.
Es imposible retranscribir la totalidad de Io real
a quien no Io ha vivido.
- Es desesperante. - ¡No!
Frente a tal imposibilidad,
los malos hacen periodismo,
los buenos, la historia,
y los genios...
teatro.
Toman Io real y hacen algo, una historia.
Y dejan Io real en su oscura mediocridad.
Empezamos de nuevo.
¡Ánimo!
¡Oh, Geneviève!
We need some help.
Hay fiesta en el cuartel, since we're moving in Germany.
Nos hace falta vino, pan,
harina, pollos.
No tengo casi nada.
- Mi abuela está enferma. - I'm so sorry.
Pero seguro que algo tiene.
Si quiere, venga a festejar con nosotros luego.
¡Oh, sí! ¡Ven a celebrar!
Como les dije, mi abuela está enferma,
no puedo dejarla sola.
Pasaremos a verla después de la fiesta.
Me acuesto temprano.
I'll see you later, Geneviève.
Daniel Larcher
es un calculador frío y perverso,
que no encontró a nadie más que a una esposa depravada,
una criminal de guerra nazi,
y a un policía colaborador condenado a muerte,
para que Io defendieran.
En el momento de pronunciar el veredicto,
no olviden que colaboró
con las monstruosidades de Villeneuve
cuando era alcalde, e hizo mucho daño.
Larcher es un buen hombre,
generoso
y humanista.
Valiente.
Y agregaría una calidad menos frecuente aún:
sincero.
Retomo las palabras del señor procurador:
"No olviden".
No olviden
que gracias a su energía incansable,
Daniel Larcher ayudó a la gente de Villeneuve
sin dejar de ser el buen médico que siempre fue.
No olviden que robó a un niño
y que mató a su padre.
No olviden que quiere hacernos creer
que la resistencia nunca existió
y que toda Francia colaboró.
No olviden que era antisemita
y que envidiaba a sus colegas judíos.
No olviden que conoció la tortura de la Gestapo
y la prisión.
No olviden que alojó
y amó
a una joven judía,
sin duda desaparecida hoy.
Larcher es un falso,
y su acólito Servier...
es un malvado de verdad.
Servier
envió a la muerte a diez comunistas.
Arregló sus cuentas con un salvajismo
que hace pensar
que sentía verdadera fascinación por el nazismo.
También Servier presidió el horror absoluto
del 25 de julio de 1942,
la separación de padres y niños judíos.
Los manipuló, les mintió,
los hacinó como a animales,
y luego los mandó a la antecámara
de los campos de muerte.
El caso del señor Servier es más notorio.
Nos Io presentan como un monstruo perverso
que se regodea con los crímenes.
Nos Io presentan como antisemita.
Si así fuera, ¿Io habría defendido yo,
que perdí a diez miembros de mi familia
en la noche y en la bruma?
Para Servier,
un funcionario diligente
que apartó a los niños judíos de sus padres,
que hizo fusilar a diez comunistas,
que ejecutó sin pestañear
a todos los bajos fondos de Vichy y de Berlín,
solicito...
la pena capital.
Es el único castigo justo.
Para Daniel Larcher,
traidor a la patria, al honor y a las leyes de humanidad,
solicito...
la indignidad nacional,
diez años de trabajos forzados
y la prohibición absoluta de ejercer la medicina.
El micrófono.
¡Roger! Es él.
¡Camaradas! Les traje a un invitado sorpresa.
Gustave Larcher, hijo de Marcel.
Será mañana.
Ánimo.
¡Aquí está!
Buen día, ¿cómo está?
- Siento el retraso. - No es nada.
- Vamos a empezar. - Buenos días.
Señores músicos.
Gracias.
No...
No...
No,
los alemanes no se quedaron con Alsacia.
La libertad,
la dignidad de Francia,
la independencia y, finalmente, la victoria
fueron ganadas por hombres excepcionales.
El general De Gaulle, primero,
a quien conocí en Londres
en noviembre de 1940,
cuando solo éramos unos diez.
Y quienes, vinculados con el general De Gaulle,
se quedaron en Francia para luchar en las sombras,
la resistencia y los clandestinos.
Muchos de esos hombres cayeron en la lucha.
Estamos aquí
para celebrar la memoria de cuatro de ellos,
que se sacrificaron
para que viviera Villeneuve.
¡Oh, caray!
Tenemos el honor de tener aquí a uno de esos cuatro héroes:
Thierry Grand, por quien pido el aplauso que se merece.
Está bien.
Henri, tu turno de hablar.
Cedo la palabra a Henri de Kervern,
resistente de Villeneuve desde marzo de 1941,
francés libre desde 1943 y hoy, prefecto.
Henri.
Seré breve, odio los discursos.
No Io digo por ti.
Luchamos por ser libres.
¡Y hoy nos da mucho gusto!
Estamos aquí.
Superamos el escollo, vencimos.
Disfrutamos.
Pero...
Pensamos en quienes ya no están.
Para evocar la memoria de esos cuatro,
decir quiénes eran, cómo y por qué se sacrificaron,
le cedo la palabra al verdadero héroe de Villeneuve.
El autor del desfile de 1943,
que repercutió en toda Francia y en el mundo.
Al jefe de la banda que lleva y siempre llevará su nombre,
Antoine.
¡Bravo!
¿Cómo
y por qué
se sacrificaron
los cuatro?
¿Por qué?
¿Y cómo se sacrificaron?
UN PUEBLO FRANCÉS 1945, EPÍLOGO
Adaptación: Gisèle Prunes para ECLAIR
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