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Original subtitles

TRAICIÓN EN ATENAS

GRECIA, 1941 LAS TROPAS ALIADAS LUCHABAN CON VALENTIA PERO SIN ESPERANZA

CONTRA EL PODER DE LA GUERRA RELÁMPAGO ALEMANA

QUE AVANZABA DESDE EL NORTE HACIA ATENAS,

UNA CIUDAD ABIERTA QUE ESPERABA A LOS INVASORES DE UN MOMENTO A OTRO.

Taxi.

Lotería, llevo lotería. Billetes de lotería.

Billetes de lotería.

Acaba de llegar la noticia que los alemanes acaban de atravesar

la línea Metaxas.

Probablemente hemos de evacuar Atenas.

La han declarado ciudad abierta.

Morton, la habitación 417 para el Sr. Morrison.

Bienvenido, Sr. Morrison.

Espero que le sea grata su estancia en Atenas.

- ¿Cuándo sale el próximo avión? - ¿El próximo o el último?

Cualquiera.

El último avión sale esta noche de Atenas a las diez y media.

Seis horas, ¿eh? Parece que va a ser una estancia corta.

- ¡Mike! - ¡Ray!

Mike Morrison.

¿Cuándo has llegado? Llegas un poco tarde, ¿sabes?

Sí, ya lo sé. Es magnífico verte, Ray.

Empezaba a preguntarme si alguien sabía que aún quedaba yo.

La oficina de Londres mandaba cuatro cables diarios preguntando por ti.

- ¿Dónde has estado? - Me quedé colgado en Budapest.

De la dama de alguien, ¿eh?

¿Y Jack, no venía contigo?

¿Jack?

No pudo escapar.

No pongas esa cara de sorpresa.

No te sorprendería si se tratara de ti, ¿verdad?

Muchachos, tratáis la guerra como nosotros las noticias.

Sube y háblame mientras me doy un baño de verdad en una bañera.

Tengo... que mandar un cable a Londres.

Oye, en todas partes donde he estado, he oído hablar de una chica fenomenal

que trabaja en una de las tabernas de por aquí. Apuesto que la conoces.

Te llamaré, Mike. Ya me enteraré de quién es.

Hasta la vista, Ray.

Adelante.

Estoy aquí, cielo.

Vamos, no tengas miedo, no te voy a comer.

Solo quiero otra copa. Bastante whisky y poca soda.

Y si eres buena chica, frótame la espalda.

Con mucho gusto le frotaría la espalda,

pero si nos viera la camarera, ¿qué pensaría?

¿Quiere hielo con el whisky?

¿Cómo ha entrado?

Llamé a la puerta. Una voz dijo "adelante" y entré.

Perdone la familiaridad, son tiempos especiales.

¿No se acuerda de mí?

Hace 6 años era un hombre más joven...

de cuerpo, si no de espíritu.

- Ginebra, Suiza. - El mundo estaba lleno de esperanzas.

La Sociedad de Naciones, Abisinia, Haile Selassie pronunció un discurso,

usted pronunció otro.

El mundo nunca se ha dejado influir por los discursos.

- Stergion, Dr. Boris Stergion. - Esperaba que me recordara.

Cuando termine de bañarse podremos charlar.

¿Cuántos minutos llevo en Atenas?

¿Cómo supo que estaba aquí?

Del mismo modo que sé que saldrá en el último avión de esta noche.

Me frotaré yo solo la espalda.

Sirva 2 copas y estaré en seguida con Ud.

Bien.

Dígame, ¿qué ha sido de usted en todos estos años?

- ¿Cómo dice? - Envidio a los periodistas.

El mundo está en llamas, pero ustedes se quedan a un lado

y lo observan como si fueran dioses.

La locura de los hombres no es para ustedes más que una noticia.

- Lo siento, no le oigo nada. - No importa.

Alcánceme mi ropa, ¿quiere?

- ¿La que está en la silla? - Sí, eso es.

Podría haber silbado. Hubiera venido andando sola.

Hubo un tiempo en que tuve una muda pero...

en algún sitio entre esto y Checoslovaquia la perdí.

He juzgado mal a los periodistas.

La guerra significa también algo para ellos.

Dígame qué es la guerra y lo sabremos los dos.

Luchamos por tener una muda limpia después del baño.

En este momento lo firmaría.

Yo contestaré.

Ya voy.

¿Diga? IAh, sí!

¿Qué has averiguado?

Bailarina... Estupendo.

¿Dónde trabaja? Espera, voy por un lápiz.

- No se preocupe, yo lo apunto. - Gracias.

¿Cómo se llama?

¡Cleopatra! Debes estar bromeando.

- Cleopatra, ¿lo tiene, doctor? - Si.

¿Cómo es? Ah, de las que me gustan.

¿Dónde es?

- Taberna Palia Atena. - Sí.

Muy bien. De acuerdo. Iré allí lo antes posible. Bien.

Tengo que vestirme, estaré con usted en seguida.

Estoy seguro que entenderá si le digo que tengo prisa, doctor.

¿En qué puedo servirle?

Cuando yo era joven la ilusión también me hacía tener prisa.

Lea esto, es para usted.

Es una lista.

Son los nombres de ciudadanos griegos importantes

que colaborarán con los nazis cuando consigan ocupar Grecia.

- Esta... Lisa, ¿Lisa qué más? - Lisa Kyriakides.

Debe ser joven, y además muy guapa.

Solo hay un modo de que colaboren las mujeres.

Lo siento, doctor.

Cada una de estas personas está dispuesta

a ser considerada como un traidor por sus compatriotas,

para ser considerada los ojos y oídos del Servicio de Inteligencia.

¿Qué tiene eso que ver conmigo?

Entregará usted esta lista a lord Victor, del Servicio de Inteligencia.

Cuando llegue a Londres.

¿Yo? ¿Por qué elegirme a mí?

¿Cómo le diría? Hay un hombre para cada sitio en cada momento.

A usted le eligió el destino.

Yo no sabía que iba a venir aquí. ¿Cómo lo supo usted?

Bien. Cuando averiguó eso debió averiguar otra cosa.

La respuesta sería no.

¿Ni aún en el caso de que se lo pague bien?

Este anillo no vale mucho,

pero en lo sentimental tiene un valor incalculable.

Ah, vamos, doctor,

ambos sabemos que los sentimientos no son negociables.

¿Cuántas personas saben lo de esta lista?

Solo yo.

Y ahora usted.

- ¿En qué situación me pone eso? - En una nada agradable.

Seguro que en este momento hay un hombrecito esperándome en el hall.

Tiene mucha razón en pensar que tal vez me hayan visto venir aquí.

Podían haberme sacado la lista del bolsillo.

- Hasta pueden sacársela de la cabeza. - De la cabeza no, Sr. Morrison.

Una de estas píldoras...

y no existirá el Dr. Stergion.

No ocurrirá nada irremediable.

Pero si ocurre, póngase en contacto con...

el Dr. Harry Thackeray de la Sociedad Arqueológica Americana.

Harry Thackeray.

Adiós.

Todos los jefes de compañía preséntense inmediatamente en el cuartel general.

Todos los jefes de compañía preséntense inmediatamente en el cuartel general.

¿Tanto le interesa nuestro mercado a un oficial de la Gestapo, Herr Heisler?

No.

¿Entonces por qué mira siempre por la ventana?

¿Busca una chica guapa?

Espero a su hermano.

¿A Tassos? Siempre llega tarde.

Hasta cuando se da prisa.

- ¿Sabe si va a tardar mucho? - No lo creo.

Suponga que su hermano no le hubiera dicho que fuera amable conmigo.

...

que tuviera que decidir por sí misma.

- ¿La han besado alguna vez, Maria? - Sí,

pero solo algún muchacho.

Ahora te ha besado un hombre.

¿Vas a requerirme a mí también?

No será necesario.

¿María?

¿María?

Lo siento, Herr Heisler,

he venido lo más deprisa posible.

A lo mejor no debí correr tanto, ¿eh?

¿Bien?

Fui directamente y seguí a Stergion hasta el hotel.

Cuando llegó allí, subió a uno de los pisos.

No, Mike, no quiero ser un aguafiestas.

Pero esperaba ver en ti un ligero remordimiento de conciencia,

un leve signo de que te das cuenta de que en este momento

debe haber por lo menos más de un millón de personas

dominadas por el miedo.

Mi madre decía que esta clase de baile fue lo que mató a mi padre.

Échale una ojeada. ¿A quién te recuerda?

Fijándome en su cara y en su... figura,

- creo que me es familiar. - ¿Acaso te recuerda a tu madre?

Desde luego no puede negarse que tienes una gran imaginación.

No me la recuerda, puedo jurarlo.

Un poco más de champán, ¿eh, cielito?

¿Cómo has dicho, madre?

No creo que seas sordo,

- Madre ha dicho "más champán". - Me lo figuraba.

Yo paso... me pica la nariz.

- ¿Al teléfono el Sr. Morrison? - No diga tonterías.

- Nadie sabe que estoy aquí. - Dicen que es muy importante.

Gracias.

- Bueno, nena, sé mi invitada. - Cielito, no te vayas.

Aquí el que paga soy yo, así que a bailar se ha dicho.

Muñeca, es un chico encantador que invita a champán...

cielito.

¿Diga?

Ah, hola, doctor.

Habíamos quedado allí a las 9 y no son más que las 8.

¿A qué tanta prisa?

Desgraciadamente hubo que hacer un cambio de planes.

En lo que a mí se refiere no. Si no hay dinero, no hay lista.

Tiene razón en eso.

Pero hay un hombrecillo que me sigue.

- Es muy peligroso que venga aquí. - Muy bien, olvidemos el asunto.

Quédese con la lista y yo seguiré mi vida.

Hablando de la lista,

mire en su guerrera, en el bolsillo interior.

¿Cómo ha llegado esto a mi bolsillo?

La puse yo mientras se bañaba.

Escuche usted con atención, porque voy a romperla y no voy a mirar siquiera.

Haga lo que haga, se quede o no con la lista, está usted en peligro.

En grave peligro. No vaya al aeropuerto, le matarán.

- ¿Qué me ha hecho usted? - Lamento haber tenido que engañarle

y le pido perdón... ¿Oiga?

- ¿Oiga? - Le oigo.

Vaya a la dirección que le di.

Enseñe la lista y le darán el dinero.

O rompa la lista.

Tiene más suerte que yo...

puede elegir.

Pase.

Aquí es, entre.

Muchas gracias.

¿Dr. Thackeray?

¿Dr. Thackeray?

¿Dr. Thackeray?

¿Dr. Thackeray?

Sr. Morrison, ha venido a recibir dinero.

¿Dónde está?

Él iba a darle dinero.

- No importa, yo se lo daré. - ¿Quién es usted?

Me llamo Tassos. La lista, por favor.

¿Qué pasa con el dinero?

Ah, ni siquiera ha esperado a que se enfríe el cuerpo, ¿eh?

Entonces no hubiera podido quitárselo, ¿no le parece?

¿Le gusta?

Bueno, dijo que en realidad no valía mucho.

Sr. Morrison, los griegos tenemos fama de lógicos.

Stergion no hubiera pensado nunca en el suicidio a no ser

que alguien tuviera la lista.

Luego, usted tiene la lista.

Así que yo le daré el dinero y usted me dará la lista.

- Claro que tengo la lista, pero... - ¿Dónde está?

No me gustan los preguntones.

Id por allá.

Déjenme entrar.

¡Quedaos ahí!

- ¿Tienen teléfono? Teléfono. - ¿Pero qué le pasa?

Está cerrado, ¿no lo comprende?

No, americano...

Oiga, póngame con...

Oiga, señorita...

¡No! No nos sirve de nada muerto.

Que se vaya, a ver dónde se esconde.

Dimitrios Tassos, para Herr Heisler.

- Le están esperando, arriba. - ¿Están?

¿El coronel Oberg también?

Sufro de palpitaciones en el corazón.

Tengo extrañas jaquecas, mi pulso es irregular.

¿Algunas veces me pregunto hasta si tengo pulso?

El Führer nos lleva de victoria en victoria.

Y cada victoria nos aleja más de nuestra propia casa.

Unas cuantas victorias más y no volveremos nunca.

Todas las noches cuando me acuesto tengo un sueño.

Sueño con un hombre pequeño.

Así. ¿Sabe lo que hace en mi sueño?

María.

Perdone, coronel, ¿quiere algo de beber?

No, gracias.

Coronel Oberg, mi ayudante, Dimitrios Tassos.

Coronel Oberg, no tenía idea de que me estaba esperando.

- He tenido que venir... - Ha sido muy amable viniendo.

Ha llegado de Corinto, tengo entendido.

- Oh, sí, en este momento. - ¡Estoy esperando...!

Su informe.

- Habla. - Verá...

A un pescador se le pueden hacer preguntas,

- pero no obligarle a contestar. - Su ayudante es un bromista.

No...

He averiguado que...

que hay varios ingleses heridos.

Uno de ellos podría ser el americano.

Como sabe, hemos bombardeado un convoy británico.

- Los llevaban al norte. - ¿Al norte?

¿A dónde al norte?

- Verá... - ¡Es imposible peinar todo el territorio!

Hubo un hombre... a punto de hablar, pero antes de que pudiera hacerlo, murió.

Herr Heisler, ¿por qué no intenta hacer hablar al pescador?

Quizá tenga suerte y consiga sonsacarle...

antes de que se muera.

¿O estaba pensando en irse de vacaciones?

He cambiado de vivienda, coronel.

Es un apartamento magnífico. Debería usted verlo.

Le he ayudado a decorarlo.

Estoy convencido de que habrá quedado precioso...

como usted, mi querida señorita.

- ¿Encuentra a mi hermana preciosa? - ¿Su hermana?

- ¿De la misma madre? - Sí, pero de padre distinto.

Lo que me gustaría averiguar exactamente

es quién colabora con quién.

Pero lamentablemente tengo una cita con mi médico.

Heisler,

él no es importante, pero esa lista que lleva sí.

No debería haber abandonado Grecia.

Si los británicos siguen bombardeando,

tal vez nunca se pueda ir.

Puede que acabe bajo una bonita lápida de mármol.

- ¿Quién es? - Un inglés, un soldado británico.

Bombardearon un convoy y le han traído unos pescadores.

Cuidado, cuidado, que está malherido.

Vamos, habla. Mira hacia allí.

Subiste por la costa en tu barca. Tenías dos hombres a bordo,

- un inglés y un americano. - Apague esa luz.

- ¿Cómo? - ¡Apáguela!

Sí, señor.

Está bien, está bien, sin luz.

Dejaste a esos dos hombres en un pueblo de pescadores.

- ¿Vino? - ¡Vino!

Muy bien... ¿estás cómodo?

¿Cómo se llamaba ese pueblo? IVamos, el nombre del pueblo!

¿No cree que estamos siendo muy amables con él?

No deberías tener dificultad en recordar el nombre del pueblo.

Sí... recuerdo el nombre. Lo recuerdo muy bien.

Pero algo me impide decírselo. No sé qué es.

Disculpe usted a su compatriota.

Confía en el poder persuasivo del dolor.

Más vino.

Puede usted contestar o no,

como quiera...

nadie le hará daño.

Aquí hay un mapa.

Fíjese en mi dedo.

¿Está mirando?

Voy a moverlo a lo largo de la costa. Cuando llegue al pueblo donde los dejó

dígamelo.

Galaxio.

Desembarcaron en Galaxio.

Los campesinos los recogieron y los llevaron a la montaña.

¿Verdad?

Si buscamos en este círculo...

los encontraremos.

Estamos orgullosos de tener un inglés en nuestro pueblo.

¿Qué hacéis aquí?

¿No veis que está enfermo?

¿Cómo se va a poner bien si no come?

Dejad la comida si queréis, pero marchaos en seguida.

Sí, tiene razón, andad. Marchaos, ya volveréis.

Tú tienes la culpa, ¿por qué las has dejado?

- También es de ellas. - Ya.

Es de todo el pueblo, no puedes quedártelo para ti sola.

- Vete de aquí tú también. - Está bien.

Si crees que eso le pondrá mejor. Pero esta semana...

esta semana comeremos como reyes.

Vamos, sal de aquí, deprisa.

Si te comieras todo esto te morirías.

¿Cómo he llegado aquí?

La semana pasada le trajeron unos pescadores del sur.

¿Sin ropa?

- Vino envuelto en una manta. - ¿Y no tenía nada? ¿Nada?

- Nada. - No, quiero decir encima.

SÍ.

Un pedazo de papel.

Se lo encontré apretado en el puño.

De haber muerto lo habría leído

para que no lo enterraran sin nombre.

Bueno, me he quedado sin dinero y con la lista.

Cómo se reiría el pobre Stergion si pudiera.

Por aquí.

- En uno de estos pueblos. - ¿Cuántos son?

¿Qué más da? Enviaremos hombres a cada pueblo.

El camino es muy largo para ir andando.

- No importa. Le apetece caminar. - Sigue siendo muy largo.

Es mi hermano, Andreas.

Leónidas es mi tío.

¿Dónde está todo el mundo?

Cuando llegaron los alemanes se marcharon todos.

Siéntese.

- ¿Cuál es su nombre? - Eleftheria.

- ¿Ele qué? - Eleftheria.

Sí, eso me ha parecido. ¿No tiene diminutivo?

- Veamos, ¿qué tal "Eli"? - Eli es de Eleni.

- Entonces tal vez Lefty. - ¿Qué significa?

Verá, en mi país es un nombre para gente especial.

¿Cuál es el suyo?

Mike.

Michael Fox.

Bien, ahora ya no me necesita.

Nunca deberíamos necesitamos.

- Nico, ahora. - ¿Ahora?

Ahora.

¡Ya viene, ya viene, ya viene!

¡Ya viene, ya viene!

Se han tomado muchísimas molestias solo por mí.

- ¿Lo merezco? - Todos los pueblos tienen su inglés.

Y ahora nosotros lo tenemos.

Han encendido velas por tu curación.

Y ahora que estás bien dan las gracias.

- ¿Y Leónidas? - Están celebrando una reunión.

Una reunión.

El almacén de suministros está aquí, y nosotros aquí.

Cuando oscurezca bajaremos al valle por aquí.

Es cierto que no tenemos muchas armas,

pero tenemos la ventaja de la sorpresa.

Y eso también es un arma.

Y tenemos las oraciones del pope Panos.

Después de este ataque tendremos armas y municiones.

Entonces nos iremos a las montañas

y lucharemos en las montañas.

Pope Panos.

¿Por qué os limitáis a oírle rezar? ¿Creéis que Dios solo le oye a él?

Y aunque lo hiciera, ¿creéis que os va a proteger?

Eleftheria, ¿es posible...?

Mientras él reza, ¿dónde está Cristos?

¿Y Tanasis?

Son disidentes, y aquí no hay sitio para disidentes.

¿Cómo sabéis que no os están traicionando en este momento?

Cristos no es capaz de traicionarnos, y Tanasis es un cobarde.

¿Y tú? Si te negaras a conducirlos no irían.

Diles que no vas.

Díselo.

¡Díselo!

Mi hermana no entiende nada de esto.

¡Lefty!

¡Lefty!

¡Lefty!

Lefty...

- ¡Lefty! ¿Qué?

¿Por qué te has ido?

El pueblo cree que él te ha curado, pero fui yo.

Yo te tuve en mis brazos, te di de comer cuando no querías.

Fue mi fuerza lo que te di.

- Y ahora vas a conducirlos abajo. - Escucha...

- No pienso escucharte. - Escúchame bien.

Mira, no tienen munición suficiente ni para una simple escaramuza.

Y mucho menos para luchar contra nadie.

Daremos un paseo hasta el valle, echaremos un vistazo a los alemanes

- y volveremos. - Si se van no volverán.

Y tú tampoco volverás.

Déjales ir a ellos, pero no vayas tú.

No quiero que vayas.

No te preocupes, soy un amigo.

Me llamo Bluey, soldado Bluey Ferguson.

Iba en un tren de prisioneros de guerra hacia el norte,

con los heridos.

Decidí mandar todo a paseo.

Así que aquí estoy.

Pues sal fuera, yo iré en seguida.

Muy bien.

No quiero que vayas.

Sé de un sitio, junto a las montañas donde podremos escondernos.

Nadie lo conoce.

Nos esconderemos allí hasta el final de la guerra.

Tengo que ir con ellos.

¿Qué pasa?

Tengo tanto miedo que estoy escupiendo algodón.

Si los vieras a ellos... También tienen miedo.

SÍ.

¡A tierra!

A la hora en punto.

Ha sido una piedra.

SÍ.

No disparen hasta que estén en medio de la calle.

¿ES aquí?

Bueno, vamos.

¡Ahora!

¡A las luces!

Todos, amigo, han cazado a todos.

¿Está el americano?

No disparéis si está. ¡Matad a los demás!

Hemos caído en una trampa.

Su modo de esconderse, su modo de esperar para atacarnos...

- Tenían que saber que veníamos. - ¿Quién pudo decírselo?

¿Tanasis, Cristos? No nos traicionarían.

Pues alguien lo ha hecho.

Ahora no importa ya.

Tendré que ir a los otros pueblos. Este camino te llevará al nuestro.

¿Pretendes que les diga yo lo que ha pasado?

Tendrás que decírselo como tendré que decírselo yo a los otros.

Volveré dentro de dos días.

Andreas,

¿eres tú?

¿Dónde está Andreas?

¿Por qué no contestas?

Andreas fue a avisar a los otros pueblos.

¿A los otros pueblos?

¿Por qué tenía que ir a los otros pueblos?

¿Han muerto todos?

¿Ha ido para decírselo a los demás?

Alguien dio el soplo a los alemanes.

Nos han hecho un gran recibimiento.

Por mucho que te reproches no recobrarán la vida.

No he hecho más que crearos problemas.

Debí haberme marchado hace tiempo.

¿Te acuerdas que me dijiste que conocías un sitio en las montañas

para escondernos?

Eso es lo que ha sido este pueblo para mí,

un sitio donde esconderme.

Yo no conocía ninguno de esos hombres,

y ahora no puedo olvidar sus caras.

¡Basta!

¿Dónde está ese tipo?

¿El que dijo que se llamaba Bluey?

Eleftheria le dio algo de comer, le vendó el tobillo

y desapareció sin decir nada a nadie.

Mike, en estas escaramuzas siempre es de esperar que muera alguien.

¿Cuántas armas habéis conseguido? Eso es lo importante.

Desgraciadamente ninguna.

Nos sorprendieron antes de llegar al almacén.

¿Por qué se marchó ese desconocido? ¿Por qué?

Se enteró de que preparábamos una descubierta

y dijo que estaba harto de guerra. No importa.

Esperaremos unos días y lo intentaremos en otro almacén.

Esta vez los cogeremos desprevenidos.

¿Y Andreas, cuándo volverá?

Dijo que estaría de vuelta el viernes.

¿Por qué sigues preguntando por ese inglés Bluey?

Tengo la sensación de que le plantaron en este pueblo.

¿Crees que era alemán?

¿Te acuerdas del pedazo de papel que me encontraste en la mano?

Era una lista de 16 nombres.

Nombres importantes.

Nombres de personas que saben hasta lo que piensan los alemanes.

Personas que hasta tal vez puedan salvar a Grecia del invasor.

¿Qué has hecho con ella?

La he quemado.

Los tengo bien grabados en mi cabeza.

Lo más gracioso es que es el único sitio donde están.

Nadie más los conoce.

Por eso no me matan, es un seguro de vida.

Entonces no debes estar aquí cuando vengan.

- Tienes que irte. - La lista les obligará a venir.

- Preguntarán por mí. - Les diremos lo que sabemos,

que eres un extranjero llamado Mike y que...

La realidad es que nadie sabe nada de mí.

Por favor, Mike, si supiéramos toda la verdad,

tendríamos que mentir, y tal vez yo no pudiera.

Déjame ir contigo.

No.

Siéntate. Andreas te llevará.

Hay un convento cerca de Atenas donde han ayudado a otros a escapar.

¿Conoces el camino al pueblo vacío?

Debes ir allí y esperar en la cabaña que tiene la proclama.

Cuando vuelva Andreas le mandaremos allí.

Tienes que marcharte.

Talvez...

ya no vuelva a verte.

No importa.

Sabía que terminaría así, era necesario.

¿Qué vas a hacer?

Por favor, vete.

No podemos esperar.

Dígales que se callen.

Vienen los alemanes, he venido en cuanto lo he sabido.

Mike te está esperando en la cabaña de la proclama.

Nuestra gente va a morir y tú te preocupas por Mike.

- Tengo que avisar al pueblo. - Yo avisaré al pueblo.

Espera, Andreas.

Hay algo mucho más importante que tienes que hacer.

- ¿Más importante? - Más que todo este pueblo.

Sí, una lista de nombres. Solo él puede entregarla a los ingleses.

Tienes que llevarle al convento en seguida, donde han ayudado a los otros.

¡Andreas Andreas!

Bueno, ¿dónde está? Habla.

Usted no es alemán. Es griego.

- Así es, soy griego. - Usted es un traidor.

Veo que ha empezado sin mí.

No... Le estamos esperando, pero no llegaba y...

Ella es.

Estaba con el americano.

¿El americano?

¿No sabían que ocultaban a un americano?

¿Cuántos hombres perdieron anoche cuando se acercaron al almacén

como mendigos

para robar unas cuantas armas y unas balas?

Los perdimos a todos.

A todos menos a Andreas.

¿Y el americano?

¿Sabían que mientras estaba aquí

este americano llevaba información vital que si era entregada

a ciertas autoridades

podía conseguir envíos de sus amigos los ingleses?

Envíos de armas, municiones, medicinas

y personal militar para combatir contra nosotros.

Pudo haberles ayudado.

Pero no lo hizo.

Qué pena.

También era un traidor.

¿No lo comprenden?

Ese americano

al parecer no sabían quién era.

¿Por quién se hacía pasar?

Dijo que era inglés.

Mentira. ¿Qué nombre les dio?

- Mike Phillips. - Eso fue mentira a medias.

Se llama Mike,

Mike Morrison.

SÍ,

ni siquiera es soldado.

Es uno de esos periodistas,

un corresponsal extranjero.

¿Sabe usted lo que es un corresponsal extranjero?

Es ese tipo de cobardes intelectuales que observan

mientras otros mueren,

a fin de publicar su versión de lo ocurrido de tal modo

que su periódico se venda más.

Ese es el tipo de hombre que ha protegido.

¿Por qué iba a hacernos eso?

Ese americano es mi enemigo y vuestro enemigo.

Es importante que me lo entreguen inmediatamente.

Tan importante...

que tengo orden de destruir todo el pueblo si se niegan a colaborar.

¿Dónde está?

Recuerda lo que le dijimos a Andreas, recuérdalo.

¿Qué es lo que quieres que recuerde?

- ¿Dónde está el americano? - Por favor, Leónidas, reflexione.

¿Vale la vida de un americano más que la de todo un pueblo griego?

Recuerda.

Cuando hablamos con Andreas,

le dijimos que había algo más importante que este pueblo.

¿Te acuerdas?

SÍ.

Más importante.

¿Qué puede haber más importante para ti que tu pueblo?

¿Qué?

Llévenselos.

Suéltenme, suéltenme.

Suéltenme...

- iSuéltenme, suéltenme! - Déjenla, sabe andar sola!

¿Ven sus ojos?

Qué obstinación.

Lástima que no tengamos hombres como él con nosotros.

No es fácil, ¿verdad?

¿Viene usted?

¿A ver como la Wehrmacht crea diez mártires más?

No.

Vaya usted.

Tal vez aprenda lo que es el valor... de sus compatriotas.

Los hombres a la izquierda. Las mujeres a la derecha.

Vamos.

Silencio.

¡Silencio!

Por orden del coronel Elrick Oberg del ejército alemán

de ocupación en Grecia, vosotros, los habitantes del pueblo de San Jorge

sois acusados de dar refugio a tropas de enemigos.

De acuerdo con las autoridades de ocupación, ese delito será castigado

con la ejecución de los rehenes y la destrucción del pueblo.

Estos diez hombres darán un paso al frente

según se vayan nombrando.

Tanasis Papadinos.

Yo no soy uno de ellos. Soy amigo vuestro.

Soy vuestro amigo.

Intenté decirles que no había sido yo...

¡Calla!

Le prometí hablar en su favor.

Lo que dice es cierto. No es uno de nosotros.

Es amigo de ustedes. No merece morir con nosotros.

Merece vivir con ustedes.

Pobre Tanasis.

Tampoco ellos te quieren, ¿eh?

Eres lo único que me queda.

No debiste haber venido... Nos dijimos adiós.

Cuando Andreas venga he de irme. Y sabes que me tengo que ir.

Mike, te perdono, te perdono.

- ¿Le habéis buscado? - Hasta que oscureció,

luego lo dejamos.

Herr Tassos ha dejado muy claro que tratan de ocultarse en los monasterios.

Sí, señor.

Bien, retírate.

Sí, un monasterio, un monasterio...

Pero hay miles de monasterios.

¡Tenemos visita!

¡Hermana, un hombre y una mujer!

Es un inglés, tiene que ir a Atenas.

Tenemos un sacerdote que ha ayudado a otros.

Aún tardará unos días. Vengan por aquí.

Estarán a salvo.

¿Qué estará haciendo el coronel Oberg?

Debería estar subiendo las escaleras.

Ya ha empezado a subir.

¿Por qué ha estado ahí de pie tanto tiempo?

Por nada siniestro.

Se está ciñendo a la tradición prusiana de puntualidad.

Ocho,

siete, seis,

cinco...

Adelante, coronel.

Excelente, verdaderamente excelente.

Mi querido amigo Heisler, tiene usted buen gusto.

Ah, Tchaikovski. Qué alivio tras oír la música del inmortal Wagner.

Hija mía, has de reconocer que has tenido gran suerte.

Cualquier otro oficial haría pasar por su apartamiento un desfile de mujeres.

Pero no nuestro Conrad, él no.

Él ama, sí, pero solo a una mujer.

Con una obsesión casi de morfinómano,

de maniático.

Debo decir que lo apruebo.

Deja lugar para las delicias de la infidelidad,

permite al hombre el engaño,

disfrutar del goce de su propia culpa.

Exacto, como el hombre que se hace más religioso,

para que la rehabilitación sea más emocionante después de su caída.

Lástima que yo no esté del todo bien.

¿Cómo va su salud, coronel?

La última vez que lo vi iba a visitar al médico.

No va bien, no, nada bien.

Mi pulso.

Estoy enfermo, me temo, muy enfermo.

Lo único que podría curarme de una vez para siempre

sería el cadáver de ese americano.

Sírveme una copa, querida.

O en su defecto tener la lista de esos nombres en mis manos.

Heisler,

ha quemado un pueblo, ha fusilado a los rehenes,

¿pero y el americano? Ha vuelto a escapar, ¿verdad?

Cierto.

Si ese hombre quiere volver, tendrá que pasar por Atenas, ¿verdad?

Así es.

¿Con quién establecerá contacto?

Con uno de los nombres de la lista.

¿Cuántos nombres hay, cinco, diez, quince?

Los que se pueden aprender de memoria.

¿No es así otra vez?

Otra vez cierto.

Lo cual reduce las posibilidades de coger a ese americano

justamente de quince a una.

Esa chica de la que estaba enamorado,

¿cómo se llamaba?

Lisa Kyriakides.

Miembro del movimiento de resistencia en Atenas.

Se le encargó que espiara todos sus pasos.

Usted la quiera, ella le quiere a usted.

¿Cómo lo sabe, coronel?

Por su eficaz ayudante.

Él no se limita a espiar a sus compatriotas.

También nos espía a nosotros.

Estoy seguro que tiene un valioso dossier de su hermana.

¿Eh, Tassos?

Resumiendo,

¿a quién pedirá ayuda? ¿Cómo podrá llegar a Atenas?

¿A quién irá a pedir ayuda? A un monasterio.

A un monasterio.

Si convenciera a su amiga de que se pusiera en contacto con él,

al menos tendríamos más probabilidades.

Con mis conocimientos y el pago de unas cuantas dracmas,

creo que se podrá arreglar, pero ella tendrá que cooperar.

Heisler la convencerá de que nos entregue al americano.

Es una patriota, se negará.

Es madre de dos hijos, no puede negarse.

Exacto.

Me han informado que usted siente gran cariño por los niños.

Me parece admirable.

Con lágrimas en los ojos tiene que convencerla

de que ha de elegir entre estas dos cosas:

sus hijos o el americano.

- Me dijo que eran hermanos, ¿no? - Misma madre y diferente padre.

Notable. Muy notable.

Heisler, le voy a dar un consejo. Si no quiere llenar de lágrimas

los ojos de dos mujeres, y colgar una corona de muerto en su puerta

ha de convencer a su verdadero amor de que lo más conveniente para todos

es que nos entregue al americano y se deje de sensiblerías.

¿Me he explicado bien?

Entendido, coronel.

Tiene una casa encantadora, querida.

¡Visitas!

- ¿Qué es lo que ve? - Un coche.

¿Es alemán?

No, no es alemán.

Esta vez te vas de verdad.

Cuando Perséfone dejó a su marido, él le dio una semilla de granada

para que volviera.

Yo lo único que tengo es un pendiente.

Tal vez te proteja.

Esa chica está enamorada de Ud.

Bien, vámonos.

Tal vez necesite esto.

Me gusta mucho el piso. Aquí se debe vivir admirablemente.

- ¿Se puede saber cómo se llama esto? - El puerto del Pireo.

Está cerca del barco que le llevará a usted.

Y de la iglesia donde le ayudará un sacerdote.

Sería gracioso que a estas alturas me diera por rezar.

Bueno, estoy en el mismo punto de partida.

El círculo de la vida.

Le advierto una cosa, no he venido aquí para meterme en la boca del lobo

como un corderito. Quiero saber a dónde me lleva.

- Eso depende. - ¿Depende de qué?

De lo pronto que podamos arreglar las cosas para que se vaya.

No me venga con evasivas.

¿Cuánto tardaremos en llegar?

Un día, tal vez dos.

En fin, tendré que conformarme.

Pero si tarda más, cuando vuelva aquí, el pájaro habrá volado.

- Me habré ido por mi cuenta. - ¿A dónde podría ir?

Ya me las arreglaré.

Ud me ha traído, no faltará quien me lleve a otro sitio.

¿Por qué? ¿Por qué habrían de fiarse de usted?

¿Cómo iba usted a identificarse?

Eso es lo más fácil de resolver.

Por cierto, ya que ha sacado la conversación,

¿cómo se enteró usted de mi caso?

No tiene importancia, ¿no cree?

¿Entonces por qué pregunta que cómo me identificaría?

Porque yo puedo ayudarle.

Confíe en mí.

¿No hay algo que pueda enseñarme o darme?

- A lo mejor. - ¿No es peligroso llevarlo consigo?

- No le comprendo. - Lo llevo en la cabeza.

Entonces...

¿no cree que podría escribirlo y dármelo?

Si algo le ocurriera a usted...

-Es una lista de nombres, ¿no? -¿Por qué lo supone?

Suponga que yo le diera uno de esos nombres.

¿Le daría ello más confianza en mí?

Lisa Kyriakides.

Con ese nombre debe ser muy joven y muy guapa.

La experiencia demuestra que solo hay un medio

que las mujeres colaboren.

Mire, cielo, usted piense solo en la forma de sacarme de aquí.

Yo me preocuparé de conservar mi cabeza.

Lamento que no se fíe.

Hay comida y un poco de vino en la cocina, y algunos libros.

¿Adónde va?

No ha venido Ud. aquí para terminar en este agujero.

Si quiere salir de Atenas se esperará.

Será una buena idea que cierre con llave.

Lisa.

Lo que tengo que decirte no llevará ni un minuto.

Fíjese en la venta que acaba de hacer, Sra. Kyriakides.

Dicen que el camino al corazón de una mujer

es el bolsillo de un hombre.

¿Cuánto me va a costar esto? Diga un precio para empezar,

pero le advierto que estoy dispuesto a negociar.

Lisa,

ayer una mujer fue vista cerca del Parnaso.

Una patrulla la ordenó detenerse, se negó.

La patrulla se vio obligada a disparar.

Desgraciadamente la mataron.

También recibimos informe de haber visto un coche del convento del Parnaso.

Iban un hombre y una mujer.

Sí.

Por otro lado, yo mismo interrogué a la madre superiora.

Según ella no hubo ni hombre, ni mujer, ni coche, ni nada.

Cuando le recordé que la mentira es pecado, me dijo que esperaba

que Dios la perdonara si mentía. Fíjese que no dijo que Dios la castigaría.

¿Por qué iba a mentir?

¿Por qué?

La religión no conoce límites nacionales.

Dios está de los dos lados.

El caso es que mintió.

Sí, hubo un coche. Opel 1937, verde,

descapotable.

¿Le doy también el número de la matrícula?

Fuera de aquí.

Puede usted cargar esos trajes a mi cuenta, Sra. Kyriakides.

Un pueblo murió.

¿Qué prueba eso?

Que resistir es un error. Si el americano entregó los nombres

a los ingleses morirán aún más griegos.

Esa ha sido siempre una excusa muy conveniente para ti.

Lisa,

seguir... queriéndote no ha sido conveniente.

Sé que has escondido al americano.

Es mi deber pedirte que nos lo entregues.

Si no lo haces...

por ti misma...

Sabes lo que digo, Lisa.

Lo que tienes que hacer es muy sencillo. Mañana...

- ¿Qué vamos a celebrar? - Hoy.

¿Hoy?

Sí, hoy va a salir de Atenas. A las cinco le conduciré a la iglesia.

Magnífico. Estoy impaciente por marcharme.

- Siéntese. - Vamos, beba usted también.

Traiga otro vaso.

El acontecimiento lo merece.

Espere un minuto.

Oiga, ese barco en el que me van a facturar, ¿a dónde va, a qué puerto?

A Port Said, en Egipto.

Allí se pondrá en contacto con los ingleses

y les entregará la lista.

Y su trabajo habrá terminado.

¿Así que mi trabajo habrá terminado?

Me han dejado mucho tiempo para pensar en él.

Y también para pensar en un viejo y buen amigo mío,

Ray Taylor.

Es difícil olvidar con cuánta sorpresa me miró

cuando le dije que un compañero nuestro había caído en Polonia.

Se le saltaron las lágrimas.

Debían ser muy buenos amigos.

¿Ha llorado usted alguna vez?

Últimamente no.

¿Recuerda aquella chica?

La que estaba en el convento.

La que no iba vestida de luto.

SÍ.

También he estado pensando en ella.

Me dijo que conocía un sitio en las montañas

donde uno podría esconderse sin temor a ser descubierto.

Me dio esto.

Para protegerme.

- ¿Cree usted en esas cosas? - No, de ningún modo.

Ya he visto demasiado.

Casi no me queda nada en qué creer.

En fin, brindemos por nada.

Al final de la calle hay una plaza.

Tiene que cruzar la plaza y entrar en la iglesia.

- ¿Y luego qué? - El sacerdote se lo dirá.

Voy a partirle el cuello,

pero antes quiero saber por qué iba a entregarme.

¡He dicho que quiero saberlo!

¿Qué iba usted a conseguir con ello?

Un paso más y estaría muerto.

¿Qué se lo impidió? ¿Los nombres?

¿El pendiente de Lefty que llevaba en la mano,

la ropa de Andreas que llevaba puesta, la canción de la iglesia...?

- He dicho qué. - Tengo dos hijos,

un chico y una chica. Heisler me amenazó con matarlos.

¿Quién es Heisler?

El jefe de la Gestapo en Atenas.

La Gestapo.

Debió usted entregarme.

Era como...

apuntarle con una pistola. No pude apretar el gatillo.

Él matará a sus hijos.

La pistola está en sus manos ahora, no en las mías.

¿Le doy lástima yo y ellos no?

¿Qué fue, que no podía mirarme si me entregaba?

Es la única razón que se me ocurre.

- No fue nada tan noble o maravilloso. - ¿Entonces qué?

Cuando mi marido se fue de Grecia me abandonó.

Estamos divorciados.

Los niños son lo único que queda...

de aquel matrimonio miserable. Como usted dice,

un paso más y habría sido tarde.

Será que en aquel momento tomé una decisión.

No la de quién viviría, sino...

la de quién moriría.

¿Entiende lo que le digo?

- ¿No quiere usted a sus hijos? - Sí...

No...

Si eso es lo que quiere, señora, lo ha conseguido.

No tengo nada por... nada por quien...

Quiero desesperadamente a mis hijos.

¡Yo no sería capaz de hacerles daño!

Heisler tampoco querrá hacérselos.

Me quiere y quiere a los niños. Ellos le adoran.

Mire,

Europa entera está llena de hombres como Heisler que están llenando

campos de concentración de hombres, mujeres y niños.

Hasta se proponen destruir todo un pueblo,

y usted cree que no matará a sus hijos.

- ¿Los matará? - ¿Que si los matará?

De sobra sabe que sí.

Tenía usted que entregarme,

Y no pudo.

Hay otra cosa que no pude hacer.

La chica del convento que le quería, ella...

- ¿Quién es Andreas? - Su hermano.

- ¿Ha muerto? - Sí.

- La chica, ¿cómo se llamaba? - Lefty.

Eleftheria.

Ha muerto también.

¿Muerta?

¿Cómo sabe Ud que ha muerto?

Una patrulla intentó interrogarla. No quiso detenerse.

- ¿Quién se lo ha dicho? - Heisler.

- ¿Adónde va? - Voy a matarle.

- Le matarán a Ud. - Que me maten.

Yo he huido demasiado de ellos. Ahora he dejado de huir,

- voy a salir de aquí andando. - ¿Y los nombres?

¿Qué pasa con los nombres? Nunca los revelaré.

Además, hay que afrontarlo, ya no tengo salvación.

Pero hay un nombre que voy a revelar, el de Heisler.

Eh, un momento. Esperad un momento.

¿Alguno de vosotros conoce mi idioma? Tú, ¿me entiendes?

Sí, sí está.

La única esperanza que tenemos son los hijos de Lisa Kyriakides.

Para ti, del cuartel general.

- Bien. - Bien, ¿qué?

¡Apaga eso!

¿Diga?

Herr Heisler, acaba de llamar un chico que quiere decir algo sobre

cierto americano.

Un informe sobre el americano. Parece que un chico lo ha visto.

¿Sí?

Aquí Heisler.

¿Cómo es ese americano?

- Alto, ojos verdes, pelo castaño. - Es el americano.

¿Dónde está?

Está esperando en una taberna, la Palia Atena.

- El americano, ¿dónde está? - ¿Qué americano?

- No hay ningún americano. - Habla.

Nos han dicho que está aquí. ¿Dónde le escondes?

Por favor, no sé de qué me está hablando.

Es para Herr Heisler.

Anda, vete.

¿Diga?

Tiene suerte que yo sea un producto de una sociedad decadente.

Si no me hubiera estropeado tantas películas del oeste,

a estas horas ya sería Ud fiambre.

En alemán corriente quiere decir que le hubiera matado por la espalda.

- ¿El americano? - El americano.

Hace un momento nosotros éramos los cazadores,

ahora somos los cazados.

- Está fuera esperándonos. - Llamaré al cuartel general.

Tendremos rodeada la zona en cinco minutos.

El americano ha prometido que en 3 min. estaré muerto,

aunque para ello tenga que entrar a buscarme.

¿Qué... qué va a hacer?

Los dos

saldremos a luchar con él. Tassos,

también te quiere matar.

Piense lo que hace,

si aprieta el gatillo es posible que mate a Heisler,

aunque a esta distancia lo dudo.

Y ellos desde luego le matarán a Ud.

Llevo tres horas buscándole, tres horas. Casi llego tarde.

- ¿Quién es usted? - ¿Quién soy yo?

Es una pregunta muy profunda. ¿Quién es nadie, quién es Ud?

Conteste.

Digamos que yo también soy un último resorte desesperado.

La última persona a quien recurriría Lisa Kyriakides en un apuro.

En realidad es triste, porque tiene muy poca fe en mí.

¿Por qué recurrió a usted?

Mi querido amigo, en un momento como este,

¿a quién volverse mejor que a un prestamista?

La pistola, por favor.

Pobre Tassos, mírele.

Debo decir que Heisler afronta la muerte con valor.

Ahora demos la vuelta muy despacio y vayámonos.

¿Le ha matado?

No.

Le tuve a mi merced, lo único que tenía que hacer era apretar el gatillo.

- Me alegro de que esté a salvo. - También yo.

Todo fue absurdo, se lo aseguro.

De no ser por su gordo amigo yo ya estaría muerto.

Lisa, no he dejado de preguntarle quién era. Se salía por la tangente.

La última noticia que tengo es que se llama Chesney.

¿Dónde encontró a ese tipo?

Yo le buscaba a usted y él me encontró a mí.

Me ha dicho que estoy en venta al mejor postor.

¿Cuál fue su oferta?

Nada. Le dije que no tenía dinero.

Él me dijo que nunca había realizado un acto de caridad,

pero que en mi caso haría una excepción.

La idea pareció divertirle.

Sí, se reía, aún me parece estar oyéndole reír.

Da la impresión de no tomarse nada en serio.

Mire, vamos a terminar con esto de una vez.

Yo le doy la lista, usted me entrega, recupera a sus hijos y...

se larga de aquí.

Demasiado tarde. Chesney, por lo visto, tiene otros planes.

La guerra es una cosa terrible.

¿Se le ha ocurrido pensar en lo terrible que es la guerra?

Y sin embargo, qué bendición para algunos.

Usted, por ejemplo, ¿qué hubiera sido sin esta guerra?

Un tratante de aceitunas, un vendedor de higos secos,

ganándose la vida de mala manera.

Y ahora... fíjese.

Pues esto es solo el principio.

¿Quién sabe qué doradas oportunidades le esperan?

¿Qué le trae por aquí?

Heisler ha planeado destruirle.

Le dejará vivir mientras siga siéndole útil,

pero en cuanto tenga al americano...

En el fondo de su corazón sabe que es cierto.

Pero si captura usted al americano, será usted quien le entregue al coronel

y Heisler quedará en ridículo.

¿Por qué quiere ayudarme? No es tan amigo mío.

No, pero sí soy amigo mío.

Y me interesa una larga y provechosa amistad con usted.

¿Puede conseguir a los niños?

Están en casa de un matrimonio griego.

Todos sus movimientos los conoce Heisler.

Si yo los cogiera, habría agentes por todo Atenas.

¿Y si garantizáramos que no lleguen hasta allí?

¿Quién iba a garantizar eso?

Lisa Kyriakides.

Tal vez ella...

pudiera estar allí para distraerle.

Tenga.

¿Qué es esto?

Pasaportes para mi hija Teresia y para mi hijo Costa.

Lo siento, no comprendo nada.

Chesney cogerá a mis hijos y vendrá a buscarle a usted.

Sé que no se fía usted de él. Yo tampoco me fío.

A veces hay que poner la confianza en cosas extrañas.

Así que todos vamos en el mismo barco, ¿eh?

Está corriendo un gran riesgo, señora.

Los niños y los perros no suelen quererme.

Cállate, monín. Cállate.

Anda, ven. Si te llevo a ver a mamá.

Vamos.

Vamos. Vayamos a ver a tu madre.

Eh, un momento.

No ha dicho que fuera a venir usted.

Pretende quedarse aquí para que podamos irnos.

¿Son esos sus planes?

¿No pensará que voy a dejarle hacer eso?

Desgraciadamente no es cuestión de que me deje o no.

Es muy sencillo.

Puede quedarse,

y entonces nos quedamos todos.

O tres podrán marcharse...

En realidad no hay elección.

Chesney me dijo que cuando sonaran las campanas de la iglesia

sabría que eran libres.

- Pero usted no cree en estas cosas. - A mí me protegió.

¿Qué les digo a los niños?

Dígales...

Querrán saberlo.

Dígales que...

¿Es la residencia de Conrad Heisler?

- ¿A quién anuncio? - Lisa Kyriakides.

- Lisa... - Kyriakides.

Un momento, por favor.

¡Lisa!

Esta es María Tassos.

Sra. Kyriakides, su hijita se parece a usted.

- Sus hijos son encantadores. - ¿Están aquí?

¿Te importa salir un momento? Por favor.

¿Dónde están mis hijos?

Están en el campo...

de visita.

Les dije que ¡rías a buscarlos dentro de unos días.

- ¿Y te creyeron? - ¿Por qué no? Soy su amigo.

Estás pensando que soy capaz de usar el amor de los niños como arma.

Ayer creí que llegaba el fin de mis días.

El americano me dio un gran susto.

¿Lo sabías?

- ¿Has decidido entregárnoslo? - Sí.

Pero te cuesta mucho.

Si le hubieras entregado al principio no habría significado nada para ti

un desconocido.

Ahora le conoces demasiado y sientes lástima.

Tú conoces a mis hijos, ¿no sientes nada por ellos?

Yo quiero a tus hijos.

- Los quiero mucho. - Pero eso no te...

impediría matarlos.

Lisa,

el amor es una cosa, el deber otra.

Hoy a las seis en punto tendrás al americano.

Y a las seis y diez tendrás a tus hijos.

Esto pone fin a nuestra entrevista.

¿Me sirves algo de beber?

Por favor.

Con mucho gusto.

No, coñac no. Jerez.

¿Ya lo has olvidado?

La de en medio.

Tendrá que subir solo.

¿Usted no sube conmigo?

Mi querido Tassos, ¿es usted de piedra?

Los niños, el recuerdo de sus caras alegres y llenas de confianza...

Le quedará uno, ya es bastante consuelo.

¿Pero y si se resiste?

No resultará tan difícil de convencer.

Suba y acabe con este asunto,

pero que sus lágrimas no le convenzan.

¿Sus lágrimas? Soy incapaz de sentir piedad.

- ¿Qué puerta es? - La de arriba, a la derecha.

Sra. Kyriakides.

¿Lisa?

¿Puedo pasar?

Perdónenme por no llamar, caballeros.

Bueno, ¿qué espera? El coche está en la calle y los niños dentro.

Deprisa.

Un momento.

Siempre me ha gustado ver trabajar a un artista.

Gracias.

Aquí debía haber un coche con dos niños.

Stergion eligió bien cuando te designó para espiarme.

Cómo hablábamos. Yo estaba hambriento de conversación.

No fui una buena espía, ¿verdad? Nunca sabría de qué informar.

Estoy segura de que me descubriste en seguida.

En seguida. Te tenía vigilada.

Confiar en la gente es peligroso.

Pero luego hubo un tiempo en que...

Si quisieras besarme...

¿Sabes lo que significas para mí?

Sí, lo sé.

Pero como dices...

nada ha cambiado desde aquel día en la Acrópolis, ¿verdad?

¿Por qué has venido, Lisa?

Aquí estamos bebiendo, riendo, charlando como en los viejos tiempos.

Pero no sé por qué el aire emana peligro.

¿Por qué?

Creí que podría vencer mis sentimientos, pero es inútil.

¿Verdad, Conrad?

Lo que nunca pudiste comprender es que hay dos Heisler.

- El que te quiere y el que... - El que aún tiene sangre en las manos.

Miro el teléfono y no hago más que recordar que cada vez que sonaba

era para anunciar algún horror.

Te olvidas siempre que no hay dos Heisler,

¡solo hay uno!

Ya, eso es lo que quiero decir. Contesta, deprisa.

¿Quién sabe qué monstruoso horror te pedirán que cometas?

Yo te quería...

Te quería mucho, tal vez fuera amor, no lo sé.

Sí sé que siempre he esperado inútilmente que hubiera algún límite,

que no sobrepasaras, que algún día sonara ese timbre y no contestaras,

que pusieras fin a ese horror.

Suponte que cambio de opinión. Supón que no te entrego al americano.

¿Serías capaz de matar a mis hijos?

Lástima que no lo averiguaremos, ¿verdad?

Yo había esperado algo más.

Lo que fuera no lo sé.

¿Oiga, Herr Heisler? ¿Está usted ahí?

¿Diga?

¡Lisa, espera!

Tienes razón.

¿Oiga, Herr Heisler?

Bueno,

los pájaros han volado.

No es demasiado tarde para un buen masarli.

Yo tengo uno excelente. Sálveme a mí también.

- Dígame el precio, pero sálveme. - ¿Salvarle?

Tal vez no pueda salvarme a mí mismo.

¿Sí?

¿A qué hora?

¿Quién iba con él?

¿Por qué no me han llamado?

Ya.

Márchate en seguida.

No deben encontrarte aquí.

Debes irte, ahora.

- Era verdad, hay dos Heisler. - He tenido mucha suerte.

A uno de los dos se le ha permitido un acto de gracia.

Vete, Lisa, por favor.

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