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AVISO DE EXPULSIÓN
Aquí tienes, Jamie.
- ¿Qué haces? - Mamá revisa la basura.
MALCOLM
Mira esto.
Son mis deberes.
Me he pasado todo el año empollando Cálculo Integral y Conversación en Latín.
Necesitaba una clase que no me matara.
Hasta que vi Apreciación Musical.
Es una clase de verdad.
Solo tengo que escuchar un CD y escribir cómo me hace sentir.
- ¡Es un sobre tirado! - Por muy tirado que esté,
es más fácil suspender.
En esta clase no.
Voy a hacer los deberes.
¿Suspenso?
No me creo que ese imbécil me haya suspendido.
"Está claro que no la has escuchado". Tú me viste escucharla.
Con un boli adecuado, puedes convertirlo en un suficiente.
¿Mamá? ¡Por fin!
¿Dónde te has metido?
Te he estado llamando. Te he dejado diez mensajes.
¿Qué narices pasa ahí?
Me pillas liada.
Debo ayudar a Gorga, Ludwina y Marica con los encurtidos para el festival.
Mamá, ¿de qué hablas? ¿Gorga? ¿Marica?
Marica es la prima de Ludwina. Se casó con el de las cataratas.
Y sabe cómo provocarte verrugas.
- Eso no tiene sentido. - Te dejo. Me llaman.
Se ha vuelto loca. Cree que está en su antiguo pueblo.
- Tengo que ir. - ¿Por qué?
Tiene una pierna y está trastornada. Podría vagar por ahí.
Acordamos no tomar medidas especiales para alargar su vida.
Está bien.
Eso es.
Si mamá pregunta, te he bañado.
- ¿Lo tienes? - Ya te digo.
El maníaco exhumado.
Al del videoclub le dio miedo, y es albino.
Me encantan las pelis de miedo.
No hay nada más primitivo que un hombre enfrentándose a sus miedos.
- Que no se entere tu madre. - Hecho.
No me deja ver algunos anuncios.
Se ha ido cinco días. ¡Festival de cine!
En las películas de terror, da más miedo lo que no ves, porque nada
puede ser tan aterrador como lo que imaginamos...
Menos mal que le han desollado.
No paraba de gritar.
Necesito un favor.
No llevo muy bien Apreciación Musical.
Necesito sacar un sobresaliente.
Esto se te da bien,
así que te pagaré diez pavos la hora hasta que aprenda, ¿vale?
¿El "Adagio de Albinoni" te alegra?
¿Me ayudas o no?
A ver si lo he entendido.
¿Tú, el brillante genio Malcolm, me pides ayuda a mí,
tu hermano pequeño, con los deberes?
Sí, Dewey, así es.
Así que eres nulo en música.
Sí, Dewey, eso parece.
Por eso es una lata pasar tiempo contigo.
Sí, Dewey, por eso es una lata pasar tiempo conmigo.
Interesante.
Y por eso te pegas a ti mismo.
¿Falta mucho?
Depende de ti.
Y por eso te pegas a ti mismo.
Mamá, menos mal que estás bien.
¿Qué haces aquí?
La señora Kucheck me dijo que estabas aquí.
Y que le robas el periódico.
Le he dicho que nos batamos en duelo.
No hemos hablado en dos semanas.
- Estaba preocupada. - Ya, preocupadísima.
Tú, los pendientes y Susan, la pulsera. Vete.
Madre...
- ¿Y esto? - Es estupendo.
Es como volver al pueblo. Todo el mundo es del viejo país.
Tienen encurtidos buenos y se saben las canciones.
Tras años en este apestoso país, por fin siento que encajo.
A mí ya me parecía bastante cuando estabas sola.
¿Nos vas a presentar o nos harás esperar como a una piara de cerdos?
Los cerdos no dejan las uñas en el suelo para que otro las pise.
Es mi hija, Lois. Gorga, Ludwina.
Kathy alta y Kathy baja.
Marica, Floransa, Anca y Mushka.
¿Es tu hija gorda o la que bebe?
Es la de la fábrica de lerdos entre las piernas.
No sé qué decir.
Pensaba llevarte al asilo,
que lo impugnaras en el tribunal y volver el domingo.
Y aquí estoy. Cambiar el billete cuesta 300 dólares.
Así verás el festival del sábado.
¿Qué festival?
Para ya.
Es San Grotus.
Madre mía, ¿se sigue celebrando San Grotus?
Sí.
Y tampoco hemos convertido la iglesia en un Burger King.
Es que es modesta.
Era una gran bailarina de San Grotus. Les daba mil vueltas a vuestros hijos.
¡La mejor de todos los vlatnis!
Los vlatnis no.
Odiaba el horrible baile de los vlatnis.
Te encantaba. Se moría por ir.
Me arrastró por las coletas siete manzanas
hasta una carnicería llena de borrachos.
No me veía los pies con las moscas y el humo del tabaco.
A los 16 años, le dije que lo dejaba.
- Me alimentó de corteza una semana. - No pilla las bromas.
No estás rodeada de peces gordos elegantes con sus dientes, bebiendo vino.
Son gente real.
No me pondrás en evidencia
maldiciendo sobre quién eres y de dónde vienes.
Vale.
Pan bosnio. Hace años que no lo como.
¿Trabaja o solo se atiborra a pan?
Trabaja.
Y no tumbada como la guarra de tu hija.
¿Sabe hacer la tarta del día de San Grotus?
La dejaría en el bosque atada a un árbol si no fuera así.
Este año harás la tarta.
¿La tarta yo sola? Pero es enorme.
Sí, deja que descanse la hija de Ida.
Las ancianas con artritis pueden hacerle la tarta al santo.
Así su hija se sentará en su gigantesco trasero a comer pan.
- ¿Gelatina, guapa? - Está bien.
Me quedo cinco días.
Iba a estar amargada de todas formas.
- Haré la tarta. - Ya la hemos empezado.
¡No!
¡Los ojos no!
¡Ni los ojos de mi bebé!
- Hola, papá. - ¿Qué quieres?
¿Cambiar el rulo de frutas por uno de fresa?
Lo siento, hijo, adelante.
Pídelo como un hombre. No te arrastres.
Luego vuelvo. Pareces ocupado.
Papá, la peli de esta noche.
"El cara pelada".
El director fue a la cárcel por usar cadáveres reales.
Reese, quiero hablar de la noche de peli.
¿En serio?
Es de nenazas hablar de sentimientos, pero me alegra pasar tiempo juntos.
Y resulta que lo que más me gusta,
que todos creen que es horrible, a ti te gusta.
- ¿No es genial? - Supergenial.
¿Es necesario tanto calor?
- Hay unos 35 grados. - Encenderemos
el aire acondicionado
para que se derrumbe la tarta y tú vivas a tu antojo.
A ver qué tienes.
Aún no he acabado.
Tuve que volver a empezar porque las almendras no miraban a Vaduz.
Has hecho una guarrería.
El santo mató al enemigo y fue al infierno
a pedirle a Jesús que aumentara su castigo,
¿y le recompensas con esta guarrería?
¿Y por qué no te limpias con la barba del Santísimo Patriarca?
¿Por qué es una guarrería?
¡Déjate de pataletas!
Mira, has puesto albaricoques en la decimoquinta capa.
¿Estás segura?
El santo no mató a los pacificadores el día 15.
Esperó hasta el 16 cuando confiaron en él.
Esto tiene 35 capas. ¿Quién sabe dónde van los albaricoques?
Si robas y nadie lo ve, ¿está bien?
Yo la eduqué bien,
- hasta que casi se me cae el brazo. - Vuelve a empezar.
- ¿Qué? - Esto es absurdo.
No te culpes, Ida.
Nació corrompida.
Por eso la cabra se negó a amamantarla.
¿Podéis darme un pañuelo para quitarme el sudor de la frente?
Sí, su alteza.
Qué mal lo debe de pasar Ida.
Empecemos desde el principio.
¿Qué sientes?
No siento nada.
Solo es ruido y me molesta.
¿Qué problema tienes? Los bebés entienden esta música.
Te diré cuál es mi problema. Me enseñas mal adrede.
- Vale, ahora eres estúpido y un zumbado. - ¿Sí?
Debías enseñarme lo único que sabes,
tu mierda de música, pero no lo aguantas, ¿no?
No has dejado de sabotearme.
- Se acabó, lo dejo. - No puedes.
- Me lo prometiste. - Qué va.
Hemos probado de todo y eres un idiota.
No te irás de rositas, Dewey.
Ayúdame a superarlo.
- Paso, suspende esa clase. - La dejé la semana pasada.
¿Y por qué no me dejas?
Porque no es justo que sepas de música y yo no.
Sí que es justo.
Detestas no ser el mejor de todos todo el tiempo.
La música es lo mío. ¿Y sabes qué?
Es mejor que todo lo que has hecho tú,
porque se trata de belleza, amor y sentimientos.
Y no de demostrarles a todos
que eres un pequeño y repulsivo genio, así que perdona.
Me voy a apreciar la música.
Es aún más agradable porque tú no puedes hacerlo.
¡Madre mía! Dewey, ¿estás bien?
Lo siento.
Estoy sordo.
Estoy sordo.
Qué fuerte.
- ¡Mamá nos matará! - No.
Cálmate. Lo siento muchísimo.
Volverás a oír en un rato.
Por favor, no digas nada.
Estemos callados.
¿Me entiendes?
¿Eso es que sí?
Bien.
Vale, he terminado.
Me iba a rendir cuando casi quemo las ciruelas,
pero aceleré y perdí la noción del tiempo.
Y de repente, está lista.
Y ha quedado perfecta.
Ha sido mucho curro, pero ¿sabéis una cosa?
Me siento bien.
- ¿Qué es eso? - La tarta de verdad.
No dejabas de pifiarla.
Sabíamos que sería más fácil si la hacíamos nosotras.
Pero ¡he tardado días en hacerla!
Lo siento.
Sé que preferirías estar en la disco
sacudiendo el trasero con un grupo de drogadictos.
¿Os gusta el día de San Grotus?
¿Y las tartas?
¿A qué esperamos? ¡Vamos a celebrarlo!
Quizá la próxima vez os lo penséis mejor
antes de criticar el postre de otra persona.
- ¿Qué haces? - Anda, Malcolm.
No te había oído. Me pregunto por qué.
¿Te sientas?
Algunos dicen que el ojo por ojo deja a todo el mundo ciego.
Pero yo creo que es justicia.
No sé de qué hablas. Dilo ya.
Pareces confundido.
¿Te echo una mano?
Te lo explicaré alto y claro.
No puedo hacerlo. Supongo que soy mejor persona que tú.
Hay un medicamento para la diabetes en la nevera que quizás quieras destruir.
No voy a ser la mala, madre.
Solo quiero entender tu comportamiento.
¿Por qué estás tan frustrada?
¿Tu marido no cumple con su vergonzoso deber?
Madre, cállate y déjame en paz.
Después de todo lo que el santo hizo, de las iglesias que quemó,
¿por qué destruyes su galleta sagrada?
Ni siquiera está rica.
No tiene que estar rica. Tiene que costar hacerla.
Me has humillado delante de mis amigas.
¿"Amigas"?
Son unos monstruos. Me tratan fatal.
- ¿Son tus amigas? - ¡Necesito gente con la que hablar!
¡Antes hablabas conmigo!
Me largo.
Muy bien.
Estamos sordos los dos, pero no pasa nada.
Hemos ensayado y creemos que podremos escondérselo a papá.
Chicos, esconderé la tele hasta que vuelva vuestra madre.
Reese creerá que la robaron unos drogadictos con el mono.
Si sospecha algo, yo no os he dicho nada.
Papá, el del videoclub ha admitido
que hay una sala secreta. Voy a ir a verla.
Parece un buen plan.
Chicos, ayudadme.
Chicos, ¡ayuda!
¡Chicos! ¡Ayudad... me!
Por el amor de Dios, ¿qué os pasa?
¡Salvadle los ojos a vuestro padre!
Esto lo compensa todo.
¿Debería estar impresionada?
Casi me lo quito dos veces entre el primer y el segundo corsé.
- Estoy a esto de... - De acuerdo.
Si quieres bailar...
bailaremos.
¿Qué haces?
No bailaré con esto.
No hace más que molestar.
¡Empieza el baile wushny!
El baile donde los errores se recuerdan de por vida.
¡Más bebida! ¡Noroc!
- Noroc, madre. - Noroc.
El lato vlatnis.
Duro como el corazón de un cosaco.
Afilado como el pico de un cuervo.
Porras, detesto los cuchillos.
¿Os parece gracioso que a vuestro padre lo mate la tele?
¡Esto es gracioso!
¡Castigados de por vida!
Tras una hora, escupió un trozo de cristal en mi regazo.
Admiro su perseverancia.
¡Hasta los hijos de vuestros hijos crecerán castigados en esta casa!
No oigo lo que dice.
Pero por el color de su cara, mejor no le pido el coche.
Papá, tengo que enseñarte una cosa.
La usamos hasta que vuelva mamá y luego la devolvemos.
Será como estar dentro del torso del tipo.
Hijo, siéntate.
Escucha...
Estas pelis son una tortura para mí.
Me muerdo las pieles de los dedos, no duermo y me da miedo todo.
Pero...
Te quiero y me encanta estar contigo.
Como yo con el béisbol.
¿Cómo?
Cuando te emocionaste por enseñarme
a los seis años y yo no pude decirte que era un rollo.
Pero...
¿tu carita al darte tu primer guante?
La misma que cuando me regalan gayumbos.
"¡Hala, me has leído la mente!".
No pasa nada.
Mentimos por una buena causa.
Ya.
Como aquella acampada.
A mí me encantó.
Pues eso.
- Hola, Dewey. - Mamá.
¡Tu voz! ¡Tu preciosa voz!
¡Te oigo!
Yo también me alegro de verte, cielo.
Todos los días los dichosos pájaros. No pueden...
Espera. ¡Oigo!
¡Oigo!
Madre mía, qué alegría.
Subtítulos: Natividad Puebla
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