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¿Dónde leches están mis gafas? Llevo buscándolas...
¿Dónde están?
¿Seguro que no las habéis visto?
- No. - Lo siento, papá.
¡Tienen que estar en alguna parte!
Lleva dos horas y media buscando las gafas.
Ha pulverizado su récord.
Es ridículo. No han podido desaparecer.
Quizá en el coche.
¿Dónde están mis llaves?
MALCOLM
¡Dame el desodorante! ¡Me falta lo de arriba!
¡No! ¡Debe durar un mes y lo desperdicias!
No lo desperdicio.
¡Lo gastas dibujando monigotes guarros en el espejo!
¡Bajad la voz!
Papá habla con el de la entrevista de ayer.
Gracias a Dios, alguien tendrá un empleo.
No, lo comprendo. Parece ser un candidato excelente.
Yo también lo hubiera contratado antes que a mí.
Sí. Su experiencia es más...
Vale, es más inteligente.
Claro, más carismático.
Más gracioso.
¡Que os calléis!
Y tú...
No.
Tu último día en Necesidades Especiales. No sabes cuántas horas llevo
para convencer a la Sra. Welsh de que eres normal. No la fastidies.
- ¿Entendido? - Sí.
¿Sí?
- Sí. - ¿Sí?
Sí, mamá.
Sí, su mata de pelo es mejor.
No, no sé qué le gustaría como regalo de bienvenida en la empresa.
Vale. Adiós.
No te preocupes.
Habrá algo de lo que pueda trabajar.
Seguro que podría ser piloto de prueba. O publicista. Podría dedicarme a eso.
Hal, no tienes experiencia ahí.
Es algo innato. No paran de ocurrírseme eslóganes.
Zas, bum, gracias, mermelada ¿Quién quiere?
¡Estoy encantada!
La piel del plátano, qué puntazo
No hay mejor modo de guardar el plátano
Hal...
El diario, informándote De las cosas del vecindario...
- ¡Hal! - Lo siento, Lois.
Me siento inútil, siempre en casa sin hacer nada.
¿Y si llevas a Jamie al parque?
- Nunca lo haces. - Sí, es verdad.
Iremos antes de que crezca y se avergüence de mí.
Todos deberíamos alegrarnos mucho de que Dewey
vuelva a la clase normal. Es todo un logro
y un ejemplo positivo para todos vosotros de que no tenéis
que quedaros aquí toda la vida.
Siempre hay una oportunidad de esca... Salir... Ser trasladados.
Vale, es el momento de despediros. Si queréis...
- Quédate. Te necesitamos. - Los ojos volverán a perseguirnos.
Todo va mucho mejor desde que llegaste.
Chad no muerde nada vivo desde hace semanas,
yo bajo de la moto para comer...
Cuidas de nosotros. Tienes el microscopio. Y unas bonitas vistas.
- Por favor. Quédate. - No depende de mí. Es cosa de mi madre.
Cárcel de abrazos. Que no pueda irse.
Dewey.
¡Vaya! ¡Sois enormes!
- Y brillantes. - Gracias, señor.
Pero podemos ser más grandes. Y brillar más.
- ¿Estáis aquí siempre? - Cobramos una paga por invalidez.
¡No!
¿Qué ocurre?
- ¿Qué? - Las llaves se han caído por el desagüe.
Tengo los dedos demasiado musculados.
No puedo meterlos para arrancar la rejilla.
Podríamos
pulverizar el hormigón de alrededor para aflojar la reja.
Chicos, no es necesario.
Este bastará.
Dame el chicle.
Vale, pero no paro de mascarlo y no sirve de nada.
¡Lo ha logrado! ¡Tres hurras por el flacucho!
Dewey, esto va a ser genial. Has visto cohetes
y has visto películas, pero nunca ambas cosas a la vez.
Vamos. Por la mañana es más barato.
No me apetece. Id sin mí.
Oye, esto es algo bonito que podemos hacer como hermanos.
Sí, no te preocupes. No te estamos engañando.
- ¿O sí? - No.
Es que no quiero ir, ¿vale? Dejadme en paz.
- Me voy al parque. - Vaya. Tres días seguidos.
Sí. Es genial. Me ha dado una nueva perspectiva.
- Seguro que a Jamie le encanta. - Ah, sí. Jamie.
Solo nos quedan dos botellas de aceite de bebé. Luego compro una caja.
Se me han pegado dos dedos.
Genial. Aún me quedan ocho que poder golpearte.
Moveos. Y no lleguéis tarde a clase. ¿Me oís?
Y en casa a las 15:00.
Haced los deberes o juro que tiraré petardos
en un sitio mucho más oscuro que el cine.
Pasa un buen día.
¿No me dices que cuide el dinero de la leche?
¿Que no me meta con el guardia?
No.
Toma, ya tienes las cuentas en orden.
El problema es que no sumabas el cheque, sino tu dirección una y otra vez.
Sabía que ahí había demasiadas palabras.
- Gracias, Hal. - ¿Veis? No es tan difícil.
Y recordadlo para la próxima. El sello va en la carta,
no en el buzón.
- ¿Lo de los bomberos? - Eso son bocas de riego.
¿Con señales de no aparcar?
Tengo que irme.
Prometí a Lois pasar por el supermercado al volver.
Hoy te lo has pasado bien, ¿eh? ¿Te has gustado que Carlo te lanzara
por los aires, muy alto? Y cómo gritaba papá, ¿eh?
Chicos, no os preocupéis. Volveré mañana.
Aire.
¡Montón de chatarra inútil!
Buenas noches. Tienes un sándwich de pavo y queso fresco para mañana.
¿Qué intentas hacer?
No estás pringando como nosotros. ¿Por qué te trata tan bien?
Porque llevo tres días sin haber hecho nada malo.
Mamá no nos grita a todas horas porque no sepa hablar de otro modo.
Lo hace porque hacemos cosas malas.
Si no hacemos nada malo, no se enfada.
¿Lo entendéis?
No es cosa suya, sino nuestra.
Vale. No nos lo digas.
Vaya, qué raro.
Estoy tomando un tercio menos de aspirinas.
¿Qué te pasa?
Déjame preguntarte algo. ¿Qué harías si, hipotéticamente,
por una serie de circunstancias,
te encontraras dirigiendo un ejército de forzudos bondadosos?
- ¿Qué? - Imagina. Una docena de tíos,
todos capaces de partir un caballo en dos, dispuestos a seguir tus órdenes.
Tendrías que hacer algo enorme con eso.
Algo noble y generoso, pero no demasiado caro.
Y no estamos considerando que yo podría acabar en el lado oscuro.
Lois, prométemelo.
Si me ves acariciando un gato y riéndome con un globo terráqueo,
tienes que decírmelo.
Luego te enseñaré a jugar al gin rummy . Ese es mi favorito.
- Vale. - ¿Te ha gustado volver a la clase normal?
- Hola. - Sra. Welsh, qué sorpresa.
Si viene a ver a Dewey, le aseguro que es el niño más normal y maravi...
No, vengo a ver si Dewey sabe algo de los niños
- de Necesidades Especiales. - No. ¿Por qué?
Es que parece que se han escapado.
- ¿Todos? ¿Se ha escapado toda la clase? - Han desaparecido.
Dewey, ¿tú sabes algo de eso?
Vale, gracias.
Si te enteras de algo, házmelo saber.
Hasta luego.
Esos chicos...
Qué bien que ya no estés en esa clase.
¿Sabes qué? Voy a hacerte unas galletas.
- ¿Qué hacéis? - No lo soportábamos.
- Sin ti es horrible. - No vamos a volver.
- Es nuestro nuevo hogar. - Nunca nos encontrarán. Es perfecto.
Cogimos mantas y robamos comida del contenedor de un restaurante.
Nos preguntábamos: "¿Qué haría Dewey?".
¿Creíais que yo robaría comida
y les diría a 20 niños que huyeran y vivieran en los árboles?
Quizá. Pero no podéis quedaros aquí.
Os están buscando.
- La Sra. Welsh ha venido a casa. - No regresaremos.
Vente con nosotros.
Las ardillas tendrán que votarlo, pero hablaremos a tu favor.
¡No! Esto es una locura.
No viviré aquí, ni vosotros.
- Lo siento, voy a chivarme. - No te vas a chivar.
¿No ves que te meterías en un buen lío?
- ¿Qué dices? Yo no... - ¿Zoe?
¡Nosotros no queríamos hacerlo! Todo esto fue idea de Dewey.
Nos engañó para hacerlo.
¿Por qué estáis todos tan enfadados con nosotros?
¿Por qué nos has obligado, Dewey?
¡Dewey! ¡Ven a por las galletas antes de que el chocolate se enfríe!
Hemos perdido a Dewey. Es la única explicación.
Nos ha traicionado e informa a mamá.
- Esto es muy grave. - Lo sé. ¿Qué tiene contra ti?
Tengo muchas cosas en marcha de las que quizá sepa algo.
El timo del perro perdido, la granja de ratitas,
el buzón electrificado...
- No hay elección. Debemos neutralizarlo. - Sí, pero ¿cómo?
Vale. Dejemos que nos espíe mientras planeamos algo.
Algo brutal. Que sea llamativo y espantoso,
para que deba contárselo a mamá.
Ella esperará tres o cuatro horas.
Cuando no suceda nada, él perderá toda su credibilidad.
Qué bien.
¿Listo para ir a hacer el vándalo a la planta de tratamiento de residuos?
Sí. Tengo las palas y las bengalas para la destrucción que planeamos causar.
Espero que mamá no se entere nunca.
No te preocupes por mamá. Es demasiado estúpida.
Además, estará ocupada hartándose a comer.
Espero que no se entere nunca de que has dicho eso.
Por cierto, ¿tú crees que está más estúpida o más gorda?
Buena pregunta. Yo diría...
Vale, cari. Me voy al parque.
Odio los días de abdominales. Siempre me toca hacer de juez.
Solo sé que no todos pueden tener la barriga igual de plana
y que alguien acaba llorando siempre.
Fíjate, Hal. Aún no han encontrado a esos niños.
- ¿Bromeas? - Es horrible. ¿Dónde podrán estar?
Esos niños son un desastre. No saben cuidar de sí mismos.
Alguien debería ayudarlos.
Alguien los ayudará, Lois.
De hecho, creo que alguien va a salvar el trasero de esos niños.
¿NOS HAS VISTO?
Dewey, la próxima pizza viene con una taza de regalo, así que...
Esto tiene que acabar. Llevo cuatro días sin dormir.
- Tenéis que bajar de aquí. - ¿Por qué? Esto es genial.
¿Genial? Salís en los cartones de leche.
Esto se ha puesto serio. Todo el mundo os busca.
La poli, vuestros padres, gigantes brillantes en bañador.
No importa. Aquí arriba tenemos una vida mejor.
Las hadas cuidan de nosotros.
- Mamá tiene razón. Tengo ojos de loco. - Pronto llegará el invierno.
Se caerán las hojas.
- La gente podrá veros. - Ya lo hemos pensado.
Iremos hacia el sur. Hay árboles junto a la autopista.
Los depredadores quizá acaben con unos cuantos,
pero habrán muerto libres.
Vale, bebed un poco, pero no os paréis.
Deberíamos volver a salir ahí fuera.
- ¿Papá? - ¿Sí?
¿Podemos hablar cuando se refresquen?
- Adelante, hijo. ¿Qué pasa? - Debo tomar una decisión.
Mucha gente depende de mí y no sé muy bien qué hacer.
Nunca se habla de ese aspecto del liderazgo.
Crees que todo serán desfiles y forzudos
llevándote a todos lados en esos chismes de los sultanes,
pero nadie habla de la aplastante responsabilidad,
de quienes no esperan nada a cambio, salvo
un hábil general que los lleve a la victoria.
Y, en lugar de eso, les rompes el corazón.
¡Chicos!
Os he hecho perder el tiempo.
Merecéis algo mejor que yo.
- Os he fallado. - No.
No nos has fallado. Nosotros te hemos fallado.
Eres el hombre más listo del mundo y te hemos fallado.
Todo es culpa nuestra.
Somos débiles.
¡Niñas debiluchas!
¿Es que he sido padre?
¿Un héroe? Yo no diría eso,
- pero dilo tú si quieres. - No lo entiendo.
¿Qué narices os ha pasado para que hayáis hecho esto?
¿Qué esperaba? Somos raros.
Debemos empezar por eliminar las cosas que os excitan demasiado.
Creo que vuestros recreos os han puesto al límite.
Espere. No querían molestar a nadie.
Gracias, Dewey. Ya no es asunto tuyo.
Fue bonito mientras duró. ¿Cómo que no es asunto mío?
¿Por qué nadie se preocupa por mis inquietudes?
¿Qué haces?
Tengo demasiados sentimientos en la cabeza
y no puedo gestionarlos. Laten con fuerza,
una y otra vez. ¡Debo dejarlos salir!
Debería trabajar los dorsales.
Dewey, ¡basta ya! ¡Y deja de babear ahora mismo!
¡Y las manos y la gente! ¡Y la gente y las manos!
Normalmente no es así.
Lo mejor para todos sería
que volviera a Necesidades Especiales, solo una temporada.
Hasta luego, cari. Me voy al parque.
Hal, es de la entrevista de la semana pasada.
Te vieron en la tele. Creo que quieren contratarte.
¿Diga?
Gracias.
Claro que puedo.
- Gracias. - ¡Sí!
- ¡Gracias a Dios! Es increíble. - Ya te digo.
Ya creía que ninguno encontraría trabajo.
Y que te pasarías la vida en el parque.
Chicos, silencio. Tengo noticias importantes.
He encontrado un empleo.
Eso significa que tendré que trabajar durante el día.
Eso significa que no podré seguir viniendo al parque.
¡No!
No puedes abandonarnos.
- Te necesitamos. - ¿Qué haremos sin ti?
Yo también os extrañaré.
Esta semana ha sido de las mejores de mi vida.
Y os irá bien. Os lo prometo.
Eddie, fíjate en ti. Ya usas el cajero como un profesional.
Como si llevaras toda la vida así.
Y tú, Marcus. ¿Quién se graba el culebrón y lo ve mientras cena?
¡Yo lo sé!
Y todos los demás
sois asombrosos. Todos vosotros.
Gorilas enormes y aceitosos.
Nunca te olvidaremos, Hal. Has hecho mucho por nosotros.
- Ojalá pudiéramos compensártelo. - Sí.
Hola. Es mi primer día. No sé adónde ir.
Tranquilo, van conmigo.
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