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- Sí, me acuerdo de Fernanda.
Era una chica encantadora.
Vivió aquí hace como diez o 15 años.
- Ya.
¿Es esta mujer la Fernanda de quien hablábamos?
- Podría ser ella pero honestamente no estoy seguro.
Han pasado muchos años.
- Es que eso de que la pareja de Beltrán se llamara Fernanda.
- Ignacio se fue a Dallas
para hablar con los vecinos de él personalmente.
Ojalá pueda averiguar más.
- Hace muchos años, mi hijo nos tomó una foto
a mi esposa y a mí juntos
donde ella y el señor Beltrán se ven caminando en el fondo.
Tal vez la puedo encontrar.
- Si Eugenio se entera que yo te conté toda la verdad,
mira, va a ser implacable conmigo y tengo miedo.
- Escúchame, no te preocupes.
No le voy a decir nada.
Más bien vamos a hacerle creer que yo estoy haciendo todo
lo que tú me pides y que me lavaste el cerebro, ¿sí?
- Gracias, Fernanda.
Tal vez así esperamos un momentito a ver si el panorama
se despeja un poquito.
- ¿Por qué no me lo dijiste antes, Mirna?
- Ya te lo dije, tenía mucho miedo.
Tú tienes que tener cuidado, Fernanda, porque también
me preguntó sobre tu relación con Emilio.
Yo no le dije nada.
Yo le dije lo mismo que tú le dijiste.
Pero cuidado.
Él no tiene ni idea de lo que tú sientes por él.
- Pues de igual forma, da igual lo que yo sienta por él.
No soy plenamente correspondida.
- Bueno, ¿y tú qué?
No, estás trabajando mucho, ¿no?
Qué envidia.
Ya quisiera estar yo así, bronceándome en la playa,
tomando el sol.
- Bueno, pues vente el otro fin de semana.
- Ah, no sé.
Miami es muy bonito, pero a veces me aburre.
Tú sabes.
- Marcelo, eso es lo que menos puede pasar aquí.
O sea, mira dónde estoy.
Esto es Miami.
Está espectacular.
- Sí, tú lo dices porque allá tienes a tus amigos
y yo solo te tengo a ti.
- ¿Y eso te parece poco?
Yo, tu único amigo, tu única compañía, tu único familiar.
Yo, aquí en Miami.
- Oye, ¿y no van a llegar a acompañarte Fermín y Érika?
- No quedamos en nada.
La verdad es que después de hablar con Fernanda,
estoy un poco decaído.
Se puso a llorar, me dijo que está enamorada de mí.
La verdad es que nunca se había puesto así.
Está sufriendo y es es por mi culpa.
[♪♪♪]
- ¿Y, qué tal?
¿Cómo les quedó el ojo?
- Pues la verdad, sí, sí, sí está bonito.
- Me va a dejar manejarlo.
- Sí, mana.
- Y ni siquiera tengo que preguntar de dónde sacaste
el dinero para pagarlo, ¿no?
- Con el sudor de su... de su frente.
- Ay, ¿qué hiciste?
Me dan asco.
- Ay, te dije que se iba a morir de la envidia.
- Ay, sí, sobre todo envidia.
Prefiero andar a pie que perder mi dignidad
por andarme cuchiplanchando un viejillo por ahí.
- ¿Tú qué sabes, santurrona?
- Mejor no le digas nada.
Solo felicítala y ya.
- Exacto.
Yo sería feliz con un carro así.
Ojalá algún día se me haga.
- Ay, no lo dudo.
- Oigan, ¿no quieren ir a dar una vueltecita?
Digo, podríamos ir a visitar a Francisco que, por cierto,
¿en dónde se está quedando?
Yo los llevo. Vengan.
[♪♪♪]
- No es el fin del mundo, mi Robert.
Elisa no es la única chava que existe.
- Pero es la única que me interesa.
- Sí, eso lo dices ahora, pero mujeres disponibles sobran,
te lo digo yo.
- A ver, güey, ¿por qué no mejor me ayudas a convencer a tu papá
para que tu hermana no me exiga el divorcio?
- Por favor.
A mi papá le vale si la nena está soltera o casada.
Además, con la bronca que traen encima,
¿tú crees que va a tener tiempo para meterse en esas cosas?
- Pero es que no sé qué más hacer, güey.
- Mira, por lo pronto,
¿por qué a lo mejor te tomas una copa, te relajas?
Ey, hermano, no toda la vida es malo.
Además, mira, el ayudante de lujo, de primera.
¿No te da gusto saber que yo voy a estar aquí ayudándote
en la oficina?
Con lo que quieras, yo te voy a ayudar.
- Sí.
- Ya no me digan más, por favor.
Yo sé que Roberto no se merece lo que le estoy haciendo,
pero no veo otra solución.
- Está siendo sincera con él
y eso es lo mejor que puedes hacer.
- Sí.
- Va a ser muy incómodo para ti
estarlo viendo todos los días en la constructora.
- Pues se va a tener que acostumbrar.
No somos la primera pareja de divorciados
que le toca vivir algo así.
- Oye, ¿y segura que no andas encandilada con alguien más?
- No.
- No, así como "no".
- Ay, Tania, no empieces.
- ¿Qué? ¿Te gusta alguien?
Dinos. Estamos en confianza.
- Solo siento que hay química entre Emilio y yo.
[♪♪♪]
- No, no, no.
De Tania no me interesa saber nada por el momento.
Está en un plan verdaderamente insoportable.
- Te detesta.
Y con toda la razón del mundo.
Eso hay que decirlo.
- Oye, ¿tú en serio crees que pueda meterme en líos legales
si llego a publicar el videíto que le grabé?
Ya lo viste, ¿no?
Ella se ve muy prendida, se ve acá cachondona.
- Si lo grabaste sin su permiso,
obviamente te vas a meter en problemas, Alonso.
¿Para qué le mueves?
- Bueno, ya, ya.
No te queda más remedio que consolarte con Fernanda.
- ¿Vas a empezar con eso otra vez?
¿En serio?
A ver, Alonso, entre Fernanda y yo nunca ha habido nada.
Y nunca lo abrá, ¿eh? Que te quede claro.
- No te creo.
- A ver, no me molesta, cuñadito.
Al contrario, me muero de envidia.
Yo siempre he soñado con tenerla un rato solo para...
Toda esa frialdad que refleja.
A la hora de la hora, yo creo que ha de ser el...
- Alonso, Alonso.
Yo sería incapaz de traicionar la confianza de tu papá,
ni de fallarle a Elisa, por supuesto.
[♪♪♪]
- Todos esos interrogatorios sobre Ana y Francisco
son encargo de la Fernanda, ¿no?
- No, para nada.
Es simple curiosidad.
Porque si Francisco está aquí, me parece una grosería
que no haya sido bueno ni para saludar después de lo cariñosas
que siempre fuimos con su abuelita.
Digo, mínimo podría...
- Vino solo un par de días y se tuvo que ir.
No le dio tiempo de nada.
- Y además, si doña Manuela no estaba, ¿a qué se iba a quedar?
- ¿Y dónde vive, eh?
- En el estado de Washington.
- ¿Y Ana?
- Perdida. - ¿Perdida?
- Y si tanto le interesa a Fernanda saber de ella,
¿por qué no le ha dicho a la familia que está viva?
Al menos para que hagan algo para buscarla, ¿no?
Al fin y al cabo, ¿qué diablos nos importa
lo que pasa con ella, o no?
- Bueno.
¿Oigan, si vamos a dar una vueltecita en mi nave nueva,
¿o qué?
- Ay, sí, sería bien padre.
- Vamos.
- Suerte.
- Ay...
- Fermín.
- Eres nefasta y envidiosa.
- Ay, yo sí. - Te lo dije.
- Vamos, vamos.
Ay, no, no, no, no. ¿Para qué vinimos?
- Ya sabes cómo es.
Ya sabes cómo es. ¿Para qué quieres venir?
Ay, es que quería restregarle la cara a mi navesota.
- Yo te dije, yo te dije.
- No, el hecho es que tu papá, con todo el respeto te lo digo,
se está volviendo loco.
Está diciendo cosas realmente preocupantes.
- ¿Ahora qué? ¿Qué pasó?
- Anda diciendo que mi papá lo quiere mandar a matar
y que anda con guardaespaldas y que está armado y todo.
¿Qué es eso?
- Pero eso no tiene ningún sentido.
- Por supuesto que no.
No somos asesinos. ¿Qué le pasa?
¿Puedes creer que tuvo el descaro de preguntarle
a mi papá si mandó a matar a tus hermanos?
¿Qué es eso?
Papá, ¿y si también eliminamos a los hermanos de Brenda?
Sin ellos, Brenda sería la única heredera de Adalberto.
Y siendo mi esposa y la futura madre de mis hijos,
cuando Adalberto pase a mejor vida, las dos constructoras,
en vez de ser rivales, pueden fusionarse.
- Bien, hijo. Bien.
- Y si te lo cuento es porque no quiero que tu papá
te meta cosas en la cabeza y tú pienses que nosotros
- Nunca, nunca, nunca sería capaz de pensar
que ustedes harían algo así.
- Mi amor, tú y mi hijo son lo más importante de mi vida.
Yo sería incapaz de hacerles daño.
Y yo sé que tú amabas a tus hermanos.
Y yo también.
Yo también los apreciaba un poco.
- Eso no me lo tienes ni que decir.
- Y tu papá es como es
pero tú lo amas, yo lo sé.
- Pero por favor, ya, no hace falta.
- No, sí hace falta, sí hace falta
porque ¿sabes lo que está diciendo?
Que nosotros queremos matarlos a todos.
¿Puedes creer?
Yo, asesino, matándolos a todos.
Pum, pum, pum, pum.
Porque queremos que tú heredes y yo quedarme con lo tuyo.
Como si yo fuera un ladrón. Ahora soy un ladrón.
Imagínate.
- No puedo ser.
- No, lo que me faltaba.
Asesino y ladrón, no.
- Buen viaje.
Ignacio desde Dallas.
Habló con varios vecinos de Beltrán
y les mostró fotos de Fernanda,
pero nadie está totalmente seguro
de que sí sea la misma que vivía ahí con él.
Uno le dijo que en algún lugar tiene una foto
en la que aparecían él y Fernanda.
- ¿Y luego?
- No lo encontró.
Le prometió seguir buscando.
- Eso vendría a aclarar todo el misterio, hermano.
[♪♪♪]
- Preferí venir a hablar aquí.
No quería que nadie nos escuchara en la casa.
- Bueno, como le dije, señora Fernanda,
yo no sé nada de Ana.
Sí me la encontré en ese lugar horrible y traté de ayudarla,
pero salió corriendo.
Yo la verdad no sé dónde está.
Es más, hasta la daba por muerta.
- Ay, Érika, no me quieras ver la cara de estúpida, ¿sí?
Claudia dijo que un amigo de ustedes estaba ayudando a Ana.
¿Cómo que no sabes de lo que estoy hablando, hmm?
- Tanto buscar a Beltrán para hablar con él y ahora
que está aquí, pues ya no tendría ningún sentido.
- Pero igual y sí, porque Ana dice que vio los mensajes
en donde le pedía a Fernanda que matara a doña María Laura.
- No, es que Ana está ya tan confundida.
- A ver, espérate, espérate.
¿Y si fuera verdad?
Voy a llamar a Adalberto.
Le puedo decir que estoy preocupado por dónde está
la sociedad con la constructora.
¿Qué es lo por qué puede pasar? Que me mande por un tubo, ¿no?
- Claudia está loca.
Ella a veces no sabe ni lo que dice.
- ¿Y ese amigo de ustedes por casualidad es...
Francisco?
- Yo no sé lo que le haya inventado, pero Francisco...
- Francisco está aquí en Miami, ¿verdad?
No me lo niegues, Érika.
¿Dónde está?
- Vino después de mucho tiempo a ver a su abuela,
pero como la encontró muerta, pues se volvió a ir.
- Pues dame sus datos.
Me quiero comunicar con él.
Ah, pues yo no sé si Fermín los tenga, pero le puedo preguntar
o le puedo decir que hable con usted mañana.
[♪♪♪]
- Fernanda, me estás preocupando.
¿Qué es eso tan delicado que tienes que decirme?
- Ay, Elisa, yo no sé ni cómo empezar.
Yo debí de haberte dicho esto antes,
pero pensé que ibas a preocuparte.
- ¿Qué está pasando?
- Nadie más lo sabe.
Te suplico, por favor, tu total y absoluta discreción.
Yo no sé cómo podrían reaccionar si se enteran.
- Ya dime, por favor, me estás poniendo nerviosa.
- Ana está viva y anda por la libre.
- ¿Cómo?
- Sí, me la encontré en la calle.
Traté de hablar con ella
para traerla aquí de vuelta a la casa,
pero salió corriendo, huyendo despavorida.
- ¿Y dónde estuvo todo este tiempo?
¿Qué pasó con los secuestradores?
- No sé, pero es que ahí no termina todo.
[♪♪♪]
- ¿En serio tu mamá siguió tus consejos?
- No va a permitir que mi papá
controle lo que por derecho le pertenece.
Si él no cede, está dispuesta a divorciarse
y a correrlo en casa.
- Ninette es mi heroína.
Por fin alguien le puso un alto a tu papá.
- Bueno, espero que no logre convencerla, ¿no?
Ella siempre ha hecho todo lo que él dice.
Esto la pone súper nerviosa.
- No, encárgate de que se mantenga firme.
Eso nos ayudaría muchísimo.
Sobre todo a ti, porque sobre todas las cosas,
tú estás defendiendo tu patrimonio.
No puedes quedarte cruzada de brazos.
- Sí, mi amor.
No, no voy a permitir que nuestro hijo quede desprotegido.
Si Beltrán se sale con la suya...
- No, ni lo digas.
Ni lo digas que estoy que ni el sol me calienta.
Y por más que trato de pensar lo contrario,
ese imbécil tiene todas las de ganar.
- La arena es un material indispensable en la industria
de la construcción,
pero hoy en día es de una escasez lamentable.
- ¿Y eso?
- Bueno, ya sé lo que me vas a decir.
¿Cómo es posible existiendo desiertos gigantescos?
Pero resulta que la arena de los desiertos no sirve.
Y el motivo por el que no sirve
es bastante aburrido y largo de explicar.
Y además no viene al caso ahora.
El tema es que nosotros, para poder seguir el ritmo
de las construcciones, a veces tenemos
que comprar arena de contrabando.
- Siempre se aprenden cosas nuevas.
Yo tenía mi proveedor confiable y cumplidor.
¿Y qué pasó, eh? ¿Qué pasó?
Pasó que Alfredo me lo robó descaradamente.
Y tú no sabes, Eugenio, la infinidad de problemas
que eso me trajo.
- Bueno, pero que lograste solucionar.
- Sí, sí, claro. Claro que lo solucioné.
Más me vale.
Pero aquí lo importante es el hecho.
- Adalberto.
- Hombre. - ¿Cómo está?
- Qué gusto verlo. - Muchacho, qué gusto.
- El gusto es mío.
- Mira, tengo el gusto de presentarte a mi gran amigo
y futuro socio, Eugenio Beltrán.
Eugenio, él es Emilio Montenegro.
[♪♪♪]
- Es que no importa dónde esté.
Lo que importa es que Ana está viva.
- Ujum.
- Ella está viva.
Seguramente se escapó de sus secuestradores.
- No, yo no creo que sea así de simple, Elisa.
Ahí no termina todo.
Hace un par de noches, Fermín y Érika la encontraron en un bar
de teiboleras prostituyéndose y drogada.
Dicen que se escapó, pero yo no les creo.
Yo sé de buena fuente que Claudia dijo que a Ana
la ha estado ayudando un amigo.
- ¿Quién?
Esto no es más que una teoría,
pero yo pienso que es...
Francisco Ramírez.
- ¿Por qué?
- Pues regresó a Miami.
Yo no quise decirte nada para,
para, pues, no trastornarte con eso.
Tú estabas arreglando los problemas
que tenías en tu matrimonio.
- ¿Qué? ¿Cómo pudiste callarte algo así?
- Ya lo sé, perdóname.
Yo me callé pensando que era lo mejor para ti y para todos,
pero ahora no podemos quedarnos con los brazos cruzados, Elisa.
Yo no sé qué hacer.
Si Francisco ayuda a Ana, lo más seguro es que fue él
el que la secuestró y el que pidió el rescate.
Y ahora tenemos que encontrarlos a los dos.
[♪♪♪]
♪ En un mundo de sombra ♪
♪ donde el silencio grita, ♪
♪ cada palabra es un eco ♪
♪ de promesas marchitas. ♪
♪ Sed de venganza, con fuego en la piel, ♪
♪ buscando la verdad en un mundo cruel, ♪
♪ lealtades rotas, ♪
♪ corazones de fiera en esta selva de cemento, ♪
♪ sálvese quien pueda. ♪
♪ En la sombra de la noche miradas de seda, ♪
♪ dos familias en lucha, tu legado está en juego, ♪
♪ juramentos que se quiebran, secretos por saber, ♪
♪ cada momento es un recuerdo, un pasado por volver. ♪
♪ Sed de venganza con fuego en la piel, ♪
♪ buscando la verdad en un mundo cruel. ♪
- Pues yo no soy el único que decide en la empresa de México.
Marcelo y yo tomamos decisiones en conjunto y fue él
el que insistió en que aceptáramos la oferta
de los Del Pino.
Nada personal en contra suya.
- Ya lo sé, ya lo sé, pero lamentablemente
ustedes tomaron la peor decisión.
- Bueno, pues sí.
Como comprenderá, estamos preocupados por todo
lo que está pasando.
Era inevitable no enterarnos de la demanda
que usted interpuso.
- Misma que voy a ganar.
- Nosotros invertimos en esa sociedad todo nuestro capital.
La verdad es que no queremos tomar el riesgo de perderlo.
- Tus temores son infundados, muchacho.
La obra ya arrancó.
Y cuando la empresa de Alfredo pase a manos de Eugenio,
entonces será que ustedes estarán bien.
¿Por qué?
Porque a partir de ahí trabajarán con gente
profesional y honesta.
- Los Del Pino terminarían por estafarlo.
- Y nosotros nos encargaremos de que eso no suceda.
- Francisco no es así, Fernanda.
Él jamás secuestraría a alguien y mucho menos pediré un rescate.
- Bueno, hace muchos años que no lo ves.
La gente cambia.
- Sí, pero no a ese grado.
- ¿Todavía lo quieres?
- No estamos hablando de eso.
- No, pero estamos hablando de Ana
y de que tal vez esté con Francisco.
¿Qué vas a hacer
si se te parece el amor de tu vida?
¿Pero sabes qué?
Tienes toda la razón.
No estamos hablando de él, sino de que no sabemos dónde está
Ana en estas circunstancias poco recomendables.
- Yo voy a hablar con Érika.
Ella no me puede mentir.
Se trata de rescatar a tu hermana, Elisa, y de traerla
de vuelta a la casa para brindarle toda la ayuda
que pueda llegar a necesitar.
- Ana está viva.
Es que no lo puedo creer pero eso es lo más importante.
Y Francisco regresó.
Él está aquí y yo no sabía nada.
[♪♪♪]
- Hoy no han estado tan generosos los clientes,
pero uno me acaba de dar 50 dolaritos.
- Bueno, peluchita, no te preocupes.
Mira que la noche es larga.
Tú sigue echándole ganas, ¿ah?
- Bueno, ustedes ya me dijeron que las propinas
suben y bajen.
Tampoco puedo esperar
que siempre me vaya como anoche, ¿no?
Exactamente, y como te dice Miguel,
sigue echándole ganitas
y que poco a poco vas juntando platita.
- Bueno, la noche es joven y todavía me faltan muchas mesas,
así que...
- Vamos. Ánimo.
Dale, peluchita.
- Oye, Miguel, la idea no es gastarnos todo el dinero
tratando de domar estas potras.
- Yo sé, yo sé.
- Pero ya voy a ir a buscar a alguien que le dé otros 50.
Igual ya mañana le empastillamos y placa, placa, placa.
[♪♪♪]
- Y dale y dale con la misma cantaleta.
Te estás haciendo ideas que no son, como siempre.
Fernanda no me pidió que averiguara nada.
Ay, ya parece que me va a pedir eso a mí.
- Ay, sí, hazte en la loca.
- Ay, mira, piensa lo que quieras.
¿A mí qué me importa?
Y en todo caso, ¿quién va a creerte a ti
que no sabes en dónde está Francisco?
Tú y él eran uña y mugre.
- Te voy a decir una cosa.
Si cuando vino y no quiso dar la cara
era porque no quería ver a nadie.
A nadie.
Como su amigo, tengo que respetar su decisión.
- ¿A qué se dedica?
¿En donde estuvo metido todos estos diez años?
- Ay, ya vámonos, que aquí estamos perdiendo el tiempo.
Y para tu información, Francisco es un millonario
que está disfrutando de su dinero viajando por el mundo.
¿Cómo la ves?
- Ay, sí.
Sobre todo millonario.
Ese es otro que nunca ha de haber pasado de ser
un muerto de hambre.
- Ya, vamos.
- Si Francisco siguiera en Miami, ¿te gustaría verlo?
Sí. Creo que tenemos demasiadas cosas que aclarar.
- Elisa...
Yo hace años hice algo que nunca voy a poder perdonarme.
Yo te lo juro por la memoria de mis padres,
que en paz descansen,
que fue con las mejores de las intenciones.
Pero desgraciadamente me equivoqué.
- ¿De qué estás hablando?
- Por favor, Elisa, prométeme que no vas a repetirlo.
Yo no quiero tener más problemas con Alfredo
y mucho menos ahora que está todo tan tenso.
- Puedes confiar en mí.
Al día siguiente de la noche que te encontró a ti y a Francisco,
él habló conmigo y me dijo que iba a llevarte
a la policía para que lo denunciaras.
- Sí, y me negué rotundamente porque yo jamás hubiera hecho
nada en contra de Francisco.
- Todos estábamos muy alterados y yo me preocupé
al verlo tan molesto.
Pensé que iba a obligarte.
Y de solo imaginarme en la cárcel
a un chico tan dulce, tan noble,
tan joven como Francisco,
lo único que se me ocurrió fue ir a buscarlo
y pedirle que huyera para evitar que lo metieran en la cárcel.
Yo tengo la culpa que se haya ido así y no haya vuelto.
Es todo mi culpa, Elisa.
[♪♪♪]
a musical ♪]
- No, yo sé que lo hiciste con la mejor de las intenciones.
Yo no podría culparte de nada.
- Pero Francisco creyó que...
- No importa lo que le hayas dicho a Francisco
o lo que alguien más le haya podido decir.
Él no debió dudar de mí.
- A esa edad, Elisa, tendemos a reaccionar por impulso.
- Debió de comunicarse conmigo, al menos para reclamarme.
Lo mínimo que pudo haber hecho fue haberme pedido
una explicación.
- Yo sé que toda la vida lo has amado.
Si él estuviera aquí y ustedes pudieran hablar,
si no tuviera nada que ver con el secuestro de Ana
y ustedes quisieran retomar esa relación
tan maravillosa que tenían,
Elisa, cuentas con mi apoyo incondicional.
No vamos a permitir que Alfredo
vuelva a intervenir, a separarlos.
- Fernanda, yo la verdad es que...
- Lo arruiné.
Yo arruiné sin querer ese romance.
Y yo voy a encargarme de corregir mi error, Elisa.
Mientras tanto, no comentes con nadie
lo que hablamos, ¿sí?
Primero que aparezca Ana.
Y cuando ella esté aquí, ya que se enteren los demás.
[♪♪♪]
[♪♪♪]
- Todos estaban extremadamente sorprendidos con su aparición.
Yo tengo entendido que ellos creían que usted había muerto.
- Bueno, fue una confusión.
Hubo un incendio en mi casa.
Periodistas amarillistas dijeron que había muerto.
Alfredo lo dio por hecho.
Pero fíjate, estoy más vivo que nunca.
- Sí.
¿Y por qué nunca desmintió las notas falsas?
- ¿Para qué?
Mi gente en Dallas ya sabía la verdad.
- ¿Y cuáles son sus planes?
¿Piensa mudarse aquí?
¿Quedarse a vivir aquí en Miami?
- No, no creo.
Eso sí, voy a tener que estar aquí
hasta que termine el juicio.
- Y me imagino que vino con toda su familia, ¿no?
- No tengo a nadie en la vida, Emilio.
Estoy solo en mi alma.
- Claro, pero alguna vez tuvo que haberse casado.
- No, y dudo mucho que llegue a dar ese mal paso.
- Cuidado, Emilio. Mucho cuidado.
Mire que las esposas suelen dar grandes dolores de cabeza.
- Es que sí es inusual, ¿no?
Un hombre exitoso como usted, que esté solo, pues no sé,
es complicado creer que nunca se enamoró,
que que nunca vivió con nadie.
- Si Elisa se quiere divorciar, yo no me pienso oponer.
- Yo creí que a Roberto le tenías cariño.
Ujú.
[Risa]
- La única verdad es que es un pobre idiota.
Lo contraté porque tú insististe.
Pero no es precisamente la eficiencia personificada.
- Alfredo, él hace bien su trabajo.
¿Qué queja tienes de él?
- Es totalmente prescindible.
Se ganó la lotería al casarse con mi hija
y no supo hacerla feliz.
Así que ¿de qué sirve?
Por cierto, ¿de dónde pudo haber hecho dinero Eugenio?
Yo no creo que se haya dedicado a nada recomendable.
No estaría de más investigarlo.
Para echarle a la policía encima, ¿no?
- Ten cuidado con eso, ¿no?
No vaya ser que te salga el tiro por la culata
y sea Eugenio el que te eche la policía encima a ti.
[♪♪♪]
[Risa]
- No hablemos de mí, Emilio.
En el aspecto romántico, tu vida
es mucho más interesante que la mía.
¿Tienes algún amor apasionado por ahí?
- ¿No? - No.
Creo que es porque no ha llegado a mi vida
esa mujer, la indicada.
- Cuando aparezca una, vete con cautela.
No, no faltan las que intentan manejarnos con pasión.
Cuando te endiosas con alguien, pierdes la cabeza
y no actúas con cordura.
[♪♪♪]
[♪♪♪]
- Lo que le dijo Érika no son mentiras.
Los dos nos sorprendimos mucho al verla a Ana en ese lugar
y en ese estado.
- ¿No la habían visto antes?
- Creíamos que estaba muerta.
Como todos los demás en la casa piensan.
- Pues es mejor que nadie sepa nada.
¿Sí me entiendes?
- Sí, sí, pero la verdad, discúlpeme, señora,
ellos también tienen derecho a saberlo.
- La única que sabe la verdad aquí es Elisa.
Y que ahí quede.
Mientras Ana no aparezca y podamos regresarla a la casa,
mejor no decir nada.
¿Para qué?
- Sí, como usted ordene. Está muy bien.
- ¿En dónde está Francisco?
Dame su teléfono, necesito hablar con él.
- Los problemas con mi papá yo creo que ya se solucionaron.
Así que voy a estar aquí otra vez.
- Qué bueno.
Me alegro muchísimo.
Elisa, ¿y con Roberto?
¿Con él también te arreglaste?
- No, eso ya no tiene futuro.
Espero que lo pueda entender y no me siga insistiendo.
¿Y tú? ¿Cómo vas?
- Bien.
Bueno, ahorita enfocado
con la promoción de la pre venta en México.
Espero que nos vaya muy bien con eso.
- Seguro que sí.
Para mucha gente Florida es un paraíso.
Todos quieren vivir aquí en Miami
o por lo menos pasar una temporada.
Emilio, cuando termine tu negocio con nosotros,
¿piensas quedarte?
- Créeme que a veces es lo que más quiero.
Pero otras veces pienso y tal vez lo mejor
sea que regrese a Monterrey y tengo mi vida hecha allá.
[♪♪♪]
- ¿Y para qué quieren que los acompañe
a la estación de policía?
- Es un interrogatorio de rutina, señor Del Pino,
relacionado con el asesinato de la señora Manuela González.
[♪♪♪]
sical ♪]onado con el asesinato de la señora Manuela González.
- Es totalmente ridículo lo que están haciendo.
Esto debe ser un chistecito de Eugenio o de Adalberto.
- Pero ¿qué tendrías que ver tú con la muerte de Manuela?
Hace diez años que se fue de la casa.
- Llama a los abogados y diles que vayan
a la estación de policía.
Va a ser un interrogatorio de rutina
pero no vaya a ser cosa de que estos me quieran
hacer la vida más difícil de lo que ya me lo han hecho.
- El espacio que me asignaron es ridículo, Roberto.
- Es lo que está disponible.
- Me gusta tu disposición para resolver problemas, cuñado.
- Perdón - ¿Qué tienes?
- Perdón.
Creo que me contracturé jugando tenis
y a mí este dolor me pone mal.
- Bueno, pues ponte una pomada o dato un masajito.
Oye, pero yo no voy a estar aquí de arrimado
mientras el tal Emilio ese esté ahí.
- Ay, ya, güey, ya.
- En mi oficina. - Ya.
No repeles y confórmate con lo que hay.
Ya está.
- Es que tú sabes que Gabriel
solamente lo hace para humillarme.
Es absurdo que siendo uno de los dueños de la constructora,
socio fundador, me traten como el más ínfimo de los empleados.
- Tú aceptaste trabajar así ¿o no?
- Está bien, ya.
Ya, ya, ya. No voy a decir nada.
Ey, pero eso no significa
que esté bien ni que esté de acuerdo.
- Bueno, Elisa, yo solamente quería pasar a visitarte.
- Muchas gracias, Emilio.
Pues aquí nos estaremos viendo, supongo.
- Sí, claro que sí.
¿Crees que tal vez algún día podamos tomarnos otro café?
- Tal vez.
- Bueno, ya no te molesto más.
Me voy a mi oficina y..
lo que sea, lo que necesites, aquí estoy.
Cuentas conmigo.
♪ Somos imanes en polos opuestos ♪
♪ inseparables aunque estemos lejos. ♪
♪ Puedo ser, yo puedo ser, ♪
♪ la razón, la razón, ♪
♪ de poder dejar a todo el mundo atrás. ♪
- Primero revisa estos documentos
para que te vayas empapando en qué es lo que hacemos.
Cualquier cosa me avisas.
- Oye, ¿Robert y qué?
¿Esto es todo lo que tengo que hacer?
- ¿Qué esperabas?
- Bueno, pues soy un profesionista, un ejecutivo...
- Eres un asistente que necesita aprender.
Así que no te quieras beber el mar de un solo trago, cuñadito.
- Oye, Robert.
Tú sabes que yo aquí lo veo todo y escucho todo.
Todo tipo de información llega a mí.
Niveles de información.
Sí, sí sabes, ¿no?
Bueno, pues me contaron que vieron a Emilio.
Sí sabes quién es Emilio, ¿no?
- El que te quitó la oficina. Claro.
- Ese. Ese Emilio.
Bueno, pues me dijeron que Emilio estaba con Elisa.
A mí se me hace que ese güey te quiere comer el mandado,
¿eh, mi Robert?
¿No será que por culpa de él Elisa te tenga así?
Así, como allá.
- Le repito que Francisco no quiere hablar con nadie.
- Por supuesto que tengo su teléfono,
pero tengo que preguntarle antes de dárselo a usted.
- Ah, bueno, pregúntale entonces.
¿Qué esperas para marcarle?
- Seguramente está trabajando, señora.
En la noche le hablo.
- ¿Estás seguro de que Francisco no tuvo nada que ver
con el secuestro de Ana?
- Por supuesto que no.
Francisco no había llegado cuando pasó lo de Ana.
- Hm.
Ey.
Tú, ven acá.
Apúrate.
No puedo con la lentitud en esta casa.
Cierra la puerta.
Dijiste que un amigo de ustedes estaba ayudando a Ana.
- ¿A quién?
- Yo nunca dije nada de - Ah, está bien.
Siguen empeñados en mentirme, que conste.
- La neta estás bien confundida.
Una cosa es estar agradecida y otra enamorada, Ana.
- Nadie me ha tratado como él. Nunca.
Además es tan cariñoso, es respetuoso, noble, muy noble.
Noble a más no poder.
- Francisco está enamorado de Elisa y eso no va a cambiar.
- Elisa está casada con otro.
- Pero no por mucho.
Ya se separaron y me dijo que piensa divorciarse.
Y ahora que Francisco se quite la cara
y deje de ser Emilio Montenegro,
esa relación va a llegar con más fuerza,
y mucho más que hace diez años.
- Hasta donde yo sé, no hay ninguna otra novedad.
- ¿Segura?
- Eugenio, ya sé que me dejé llevar por un impulso.
Hice muy mal y créeme, me arrepiento.
Yo debí haber hablado contigo tranquilamente,
dejar que te explicaras.
- Ni antes, ni ahora, ni nunca
tengo por qué darle explicaciones a nadie.
Y a ti menos.
Debiste haber acatado mis decisiones.
Lo que hayas sentido no importaba.
En un dos por tres te olvidaste de la deuda de lealtad
que tenías conmigo, que sigues teniendo conmigo.
Conocí a Emilio Montenegro.
No debió ser ningún sacrificio para ti revolcarte con él.
[♪♪♪]
- No, conmigo no te hagas el que no sabe.
- Es absurdo que me reclame.
- Te estuviste besando con Elisa
y no dije nada para no hacerlo...
- Roberto, por favor.
Ella ya te dejó claro que no quiere seguir contigo.
Dale vuelta a la página, por favor.
- Sigo siendo su esposo.
- Sí, pero no por mucho tiempo.
- Eso está por verse.
- Bueno, ya está.
No voy a seguir discutiendo por lo mismo.
¿Puedes llevar la fiesta en paz o no puedes?
- Escúchame bien.
Mucho cuidado con lo que haces.
Elisa es mi mujer, que te quede claro.
Y nadie me la va a quitar, y mucho menos tú.
[♪♪♪]
♪]
- Elisa regresó a su casa y se reincorporó a la oficina.
Creo que es lo mejor que pudo hacer.
- Ay, qué bueno.
Su marido debe estar feliz, entonces.
- Ay, Mirna, esa relación ya no jala.
Roberto se mudó y Elisa quiere el divorcio.
- ¿Y eso?
- Pues ella ya no está enamorada.
Además, pues hay un chavo al que le está dando entrada.
- ¿Se está viendo con alguien?
Cuéntame, cuéntame, por favor.
- El amigo mexicano de Marcelo, Emilio,
pues a ella le mueve el tapete cañón.
Y yo estoy segura que ella a él también.
- Entre Emilio y yo solamente hay una relación de negocios.
- ¿Y por eso sigue yendo a su departamento?
- Bueno, hay cosas que tenemos que tratar fuera de la oficina.
- No soy idiota.
¿Piensas que vas a poder tomarme el pelo?
- Yo no estoy enamorada de él.
- Eso ya lo sé.
Tú serías incapaz de sentir un amor así por alguien.
- ¿Cómo fue que lo conociste?
- Pregúntale a él.
Es mejor que te vayas a la constructora.
La policía ya fue por Alfredo para interrogarlo
sobre la muerte de la vieja.
- ¿Quién? ¿Manuela?
- Ajá.
No van a poder demostrarle nada, pero el dolor de cabeza
¿quién se lo quita?
[Risa]
Si supieran quién fue la asesina,
se sorprenderían, ¿verdad?
- Manuela fue mi nana y la nana de mis hijos.
Trabajó en mi casa durante muchísimos años.
- ¿Y por qué dejó el trabajo?
- Bueno, la verdad es que me vi obligado a despedirla.
Su nieto se aprovechó de una de mis hijas y era una situación
que yo no estaba dispuesto a permitir.
Todo esto es ridículo, entiéndalo.
La cosa es lo que pasó entre el nieto de Manuela y mi hija
y otra vez que yo hubiera querido matarla, por favor.
Su muerte fue diez años después.
Es ridículo que...
- Ella fue testigo del último testamento
que escribió su padre.
- Ya va saliendo el peine.
Ese testamento, pues, dudo mucho que sea legítimo.
Y si Manuela viviera, lo único que podría hacer
es negar que sabía algo de eso.
- Señor del Pino...
- Es lamentable que gente sin escrúpulos
utilice el valioso tiempo de ustedes
para que lo pierdan conmigo.
Si asesinaron a Manuela, soy el primero en lamentarlo
y el primero al desear que encuentren al asesino.
Pero, por favor, a mí no me involucren.
Solamente fue una pérdida de tiempo.
- Espero que no insistan con lo mismo.
- No hay ninguna prueba en su contra.
- Ni iba a haberla nunca.
Yo no sé nada de eso.
Solo son ganas de fastidiar por parte de Eugenio y de Adalberto.
- A mí no vengas a amenazarme ni a advertirme nada, ¿estamos?
- Aléjate de Elisa.
- Es ella la que me lo tiene que pedir, no tú.
- Ni siquiera vas a negarme el interés que tienes en ella.
- Ni te lo niego ni te lo afirmo.
A ti no te importa lo que yo sienta.
Ey, ey, ey.
- Vamos a ver de qué cuero salen más correas.
- Cuando quieras.
¿Entendiste?
[♪♪♪]
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