All language subtitles for sed-de-venganza-capitulo-28.mp4-es-CC1

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
nl Dutch
en English Download
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German
el Greek
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil)
pt Portuguese (Portugal)
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

- Ay, Elisa, estaba por ir a buscarte.

Estoy tan contenta que estés de vuelta.

Tú eres una parte imprescindible de esta familia.

Tu lugar está aquí.

- Pues ya estoy de regreso otra vez.

Pero si Roberto no hubiera aceptado irse,

yo no estaría aquí.

- Ay, Elisa, Roberto te adora. Y tú...

- Yo no estoy enamorada.

De hecho, nunca lo estuve.

¿Qué caso tendría volver con él?

- No lo dices en serio, ¿no?

- Es la verdad y no pienso cambiar de opinión.

Además, si yo sigo atada a Roberto,

nunca podría darme una oportunidad con alguien más.

- ¿Te estás viendo con otro?

- No, pero eso no significa

que en algún momento no pueda hacerlo.

Hoy Emilio me invitó a tomar un café.

Me parece un hombre encantador y muy guapo.

Yo creo que de alguien como él sí podría llegar a enamorarme.

- No, te estás haciendo ideas que no son.

Si Emilio realmente quisiera enamorarte,

pues ya te lo hubiera dicho, ¿no?

- La advertí desde un principio que no quería

que volviera a pasar lo de la otra vez.

Supongo que eso fue lo que lo frenó.

- ¿Sabes qué me preocupa de todo esto, Elisa?

Yo no quiero que te vuelvan a romper el corazón.

Emilio, pues sí, es muy guapo y todo, pero es es joven,

seguro no quiere compromisos.

- Yo creo que podemos ser amigos, ¿no?

- No me interesa tener ningún romance en este momento.

- No, no me malinterpretes.

No me refiero a eso, Elisa, yo...

- Emilio, después de lo que pasó entre nosotros,

es mejor que dejemos las cosas claras.

- Lo que sea que se te ofrezca, lo que sea que necesites,

tú me dices, ¿sí?

Y cuentas conmigo incondicionalmente,

sin ningún interés de por medio.

Tal vez nada más te ve como un acostón, pasarla bien,

y tú no eres de esas, ¿no?

[♪♪♪]

- Sí, sí la vi, pero...

- No me comentaste ni media palabra.

¿Qué esperabas, que yo no me enterara?

- No te lo dije porque no tenía importancia.

- ¿Qué es lo que pretendes?

¿Jugar con las dos?

¿Divertirte aquí a tus anchas el tiempo que tienes en Miami?

- No, no, no, Fernanda.

¿Cómo crees?

- Elisa está plenamente convencida de que tienes

un interés romántico con ella.

- Bueno, yo solamente quise ponerme a sus órdenes, ¿sí?

Solo eso.

- ¿Tú piensas que soy una imbécil?

A mí no me vas a hacer esto, ¿me oíste?

A mí no.

- Ah, tú dices el mexicano, el socio de la constructora.

Mira, ella no tiene absolutamente nada

con él ni con nadie.

Lo está usando porque ya sabes

que quiere quedarse con la constructora.

Lo está usando como a todos los que tiene a su alrededor.

Eso es todo.

No me digas que estás celoso, Eugenio, por favor.

Si tú fuiste el que la empujaste para que fuera

y se metiera con Del Pino y con el otro ese, con Roberto.

- Lo mío lo uso como se me dé la gana.

Una cosa es que se acueste con alguien siguiendo

mis instrucciones y otra es que tenga aventuras por placer.

Esas cosas no la permito.

- ¿Por qué no me crees?

Yo no sé nada de Francisco.

Según yo, desde que se largó, no ha vuelto a aparecer.

- Mmm. Pues no te la compro, fíjate.

- Muy tu bronca, fíjate.

¿Qué ganaría yo con echarte mentiras?

- Bueno, Fernanda también sabe que Ana está viva.

Se la encontró una vez en la calle.

Y también está enterada de que se armó todo un drama

en el antro de tu noviecito.

Tú estabas ahí así que no me salgas con que no tengo idea.

- Y si estás tan enterada, ¿por qué me preguntas?

- Oye, ¿Érika y Fermín tienen a Ana en su casa?

- Yo qué sé.

Pregúntale a ellos si tanto quieres saber.

------ cuestionario lo que me haces.

[♪♪♪]

- ¿Cómo se te ocurre?

Alonso no tiene nada que hacer en la oficina.

- Es accionista y es mi hijo también.

Me pidió una segunda oportunidad

y se la pienso dar, punto.

- Lo único que va a hacer

es entorpecer nuestro trabajo, papá.

- ¿Más de lo que entorpeces tú? Lo dudo.

- Papá, por favor.

- Le buscas un cubículo en que pueda instalarse

y no se diga más.

Va a colaborar con Roberto pero si tú sigues así,

lo voy a poner a trabajar contigo.

- Antes muerto.

- Gabriel, ustedes tienen que aprender a llevarse

como lo que son: hermanos.

Deja las enemistades para el viejo cretino ese de Adalberto.

- Ya sé que estás furioso conmigo por haber salido

con Érika y con Claudia.

- Hiciste lo que se te dio la gana.

Espero que estés muy contenta.

- La pasamos bien.

¿Qué tiene de malo que trate de divertirme un poco?

- No, nada.

Y ya no sigamos dándole vueltas al mismo asunto, por favor.

- Fernanda me sugirió que las invite a que pasen el día

con nosotros mañana en la alberca.

Y sí les voy a decir.

Tal vez si las tratan en otro plan...

- ¿Y tú le creíste eso?

No, Moni.

Eso te lo dijo por hacerte quedar en ridículo.

¿Cómo se te ocurre que puedes invitarlas en plan de amigas?

Mi amor, de veras a veces te pasas de ingenua.

[♪♪♪]

- ¿Y ese milagro que viniste a visitarnos tan temprano?

Porque normalmente cuando no trabajas, no madrugas.

- A veces sí.

Por ejemplo, hoy fue un día que dije:

voy a darles una vueltecita, platicar un ratito con ellos.

Ya los extrañaba mucho.

- O viniste a interrogarnos, quisiste decir.

- Ay, no, cómo crees.

Por cierto, ¿dónde está Ana?

Yo no tengo ningún problema en que nos acompañe a desayunar.

Yo sé que ustedes la tienen.

- ¿De dónde sacas eso?

- A ver, cuñado, no se hagan los locos conmigo.

Yo sé que ustedes la sacaron del antro de Miguel.

- La sacamos de ahí porque estaba drogada

y prostituyéndose.

Y cuando salimos, salió corriendo como alma

que se la lleva el diablo.

- Nos impresionó mucho verla así.

La dábamos por muerta.

- Sí, quisimos perseguirla, pero no nos dio tiempo de nada.

Y pues si no me crees, búscala.

[♪♪♪]

- ¿Qué haces?

¿Qué pasa? Déjame pasar.

Ya tenía que arruinarse el día.

Por lo visto voy a tener que buscar otro club.

Esto se ha vuelto de quinta.

- Eso desde que te aceptaron a ti.

- ¿Qué quieres?

¿No te cansas de fastidiarme?

¿Sabes qué?

No tengo tiempo para perder contigo así que...

- Vine a informarte de que voy a redoblar la seguridad

tanto en mi casa como en el negocio.

A partir de ahora estaré rodeado de personas armadas

todo el tiempo.

- Oh, qué miedo me das.

Te estás convirtiendo en un auténtico gángster.

- Sé que estás planeando matarme.

¿Y sabes qué?

No vas a lograrlo.

[♪♪♪]

El jefe es mi papá y él ya tomó una decisión.

Así que regreso a la constructora.

Y al que le moleste, queso.

El queso porte.

- Igual no vas a durar ni dos días.

¿Qué digo? ¿Dos días? Ni uno.

- ¿Cuánto apuestas, güey?

- Bueno, dale chance.

Si ves que no cumple, ya ves qué haces.

- Desgraciadamente, Gabrielito no podría correrme

porque yo también soy dueño.

¿Cómo la ves?

- Todo lo que haces lo haces para fastidiarme,

pero no te va a funcionar.

- Ay, no me digas.

- Pobre Roberto, depender de ti,

que no sabes ni las vocales.

- Tal vez estando ahí te lo logre espantar de una buena vez.

Eso sí, no tendrías ni con qué pagármelo.

- ¿De verdad tienes ganas de trabajar?

- Ay, ¿tú qué?

A ver, un cambio, no va a venir mal, ¿sí?

En estos momentos de crisis en la empresa, a ver,

¿quién mejor que yo

para sacar el buey de la barranca?

- No le veo el chiste.

- Así como a Gabriel se le murió ya saben qué,

no vaya ser que terminen de morirse las pocas neuronas

que le quedan en el cerebro.

¿Y entonces qué?

¿Quién podría ocupar su lugar?

Yo solamente, por supuesto.

- Amor, no le hagas caso.

Lo único que vas a conseguir es darle el gusto.

- No sé de dónde sacas tanta estupidez.

Obviamente de tu cerebro, que sabemos que es casi nulo.

- Dime algo.

¿Tú tuviste algo que ver con la muerte de mis hijos?

- No, en serio, ya te volviste loco.

- Tú estás planeando matarnos a todos para que Brenda me herede

y así poder quedarte con la constructora

y con todo mi dinero.

- El que quiere despojarme a mí eres tú.

Ya lo has dicho.

- No voy a parar hasta lograrlo.

Ese será tu castigo.

- ¿Pues sabes que?

Tú y Eugenio me hacen los mandados.

- El próximo lunes te llegará una situación de la corte.

El juicio ya está por comenzar.

El juez será quien decida y no tú.

- Bueno, peluchita, yo no tengo la culpa de que Rafita

anduviera con esa muchachita haciendo groserías.

Yo no me meto en su vida privada.

- Ella les dijo que le estaba dando drogas.

¿Ustedes manejan ese tipo de cosas en el antro?

- Me ofende esa pregunta, peluchita.

Claro que no.

Ella le pedía dinero a Rafita.

Rafita, como es un hombre bueno que no sabe decir que no,

se lo daba, y seguramente ella compraba drogas con ese dinero.

Nada más.

- Pero Ana les dijo que...

- Ay, peluchita, creo que ustedes se pasan de ingenuos.

A una drogadicta no se le puede creer nada, ni lo que se come.

- Eso sí, yo no crucé...

- ¿Y adónde se la llevaron, ah?

- Jura por mi amá, Claudia, que si alguien te pregunta,

le vas a decir que se escapó, que no la alcanzamos,

que no la vemos desde hace diez años

que la metieron a la clínica.

Es más, que la damos por muerta.

¡Júralo!

- Estábamos tan impresionados porque desapareció

hace tanto que la dábamos por muerta.

- ¿En serio?

- La Érika y yo íbamos a trabajar a la casa

de los Del Pino de vez en cuando

antes de que empezáramos ir a diario.

El Fermín se lleva toda la vida trabajando ahí.

El hecho es que conocemos a Ana de toda la vida.

Por eso cuando mi hermana la vio ligando con borrachos

y en tan mal estado, tuvo el impulso de llevársela.

- ¿Cómo hizo para escaparse?

- Ese detalle sin relucir.

Desde esa noche, la Érika y yo casi no hablamos.

Está bien enojada conmigo porque soy tu novia.

- ¿Todavía Érika sigue con eso?

- Ujum.

- Ah, pero ¿no que fueron anoche

a tomarse una copa con otra muchacha?

¿Qué pasó con eso?

- Sí, pero ni me peló.

Me ignoró por completo.

Pero últimadamente, lo que le pase a Ana,

a nosotros ¿qué nos importa?

- Claro, tienes razón.

Tienes razón. Es cierto.

Sí, sí.

- Peor sería que no quisiera hacer nada con su vida, ¿no?

- Su razón de existir es molestarme.

Primero cogió a Sebastián y ahora me quiere agarrar a mí.

- Le estás dando una importancia que no tiene.

Mejor ignóralo y ya.

- Va a estar con Roberto, no contigo.

¿Qué más te da?

- ¿Te parece poco verle la cara todos los días?

- ¿Por todo tienes que buscar pleito con Gabriel?

- ¡Él empezó!

- Ay, Alonso, es muy aburrido todo esto, en serio.

- Bueno, pues tengo algo nada aburrido que darte

pa cuando se te vuelva a antojar.

- Por favor. - Ay, no te hagas.

[♪♪♪]

- Mónica es mi esposa y quiero que la respetes, punto.

- Siempre lo he hecho.

Es ella la que no me tiene ningún respeto a mí.

Fernanda, tú y yo nunca hemos tenido una mala relación.

Y no creo que nos convenga que eso cambie ahora.

- No, por supuesto que no.

En el fondo, aunque me duela mucho decir esto,

tú sabes que tengo toda la razón.

Ella no es la esposa que te convenía.

Si tú lo hubieras visto llegar anoche con Érika y con Claudia,

te mueres.

Parecía una sirvienta más, una empleada aquí de la casa.

- ¿Vas a seguir con lo mismo?

[Suspiro]

- Tú vales mucho.

Eres un profesionista distinguido,

graduado nada más y nada menos que de Harvard.

Tú te mereces algo mucho mejor.

Eres oro.

Por favor, no te encapriches con alguien que no vale la pena.

- Como están las cosas,

si me voy a trabajar en tu antro,

Érika no me vuelve a dirigir la palabra en su vida.

- Bueno, peluchita, pero Érika no tiene por qué darse cuenta.

Puede ser nuestro pequeño secreto, ¿eh?

- Tal vez el ambiente no sea el adecuado para mí.

No quiero que los clientes me confundan con una prosti

y luego se pasen conmigo.

- Bueno, peluchita, la única forma de salir de dudas

es probando.

Vas esta noche, tentas el terreno y si no te gusta,

pues te vas y no regresas.

- ¿Tú crees?

- Claro. No tienes nada que perder.

Mira, los clientes se pasan con las mujeres que se deja.

Y a ti a legua se te ve que eres una muchachita decente.

Así que no va a pasar nada.

Y si se pasan contigo, ahí estaré yo para protegerte.

Tu macho, pecho peludo, lomo plateado, alfa ¿o no?

- Qué loquito estás, Miguel.

- Sí, ¿verdad?

[Exhala] -

- Bueno, me urgía verte porque hoy recibí un informe de Dallas

que te va a parecer demasiado interesante.

- Sobre Eugenio Beltrán.

- Ujú. Vivió muchos años con una mujer más joven que él.

- ¿Y lograron hablar con ella?

No.

Desapareció por completo aproximadamente hace diez años.

Se llamaba Fernanda.

[♪♪♪]

♪ En un mundo de sombra ♪

♪ donde el silencio grita, ♪

♪ cada palabra es un eco ♪

♪ de promesas marchitas. ♪

♪ Sed de venganza, con fuego en la piel, ♪

♪ buscando la verdad en un mundo cruel, ♪

♪ lealtades rotas, ♪

♪ corazones de fiera en esta selva de cemento, ♪

♪ sálvese quien pueda. ♪

♪ En la sombra de la noche miradas de seda, ♪

♪ dos familias en lucha, tu legado está en juego, ♪

♪ juramentos que se quiebran, secretos por saber, ♪

♪ cada momento es un recuerdo, un pasado por volver. ♪

♪ Sed de venganza con fuego en la piel, ♪

♪ buscando la verdad en un mundo cruel. ♪

Nadie sabe su apellido.

Solamente le dijeron a mi contacto que era joven,

extremadamente bella,

muy reservada y de apariencia sumisa.

- Necesitamos averiguar más.

- En esa estamos.

Pero pasó ya hace mucho tiempo.

- Venga, tú...

¿Te imaginas que fuera la Fernanda que ya sabes?

- Vendría a explicar muchas cosas.

Es que eso significaría que Ana no alucinó los mensajes

que supuestamente vio en el teléfono de Fernanda.

- Está muy raro todo eso.

- Fernanda alguna vez me dijo que estuvo relacionada

con un hombre rico que le ayudó a estudiar,

le ayudó a salir adelante.

- ¿Y si hubiera sido Eugenio Beltrán?

- Estuve a punto de caer en tu trampa.

¿Pero ya lo ves?

qqq

- Yo no sé de qué estás hablando.

- No vas a hacer que me vaya,

digas lo que digas, hagas lo que hagas.

- Tú no necesitas ayuda para que Sebastián

termine de decepcionarse de ti.

- Estuve platicando con Elisa.

Ay, ¿ya te contó que se fue a tomar un cafecito con Emilio?

Harían tan bonita pareja, ¿verdad?

- Sí, harían muy bonita pareja.

Aunque la verdad, me da pena por Roberto.

Bueno, aquí lo que importa es que Elisa sea feliz, ¿no?

- Sí, claro.

Y aunque trates de aparentar que no te importa,

sé que en el fondo te estás muriendo de celos.

¿Qué se hace?

Él sí que va a preferir a una más joven y con clase.

Porque la clase, mi amor, como dicen,

sé mamá, no la adquieres.

[♪♪♪]

[Sonido del teclado]

- Mi amor. - ¿Ah?

- Todos hemos cometido errores en esta vida, ¿no?

Unos más que otros.

Pero dudo que haya alguien que sea totalmente perfecto.

- Obviamente, no.

A veces te equivocas y haces cosas

de las que luego puedes arrepentirte.

- Lo importante es reconocerlo y no volver a hacerlo.

- ¿Qué pasaría si te dijera que te engañé?

¿Me lo perdonarías?

- ¿Para qué hablamos de supuestos, mi amor,

si tú nunca me traicionarías, cierto?

- Yo...

- ¿Y sabes por qué lo sé?

Porque me partirías el corazón en dos.

Tú eres lo que más amo en esta vida.

Bueno, después de mi hijo,

que ese va a ser un consentido de primera.

Te amo.

- Yo también.

[♪♪♪]

- ¿Estamos claros?

Ya saben qué van a hacer con la chamacona, ¿no?

No me fallen.

Lincha. Ponte con eso.

Siéntese, siéntense.

- Tranquila, peluchita.

Todo estará bien.

Sabes que estoy aquí para protegerte y ayudarte en todo.

Tú échale ganas, ¿ok?

- Bueno, que sea lo que Dios quiera.

Ya estoy lista para anotar mis órdenes.

Nomás espero no hacerme bolas, porque con la luz que hay aquí,

no voy a ver bien ni que escribí.

- Vas a estar bien. Échale ganas, ¿ok?

- Voy. - Vaya.

Suerte, peluchita.

- Pues eso que te dijo Ignacio si está grave.

- Pues imagínate si no.

A ver si logran averiguar algo más.

- Sí, pero pues un nombre no dice mucho

y habrá muchas Fernandas, ¿no?

- Pero la que conocemos apareció hace diez años,

justo cuando desapareció la otra.

Y la descripción que dio Ignacio coincide.

- Bueno, es que siempre lo mismo.

Surgen cosas que nos hacen sospechar sobre Fernanda

y después salen otras que nos tira todo por tierra.

- Lo canijo sería que fuera la misma Fernanda.

- ¿Qué harías?

- ¿Y todavía me preguntas?

- Eso querría decir que me ha estado viendo la cara vilmente

y que sí mató a María Laura.

También a mi abuela.

[♪♪♪]

cal ♪]

- Gracias por haberme invitado a cenar.

El lugar está precioso.

- De nada.

Nos lo hemos pasado encerrados todo el tiempo.

De ahora en adelante vamos a salir más, a divertirnos,

a pasar la vida.

- Y a dejar de pelear.

- Sobre todo eso.

- Mira, te prometo que de ahora en adelante solo voy a hablar

con Fernanda lo indispensable.

No voy a permitir que me siga amargando la existencia.

- Sigue en pie la propuesta de irnos

a nuestro propio departamento.

- No, no, sería darle demasiada importancia.

Además, ya lo hemos hablado.

Ella en serio es un cero a la izquierda,

¿de acuerdo?

Como que lo que le dije a Alonso sí funcionó.

No me ha estado rondando.

- Si te busca, se lo vas a tener que cumplir.

Denúncialo, a ver qué le parece.

- Por supuesto que lo voy a hacer.

- No sabes con lo que salió ahora.

Dice que quiere volver a trabajar en la constructora.

- ¿De qué?

- No me lo vas a creer.

Mi papá lo puso como ayudante de Roberto.

Tiene que aprender,

a ver cómo se manejan las finanzas de la empresa.

- Elisa, yo no estoy segura de que Alonso sepa

sumar dos más dos.

- Ay, no, ni yo tampoco.

Todo lo hace para molestar a Gabriel.

- ¿Y qué onda con Brenda?

- No sé.

Y la verdad, prefiero no tocar ese tema.

Afortunadamente, Gabriel no se ha enterado de nada.

- Jurame que no le vas a decir a nadie que yo te conté.

Es muy delicado.

- Te lo juro.

¿Qué está haciendo Alonso?

- Se está acostando con tu mujer.

El asunto no acaba ahí.

Brenda está embarazada, ¿no?

¿Y quién te dice que ese hijo no es de Alonso?

Porque a mí todo este cuento de la inseminación artificial

me suena tomadura de pelo.

Sí. ¿Qué bueno?

[♪♪♪]

- El hecho es que Adalberto sabe lo que estábamos planeando.

- ¿Pero cómo es posible?

Eso era algo entre tú y yo.

- Bueno, ahora con más razón

tenemos que cancelar ese proyecto, ¿ok?

- De todas formas, siempre pensé que era muy riesgoso.

- Ay, no me queda más remedio que seguir soportándolo.

Dice que el lunes me van a citar para ir a la corte.

- Tienes que seguir al pie de la letra todas las instrucciones

de los abogados.

No puedes dejarte llevar por tus arranques.

Cualquier cosa que digas puede ser usada en tu contra.

- Hijo, no soy idiota. Por favor.

[♪♪♪]

- Listo.

Yo te apuesto lo que sea

a que la muñeca muerda el anzuelo hoy.

- Rafita, eres un dios.

Buen trabajo. Te la sabes todas, hermano.

- Después de esta noche, vas a tener que sacarte de aquí

a apunta de escobazos.

- Bueno, aquí les dejo sus tragos, caballeros.

Espero las disfruten.

Gracias. Pero espera, déjame darte una propina.

- Que Dios le dé más.

- Gracias, así será.

Oye, y tú ¿qué?

¿No le vas a dar nada a la chica?

No seas un miserable.

Eso.

- Dios los bendiga a los dos.

Bueno, y si les ofrece algo más,

ustedes digan rana y yo salto, ¿eh?

- Gracias.

- Con su permiso.

- Venga.

- No me queda más que ir a hablar con esa gente.

Están promoviendo propiedades de la Florida en California.

- ¿Estás seguro que solamente te tienes que quedar una noche?

- Sí, solo es ir a unas juntas y me regreso pronto.

- Ok.

- Si quieres ir conmigo, eres bienvenida.

Pero eso sí, te la pasarías prácticamente sola

todo el tiempo.

- Bueno, así no suena como plan, ¿verdad?

O sea, me encantaría conocer Los Ángeles

pero creo que será en otra ocasión.

- Luego armamos otro viaje. - Sí.

- ¿O sabes qué?

Podemos regresar a las Vegas

y así recordar el día de nuestro matrimonio.

- No, pues como está de bien...

- Se tiene que repetir.

- Ajá.

- Los días siguen pasando y aún no has resuelto tu problema

con la meserita.

- Es más difícil de lo que me imaginé.

- Sebastián se va la semana que viene a Los Ángeles por un día.

Esa va a ser la oportunidad perfecta.

- ¿Qué se te ocurre que pueda hacer?

- Ay, no sé. ¿No que tú eras aquí

el macho alfa, el encantador de mujeres?

Piensa.

- Sí, pero Mónica no es como la mayoría.

- Ay, claro que sí.

Todas somos iguales.

Mira, se le nota a leguas que no está feliz en su matrimonio

y que está decepcionada de Sebastián.

- Sí, sinceramente no se ven muy felices que digamos.

Digo, están recién casados y deberían de seguir

de luna de miel, ¿no?

Y para nada.

No, entonces aprovéchate de esa situación.

Tal vez Sebastián padece de alguna manera el mismo

problemita que Gabrielito y...

Yo soy el que se quedó con toda la estamina.

Bien, pues que se note.

Enamórala, sedúcela, vuélvela completamente loca

que no pueda vivir sin ti.

Aprovecha ahora que se va Sebastián

y hazla completamente tuya.

[♪♪♪]

[♪ Tema musical ♪]

Sedúcela, vuélvela completamente loca

que no pueda vivir sin ti.

Aprovecha ahora que se va Sebastián y hazla

completamente tuya.

Tus deseos son órdenes, mamá... cita.

Eso sí, te recuerdo que cuando todo esto pase

voy a reclamar mi motivo.

Lo prometido es deuda.

Esa energía que estás sintiendo ahora, ¿la sientes?

¿Úsala, úsala, pero con ella, ¿sí?

[Suspiro} - Ay.

- No vas a recibir ninguna queja de su parte.

- Ay, pues eso espero, porque los días siguen pasando

y tú no haces nada.

- Casi me muero al ver la propinita que me dieron.

- Ah, peluchita, algunos clientes cuando quieren,

pueden ser muy generosos.

No es siempre, pero pasa con frecuencia, ¿no, Rafita?

- Sí, claro. Siempre que se desatienda,

rapidito y con amabilidad ellos agradecen.

- Pues por mi parte

siempre van a tener mi mejor sonrisa.

- Bueno, voy a seguir chambeando para que me den más dinero.

- Dale, peluchita. - Los veo ahorita.

- Suerte. Ay.

Creo que ese pescadito ya murió el anzuelo.

- Yo te dije que el interés tiene pie.

- Ya pronto vamos a tener cuerpecito nuevo y gratis.

- Ujú, pero deja que venga dos o tres noches más, ¿sí?

Para que tú veas que después le metemos una pastillita

y queda en tres inmediata.

- Sí, para poder sacarle el billete, ¿no?

Así hay que sacarle provecho.

- Ahora resulta que tú también te vas a venir a meter aquí.

- Solo por hoy.

Vine a acompañar a Adalberto, nada más.

- Pues no te queda el papel de chaperón.

Claro. Era de esperarse que no supieras jugar el golf.

- Y ni me interesa.

Yo todavía tengo sexo.

Y tú, ¿sobrino?

¿Cómo va la vida?

- Mi hijo no es nada tuyo.

- Alégrate, Eugenio, eso es un halago.

Yo daría lo que no tengo porque tampoco fuera nada mío.

- ¿Por qué mejor no seguimos jugando, divirtiéndonos?

No vinimos a hacer mala sangre ni mal ambiente, ¿no?

- A cualquiera se le pudre la sangre

con ver a estos dos sinvergüenzas.

Sobre todo al perro abandonado.

- A ver, así mi papá grite o patalee, tú no cedas, ¿ok?

Él sabe que tú tienes la razón y no le va a quedar de otra

que darte el gusto.

- No sé cómo me atreví a decirle todas esas cosas.

En los casi 30 años que tenemos de casados,

yo nunca le había dado la contraria de esa manera.

- Bueno, pero ya va siendo hora.

Las mujeres sumisas hace rato que pasaron de moda.

- Yo nunca he sido una mujer liberal, ni tampoco...

- Ahora las mujeres empoderadas somos las que estamos de moda.

- No sé si llegado el momento, incluso, yo tenga

el suficiente valor como para pedirle divorcio a tu padre

e irme de la casa.

- De ninguna manera.

Tú no te vas a ir a ningún lado, mamá.

El que se va a ir es él, faltaba más.

Por favor.

- Ay, Brenda, hija, pero mira, mira las cosas que me aconsejas.

- Perdón.

- Solo quería ver qué cara ponía Alfredo al verme.

- ¿Qué cara iba a poner?

La misma que tiene siempre de mulo viejo.

- ¿Hablaste con los abogados?

Digo, sobre el asesinato de Manuela González.

- Eso no creo que lo podamos utilizar en el juicio.

Aunque me dijiste que había una investigación abierta.

Yo se los comenté.

Y ellos le pasaron la información a un contacto

que tienen dentro de la policía.

- Le va a llover sobre mojado.

- ¡Ah!, maldita sea.

- No me puedo concentrar ¡por ese par de idiotas!

- A eso vino Beltrán. A ponerte nervioso.

Si lo permites...

- Pues que se pongan nerviosos ellos.

Llegado un momento, voy a ser implacable.

- Tal vez todavía estamos a tiempo de arreglar las cosas,

hablar con ellos.

- No voy a ceder, hijo.

- Papá, es ver la tempestad, y no en cárcel.

- No van a poder demostrar nada.

- El testamento es auténtico.

Lo destruiste.

Actuaste fuera de la ley.

- ¿De qué testamento me estás hablando?

El único que conocí fue el que me nombraba heredero universal

de mi padre.

Punto.

- Sí fui a la oficina, pero solo estuve un momento con mi papá.

- ¿Por qué no me buscaste?

- ¿Para qué?

Tú y yo ya no tenemos nada que hablar.

- Elisa, me fui de esta casa para que te...

- Me fui de esta casa para que te animaras a volver,

pero no estoy dispuesto a perderte.

- Ok, pues entonces,

si no quieres que nos divorciemos por mutuo acuerdo,

voy a tener que contratar abogados, Roberto,

y va a ser un trámite muy costoso y muy desgastante

para los dos.

- A ver, a ver, a ver, mi amor.

- No me toques.

Mira, Roberto, aquí hay dos opciones.

O terminamos civilizadamente como buenos amigos,

o terminamos en pleito.

Y de verdad que no te recomiendo la segunda opción,

que lo primero que perderías sería tu trabajo.

Tendría que pedirle a mi papá que te despida.

¿Eso es lo que quieres?

- ¿En serio piensas que no tenía motivos para enojarme?

- Con todo lo que estábamos hablando,

se me pasó por completo contarte lo de Elisa.

No fue a propósito que no te dije nada.

- ¿Ah? ¿Qué?

¿Te traes algo con ella?

¿Crees que soy estúpida y que no me voy a dar cuenta?

- Ay, te prometo, te prometo que no.

- Me dijiste que no estás enamorado de mí,

que solo soy una buena compañía,

un buen momento, sexo candente y ya.

- Te dije que no me había dejado ir por las condiciones

en las que nos encontramos nada más.

A ver, a ver.

No puede haber nada serio entre nosotros, ¿sí?

- ¿Estamos claros en eso?

Entonces, ¿a qué le tiramos?

- Yo te vi besuquiándote con Elisa.

¿Qué me dices?

A mí no me salgas con que eso fue un impulso y ya.

Cuando tú tienes quien te dé lo que necesitas,

no andas buscando ese tipo de encuentros con alguien más.

- No sé, no sé qué más te puedo decir.

- Bueno, pues por lo menos ten los pantalones para aceptar

que solo he sido tu burla y ya.

Un pasatiempo sin ninguna importancia al que puedes

prescindir en cualquier momento.

Dímelo.

- Ay, ¿no es el carrito más hermoso

que has visto en toda tu vida?

- Ven, súbete. - Está fregoncísimo.

- ¿Neta es tuyo? - Ajá.

Hacer feliz a papá por fin está empezando a rendir frutos.

- Primero el carro, luego el depa, las joyas y las pieles.

No, no, pieles no.

No, solo ya no se usan porque con el calor que hace aquí,

uno se muere, uf.

- Ay, pues para mí es el carrito más bello

que puede existir.

Ay, de solo pensar que ya no voy a tener que subirme

al mugroso autobús ese.

Ay, se siente a la gloria.

- Ay, Pati, por fin la suerte nos está empezando a sonreír.

Yo también ando bien contenta.

Mira, la neta no estás para saberlo,

pero ayer meserié en el antro de Miguel.

350 dolaritos, mana.

- Ay, muy bien.

- ¿Cómo te quedó el ojo?

- ¿Y cómo quieres que me sienta, Elisa?, si me tratas

como si yo fuera un monstruo que te ofendió, que te hizo mal.

- No, no.

- Que te trató mal.

- No empieces a victimizarte.

- No, no me estoy victimizando, Elisa.

Te estoy diciendo la verdad.

Lo único que hice fue quererte todos los días de mi vida.

- Pues sí, pero no se puede mantener un matrimonio

a la fuerza.

No funcionaría.

A la larga sufriríamos más.

Roberto, por favor.

Estás muy a tiempo de encontrar una mujer que te dé todo

lo que tú necesitas y te mereces, sí.

- La única persona que me interesa en mi vida eres tú.

Nadie más.

- No voy a regresar contigo

no importa lo que hagas o lo que digas.

Fue un error haberme casado contigo

y le vamos a poner punto final a esto.

Entiéndelo ya de una vez.

[♪♪♪]

- ¿Te estás viendo con alguien más?

[♪♪♪]

¿Te estás viendo con alguien más?

- No, pero tal vez algún día sí.

Y ten por seguro que si lo hago, no voy a comprometerme

con nadie hasta estar segura de mis sentimientos.

No pienso cometer el mismo error otra vez.

- Te he demostrado de todas las formas posibles

lo importante que eres para mí.

Te lo he dicho no una vez, sino 1000 veces.

- ¿Vamos a seguir discutiendo?

- No, ¿sabes qué?

El error de todo esto fue mío.

Yo sí me dejé ir, como tú dice.

Y la verdad,

yo nunca he sido una mujer de aventuras.

Y me hiere mucho saber que para ti no significó nada.

- A ver, no, no, a ver, yo nunca dije eso.

- No, no con esas palabras, pero viene siendo lo mismo.

- A ver, entonces, ¿ya no quieres que nos veamos?

- Al que seguramente ya no le interesa verme más es a ti.

- Pues... ahí te equivocas.

- Mira, Emilio...

Mi vida no ha sido nada fácil.

Siempre me han tratado como un objeto, como algo prescindible.

Y la verdad, estoy muy cansada de no ser más que eso.

- Fernanda.

- No, es que no, no quiero seguir hablando más.

Son muchas las cosas que traigo encima y necesito unos días

para poner en orden mi mente y mi corazón, ¿sí?

[♪♪♪]

- Tiene volante hidráulico, una pantallita para ver

dónde retrocedes, aire acondicionado.

- Está de pelos.

Cuando la Érika lo vea, se va a morir.

- Oye, ¿y si vamos a enseñárselo?

Es que se lo quiero restregar en la jeta

para darle un tapón de hocico.

- Nada le parece. Como si no la conocieras, Pati.

- Ay, quién sabe por qué habrá salido tan envidiosa.

- Quién sabe.

Oye, no le vayas a decir que estaba trabajando

en el antro de Miguel.

Es capaz de matarme.

- ¿Y tú qué?

¿Por fin ya vas a contarme qué onda con Ana y con Francisco?

Ya deja de hacerte güey.

- Yo solo sé lo mismo que te dijo a ti la Érika.

Ana sigue desaparecida y Francisco ha de haber venido

de entrada por salida porque yo nunca le he visto la cara.

¿Qué hace aquí, eh? A ver.

- Fernanda, de todas maneras, tú pasaste tantos años

al lado de Eugenio que obviamente

él te debe querer mucho, te debe tener mucho cariño.

- ¿Y de qué sirvió?

- Pues yo pienso que deberías reiniciar la relación

que has traído con él.

- ¿Tú de verdad crees que él

me va a querer después que intenté matarlo?

- No, él va a entender.

Él va a entender que tuviste motivos para hacer

lo que hiciste y que simplemente actuaste

llevada por un arranque que no pudiste controlar.

No, no, no, no. De verdad, de verdad.

Pídele perdón, Fernanda.

Por lo menos inténtalo.

- ¿Qué demonios te pasa?

Un día me dices una cosa, otro día me dices otra.

Te recuerdo que yo hice lo que hice porque tú me aconsejaste.

¿Qué te pasa?

- Fernanda, Eugenio me amenazó y me pidió que te dijera

todas esas cosas porque si no, me mata.

Yo estoy segura que en este momento nos está vigilando.

Tengo miedo.

Tengo mucho miedo, Fernanda.

[♪♪♪]

- A ver, a ver, a ver, maestro, déjame explicarte.

Te involucraste con ella porque necesitabas saber todo

lo que ya sabes.

Ni modo.

El fin justifica los medios.

No te sientas mal.

- Si ella fuera inocente, que el tiempo lo diga.

Si es inocente y decides

que quieres tenerla como pareja, adelante.

- Ay, Marcelo, si solamente fuera tan fácil como decirlo.

- Sí, me acuerdo de Fernanda.

Era una chica encantadora.

Vivió aquí hace como diez o 15 años.

Ya.

- ¿Es esta mujer la Fernanda de quien hablábamos?

- Podría ser ella pero honestamente no estoy seguro.

Han pasado muchos años.

- Es que eso de que la pareja de Beltrán ¿se llamara Fernanda?

- Ignacio se fue a Dallas

para hablar con los vecinos de él personalmente.

Ojalá pueda averiguar más.

- Hace muchos años, mi hijo nos tomó una foto

a mi esposa y a mí juntos

donde ella y el señor Beltrán se ven caminando en el fondo.

Tal vez la puedo encontrar.

CC: TELEMUNDO NETWORK captioning@telemundo.com

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.