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Original subtitles

- Dada la velocidad con la que llegó,

parece que la información que tengo

es un artículo de primera necesidad.

- ¿Dónde está Ana?

- La plata primero.

Gracias.

Bueno, no sé exactamente adónde está.

- ¿Qué? ¿Es en serio?

Si me está jugando una broma, le advierto...

- Déjeme terminar, déjeme terminar.

- ¿Dónde está Ana?

- Tranquilita.

No sé dónde está, pero sé con quién está.

Y para usted va a ser fácil conseguirla.

Solo tiene que preguntarle a sus empleados,

Érika y Fermín.

Ellos la tienen.

- ¿Cómo sabe usted de Érika y Fermín?

- Casualidades de la vida.

Soy novio de su otra empleada, Claudia.

- ¿Ha estado rondando mi casa?

No, no, para nada.

Nada.

La conocí por azares del destino.

Bueno, la cosa es que anoche todos coincidieron

en mi negocio y se armó un drama que pa qué le cuento.

Parece que la enfermita

le sigue metiendo de fuerte a las drogas.

Y pa conseguirlas, pues está vendiendo favorcitos.

Anoche Érika y Fermín se la llevaron a rastras.

- ¿Dónde ha estado metida todo este tiempo?

- No sé.

Claudia solo me dijo que un amigo la estaba ayudando.

Pero no se preocupe,

yo le voy a conseguir más información y de gratis,

para que vea.

Pero lo importante es que ellos la tienen.

- Nada de lo que me puedas decir

me va a hacer cambiar de opinión.

El antro de tu novio es un chiquero asqueroso,

lleno de borrachos y prostis.

- Es que tú solo ves el lado negativo en las cosas, Érika.

- Ah, y el socio de Miguel.

Mira nada más lo que estaba haciendo con Ana.

Abusó de ella y la prostituyó.

- A ver, a ver, a ver.

Ella fue la que se lo ofreció por viciosa.

Aquí le dan pan que llore.

- Ay, no digas estupideces.

Se aprovechó de una pobre mujer desorientada y enferma.

¿Qué clase de persona puede hacer algo así?

- Otra vez pasar por la misma tortura.

Lo que me espera no va a ser nada bonito.

- ¿Qué se puede hacer?

- Sí, yo sé.

Me lo merezco por estúpida.

- Aquí vas a estar en muy buenas manos.

Y si te parece, yo puedo venir a visitarte de vez en cuando.

- La verdad, espero no quedarme mucho tiempo.

- ¿Qué, tan mal la tratamos?

- No, pero espero mejorarme

para poder reivindicarme con Francisco.

Me gustaría demostrarle que sí puede confiar en mí.

- No, Emilio no me preguntó por ti.

Es que nunca tocamos el tema.

- No sé por qué me extraña, como si fuera muy importante.

- Lo que pasa es que hablamos de otras cosas.

Tampoco mencionó a Marcelo.

¿Y ese milagro?

- Me imaginé que ibas a estar aquí.

- Discúlpenme, voy a atender a una clienta y ahorita veo.

- Sí.

Anoche se fue Roberto de la casa.

- ¿En serio?

- Pues sí.

Tú le dijiste que solo ibas a considerar

regresar si él no estaba.

¿Vas a hacerlo?

- Elisa no mencionó a Tania y yo tampoco.

- Bueno, mejor.

Si la vuelves a ver y toca el tema, cambias de canal.

- Tú dices que yo no defino mis sentimientos,

pero tú estás igual, aunque lo niegues.

- No, no, por nada del mundo.

Van a volver las oscuras golondrinas.

Bueno, hermano, nos hablamos más tarde.

Que todo te salga bien.

Llámame, que voy a estar pendiente de ti, ¿ok?

- Dale, córrele. Va.

Va, va.

Estamos en contacto.

Y tú andabas desaparecida, ¿no?

¿Cómo vas?

♪ Y te siento en mi piel ♪

- ¿Y ahora qué mosca te picó?

- Es que no voy a permitir que nos dejes a Brenda,

a mi nieto y a mí en manos de extraños.

- No pienso morirme por ahora, Ninette.

- Nunca se sabe.

Si te mueres antes que nosotras,

quiero tener total libertad, no solamente con el dinero,

sino con la constructora además.

- Yo sé lo que más te conviene.

- Adalberto, es mi última palabra.

Y quiero además que esto quede por escrito

para evitar sorpresas posteriores.

- Es que lo único que me faltaba es que fueras tú a decirme

ahora lo que tengo que hacer con lo mío.

- La mitad me pertenece.

Nos casamos con bienes mancomunados

y para ese entonces no tenías un solo centavo.

Adalberto, no te estoy diciendo qué hacer con lo tuyo.

Es lo nuestro, te guste o no.

- En serio, Brenda, yo no sé por qué

te has vuelto tan complicada.

¿De veras no quieres que vayamos un ratito a mi cuarto?

- Ya te dije que no.

- ¿Qué, ya se te quitaron las ganas?

- Completamente, aunque no me lo quieras creer.

- ¿Y eso?

- Alonso, ya entendí que no estuvo bien lo que hicimos.

Es mejor olvidarlo todo y evitarnos una tragedia.

- ¿Tragedia? Pero tragedia ¿por qué?

- Porque ya todo el mundo sabe

menos Gabriel y espero que mi suegro.

- ¿Tú en serio crees que mi hermanito no lo sabe?

Por favor, Brenda.

Una cosa es que no lo sepa y otra cosa es que finja demencia

para no darse cuenta de los tamaños cuernotes

que su mujercita le está poniendo.

- No te imaginas la falta que me has hecho.

- ¿Siguen los problemas? ¿Ah?

- Es que soñé tantas cosas y a veces siento

que se me va a reventar la cabeza.

- ¿Te veo en la noche?

Aunque es un rato, ¿no?

- No sé.

Voy a tratar, pero no te prometo nada.

De cualquier manera, ten siempre presente que te amo.

Te amo con todo mi corazón.

- Fernanda.

- Nunca en la vida creí que iba a poder sentir

algo así por un hombre.

Tú me has hecho creer en el amor.

- Todo lo que me has dicho me parece una perfecta ridiculez.

- Solo digo la verdad.

La mitad de lo que tú tienes es mío.

Entonces soy yo quien tiene que decidir qué hacer con mi parte.

- Fue Brenda, ¿verdad?

Brenda fue quien te metió esas ideas en la cabeza.

- Y tienes razón.

¿Por qué nosotras vamos a quedar en manos de gente extraña

si algún día tú llegaras a faltarnos?

- Ninette, ustedes quedarán muy bien protegidas.

Son mi única familia.

Como comprenderás, no las voy a dejar tiradas en la calle.

Eso sí.

La rata de alcantarilla de Alfredo no va a poder poner

ni un solo dedo sobre mi patrimonio.

Así que eso ni lo dudes.

- Ya está listo todo el plan de preventa en México

para las torres que estamos construyendo.

- Cuéntame, ¿cómo lo ves?

- Muy bien, muy bien.

¿Cuándo empiezan?

- La próxima semana.

Marcelo se está encargando de los preparativos y ya lanzamos.

- Y con Sebastián encargándose de la oficina de ventas

junto a la constructora, estamos listos.

Estas torres van a ser un éxito.

- Sí, eso espero.

Aunque es inevitable que nos preocupe el juicio

en el que van a estar envueltos.

No queremos que interfiera con todo esto.

- No, eso eso no va a ser algo público.

Y no tendría por qué interferir en el trabajo.

No, para nada.

- Sí.

Y si ese hombre gana, ¿qué pasa?

- Emilio, no queremos ni considerar esa posibilidad.

El testamento que tienen es completamente falso.

Beltrán no es hijo de mi abuelo.

La gente hace lo que sea y dice lo que sea por la ambición.

Es lamentable.

- Sí, ya sé que te estoy repitiendo lo mismo

que tú me dijiste para regresar, pero no es más

que la verdad, Elisa.

No puedes irte así nomás y fingir como si no existiéramos.

- ¿Y mi papá?

- Mi papá es como es y no lo vamos a hacer cambiar.

Pero la guerra se da desde adentro.

Afuera no vas a poder hacer nada.

- Es que no me interesa dar guerra, ese es el problema.

- Pues te debería interesar, porque es nuestro patrimonio.

Tú misma me lo dijiste hasta el cansancio.

- Pues sí, pero sin mis acciones...

- Tus acciones te las va a devolver mi papá.

Solo te está castigando, como si no lo conocieras.

- Pues yo no hice nada para que me trate así.

Lo único que hice fue intentar salvar a mi hermana porque él

fue incapaz de mover un solo dedo por ella.

- Elisa, todo lo que me puedas decir yo lo sé.

De veras que lo sé.

Pero tienes que regresar.

Lo que se nos viene no está nada bien.

Y si no estamos unidos, nos va a ir muy mal.

En serio.

- Ya, hombre, deja de andarme regañando.

Eres mi hermana mayor, no mi mamá.

- Ubícate.

Te digo las cosas como son porque te quiero.

Si fueras una extraña, ni me tomaría la molestia.

Fíjate, Miguel se portó súper buena onda con ustedes.

Pero claro, como a ti nada te gusta...

- Pues no, no me gusta nada que tenga que ver con él.

Y entre más lejos lo tenga, mejor, fíjate.

- Ok, perfecto.

No lo vuelves a ver.

¿Cuál es el problema?

- No le menciones nada que tenga que ver con nosotros,

con Ana y mucho menos con Francisco.

Esto es una situación bien delicada

y nos puedes meter en broncas mayúsculas, Claudia.

¿Te queda claro?

- Sí, mi coronel.

Ustedes no existen en mi vida.

Punto.

- Ah, pues qué bueno que nos vamos entendiendo.

- Suficientes problemas ya tiene toda la familia

como para que tú vengas ahora.

- No las armé yo.

La culpa de todo esto la tiene tu papá.

- Bueno, fue tu papá el que desapareció ese testamento

y despojó a su medio hermano de todo

lo que por derecho le correspondía.

- ¿Quién sacó a la luz el famoso testamento, eh?

Durante años el tipo ese, Beltrán,

no existió para ninguno de nosotros.

Fue tu papá el que lo trajo a Miami, se encargó de...

- Sí, sí fue mi papá y lo lamento muchísimo.

Vivo entre fuegos, Alonso.

Pertenezco a las dos familias.

Por favor, no le eches más leña al fuego

o voy a reventar.

- La culpable de todo es Brenda por haberse casado

con un Del Pino sabiendo el tipo de relación

que teníamos con ellos.

- Se casó con Gabriel porque se enamoraron.

¿Te enteras de eso?

- Por favor.

- En lugar de hacer más grande tu odio por Alfredo,

lo que tenías que haber hecho es acercarte a él,

llevar una relación un poco más cordial con él,

por lo menos.

- ¿Con ese animal?

Imposible.

- Adalberto, se trata de tu hija.

Tu odio hacia Alfredo lo único que está consiguiendo

es arruinarle la vida.

¿Y ahora también quieres arruinar la mía?

¿Sabes qué?

Yo no tengo la culpa de que María Laura lo haya preferido

a él y no a ti.

- ¿A qué viene eso?

- Que lo único que me demuestras con tu actitud

es que sigues pensando en ella después de tantos años

y para mí eso resulta humillante.

Con tu mitad haz lo que te venga en ganas, ¿sabes?

Pero con la mía no te vas a meter.

Y lo quiero todo por escrito, Adalberto.

Ya te lo dije.

Porque si no, me divorcio de ti.

- Pati, soy yo, Fernanda.

Sí, mira, tengo que hablar contigo algo súper urgente,

así que necesito que salgas de la oficina

sin que nadie se dé cuenta.

- Me salí sin decir nada.

No puedo tardarme más que unos minutos porque si don Alfredo...

- No me voy a tardar.

Toma, esto es para motivarte, Pati.

Aquí hay lo suficiente para que puedas enganchar

el carro que quieres.

- Ay, se lo agradezco mucho.

Si Alfredo no te da más, yo te ayudo.

- ¿Era para esto que...?

- No. Necesito que me averigües algo urgente.

- Don Alfredo y Gabriel no han vuelto a hablar.

Solo sé lo que ya le había contado.

- Hay otra cosa que quiero saber.

- Sé de muy buena fuente que Érika y Fermín tienen a Ana.

No sé si la tienen en su casa, o en otro lado.

- ¿Ana? ¿Cuál Ana?

¿La hija de don Alfredo?

- Ujú. Ella está viva.

Ellos han estado ayudando a esconderla.

♪ En un mundo de sombra ♪

♪ donde el silencio grita, ♪

♪ cada palabra es un eco ♪

♪ de promesas marchitas. ♪

♪ Sed de venganza, con fuego en la piel, ♪

♪ buscando la verdad en un mundo cruel, ♪

♪ lealtades rotas, ♪

♪ corazones de fiera en esta selva de cemento, ♪

♪ sálvese quien pueda. ♪

♪ En la sombra de la noche miradas de seda, ♪

♪ dos familias en lucha, tu legado está en juego, ♪

♪ juramentos que se quiebran, secretos por saber, ♪

♪ cada momento es un recuerdo, un pasado por volver. ♪

♪ Sed de venganza con fuego en la piel, ♪

♪ buscando la verdad en un mundo cruel. ♪

- Créame que mis hermanas nunca han mencionado a Ana.

La verdad es que no,

no platicamos mucho de nuestras cosas.

- Pues ya va siendo hora que empieces a relacionarte más

con ellas y que le saques toda la información posible.

- Sí, sí, sí, sí, lo voy a intentar.

- Ah, me dijeron que un amigo de ellos

es el que ha estado apoyando a Ana.

El único que se me ocurre es Francisco Ramírez.

- ¿Francisco? - Ujum.

- Pero si él se largó hace diez años

y nadie ha vuelto a saber nada de él.

- Estás muy atrasada en las noticias, querida.

Yo sé que regresó hace poco y que se ve con ellos.

- En realidad, lo que más me angustia es que te fallé.

Y ahora ya no vas a volver a confiar en mí.

- Bueno, es cuestión de que me enseñes de que sí puedo confiar

y ya está.

- Tú eres lo máximo, ¿sabías?

¿Quién podría no amarte?

- Claudia es más lengua floja que Érika.

En la noche me voy a poner a interrogarla

como quien no quiere la cosa.

- En cuanto sepas algo, avísame de inmediato.

Pati, confío en ti, ¿ok?

Y felicidades por el carrito que vas a tener.

Gracias.

- Vaya, volvió la hija pródiga.

Sebastián fue a verme

y me convenció para venir a hablar contigo.

- ¿Ya se te pasó el berrinche?

Ya no llores más.

Aquí están tus acciones.

- Estoy enterada de lo que está pasando.

Sebastián insiste en que debemos de estar todos juntos

para enfrentar lo que viene.

¿Y sabes por qué estoy aquí?

Porque tiene toda la razón.

- Mira, yo sé que yo soy muy poca cosa para ti

y que significo solamente problemas,

complicaciones, dramas.

Pero, yo te prometo,

te juro que voy a cambiar

y voy a dar todo lo que esté de mí

para que algún día me puedas ver diferente.

- Anita, lo que pasa es que tú estás confundiendo

agradecimiento, amistad con otra cosa.

- No.

Dejemos que el tiempo decida, ¿si?

Y así sabremos si algún día me puedes ver o no como mujer.

- Solo sé que solicitaron una fuerte cantidad de dinero

en efectivo y que la quieren usar para eliminar a alguien.

Eugenio: A mí, seguramente.

No, no creo que en este momento se atrevan a tocarte.

Sería demasiado sospechoso.

Yo me inclino más a pensar

que se quieren deshacer de Adalberto.

- Con eso no evitaría el juicio.

- No, pero se vengarían de él y evitarían que algún día

él pueda adueñarse de parte de la constructora.

Así que dile a Adalberto que se cuide.

- Mira qué más puedes averiguar.

- Sí, estoy en eso.

Ah, y otra cosa.

No sería ninguna mala idea que buscaran la manera de culparlo

de la muerte de doña Manuela.

Hay una investigación abierta.

La policía sabe que la asesinaron,

pero no han podido descubrir quién.

Alfredo podría haber sido

el único interesado en desaparecerla.

Si la vieja estuviera viva,

podría declarar que el testamento refleja

la última voluntad de tu papi, ¿no crees?

Si quieres, puedo regresar a la casa y volver al trabajo.

- Bueno, esa es una decisión que tú tienes que tomar.

- Pero no estoy dispuesta a volver con Roberto.

Quiero que nos divorciemos.

- Siempre pensé que eras la más sensata y centrada

de mis hijos.

Y al final resultaste voluble y caprichosa.

Te hiciste novia de él porque quisiste.

Te casaste porque quisiste.

Yo no recuerdo haberte puesto

una pistola en la cabeza para obligarte.

- Me equivoqué, sí.

Cometí un error gravísimo y me arrepiento, papá.

¿Pero qué quieres que haga?

No me puedo seguir equivocando.

Solamente viviría infeliz y frustrada toda mi vida.

- Espero que Patricia logre averiguar algo.

Y estoy segura de que Francisco

está detrás de todo esto, si no, ¿quién más?

- Bueno, Fernanda, pues con todo lo que está pasando,

yo te digo que lo que pase con Ana Del Pino

es lo que menos debería importarte.

- Yo no le di mayor importancia al regreso de Francisco.

Pero yo estoy segura que él tiene que ver

con el secuestro de Ana.

Y todo esto me da muy mala espina.

¿Qué es lo que está tramando?

¿Por qué?

Oye, ¿qué te pasa?

Te veo rara. Estás como en otro mundo.

- No, no, no.

Yo ya te lo dije.

Me caí, me partí el labio.

Estoy hecha un manojo de nervios, Fernanda.

Todo el tiempo pensando a qué horas va a aparecer Eugenio.

Y tú ya sabes.

- Bueno, lo lógico sería que Eugenio ya se hubiera

comunicado contigo, ¿no?

Te hubiera llamado.

Digo, él no me pidió tu número pero...

- ¿Tú crees que no lo tiene?

- Justo hablé con él hace un momento.

Ya sabes, no me queda más remedio

que hacer lo que él me pidió.

Finalmente, lo que le pasa a Alfredo

es lo que menos me preocupa.

Aquí se trata de salvar mi pellejo y de saber dónde está

mi hija y quién es.

[♪ Tema musical ♪]

Aquí se trata de salvar mi pellejo y de saber dónde está

- Perdóname, Fernanda.

Es que yo es que yo me siento muy mal contigo

porque siento que me equivoqué.

- ¿Cómo? ¿De qué estás hablando?

- Es que yo fui la que propicié que tú te pusieras

como una loca y te fueras a Dallas a tratar de matar

a Eugenio.

- Mirna, eso era lo único que se merecía

después de todo lo que me hizo.

- Aconséjala.

Haz que abra los ojos y que entienda que se debe a mí.

Si lo consigues, voy a dejar que sigas con tu miserable vid.

- Sí, pero también deberías de considerar

que te cuidó, te educó, te protegió.

- Me engañó.

Regaló nuestra hija.

- Acuérdate que él dijo que sabía dónde estaba.

¿Eso qué quiere decir?

Todo el tiempo estuvo pendiente de ella.

Tal vez lo que él estaba esperando era que pasara

este asunto tan duro con los Del Pino.

Y luego seguramente te iba a contar toda la verdad, Fernanda.

- ¿Lo estás justificando?

- No, no, no.

Pero lo que pasa es que estuve pensando y somos humanos y pues

Eugenio sufrió mucho, mucho por culpa de Alfredo del Pino.

Deberíamos ponernos en su lugar, tratar de entenderlo.

Y bueno, una hija seguramente tiraría por la borda

todos los planes bonitos que él tenía contigo.

- Él no tenía derecho de arrebatármela.

- Yo sé.

- Yo sé que eso fue muy duro, yo lo sé.

¿Pero tú no has pensado que tal vez

eso era solo un sacrificio que tú tendrías que sobrellevar

para agradecerle de alguna manera al hombre que te rescató

y que que te dio una nueva oportunidad

en la vida, no crees?

- Mi esposa estaba enloquecida.

La huía.

Ni yo me lo podía creer.

- Tu hija le calentó la cabeza con estupideces.

Nada que no puedas hacer como para enfriársela.

- Ninette siempre ha acatado mis decisiones sin vacilar.

De verdad te digo, Eugenio, esto no tiene precedente.

Ya te vas a encargar.

Adalberto, tienes que cuidarte.

Sé de muy buena fuente que Alfredo contrató a un asesino

para que se encargue de ti.

- ¿Qué estás diciendo?

- Tenemos que hablar con los abogados.

Tenemos que argumentar que hemos recibido amenazas, no sé,

cualquier cosa.

Pero tiene que quedar constancia de que si algo

nos sucede, Alfredo es el culpable.

- Viejo infeliz asesino.

- Aumenta la vigilancia en tu casa, duerme con una pistola,

no sé, pero encárgate de que Alfredo no logre tocarte.

- No estoy bromeando, papá.

Lo digo muy en serio.

Quiero regresar a la oficina.

Quiero demostrarte que valgo la pena.

- A ver, ahora ¿qué fumaste?

- Pa, nada.

Yo también soy parte de la familia, ¿sí?

Tengo acciones en la constructora.

Toda la familia siempre se está quejando de que no demuestro

ningún interés por el patrimonio de la familia, ¿no?

Bueno, pues ya va siendo hora de hacerlo, ¿no?

¿No te parece?

- ¿Y a ver, dime, qué se te ocurre que podrías hacer?

Hijo, no tienes la menor idea de nada.

Te lo pasaste jugando videojuegos

todo el día en la oficina.

- No, no, no, no.

Eso fue porque Gabriel no permitió que yo

me involucrara en nada.

Pero eso también tiene que cambiar, papá.

¿Tú piensas que de la noche a la mañana tu cerebro

va a ser puf, se va a iluminar y te va

a decir qué es lo que tengo que hacer?

Ay, no.

¿Cómo hacerlo?

- Bueno, tendría que aprender, ¿no?

Pero yo estoy dispuesto a echarle todas las ganas

del mundo, papá.

Pa, nadie nace sabiendo.

Yo puedo aprender de ti.

Si tú me das chance.

Los imbéciles como Gabriel, por mucho que se esfuerzan,

nunca van a llegar a nada.

En cambio, los inteligentes como yo podemos llegar

a aprender las cosas más rápido.

Por favor, enséñame.

- Dime una cosa, Eugenio.

¿Quién fue quien te dijo que él contrató qqq?

- Tengo mis fuentes muy fiables que prefiero no revelar.

Murieron tus hijos.

Si murieras tú y tu esposa,

Brenda sería la heredera universal.

Sería dejar en automático tu fortuna en manos de Alfredo.

- Sí, lo sé.

Por eso mismo estoy...

- ¿Te consta que tus hijos tuvieron un accidente?

¿No habrá sido él quien los eliminó?

- No sé si fue la mejor decisión,

pero bueno, ya estoy aquí otra vez.

- ¿De plano ya olvidaste Roberto?

Sí. Si siguiera con él, estaría siendo hipócrita.

Eso es lo que menos quiero.

- Es una lástima, porque es un hombre guapo, agradable

y se nota que te adora, Elisa.

- Y eso es lo que más culpable me hace sentir.

Pero si yo no siento lo mismo.

- ¿Pero es posible que después de tantos años tú sigas

queriendo el jardinero?

- Francisco es el amor de mi vida.

Extraño tanto esa relación.

Con Roberto nunca se dio algo así.

- Si Francisco volviera, ¿tú volverías con él?

- Su traición y su desconfianza son cosas que yo no sé

si podría olvidar.

¿Pero sabes qué es lo que más extraño, Brenda?

- ¿Qué?

- Esa magia que se daba entre nosotros.

Era como si fuéramos uno solo.

No sé cómo explicarlo.

Teníamos esa necesidad inmensa de estar juntos.

Y es que no se trata de estar con alguien solo por estar.

- Lo que más me gustaría en el mundo es estar bien lejos

de aquí, pero contigo.

Hacer de cuenta que Miami no existe, que el pasado se borró

para siempre y que podemos tener un futuro fabuloso juntos,

queriéndonos para toda la vida.

- Creo que te estás dejando ir demasiado, Fernanda.

No deberías.

- ¿Por qué no?

- Porque estás casada.

Porque tienes compromisos.

Porque nunca hablamos de tener una relación de pareja

ni nada que se le parezca.

- Bueno, una relación que algún día espero romper.

- Somos amigos con derechos, nada más.

Y la verdad, sí me preocupa cuando te pones a hablar así,

como una niña enamorada.

Porque esos sentimientos

solamente van a traernos problemas.

- Hablo así porque es lo normal

cuando estás enamorado de alguien.

¿Tú no estás enamorado de mí?

No.

[♪♪♪]

No. Y me gustas, sí.

Me encanta estar contigo, sí.

Te considero mi amiga.

Eres una mujer fabulosa, encantadora.

Pero no, no me he dejado ir porque no me he permitido

sentir nada más.

Mira, las circunstancias en las que estamos

no lo permiten.

Entonces, ¿a qué le tiramos?

- Hay cosas que no se pueden evitar, Emilio.

¿Tú crees que estuvo en mis planes sentir esto que siento?

No. Pero sucedió de repente, sin que me diera cuenta.

- Yo creo que estás confundida.

Ya te lo dije.

Nunca en la vida había sentido esto por alguien

y me parece maravilloso.

Me siento que estoy flotando en una nube.

Yo estoy dispuesta a encontrar la manera y de hacer

lo que sea para estar contigo siempre.

Por favor, Emilio, no mates esta ilusión en mí

porque no podría soportarlo.

Contigo me siento comprendida, querida, vulnerable y a la vez

fuerte e invencible.

- Híjole, que lugar más padre.

¿Qué les parece si hacemos un brindis?

Salud por esta noche.

Y por nosotras.

- No va a ser ni la primera ni la última vez

que salimos juntos.

- Y salud para que venda más departamentos y nos puedas

invitar a estos lugares, porque nosotras no podemos pagar.

- No, van a ver que sí.

- Nomás nos hacen falta los galanes para que bailemos

hasta abajo toda la noche hasta que amaneciera.

- ¿Y quién dijo que necesitamos galanes, Claudia?

Si podemos bailar solas.

- Sí.

- Mira, papá, yo sé que tienes a Gabriel en un concepto

totalmente diferente a mí, que le echa ganas y que

trabaja mucho y todo eso.

Sí, pero tiene un cerebro diminuto.

A ver, ¿eso cómo lo arreglas?

Ponme a trabajar.

Ponme a trabajar con Roberto, por ejemplo.

Yo puedo empezar a aprender todo lo relacionado

con las finanzas de la empresa.

Y además, eso fue lo que estudié en la universidad.

- ¡Tu título lo compraste con mi dinero!

Conmigo no te hagas el genio incomprendido.

- Papá, por favor.

- A la universidad solo fuiste a ver cuántas chicas te ligabas.

- Claro que no.

- Y a ponerte hasta atrás. Un día sí y el otro también.

Por favor.

- Obvio que Sebastián no le cayó en gracia

que me haya venido con ustedes.

Ahora quiere que sea dama de sociedad.

- Pero ¿por qué no lo intentas?

- Mira, que la Kate Middleton era plebeya.

Y ahora ¿quién más chula que ella?

- Na más es cuestión de que afines unos detallitos, manita.

Nosotras te podemos enseñar algunos.

- Ay, mira quién lo dice.

La que parece salida de un mercado.

- Oye.

- Ay, bueno, ya no van a pelearse, ¿verdad?

Se supone que venimos a disfrutar y como que a mí

ya se me está antojando otra ronda.

- A mí también. - Ujú.

- Otra, otra, otra, otra.

- Ok, otra paloma sin alcohol.

Porque sí pienso cuidar a mi bebé como orito puro.

- Muy bien.

- Aquí está lo que acordamos.

Necesito que lo haga lo antes posible.

- Bueno, yo no sé cuándo es lo antes posible, señor Gabriel.

- ¿Cómo sabe mi nombre?

- O sea, es cuestión de chequear la placa del carro y ver

quién es el dueño. Del Pino, ¿no?

Mire, esto yo lo voy a tomar como inicial,

como pago por mi silencio, ¿sí?

- ¿Qué le pasa?

- Mire, usted mandó a matar a sus cuñados.

Ahora le toca a los suegros, ¿no?

Eso está muy mal. Eso está muy mal hecho.

¿Qué pasa si tu mujer se entera

de que usted la dejó sin familia?

Eh, quieto, quieto.

No se ponga gallito aquí conmigo.

Vea que después llega a su casa sin dientes.

Mira lo que vamos a hacer.

Usted me va a traer otro tantito como este, ¿sí?

Y si no, pues no importa.

Ya, no se hace el trabajo y ya está.

- Ana volvió a aparecer en un antro de mala muerte.

Los empleados de mi casa estaban ahí y se la llevaron.

- ¿A dónde se la llevaron?

- Eso es lo que quisiera saber yo.

Obviamente, ellos no me comentaron ni media palabra,

pero me enteré por otro lado.

- ¿Ana está viviendo con ellos?

No.

Dicen que un amigo es el que la ha estado ayudando.

- ¿Y quién podría ser ese amigo?

- Ay, Francisco Ramírez, obviamente.

El que era el novio de Elisa.

Él.

[♪♪♪]

]

- ¿Y si hablas con él? ¿Con Francisco?

- ¿Dónde? ¿Cómo? Se está escondiendo.

Si les pregunto a Érika o Fermín, me lo van a negar todo.

- ¿Y quién te contó lo de Ana?

Eso es lo de menos.

El hecho es que lo sé.

Ay, a mí me encantaría poder

ayudarla a reintegrarla en la familia,

pero si ella insiste en seguir desaparecida,

¿qué puedo hacer yo?

- ¿Le contaste a alguien que la viste?

- No. ¿Para qué?

A la única que le importaría sería Elisa

y solamente la pondría con el alma en un hilo.

[♪♪♪]

[♪♪♪]

- Le dije que me equivoqué ponerla en tu contra

y le dije todas esas cosas que tú me pediste.

- ¿Y?

- Ya sabes, no me queda más remedio

que hacer lo que él me pidió.

Finalmente, lo que le pasa a Alfredo

es lo que menos me preocupa.

Aquí se trata de salvar mi pellejo

y de saber dónde está mi hija y quién es.

- No la convencí, por supuesto.

El único problema que ella tiene es que quiere encontrar

a su hija.

¿Es verdad eso de que ella está aquí en Miami,

más cerca de lo que todos nos imaginamos?

¿O tú le dijiste eso solo por desestabilizarla?

- De eso no pienso hablar.

- Mira, entiende.

Es la única manera que puedes volverte a ganar su confianza.

Si tú le devuelves a su hija, ella va a hacer

cualquier cosa que tú le pidas.

Lo que le pidas.

- No me interesa su confianza, sino su obediencia.

- Eugenio, por favor.

Por favor.

A mí nadie me pone condiciones, y menos Fernanda.

Y tú ni se diga.

[♪♪♪]

[♪♪♪]

- Gracias por todo.

- Gracias. - Cuídate.

- Buenas noches.

- Bye. - Gracias.

- Por si lo quieres saber, Érika, Claudia y yo

fuimos a tomarnos unas copas y a pasarla bien.

- No, no quiero saber nada.

Lo que la servidumbre haga o no haga

con su vida no es de mi incumbencia.

- Ay, perfecto.

Es que a veces se me olvida que eres de la alta sociedad.

- Mira, a mí Érika y Claudia me caen muy bien.

Yo no lo digo por hacerlas menos.

Es más, ¿por qué no las invitas

a pasar el día de mañana en la piscina?

- ¿Vas a empezar con tus bromitas?

- No, ya fuera de todo, lo digo muy en serio.

Eso serviría para que Sebastián y los demás las conozcan mejor

y, ya sabes, en otro plan.

Así no te ponen objeciones, ¿sí?

- Hace un rato hablé con Francisco

y neta me quedé muy preocupado.

Estuvo con Fernanda y...

- Ella sabe lo que pasó la otra noche con Ana.

Alguien le contó que Érika y tú se la llevaron de centro.

Y le dijeron también que era un amigo de ustedes

el que la ha estado ayudando.

- ¿Pero quién pudo haber llegado con el chisme?

- No sé, no sé, pero está enterada de todo.

¿Estás segura que Claudia no habla con ella?

- Sí. No, no habla con Fernanda.

- ¿Y si Claudia le contara las cosas a Pati y Pati a Fernanda?

- Ay, no.

La Pati no sabe nada de Ana ni de Francisco.

- Flaca, ¿estás cien porciento segura de eso?

- Estoy rodeado de imbéciles, de ineptos.

¿Cómo se te ocurre ir a hablar con ese tipo en tu coche?

- ¿En qué se suponía que debía irme?

- ¡En taxi, a pie!

- Tú nunca me dijiste que fuera en taxi o a pie.

Hay cosas que tienes que usar tu sentido común,

pero a veces tú pareces que no tienes ninguna.

Eres un gran idiota.

Eso fue dinero tirado a la basura y tú lo vas a pagar.

- ¿Quieres que el tipo siga

o no siga adelante con lo de Adalberto?

- Por supuesto que no.

Echaste todo a perder.

Viviría chantajeándonos el resto de nuestras vidas.

Ay, por favor.

En serio que tú nos rebuznas

porque no te aprendiste la tonada.

- Y si ganas el juicio,

¿te piensas quedar a vivir aquí en Miami?

- No sé.

Estoy acostumbrado a Dallas.

¿Y te vas a buscar un nuevo lugar para vivir entonces?

- No, los daños fueron mínimos y ya los repararon.

- ¿Ah, sí?

Pensé que se había quemado todo el lugar.

- Ya sabes cómo son las notas de prensa.

Escandalosas a más no poder.

Este fue el único recuerdo

que me quedó de esa noche que me regaló Fernanda.

- Por lo demás, saliste ileso, ¿verdad?

- Sí, gracias a Dios.

Oye, cuéntame sobre el romance de Fernanda con el mexicano.

Quiero saberlo todo.

- Mañana voy a hablar seriamente con Claudia.

- Si no fue ella la que soltó la sopa,

alguien las está espiando.

Eso es seguro, Flaca.

- ¿Y yo qué voy a hacer si Fernanda me pregunta?

- Piensa que nosotros tenemos a Ana.

Hay que cranear muy bien la respuesta, flaca.

- Ay, no.

Y ahora que sospecha que Francisco es el que está

ayudando a Ana.

Ay, no, esto se complicó todo, flaco.

Es que sería tan fácil que simplemente diera la cara y ya.

- No, no, no.

Más fácil para ti, pero no para Francisco.

- Ay, Elisa, estaba por ir a buscarte.

Estoy tan contenta que estés de vuelta.

Tú eres una parte imprescindible de esta familia.

Tu lugar está aquí.

- Pues ya estoy de regreso otra vez.

Por si Roberto no hubiera aceptado irse,

yo no estaría aquí.

- Ay, Elisa, Roberto te adora.

Y tú...

- Yo no estoy enamorada.

De hecho, nunca lo estuve.

¿Qué caso tendría volver con él?

- No lo dices en serio, ¿no?

- Es la verdad y no pienso cambiar de opinión.

Además, si yo sigo atada a Roberto,

nunca podría darme una oportunidad con alguien más.

- ¿Te estás viendo con otro?

- No, pero eso no significa

que en algún momento no pueda hacerlo.

Hoy Emilio me invitó a tomar un café.

Me parece un hombre encantador y muy guapo.

Yo creo que de alguien como él sí podría llegar a enamorarme.

Digo, siendo libre, no veo qué tendría de malo.

Sería una relación en la que nadie podría oponerse.

¿O si?

[♪♪♪]

CC: TELEMUNDO NETWORK captioning@telemundo.com

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