All language subtitles for sed-de-venganza-capitulo-26.mp4-es-CC1

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
nl Dutch
en English Download
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German
el Greek
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil)
pt Portuguese (Portugal)
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

[♪ Tema musical ♪]

- Lo que pide es un dineral y no está dispuesto

a hacerlo por menos.

- Bueno, la ventaja es que sabemos que trabaja bien.

- Entonces ¿le digo que sí?

- No nos queda otro remedio, hijo.

Ese cretino me las tiene que pagar.

- ¿Estás seguro que es el mejor momento para desaparecerlo?

- Te da miedo todo esto, ¿verdad?

- Sí, y mucho.

Ya eliminamos a los hermanos. ¿Ahora los papás?

Nos estamos convirtiendo en los asesinos

de toda la familia.

- Literalmente hablando, Gabriel,

porque, luego de que nazca tu hijo,

le tocaría el turno a Brenda.

Se convertiría en un estorbo y tú lo sabes.

[Exhala]

- ¿Y? ¿A dónde fuiste?

- Estaba hablando con unos abogados por el problemita

tan bonito en el que nos metió tu querido padre.

- Lo siento.

Te juro que me gustaría hacer algo para evitarlo.

- No te preocupes, que todos sabemos que no es tu culpa.

- Entonces ¿sí se van a ir a juicio?

- No nos queda de otra.

Y si perdemos, prepárate, porque quedaríamos

en una situación muy precaria.

Tú tienes que ingeniártelas

para que tu papá no te desherede.

Si se asocia con Eugenio, va a quedar a cargo de todo,

incluso de lo tuyo.

Es decir, todos quedaríamos en sus manos.

[♪♪♪]

- De cualquier manera, no te conviene que se sepa nada.

Te estarías tú también echando la soga al cuello.

Trata de hundirme y te vas a hundir conmigo.

- Sí. Sí, ¿verdad?

Sí, por lo visto va a hacer falta presionarte

de otra manera.

Tal vez pensar en nuestra hija

logre hacerte doblar las manos por completo.

Digo, si en realidad te importa tanto como dices.

Sería una lástima que estando tan cerca de ella,

tuviera un desafortunado accidente y muriera

sin que ustedes pudieran abrazarse y reencontrarse.

¿Es eso lo que te gustaría?

- Por favor, Eugenio.

¿Cómo puedes decir eso?

Es tu hija, por Dios.

- Me importa un comino.

Y Mirna, pobrecita.

También sería lamentable perderla

ahora que volvieron a llevar una amistad tan estrecha

y entrañable porque,

porque ella fue la que te contó todo

y te envenenó en mi contra.

Merece recibir un castigo ejemplar.

- No la toques.

- ¿No?

- No, está bien.

Voy a hacer todo lo que quieras.

Pero, por favor, no más muertes.

- Yo incluido.

Que ni se te ocurra intentar hacer algo contra mí,

porque no te la acabas, mi amor.

Tengo pruebas en tu contra repartidas por todos lados,

no solo con el abogado Richards;

empezando por el asesinato de tu padrastro

y pasando por todo lo demás.

[♪♪♪]

[Risas]

[♪♪♪]

- Ana.

Ana, Ana. ¿Qué te traes, ah?

¿Eso es lo que te tiene tan avergonzada?

- Por supuesto que te he tenido vigilada

y sé también que te has estado revolcando

con el mexicano ese, Emilio.

¿Estás viviendo un romance primaveral?

- ¿Piensas que me interesan los romances?

Lo del tipo ese fue por conveniencia.

La constructora necesitaba asociarse con su compañía.

Tenía que convencerlo para que aceptara, a como diera lugar.

- ¿Te preocupa mucho el destino de la constructora?

- Sí, porque lo que busqué luego de saber

que no me dejaste nada fue hacerla florecer

para quedármela.

¿Qué interés podría tener en un negocio

que estaba al borde de la quiebra?

- Esa es la Fernanda que siempre conocí,

la que no da un paso en falso.

Te lo dije siempre, mi amor:

si te dejas llevar por las emociones, pierdes.

Soy la prueba viviente de lo que te digo.

En un arranque, decidiste matarme,

¿y qué ganaste?

Nada.

- No encontré otra solución, Erika.

Necesito el dinero.

- Bonita manera de ganártelo, ¿no?

- Dinero ¿para qué, Ana?

Francisco te ha pagado todo lo que necesitas.

- ¡Todo menos las drogas!

¡Mira cómo está!

Ni siquiera puede con su alma.

- Ay, Dios mío. Dios mío,

Dios mío, dios mío.

Siento mucha vergüenza.

- Pues qué bueno, porque no es pa menos.

¿Qué más hacía aquí, ah?

Además de andar lidiando con la distinguida clientela, Ana.

- No voy a decir nada. Nada.

Yo solo necesito pastillas.

Traten de entenderme. Traten de entender.

- Con razón Francisco solo pensaba

que te estabas drogando otra vez.

- Ve a traer el carro.

Anda, acércalo.

Vamos.

Vámonos.

Vamos, Ana.

- Todo puede volver a ser como antes, Eugenio.

Yo hice lo que hice contigo,

pero después me arrepentí.

- Y te vas a seguir arrepintiendo.

Nada podría volver a ser igual.

¿Piensas que voy a volver a confiar

en una perra traidora?

¡Me trataste de matar, maldita desgraciada!

- ¡Devuélveme mi hija!

¡Devuélvemela!

- ¡No!

¡Te lo repito!

Eso te lo vas a tener que ganar ¡sí o sí!

[♪♪♪]

- Claro que la conocemos.

Es una de las hijas de nuestro patrón.

- Peluchita, ¿estás asegurada?

- Sí, se llama Ana y estuvo muchos años internada

en una clínica psiquiátrica.

Su familia la metió ahí y la mantenían drogada

todo el tiempo.

Un amigo la sacó de ese lugar y la ha estado ayudando.

Pero por lo visto sigue entrándole duro a las drogas.

[Suena celular]

- Aló.

- Mi querida Mirna, como comprenderás,

tú y yo también tenemos que hablar largo y tendido.

- Hm, cuando me dijeron que te habías muerto,

no lo podía creer,

porque los demonios como tú nunca desaparecen.

¿Y viste? Tenía razón.

Es verdad.

- Lo que pasó esa noche con Fernanda te lo debo a ti.

- ¿Sí?

Y quieres que pague por mi indiscreción, ¿cierto?

Eso ni siquiera me lo tienes que decir.

Entonces, si quieres, ven ya mismo donde estoy

y mátame si quieres.

Mátame ya.

Porque, para serte sincera, a esas alturas de la vida,

lo que pase conmigo poco me importa.

Ven. Ven y mátame ya.

- Qué dramática te has vuelto.

Tal vez en un futuro no lejano acepte sacarte de tu miseria.

Si no tienes el valor suficiente

para hacerlo por ti misma...

- Eugenio...

- Por lo pronto vas a tener que pagarme

todas las que me debes.

Por si no lo sabías,

hay castigos mucho peores que la muerte.

Y el tuyo va a ser de esos.

- Emilio me cae muy bien y me gusta,

pero más bien es porque me recuerda a Francisco,

ya lo hemos hablado.

- Siempre dijiste que te sería muy difícil

perdonar a Francisco por la forma en la que se fue.

- Pues sí.

Fue una enorme muestra de desconfianza.

No importa lo que le hayan dicho, él decidió irse.

- Es que no debí dudar de ella por ningún motivo.

- Pero si la policía fue a buscarte.

- Pues en todo caso fue cosa de Alfredo,

porque Elisa nunca me denunció.

- No, no, no. Alfredo tampoco.

- Ignacio averiguó que nunca levantó una denuncia

en tu contra.

- Es que tenía que haberme quedado aquí.

Estando yo aquí...

- De alguna manera hubiéramos arreglado

seguir juntos luchando por lo nuestro.

- Pues tendrías que hablar con él y conocer su punto de vista,

que te explicara.

- No sé, tal vez podría entenderme y perdonarme, ¿no?

- Sí, perdonarme.

Para eso tienes que decirle qué estás haciendo

y quién eres y tomar una decisión:

Si quieres estar con ella, con Fernanda o con Elisa.

O si sientes algo por Fernanda.

Mira, imagínate donde Elisa se dé cuenta que tú...

- Ya debe de estar relacionado sentimentalmente con otra.

Ni modo que después de diez años siguiera pensando en mí.

- Tal vez sí.

- Ya hubiera regresado de alguna manera.

Mira, nadie ha sabido nada de él.

Tal vez... [Exhala]

- Piensa que estoy muerto.

Han sido demasiados años en silencio.

¡Diez años!

La verdad es que sí tienes razón.

No me perdonaría nunca lo que me traigo con Fernanda.

Son cosas muy difíciles de entender para una mujer.

- Si ustedes estuvieran en mi lugar,

si ustedes estuvieran en mi lugar, me entenderían.

La sensación que tengo de drogarme es más fuerte que nada,

por favor, por favor.

- Se lo hubieras dicho a Francisco.

¿Cuántas veces te ha dicho que vayas al psiquiatra?

Ana, por Dios.

- Por favor. Por favor.

No le vayan a de decir nada a Francisco.

Yo les juro, yo les prometo que no voy a volver a ese lugar.

- Tranquilízate.

- Por favor, no le digas nada.

- Todo está bien. No pasa nada.

Necesitas relajarte, Ana, descansar.

- Ay, no tenía de otra.

Ay, yo les prometo que yo no soy una prostituta.

Por favor, tienen que creerme.

Por favor, créanme.

Fue porque no tenía de otra.

No tenía de otra, ¿sí?

Créanme, por favor.

- Ya, ya, tranquila.

[Sollozos]

- Voy por agua.

- Vamos a descansar, ¿sí?

Mañana vemos qué hacemos.

Ay, no.

- Rafita, no lo puedo creer, hermano.

Esa es la muchachita que estuve buscando por muchísimo tiempo.

- Sí, y la conseguiste ¿gracias a quién?

¡A papá!

- ¡Muah! Te amo, hermano.

Hombre malo.

La suerte está de nuestro lado.

Ahora tengo que buscar la manera de sacarle

una buena plata a este asunto.

- Y eso es lo mejor de todo.

- ¿Y tú asunto?

¿Va?

- Sí, sí, yo creo que sí.

- Bien.

¿Y le tomaste la foto a la placa al carro que te dije?

- Espérate, a ver.

- ¿Al tipo ese?

- Sí, y ya deber estar en tu teléfono.

[Sonido de mensaje entrante]

- Chequea a ver, a ver si logras averiguar algo.

- A ver.

Bien, Rafita.

Salud.

- Qué bueno que llegaste.

- No me puedo demorar mucho, Eugenio.

Tengo que regresar a mi trabajo.

- Te ha ido de la patada.

Trabajas con un sueldo mísero, vives en un cuchitril

y no tienes en qué caerte muerta, ¿no?

- Pues bueno, esa es la vida que me ha tocado.

¿Qué puedo hacer?

- Claro.

Me da mucho gusto verte.

¿Quién iba a decir que sí nos íbamos a volver a encontrar?

Arrodíllate.

- ¿Qué?

- Que te arrodilles.

- Eugenio.

- ¡Que te arrodilles!

A ver si te termina de quedar claro que lo único

que tienes que hacer en esta vida es obedecerme.

[♪♪♪]

- Ya iba a ir a despertarte.

Siéntate, que estoy preparando un desayuno

bien delicioso.

- ¿A qué hora llegaste?

- Me quedé aquí anoche.

No me quería arriesgar a que te salieras.

- Ya.

Imagino que le contó usted todo a Francisco.

- No, porque vas a ser tú la que se lo cuente al rato,

cuando venga.

[♪♪♪]

- Y yo pensando que llegaba a tiempo.

- No, fui yo la que se adelantó.

- No tienes idea del gusto que me da verte.

- A mí también.

- Si llama para pedirme más dinero, ya le dije que...

Miguel: No, preciosa, tranquila si no llamo para pedirle nada,

pero estoy seguro que la información que tengo

le va a interesar.

- Bueno, hable de una vez.

- Encontré a Ana.

[♪♪♪]

Tema musical ♪]

♪ En un mundo de sombra ♪

♪ donde el silencio grita, ♪

♪ cada palabra es un eco ♪

♪ de promesas marchitas. ♪

♪ Sed de venganza, con fuego en la piel, ♪

♪ buscando la verdad en un mundo cruel, ♪

♪ lealtades rotas, ♪

♪ corazones de fiera en esta selva de cemento, ♪

♪ sálvese quien pueda. ♪

♪ En la sombra de la noche miradas de seda, ♪

♪ dos familias en lucha, tu legado está en juego, ♪

♪ juramentos que se quiebran, secretos por saber, ♪

♪ cada momento es un recuerdo, un pasado por volver. ♪

♪ Sed de venganza con fuego en la piel, ♪

♪ buscando la verdad en un mundo cruel. ♪

- ¿En dónde hallaste a Ana?

- Parece que le está empezando a gustar

la información que le tengo, ¿verdad?

- Bueno, ¿me lo va a decir o no?

- Todo depende de cuánto esté usted dispuesta a pagar.

- ¿Cuánto quiere?

- Va a ser mucha plata, pero creo que vale la pena, ¿no?

[♪♪♪]

- Se me juntó todo.

Primero lo de Ana.

Eso me afectó muchísimo.

Me sigue afectando mucho.

Saber que está muerta

y que no tengo un lugar en donde llevarle flores

te juro que me mata.

- Sí, y te entiendo perfecto,

pero no te consta que esté muerta.

- No, pero es lógico.

Mi papá no pagó el rescate.

Es obvio que los secuestradores la mataron.

- Bueno, pero no pierdas la fe.

- Tal vez un día, cuando menos lo piensas, aparece,

la reincorporas a la familia.

Quién sabe.

Ey, todavía hay gente buena.

- En mi familia nadie la veía con buenos ojos por...

Por... por todo el problema que tuvo con las drogas.

En fin, todo lo que tiene que ver con ella me afecta.

Y pues fue ahí donde empezó el problema con mi papá.

Yo me ofrecí a darle parte de mis acciones

para pagar el rescate de Ana, pero no lo hizo.

Y no solo eso,

tampoco fue capaz de regresarme mis acciones.

Sé que me harté de su prepotencia y por eso me fui.

- No sé, Elisa, tal vez no le pediste las cosas

de la manera adecuada, por así decirlo.

A ver, no lo conozco mucho, pero, por lo poco

que he visto, a él como que no le gusta

que nadie le dé órdenes.

- Es que ese es el problema.

Pero yo no iba a permitir que me siguiera manipulando.

Te juro que ya cubrí mi cuota.

- ¿Qué quieres de mí, Eugenio?

- Primero, que me cuentes con pelos y señales

qué fue lo que le dijiste a Fernanda

cuando te reencontraste con ella.

- Yo solo le dije la verdad.

Le dije que tú regalaste a su hija,

que la has engañado toda la vida y que yo me imagino

que te gastaste una cantidad de años lavándole el cerebro

para que creyera todas las mentiras

¡que tu mente enferma inventa!

- Una cretina como tú no es la más indicada para criticarme.

Nunca fuiste precisamente un dechado de virtudes.

Te vendiste en cuerpo y alma y te pagué muy bien para que

cerraras ese hocico el resto de tu vida,

cosa que nunca hiciste.

- No, por supuesto.

Aquí lo que estamos viviendo

todo lo que pase con la familia te vale.

- A ver si piensas lo mismo cuando este tipo, Beltrán,

nos quite parte de lo nuestro.

Ahí sí todo cambiaría drásticamente.

- Es que preocupándome no solucionaría nada.

Este rollo no solamente es culpa de tu tío Eugenio

sino de tu suegro.

¿Por qué Brenda y tú no le pusieron un alto?

- Brenda y yo no pudimos.

- No, no, no.

No le echaron suficientes ganas, que es diferente.

Ella es la que lleva más las de perder.

Al final, se puede quedar como el perro de las dos tortas,

sin nada.

- ¿Tú qué sabes?

- Mira, si Brenda tuviera un pizca de inteligencia,

te mandaría a la fregada y regresaría a su casa.

Ni siquiera eres bueno para darle lo que le gusta.

[Golpe] [Exclamación]

[Tose]

- Ya deja de tenerte lástima, de autocastigarte.

Ayúdate un poquito, por Dios.

- Érika, lo que hice fue...

- Es un tropiezo.

Por supuesto que vas a volver a levantarte

y aprender de la lección que está recibiendo, Ana.

Anda, cómete el desayuno.

- No tengo hambre.

- Cómetelo.

En vez de andar metiéndote

porquerías en la cabeza que solo te hacen sentir mal,

empieza por alimentarte bien y por ver la vida

de una manera más positiva, Ana.

A ver.

[♪♪♪]

- Tu problema es que eres un fracasado

que no sirves para nada.

[Se burla]

- El brillante hombre de negocios habló.

¿Tú qué, eh?

¿Te sientes muy picudo?

A ver, ¿cuál ha sido tu mérito, hermanito?

Trabajas en la constructora porque mi papá te puso ahí.

Si estuvieras en otra empresa, estarías ahí de mensajero.

- Sí, y tú limpiando baños,

que seguramente ni para eso servirías.

- No, yo no sirvo para lambisconearle a mi papá.

Además, a mí no me interesa trabajar ahí.

- Si yo quisiera, te quitaría el puesto, ¿pero sabes qué?

No se me da la gana.

- Claro, claro, por supuesto que no.

- En un abrir y cerrar de ojos

podría quitarte todo lo que tienes,

Brenda incluida.

No eres más que un pobre mediocre

con aires de superioridad, Gabo.

¿Qué?

Ni siquiera sabes pegar.

Ya, Gabriel.

¿Quieres uno de verdad?

[♪♪♪]

- ¿Todavía andas por aquí?

- No, ya me fui.

[Risa sarcástica] - Te has vuelto muy chistosita

últimamente, ¿verdad?

Si piensas que siendo grosera conmigo...

- Mira, lo último que quiero es empezar el día

discutiendo contigo, ¿sí?

- Nuestra mala relación fue provocada por ti, Mónica,

¿o ya se te olvidó?

- Mira, no fue mi culpa si Alfredo oyó

lo que le comenté a Sebastián.

Como comprenderás, si andabas, andas

o ninguna de las anteriores con Emilio,

me va y me viene, ¿ok?

Solamente le estaba diciendo a mi marido

porque era una plática privada.

No lo andaba publicando.

- Y entiendo perfectamente.

El asunto, como no era verdad, no trascendió.

- Bueno, y entonces deja de andarme fregando

porque ya me tienes hasta el gorro.

- Me dolió mucho que Roberto no me apoyara.

Prefirió ponerse al lado de mi papá.

- A ver, pero es que no entiendo.

¿No se supone que Roberto está muy enamorado de ti?

- Eso pensaba, pero ya me quedó claro que es mucho más grande

el miedo que le tiene a mi papá que su amor por mí.

Además, yo traté muchísimas veces

de que lo nuestro funcionara,

pero no se pudo porque no hay amor.

- Elisa, ¿tú no te casaste enamorada?

- Creí que estaba enamorada.

Roberto es un hombre muy guapo, cariñoso.

Me hicieron pensar que él era el hombre perfecto para mí.

Me decían que yo ya estaba

en una edad en la que tenía que casarme.

Me dijeron tantas cosas que me las creí.

Pero no, yo nunca estuve enamorada de él.

- ¿Estás segura?

- Sí.

Porque yo sí estuve enamorada y sé lo que se siente.

Yo sí amé a alguien con todas las fuerzas de mi corazón.

Y eso yo nunca lo sentí con Roberto.

[♪♪♪]

]

Francisco y yo éramos almas gemelas.

Al menos eso yo pensaba.

- ¿Y por qué lo dudas ahora?

- Creí que confiábamos plenamente

el uno en el otro, pero él dudó de mí.

Nos separaron y se fue creyendo que yo fui capaz

de traicionarlo.

Hace diez años que se fue y yo nunca más volví a saber de él.

- O tal vez lo convencieron de tu traición

y se fue con el corazón tan roto que no te buscó nunca.

- Tal vez, pero ya no quiero seguir hablando de eso.

No tiene caso.

Ya no sé si tuvo sentido tomarnos este café.

- Pues yo creo que podemos ser amigos, ¿no?

- No me interesa tener ningún romance en este momento.

- No, no, no me malinterpretes.

No me refiero a eso, Elisa.

- Emilio, después de lo que pasó entre nosotros,

es mejor que dejemos las cosas claras.

- Lo que sea que necesites, lo que se te ofrezca, lo que sea,

tú me dices, ¿sí?

Y cuentas conmigo incondicionalmente,

sin ningún interés de por medio.

Lo que sea, Elisa.

- Gracias.

- Bueno, y piensa bien lo de la relación con tu papá,

regresar a la empresa, al trabajo.

Piénsalo. Tal vez sí regresas.

- ¿Te fuiste de la casa? No sabía.

- Sí, fue una de las condiciones que Elisa

puso para considerar volver.

Y tu papá estuvo de acuerdo.

- ¿Y es que no hay posible arreglo entre ustedes o qué?

- Hasta el momento, no.

Pero no voy a tirar la toalla.

- No sé qué le pasa a Elisa.

Está loca.

- Oye, si me ayudaras a convencer a tu papá

para que le devuelva las acciones a Elisa,

ella cambiaría de actitud.

Al final, todo su berrinche es por eso.

- Podría intentarlo, pero no te prometo nada.

Tú sabes cómo es mi papá.

No le gusta que le pongan condiciones.

- Aquí está su cafecito, don Alfredo.

Espero que le sepa bien rico,

porque lo hice con mucho amor para usted.

- Muchas gracias.

- Permiso.

Ay, qué torpe.

Ay.

- Ya sé lo que quieres, Pati.

- A usted no se le va una, ¿verdad?

- ¿Por qué no cierras la puerta con llave?

- Bueno, pues no era lo que tenía en mente precisamente,

pero ya que la menciona, no puedo negarme.

- ¿No te has cansado de meterle en la cabeza a Sebastián

que no soy la mujer que le conviene?

- No, yo no le estoy metiendo nada en la cabeza.

Él solito se ha dado cuenta.

- No nos vamos a separar, por mucho que hagas.

Si tan difícil te es entender que estamos juntos por amor,

no por conveniencia, es muy tu problema.

- ¿O sea que, según tú, la única convenenciera aquí

en esta familia soy yo?

- Bueno, ¿qué otro motivo hubieras podido tener

para involucrarte con mi suegro?

Podría ser tu padre.

- Bueno, tal vez eso justo es lo que yo necesitaba.

Un papá.

- ¿Un papá? - Ujum.

- Fernanda nunca debe saber que nos vemos.

Ahora te las vas a ingeniar para hacerle entender

que nunca debió ponerse en mi contra.

Debió confiar en mí ciegamente y respetar las decisiones

que tomé en el pasado, ¿sí?

- Fuiste demasiado injusto al arrebatarle a su hija.

Fernanda solo tenía 14 años, Eugenio.

Era una niña.

- ¡Perversa y con una mente retorcidamente enferma!

Tenía la cabeza llena no de telarañas,

sino de fantasmas.

- Y tú te aprovechaste de eso, ¿verdad?

Para usarla de la manera más vil, ¿cierto?

- No se te está pidiendo tu opinión.

Se te están dando instrucciones y punto.

Fernanda está en deuda conmigo.

- ¿Ah, sí?

¿Y qué es lo que te debe, a ver?

¿Te debe solamente odio y todas sus desgracias?

¿Eso es lo que te debe?

- Sigue, sigue,

y te atienes a las consecuencias.

Tú también me las debes.

Aconséjala.

Haz que abra los ojos

y que entienda que se debe a mí,

que es de mi propiedad incondicionalmente.

Ya, ya, ya, tranquila.

Va a ser todo un reto para ti

deshacer todo ese enredo que armaste.

Si lo consigues, voy a pasarte por alto.

Dejar que sigas con tu miserable vida.

Pero si fallas, no quisiera estar en tus zapatos.

[♪♪♪]

[♪ Tema musical ♪]

- Todo lo que te voy a contar yo sé que te va a enojar mucho.

Yo... yo te mentí.

Y te fallé.

Yo en lugar de aprovechar la oportunidad que me diste,

yo caí, caí más bajo.

- Ana, Ana, tenías que contarme lo que te estaba pasando.

Te dije, te dije muchas veces que era mejor ir

con el psiquiatra y...

- Yo sé.

Yo sé que es mi culpa. Yo sé.

- ¿Cuánto?

¿Cuánto tiempo llevas consumiendo?

- Desde que me instalaste aquí y me diste el dinero.

No me lo robaron.

No lo perdí, lo gasté en pastilla.

- Y como no quise darte más, conseguiste las pastillas

de otro modo.

- Las conseguí de otro modo.

[♪♪♪]

- Esto te va a arder un poco.

- Ok.

¡Ah!

- Mirna, pero es que ¿cómo te hiciste esto?

Parece como si alguien te hubiera dado un golpe.

- No, no, no, Tania, no.

Mira, pasó de la manera más estúpida del mundo.

Yo me estaba bajando del autobús y no me di cuenta

y me tropecé y caí directo contra la banqueta.

- Qué barbaridad.

- No, no, no, pero estoy bien.

No te preocupes. Es solo un golpe.

Hay cosas peores en la vida.

Duele.

Suavecito.

- Desde que tus hermanos se fueron,

la verdad es que no me dan ganas de nada.

- Lo sé, pero la vida continúa, mamá.

- Piensa en tu nieto.

Cuando te vengas a dar cuenta, lo vas a tener en tus brazos.

¿Eso no te da ilusión?

- Me siento muy sola, hija.

Tu papá se ha convertido en la casa

en un cero a la izquierda y en lo único que piensa

es en Alfredo y en verlo hundido.

Y en su amistad con el hombre ese que dice que va a asociarse.

- Lo sé, y créeme que me preocupa mucho esa situación.

Tenemos que hacer algo para evitar

que si mi papá llegara faltar, toda su fortuna pasara

a manos de Eugenio Beltrán.

- Es que cuando se le mete algo entre ceja y ceja...

- Mamá, pero te tienes que parar firme.

Tenemos que disponer del dinero y de la empresa.

¿Vamos a permitir que un extraño decida

lo que por derecho nos pertenece?

De ninguna manera.

¿Todo porque Alfredo le cae mal a mi papá?

[♪♪♪]

Elisa: Seguramente ya sabes

de lo que ha sido mi vida últimamente.

- Ah, pues más o menos sí.

Me dijeron que se había ido de la casa,

que luego andaba de viaje.

- También me fui de la oficina, Erika.

Ya no estoy trabajando en la constructora.

- ¿Y la fundación?

- Yo la voy a seguir manejando.

Y si la constructora no quiere darme el dinero,

yo voy a absorber todos los gastos de la escuela.

- ¿De verdad no estás enojado conmigo?

- Sí, sí lo estoy, pero no por eso

voy a dejar de ayudarte.

- Yo te prometo, te prometo que no,

no lo voy a volver a hacer.

Voy a comprometerme.

No sé por qué fui tan estúpida.

- Yo tampoco.

Yo también lo fui.

Yo también lo fui, Ana. Yo también lo fui.

- Ojalá mi mamá sí me apareciera y me dijera

que me perdona.

Yo no soporto la idea de haberla matado.

No la soporto.

[♪♪♪]

- El sueño de mi vida siempre ha sido comprarme un carrito,

aunque sea uno chiquito, no importa.

Pero no creo que pueda pagar las mensualidades.

- Pues si te aprendes a administrar, tal vez sí.

- ¿Y usted no cree que podría ayudarme con los pagos?

Yo le estaría infinitamente agradecida.

- Bueno, luego vemos.

Siga siendo méritos.

Anda, ve a desquitar el sueldo.

Ya fue suficiente con ese momento de sano esparcimiento.

- Con permiso.

- ¿Tanto dinero en efectivo?

- Ujú, sí, sí, sí, mi papá lo autorizó.

- ¿Y se puede saber para qué lo necesitas?

- No.

- Ya.

- Es un asunto privado.

No preguntes.

- ¿Y para cuándo lo quieres?

- Para hoy, lo antes posible. Vete al banco de una vez.

- ¿Alguna denominación en especial?

- Billetes de cien, para que sea menos el bulto.

- Billetes de cien.

- Sí.

- Espero que entiendas que el paso lógico que tenemos

que seguir juntos es ingresarte en la clínica

para que te desintoxiques, ¿sí?

- Siento mucha vergüenza de que te sigas preocupando por mí.

Yo sé que no me lo merezco.

- No, Ana, claro que te lo mereces.

Tú vales mucho.

Lo que importa ahorita es que tú estés bien y que no salgas

de la clínica hasta que estés segura, segurísima,

de que no vas a volver a caer, ¿va?

- Oye esto, Rafita.

El carro es de Gabriel Del Pino.

- ¡Oh!

- Vaya sorpresa. - Sí.

Ya... ¿qué?

¿El pariente de los jefes de Claudia?

- Sí.

- ¿De mi mariposita, la drogadicta esta?

- Sí. Y eso no es todo.

A los muchachones que tú convertiste en difuntos

son sus cuñados.

Y ahora él quiere que tú desaparezcas a los suegros.

- Oye, pero esa familia se ama.

- Es que el tipo está desapareciendo

uno a uno a los parientes para que la mujer

se quede con la herencia y después él quedarse con todo.

Ese tipo, ese tipo no es tonto.

- Tremendo negoción tenemos ahí.

- En un rato Roberto me entrega el dinero

y se lo llevo esta misma noche

al tipo ese para que elimine a ya sabes quienes.

- Vea, le vamos a dar un funeral digno de se alcurnia.

[♪♪♪]

♪ Tema musical ♪]

- ¿Más dinero?

- Sí, de una vez que sean 20,000.

- ¿20,000?

- Ujú.

- Fernanda, ¿en qué gastas tanto?

- No me pidas explicaciones,

Roberto, por favor, porque no te las voy a dar.

- Está bien, está bien.

Llegaste tarde anoche, ¿no?

Me imagino que ya sabrás que me fui de la casa.

- Primera noticia.

¿Qué pasó?

- Elisa quiere que nos divorciemos.

Dice que si yo sigo en la casa, ella no va a volver.

Y tu maridito, con su sarcasmo característico,

prácticamente me corrió.

- Eres un inútil.

- No fuiste capaz de manejar una muchachita

tan estúpida como ella.

Debería darte vergüenza.

- Sí, tienes razón, hija.

No había pensado en eso que me estás diciendo.

- ¿Ves?

Plántatele firme a mi papá.

No permitas que cometa una estupidez.

No podemos permitir que Eugenio Beltrán se quede con todo, mamá.

- Bueno, déjame ver cómo decírselo,

porque es más terco que una mula.

- A ver, claro y directo.

¿Ustedes se casaron con bienes mancomunados, verdad?

Simple.

Si él no entra en razón, pídele el divorcio.

Pídele el divorcio.

No podrás salvarlo todo,

pero al menos te vas a quedar con la mitad.

- Ay, hija, ¿no te parece que estás exagerando?

¿Cómo le voy a...?

- No, no, no.

O tomas medidas drásticas o nos quedamos sin nada.

- Si Eugenio Beltrán logra quitarle

la mitad de la constructora Del Pino a Alfredo,

mi papá piensa asociarse con él

y luego lo va a dejar a él a cargo de todo.

- Deja que hable con él, ¿sí?

- Firme y directo, mamá.

- No permites así llore y patalea.

Díselo.

- No, no mencionaron nombres,

pero estoy segura de que planean matar a alguien,

porque Gabriel le dijo a don Alfredo

que "hoy recibí el dinero para pagarle a la persona"

que se va a encargar de todo eso.

- Pues ingéniatelas para escuchar todo lo que puedas.

Necesito saber exactamente qué es lo que están planeando.

- No, es que si me cacha, me mata.

- No, tranquila, no te va a pasar nada.

- Oiga, por cierto, hoy le pedí a don Alfredo que me apoyara

para comprar un carrito, pero como siempre sé hizo el loco.

¿Usted cree que me podría apoyar con eso?

- Sí, claro.

- Muchas gracias.

La verdad es que he sido bien colaboradora con usted.

Por ejemplo, ahorita acabo de hacer feliz a papá.

- Ah.

- No voy a poder seguir justificando

tanto dinero, Fernanda.

Se van a dar cuenta.

- Dame el sobre, dámelo.

Mira, traté de hablar con Alfredo sobre ti,

pero quién sabe en qué anda.

Tenía la mirada perdida en la computadora.

Pero te prometo que por la noche trataré de platicar con él.

- No te olvides de Elisa, ¿eh?

- Por supuesto que no.

Me enteré de muy buena fuente que mi hija está en Miami.

- ¿Y quién se lo dijo?

- Nada más y nada menos que el padre.

Apareció y quién sabe dónde está.

No me quiso decir más.

- Bueno, mientras no tenga el nombre de los padres adoptivos,

no es mucho lo que puedo hacer aquí.

- ¿Sigue sin saber más?

- Señora, lamentablemente, el mundo no gira

al ritmo que a uno le gustaría.

Pero no se preocupe, espero pronto tenerle más información.

- Dada la velocidad con la que llegó,

la información que tengo se ve que es de...

- ¿Dónde está Ana?

- Dinero primero.

- Gracias.

Bueno, no sé exactamente dónde está.

- ¿Qué? ¿Es en serio?

Si me está jugando una broma, te advierto...

- Déjeme terminar.

- ¿Dónde está Ana?

- Tranquilita, tranquilita.

No sé dónde está, pero sé con quién está.

Y para usted va a ser fácil conseguirla.

Solo tiene que preguntarle a sus empleados,

Erika y Fermín.

Ellos la tienen.

CC: TELEMUNDO NETWORK captioning@telemundo.com

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.