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- Esto es un número que nunca voy a olvidar.
- ¿Cómo estás, mi amor?
- ¿Hasta cuándo vas a seguir ignorándome?
- ¿Me creerías que estaba por marcarte?
Obviamente tengo tu nuevo número
muy bien registrado en mi celular.
- Por lo que veo, tienes más vidas que un gato, ¿no?
- Se necesita más que una bolsita de plástico
para deshacerse de mí.
- ¿Cuándo podemos hablar?
- Cara a cara, querrás decir.
Ven a verme esta noche, pero ven sola.
Aunque eso sí.
Mirna.
[Se ríe]
Me da mucho gusto saber que aún estás en este mundo.
- Te lo dije.
Te está vigilando.
- ¿Qué más da?
Total, ya me tiene en sus manos.
- Estoy muy angustiada con ese encuentro, Fernanda.
- Lo sé.
- No, a ver, Elisa,
no me estás diciendo eso en serio, ¿verdad?
- Es en serio, Roberto.
Quiero el divorcio.
- Ay, mi amor. Tranquila.
- Roberto, no tiene caso que sigamos juntos.
Yo nunca voy a poder ser
la esposa que a ti te gustaría tener.
- Siempre lo has sido, Elisa.
- Bueno, pues entonces tú no eres lo que yo necesito.
- No, a ver, no me fui de la casa
y de la oficina fue para protegerte.
Pensé que lo habías entendido.
- No te fuiste de la casa por cobarde.
- No, no.
- Porque le tienes un miedo enorme a mi papá.
Sí, Roberto, esa es la verdad.
A ver, ya no hagamos esto más difícil, por favor.
Divorciémonos y ya.
Podemos seguir siendo buenos amigos.
- No vengas a hacerte la loquita conmigo, que soy tu padre
y te conozco como la palma de mi mano.
- No es lo que estás pensando, papá.
- Es cierto.
Te enviaron para que me tantearas
y para ver qué información me podías sacar.
Y me pareció mal, muy mal, hija mía.
Toda esa lealtad que ejerces debería ser conmigo,
con tu padre, con tu familia,
no con esa pandilla de orcas asesinas.
- Papá, si te estoy preguntando es por simple curiosidad,
no porque vaya a ir a contarles algo.
Por Dios.
- Muy bien. - No te entiendo.
- Muy bien, muy bien.
- ¿Qué pasó con Brenda?
¿No has sido capaz de averiguar nada?
- Hoy iba a verlo, pero creo que es evidente lo que pretende.
Más claro ni el agua.
- Necesito detalles de todos los pasos que ese viejo dé.
- ¿Y tú crees que le va a contar?
Aunque te moleste, de tonto no tiene un pelo.
Quedó comprobadísimo.
- Literalmente no tiene un pelo.
Viejo imbécil cara de mandril.
- Te lo voy a contar.
Y se lo puedes contar tú a tu familia política
cuando quieras, porque a estas alturas
me da igual que lo sepan o no.
Que el que avisa no es traidor.
Sí.
Pienso quedarme con la mitad de la constructora Del Pino.
Y tu suegro tendrá que recomerse las pezuñas
y aguantarse como un hombrecito.
Brenda, te presento a mi gran amigo
y futuro socio, Eugenio Beltrán.
Eugenio, mi hija, Brenda.
- Mucho gusto.
- Mucho gusto.
- Con esto que me estás diciendo
me estás partiendo el corazón, Elisa.
- Te juro que no es mi intención lastimarte, Roberto,
pero no tiene caso seguir aguantando una situación que...
Elisa, tú eres el amor de mi vida.
No puedes dejarme.
- Ya te dejé, Roberto, y no voy a cambiar de opinión.
Te juro que traté de todas las maneras posibles
que lo nuestro funcionara, pero es que no hay amor.
- Elisa, Elisa, tú estás confundida.
A lo mejor sigues molesta con tu papá.
- No, mi papá no tiene nada que ver en esto.
- Entonces, ¿qué?
¿Te enamoraste de alguien más?
- No.
Solamente estoy enamorada de un recuerdo.
- ¿De un recuerdo? ¿Cuál recuerdo?
No me digas que sigues recordando
el jardinero, por favor.
- Sigo recordando lo que es amar de verdad, amar con el alma.
Y eso es algo que nunca sentí contigo.
- No me voy a divorciar.
- Y entonces ¿qué quieres, Roberto?
¿Que nos vayamos a temas legales?
- Lo que tú quieras.
- Es que no tiene sentido.
Ya suficientes problemas tiene la familia
como para que compliquemos más las cosas.
[Suspira Elisa]
[♪♪♪]
- No sé qué decir.
Eres la última persona que esperé ver aquí.
Yo no quería venir...
pero no me aguanté las ganas.
- En tu casa están que no los calienta ni el sol
desde que llegó ese hombre, ya sabes, el tal Eugenio Beltrán.
El que dicen que es medio hermano de tu papá.
- Pst, ey, vea.
Vea. Entonces así quedamos, ¿no?
- Quedamos así, bien rico.
- El dinerito.
- Ahí tienes. Y más.
Vaya pasando que ya se la mando, ¿sí?
Vaya, vaya. Ya se la mando.
- Espero. - Vaya.
- Tranquila. Te felicito.
Tu primer cliente, mi amor.
- Ahora cuando termines, nos tomamos un tequilita,
una cervecita para celebrar, ¿sí?
[♪♪♪]
- Ana, ya me estás preocupando.
Ana.
¿Qué pasa?
- Estoy muy triste porque estoy muy decepcionada de mí, Erika.
- ¿Por qué?
- Porque...
Porque soy un asco.
- Eugenio, como te comenté anteriormente, mi hija Brenda
está casada con uno de los engendros de Alfredo.
- Papá. - Lo lamento mucho.
- ¿Y sabes qué?
La mandaron para sacarme información.
Ellos quieren saber qué pretendo ayudándote.
- ¿En serio?
- No, por supuesto que no.
- No tengo nada que ocultar, hija, tranquila.
Así que puedes contárselo todo a tu familia política
cuando quieras.
Es más, mira, puedes tomar papel y lápiz para que apuntes
y no se te escape ningún detalle.
- Papá, por favor, de verdad, o sea...
- Escucha, hija.
Eugenio es, por derecho propio, dueño de la mitad
de la constructora Del Pino y por ende,
de todas las demás cosas que Alfredo posee.
Él y yo vamos a asociarnos
y vamos a fundar una nueva compañía
mucho más grande y robusta, donde él y yo
seremos socios mayoritarios.
Y tu suegrito quedará reducido a un mínimo de poder,
algo que le vendrá muy bien, ¿verdad, Eugenio?
- Así parece.
- Porque con el tiempo que tendrá que pasar en la cárcel,
le sobrará para ponerse en paz con el Creador.
- Mira, no sé si este es el mejor lugar para que hablemos.
Mirna fue por unos cafés.
Cuando regrese, podemos irnos.
- No, no tenemos que ir a ningún lado.
Aquí estamos bien.
Yo...
Solo vine para saber si estabas bien.
- Mira, Marcelo, yo sé que fui una estúpida y que
no tengo perdón de Dios y que probablemente soy la mujer
más zorra que conoces.
- Discúlpame por eso.
Pero tú no estás bien.
Tú necesitas ayuda.
Esa fijación, obsesión, como lo quieras llamar,
que tienes con Alonso... eso no es sano.
- Es difícil de entender.
Es una relación anormal,
enfermiza y terriblemente idiota.
Pero créeme que después de lo que pasó,
no volvería a caer con él.
Estás en todo tu derecho de no creerme,
que lo he dicho tantas veces.
[♪♪♪]
- Ya ha sido demasiado sufrimiento en tu vida, Ana.
Tú no puedes seguir así.
- ¿Y cómo lo evito?
- La vida te está dando otra oportunidad gracias a Francisco.
Tienes que aprovecharla.
- Ya le fallé.
Ya les fallé a todos.
- Pero ¿cómo?
- Anda, encuérate.
¿Qué? ¿Por qué esa cara?
Quiero ver a esas cosas ricas que tienes.
Y te ves que estás bien guarra.
Yo también soy igual.
Ya te vas a dar cuenta de lo que nos vamos a divertir.
[♪♪♪]
A ver.
[♪♪♪]
- Eché toda mi vida al desagüe, Erika,
- No. No, mana.
Mira, tu vida va a cambiar de un momento a otro
y todo va a estar bien.
- ¿Cómo?
¿Hmm?
¿Qué se puede esperar de una persona
que tal vez mató a su mamá?
Ana, tienes que ir al psiquiatra.
Acepta la ayuda de Francisco.
Él sabe lo que te conviene.
- Es lo mejor que me ha pasado.
Pero no puede enterarse que yo le fallé
porque no me va a perdonar nunca.
Nunca, Érika.
[♪♪♪]
- Pues eso fue lo que me dijo y me pidió que se los repitiera
tal cual.
- Te lo dije.
Lo que le interesa es la constructora.
- Mal rayo nos parta.
- Ahora entiendo cuando me había dicho
que debía esperar la llegada de Eugenio Beltrán
antes de accionar el plan con sus abogados.
Tal vez dudaba que realmente Eugenio apareciera.
- Si creen que se van a quedar con la mitad
de la constructora, están mal de la cabeza.
♪ En un mundo de sombra ♪
♪ donde el silencio grita, ♪
♪ cada palabra es un eco ♪
♪ de promesas marchitas. ♪
♪ Sed de venganza, con fuego en la piel, ♪
♪ buscando la verdad en un mundo cruel, ♪
♪ lealtades rotas, ♪
♪ corazones de fiera en esta selva de cemento, ♪
♪ sálvese quien pueda. ♪
♪ En la sombra de la noche miradas de seda, ♪
♪ dos familias en lucha, tu legado está en juego, ♪
♪ juramentos que se quiebran, secretos por saber, ♪
♪ cada momento es un recuerdo, un pasado por volver. ♪
♪ Sed de venganza con fuego en la piel, ♪
♪ buscando la verdad en un mundo cruel. ♪
- No estoy tratando de chantajearte
ni estoy buscando tu perdón.
Yo sé que la regué y la regué grueso
y que te perdí para siempre.
- Eso no importa.
Lo que importa en este momento es tu salud mental.
Tú necesitas ayuda de un profesional,
alguien que te ayude.
- Y estoy recibiendo ayuda.
Mira, Marcelo, no te preocupes.
Yo no volvería contigo ni aunque me lo pidieras de rodillas.
¿Sabes por qué?
- ¿Por qué?
- Porque eres una maravillosa persona.
Y yo no valgo la pena.
- Tania...
- Lo único que te quiero pedir
es que si algún día piensas en mí,
no me recuerdes con odio ni con rencor.
Solo soy una chava...
enferma, estúpida y manipulable.
- ¿Qué hiciste en la mañana?
Pensé que llegabas a la oficina y no apareciste nunca.
- Fui a... a hablar con Tania.
- Oh, ¿sí?
- Sí, pero bueno, estuvo bien.
Tenía que cerrar ese capítulo
en mi vida y eso fue lo que hice.
Ella me pidió que...
- Que no me odie y que por ningún motivo
vaya a pensar que lo que hice fue para lastimarlo.
- ¿Quedaron de volver a verse?
- No va a volver conmigo, Elisa.
Eso me quedó muy claro.
- Bueno, tal vez con el tiempo igual y...
- Cada vez que me vea,
lo primero que le va a llegar a la mente
va a ser ese estúpido video que hizo Alonso.
- Ay, Tani.
- Es la realidad y ya la asumí.
Cualquiera en su lugar hubiera hecho lo mismo.
Sería muy estúpido si todavía tuviera un interés en mí.
- Dicen que Elisa está viviendo con Tania y que no ha vuelto
a poner un pie en la constructora.
- Sí, se fueron de viaje una semana.
- No se ha visto con Roberto.
- Seguro va a dejarlo.
Es tu momento de atacar, tigre.
- La voy a buscar el día que pueda decirle quién soy.
Antes, pues no tiene sentido.
- Pues díselo y ya.
- No, no, no. A ver, a ver.
Espera, espera.
Imagínate donde Elisa se llega a enterar que nuestro amigo
está teniendo encuentros con Fernanda.
[♪♪♪]
- Ya déjate de tanta cosa y acepta.
- ¿Pues cómo crees que yo me voy a meter en un antro de esos?
- Así sales de dudas y miras bien cómo es.
Miguel nos invita con la mejor de las intenciones.
- Pues es un bar pa hombres,
Fermín y tú estarían en una mesa con Miguel y conmigo
viendo el show.
- ¡¿Cuál show?!
Mira nada más cómo se me enchina la piel de pensar,
imaginarme esas mujeres encueradas, cosificándose.
Es que se me revuelve el estómago.
- Qué cuadrada eres.
- Adalberto nos quiere voltear las cosas.
- Yo solo espero que los abogados
encuentren cualquier salida.
- El investigador que contrataste fue un inútil.
- ¿Por qué no le dices
que te devuelva el dinero que le pagaste?
- No fue su culpa.
Beltrán aprovechó el incendio para hacerse pasar por muerto.
En todas las noticias hablaron de su deceso.
- ¿Por qué no hablas con el sicario a ver qué te propone?
- ¿Seguro?
- Me dijiste que no lo haciera.
- Sí, ya sé que no nos conviene hacer estas cosas
en estos momentos, pero tenemos que correr el riesgo.
Es una situación de emergencia.
- Yo creí que esa chamba se iba a dar, pero el tipo este
me dijo que me llamaba luego.
- Ese tipo como que le tiene tirria a la familia.
Mató a los hermanos y ahora
quiere darle matarile a los viejos.
- Ve tú a saber qué se trae entre manos.
- ¿Y cómo se llama el tipo?
- No sé, no me ha dicho.
- Cuando lo vuelvas a ver, tómale fotos
a las placas del carro para investigarlo, ¿no?
- Es bueno saber cosillas de gente así, ¿ok?
Por si las moscas.
- Eres bien intensa, Claudia.
Ya, está bien.
Vamos a aceptar la invitación a tu novio.
Pero ni creas que por eso yo voy a cambiar de opinión.
- Hablando de intensas.
- Mira, Claudia, cuidado, porque a mí se me hace
que Miguel quiere explotarte sexualmente.
- Híjole, qué fuerte se escuchó eso, manita.
Bájale dos a tu intensidad,
- ¿Sí? ¿O es que acaso no ves las noticias?
Pues eso pasa todos los días.
- Pues ni que fuera mensa para dejarme.
- Mira, Claudia Margarita, se las ingenian como sea.
Te tiran el anzuelo y trácalas.
De ahí nadie te saca.
- Ahora resulta que tú eres experta en estas cosas, ¿no?
- Pues no que sea experta,
pero te lo digo porque me preocupa por ti.
Porque te quiero, mana.
Porque te mereces algo mejor.
Piénsalo.
Amá te está viendo desde el cielo.
- Marcelo ha estado arreglando algunas cosas y se va mañana.
No puedo dejarlo solo.
Por eso no iba a verte.
- No te preocupes, yo entiendo.
- Mañana en la noche me doy una vuelta sin falta, ¿sí?
- Me estoy durmiendo temprano.
Si quieres, llámame antes de salir para acá.
- Anita, ¿estás bien?
- Érika ya me contó el chisme de Eugenio Beltrán.
Manue sabía del testamento.
De hecho, creo que ella fue testigo.
Firmó como testigo.
[♪♪♪]
- ¿Tú cómo sabes que mi abuela conoció ese testamento?
- No sé.
Manue solía visitarme en la clínica y me hablaba,
me contaba cosas aunque yo no podía hablar.
Debió haberlo mencionado en ese momento.
Me dijo también que sentía mucho remordimiento de haberle
dado la espalda a la mamá de ese hombre.
- Creo que fueron amigas o algo en algún momento.
- ¿Y por qué no me lo contaste antes, Anita?
- No sé, no sé.
No sé por qué no te había contado.
Me acabo de acordar.
Seguramente me lo estoy inventando también.
Igual ya sabes cómo funciona mi mente.
- Oye, mi mariposita drogadicta ya comenzó a dar frutos.
Y no solamente me complace a mí, sino que ya complace
a uno que otro cliente.
¿Todo a cambio de qué?
¡De una pastillita!
- Ay, hombre malo. Buen trabajo.
- Malo no, ¿ah?
- ¿Pero va a regresar?
- Claro. ¿Tú crees que no?
Claro que va a regresar.
Ella está interesada.
Oye, lástima que no estuviste anoche.
Te hubieses dado una colita ahí.
- Bueno, pues tengo el chance de conocerla hoy, ¿no?
Ah, no, no, no, no.
Esta noche llega Claudia con la hermana y el cuñado.
Quieren inspeccionar el negocio.
- Obviamente tu abuela sabía la historia de Eugenio Beltrán
y por eso se puso tan nerviosa cuando Ana se lo mencionó.
- El día en que la mataron.
- Tu abuela a nosotros nunca nos comentó nada.
Y es extraño, porque hablábamos mucho con ella.
- Si fuera verdad que ella firmó como testigo,
si hoy estuviera viva, podría declarar a favor de Beltrán.
- Ahora ponte a pensar,
¿quién es el primero que está interesado
en que ella no abra la boca?
Alfredo, obviamente.
- Quizás por eso la mataron, para que no dijera nada.
- No, ya estamos alucinando cosas.
Esto del testamento en el que aparece Beltrán
surgió mucho después de la muerte de mi abuela.
Ya no sé, no sé, no sé.
- Elisa insiste en que quiere el divorcio
y no hubo poder humano que le hiciera cambiar de opinión.
- Mira, no estoy de humor para estar tratando líos románticos.
- Dice que si no acepto divorciarme por las buenas,
va a mandarme un abogado.
- Pues haz lo que creas conveniente.
Entre casados y hermanos no se mete las manos.
- ¿Sabe lo que me dijo también?
Que no está dispuesta a regresar a esta casa
mientras yo siga aquí.
- ¿Sabes qué?
Ya te estoy extrañando.
¿Cómo? ¿Quiere que me vaya?
- Por lo visto, no te va a quedar otro remedio.
[Pasos]
- Hola, Brendita.
Oye, no hemos tenido el chance
de platicar mucho a solas, mi reina.
- Es mejor evitarnos, Alonso.
Gabriel está muy alterado.
- Pero también se trata de que tú mantengas la calma
por lo de tu embarazo.
Por cierto, ¿cómo va nuestro bebé?
- Deja de decir estupideces.
Tú no tienes nada que ver con mi embarazo.
- Ay, por favor, Brenda.
Sabes que sí.
Yo fui el que hizo posible esa magia.
- ¿De plano te vas a ir?
- Tendría que tener muy poca dignidad para quedarme
después de lo que hablé con Elisa y lo que me dijo tu papá
- En serio lamento que no hayas podido
arreglar las cosas con ella.
- Yo también lo lamento, pero dice que no me quiere,
que no tiene caso seguir.
Sebastián, todo el tiempo ha estado jugando conmigo.
Solo he sido su burla.
- Mira, piensa que si las cosas no han funcionado
entre ustedes, lo mejor es que ya le ponga en punto final.
- Como si fuera así de fácil.
Dime, ¿qué voy a hacer sin ella?
Dice que sigue enamorada de un recuerdo.
Todavía no puede olvidar al maldito jardinero ese.
Y no, no puedo soportarlo y no lo voy a aceptar, ¿eh?
- Por lo visto, queda comprobado que todo en esta vida se sabe
tarde o temprano.
- Alonso y tú no han sido muy discretos que digamos.
- ¿Crees que el único que no está enterado sea Gabriel?
- Supongo que nadie le haya dicho comentarios, ¿sabes?
Y si se los hacen, tal vez no se los crea.
Se nota que te quiere muchísimo y que confía en ti.
- No sé por qué a veces cometemos errores imperdonables.
Me sentía frustrada, aburrida y vine a caer
con el estúpido de Alonso.
Me siento en un laberinto
del que no sé si voy a poder salir, Moni.
¿Y si hablas con Gabriel y le abres tu corazón?
- ¿Cómo reaccionaría?
- Es mejor que lo sepa por ti que no lo sepa por alguien más.
[♪♪♪]
[♪♪♪]
- Sí.
Por supuesto que me sorprendió mucho verte.
Esa noche, cuando te vi la última vez,
quedé totalmente convencida de que estabas muerto.
Fuiste tú el que me orilló a hacer lo que hice.
Me engañaste toda la vida y de la peor manera.
- Maldita perra.
[♪♪♪]
musical ♪]
- Sabías que mi hija era toda mi ilusión y la regalaste.
Me mentiste.
Me dijiste que había muerto.
- Hubiera sido un estorbo para nuestros propósitos.
- ¿Nuestros? ¿De qué diablos estás hablando?
Yo solo tenía 14 años.
El único propósito que yo tenía en mi vida
era hacer una familia contigo
y tú me traicionaste.
- ¿Yo? Yo te rescaté de la calle.
Te di un techo, te protegí.
Fui...
- Mi carcelero.
Un monstruo.
Un monstruo que me manipuló y me usó durante años.
Me estuviste preparando para una venganza
en la que yo no tenía nada que ver.
- Tenías.... Tienes una deuda conmigo.
- Yo te amaba, Eugenia.
Te idolatraba.
Estaba dispuesta a hacer lo que fuera por ti.
Y cuando supe lo que hiciste con nuestra hija
se me vino abajo el falso ídolo de barro que en realidad eres.
- ¿A quién quieres engañar jugando la maternal?
Una mente dañada como la tuya no es capaz de abrigar
esos sentimientos ni de verdaderamente querer a nadie.
- El amor que creía tenerte se convirtió en desprecio.
Lo único que sentí en ese momento era rabia, rencor,
sed de venganza.
Era de ti de quien debía vengarme
por todo lo que me hiciste.
- Lo de sano no lo veo por ningún lado.
Este lugar está lleno de gente morbosa e inmoral.
- Tú porque te pasas de cuadrada.
Ya liviánate, manita.
¿En qué época vives?
- Lo que es correcto no tiene época, Claudia.
¿Tú quieres que mi hermana trabaje en un lugar así,
lleno de borrachos, calientones?
¿Qué respeto le tienes?
- Cuñadita, yo le prometo que nadie
se atrevería a portarse mal con la peluchita.
Saben que se las tienen que ver conmigo.
- Además, podría ganarme un dinerito extra
que a nadie le cae mal, ¿o no?
- ¿Qué usted opina?
¿Qué usted opina?
- Bueno, ya lo dijo Érika.
Y no creo que sea un buen lugar para Claudia.
Estaríamos todo el tiempo
preocupados por ella, ¿o no, flaca?
- Yo necesito salir ahorita
a atender un business por aquí cerca.
Te puedes quedar aquí a descansar mientras yo vengo.
No tardó.
- Prefiero irme.
Estoy muy cansada.
- No, mi amor.
Nada de eso.
La noche es joven y usted tiene que trabajar.
- A mí me da mucho asco hacer esas cosas.
Y yo no soy una prostituta.
- Que no, mi vida.
Ya te he dicho mil veces que no.
Tú eres una mujer de negocios y necesitas gasolina.
Quieres más gasolina, ¿cierto?
Eso tiene un costo.
Tienes que pagarlo.
No tienes de otra.
- Te quisiste pasar de lista conmigo.
Creíste que podías ser la alumna que superaba al maestro.
¿Pero ves lo equivocada que estabas?
Mírame, aquí estoy, más vivo que nunca.
Estabas muerto.
- Tú no te movías, yo...
- No apretaste lo suficientemente bien
la bolsita de plástico como para asfixiarme, mi amor.
- Perdí el sentido un momento
pero seguí respirando lo suficiente como para reaccionar
cuando el fuego empezó a invadir el lugar.
- En las noticias decía que...
- Fui directamente a la casa de Richards, mi abogado.
Fue cosa de soltar dinero para que escribieran
en sus noticias amarillistas que había fallecido trágicamente
en el incendio.
- ¿Qué sentido tenía que te hicieras pasar por muerto?
- No, no me hice pasar por nada.
Los que leyeron esas notas de prensa falsas
lo dieron por sentado.
Pero ¿tú viste mi acta de defunción?
- ¿La viste? - No.
No, claro. Por supuesto que no.
Porque lo único que te importaba era recibir mi dinero.
Solo por eso llamaste a Richards.
¿Qué sentiste al saber que no te había heredado nada?
- Más odio y más rencor.
- Yo soy la menos indicada para dar un consejo,
pero si vas a empezar a sentirte culpable
por dejar Roberto, estamos fritas.
- Es que es inevitable.
Pero a pesar de lo que pasó, yo sé que Roberto me quiere.
Y saber que él está sufriendo por mí es lo que me preocupa.
- Si te quisiera, te hubiera apoyado.
- Es que según él, sí me apoyó.
Cada mente es un mundo, Tani.
Y él no ve las cosas desde nuestro punto de vista.
- ¿Estás pensando darle otra oportunidad y volver con él?
No. No, yo ya tomé una decisión y no voy a echarme para atrás.
Emilio.
Bueno.
- Hola. ¿Cómo estás?
Es Emilio.
¿Te estoy interrumpiendo?
No. ¿Dime, qué necesitas?
- Me enteré de lo que pasó y he estado pensando mucho...
...en ti.
En ti, y quería saber cómo estabas, cómo te va.
Las oficinas no son lo mismo sin ti.
¿En verdad no regresas?
- Sabía que si te preguntaba por mi hija,
no me ibas a decir nada.
- Pues te equivocaste.
Te hubiera contado la verdad,
pero no me diste tiempo de hablar.
- Yo lo único que quería
era recuperarla.
Con el dinero de la herencia
pensaba buscarla y tratar de reponer todos los años
que perdí con ella.
Pero por tu culpa, por tu egoísmo...
- Seguiste al lado de Alfredo a pesar de todo.
- ¿Qué otro remedio tenía?
Invertí en esa familia los mejores diez años de mi vida.
No podía largarme y empezar de nuevo
una vida sin un solo centavo.
Yo necesitaba dinero.
- Tú lo que querías era matar a Alfredo y heredarlo.
- No sé, tal vez.
Por lo pronto, tener los medios para buscar a mi hija.
Te lo repito, quedarme yo tarde o temprano con todo
es lo que menos me merezco
después de todo lo que tuve que soportar en esa familia.
- Siempre supe dónde estaba la niña.
Siempre.
Ahora, convertida en una hermosa mujer.
Por favor, Eugenio, tienes que decírmelo.
- No. - ¿Dónde está?
- No. No te lo mereces, mi amor.
Que te baste saber que está mucho,
pero mucho más cerca de ti de lo que te imaginas.
[♪♪♪]
♪]
- Por favor, Eugenio, te lo ruego, dime lo que sabes.
Lo único que me importa en esta vida es recuperar a mi hija.
Por favor.
- Tienes que ganártelo.
Cuando concluya todo este penoso asunto de Alfredo
entonces ahí vemos.
- ¿Quieres que siga haciendo lo mismo de antes?
Que trate de hacer quebrar la constructora y...
- No, no, no.
La jugada cambió gracias a la ayuda de Adalberto Ferrero.
- ¿Entonces?
- La realidad es que Alfredo está perdido.
Pero necesito saber al detalle todos los pasos
que dé para evitar cualquier posible error.
Y tú me vas a mantener informado sí o sí. Fernanda.
No tienes opción.
- En este momento no tengo claro
qué es lo que voy a hacer exactamente.
- ¿Y Roberto?
- Nos separamos
y nos vamos a divorciar.
- ¿Y eso por qué?
- Porque es lo mejor.
Y por favor, no quiero seguir hablando de ese tema.
- Ya está.
Este cuarto queda a total disposición de Elisa.
Cuando sepa que me fui, seguro va a regresar
- ¿Quién sabe?
Aún no ha resuelto sus problemas con mi papá.
- Con los problemas que tu papá trae encima,
lo de Elisa es un juego de niños.
- Para Elisa no.
Se fue por él, no por ti.
- Sebastián, ¿para qué voy a darle más vueltas al asunto?
Me voy de la casa porque tu papá quiso,
pero Elisa no se va a librar de mí tan fácilmente.
Le guste o no, es mi esposa y la amo.
Y voy a agotar con ella hasta el último recurso.
Ya verás.
- ¿Me ayudas? - Sí.
- He tenido un par de contratiempos y por eso
no había podido hablar con usted personalmente.
- Ya, ¿pero qué?
¿Sí va a querer que le hagamos el trabajo o no?
- Efectivamente, pero bájele, bájele un poquito.
Está muy costoso.
- Eso que usted pide está demasiado difícil.
Mire, esa casa Ferrero está vigilada las 24 horas del día.
Tiene cámaras de seguridad, tiene alarmas, perros, gatos,
de todo.
Eso es demasiado riesgo.
- Ok, algo importante.
Si lo llegan a agarrar o por cosas de la vida,
algo fallara, ¿cómo sé que no van a hablar?
Si usted llega a decir que lo contratamos
para matar a los Ferrero...
- Un momentico, señor.
Eso está en el contrato, en la cotización, ¿sí?
Eso es un secreto que nadie va a decir.
- Lo consulto y trato de conseguirme el dinero.
Lo llamo en unos días.
- Hágale, hágale porque la mano de obra se me va.
[♪♪♪]
[♪♪♪]
- Adivina quién aceptó tomarse un cafecito conmigo mañana.
- ¿Quién? - Elisa.
- Ay, no debí de haber aceptado verlo.
- No pierdes nada con platicar.
- Pues sí, pero ya sabes lo que pasa
cuando estamos solos él y yo.
- Pues que pase lo que Dios quiera.
No tiene nada de malo.
[Exhala]
- No, que no.
- Marcelo, yo soy un hombre confundido.
Yo tengo que sentarme con ella, ver los ojos y así.
Es la única manera en la que voy a aclarar mis sentimientos.
- No, tú estás confundido porque no sabes con quién irte,
si con Elisa o con Fernanda.
- No, son dos sentimientos totalmente diferentes.
- Pero son sentimientos al final.
- A Emilio me gusta mucho.
Pero yo sigo casada, Tani.
- Sí, sí, sigues casada.
Bueno, separada, en miras de divorcio.
- No voy a dar pie a nada más.
- Yo siempre decía eso de Alonso y terminábamos platicando,
pero en la cama.
- A ti Fernanda te está moviendo el tapete
aunque te la pases negándolo.
- Yo siento que ella está tan necesitada de amor
que está atrapada en cosas en las que no quiere estar.
Y me ve a mí como un tipo de tabla salvadora ella
a la que se aferra.
- ¿Cuál tabla?
Tú no te puedes enamorar.
No te puedes enamorar.
Pierdes tu objetividad y hasta donde yo sé,
tú tenías un objetivo muy claro con ella.
- Bueno, pero las cosas van cambiando en el camino.
- Mente sobre corazón.
No te puedes enamorar.
Mira, de alguna manera las cosas están saliendo a la luz,
se están solucionando.
Espérate un par de semanas y te vas a dar cuenta.
- Este lugar es de dar flojera.
Yo no sé qué chiste le ve a alguien venir aquí, ¿no?
Es que mira a las artistas.
Han de dar toques de lo corrientes que están.
- Bueno, pues los clientes no se ven tan aburridos.
Ay, no se ven tan enojados.
Cada quien sus gustos, flaca.
- Tranquilita.
Ven, me hagas vueltita a ver que cae, ¿sí?
Anda.
Mira, mira, Fermín, quién está ahí.
- No manches, es Ana.
- Anda alternándose con borrachos,
esto no puede ser, Fermín.
- No estoy negociando nada contigo, mi amor.
Te estoy dando instrucciones y las tienes que seguir
al pie de la letra.
- ¿O qué?
¿Me echas de cabeza?
- Tú mataste a María Laura y a Manuela.
Sería lamentable que pasaras en la cárcel el resto de tus días.
- Las maté manipulada por ti.
Tú fuiste el verdadero asesino.
- Lo disfrutaste.
- Sí. - No.
- Sí, porque tienes el alma negra como el carbón.
Aunque ahora quieras jugar el papel de víctima e inocente.
¡No seas ridícula!
¡Eres una rata!
Y eso no va a poder cambiar nunca.
Nunca.
- Lo que pide es un dineral y no está dispuesto
a hacerlo por menos.
- Bueno, la ventaja es que sabemos que trabaja bien.
- ¿Entonces le digo que sí?
- No nos queda otro remedio, hijo.
Ese cretino me las tiene que pagar.
- ¿Estás seguro que es el mejor momento para desaparecerlo?
- Eugenio se siente muy seguro contando con su apoyo.
A ver qué hace solito.
- Yo creo que lo más conveniente es esperar a que Brenda
investigue si realmente Adalberto está pensando
en dejarla sin herencia.
- ¿Qué va a investigar?
Nada. Es una inútil.
Adalberto le va a soltar lo que le convenga.
Te da miedo todo esto, ¿verdad?
- Sí, y mucho.
Ya eliminamos a los hermanos.
¿Ahora los papás?
Nos estamos convirtiendo en los asesinos de toda la familia.
- Literalmente hablando, Gabriel, porque luego
de que nazca tu hijo, le tocaría el turno a Brenda.
Se convertiría en un estorbo y tú lo sabes.
[♪♪♪]
CC: TELEMUNDO NETWORK captioning@telemundo.com
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