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- Pensé que no ibas a asistir.
- Yo no pienso perderme este momento por nada del mundo.
- Buenos días.
Buenos días a todos.
- Buenos días. - Buenas.
[♪♪♪]
[♪♪♪]
- No puede ser. No puede ser que seas tú.
- ¿Ya ves?
Sí pudo ser.
Nos volvemos a encontrar después de muchos años.
Solo que esta vez yo tengo los ases de la baraja.
- Se suponía que estabas muerto.
- No estaba muerto.
Pero tuve que volver para reclamar lo que es mío
por derecho y lo que tú me robaste
hace tantos años vilmente.
- Señores, por favor, vamos a calmarnos.
Vamos a escuchar lo que los abogados del señor Beltrán
tienen que decir.
- Estás en deuda conmigo.
Me juraste lealtad, y si de verdad me amas como dices...
- Eres el único hombre al que he amado toda mi vida.
- ¿Qué haces? ¡Fernanda!
¡Fernanda!
[♪♪♪]
- Gracias. - Muchas gracias.
- Oye, el tiempo pasa volando, ¿no?
Ya nuestro proyecto está andando.
- Sí, y qué bueno que viniste.
Te juro que yo pensé que te rajabas.
- ¿Cómo así?
No, no, no.
Yo no voy a permitir que mis problemas personales
intervienen en nuestros negocios.
- Me parece, me parece.
Oye, ¿Tania está en Miami?
- Sebastián me contó que se fue de viaje con Elisa.
No saben cuándo regresan.
- ¿De plano que se fue de la constructora?
- Sí.
- ¿Y se fue de la casa? - Sí, sí, sí.
Por lo visto, dice Sebastián, que todo pinta
que va a dejar a Roberto por no apoyarla.
- Cosa que te da alegría.
- ¿Y para qué te digo que no si es cierto?
A ver, dependiendo de lo que ella decida, tal vez es momento
de decirle quién soy realmente.
- ¿Y Fernanda?
- Necesito que me consiga pruebas en contra de Alfredo
para refundirlo en la cárcel.
- O sea, que estás completamente seguro que él mató a tu abuela.
- Sí, sí, prácticamente sí.
Solamente no sé el por qué y lo voy a averiguar
a como dé lugar.
- Hubieras entrado a la junta para enterarte bien del chisme.
- Nada, entre menos bulto, más claridad.
Ya luego nos enteraremos.
- Bueno, aquí lo único seguro
es la enemistad entre Ferrero y tu papá.
- Sabes, a pesar de todo, me da lástima Brenda.
Se ha de sentir amarrada de pies y manos, ¿no?
- Claro.
Pero yo lo único en lo que puedo pensar es en Elisa.
Estoy muy desesperado, Sebastián,
sin saber de ella.
- Tú decidiste no apoyarla.
- Pues sí, pero ¿qué sentido tenía?
Se dejó llevar por un impulso absurdo.
Yo no sé lo que le pasa a Elisa.
Ella siempre ha sido sensata.
Siempre ha sido de las que piensa las cosas
antes de actuar.
- Se supone que regresa hoy.
En cuanto se comunique conmigo, voy a tratar de hablar con ella
para hacerla entrar en razón.
- Mi cliente, Eugenio de Jesús Beltrán, declara ser
hijo ilegítimo de Alfonso del Pino Velarde
y Marta Antonia Beltrán Arredondo.
Alfonso del Pino Velarde, antes de morir,
según le fue informado al señor Beltrán,
hizo un nuevo testamento en el cual
lo designó como heredero de la mitad de su fortuna,
misma que compartiría en partes iguales
con Alfredo Ignacio del Pino Casaús,
hijo que el señor Alfonso tuvo en su matrimonio
con la señora Estela Casaús Rodríguez.
- Mi padre estaba senil.
Marta, su secretaria, lo enredó y lo hizo creer
que estaba esperando un hijo de él.
Dudo mucho que tú lleves nuestra sangre
con los antecedentes que tu madre tenía.
- Agradecería que me permita continuar sin interrupciones.
El último testamento de Alfonso Del Pino Velarde
misteriosamente desapareció sin dejar rastro.
Mi cliente en ese momento atravesaba momentos personales
y económicos muy difíciles y no supo encontrar la manera
de hacer valer sus derechos.
- Derechos ¿de qué?
Es hijo de una mujer sin escrúpulos que se aprovechó
de mi padre.
- Vinimos a conciliar con ustedes de buena fe
antes de que este asunto llegue a tribunales.
Pero si no nos dejan...
- No, no, no. Por favor, usted continúe.
Mi cliente no lo volverá a interrumpir.
Neta, Fernanda y tú disimulan
muy bien ese rollo que se traen.
- Pues como debe ser, ¿no?
- No sé, no sé, a mí me tiene confundido.
Es que la veo y con esa cara, la forma de ser tan pausada.
Hermano, ¿matar a alguien? ¿Tú crees que es capaz?
- Es que ella no es así.
Y cada día me convenzo más.
Aparte, lo que Ana diga ya quedó claro.
No es de fiar.
Todo lo que me ha contado Fernanda lo he comprobado
y por otro lado.
No por ella, por otro lado.
- ¿Estás completamente seguro que no sientes nada por ella?
Una cosa es lo que tú me dices y otra es la que yo veo.
- Sí, claro que siento cosas por ella.
Cosas muy fuertes, una pasión, y me prende cañón.
Me encanta estar con ella.
Me gusta, sí.
Pero Elisa.
Está Elisa, la veo y regresa todo eso que sentía yo
cuando era chavito con ella, cuando hacíamos el amor.
Me siento en una disyuntiva.
Es la neta. Sí, sí siento.
¿Pero amarla como pareja?
No, no, eso es algo que simplemente no puede suceder.
- Como ya lo mencioné, tenemos en nuestro poder
el último testamento de Alfonso Del Pino Velarde,
el cual invalida todos los anteriores
que pudieran existir.
Este testamento estaba en poder del abogado que lo redactó,
quien luego de trabajar en esta constructora,
se colocó en la empresa del señor Adalberto Ferrero
aquí presente.
- Él fue el que me confesó que aceptó un soborno
de Alfredo Del Pino para hacer desaparecer ese testamento
y poder despojar así a Eugenio Beltrán
de la parte de la herencia que le correspondía.
Pero, señores, eso ya yo lo declaré ante ustedes.
Aunque me encantaría poder hacerlo ante
las autoridades pertinentes llegado el momento.
- En caso de que se verifique la autenticidad
de ese documento, el señor Beltrán...
- Mi cliente deberá recibir la parte que le corresponde.
- Y tú vas a recibir el castigo que mereces, por cretino,
tramposo y ladrón.
- No te voy a dar nada.
- Esa no es una decisión tuya.
Ni todo el oro del mundo va a poder compensar lo que yo sentí
por tu culpa.
Mataste a mi madre.
- Ay, lo siento.
Que en paz no descanse.
- Tú no vas a descansar en paz hasta no recibir
todo el peso de la ley.
[Quejido]
Anda, síguele.
No sabes las ganas que tengo de partirte la cara.
¡Mírame!
¿Creías que te ibas a librar de mí?
¿Creías que nunca más ibas a saber de mí?
Te equivocaste, pedazo de animal.
No vas a poder librarte de mi venganza.
- ¡Suéltame!
¡¿Que te has creído?!
- Yo no soy nadie pa opinar ni darte consejos.
Pero no sería ninguna locura que tú regreses a tu casa.
- No.
No quiero.
¿Cuántas veces tengo que repetirlo?
Elisa y Fernanda seguro te protegerían.
- Y dale con Fernanda.
Que esa mujer me da terror, pavor.
¿Qué tengo que hacer
para que ustedes me entiendan, ah?
- Es que estás confundida.
Te creas imágenes en tu cabeza.
Hasta tú misma lo has dicho.
- Si no fue Fernanda la que mató a mi mamá, entonces fui yo.
Y eso yo nunca podría perdonármelo.
- Ana, tú no estabas en tus cabales.
Entiende que cuando consumes drogas te hace decir cosas
y hacer cosas que quizás no sea.
- Y también me hace olvidar una realidad que es horrible.
- Esto es una locura.
¿Cómo es posible que ese tipo esté vivo?
- Estoy igual de sorprendida que tú y que Alfredo.
No estábamos preparados para esto, Fernanda.
Ojalá los abogados encuentren algo y paren esto.
¿Qué tal cuando dijeron...
- Pedimos nos permitan estudiar lo que acaban de exponer.
No sé, ¿qué les parece si nos vemos acá pasado mañana
a la misma hora?
Les daremos una respuesta y juntos y entre todos
buscamos el mejor camino.
- Ojalá puedan hacer algo.
- Vamos a tener que trabajar a marchas forzadas estos dos días.
Esto es una pesadilla.
¿Cómo es posible?
El investigador me dijo que estaba muerto, que era cenizas.
- Pues el investigador se equivocó.
Y nosotros también nos equivocamos al creerlo.
- A ver, ¿es en serio?
- Sí, está vivo.
Y como se podrán imaginar, la reunión con él
y con sus abogados no fue nada agradable.
- O sea que fue otro el que se murió en el incendio.
Pero Emilio me dijo que ustedes habían hecho
una investigación y que...
- No sabemos qué fue lo que pasó
pero cuando mi papá le dijo a Beltrán en su cara
que se suponía que estaba muerto, Beltrán como si nada.
- ¿Y ahora?
¿Qué va a pasar?
- Pues en este momento
mi papá está reunido con Beltrán en su oficina.
Espero que no se maten.
Y dentro de dos días tenemos
nuevamente reunión con los abogados.
- Completamente inesperado esto.
- Sobornaste al abogado ese e hiciste que la infeliz
de Manuela se volteara en contra de mi madre.
- ¡No, no hice nada!
- ¿Ah, no?
- El único testamento que yo conozco es el que hice valer.
Mi madre necesitaba ver médicos,
necesitaba tratamientos.
No fuiste capaz de ayudarme.
- Lo que pasara con esa perra y contigo...
- A mi madre la respetas.
¿Por qué no te vas al diablo?
¡Yo no tengo nada más que hablar contigo!
Mis abogados van a hablar contigo.
Eres un soberbio prepotente que crees que te puedes
sacar de encima todo lo que se te viene.
Pero estás perdido, Alfredo.
Y yo no voy a parar hasta verte arrastrándote
como el gusano que eres.
- Pues, ¿sabes qué?
Lo dudo mucho.
- Yo no soy el mismo tipo que conociste hace años.
Tengo recursos.
Tengo gente que me apoya muy importante,
como Adalberto Ferrero.
Y tengo algo muy, pero muy importante.
Tengo una sed de venganza tan grande...
que ni siquiera puedes empezar a entenderla.
[♪ Tema musical ♪]
♪ En un mundo de sombra ♪
♪ donde el silencio grita, ♪
♪ cada palabra es un eco ♪
♪ de promesas marchitas. ♪
♪ Sed de venganza, con fuego en la piel, ♪
♪ buscando la verdad en un mundo cruel, ♪
♪ lealtades rotas, ♪
♪ corazones de fiera en esta selva de cemento, ♪
♪ sálvese quien pueda. ♪
♪ En la sombra de la noche miradas de seda, ♪
♪ dos familias en lucha, tu legado está en juego, ♪
♪ juramentos que se quiebran, secretos por saber, ♪
♪ cada momento es un recuerdo, un pasado por volver. ♪
♪ Sed de venganza con fuego en la piel, ♪
♪ buscando la verdad en un mundo cruel. ♪
- Suéltame, Fernanda.
Déjame salir.
Déjame. ¿Qué haces?
Fernanda, ¿qué...
No hagas nada
de lo que te puedas arrepentir después.
¡Fernanda!
[♪♪♪]
- Hacer este viaje fue lo mejor que nos pudo haber pasado.
- Estuvimos felices.
Si por mí hubiera sido, no regresábamos.
- Pues qué bueno que se la pasaron bien y todo,
pero evadiendo la realidad no van a solucionar los problemas.
- No, Sebas, yo no estoy huyendo de mis problemas.
Solamente necesitaba tomar distancia
para verlos desde otra perspectiva.
- Ok, y me imagino que después de eso vas a regresar a la casa
y a la oficina.
- No, al contrario.
Me di cuenta que fue la mejor decisión que pude haber tomado.
Y no voy a volver.
Quiero hacer mi vida por aparte.
- Qué bonita, ¿no?
Qué bonita.
Me convences de regresar y tú te largas.
Ok, está bien.
- Sebas, entiéndeme, por favor.
Créeme que esto no está siendo nada fácil para mí.
Y me duele mucho lo que está pasando.
Yo en algún momento sí pensé en formar una familia con Roberto.
Él es un gran hombre y mi mundo estaba solucionado con él.
Pero de repente pasaron cosas que me movieron todo y...
No es fácil volver a empezar
y saber que estoy lastimando a alguien que me ama
me duele mucho.
Pero estoy tratando de salir adelante,
de tomar un respiro.
Por eso me estoy alejando.
- Todo eso lo entiendo, Elisa,
pero no tienes que hacerlo sola.
Yo regresé por ti.
Ahora te voy a dar todo el argumento que tú me diste
para convencerme a devolver.
- Mis pastillas.
- Sí, mamita, yo sé.
Yo sé que eso es lo que te motiva.
Yo te las doy.
- Necesito más de los que me ha dado.
Si yo te doy más,
eso implicaría que no te voy a ver a diario.
Y yo no sé si eso me convenga a mí.
Todos estos días ha mejorado, ¿sabes?
- Es mi única manera de ganar dinero.
- ¿Y si trabajas?
No sé, de repente en el bar podrías atender
unas cuantas mesas.
Se ganan buenos tips.
Y, no sé, podrías hacer uno que otro servicio a los clientes
que entren y salgan.
- No soy una prostituta.
- No, no, mi amor, yo no he dicho eso.
No, señor.
Pero piénsalo.
Puedes sacar una buena platica de ahí.
[♪♪♪]
- Don Alfredo, una cosa es lo que usted le dice a los demás
y otra muy diferente lo que nosotros necesitamos saber.
Usted tiene que decirnos la verdad.
Solo de esa forma podemos buscar la mejor solución.
- Tienen toda la razón.
Tienes que contarnos exactamente cómo fue todo
para que lo utilicen a su favor y no le salgan con sorpresas.
- Bueno, Marta, la madre de Eugenio, era una mala mujer.
Buscó la manera de enredar a mi papá y seguramente pensó
que embarazándose le iba a sacar una buena tajada.
Pero igual ni siquiera era hijo de él.
Mi papá no era muy viril que digamos.
- ¿Y usted tenía conocimiento de ese testamento?
- Sí, lo supe después de la muerte de mi padre.
Esa mujer lo chantajeó luego de que murió mi madre.
Él estaba senil y empezó a sentir remordimientos
por no haberse hecho cargo de Eugenio.
- Y ahí fue cuando usted sobornó al abogado
que redactó el documento.
- Ese mequetrefe tenía que haber desaparecido
toda evidencia y no lo hizo.
- El primer punto aquí es que usted debe decir
que jamás tenía conocimiento de ese testamento.
- Yo sé que tal vez tengas razón,
pero no quiero volver a la casa.
Entiéndelo, Sebas, por favor.
- Mi papá tarde o temprano te va a regresar
lo de las acciones, Elisa.
Bueno, si es que todavía le queda algo con lo que nos cayó.
No tienes ni idea del broncón en el que estamos.
- ¿Por qué?
- Por Eugenio Beltrán, el medio hermano.
Se cumplieron las amenazas de Adalberto Ferrero.
Hoy llegó a la oficina con todos sus abogados
y con la intención de quitarle la mitad de todo.
- Ay, Dios mío.
- Bonito el problema en el que están metidos, ¿no?
- Imagínate.
- Bueno, ¿y qué pasa donde este testamento sea válido?
- Pues ni idea, pero supongo que la mitad de todo
pasa a manos de Beltrán.
- No, no, no. Espera, espera, espera ahí.
¿Y nosotros dónde vamos a quedar?
- Pues nuestra sociedad es con la constructora, no con Alfredo.
Así que no tendría por qué cambiar nada.
- ¿Sabes qué me tiene pensativo?
¿Por qué Fernanda no nos dio la cara después de la junta?
- Pues no sé.
De seguro más tarde se comunica.
Temí que había salido alterada.
Quieras o no, esta situación también le afecta directamente.
- Ay, estaba esperando que me llamaras.
Cuéntame qué pasó.
- Pasó lo peor del mundo, Mirna.
Lo peor.
Era él.
Eugenio está vivo.
[♪♪♪]
[♪ Tema musical ♪]
- No, no sé nada más.
Solo que era él.
- ¿Qué te dijo?
Nada. Ni media palabra.
Ni siquiera me miró.
Me ignoró.
Me ignoró por completo.
Ya sé que en cualquier momento va a averiguar mi número
y me va a llamar.
Mirna, ¿y ahora qué voy a hacer?
¿Te imaginas lo que esto significa?
- Ay, Dios mío, Fernanda.
Esto parece una película de terror.
- No entiendo cómo es posible que esté vivo.
- Mirna, yo lo asfixié.
No se movía. Quemé al apartamento.
- Fernanda, acuérdate.
Ese hombre tiene pacto con el demonio.
- ¿Qué va a hacerme?
Seguro se va a desquitar de mí y me debe de tener preparado
el peor de los castigos.
- Si el testamento es válido, probablemente van a querer
hacerlo valer.
Van a introducir una demanda formal e iremos a la corte.
Vamos a estudiar muy bien el caso.
Vamos a buscar los argumentos que tenga a su favor.
Pero le digo desde ya, don Alfredo, no será sencillo.
Va a ser...
No...
Él no va a poner sus asquerosas manos
en lo que tanto me costó hacer.
Antes lo mato.
- Papá, por favor, cálmate.
- ¿Cómo quieres que me calme, hijo?
Estas situaciones...
- Hay que matar a Eugenio.
Tenemos que asegurarnos que él esté muerto y que nunca más
va a volver a aparecer para arruinarnos la vida.
Es la única solución.
Hay que matarlo.
- Fernanda, no.
¡No!
Esa posibilidad es la menos,
la menos, la menos indicada en este momento.
¿Crees que él no está preparado?
¿Crees que no está vigilándonos?
En especial después de lo que tú le hiciste.
Contrólate. No.
- Mi hija ha cometido la estupidez de casarse
con el hijo de Alfredo.
El simplón ese que estaba con él en la junta.
Tú lo viste.
- ¿Y eso no ha sido de tu agrado?
- Por supuesto que no.
Ahora está embarazada.
Mis otros dos hijos varones
acaban de fallecer en un fatal accidente.
- Lo lamento.
- ¿Te imaginas, Eugenio, que mi hija llegue a heredarme?
Los Del Pino meterán sus sucias manos en mi fortuna.
Tan solo imaginar esa idea resulta intolerable.
- Y tienes toda la razón del mundo.
- No, las cosas van a cambiar.
Con tu llegada, las cosas van a cambiar.
Tú no tienes idea.
No conoces este negocio.
Y vas a necesitar a alguien con experiencia
que se levante cada mañana y vaya a la constructora
a trabajar por ti.
- Y para eso, nadie mejor que tú.
- Podemos asociarnos.
Podemos fusionar las dos compañías.
Y de la que surja,
ellos solo podrán conservar la cuarta parte
mientras que nosotros, tú y yo, seremos dueños
del 75 porciento restante.
Alfredo será un cero a la izquierda.
- ¿Sabes cuál sería la solución a todos mis problemas,
a mi existencia?
Hablar con Eugenio Beltrán.
- Buenísimo. ¿Qué le vas a decir?
¿Que eres el nieto de Manuela y que estás buscando
quién fue el que la mató?
- No, obvio no.
Pero tal vez si uso como pretexto
lo de la sociedad que tenemos.
- A ver, no es ilógico que estemos preocupados
por lo que pueda pasar.
- No sé, no sé.
Eso hay que pensarlo muy bien.
- Primero necesito saber exactamente qué fue
lo que pasó en esa junta.
- Bueno, entonces llama a Fernanda.
Pregúntale abiertamente.
Dale.
- Perdóname por no haber aparecido después de la junta,
pero me imagino que ya te enteraste, ¿no?
- Sí, sí.
Todavía no puedo creerlo.
Se nos vienen encima problemas muy serios.
- Claro, me lo imagino.
Me tienes que contar todo lo que pasó.
Voy a verte.
- No, hoy es imposible.
Como comprenderás, tengo que estar en mi casa.
Alfredo está muy alterado y necesito saber qué es
lo que vamos a hacer.
- Hablamos mañana en la oficina.
- Sí. Sí, sí, por supuesto.
- ¿Y Beltrán cómo es?
- Horrible. Lo más espeluznante que he visto en toda mi vida.
- Me habló el tipo que ya sabes.
Quiere que nos veamos para decirme cuánto me cobra
por encargarse de Adalberto.
- No, lamentablemente eso va a tener que esperar.
Sería demasiado sospechoso que algo le pasara
al viejo cara de mandril en estos momentos.
- Completamente de acuerdo.
Le dije que luego me comunicaba con él.
- Si por mí fuera, los estrangulaba
con mis propias manos a los dos.
- Sabes que no van a aceptar nada de lo que digan
nuestros abogados.
Se van a ir a juicio.
- Pues nos vemos en la corte.
¿Ya hablaste con Brenda?
- Por encimita.
Le conté los titulares.
- A ver si averigua lo que Adalberto piensa hacer.
Es lo menos que espero de ella después de haberla acogido
a la familia a pesar de ser hija del viejo.
Imbéciles.
- Prefiero no meterme, Gabriel.
Entiende que es una situación muy difícil para mí.
- Pero hay que averiguar qué están tramando.
- ¿Y es que acaso no lo sabes?
Ese tipo lo que quiere es su mitad del pastel.
Y va a dar guerra por eso.
- Apoyado por tu papá.
- Pues fíjate que sí.
Siempre creímos que eran historias
que estaba inventando.
Y tenía razón.
Por eso estaba tan confiado.
- ¿Qué gana ayudándolo?
- ¿Tampoco lo sabes?
Hacerle a tu papá la vida de cuadritos, ¿qué más?
- Y quedarse con parte de la constructora.
Eso es lo que quiere ese...
¿Cómo no se me ocurrió?
Eso es lo que quiere.
- No, no hubo ningún error.
Dudo mucho que haya habido otro Eugenio Beltrán,
hijo de la que fue secretaria de Del Pino.
- Entonces fingió que estaba muerto.
- No es la primera vez que se ven cosas así.
- En las noticias hablaban de su muerte.
Dijeron que había quedado calcinado en el incendio
que ocurrió en su departamento.
- Pero ¿no viste un certificado de defunción?
¿Nada?
- No, eso no.
Pero debí haberme cerciorado.
No creí que fuera necesario.
¿Qué motivo hubiera podido tener para que alguien creyera
que estaba muerto?
- Ya entendí lo que Adalberto quiere:
quedarse con la mitad de la constructora.
Ayuda a Beltrán, te quita la mitad y luego él sé la apropia.
¿Qué sabe de eso?
- Nada. Nada.
Y Adalberto sabe menos porque además de cerebro
tiene dos ------ estrellados.
- No, pues no es tan tonto como parece.
Yo sé que ustedes no se la llevan y que te odia mucho,
pero algún interés tiene que tener.
- No sé, nos quiere dañar la vida, pero no lo va a conseguir.
Escúchame bien lo que te digo.
Si los abogados no arreglan este enredo,
antes de darles un solo centavo, los mato.
Prefiero acabar mis días en la cárcel que darles gusto.
- No, y para colmo, Adalberto Ferrero nos ha de tener
entre ceja y ceja por no haber aceptado su oferta.
- No creo que eso les afecte.
- Bueno, pues no nos queda nada más que esperar
a ver cómo evoluciona todo.
- Si se van a juicio, eso puede tardar mucho tiempo.
- Sí, sí, ya sé.
- Oye, ¿y si averiguas un poco más sobre el clan?
¿Con quién se veía, con quién estaba?
No sé, sacarle información.
- Puedo hacerlo con gusto, pero no le veo mucho sentido.
Como les digo, a ustedes eso no les afecta.
Claro, tú querías localizarlo para saber por qué le mandaba
mensajes a Fernanda.
Pero si todo fue una fantasía de Ana...
- ¿Y si no?
Tenemos que estar claros.
La vida de Fernanda ha sido un completo misterio
desde que salió de su casa hasta que
empezó a trabajar con los Del Pino.
- Y más vale prevenir que lamentar.
Investígate. No vaya ser que por ahí salte la liebre.
[♪♪♪]
[♪ Tema musical ♪]
- Le voy a pedir el divorcio a Roberto.
No tiene caso que sigamos casados.
- ¿De plano?
- Sí.
Quiero que se vaya de la casa.
Tal vez así yo pueda considerar volver, pero estando él ahí...
- Mira, olvídate de volver a la casa.
El chiste es que vuelvas a la constructora
y que veas a Emilio.
Si ya estás pensando en divorciarte de Roberto,
¿qué te impide darte una oportunidad con Emilio?
- Yo sé que no es ningún consuelo,
pero todos estamos igual que tú.
- No nos calienta ni el sol.
- Lo que hice con el testamento fue lo correcto.
No podía permitir que una arribista ni un bastardo
me despojara.
- A mí no tienes por qué explicarme nada.
Por supuesto que hiciste bien.
Pero una cosa es lo que nosotros pensemos y otra cosa
es lo que dicta la ley.
- Nunca creí que me iba a poner tan vulnerable.
No es justo.
No es justo que me pasen estas cosas.
- Alfredo.
No ganas nada poniéndote así.
- Ya sé que no, pero me resulta inevitable.
Necesito saber que cuento contigo incondicionalmente.
- Eso siempre, Alfredo.
Y extraña que no lo sepas.
- No quiero que sigamos peleando
ni que estemos distanciados.
En estos momentos te necesito.
Te necesito junto a mí.
- Eso.
¿Cómo estás, mi vida?
Bueno, este es el changarro que me da de comer.
¿Te gusta?
- Es asqueroso.
¿A quién podría gustarle un lugar así?
- Bueno, eso depende desde el punto de vista que tú lo veas.
Mira las artistas que tenemos.
¿Tú sabes de bailar?
- ¿No? Y menos desnuda.
- Date una vueltita, ¿sí?
A ver si te gusta, para que lo conozcas.
Y si alguien te propone algo indecoroso,
tú le dices que primero tienen que hablar con papá.
- Yo creo que tengo que irme.
Por favor, no me haga hacer esto.
Yo... por favor.
Por favor, no me obligue a hacerlo.
Por favor.
Está bien.
Voy a regresar a nuestro dormitorio.
- Te prometo que todo va a cambiar.
No más pleitos.
Es un trato.
- Yo solo espero que para la próxima junta
tus abogados encuentren algo que les impida salirse con la suya.
- Van a ser los dos días más largos de mi vida.
- Créeme que de la mía también.
- En serio que mata más la duda que el desengaño, Mirna.
Es que no entiendo por qué no se ha comunicado conmigo.
Cada vez que suena mi teléfono,
doy un salto pensando que es él.
Sí, sí, al rato de la junta.
Es que cualquier cosa puede pasar.
Va. Yo te llamo para contarte.
- Llegaron. Vamos.
- No, mejor ve tú.
- ¿Por qué?
- Solo voy a estorbar allá adentro.
No pasa nada.
- ¿Segura?
- Sí, estoy segura. Ve.
[♪♪♪]
Ese hombre, Beltrán, me da miedo,
y se nota que es alguien horrible.
- ¿Tú crees que sí puede hacer valer ese testamento?
- No sé.
Alfredo es tan soberbio que piensa que no,
pero yo tengo mis dudas.
¿Beltrán tú crees que haría lo que está haciendo
solo porque sí?
No. Él seguro ya lo consultó con sus abogados.
- Si logra apropiarse de la mitad de todo...
- No, eso sería una tragedia que no quiero ni imaginarme.
Estoy aterrada, Emilio.
Esto puede acabar tan mal.
Alfredo no va a ceder ni aunque la ley quiera obligarlo.
- Nuestro cliente afirma que jamás tuvo en sus manos
el testamento que ustedes presentaron.
El único que conocía era el que tenía en su poder,
en donde su padre, el señor Alfonso Del Pino,
lo nombra como heredero universal de toda su fortuna.
- Pero sí tenía conocimiento de un testamento posterior
y que su medio hermano, el señor Eugenio Beltrán,
debía tomar posesión de la mitad
de los bienes de Alfonso Del Pino.
- No, no.
En primer lugar, no sabía que tenía un medio hermano.
Es más, dudo que lo sea.
Mi padre nunca se hubiera relacionado con una mujer
tan corriente como Marta Beltrán.
- El señor este fue a verme,
me informó que era hijo de mi padre.
Y sí mencionó ese testamento,
pero sin contar con ninguna prueba.
Por supuesto que no la creí.
Lo que quería era sacarme dinero
y obviamente no me presté a su juego.
- Y sus abogados pretendían negociar y llegar
a un arreglo amistoso.
Pero yo dudo mucho que eso sea verdad.
Yo creo que vinieron solo para ponernos nerviosos a todos.
- A ver, si Alfredo se niega a negociar
y proponerles un arreglo,
van a tener que irse a juicio.
- Ujú. Eso va a pasar.
Y ve tú a saber cuánto tiempo dure.
- A ver, Alfredo puede tener muchos defectos
por lo que me has dicho, pero es astuto, brillante.
Alfredo es inteligente.
- ¿No crees que va a encontrar la manera
de arreglar el problema?
- Espero que sí.
- Estás muy nerviosa, ¿no?
- Sí, por estúpida.
Lo que tengo que hacer es confiar.
Confiar, como tú dices, en que Alfredo va a salir airoso
de todo esto y no preocuparme.
Pero de todas maneras, ¿a mí en qué podría afectarme todo esto?
En nada, ¿verdad?
A mí el dinero no me importa.
- Nuestro cliente no está dispuesto a negociar nada.
- ¿Está seguro que no desea...?
- No. No.
Sí, perdón.
Quiero proponerles algo.
Les propongo que se larguen de mis oficinas
antes de que los saque a patadas.
Y que luego de irse, se vayan todos al demonio.
No tengo nada más que decir.
Entonces nos vemos en tribunales.
Ese pelafustano va a hacerme sentir miedo.
Vamos a ver quién dice la última palabra.
Gabriel, vamos a sobornar.
Aquí nada falta para mandarlos por un tubo.
No todo el mundo es sobornable.
- Te equivocas, hijo. Todo se vende.
La cosa es saber llegar al precio.
En cuanto salgan de aquí esa bola de rateros de feria,
vamos a ponerle muy en claro a nuestros abogados todo lo que
tienen que hacer.
- Los abogados son los que saben qué hacer.
No tú, déjalos.
- Primero, ese testamento es más falso que la dentadura
de Adalberto Ferrero.
Segundo, Eugenio Beltrán no es nada mío.
Si tuviera sangre Del Pino, no tendría esa pinta de imbécil
que tiene.
- Si demuestran lo contrario...
- Pasamos al tercer punto, luego al cuarto,
luego al quinto, hasta llegar al 150000.
Dudo mucho que Eugenio viva hasta ese día.
- Ni él ni nosotros.
- Yo no sé nada de leyes, pero si Alfredo ocultó
ese último testamento, cometió un delito muy serio.
No creo que sea solamente
de darle la mitad a Beltrán y ya está.
Igual hasta lo meten en la cárcel.
- No tengo ni idea, Emilio.
Si lo meten preso,
es el momento perfecto para que lo dejes.
- ¿Para qué ponernos a especular?
- Yo pensé que lo que más querías en este mundo
es ser libre, ¿no?
- Por lo visto eso es algo que nunca va a ser posible.
La libertad es algo que en esta vida me fue negado.
[♪♪♪]
[♪ Tema musical ♪]
- Mira, Fernanda, yo estoy segura que Eugenio desde hace
mucho tiempo sabe que tú y yo nos encontramos.
Y él sabe que fui yo
la que te conté toda la verdad sobre tu hija.
Eugenio me va a buscar y me va a encontrar
en el fin del mundo.
Lo único que yo puedo hacer es asumirlo y agarrar ese toro
por los cuernos.
- No. Lo único que podemos hacer es matarlo, Mirna.
Pero bueno, hagamos lo que tú dices.
Vamos a fluir, vamos a dejárselo todo
en manos de Dios.
Dios está en control, ¿no?
- Fernanda ya, a ver, dime.
¿Lo matas y qué pasa?
Te vas derechito a la cárcel.
¿Y qué?
Lo único que tienes que hacer es hablar con él.
- ¿Y cuándo va a ser eso?
- ¿Qué tal si empezamos por averiguar
dónde está hospedado?
Sí, sí.
Mira...
Llámalo.
Marca su antiguo número, por favor.
Dale.
[♪♪♪]
[Suena timbre de la puerta]
[Pasos]
- Hola. - Gracias.
Permiso.
- Ya deja de comportarse como una niña.
Tienes que hablar con él.
- Gracias.
- Tania.
- Bueno, está bien.
Esto es un número que nunca voy a olvidar.
- ¿Cómo estás, mi amor?
- ¿Hasta cuándo vas a seguir ignorándome?
- ¿Me creerías que estaba por marcarte?
Obviamente tengo tu nuevo número muy bien registrado
en mi celular.
- Por lo que veo, tienes más vidas que un gato, ¿no?
¿Cuándo podemos hablar?
- Cara a cara quérrás decir.
Ven a verme esta noche, pero ven sola.
Aunque eso sí.
Mirna.
Me da mucho gusto saber que aún estás en este mundo.
[♪♪♪]
CC: TELEMUNDO NETWORK captioning@telemundo.com
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