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Ya traen al Putero.
- Viene el Putero. - Corre, corre.
Ya lo traen.
Esperad aquí.
Madre.
(SUSURRA) ¿A qué vienes? ¿A qué vienes?
Ya lo sabes.
Quiero enterrar a mi marido en camposanto.
(SUSURRA) Eso no es posible. Eso no es posible.
Ese hombre era un mentiroso y un putero.
Lo de putero bien lo sabes tú.
Lo fue, igual que lo fueron tu padre y su padre antes que él.
Y a todos se les enterró en el cementerio.
No pido para el Genaro nada que los demás no hayan tenido.
Haz con ese malnacido lo que quieras,
pero no en el cementerio.
No merece ni compasión ni descanso.
Su muerte servirá de ejemplo al resto del pueblo.
Hubo un tiempo en que no pensabas así.
Bien que te achantabas de decir eso cuando él coleaba.
Y ahora que parece que te queda poco para seguirle,
¿te envalentonas?
Tienes muchos pecados por los que pagar, Garibalda.
Deberías temer lo que se diga de ti en este mundo
y lo que te espere en el infierno al que vayas.
(VOMITA)
Cuida de tu hija, Atilana.
Eres ciega y sorda para lo tuyo.
Has tenido a la zorra viviendo en tu gallinero
y todavía no te has enterado de cuántas gallinas se te ha comido.
Llegará el día en el que me siente a ver cómo mueres.
(RÍE)
(Risa de Garibalda)
Maldita sea su alma.
Si por mí fuera, lo echaba a los cerdos,
pero no voy a dejar que esa me diga dónde enterrar a mi marido.
Entonces atranqué la puerta con la cadena, como usted me dijo,
y ya no pudo romperla.
Y eso que ella tiraba y tiraba.
Señora, doña ilustrísima,
el techo de la iglesia tiene un agujero muy grande
por donde entran las palomas y cagan en los bancos.
Hace un rato vi a un par de ellas fornicando en el altar mayor.
Figúrese qué imagen para su inmaculada pierna...
Concepción.
Observando algo tan grotesco y...
Agradecido siempre, doña señora y santa.
Esta parroquia le debe todo a usted y a su difunto esposo,
en paz descanse a la diestra...
Quiero saber todo lo que ocurre con esa mujer.
Así sea, doña clementísima. Así sea.
Solo os pido unas semanas, hombre.
Las deudas de juego son sagradas, Vacas.
Ya lo sé.
¡Tira!
¿Falta alguien más por llegar?
¿Acaso queda algo más por llevarse?
Mis hijos.
Yo misma.
La casa.
Dime.
Que yo sepa, no.
Mientes.
Se conoce que vendió la otra tierra.
¿A quién?
¡Maldito bastardo!
Así se encuentre todo el mal que nos ha dejado.
(Gemidos)
Por favor.
Por favor.
Fóllame, fóllame.
(Gemidos)
Por favor.
Fóllame.
(Gemidos)
Esta tierra es de mi madre.
Si quiere seguir trabajándola, tendrá que hablar con ella.
¡Eh!
Al final le vamos a tener que dar las gracias al Putero.
¿Qué tiene, Fernando?
Cólico puede ser.
No lo sé, tendrá que venir a verlo alguien.
Ni el Higinio ni nadie que sepa de animales se atreverá a venir.
¿Se la llevamos nosotros?
- La Garibalda se vengará de quien quiera ayudarnos, Tina.
Y no creo que la vaca soporte que la movamos.
¿Tú no conoces algún remedio?
Yo no, pero puede que los de Monte Coto sí sepan.
Les llevaremos algo que ellos puedan ver.
Necesito que vayáis a buscar torvisco,
luego ya veremos qué hacer para que la vaca se lo trague.
¿Torvisco?
Sí, para que suelte.
Torvisco.
Esta noche, Amparo se ha vuelto a levantar de la cama.
¿No podría dormir contigo ahora que padre está muerto?
Madre siempre ha dicho
que el día que a él se lo llevaran los demonios, todo cambiaría.
Yo me quedaría contigo,
Amparo podría dormir con madre y tú en la alcoba nuestra.
Tendrías tu propio cuarto.
- Primero deberíamos preguntarle a Amparo.
A Amparo seguro que le da lo mismo.
Dime que se lo preguntarás a madre.
Di que sí.
Quieta.
Te saldrán ampollas.
El torvisco es una planta venenosa. Puede matar a una persona.
- Pero entonces, si se lo damos a la vaca, la mataremos.
Le daremos lo justo.
Cuidado, que te doy. Cuidado.
¿Podremos sacarla adelante?
Debería hablar con la Garibalda,
a ver cuánto pide por el arrendamiento de esa tierra.
Pregunta a cualquiera del pueblo por sus condiciones,
las mías siempre serán peores.
Pues hay que escardar y binarla.
Varias veces. Y aun así no es seguro que aguante.
Esta tierra lleva mucho tiempo sin labor.
¿Qué aguantaría?
Berza, es lo más rápido.
Y nos vendría bien para producir forraje
para los animales.
¿Y las semillas?
Ladislao de Monte Coto conoce a uno en La Línea
que nos podría vender algo.
Yo tendría que ir para allá a comprar
mientras usted y los chicos seguís cavando la tierra.
¿Cuánto necesitarías?
20 reales.
Amparo.
Llévatelo.
Saca lo máximo que puedas por él.
¿Está segura, señora?
No pienso dejar que esa mala perra nos mate de hambre.
Amparo, ven a trabajar.
Hija, límpiate esa baba.
Llegó un hombre a Monte Coto buscando jóvenes para alistarse.
Pagarían 300 reales ahora, 2.000 cuando todo termine.
Dijo que después los voluntarios de ultramar
tendrían todos los meses 20 pesetas con 83 céntimos.
Y que las familias podrían cobrarlo aquí.
Teodoro lo está pensando.
Y dijo que la próxima vez que vuelva,
quien quiera alistarse, debería tener los papeles listos.
Ese dinero nos ayudaría a salir adelante.
- Te irías a la guerra. - Podría hacer algo más.
Fernando me ha estado enseñando mucho de plantas y tisanas.
No me pasaría nada.
Puedo cuidar de mí mismo.
Bueno, pues esto ya está.
Hay que dejar que seque
y luego lo mezclamos con algo para que se lo tome.
Te tienes que tomar todo lo que te demos para ponerte bueno.
¿Cuándo vas para Monte Coto?
Cuanto antes.
Madre dice que vayáis a la tierra.
Sí, tiene razón vuestra madre.
Dejamos esto aquí y vamos con ella, que hay mucho que hacer.
Baldo.
Las heces.
Vamos allá.
Estas ponlas allí, que ya están bien.
Fernando. ¿Qué?
¿Qué hacen aquí los de Monte Coto?
Indalecio, el marido de la Garibalda,
les contrató para construir un apeadero de tren aquí.
Pero cuando vio que todo lo que hacían
al poco tiempo se les hundía,
el marido de la Garibalda se cansó de perder dinero
y todo esto se fue viniendo abajo. ¿Y ellos se quedaron?
Solo los que no tenían un sitio donde ir
ni nadie que les esperara, supongo.
¿Por qué no bajan al pueblo?
Porque aquí no tienen que rendirle cuentas a la Garibalda.
Yo me habría ido hace tiempo.
El tren no parará aquí y Garibalda nunca les pagará los contratos.
Es que esos contratos, Baldo,
esos contratos es todo lo que tienen.
Ellos son los que ponen los contratos
y a eso se aferran.
¿Y nosotros?
¿Nosotros qué?
¿Nosotros qué somos?
Vamos.
Ya te dije que iba a venir.
Buenas.
Ladislao.
Me alegra saber que sigues bien.
Todo lo bien que se puede estar en el limbo.
Teodoro, tienes visita.
No te puedo decir que hayas sentido la muerte de tu padre,
él solo se buscó la ruina.
¿Qué necesitas, Fernando?
La vaca se nos muere.
Y he pensado que igual tú, Tuerto, sabes qué hacer.
Te dejo esto aquí.
Le echaré un vistazo.
Vas a necesitar otra gubia.
Braulio, ¿qué están haciendo?
Siguen con la tierra.
Unos la escardan mientras otros la llenan de agujeros.
Le he preguntado a tu hermano.
Madre, ¿por qué les ha dejado esa tierra?
Para que se deslomen trabajando en ella.
No les pierdas de vista, pero que no te vean.
No ha sido la puntería
lo que le ha faltado nunca a Atilana.
Pero si no nos ha rozado.
Eres idiota, hijo.
Madre, por favor, escúchame.
He dicho que te calles.
Y lárgate.
¿Qué se dice en el pueblo?
¿Con la muerte del Genaro?
Muchas cosas.
Guarda todo esto.
Vamos.
Acércate a la abacería y trae medio de pintas.
Pero si tenemos.
Siéntate.
¿Qué es lo que se anda comadreando?
En el pueblo se han dicho muchas cosas siempre.
No debes hacer caso de los embustes de esas alcahuetas,
que solo buscan hacernos daño.
Me aburres.
Anda y ve a ver lo que hace el idiota de tu hermano.
¿Y qué vas a hacer?
No puedo abandonarla en esta situación.
¿Y por qué la Atilana no hace como todo el mundo
y alquila la tierra?
La Garibalda no le dará esa opción.
Ella quiere verla doblegar.
Lleva años esperando esto.
Estás atado a esa mujer. Como tú a este sitio.
¡Eh! Oye.
- Niño, qué aburrido estás hoy. - Quiero una cerveza.
- Verás tú. - ¡Eh!
Fernando.
Qué bueno verte por aquí.
¿Qué tal, Chiri? ¿Y Atilana?
Ahí anda. Eso hablábamos.
Que la Garibalda se ha desatado con la muerte de Genaro
y ha sacado los demonios a pasear.
Antes no se atrevía porque le tenía miedo,
pero ahora tiene el campo libre.
Eso nunca tuvo trazas de que fuera a acabar bien.
¿De qué estará hecha para no reventar?
Atiborrada como está de botica. De veneno.
¿Qué vas a hacer con la tierra para darle vida?
Berza. Había pensado en visitar al chino de La Línea.
¿Qué te parece? Bien.
Dile que vas de mi parte y que no olvide
que le tengo presente en mis oraciones.
Así se lo diré.
Dame tu chaleco. Hay que remendarlo.
Bela y Atilana lo harán bien.
Pero cobran por adelantado.
5 céntimos la pieza.
Voy a buscar la de los otros,
a ver si logro que parezcáis humanos.
Se hace tarde, esta noche os quedáis aquí.
No se hable más. Juliano, tira.
Sacaremos un buen pellizco para la Atilana.
Anda que...
Esta noche he soñado que estábamos en Cuba, en el frente.
¿Te lo has pensado?
- Quiero ir contigo. ¿Dijo el hombre ese cuándo volvería?
- No dijo fecha. Pero ¿tú tienes papeles? Ven.
- Mi madre tendrá algo de... Del nacimiento, supongo.
Toma.
Cuando mi padre murió, me dejó esta carpeta llena de papeles.
Pero yo no los entiendo.
- Déjame ver. ¿Esta? - Esa.
¿Esto?
- Si tu padre sabía leer, ¿por qué no te enseñó?
- Decía que era corto de entendederas.
Y luego se murió.
De todas formas, así me imagino que pone lo que yo quiero.
Mira, cuando el hombre vuelva,
yo le puedo entregar los papeles de los dos.
También puedo firmarlos por ti. Supongo que valdrá con una X.
Te tengo que enseñar a leer.
- Sí. - Tu padre se equivocaba.
Un mal nacido. Como el mío.
¿Tú crees?
Lo sé.
- Se lo tiene que tomar unos buenos 10 días.
Haced que se lo trague. Bien.
Y si en cuatro o cinco no mejora, que me avisen y bajo a verla.
Baldo, vámonos.
¿Ya os marcháis? Sí.
Yo quiero salir cuanto antes para La Línea.
Llévate el jamelgo. Estará pastando por ahí.
A mi regreso te lo devuelvo.
Y gracias por todo.
Vamos, vamos.
¿Qué es esto?
Ropa de los de Monte Coto para remendar.
¿Y? Eso son cosas de la Chiri.
El pago lo consiguió por adelantado.
Cuando esté remendado, Baldo lo llevará de vuelta a Monte Coto.
No lo dude, señora.
Esas cuatro perras nos irán ayudando por el momento.
Los chicos tienen que comer.
Bela.
¿Estás bien?
Amanecí con las tripas revueltas.
¿Te preparo una tisana?
Con el agua ya está bien.
Sí, madre.
Más valdría quemarlas.
Venga.
Vamos.
¡So!
¡So!
Buenos días.
Busco a Genaro.
¿Para qué lo busca?
Vengo a cobrar lo que me debe.
No está. No está aquí y no sé cuándo volverá.
Yo no puedo pagarle.
Le esperaré.
Haga lo que quiera.
¿Es mucho lo que le debe?
Bastante.
Lo siento.
Sigue ahí.
Ve con tus hermanas.
No pasa nada.
Vamos.
Espera, Amparo.
Mira, tienes que estirar la tela para coger bien los puntos.
Así. ¿Ves?
Prueba tú ahora.
- Cuando sea más mayor, quiero estudiar Corte.
Igual en Zamora hay una escuela.
- Tina, tú vas a hacer lo que tú quieras.
Deja eso, anda.
Deja eso y recoge la ropa que queda.
Vosotras id donde la Herminia,
necesitamos harina de algarroba y tocino.
¿Y la ropa? Idos ya.
No me repliques.
Ya termino yo.
Falta también maíz para la vaca.
(Risas)
(Bullicio)
¡Eh!
- Sigue andando y no lo mires. - ¡Eh!
(CHISTA)
Esto también.
Buenas tardes.
Queríamos harina de algarroba y 100 de tocino.
Demetrio.
¿Quieres dejar de hacer el gilipollas?
- Aquí ya no fiamos. Díselo a tu madre.
- ¡Que me dejes en paz! ¡Me cago en Dios!
Y un poco de maíz también.
Algarroba no nos queda.
Tengo un poco de tocino, pero está algo rancio.
Si lo queréis...
Siempre se lo podéis dar al marrano.
¿Y el maíz?
Tampoco nos queda.
¡Que me dejes en paz!
- ¡Basta! - ¡Que te pudras! Te detesto.
¡Te odio!
Aquí tienes lo tuyo.
Y dos botellas de vino.
Gracias.
Me llevaré también harina de algarroba, maíz y tocino.
Eso va a la cuenta de Herminia.
Baldo, mañana les llevas la ropa terminada.
Y mira a ver si ellos te pueden vender algo.
Sí, madre.
No vamos a darle el gusto de desfallecer
a esa desgraciada. Madre.
¿Nos odia tanto... (BELA DA UN GOLPE BAJO LA MESA)
por lo del hijo mayor?
Esas son cosas de antaño que a ti no te importan.
Tú lo que tienes que hacer
es no acercarte a ella ni a su ralea.
Recoge ya. Llévale las sobras a las gallinas
y mira a ver si la vaca se ha tomado el remedio.
Parece que tiene mejor cara.
¿Estás bien?
Es cansancio.
Idos a la cama ya, que es tarde.
Tú también, Bela. Ya me encargo yo.
Vete a la cama.
¿Estás mejor?
¿Le has preguntado algo a madre sobre lo de cambiar de alcoba?
- Mañana sin falta. Ahora descansa.
Bela,
los documentos de nacimiento, ¿dónde los guarda madre?
¿Son para llevarlos a Monte Coto?
Supongo que en su armario.
Baldo.
Descansa, hermano.
Tienes que aguantar.
Tienes que aguantar.
No era más que una broma.
Díselo, Braulio.
Deja a tu hermano en paz.
Más te valdría aprender algo de él.
Anda, dile lo que el pueblo dice mientras que él duerme la mona.
Dile lo que me has dicho antes.
Que la Garibalda ya no puede sujetar a sus hijos.
Óyeme bien, de mí no han tenido que decir nunca nada,
ni para bien ni para mal.
Y ahora todo el pueblo anda esquinando
que si la Garibalda para arriba, que si la Garibalda para abajo.
Toda mi vida he trabajado como una mula por vosotros,
os he dado todo lo que tenía.
Y me lo pagáis así.
No os ha faltado nunca de nada,
habéis vivido a cuerpo de rey sin mover un dedo.
Todo lo que hemos hecho en esta vida ha sido cuidar de ti.
Demetrio.
- Y tú solo nos has dado desprecio. - Demetrio, calla.
Madre.
¡Madre!
¡Madre! ¡Madre!
No te voy a permitir que tires mi nombre por el suelo,
porque antes te arranco la cabeza.
Estás podrida.
Avisa al padre Agustín.
Necesito confesión.
Este no es el único sitio donde trabajar,
- hay otras tierras. - Aquí ya no hacemos nada.
- ¿Tú no te ibas a ir a Cuba, soldadito?
Aún tenemos que firmar.
Buenos días.
Buenas. Baldo.
Os traigo la ropa.
El resto ya lo iré trayendo.
¿Ha empezado a comer ya la vaca?
- Entre madre y Tina están ahí, haciendo que se tome la botica.
Pero necesitaría maíz.
Igual vosotros nos podríais vender algo.
Traigo dinero.
Maíz no hay, pero algo encontraremos.
Y para nosotros, cualquier cosa está bien.
Estaríamos agradecidos.
Que te ayude Teodoro a repartir la ropa.
Deberíamos hablar.
Llevo días escuchando a los hombres hablar
y creo que deberíamos hacer algo.
Nos volverán a necesitar.
¿Quién, Ladi? La Garibalda no va a liquidar esos contratos.
¿Y qué puedo hacer yo? Dímelo tú, que todo lo sabes.
Si ayudamos a Atilana, quizá podamos beneficiarnos.
La ayudamos. ¿Qué más quieres?
Si la ayudamos a salir adelante, quizá podamos regresar.
¿Adónde?
A la vida.
Yo estoy cansada de todo esto.
Aquí ya no queda nada.
Vete con Atilana, nadie te ata aquí.
Baldo.
- ¿Qué es? - Algo de tocino y poco más.
Baldo.
Estoy bien.
- Huele rico, aunque no sea más que achicoria.
Bela, acércame los pocillos.
Parece que las tierras están ya casi listas.
Ha sido un trabajo duro.
Casi sin... Sin abono.
Pero estarán listas para cuando lleguen las lluvias
y Fernando con las semillas.
Pues enseguida nos ponemos a ello.
Vamos, terminad y enseñadme cómo hacerlo.
Chiri, quiero hablar contigo.
Vosotros seguid trabajando.
Vamos.
Amparo, tú también.
Ándate, enseguida te alcanzo.
No te quiero aquí.
He venido a ayudarte.
No sé cómo todavía. Ya lo veremos.
Pero tú sola no vas a poder hacerlo.
No lo hago por ti, Atilana,
lo hago por todos nosotros.
Cuando las tierras vuelvan a los suyos,
la vida regresará.
Este maldito pueblo no se merece a alguien como la Garibalda
y tú eres la única
que legítimamente puede enfrentarse a ella.
Deberías pensarlo.
Y también en Bela, que no entiendo qué estás haciendo con ella.
A ver si entiendes esto, Chiri.
Lo que yo haga en mi casa y con mis hijos no es asunto tuyo.
Te persiguen los demonios, Atilana.
Ya estamos todas condenadas. No te preocupes por ellos.
(Tormenta)
(RESPIRA ACELERADA)
Bela.
Bela.
Estabas soñando, mi niña.
Soy yo, la Chiri, que estoy aquí. Estoy contigo.
(VOMITA)
Ya está.
Venga, ya, ya.
Se pasará, mi niña.
Todo se va a arreglar.
Júrame que no dirás nada.
Tienes que ayudarme, Chiri. Nadie debe saber nada.
No puedes pedirme eso, Bela.
Estás muy enferma, tengo que avisar a tu madre.
No. Espera.
Escúchame.
Piensa lo que pasaría en el pueblo si se enteran de todo esto.
La Garibalda haría buen uso de ello para hundir más si cabe a mi madre.
Entonces, nada cambiaría.
Y tú has venido aquí porque a ti también te interesa ese cambio.
Necesitas a mi madre limpia de habladurías.
Y yo te necesito a ti
para que me acompañes hasta que me vaya.
Lo que está hecho, nadie puede cambiarlo ya.
Esta cadena que mi madre trae con ella
va a continuar.
Pero no conmigo o a través de mi hijo.
Es todo lo que puedo hacer por los míos.
Estoy cansada.
Y ya no tengo miedo.
He pagado por una culpa sin saber si era mía o no.
Chiri,
nadie debe saber nada del bebé.
Y cuida de Baldo,
solo es otro niño herido.
- En la tierra de la que yo vengo todo es azul.
Como el mar.
Y verde.
Como la montaña.
El mar es como los campos de trigo y cebada.
Así se mueven las olas con el viento,
solo que estas tiene encajes blancos
que se deshacen en tu piel.
¡So, so!
¿Qué pasa, Baldo? Tenemos que plantar trigo.
A Bela... A Bela le gustaba. El trigo hay que plantarlo.
Decía que eran las manos doradas del viento.
Decía que la muerte era el único lugar
donde padre no podría entrar.
Ella se refugiaba ahí, en su mente.
Pero padre ya no está,
ya no puede hacerle daño.
Por eso se lo dije,
lo de la guerra.
Por eso se lo dije.
No la habría dejado sola.
(LLORA) A Bela no la habría dejado sola.
¿De qué estás hablando, Baldo?
No la dejaba sola.
Bela.
Bela.
Bela.
¿Tú lo sabías, Atilana?
¿Lo sabías? Contesta.
Dime si sabías lo que estaba pasando.
Parece dormida, ¿verdad?
Bela.
Bela.
Isabel.
Isabel.
Isabel, obedéceme.
Para.
¡Obedéceme! Se ha ido.
Está muerta. ¡Isabel!
¡Atilana! ¡Isabel!
¡Está muerta!
Yo no le he dado permiso para que se vaya.
¿Qué estás diciendo, señora? Déjala en paz.
Él tiene razón.
Es hora de que te recompongas, Atilana.
Vamos. Lo haremos juntos. Vamos.
Vamos.
(Gritos)
¡Madre! ¡Oh!
(Lamentos)
¡Venid, por favor!
Ven conmigo, Baldo.
Vamos.
¡Dámelo! ¡No le toques!
¡Dámelo! ¡Suéltame!
¡Suéltame, Genaro!
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