Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
A los 12 años, yo ya había visto más cadáveres que la mayoría de forenses.
Mi familia no daba fiestas.
No comíamos en restaurantes.
Hacíamos vida social en los funerales.
Es muy triste, Alice, pero no me extraña.
Con todo lo que fumaba...
Y todo el humo que respiraba de lo que fumas tú tampoco ha ayudado.
Pero aun así no es culpa tuya, cielo.
Venga, venga.
Desahógate. Eso es.
Era un gran tipo. Siempre se van los mejores.
Había estado en más funerales que cumpleaños,
y eso me había hecho apreciar la compañía que traía la muerte.
Pide por mí cuando estés allí abajo.
Solo había alguien a quien le gustasen los funerales tanto como a mí:
mi abuelo.
Dios santo, qué cadáver más feo.
Al pavo que ponen en las cestas de Navidad lo rellenan mejor.
Yo no me pondría ese traje ni muerto.
Te acompaño en el sentimiento.
Lo han dejado muy bien.
Tenía 90 años y, aun así, se fue demasiado pronto.
Parece que esté vivo.
Y has elegido un traje precioso.
Tranquila.
No sé si ha venido a dar el pésame o a unirse a la pila de cadáveres.
Anda, ya está aquí el miembro honorífico, a ver si consigue algún voto.
Qué poco tacto. Ni siquiera se ha enfriado el cadáver.
En cambio, la sopa sí.
Qué sorpresa.
Ahora vuelvo.
-¿Te lo vas a comer? -No.
¿En serio?
¿Presentando tus respetos?
Vaya, pues has venido a la funeraria adecuada.
El señor Anderson es el mejor. De lejos.
Yo he venido por mi tío abuelo.
Muerte natural. Sin hijos.
Tuvo una buena vida.
No hay por qué llorar.
No da miedo.
Es como un cumpleaños, pero al revés.
Bueno, y no hay regalos. Solo flores.
Y también tarjetas.
Cuando me toque a mí, quiero que en mi obituario ponga:
"Vaya, vaya, mira quién se ha muerto".
Y que haya flamencos de plástico en mi tumba. No sé...
Nunca he visto un muerto.
Su primer cadáver.
La suerte me había sonreído.
Yo no jugaba al hockey, ni sabía bailar,
pero había algo en lo que sí era experto: el funcionamiento de una funeraria.
Permíteme.
Aquello se parecía más a una fiesta que a un velatorio.
Con los muertos no tenía problemas.
Eran los vivos quienes me daban miedo.
No te preocupes.
Vengo a uno cada semanas.
Era la primera vez que veía el cadáver de un joven.
¿Una chaqueta vaquera?
No sabía que la funeraria celebrase viernes informales.
Y era el modelo de ataúd básico siete, de madera contrachapada sin grabados
y acolchado blanco, que es el que se elige por defecto.
Para eso, podrían meterlo en una bolsa de plástico
y tirarlo en el puerto.
Bueno, ¿a quién tenemos aquí?
A mi tío Derby.
Se fue cuando yo era pequeña.
¿Ha sido muerte natural o...?
Lo apuñalaron en la cárcel.
-Todo el mundo va a decir que... -"Falleció de forma repentina".
Es lo que pondrán en el periódico.
Tranquila.
No se enterará nadie.
¡Levántate, Derby!
No puedes dejar que una cuantas puñaladas acaben contigo.
Se ha ido, tío. Suéltalo.
¡Suéltame tú a mí!
¿Qué pintas tú aquí? Ni siquiera te caía bien Derby.
Pero ¿qué dices?
¿Nos vamos de aquí?
Conozco un sitio tranquilo donde podemos sentarnos a comer.
¡Chicos!
La mujer de ahí. ¿Cuánto le queda y de qué morirá?
Fácil. 12 años como mucho. De un infarto.
Vale.
El tipo aquel de la cara larga que está mirando las tarjetas.
Su madre vivió hasta los 92 años.
Pero él fuma como un carretero.
Yo le doy seis años.
Vale, señorita. Te toca.
Dime, ¿esa mujer de ahí que está arrodillada junto al ataúd?
Dos años. Atropellada por un camión.
Se le da bien. Me gusta cómo piensa.
Venga, que nos lleva Alice.
En el coche de una viuda siempre hay hueco.
Vamos a comprarnos un coche nuevo.
Gracias por ser tan amable.
Voy a buscar a mi madre.
Había llegado el día. Mi primer beso.
Y había sucedido en una funeraria.
Para muchos sería raro, pero para mí no.
Era tan natural como si hubiera pasado en una fiesta de cumpleaños.
Y ¿por qué no?
En ambos eventos servían sándwiches hechos por exmilitares.
Las cosas están cambiando.
Al día siguiente, no estaba en clase.
Quería preguntar por ella, pero no sabía su nombre.
¡Atención, niños!
Al señor Chafe le preocupa que haya lagunas en vuestra educación.
-No pretendía... -No, no.
Usted quiere que se enseñe y así será. Lo enseñará usted.
Adelante.
SALUD Reproductiva
¡Chicos!
Adelante, señor Chafe.
Creo que yo también voy a aprender cosas hoy.
Ya no sois unos niños,
y vuestros cuerpos están empezando a cambiar.
Los chicos tendrán que empezar a ponerse desodorante,
y las chicas van a empezar a ponerse... Ya sabéis.
Llega un momento en la vida... ¿Sí, Fox?
¿Está hablando de sexo?
-Sí. -No.
Se lo dije. Si les hablamos de reproducción,
acabaremos teniendo una conversación sobre sexo.
Sí, hermana...
Yo ya sabía todo lo que había que saber sobre las abejas y las flores.
Estaba enamorado.
Pues entonces quizá debería...
¿Cómo se llama?
¿Cómo se llama?
¿Tienes ganas de hablar?
¿Por qué no nos dices las partes del sistema reproductor?
¿Ve?
Estos niños son muy jóvenes para hablarles de esas cosas.
Útero, trompas de Falopio, ovarios...
Pero tú no tienes nada de eso, Ritchie. Tú solo tienes un pajarito.
Mire lo que ha conseguido.
Usted fue la que preguntó qué era el pajarito, hermana.
Una pregunta muy inapropiada, la verdad.
Hablaremos en su despacho después de clase.
Sacad las biblias.
SE VENDE
Hola, vecina. Qué sorpresa.
¿Necesitas azúcar o no te hace falta por lo dulce que eres?
No, pero necesito un coche. Estoy harta de depender de la gente.
¿Por cuánto lo vendes?
¿Y si me haces un descuento?
No, Mary, este coche no te conviene.
La emisora me ha pedido que me deshaga de él.
Los amortiguadores no funcionan y las pastillas de freno están gastadas.
Además, Mike me mataría.
Mike no es quien lo va a comprar.
O me dejas probarlo ahora mismo,
o voy a la emisora y le digo al señor Butler
que te niegas a venderme esta chatarra por machismo.
-No has comido nada. -No tengo hambre.
Estás coladito por Fox.
¿Estás loco?
¿Por qué dices eso?
Alguien te tiene que gustar.
Estás tristísimo, y ella es la única chica que nos habla.
Vale, pero prométeme que no dirás nada.
-Me gusta "como se llame". -¿Quién?
La chica que no ha venido a clase.
¿Te gusta pero no sabes cómo se llama?
Bueno...
¿Entonces puedo pedirle una cita a Fox?
¿Estás loco?
No puedes invitar a salir a Fox.
Así que sí te gusta.
No puedes quedártelas a todas. A "como se llame" y a Fox.
Mira al par de nenazas.
Los temidos hermanos Fox.
Las únicas cosas que no tenían en común
eran su edad y sus madres.
¡Qué asco! Comida japonesa.
Ya os lo he dicho: soy filipino.
¿Cómo dices? No hablo chino.
Lo mucho que le costaba a los Fox meterse con Ritchie
era un reflejo de las carencias del currículum de Geografía del colegio.
¿Quieres que te devuelva tu sándwich, empollón?
Me da igual.
Pues no te lo voy a dar.
Vale.
He oído que te gusta mi hermana.
¿Quién te ha dicho eso?
El señor Miyagi lo acaba de decir.
El señor Miyagi es japonés.
-Cállate, Tapón. -Y ese, vietnamita.
Intenta algo con mi hermana y te corto los huevos,
se los doy a tu novio y le digo que son bolitas de pollo.
Son chinas.
Además, no le gusta tu hermana.
Ya me ha dicho que le gusta otra chica.
¿Te puedes callar?
¿Has oído?
Al pardillo este ya no le gustas.
¡Vaya chasco!
Oye, ¿de qué vais? ¿Qué hacéis?
¿Qué? Nos los he quitado de encima.
Más a la derecha, Mary.
¡No tanto! A la izquierda.
Decídete de una puñetera vez.
Conducir es como colorear. No te puedes salir de la raya.
Aquí hay demasiados botones.
Tienes el carné, ¿no?
No seas tonto. ¡Pues claro!
Lo uso para identificarme en el banco.
¡Hazte a un lado!
¡Santo Dios!
¿Cómo se apaga la puñetera sirena? Me está distrayendo.
No es la nuestra. Es la policía.
Este volante no gira bien.
Me vas a tener que hacer precio.
Por Dios, ¿quién puede ser a estas horas?
Son las ocho de la noche.
¡Mary, el teléfono!
¡Mike, el teléfono!
En nuestra casa, todo el mundo escuchaba tus conversaciones,
quisieran o no.
Pero sí que querían.
Que alguien lo coja.
¿Diga?
Mi madre siempre contestaba al teléfono con tonito de señora británica.
Un momento, por favor.
Madre mía, una chica. ¡Y es para Mark!
-¿Para Mark? -¿Cómo?
Por Dios, ¿y qué quiere?
Buenas tardes. ¿De parte de quién?
La fresca esta dice que se llama Tina.
¡Tina! Ya sabía su nombre.
Por fin tenía la pieza que faltaba en el puzle de mi corazón preadolescente.
¿Me pasas el teléfono?
¿Diga?
Hola. Soy yo, Tina.
-Hola, Tina. -¿Tina?
¿Tina qué más? ¿Quién es?
Tina, la de la funeraria.
Tina Reardon.
A su tío lo apuñalaron en la cárcel. El velatorio estaba lleno de delincuentes.
Pregúntale si puedo entrevistar a su madre por el asesinato.
¿Cómo estás?
Bien.
-Vale. -Es una mala influencia, Mark.
Acabarás apuñalado.
No me ha costado encontrar tu número.
Sois los únicos Critch de Kenmount Road.
Y la única casa.
Vale.
Me lo pasé muy bien en la funeraria.
¿Te apetece
que quedemos algún día?
Vale.
Vaya labia tiene el chiquillo.
¿Quedamos en el parque mañana
a las dos? Te espero en los columpios.
-Vale. -Dile que es muy guapa.
Pregúntale cuántas veces apuñalaron a su tío.
Quería decirle que nunca en mi vida me había sentido tan vivo,
y que siempre recordaría la amarga felicidad de aquel velatorio.
Tina.
Yo...
Yo...
¡No!
¡No tengo su número!
Vaya, la has cagado pero bien.
Me voy a mi cuarto.
Y, por favor, ¡dejadme solo!
El mejor sitio para un adolescente con el corazón roto era su cama.
Un santuario privado en el que...
Tú, como si no estuviera. Sé que quieres estar solo.
Voy a estar callado como un muerto.
Cómo me duelen los pies.
Buenas noches.
Ay, madre.
Ya no puedo fumar tumbado.
Me estaré haciendo viejo.
¿Te puedo dar un consejo?
No intentes nada en la primera cita.
A las mujeres les gusta que las cortejen.
Un caballero se reserva esas cosas para la segunda cita.
En nuestra tercera cita,
tu abuela me dijo que estaba embarazada.
Buenas noches.
Tenía una cita.
Bueno, si conseguía llegar al sitio.
¿Por qué vas tan arreglado?
Tienes una cita.
-¿Puedo ir? -No.
¿Dónde está el Parque Victoria? ¿Se llega por la línea dos?
No, tienes que coger la línea tres y hacer transbordo en Parade Street.
-¿Y dónde está eso? -¿Seguro que no quieres que vaya?
Vale, pero solo si prometes no seguirnos ni hacer nada raro.
Lo prometo. Solo os miraré desde los arbustos.
Sin cosas raras.
Bueno, vale.
Dos con transbordo, por favor.
Hola, capullos.
-Hola, Fox. Tenemos una cita. -¿Qué?
No juntos. Con una chica.
Cállate, cállate, cállate.
Bueno, él ha quedado con una chica. Yo no.
Tú eres una chica. ¿Te apetece una cita doble?
-¿Qué chica? -No sabe cómo se llama.
Vale ya. Sí que lo sé.
No es nada.
Oiga, conductor. Yo también voy a hacer transbordo.
-Hola. -Hola.
En fin... ¿Vienes mucho por aquí?
Sus manos eran tan suaves como el papel higiénico caro del súper.
Eran casi tan suaves como las mías.
¡Duele! ¡Duele!
¡Te llamaré!
Me tengo que ir.
Mi segundo beso.
A este paso, estaría casado antes de los 13 años.
Bien hecho.
-¿Quieres tirarte por el columpio? -¡Te echo una carrera!
Por Dios, ¿quién llama a estas horas?
Son las siete y media de la noche.
Ya lo cojo yo.
-¿Diga? -Hola.
Es Tina, la fresca.
Me lo he pasado genial. He...
Quiero dejarlo.
¿Cómo? ¿Por qué?
No lo sé, porque eres muy parado.
¿Parado?
-¿Qué significa "parado"? -Que eres un estrecho, hijo.
Esto es culpa mía.
Háblale de la segunda cita.
¿Parado?
La hermana Rose tenía razón. Éramos demasiado jóvenes para esto.
¿Por qué no...?
Espera.
¡Déjame en paz!
Menuda fresca está hecha.
Más le vale no volver a llamar.
Su padre nunca está en casa.
He hablado con Joan en el súper
-y me ha contado que... -Ahora no.
Ya voy yo.
Te he traído una sorpresa.
De jamón y queso.
Está bueno.
¡Cuenta! ¿Cómo ha ido la cita?
Supongo que aún no estoy preparado.
No te preocupes.
Lo estarás.
Yo siempre digo que las mujeres te van gustando más con el tiempo.
¿Como los sándwiches rancios de los funerales?
¡Dios, no! No.
Me gustaría decirte que no pasa nada y que te vas a olvidar de ella,
pero la verdad es
que la primera nunca se olvida.
Ni la última.
Las que hay de por medio son las que no importan tanto.
Tú intenta que haya muchas entre la primera y la última.
Ahí, sentado en la cama y zampándome un sándwich de la funeraria con mi abuelo,
aprendí dos cosas:
la primera, que en el amor no valen las prisas,
y la segunda, que el mal de amores no es nada comparado con el ardor de estómago.
-Buenas noches. -Buenas noches, abuelo.
¡Joder!
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.