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Original subtitles

¿Quieres algo de cenar?

Nada, amor, gracias.

¿Amor?

¿José?

¿Eres tú?

¿Federico?

¿Mamá?

¡Mamá!

¡Mamá!

¿Qué le hiciste a mi papá?

De la muerte eterna, líbranos, Señor.

De todo mal, líbranos, Señor.

De todo pecado, líbranos, Señor.

De la muerte eterna, líbranos, Señor.

De todo mal, líbranos, Señor.

¡No!

De las incidencias del Diablo, líbranos, Señor.

De la muerte eterna, líbranos, Señor.

-¿Qué hacen aquí? - ¿Qué están haciendo ustedes?

-¡No! - ¿Qué están haciendo?

¿Qué están haciendo?

¡Ayuda!

-¡Ayuda! - ¿Qué hacen con la niña?

-¡Ayuda! - ¡Suéltame!

¡Suéltame!

¡Fuera! Ya escuchaste.

¡Fuera! ¡Váyanse!

-¡Suelta a la niña! - ¡Afuera!

¡Suelta a la niña, por favor!

La niña se viene con nosotros.

Ilumínala, Señor.

Muévete.

Acompáñame.

No es.

Quintana. No es.

Son dos cuerpos diferentes.

Aparentemente de niños, y ya llevan muchos años ahí.

¿Hay algún reporte de extravío por aquí?

No.

No que yo me acuerde.

Dos niños en un campamento de curas.

¡Desgraciados!

Perdón.

Sí, diga.

¿Estás bien?

- Adriana. - Sí.

- ¿Te hicieron daño? - No.

- ¿Seguro? - ¿Qué le hacían a esa niña?

- ¿Un rito satánico? - No.

Todo lo contrario.

Es un ritual romano.

Y no era a la niña, era a la mujer.

- ¿Qué? - Vamos, por favor.

¿Qué es eso?

No lo puedo creer.

¿Qué?

- No lo puedo creer. - ¿Qué no puede creer?

- Es parte de la tradición. - ¿Con una niña?

Nuestra tradición es la comunión.

Es la confirmación, no es un exorcismo.

Eso no es nuestra tradición. Eso es una vergüenza.

¿Expulsar demonios es una vergüenza, padre?

No me diga que usted también cree eso.

Justamente usted que es médico.

¿Y usted no cree en el Diablo?

- Justamente usted que es cura. - No soy el único.

Algunos dejaron atrás el siglo XVIII.

Entonces, me quedé atrapado en la Edad Media.

El diablo es una metáfora.

Como la "manzana", el "arca", el diablo somos nosotros.

Ahora me educará el profesor que se hizo en la calle.

¿Sabe lo que es el diablo?

El diablo es ese viejo enfermo aprovechándose de esa loca.

- Ese es el diablo. - ¡Padres, basta! ¡Carajo!

¡Por el amor de Dios!

¿Están locos o qué?

El demonio hizo un gran trabajo con usted,

haciéndole pensar que no existe.

¿Pero qué dice?

Todos estos días durmiendo con Baudelaire

- y yo sin darme cuenta. - ¿Qué dice? Por favor.

Si el diablo existiera,

no andaría por ahí, haciendo posesiones.

¡Basta de sus tonterías!

Allá afuera hay mujeres que nos necesitan,

y ustedes dos debatiendo sus ideas.

Dejen sus clases para otro momento.

Necesitamos salir de aquí.

¿Cómo, doctora? ¿Alguna idea?

Son unos malnacidos.

Son unos malnacidos.

¡Malnacidos!

¿Qué pasa?

¿Qué pasa? ¿Qué está pasando?

Necesito que me acompañen.

Tiene que ver esto con sus propios ojos.

Acompáñenme por acá.

¡Espérenme un segundo, deténganse, por favor!

Allá abajo hay una niña.

- ¡Padre, espere! - ¡Benavent nos amenazó!

Qué...

Deténgase, por favor.

Estaban aquí.

Padres,

acompáñenme, por favor.

No se los vuelvo a pedir. ¡Acompáñenme!

- Le juro que estaban aquí. - ¡Acompáñenme!

Vamos.

¿Usted sabía esto? ¿Lo que está haciendo Benavent?

Benavent hace lo que tiene que hacer

y eso no asunto de ustedes.

¿Estás trabajando para ellos?

¿Qué le hicieron a Rafael?

Adriana, ya basta.

Ni Benavent, ni Prado, ni yo le hicimos nada.

¿Cuántas veces te lo tengo que decir?

¿Por qué no puedes confiar en mí?

Eres un desgraciado.

No tienes idea de lo que está pasando aquí.

Ustedes tampoco.

No podemos darnos el lujo de perder a Benavent.

Mucho menos ahora que no está Quintana.

¿Quintana era parte de esto?

Federico, lamentamos mucho tu pérdida.

Soy Eufemio Benavent.

Él es mi asistente, Guillermo Prado.

Lo siento mucho.

Ambos lo sentimos.

Antes de que todo esto pasara, ¿viste algo raro?

¿Algo que tus papás hicieran?

¿Que se juntaran con gente extraña?

¿Ellos rezaban?

¿Eran buenos católicos?

¿Te bautizaron?

Sí.

Permiso.

Tu mamá es una buena mujer que te quiere mucho,

a ti y a tu papá.

Esto no debió haber ocurrido.

Pero en este pueblo ocurren muchas cosas.

No te preocupes.

Ahora estás con nosotros.

Y te vamos a proteger.

Confía en nosotros, te protegeremos.

Ve al hospital, Adriana. Por favor, te necesitan.

No voy a ningún lado, ¿les diste el video?

Rafael es tu amigo, ¿y les diste el video?

- Cállate. ¡Diablos, Adriana! - Tranquilo.

No tienes idea de lo que estás hablando.

Ve al maldito hospital y espera ahí.

Usted va a venir conmigo, y usted, con mis oficiales.

Sí, ¿dónde voy?

¡Espósenlo y métanlo a la patrulla!

- ¿Adónde me llevan? - ¡Llévenselo!

Vamos a hacer esto por la buenas.

Adriana, ve al hospital.

Prado está en crisis.

Lo encontraron fuera de su cama, está muy débil.

¿Qué hace con ella?

No lo dejes morir, lo necesitamos.

Está bien.

- Explíqueme qué está pasando. - Sí, ahora le vamos a explicar.

Yo no voy a ningún lado hasta que no me explique.

Sí, le voy a explicar. Escúcheme. Venga para acá.

- ¿Dónde vamos? - Vamos en mi camioneta.

¿Dónde me llevan?

¿Ustedes saben que los vieron cuando me sacaron del hospicio?

Por favor, suéltenme.

Voy a ser generoso con ustedes.

Y voy a hablar bien, de verdad.

Por favor.

Tlatelolco está llevando

los cuerpos de los niños del campamento

"Fue antes de Cristo",

nos quedamos a cuidar el perímetro.

¿Dónde estamos?

¿Qué hace?

Deme el teléfono. ¿Ahora también roban teléfonos?

Súbanlo al helicóptero.

¿Qué dice? Por favor. Deme el teléfono.

Avisen por radio al Capitán que estamos listos.

Sí, señor.

Fuera tú, fuera yo,

fuera todos.

Fuera tú, fuera yo, fuera todos.

¿De nuevo, doctora?

Lo declaro a las 8:36 de la mañana.

Anotado.

¡Doctora!

Llévalo a Patología, por favor.

Luego firmo eso.

Pídele a Muñoz que revise

que no haya nada raro en las vías respiratorias.

Sí, doctora.

¿Otra vez usted?

¿Me puede explicar qué está pasando?

¿Dónde está mi compañero?

¡No pueden hacernos daño! Somos sacerdotes también.

Por favor, padre.

¿Quiénes cree que somos?

Sus sicarios nos acaban de poner una pistola en la cabeza,

¡por el amor de Dios!

A su compañero lo acaban de llamar a Roma.

Y a usted...

le pido una disculpa por todo este mal entendido.

Deberíamos haberle dicho antes que lo estábamos esperando.

¿Quiénes?

¿Quiénes me están esperando?

Nosotros, padre.

Por la grosería de su compañero, me aturdí un poco,

y no vi que usted es la respuesta a mis plegarias.

A las de todo el pueblo, en realidad.

No lo sigo, explíqueme de qué habla, por favor.

Estaba rezando por el alma del padre Prado.

Me acaban de llamar para avisarme.

¿Qué pasó?

Perdimos a un gran hombre, padre.

Dios se olvidó por completo de este pueblo.

Estamos desamparados.

Perdimos a Quintana, perdimos al Padre Prado,

pero, afortunadamente, lo tenemos a usted.

Con usted vamos a dar de nuevo la pelea.

Usted es de los nuestros, padre.

¿Metzi?

Tenemos claro el destino.

¿Qué diablos hace? ¡Devuélvamela!

¡Aterriza el helicóptero!

Padre, no se haga el pistolero.

¡Aterriza el helicóptero!

No vas a disparar.

¡Aterrízalo!

No tienes las agallas.

¿Piensa que porque soy cura no voy a disparar?

¡Tú no sabes las agallas que tenemos en España!

¡Aterriza el helicóptero!

¡Bajamos!

¡Bájate del coche! ¡Bájate!

¡Baja! ¡Vamos!

¡Vaya para el coche!

¡Vaya para el coche!

- ¡Estás muerto! - ¡Vamos!

¡Vaya para el coche!

Me tienes harto con tus órdenes.

Que haga esto, que haga lo otro.

¡Abre el coche!

¿Tienes idea de lo que estás haciendo?

¡Abre el coche, enciende el motor y bájate!

¡Vamos!

¡Vamos!

¡Los pies déjalos afuera! ¡Déjalos afuera!

¡Vamos!

¡Enciende el coche!

¡Bájate!

¡Bájate!

¿Qué crees que va a pasar ahora?

- ¡Bájate! ¡Ve para atrás! - ¿Adónde vas a ir?

¿Badi?

Metzi.

Badi.

- Mi niño. - ¡Badi!

¿Qué haces aquí?

Te estuve buscando estos días.

Y yo te estuve esperando durante años, mi niño.

Y mira ahora, eres un hombre.

Un hombre santo.

¿Cómo me encontraste?

No, tú me encontraste a mí.

Aquí vivo.

Metzi...

eras tan sensible desde chiquito.

¿Ya te diste cuenta de lo que pasa aquí?

Tanta gente enferma para un pueblo tan chico.

Tanta muerte.

¡Tanta muerte, Metzi!

Disculpen.

Estos son los casos del padre Antequera.

Beatificaciones, canonizaciones, reliquias y mártires.

¡Qué barbaridad!

¿Cómo es posible que un hombre tan hacendoso,

haya terminado así?

Eso es pecado.

Pudo haber llegado muy lejos.

Pudo haber sido secretario de Estado.

Y ahora, ¿cómo va a terminar? ¿Como curita en un pueblo?

¿En Burundi?

¿En Camboya?

- Hermana. - ¿Sí?

Usted también.

¿Yo también, qué?

Usted forma parte del activo del padre Antequera

que ahora es mío. Ahora trabaja para mí.

- Pero... - No.

En la Iglesia, los peros solo son entre hombres.

Lo siento mucho.

¿Me permite?

¿Más relajado?

Me encantaría, pero la mosca no se quiere ir.

¿Antequera?

Pero, ¿no iba a venir aquí?

Lo subimos a un helicóptero para llevarlo al aeropuerto

y logró escaparse.

Encuéntrenlo y hagan lo que tienen que hacer.

No lo imaginaba tan pragmático.

¿Y cuál es la alternativa?

¿Perder una lucha de miles de años en silencio

porque un curita no quiere aceptar una orden?

Por favor, haga lo que tiene que hacer.

- ¿Sí? - Disculpe, Excelencia.

Olvidé mi móvil.

Con permiso. Buenas tardes.

Buenas tardes.

¿Perder una lucha de miles de años en silencio

porque un curita no quiere aceptar una orden?

Por favor...

¿Hola?

Hijo, ¿dónde estás?

De camino a casa.

Ven para el hospital, necesito verte.

Estoy cansado, me quiero ir a casa.

Por favor, ven al hospital.

San Acacio

fue uno de los tribunales más grandes

durante la Inquisición.

Tanta tortura, tanta pena, tanto dolor.

Parece que formaron una cárcel aquí.

Donde parece que el diablo se siente atrapado,

porque anda haciendo y deshaciendo a su gusto.

Intentamos de todo, padre,

pero siempre ganaba él.

Lo que le funcionaba a mis colegas en otras partes,

aquí no sirve.

¿Qué colegas?

Exorcistas.

Cuentan que el demonio les habla.

Se presenta.

Hasta les dice cuándo va a abandonar el cuerpo.

Pero aquí no ocurre nada de eso, padre.

Probamos muchos ritos...

y llegamos a los niños.

El demonio se aprovecha de nuestras debilidades,

pero a los niños,

no puede usarlos

porque no tienen impurezas, no tienen maldad,

no tienen dudas.

Y son más poderosos que cualquiera.

Tal vez, esto suene un poco superficial,

pero no sabía que eras católica, Badi.

No soy.

Ustedes le llaman diablo,

yo lo conozco como Situ.

De todas maneras, no importa el nombre.

No es un monstruo

con barbitas puntiagudas y cuernos.

Es una forma de inteligencia, pero sin voluntad.

Es como un virus.

El virus no te quiere hacer daño,

el virus hace lo que tiene que hacer,

porque esa es su naturaleza.

Destruir.

¿Hijo?

¿Qué pasó, mamá? Iba de camino a casa.

Mira esos ojos, ¿hace cuánto que no duermes?

Duermo más que tú.

- ¿Te estuviste metiendo algo? - Ya basta con eso. En serio.

Tal vez, necesitas volver a ver a alguien.

¡No puedo creerlo! ¿Para eso querías que viniera?

- Nada más para eso. - Escucha, no.

Esteban, no te vayas.

Estoy preocupada por ti, mi amor.

Necesitas tomar algo, al menos para que duermas mejor.

Te dije que no volveré a ver al idiota de Antonio.

Baja la voz.

No tiene que ser Antonio.

Puede ser el doctor Iriarte, que es un gran psiquiatra,

si quieres yo hablo con él para que lo veas esta tarde.

- No quiero que hables con nadie. - Serán menos de cinco minutos.

¿Al menos podrías hacerlo por mí, por favor?

Está bien.

Avísame.

- Adriana. - ¿Pero qué...?

No grites.

¿Qué te hicieron?

¿Qué pasó?

Me quieren sacar de este pueblo en helicóptero.

Tuve que quitarles la pistola,

casi los mato a todos y salto del helicóptero.

- No. - Pero, al final, pude escapar.

¡No digas tonterías!

Necesito hablar con Prado.

Prado no resistió.

Entró en shock, no resistió.

¿Qué?

Yo fui la que lo confronté.

Él escapó por mí.

¿Estás segura de que murió de la cirugía?

¿De qué, si no?

No sé, no me fío de Benavent, es capaz de todo.

¿No notaste nada raro?

No.

No, medicamente, al menos.

- ¿Qué quieres decir? - Nada.

Nada, no quiero decir nada.

Fue una noche larga, y mis sentidos me traicionan.

Adriana, tranquila.

No tienes nada que ver con esto.

Toda la sangre viene del mismo sitio

y tiene que ver con Quintana.

Hay una persona que lo puede aclarar todo,

pero voy a necesitar que me ayudes.

- Buenas. - Buenas.

¿Aquí digitalizas casetes VHS?

Sí, VHS, ocho milímetros, Súper ocho,

¿qué necesitaban convertir?

Bueno, en realidad, necesitamos los VHS ya usados.

- Eso. - Los que la gente deja.

Es que esos se los lleva la gente,

y si los deja, los tiramos.

¿No tendrás ninguno por ahí?

- Estuvimos buscando... - En todos lados.

...en todos los lados.

Creo que tengo unos por ahí,

pero no sé si me los van a querer comprar.

- Lo que sea. - Sí, del contenido que sea...

- Sí, no pasa nada. - No nos importa, lo que tengas.

De acuerdo, espérenme aquí.

- Bien. - Gracias.

Es un caso complicado.

Llevamos meses tratando de curar a esta pobre mujer.

Discúlpenme, es lo único que tengo.

Bueno, está bien.

- Vamos a quitarles la carátula. - A ver.

¿"Puré anal"?

- No me quiero ni imaginar. - Es que está en inglés.

- Sí, es... - No hablo inglés...

Bueno, tampoco ibas mal encaminada.

¿Ya está listo el canal, doctor?

Más que listo.

Este es muy salvaje, ¿no, Diego?

Bebe.

Solo tienes que repetir exactamente lo que yo digo,

y vas a estar bien.

¿Está claro?

No tengas miedo.

Dios Padre Omnipotente.

Dios Padre Omnipotente.

Que quiere que todos los hombres se salven.

Que quiere que todos los hombres se salven.

- Esté con todos ustedes. - Y con tu espíritu.

Solo él puede librarte de las trampas del cazador.

Solo él puede librarte de las trampas del cazador.

No temerás el terror de la noche,

ni la flecha que vuela de día.

No temerás el terror de la flecha de la noche...

Hola.

No así, ¡suéltalo!

Por favor.

Tranquilo, no te voy a partir la cara.

Yo sé perdonar.

¿Qué es lo que quiere?

¿Esto buscabas ayer?

¿De dónde sacaron eso?

¿Eso es lo que estabas buscando?

Estabas buscando los videos, porque tú apareces en ellos.

Ahora nos vas a ayudar a entender todo esto.

Tú no te encontraste a Valentina hace diez años.

Tú y los otros enfermos la dejaron junto al agua

porque pensaban que estaba muerta.

Valentina estaba muerta,

no pudimos salvarla.

¿Y a los niños del campamento?

¿A ellos tampoco los podían ayudar?

Pensábamos que eran poderosos.

Nunca quisimos que les pasara nada.

Nos descuidamos.

Líbrala, Señor, de todo pecado, líbrala, Señor.

De las insignias del Diablo, líbrala, Señor.

Bendita tú eres entre todas las mujeres.

Ni de la fecha que vuela de día.

Ave María, llena eres de gracia...

De todo mal.

De las insignias del Diablo, líbrala, Señor.

De la muerte eterna, líbrala, Señor.

Líbrala, Señor.

Bendita tú eres entre todas las mujeres.

Por tu santa ayuda.

Ave María, llena eres de gracia...

Por tu legítima Alianza inmaculada.

Líbrala, Señor, y de todo mal líbrala, Señor.

De la muerte eterna, líbrala, Señor.

Por tu nacimiento, líbrala, Señor.

Por tu santo ayuno, líbrala, Señor.

De todo mal, líbrala, Señor.

Líbrala, Señor.

De las insignias del Diablo, líbrala, Señor.

Yo solo hacía lo que me pedían.

Al principio, solo asistía,

acompañaba a los rezos.

Después, comencé a grabar.

¿Por qué los grababan?

Por orden del Vaticano.

El ritual del exorcismo requiere que, al menos,

un miembro de la familia del poseso,

esté presente durante el ritual.

Y como Benavent sabía

que podía volverse muy violento y peligroso,

se negó a que nadie estuviera presente,

solo los que fueran muy necesarios.

Desgraciados.

Entonces, el Vaticano le pidió que grabara cada momento.

Los niños que murieron, ¿están grabados?

¿Quintana estaba metido en esos rituales?

No, él...

Él nunca estaba, no.

Padre, ¿es posible que Rafael se haya enterado de esto...

y fuera a denunciar?

Quintana no participaba de los rituales,

pero sabía todo.

Yo no pude soportarlo, pero él lo entendía.

Siempre hablaba del bien mayor.

Y Benavent, Prado...

todos amaban a Quintana.

Lo creían realmente milagroso.

Nunca le hubieran hecho daño. Jamás.

Ni él a ellos.

¿Cuál es la alternativa?

¿Perder una lucha de miles de años en silencio

porque un curita no quiere aceptar una orden?

Por favor, haga lo que tiene que hacer.

"Haga lo que tiene que hacer".

Va a estar bien, no te preocupes.

A veces, se lastiman.

Mira.

Él es el padre Antonio, es nuestro psiquiatra.

Él se encarga de distinguir entre los enfermos mentales

y los que son algo más.

¿Nos acompaña, padre?

Ya nos vamos al hospital.

Rafael sabía que murieron dos niños

y Federico también, ¿por qué no hicieron algo?

- ¿No vas a contestar? - No.

Dame el teléfono un segundo.

- Gracias. - Julio.

- ¿Te molesto un segundo? - No es molestia, dime.

Quería saber cómo te fue con Esteban.

- ¿Cómo lo viste? - No vino.

- ¿Cómo que no vino? - Perdón, pensé que sabías.

Adriana,

si Esteban no está bien

o no acepta tratarse, hay otras opciones.

No, Julio, no te preocupes.

Solo quisiera que las cosas fueran como antes,

cuando vivía su papá.

Entiendo.

El señor se va a encargar de los gastos.

- Cualquier cosa lo pueden... - Suba, por favor.

- Yo voy a ver que la ingresen. - Sí.

Adriana.

- Doctora Adriana, por favor. - ¿Qué le pasó?

Se rompió la cabeza,

está inconsciente, sus signos vitales están bien,

no tienes que operarla.

Vamos.

- Pedro. - ¡Padre!

Ya estaba preocupado por ti. ¿Estás bien? ¿Qué te pasó?

- ¿Qué te hicieron? - Nada.

- Pedro... - Estoy bien.

Vi el ritual, padre.

- ¿Un ritual? - Sí.

No sé ni para qué le cuento esto,

usted es el único sacerdote que conozco

que no cree en el demonio.

Por favor.

- ¿Un ritual? - Sí.

No es lo que usted cree.

No es una ceremonia oscura, es un exorcismo,

vamos llamando las cosas por su nombre.

Al parecer, lo tienen muy estudiado y analizado.

Y yo mismo hablé con el psiquiatra

que trabaja con ellos...

Encontraron unos restos en el campamento.

- ¿Qué? - ¿Sabe lo que eran esos restos?

Son niños, esos desgraciados están matando a niños.

¿Usted cómo sabe eso?

¿Usted cómo sabe, padre?

En este lugar, están pasando cosas extraordinarias

y tuvieron que recurrir a soluciones extraordinarias

para tratar de resolverlas.

- ¿Qué dices? - ¡Eso!

- ¿Te lavaron el cerebro? - ¡No, yo lo vi!

¡Yo lo vi! Hay un psiquiatra que los evalúa

y descarta enfermedades mentales posibles.

Es otra cosa, Simón.

Un psiquiatra que trabaja para ellos.

Es un maldito negocio, ¿Pedro, no lo ves?

Por favor, son peligrosos.

¿En qué cosa cree usted que no sea usted, padre?

Usted es únicamente un político de la curia

que en lo único que piensa es en llegar a ser Papa.

Yo creo en Dios, sin alegorías baratas,

ni disparates para ignorantes.

- Sí. - En eso creo yo.

¿Y si hay algo que no puedes explicar?

¿Qué?

Porque a esos desgraciados, los explico todo, se lo aseguro.

¿Y cómo explica mis dibujos?

¿Cómo explica mis ausencias? Los dibujos que le mostré.

Me encontré con Badi, la mujer que me cuidaba de niño,

la que estaba conmigo en mis ausencias,

vive aquí y están trabajando juntos

a pesar de creer en cosas completamente distintas,

trabajan juntos en contra de lo mismo.

¡Para!

¿Su niñera vive en este pueblo?

- Sí. - ¡Pedro, por el amor de Dios!

- ¿Qué tiene? - ¿Qué tiene?

Usted dibuja esos cerros y este pueblo

porque es lo que ella le habló desde que era pequeño,

¿no se da cuenta?

Esos canallas

tienen las manos manchadas de sangre de esos niños, Pedro.

Lo importante es,

¿qué va a hacer usted ahora con esa información?

- ¿Adriana? - ¿Qué pasa?

¿Por qué no me contestas? Estuve llamándote.

- ¿Dónde está? - ¿Quién?

El padrecito, no te hagas.

No lo vi desde que te lo llevaste.

¿Ya se te perdió?

- ¿Hola? - ¿Ya tienes a Antequera?

No, todavía no.

Bueno, cuando lo encuentres no lo lleves al helipuerto.

¿Adónde entonces?

Necesitamos terminar con esto de una vez.

No.

- No, yo no puedo. - Puedes y debes Federico.

¿O quieres que haya más niños como tú,

viendo a su madre con un atizador?

¿De verdad se va a unir a esos dementes?

¿De verdad?

¿Pedro, se está creyendo el cuentito del elegido?

Deje de pensar como un niño

y empiece a pensar como un médico que es.

Pedro...

Me tengo que ir.

¿Qué pasa?

Acabo de recibir esto.

¿Tú ya lo viste?

Necesito decir unas palabras.

Estoy cansado de todo esto.

Estoy cansado de mentir,

de mentirle a la gente.

Yo...

soy un estafador.

No hago milagros.

Nunca hice uno.

No sé cómo hacerlo.

Jamás ayudé a nadie.

Engañé a mucha gente,

les di fe y esperanza,

cuando no debí haberlo hecho.

Le ofrezco una disculpa

a todas las personas que creyeron en mí.

Creyeron porque yo así lo quise.

Creer tanto puede ser peligroso.

Perdón.

No puedo seguir con esto.

Lo siento.

En verdad, lo siento.

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