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Pase lo que pase, no hagas ruido.
No grites.
Sobre todo, no grites.
Sino, no te voy a poder ayudar.
¿Entendido?
¡Adelante!
Pasa, mi niño, pasa.
Acércate.
Luis, ¿verdad?
¿Cuántos años tienes, Luis?
Doce.
¿Ya te bautizaron?
Ven conmigo.
Recuerda que pase lo que pase,
no puedes gritar.
Ven.
No grites, mi niño.
No grites.
¡Ven!
¡Vente! No tengas miedo, ven.
Mira, ven.
Te vamos a dar algo de beber.
Ven, Luisito.
Mira.
Aquí. Toma esto.
Bien, Luisito.
Tómatelo.
Bien, Luis.
Bien.
Está bien, ¡vente!
Ahora, ven.
Ven, Luis.
Ven.
Luis, ven conmigo.
Ven, Luis.
Ven.
Ven, Luis.
Luis, ven, no tengas miedo, ven.
- Hijo, no te lastimes. - ¡Déjenme!
No.
Suéltenme.
- ¡Ven! - ¡Suéltenme!
- ¡No! - ¡No te lastimes, hijo!
¡No!
- ¡No te lastimes, hijo! - ¡No!
¡Niños!
¡Suéltenme! ¡No! ¡Ayuda!
¡No puede ser!
¡Padre!
¡Tranquilo, tranquilo!
¡Padre, tranquilo, tranquilo!
Tranquilo.
Tranquilo.
¿Llamo a una ambulancia?
No, tiene una hemorragia, no hay tiempo.
Necesito que me ayuden a sacarlo. ¡Doctora!
¡Doctora!
¡Doctora, por favor, venga!
¡Necesito que nos ayude!
Haga presión en la herida mientras lo sacamos.
-¿Por dónde lo cojo? - Por aquí.
¡Tranquilo! ¡Tranquilo! ¡Tranquilo!
¡Abrázalo! ¡Abrázalo!
Uno, dos, y tres.
¡Vamos, vamos, vamos!
Padre, padre, padre, necesito que me mire a los ojos.
Padre, necesito que me mire a los ojos, por favor.
¿Qué te pasó?
¿Quién te lastimó? ¿Quién te hizo daño?
- Tenemos poco tiempo, doctora. - Sí, estamos cerca.
¿Qué es lo que esconde?
Digo, para saber por qué me sangra la frente.
"Lo tengo bien guardadito".
¿Qué es lo que tiene tan bien "guardadito"?
A Prado se le veía desesperado ¿qué es lo que tiene guardado?
¡No le importa!
Perdón.
Podría ponerse una sotana de vez en cuando
para que uno recuerde que es padre, ¿no?
Padre, quédese con él, ya vamos a llegar.
CLÍNICA MÉDICA HIDALGUENSE
¡Ey! Una camilla, por favor.
- Padre, ya llegamos. - ¡Vamos!
- ¡Vamos, vamos, vamos! - Ya llegamos.
Preparen quirófano, por favor.
Voy.
- Padre... - Voy.
QUIRÓFANO
Lo van a tener que operar para detener la hemorragia.
Los mantengo al tanto.
- Gracias, doctora. - Adriana, espera.
Ahora que estamos tranquilos, podemos charlar un poco, ¿no?
Lo que está buscando Prado.
Me gustaría presenciar la cirugía.
Es un segundito, mujer.
Mientras se desinfectan los demás.
¿Qué es lo que tiene? ¿Por qué...?
¿Qué estás buscando, petróleo?
¿Y ahora?
- Buenas noches. - Ya ni vale la pena decir nada.
Por lo menos, este sigue vivo.
Eso es nuevo, van cambiando su modus operandi.
Ellos no tienen nada que ver, solo me están ayudando.
¿Sí? ¿A qué?
¿Cómo a qué?
A encontrar a Rafael.
Alguien lo tiene que hacer y evidentemente no vas a ser tú.
¿O sí?
Así que confronté a Prado, quiso huir,
y aquí estamos.
¿Me permiten un segundito, padres?
- Claro que sí. - Adelante.
¿Qué quieres, Federico?
¿Qué estás haciendo con ellos dos?
Eso lo tenemos que resolver entre nosotros.
Sin personas externas.
No sabemos si podemos confiar en ellos.
¿Y en ti sí puedo confiar?
¿Qué ha pasado?
Nada, mi madre me consiguió el teléfono de una mujer,
para contactar a Badi.
La señora que me cuidaba de niño.
- De cuando tú... ¿No? Con... - Sí.
Llámala, hombre.
No, es muy tarde, mañana.
Le conté lo de la camioneta de Rafael.
No sabe que ustedes estuvieron ahí, pero...
Sabe dónde está.
¿Les ha contado con qué extorsiona a Prado?
¿O eso prefiere guardárselo para usted?
- Padre, por favor. - Es que es verdad.
No entiendo cómo a estas alturas del partido, no confías en mí.
O sea, quiero decir, en...
¿Sabes? En...
En nosotros.
¿No?
No, no es eso, padre.
Juventud de Cristo, el campamento abandonado.
Sí, mándame una patrulla, y avísale a los de la CMF
y a los de la Fiscalía.
A ver si encuentras la camioneta de Quintana.
Señorita, oiga, será que me pueda llamar
cuando despierte el padrecito de su anestesia, por favor.
Por supuesto, comandante.
- Muchas gracias. - Por nada.
- Pasen, padres. - Gracias.
¿Esteban?
Hijo, ¿estás?
Parece que salió.
Dichoso, él que puede.
Ya no le pregunté, doctora.
¿De dónde conoce al oficial?
¡Uy, desde hace mucho tiempo!
Aunque aquí nos conocemos todos.
Claro, me imaginé.
- No contestes. - ¿Por qué no?
Te preguntarán qué hacemos aquí.
Bueno, les decimos la verdad, a ver si te acostumbras.
¿Cuál verdad? ¿La tuya, la mía o la de quién?
¿Cómo? No entiendo.
Seguimos con lo nuestro.
- Pasen, por favor. - Gracias.
ENERO, 2011 DÍA 12
Padre.
¿Esto es lo que buscaba Prado en la cabaña?
Sí, es el único que pude rescatar.
Pero había más.
¿O sea que no es la primera vez que sigue a su jefe?
Estaba terminando mi ronda
cuando vi a Prado con Benavent, lo cual es muy poco común.
- ¿Cargo? - Obispo auxiliar de Tulancingo.
Había muchas otras personas reunidas,
se metieron a su oficina
y aunque no alcancé a escucharlos,
estaba segura de que estaban hablando de Rafael.
Una hora después salieron y estaban todos muy apurados.
- Clásico. - Seguí a Prado
que llegó al campamento y cuando salió de la cabaña,
tenía las manos llenas de videos.
Cuando yo entré, ese fue el único que pude rescatar.
¿Lo podemos ver?
La cinta está bastante dañada,
pero se logra ver.
Para una buena extorsión, no hace falta mucho más.
Este es el día doce.
Imaginen los otros once.
Valentina.
Valentina.
Valentina.
Valentina, no.
No tenemos tiempo, padre.
¡Vámonos! Tráigala.
Guillermo.
Y además los grababan, malditos.
La voz que se escucha hasta el final
es la voz del Monseñor Benavent.
La identifico perfectamente.
¿Alguien más vio esto?
No.
Adriana...
¿Benavent abusó de ti?
No sé.
No estoy segura.
Tengo muy pocas imágenes de esa época.
Pero de lo que sí me acuerdo,
es de que Prado nos llevaba con Benavent.
A su oficina de madrugada.
Nos daba algo de beber
y yo al día siguiente amanecía en mi cama,
aturdida sin saber qué es lo que había pasado.
Y no todos corrían con la misma suerte.
Me acuerdo de al menos dos niños que no regresaron,
dijeron que los habían adoptado o que se habían escapado.
Pero éramos huérfanos.
¿Quién iba a reclamar por nosotros?
¿Quintana vivió lo mismo?
Sí.
Quizá Quintana iba a denunciarlos
y por eso le hicieron algo.
Pero...
¿denunciarlos ahora después de tantos años?
¿Cuántos años habrá convivido él con esa gente?
¿30 años?
¿Denunciarlos ahora después de hacerse cura?
Los tiempos de cada víctima son distintos también.
Sí, sí, no lo juzgo.
Solamente me pregunto, es solo una pregunta.
¿Le hicieron algo a Quintana por miedo a una denuncia?
¿O Quintana se escapó por miedo a la denuncia?
No...
Rafael no le tenía miedo a nada.
Es que no entiendo por qué se la agarraron con Quintana.
Y no contigo o con cualquiera de las otras víctimas.
Solamente con Quintana.
Pidan al Comisario de Pachuca que mande a sus perros
y también a la unidad canina.
Era un chiste.
Mire, que manden todo.
¿Recopilamos?
Recopilemos.
Tenemos a Quintana,
un supuesto milagro del cual se conocen dos casos notables.
Balam, se cae de un campanario
no hace falta ver la autopsia para constatar que está muerto.
Lo toca y lo revive.
Valentina. Hay un video de ella donde parece que está muerta.
- ¿Estaba muerta? - Ya estaba muerta.
- ¿Estaba muerta? - Rigor mortis incipiente.
Ligera lividez en la espalda, no respira.
¡Eso es, estaba muerta!
Él la toca, la revive, ¡milagro, milagro!
El pueblo se llena de gente,
nos llaman del Vaticano,
venimos, desaparece Quintana,
Elena, Valentina y Balam mueren ipso facto.
Conclusiones...
Qué tonto, ¿cómo no lo vi antes?
Usted los mató a todos.
¿Qué? Solo los españoles tienen sentido del humor, padre.
Los mexicanos somos peores.
Y los ricos, somos los más.
La gente te sorprende, ¿no?
Ya lo creo, ya.
¿Viste a Prado cómo miraba a Valentina?
Con qué devoción.
- Parecía amarla. - ¿Amarla?
La tenía encadenada.
No sé qué...
Qué amor tan extraño, ¿no?
Es extraño pero es una clase de amor.
Se hacen muchas películas sobre eso.
No creo que usted haya visto ninguna la verdad.
No, se sorprendería, mi hermano me puso un par.
- ¿Su hermano? - Sí.
- ¿En serio? - Sí.
- ¡Qué raro! - ¿Qué raro? ¿Por qué?
Muchos mexicanos tenemos hermanos, padre.
Pero, ¿por qué Valentina estaba atada?
¿Para que no se hiciera daño?
¿Prado se la encontró así o Prado la dejó así?
No sabemos nada.
Bueno, sabemos que... lo que haya pasado en ese lugar,
no fue por amor.
¿Usted sabe mucho de amor?
¿Es una pregunta?
Bueno, si no quiere responder.
No, pero...
Hombre, no le voy a decir que tengo un doctorado, pero...
algo sí sé.
¿Y...?
¿Cómo? ¿Dónde aprendió?
Sufriendo.
Como todo el mundo.
Y eso fue antes de hacerse sacerdote, supongo.
Antes y después.
¿Qué mira?
No, nada.
El voto de castidad, ¿no?
Eso sí que es una prueba de amor.
Sí, pero yo no hablaba de sexo, hablaba de amor.
Ya, ya.
Sí que he amado, sí.
¿Y usted... no ha amado?
No.
Así no.
Pero siento devoción en mi amor por Dios.
Eso sí.
Ese amor también te hace sufrir.
- Te gusta Adriana, ¿no? - ¿Qué?
Así, sin preguntarme nada.
Bueno es que las miraditas, las manos.
- ¡Vamos, por favor! - El coqueteo.
Usted tiene que usar sotana, si no se me va a olvidar.
- Bueno, por favor, ya. - Bueno, nada más digo
que aquí estoy si quiere confesarse.
Si no quiere confesarse también lo entiendo, debe ser incómodo.
Así que desde ahora le digo,
cinco "Padre Nuestro" y cinco "Ave María".
- ¿Cinco "Padre Nuestro"? ¿Solo? - Sí.
Padre, qué poquita imaginación tiene.
- Se queda corto. - Bueno.
Tiene que ver más cine.
No se agite, tranquilo.
Tuvo un accidente, está en el hospital.
Ahora llamo a la doctora.
¿Tú qué haces aquí?
- ¿Qué? - Voy.
¿Qué?
¿Sí?
Adriana, ¿qué ha pasado?
Enseguida vamos para allá.
¿Adónde? ¿Qué? ¿Encontró el escondite?
Han llamado del hospital, Prado ha despertado.
- ¿Padre Prado? - ¿Monseñor?
Solo una pregunta y lo dejo descansar.
¿Estamos expuestos?
Adriana tiene uno de los videos.
Adriana.
¿Qué Adriana?
Adriana Cortés, la doctora.
Lo quiere usar en contra nuestra.
Después de todo lo que hicimos por ella.
La gente te sorprende.
¿Y qué es lo que pide?
Que le digamos qué hicimos con Rafael.
Yo me encargo, pásame a Guerrero.
Monseñor.
Sí, Monseñor.
Me esperan un momento, por favor.
¿Qué?
¿Por fin le va a responder a la Congregación?
No, ya habrá tiempo de dar explicaciones.
Emilia, buenas noches.
Bueno, buenos días para usted.
Aquí no pegamos el ojo, son las 4 de la mañana,
y aquí seguimos de fiesta.
A ver si, por favor, me pudiera conseguir toda la información
sobre el Monseñor Benavent.
El obispo auxiliar de Tulancingo.
Lo antes que pueda. Gracias.
¡Pero mire, qué sinvergüenza!
Solo pide y pide.
Sé que hice votos de obediencia, pero ya me tienen harta.
¿A quién obedezco?
¿A usted o al prefecto que me pide
que regresen aunque vayan de equipaje?
¿O a Vilaró que me amenazó de muerte?
Dos, tres, cuatro,
cinco, seis...
¿Bueno, quién habla?
Pero, ¿cómo que la amenazó?
Usted sabe mi situación,
el Vaticano es mi refugio.
Vilaró me hizo saber que, si lo seguía ayudando a usted,
no me iba a proteger más.
Necesito que me diga las palabras exactas que le dijo.
"Si sigue ayudando al padre Antequera,
no la voy a proteger más".
Estamos intentando hacer de nuestra casa un lugar mejor,
luego una monja se pone a llorar porque un cura la amenaza
porque tiene contactos mafiosos.
Pero yo no lloro.
Me busca lo que le pedí.
Está bien, veré qué encuentro.
Muchas gracias. Ánimo.
¿Todo bien?
- ¿Quién era? - ¿Padres?
¿Ya?
Tranquilo, padre.
Solo queremos hablar.
No hay nada de qué hablar.
Yo creo que hay muchas cosas de las que hay que hablar.
Es más, tengo un temario...
que ni se imagina.
Lo hubiésemos hablado hace un rato
pero claro, creyó que yo era una alcancía,
me ha golpeado en la frente,
y me ha hecho este tajo, ¿se acuerda?
Mire, padre, pudimos ver el video,
en el que aparece con Valentina.
Ayúdeme a entender, padre,
porque hay algo que se me está escapando.
Hace 10 años, usted pensó que Valentina estaba muerta y
se le ocurrió la brillante idea de desecharla en la presa,
llega Quintana, Gloria a Dios en las alturas,
y la revive, qué casualidad.
O a lo mejor nunca estuvo muerta.
No, sí estaba muerta.
Estaba muerta.
¿Qué le hizo para pensar que estaba muerta?
Si vieron el video, ya lo saben todo.
La cinta está dañada, solo se puede ver un fragmento.
Pero es suficiente.
Se entiende perfectamente por qué Valentina le tenía miedo.
Valentina no me tenía miedo.
- ¡Claro! - Todo lo contrario.
Les tenía miedo a los demás.
A gente como ustedes.
Si cada vez que se escapaba del hospicio,
era para ir a mi casa.
Entonces, ¿por qué la mató?
Dos veces además, qué insistencia.
Yo no maté a Valentina.
Ni antes, ni ahora.
Ni nunca.
Tampoco le hice nada a Quintana.
¡Ya me tienen harto!
¡Hagan lo que quieran!
Llévenle el video a la policía,
a la Curia, a quien se les antoje.
Pero no voy a andar confesando crímenes que no cometí.
No se preocupe por eso, padre, ya es tarde.
El señor sabrá entender lo que hice.
¿Y si le damos el video a la policía?
No.
Usted ya le dijo al comandante que la camioneta de Quintana
estaba en el campamento, por qué no darles el video y ya.
¡No sé, padre!
Son pruebas suficientes para que la policía detenga a Prado.
Por lo menos para interrogarlo.
La policía no puede ignorar esas pruebas.
¿Cómo que no las puede ignorar? ¡Por el amor de Dios!
¿En qué mundo vive?
Sabe perfectamente lo que harían nuestros superiores
con esa información. Bueno, lo que harían.
Lo que hacen.
Ya.
Bueno.
Entonces no hacemos nada, ¡y ya está!
No se trata de eso,
se trata de no ir a lo loco, no tenemos ni la fuerza,
ni el poder, ni la historia, ni el dinero,
precisamente todo lo que a ellos les sobra.
Sí.
Tenemos a Dios, ¿no?
- ¿A Dios? - Sí, a Dios.
¿Le parece poca cosa o qué?
¿Qué, no somos sus enviados?
Precisamente porque somos sus enviados
no podemos ser tan ingenuos.
No podemos fallar.
No le dé el video a nadie, por favor.
Sí, pensémoslo mejor, padres.
Sí.
Y... y gracias.
No podría hacer esto sola.
- Que descanse, doctora. - Buenas noches.
Buenas noches.
¿Hijo?
Ya llegué.
¿Qué pasó?
Que te calles.
- Cállate. - No.
- ¡No, no, no! - ¡Ven, aquí y cállate!
- ¡No, no, no! - ¡Quédense, ahí!
¡No, no!
¡Ven acá, tranquilo!
- ¡Quietos ahí! - ¡Suéltala!
¡No se muevan!
¡Muévete, muévete, muévete!
¡Dame las llaves del carro!
¡Las llaves del carro o la lastimo!
¡Sí, sí, sí!
¡Tíralas!
¡Suéltala, por favor!
¡Quédate ahí abajo!
¡Adriana! ¿Estás bien? ¿Estás bien?
- ¿Estás bien? - Sí.
- ¡Vamos! - ¡Tranquila! Ya, está.
No se llevó nada.
Tal vez entró a robar.
Y Adriana lo descubrió acá.
Menos mal que no estaba Esteban aquí.
No, no es un simple ladrón.
Este maldito venía armado y dispuesto a todo.
Venía por algo más.
- Adriana... - Deja de atosigarla, ya...
Bueno, usted se calla.
¿Quieres encontrar a Rafael?
Claro.
Hay una sola manera, y es conmigo.
No voy a apelar autoridad porque nos conocemos hace mucho.
¿Puedes confiar en mí?
Asegúrate de que no queden impunes.
Eso intento siempre.
Hola, padre.
Hermana, ¿averiguó algo?
Pensé que iba a ser imposible,
pero encontré más de él que de cualquiera.
Adivino, ¿muchos traslados?
Ninguno.
¿Alguna denuncia por abuso?
No, nada de nada.
No sé qué están buscando, pero Monseñor Benavent,
tiene mucho recorrido aquí.
Es alguien intocable, intachable.
Bueno, usted sabe mejor que yo, que nuestra casa está llena
de intachables llenos de tachas.
Este es de los intachables de verdad.
Y muy bien rodeado.
Le voy a mandar unas fotos, véalas y bórrelas.
Luego le mando el resto.
Tengo que cortar.
Bien, muchas gracias por todo, hermana.
¡Gracias!
¿Qué pasa?
¿Qué estás pensando? Te conozco, huele a sinapsis.
¿Sabemos si Prado vive solo?
¡Dios mío! No voy a entrar a casa de alguien otra vez,
sin autorización.
¿Qué son esas llaves?
Casualmente me las encontré en los pantalones de Prado.
¿Y se puede saber qué hacías
paseando por los pantalones de Prado?
Pasaba por ahí y de pronto pensé:
"¿Por qué no? Soy un enviado, merezco ver todos los videos."
Pedro, si ese era el video número 12,
no me quiero ni imaginar cómo eran los demás.
Quiero ver la saga entera, quiero saber qué pasó esa noche,
qué pasó con Valentina, si estaba muerta...
Que sí estaba muerta, ¡caramba!
Pues entonces esos videos son las pruebas que necesitamos.
¡Tranquilo!
Mira, vamos a hacer una cosa,
tú vas a hablar con Adriana,
le preguntas todo lo que puedas sobre el internado,
averigua todo lo que puedas.
Así no te meto en mis actos vandálicos.
Pedro...
¡Cuídala!
Otra cosa que debe saber...
Hablaré con ella...
Esteban, ¿dónde estás?
¿Por qué no me respondes? Me tienes preocupada.
Tú estás preocupada, más allá de lo que haga yo.
Pero, ¿pasó algo?
Nada, vente a la casa y aquí te digo, ¿sí?
Oye, por favor, no andes solo.
¿Pasó algo? ¿Es por Quintana?
Nada, vente a la casa, ¿sí?
Oye...
te quiero mucho.
¿Todo bien?
Sí, padre.
- Su hijo. - ¡Sí!
Sí, desde que murió su papá,
se la pasa todas las noches fuera,
ya no sé qué hacer con él.
Será su manera de lidiar con el duelo, ¿no?
Supongo.
¿Quiere recostarse?
Puede usar su habitación si quiere.
Estoy bien, estoy un poco preocupado
por el padre Quintana, Adriana.
Siento que si el contenido del casete lo pone en peligro,
pues, deberíamos actuar pronto.
¿No hay nada más que recuerde?
Algo que nos pudiera ayudar.
Ya le dije que no, padre.
Benavent, tenía un sótano,
nos llevaban ahí, nos daban algo de beber.
No me acuerdo de nada más.
El sótano que aparece en el video,
¿está en el internado?
Sí.
Bueno.
¿Usted cree que Rafael esté ahí?
¿Podemos ir para allá?
Vamos.
¿Diga?
Creo que encontramos una fosa.
¿Reciente?
No sé, vamos a empezar a excavar pero...
algo me dice que se trata de Quintana.
¿Comisario?
Tengo que colgar.
Me lo podría haber pedido a mí en vez de enviar a su bestia.
Mi intención no fue lastimarla, me conoces.
Encontraron la fosa en el campamento.
No puedo lidiar con eso ahora.
¿Va a algún lado?
¿Me vas a seguir demorando con preguntas?
¿O puedo hacer mi trabajo?
Entonces, vámonos.
¿Cuándo fue la última vez que vino?
Desde que me largué de este agujero, hace 20 años.
No pensé que regresaría jamás.
Es aquí.
¿Entramos?
Lo importante es que pase lo que pase allá adentro,
no grites.
¿Entendiste?
Si gritas, no te voy a poder ayudar.
Necesito que me acompañes a un lugar.
¿Segura que está bien?
Era aquí.
Sí.
Tal vez cambiaron el lugar, ¿no?
Es aquí.
Vámonos.
¿Vamos?
Vamos.
¿Cómo te llamas, mi niña?
Laura.
Te dijeron que no puedes gritar, ¿verdad?
Es para tu protección.
Es muy importante que vengas conmigo.
Ven.
Camina.
¡Padre Jerónimo!
¿Qué está haciendo aquí?
¿Adónde vas?
¿Adónde vas?
¿Qué haces aquí?
No me vuelvas a mentir.
Yo les dije la verdad.
Le confesé a su colega.
Usted no debería saber nada.
¡Ven, mi niña!
Has venido por los casetes, ¿verdad?
Tienes miedo de salir en ellos.
Ven, ven, no tengas miedo.
Esta bomba está a punto de explotar.
Te recomiendo que te ganes la gracia de Dios
y que te confieses.
Padre.
Por tu culpa casi pierdo los testículos.
Véngase al hospicio, por favor.
¡Acá lo vemos!
¡Sí!
¿Vas a salir?
¡Mamá!
¿Qué haces despierta tan temprano?
No podía dormir.
¿Tú, adónde vas a estas horas?
Pues al hospital.
Me avisaron que Prado tuvo un accidente.
Quedó internado.
¡Virgen Santísima!
Casi se me olvida.
Ayer te estuvo llamando una señora.
Leticia Salinas, dijo que era tu patrona.
¡Doña Lety! ¿Qué quería?
Que su hijo te anda buscando, que...
que quiere hablar contigo.
¿Metzi?
¡Mi niño!
Quién es Metzi.
¿No te acuerdas?
Cuando vivíamos cerca de Puebla.
El niño que cuidaba yo.
Años esperándolo.
Este pueblo lo necesita.
¡Vamos, vamos! ¡Rápido! ¡Vamos!
¿Qué pasa? Benavent.
Lo tenemos, ¡vamos!
¡Es horrible!
¡Acá, acá, acá!
¡Por ahí!
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