All language subtitles for T.E.S01E03.1080p.REPACK.AMZN.WEB-DL.DDP2.0.H.264-NTb_track4_[spa]

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
nl Dutch
en English
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil)
pt Portuguese (Portugal)
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

Con cuidado, Adri.

¡Valentina!

Adriana.

Señora, Cortés.

Padre...

- Señor, Cortés. - Padre Prado.

- Guillermo. - Padre Guillermo, ¿cómo está?

¿Se quedan a desayunar?

No, padre, gracias.

No, bajamos rápido a saludar.

Tenemos boletos para el partido de México-Bulgaria,

es al mediodía.

Ni hablar, no puedo competir con un Mundial.

No, pero ya vayan avanzando, que si llegan tarde,

me van a echar la culpa.

Adri, le haces caso a Valentina, ¿sí?

- Sí. - Sor Valentina muy pronto.

¿Qué hacemos? Antes se despedía.

Bueno, buen regreso, vayan con cuidado, por favor.

- Gracias, padre. - Gracias, gracias.

¿Café?

- Por favor. - Bueno.

A ver.

Gracias.

¡Teresa!

¡Amor!

¿Y si hacemos una parada y llegamos al segundo tiempo?

¡No!

Y menos para el partido que define la continuidad,

de nuestra selección en este Mundial.

El encuentro a matar o morir,

luego de una fase de grupos donde México

puede mantener el invicto,

en el enfrentamiento contra Bulgaria.

¿Y ahora qué hice?

¿Qué pasa?

¿Teresa, estás bien?

¡Párate!

- Mamá. - Hijo, qué alegría escucharte.

¿Cómo estás?

Bien, aquí haciendo unas compritas.

Qué bueno.

¿Hijo?

¿Podrías conseguirme el teléfono de Badi?

¿Otra vez con eso, Pedro?

Ya te dije que hace más de 20 años

que no sé nada de ella.

Mamá, nunca te pido nada, ¿sí?

Por favor, consígueme el teléfono de Badi. ¿Sí?

Está bien.

Sí, gracias.

Adiós.

¿Me va a decir qué le pasa?

Mucho estudio,

mucha pericia por todo el mundo, mucho pulir el currículum,

pero ve un cadáver y se queda muerto.

¿Qué llevaba en las manos cuando se metió en el baño?

¡Salve, padre!

Hermana, buenos... ¿La he despertado?

Su Eminencia.

Mi hermano no me llamó todavía.

No, no es eso.

Me gustaría pedirle un favor.

No, padre, perdóneme que lo corrija,

necesita pedirme otro favor.

O cuando sea Papa, se la va a pasar el día

devolviéndome favores.

¿Ha encontrado al padre Jerónimo?

Sí, lo hemos encontrado, además gracias a usted.

¿Qué?

Poco le puedo contar, porque todo lo que nos dijo,

nos lo dijo amparado en el Secreto de Confesión.

Deben dejar a las mujeres tomar la confesión

es una estupidez.

Su Eminencia.

Bueno.

Sí, hermana necesito pedirle otro favor, como usted dice.

Toda la información que encuentre del padre Prado,

el director del hospicio.

¿Con quién ha estado? ¿Dónde ha estado?

Todo, el perfil completo.

¿Esto tiene que ver con la confesión del padre Jerónimo?

Si yo le contestara que no,

estaría cometiendo el pecado de la mentira,

cosa que casi nunca hago.

Y si le contestara que sí,

estaría violando el Secreto de Confesión.

Así que, prefiero no contestar.

Entiendo, está bien.

Envío todo lo que encuentre.

¿No me va a decir qué le pasa?

Es algo personal.

No tiene nada que ver con la investigación.

¿Quiere que le confiese?

¿Usted?

¿Otra vez? No, muchas gracias. Estoy bien, padre.

- Le puedo confesar. - Estoy bien, necesito pensar.

¿Por qué mejor no abre la puerta?

Sí, yo abro. Bien.

Podemos charlar. Eh... bueno.

Hola.

Buen día, padrecito.

- Hola. - ¿Me da la bendición?

Sí. ¿Qué quiere?

Vengo a pedirles que me acompañen, por favor.

¿Y eso?

Pues...

¿Dónde?

Bueno, el pueblo es muy chiquito.

- Ahora va a ver. - Muy bien.

Viene aquí con dos oficiales para ostentar la fuerza

- contra dos sacerdotes. - Bueno...

Muy valiente Comandante,

y muy eficaz, también.

Mire, padre.

Yo que usted, hablaría menos.

Ya ve cómo desaparecen los curas en este pueblo.

- Comisario. - ¡Llévenselos!

¡Comisario!

- ¿Adónde vamos? - Muy bien.

Acompáñenos, por favor.

¿Dónde vamos? ¡Comisario!

Justo estábamos hablando con el obispo del DF,

de usted, Javier Arretes.

Él sabe que nosotros estamos en contacto con usted.

¿Sí? Salude a ese cabrón, cuando hables con él.

Si me dice para dónde voy, yo puedo ir solo. Gracias.

Disculpe.

- ¡Disculpe! - ¡Padre, siéntese!

Es que no nos pueden tener, es ilegal.

No nos puede tener aquí, sin darnos explicaciones.

¿Cómo qué, qué papeles? Los del diputado Ibarrola.

Además, ya conozco al cardenal.

Le debe estar diciendo al Obispo:

"¡Hagamos juicio!"

Ellos siempre quieren hacer juicio.

Nosotros tendremos que ir a testificar,

- ellos van a perder su trabajo, - Oiga.

- es un problema para todos. - Oiga.

¡Oiga!

Puede darse por aludido, por lo menos.

¡Tranquilo, padre, relájese!

No se la agarre con el pobre hombre.

Suficiente presión debe tener él,

como para exponerse a perder su trabajo.

No se preocupe, ¿sí?

Yo puedo hablar con el cardenal, hablarle de usted.

Pero una mano lava otra mano, ¿no?

Usted nos deja salir y empezamos a hacer control de daños.

¿Se ríe?

- ¿Se está riendo de mí? - Sí, se está riendo.

¿Se está riendo de mí?

- Calma, padre. - Lo que faltaba.

Que un idiota de pueblo

- se venga a reír de mí. - Vamos a calmarnos.

¡Cuántos estúpidos hay en este pueblo, por favor!

¡Vamos a calmarnos!

Es un récord, es un récord.

Uno se puede encontrar con uno, con dos,

- con tres, ¡pero todos de golpe! - Vamos a negociar.

- Es un récord, una Vía Crucis. - Vamos a negociar.

¡Le estoy hablando!

- ¿Qué le pasa? - ¡Ven, maldito!

Que me encanta mandar almas al cielo.

Pero, ¿qué tenemos aquí?

A dos curas y a un imbécil.

¿Con esa boquita reza, padre?

Ni con agua bendita, ni con cloro se limpia.

Pasen.

Tan tranquilo que se veía.

Una broma y...

Y le florece el barrio. ¡Siéntense!

No sé por qué se enoja tanto, padre.

Nada más queremos platicar y resolver algunas dudas.

¿Usted quién es? Perdón.

Ricardo Juárez, mucho gusto.

Soy el agente de la Fiscalía, encargado de la investigación.

Necesito hacerles unas preguntas para tratar de entender...

Fíjese, qué curioso.

Desde que ustedes llegaron, han muerto cuatro personas,

y con todas ellas tuvieron contacto.

¡Cuatro personas!

¿Usted da por hecho que el padre Quintana está muerto?

No, yo no doy por hecho nada.

En realidad todo está por hacerse.

Sí. Bueno, para empezar, no somos las únicas personas

que han tenido contacto con las víctimas.

Si se le puede llamar "contacto".

En realidad han sido

meramente reuniones de trabajo.

¿Cuál es exactamente su trabajo, entonces?

¿En términos generales? ¿O en este caso en particular?

En este caso, padre, no estamos en una cita.

Si quiere nos puede decir su signo también.

Estamos investigando las presuntas sanaciones,

adjudicadas al padre Quintana.

Pues ojalá nunca me investiguen a mí

porque a sus dos últimas investigaciones

las están velando, padre.

¿Nos puede decir de qué nos acusa?

Alguien está limpiando la casa,

y sabemos muy bien cómo...

barren ustedes.

¿Ustedes?

¿Ustedes?

¿Ustedes creen que el Vaticano

la Santa Sede, tutelada por su Santidad

Obispo de Roma,

cabeza de la curia romana, ha mandado a dos curas

totalmente desprovistos,

sin conocer el lugar, a un hostal

que mejor no voy ni a comentar, paseándonos

a la cara de todo el pueblo

cuando resulta que en realidad somos dos sicarios

letales y eficaces capaces de eliminar a un padre,

y desaparecer a tres personas en el lapso de dos días?

Qué hacendosos resultamos, ¿no?

Mire, si tiene más información le pido que me la dé.

Mire...

la información que tengamos o no es totalmente irrelevante

porque si nosotros que somos dos curas

la hemos conseguido,

me puedo imaginar lo que usted puede hacer con ella.

Ahora bien...

Si de verdad es agente fiscalista

y sabe un poco de leyes,

sabe que no nos puede retener aquí ni un solo minuto

y tiene que abrir esa maldita puerta,

de una maldita vez.

Otra bella muestra de aprecio de San Acacio a sus visitantes.

El pueblo en sí ya es pujante,

pero estos detallitos hacen que no quiera volver.

¿Está bien, padre?

Mire nada más cómo dejaron todo.

Están cubriendo a Prado, no tengo ninguna duda.

Quintana descubrió algo de Prado.

No lo sabemos, pero ya veremos qué después.

Prado lo esconde y nos hace pensar

que Quintana es un estafador.

Queda con la amante,

la suicida y elimina todo rastro.

Es una buena teoría.

¿No me diga que no está de acuerdo?

Sí.

Sí, prácticamente en todo, pero...

Hay algo en lo que estoy en completo desacuerdo, padre.

Eso de... "veremos qué después".

No habrá un después, ni un veremos qué.

Nosotros estamos aquí para comprobar milagros.

Para lidiar con curas, con fieles, con almas.

Y...

A mí esto me parece de seres bastante malintencionados,

y muy de carne y hueso para mi gusto.

¿Lo ve?

- ¿Qué cosa? - Lo mismo le dije yo,

y usted se enojó conmigo.

Menos mal que al final resultará

que tenía razón y usted no está calificado

- para lidiar con delincuentes. - ¿Y usted, sí?

Nos acaba de dar una clase de diplomacia,

es un verdadero Kissinger.

Una vez que pierdo la paciencia, por favor.

Además funcionó, ¿no? Funcionó.

Es algo muy delicado, es algo que usted no sabe medir.

- ¡Bueno! - Cuándo ser diplomático,

y cuándo no, cuándo apretar.

Cuándo encender la fría y cuándo la caliente. No sabe.

¡Está bien! No sé, ¡ya! No sé.

Pero hay algo que sí sabemos los dos.

¿Qué cosa?

Prado mató a Valentina.

Pero es secreto de confesión.

¡Ey!

Mira quién está ahí.

¿Y?

¿Qué hacemos? ¿Le seguimos?

Necesito que me dé el buen visto para hacer esto, padre.

Porque lo que estamos haciendo

está mal por dónde se lo vea.

Perseguir a una persona atenta contra la ley de Dios,

y la ley del hombre.

Además estamos infligiendo una norma

que nos hicieron expresamente en la Comisaría y en la Fiscalía

para mantenernos al margen.

Lo vamos a perder, padre.

Me puede decir padre Antequera, es más,

me puede tutear si quiere.

Simón, por favor,

pásese todas las reglas por el trasero,

y siga a ese hombre.

¡Vamos!

- ¡Vamos, hombre! - Ya, sígalo, por Dios. ¡Caramba!

Hermana, solo palabras bonitas, que estamos en alta voz.

Cuénteme, ¿ha podido averiguar algo de lo que le pedí?

Guillermo Toribio Prado de los Cazales,

empezó su carrera en San Acacio,

pero fue trasladado un total de ocho veces.

Todas fueron a la diócesis dentro de la jurisdicción

de la Arquidiócesis Metropolitana de México.

Estuvo en Querétaro, Toluca,

Cuernavaca, Pachuca, San Acacio.

Y lo rotaban hasta que lo convirtieron

en director del hospicio.

¿Algo más?

Oiga, ¿le parece poco?

Esperaba un "bien, hermana".

Bueno, luego le llamo y le festejo.

Ahora no puedo hablar. Gracias, hermana.

Ocho traslados, eso es un montón para cualquiera.

Sospechoso, ¿no?

Ya sabemos lo que significa.

PROPIEDAD PRIVADA PROHIBIDO EL PASO

Sigue en su auto.

¿Tú crees que nos ha visto?

No sé.

¿Hola?

Los enviados del Vaticano me están siguiendo.

Necesito que me los quites.

Me siguieron hasta el campamento.

Por aquí, no. Yo me encargo.

Este es el sitio de las fotos, ¿no?

El campamento donde Valentina estaba vestida de monja.

Sí.

Por dios.

¿Por qué dejarías a alguien vivo diez años,

si tu objetivo es callarla?

La dejó loca.

Ahí ya no importa mucho lo que sepas o no.

Con las medicinas correctas o más bien las incorrectas,

es muy fácil volver loco a alguien.

Pero ¿por qué ahora?

¿Por qué matarla ahora después de diez años?

Mire, mire, mire.

¿Adónde va?

Su Excelencia.

Una llamada de México.

¿Diga?

Su Excelencia, monseñor Benavent.

Quisiera pedirle otro favor.

- ¿Estamos en una línea segura? - Hable tranquilo.

Perdone que insista con esto, su Excelencia,

es sobre el tema de los padres que nos enviaron.

Sé que tiene dos enviados suyos en México, ¿verdad?

Que se regresen de inmediato.

El caso está cerrado.

No.

¿Por qué? No le basta que yo sea

el Cardenal Penitenciario Mayor? ¿No es suficiente justificación?

¿No le bastan tres muertos y una persona desaparecida?

¿Tengo que venir hasta aquí para explicarle algo tan obvio?

Que se regresen inmediatamente.

¿Crees que nos ha visto?

Viene hasta acá y no se baja del coche.

Diga.

No, no, Excelencia.

Excele...

Me ha colgado.

¿Qué pasa?

No lo puedo creer.

Es un atropello en todo sentido.

No me ha pasado nunca en la vida.

Obviamente alguien ha llamado a alguien,

y ese alguien ha llamado a otro alguien.

Y ese otro alguien ha llamado a no sé quién...

Frene un poco, frene un poco, frene un poco.

Vaya despacio, vaya despacio.

- Sí. - Acelere.

Acelere. Acelere.

Gire a la derecha, gire a la derecha.

- ¿Qué pasa? - Nos están siguiendo, padre.

- ¿Qué? - ¡No voltee, nos siguen!

¿Qué hace? ¿Qué hace?

¿Qué hace? ¡Rambo! ¡A ver, diplomacia! ¡Demonios!

Padre...

- Padre... padre... - ¿Nos están siguiendo o qué?

¿Nos está siguiendo?

Bueno, muy bien, ya que tiene su café,

¿nos puede contar por qué nos estaba siguiendo?

Yo solo quiero encontrar a Rafael.

¿Y usted piensa que lo tenemos escondido en la cajuela?

No.

Pero él desapareció justo cuando ustedes llegaron.

Podría ser una casualidad, pero...

Ustedes no creen en casualidades.

Manejamos la ironía en esta mesa.

¡Fantástico!

Un terreno en el que me muevo bastante cómodo.

No, no es una ironía, es la verdad.

Mejor aún.

Con la verdad me llevo mejor que con la ironía,

además conviene porque en este pueblo tan folclórico,

cuyo color local es por demás oscuro,

somos los únicos imbéciles

que estamos haciendo todo lo posible

por encontrar a Quintana.

Ni la Fiscalía,

ni la Policía,

ni sus fieles tan devotos,

nadie está moviendo un solo dedo.

Así que si dejamos la ironía a un lado

y empezamos con la verdad nos va a ir mejor a todos.

Tiene razón, padre, perdón.

Salvó por Rafael,

tengo la tendencia de no confiar en la Iglesia.

Es una buena tendencia.

Incluso en ocasiones la comparto.

Pero no en esta.

No los estaba siguiendo a ustedes.

Estaba siguiendo a Prado

y me di cuenta que ustedes también.

Usted piensa que...

¿Piensa que su jefe tiene algo que ver

en la desaparición de Quintana?

No lo sé.

Pero me preocupa que todo esto se alargue

que quede en el olvido.

Adiós, Rafael,

si te he visto no me acuerdo.

No es lo primero que se tapa en este pueblo.

¿Adónde va?

Pues a destapar.

Disculpe, ¿el baño?

En otra época me hubiese divertido mucho,

pero ahora mismo no tengo ni el tiempo ni las ganas.

¿Qué hacemos?

Podríamos trepar.

¿Trepar? ¿Usted?

¿Para entrar a una propiedad privada?

No lo puedo creer.

Ya estamos aquí, ¿no?

Por favor, reverendo padre Salinas,

fundador de la Cofradía de la Línea Recta.

Miembro de la Sociedad de los Santos Estatutos...

No, no, no solo eso. Doctor Honoris causa

de hacer lo que se debe.

Por ahí es mucho mejor.

¿Le molestaría si hablamos en español?

Sí, sí, desde luego, si gusta.

Su madre es española y su padre italiano.

Del barrio "Las Maglianas", si no me equivoco.

Su padre es Franco Graviano.

¿Lo visita en la cárcel?

Debe ser muy duro ser la hija de un "pentito".

La mafia no perdona a los delatores,

ni a su familia.

Está todo el tiempo amenazada, escondida,

esperando que en cualquier momento suceda el golpe.

Por eso me da mucho gusto hermana, realmente,

que esté aquí entre los muros de la Santa Sede.

Donde nosotros la vamos a proteger.

No sé qué decir, su Eminencia.

¿Le molesta que la haya investigado?

¿Que me haya metido en partes de su vida

que son solo suyos y de nadie más?

Pensé que no le molestaría tanto ya que es exactamente

lo mismo que ha venido haciendo desde hace varios días.

¿Fue el prefecto Zuliani el que se lo pidió?

Entonces, ¿quién se lo pidió?

Porque no creo que se le haya ocurrido mientras rezaba.

Me gusta su silencio.

Manténgalo.

Hermana, fuera del Vaticano, usted corre riesgos.

No los corra aquí adentro.

Está en el lugar correcto.

¿Conoce bien este lugar, doctora?

Yo crecí aquí, ¿sabías?

¿En serio? ¿Tú tampoco tienes familia?

¡Claro que sí!

Mi familia es Dios. Jesús.

Y todas las personas que aquí me cuidaron.

Ellos son mi familia y van a ser la tuya también.

Pero por si las dudas, yo te voy a cuidar.

Bienvenida, Adriana.

Vamos.

Este va a ser tu cuarto, Adriana.

Mira, él es Rafael.

¿Por qué no hablan un poco mientras vamos por tus cosas?

Pásate.

Vamos.

Hola.

¿Quieres que te enseñe cómo hacerlo?

Mira, lo primero que tienes que hacer

es darle una vuelta arriba.

Aquí dormía Prado en los campamentos.

A Rafael le aterraba este lugar cuando éramos niños.

Seguramente cuando nos vio,

vino a buscar lo que estaba en este armario.

Pero, ¿qué? Si está vacío.

Quizá pensó que se le olvidó algo y quería asegurarse.

Si es que no hace falta ser un genio.

Un cura con muchos traslados.

Varios cambios de sede, un campamento lleno de niños,

la monja a cargo es internada.

Luego asesinada, luego desaparece otro cura.

Vamos, por favor.

La iglesia tiene una fama que no se la ha ganado gratis.

Esa es una acusación muy seria, padre.

¿Y un asesinato no es serio?

Son dos acusaciones muy serias.

¿Eso es lo que estás tratando de decirnos?

¿Adriana, a ti alguna vez...?

Pedro.

Pedro.

¡Dios!

¡Dios mío!

- Hay que llamar a la Policía. - No.

Olvídese de encontrar a Rafael si llamamos a la Policía, padre.

- ¿Por qué? - ¿Cómo por qué?

Porque van a pensar que él mismo escondió esto.

O peor aún,

van a descartar cualquier tipo de evidencia

que indique lo contrario.

No quiero decepcionarla, doctora,

pero seguramente su amigo hizo exactamente eso.

Dejó la camioneta para irse con otro coche.

No, no puede ser.

Usted vio el camino, estaba lleno de lodo,

y de polvo...

Es... está impecable.

¿Cómo la trajo aquí? ¿Levitando?

Claramente alguien se tomó el tiempo de lavar la máquina.

Prado.

Tenemos que hacer que confiese, padre.

Si lo llevamos a la Policía se van a salvar entre ellos.

Mire, Adriana...

Lo siento mucho.

No hay nada que me gustara que poderla ayudarla, pero...

por razones que no sé,

- nos han sacado del caso. - Padre, por favor.

No hay nada que hablar.

Yo me voy al Vaticano y usted...

Usted no sé adónde se va, pero...

Lo siento, Adriana, no...

Tenemos las manos atadas.

No podemos hacer nada.

Lo siento, de verdad.

Padre...

Lo siento, Adriana.

Simón.

- ¿Qué mira? - Nada.

Nada.

Lo veo tan...

Tan decidido a regresar al Vaticano.

Usted que es tan relajado con las reglas,

usted que se manda solo.

Y por otro lado lo vi hasta empático con la doctora,

cosa que es rara en usted.

No sé si es un buen momento para regresar, justo ahora.

Mire, padre, yo podré ignorar las normas de la Policía,

de los ciudadanos, las de los fiscales, todas,

pero no las de curia.

Esas se cumplen sí o sí.

Y la orden es que nos vamos.

Nuestras manos están atadas, ¿no?

- Exacto. - Sí.

Pues las suyas estaban bastante sueltas.

Es una observación nada más,

si le sirve.

- Qué pena los votos de castidad. - ¡Ya! ¡Ya!

¿Por qué no podemos hablar con Emilia?

Padre, que nos dé 24 horas, que diga...

que no había vuelos o que perdimos el nuestro.

Ahora resulta que usted es James Dean

- en "Rebelde sin causa". - No es eso.

¿Prefiere que lo llame Rambo?

Ya que le gustan las películas.

Siento que tengo que estar aquí, padre.

Le va a sonar tonto pero,

siento que tengo que terminar esto.

Es como si algo...

quisiera que estuviera aquí.

Es una sensación muy normal

cuando uno trabaja para la Congregación.

- No es eso. - Uno ve casos insólitos,

únicos, y uno puede pensar que es una cosa especial.

- Pero, no es así. - No es eso, padre, no es eso.

Entonces, ¿qué es?

Bueno...

Cuando yo era niño...

Algunas noches mi mente se iba por...

caminos extraños y...

La señora que trabajaba con nosotros,

mi nana, Badi...

decía que lo que me pasaba, eran... ausencias.

En esas ausencias yo...

dibujaba, hacía garabatos, muchas veces cosas sin sentido.

Otras veces eran cosas mucho más claras.

Imágenes que después se convertían en eventos, ¿no?

En tragedias, mire...

Accidentes.

Todo esto yo lo hacía de manera inconsciente,

ni siquiera tenía ningún control.

Claramente desde niño me...

Me impactaba mucho.

Y toda la vida he estado obsesionado con entender

qué me pasaba.

Tampoco hay mucho que entender, ¿no?

¿No?

Esto en el lenguaje vulgar se conoce como coincidencias.

Sí.

Claro, puede ser también.

Quizá, sugestión.

Algún tipo de sonambulismo.

Sí, cuando estudié Medicina...

investigué mucho en la Psiquiatría,

en la Neurología.

Estas ausencias no...

no estaban en los libros.

A veces son...

demasiados detalles para ser una coincidencia, ¿no?

Si yo estuviera investigando este caso,

descartaría de inmediato esos garabatos.

Cualquiera los podría haber hecho después del suceso.

¿Usted de verdad cree que yo haría algo así?

Por eso me quiero quedar, Simón.

Siento que...

las respuestas que he estado buscando...

están aquí.

En este pueblo.

No sé.

Pero tenemos órdenes.

Hasta luego, Josefina. Igual, y gracias por todo.

Que les vaya muy bien.

Qué Dios la bendiga, María José.

- Gracias. - Hasta luego.

- ¿Diga? - Padre Prado, buenas noches,

disculpe que lo moleste a esta hora,

habla el padre Salinas.

¿En qué le puedo ayudar, padre?

Nada, únicamente le llamaba

para agradecerle todas sus atenciones.

Lamentablemente nos informaron

del Vaticano que tenemos que regresar.

Estamos ya a punto de devolver el coche

y no nos vamos a poder despedir en persona,

pero le queremos hacer llegar después un detallito.

- ¿Tan pronto? - Sí.

Se suspendió la investigación, hasta que aparezca Quintana.

¡Qué pena!

Pero, yo confío en que

nuestra amistad nos ayudará a seguir en contacto.

Cuente con ello, padre.

Y que tenga muy buen viaje.

Gracias, que Dios lo bendiga.

- Igualmente. - Hasta luego.

- "Un detallito". - Bueno.

Usted siga con la diplomacia...

yo me encargo de la estrategia.

¿Sí? Hotel San Acacio.

¿Se encuentra el padre Salinas y el padre Antequera?

Es una llamada urgente.

¡Se acaban de ir!

¿Y normalmente a qué hora regresan?

Ya se iban al Vaticano, se fueron con todas sus maletas.

Muchas gracias.

De nada.

¿Sí, padre?

Hermana, ¿cómo está?

Mire, necesito añadir un último favorcito a la lista.

Me tiene que cambiar el vuelo para mañana.

¡No, no! Imposible, padre.

No sabe la que se ha armado aquí,

no sé en qué se ha metido

pero con lo que están buscando, han enloquecido a Roma.

Solo van a ser unas horitas, de verdad.

Madre Santa, unas horitas.

No sé, invéntese algo,

diga que la aerolínea ha sobrevendido el vuelo,

lo que sea.

Pero necesitamos un día más.

Veinticuatro horitas.

A ver.

¡Maldita sea!

¿Cómo era entonces?

- ¿Qué cosa? - ¿Qué sentía?

¿Como un hormigueo?

¿Como si se fuera a desmayar?

¿Con las ausencias?

Es difícil de explicar, padre.

Para empezar nunca las volví a tener.

Pero era como...

Como un sueño lúcido, como si estuviera ahí.

Pues sentía... el calor del fuego.

Sentía el frío del agua, la humedad.

El miedo.

Y el dolor también.

- ¿Qué mira? - ¿Qué?

- ¿Qué mira? - Nada.

Me estaba mirando.

Usted hace muchas preguntas y nunca contesta nada.

Es que no tuve una vida tan interesante como la suya.

Nunca tuve profecías.

Alguna ausencia.

No se haga el chistoso, no se haga el chistoso, padre.

Cuénteme algo, lo que sea.

Bueno, ya le he contado sobre mi madre.

Sobre mis hermanos.

Sobre Vallecas.

La austeridad, eso es una universidad,

la austeridad.

Se aprende igual.

Cuénteme más de sus cinco hermanos y de su madre.

¿Todavía los ve?

Sí.

A mi madre la visito a veces, en el cementerio.

Lo siento mucho.

¿Usted la conoció?

¿Conoció a mi madre?

No, ¿cómo la voy a conocer?

Entonces, ¿por qué lo siente?

¿Siente la muerte de todos los que no conoce?

Usted se la tiene que pasar sufriendo.

Padre, ya. Era una amabilidad nada más,

la verdad es que no lo siento, me da igual.

¿Le da igual?

- ¿Le da igual la muerte de mamá? - Sí.

- ¡Qué grosero! - ¡Bueno, ya!

Aparentemente soy nuevo en esto de la diplomacia, ya.

- Qué insoportable es. - ¡Maldición!

- ¡Dios mío! - Hola.

Perdón, padres.

- ¿Es tarde? - No.

Esperemos que no.

¿Vendrá?

Hoy no ha entrado, porque nos ha visto.

Pero ahora que nos hemos ido, no sé.

Es verdad.

Perdone que le pregunte, Adriana,

pero, ¿cómo terminó en un sitio así?

Podría decirle que fue culpa de mi mamá, pero...

no sería muy preciso.

Sí, creo que la puedo entender.

Yo...

a mi manera también sufrí un abandono.

Pero no me refiero a eso.

Mis papás...

se mataron después de dejarme aquí.

Mi papá venía manejando,

y mi mamá de pronto dio un volantazo fue todo muy...

muy repentino, no hay una verdadera explicación.

Mi papá sobrevivió, estuvo unos días en el hospital,

y ahí dijo que mi mamá...

No era ella, que era como si hubiera...

abandonado su cuerpo.

El padre Quintana nos contó

algo parecido antes de desaparecer.

Dijo que había algo en este pueblo

que hacía que la gente normal...

de pronto dejara de serlo.

Está ahí.

Es él.

No va a encontrar nada, padre.

¡Adriana! ¿Qué están haciendo aquí?

No tiene sentido que siga buscando.

Yo lo tengo muy bien guardado, no se preocupe.

¿Qué cosa?

¿Qué dices?

¿Tú sabes lo que está buscando?

No cuentes nada.

¿Qué le hicieron a Rafael?

Padre...

- ¡No se acerquen! - No, no, no.

- No, no. - ¡Tranquilo!

¡Tranquilo, por favor! Por favor.

Padre...

No sé qué le pasó a Rafael, te lo juro.

¡No lo sé!

Tienes que venir conmigo.

Me tienes que dar lo que tienes.

Padre, por el amor de Dios, cálmese, baje el arma.

- Vamos a hablar. - ¡Ustedes, cállense!

Ni siquiera deberían estar aquí.

Tú me conoces.

Sabes que todo es bueno, sí.

Padre...

ya está todo acabado, por favor.

¿Por qué no se confiesa?

Y colabora con nosotros y con las autoridades.

Ustedes no saben, ni siquiera...

¿qué están haciendo, verdad?

Dele el arma por favor, padre, todo va a estar bien.

Por favor confíe, dele el arma. dele el arma, padre,

- Por favor. - No le voy hacer nada.

Por el amor de Dios, dele el arma.

- ¡Tranquilo, tranquilo! - No, no.

- De verdad, lo vamos a ayudar. - Sí.

Sí.

¿Estás bien?

Vamos.

Vamos.

¿Está bien, padre?

Estoy bien, estoy bien.

- Padre. - Estoy bien.

- ¿Está bien, seguro? - Sí.

- Ya se lo dije. - Sí, sí.

¡Tenga! Póngase esto en la frente.

Gracias.

¿Adriana?

Adriana, despierta.

Acompáñame, ven.

¡No! No se la lleve.

Se calla y se duerme.

¡No!

Rafael Quintana, se calla y se duerme o le volteo la cara.

¡Duérmase!

Vamos.

¡Duérmase!

¿Adónde vamos?

Monseñor Benavent está aquí y te quiere conocer.

¿Hice algo malo?

No.

¿Qué hice?

¡Ya, ya!

- ¡Frena, frena! - ¡No puede ser!

¡No puede ser, no puede ser!

¡No puede ser, no puede ser!

Lo importante es que pase lo que pase allí adentro,

no grites.

¿Entendiste?

Si gritas, no podré ayudarte.

¿Estamos?

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.