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Mi niño.
Abre los ojos.
Tranquilo, yo estoy aquí.
Badi, tengo miedo.
No tengas miedo, mi niño.
Estabas en una de tus ausencias, pero ya estoy aquí.
Abre los ojos.
No quiero esos sueños.
Prende la luz, Badi. ¿Te quedas conmigo?
Sí, ven acuéstate.
Acuéstate.
Aquí, mira.
Eso.
Mi niño.
- Gracias, Badi. - De nada.
- Doña Leti. - ¿Qué pasa?
¿Puede creer que el niño se puso mal anoche otra vez?
Ya te dije que no lo alientes con esas cosas, Badi.
Si le haces caso, lo va a seguir haciendo.
Pero señora, mire.
El niño ve cosas.
Él dibujó el incendio de la fábrica
hace 6 meses, mucho antes de que pasara.
Badi, por favor.
Incendios hay todos los días.
El niño no ve cosas, simplemente tiene mucha imaginación.
Y tampoco ayuda que te la pases contándole historias
de Boquia, Yosipa o Imasofo.
El niño absorbe todo como una esponja.
- Pero es que mire lo que digo... - Dije que ya.
- Señora... - Basta.
Le dejas de seguir el juego al niño.
No quiero volver a ver estos dibujos en mi casa.
¿Queda claro?
Badi, ¿qué es esto?
Son tus ausencias, mi niño.
Yo las guardo porque trato de entender.
¿Qué te dije Badi? ¿Otra vez lo mismo?
No puede ser.
Ven, mi amor.
Espérame aquí.
Fui muy clara, Badi.
Yo nomás trato de ayudar, señora.
Pues estás haciendo todo lo contrario.
Perdóname pero no puedo tolerar esto.
Te tienes que ir.
- Pero Metzi me necesita. - Lo siento, perdón.
Sí, lamentablemente...
logramos encontrarlo en el interior del domicilio.
En estos momentos se está procediendo
al traslado del mismo.
Afirmativo, sí.
Se están haciendo todas las investigaciones,
todavía falta.
Que así sea.
Afirmativo, procedemos al traslado. R 10.
¡Padres! Qué bueno verlos.
Antes de que se vayan,
¿me podrían explicar
que hacían aquí?
¿Quién los autorizó?
Nosotros, en realidad, veníamos a ver a Elena...
A mí me gustaría preguntarle,
¿qué está haciendo usted, oficial?
¿Cómo es posible que dos sacerdotes
hayan encontrado muerta a la desaparecida en su casa
y la policía no?
Pensé que usted, siendo mexicano,
iba a entender más claramente el idioma.
Ya no sé cómo decírselo.
No se metan.
Bueno, lo siento mucho nosotros tenemos
una misión que hacer.
Yo soy médico y le exijo estar presente
en la autopsia de Elena.
Tenga cuidado, padre.
- ¿Por qué? - Comisario...
No me diga que está amenazando a un sacerdote.
Qué casualidad que cuando mandan dos padrecitos del Vaticano
a hacerle preguntas,
el santo desaparece y la novia se suicida, ¿no?
A lo mejor para usted somos únicamente unos padrecitos
como bien dice, pero le garantizo que nosotros
estamos aquí para hacer una misión
y no nos interesa para nada causarle problemas.
Comisario, por favor.
¿Le parece si empezamos de cero?
Imagino que debe haber tenido un día muy complicado y...
No se vuelvan a meter en la investigación.
Aquí sus sotanas no valen nada.
Bien, ¿no?
Tranquila, hermana. Más despacito, por favor.
¿Cómo que tranquila?
Están borrando todos los videos de internet
y yo tengo que estar tranquila.
¿Me escucha?
¿Pero quién está borrando los videos?
Como si supiera.
La tengo que dejar hermana, hablamos luego, chau.
Listo, ya está.
Lo renté por una semana.
Si lo necesitamos más tiempo pues, solamente llamamos.
No tiene radio, tampoco calefacción
pero bueno, es lo que hay.
Nada tiene calefacción en este pueblo,
me gusta esa coherencia.
Gracias. ¿Con quién hablaba?
Con mi asistente en Roma, palabrerías sin importancia.
Este debe ser el caso más raro que ha visto, ¿no?
¿O todos terminan así con desapariciones misteriosas
y suicidios?
He visto cada caso que ni se imagina.
Pero un homicidio...
¿Descarta el suicidio, entonces?
No, no lo descarto pero es todo muy raro.
La llamamos por teléfono, nos dice que está viniendo
y de repente nos la encontramos ahí colgada.
Usted no causa el mejor efecto en las personas
pero me pareció un poco extremo.
Buen trabajo Salinas,
uniendo los puntos que nos han llevado a Elena.
Fantástico.
No puedo dejar de pensar en este policía
que nos quiere echar del pueblo.
¿Con qué credenciales?
Justamente de eso le quería hablar.
Precisamente porque tal vez hubo un homicidio,
deberíamos tratar a la policía con...
más elegancia.
- ¿Con elegancia dice? - Sí.
Por favor padre, estamos en México.
Ya de lejos se puede ver la incompetencia de ese policía.
Nosotros tenemos que seguir.
Venía pensando en eso.
Si nosotros seguimos con la investigación de las sanaciones
y descubrimos que Quintana es legítimo,
que él está diciendo la verdad,
entonces definitivamente alguien le hizo daño.
Lo estamos ayudando.
Si por otro lado, nosotros descubrimos
que Quintana es un cuenta cuentos,
la Iglesia dio con un estafador.
Es una situación "win, win".
Bien. No obstante, debemos ser más cuidadosos.
Lo dice el sacerdote que se mete sin permiso a las casas.
Pero sin que nadie se diera cuenta,
es muy diferente.
Padre, nosotros tenemos que ser émulos del Señor.
Este café, su fruta,
la mesa, la cafetería,
el pueblo,
usted, yo.
Todo es creación del Señor, ¿sí o no?
¿Y dónde está el Señor?
¿Usted lo vio? Yo no lo vi. Nadie lo vio.
Fíjese todo lo que es capaz de hacer sin que nadie lo viera.
Sin hacer ruido.
Así tenemos que ser nosotros.
¿Por qué?
¿Por qué no podemos ir de frente con la verdad?
En este pueblo no hay ni dios que lo proteja,
métaselo en la cabeza.
Hemos venido aquí a averiguar quién es Quintana
y ya que estamos, salir de aquí con vida.
Aquí en este pueblo te pones en contra de la policía
y "chau, Quintana" y quien le dice, "chau, nosotros".
Es una situación "chau, chau".
No me gusta su manera de trabajar.
Si me permite.
Pensé que estaba contento con mi trabajo.
No...
- Si quiere le puedo explicar. - ¿Qué me va a explicar?
Está clarísimo, ¿no, padre?
Usted no puede soportar perder autoridad.
No puede soportar no ser el número uno.
Usted está muy molesto porque encontré a Elena.
Y por haber ido de frente con el policía, eso es.
- ¿Qué dice? - ¡Eso, eso!
Que con usted todo tiene que ser por las sombras, ¿no?
Todo tiene que ser por atrás, ¿no?
Mintiendo, negociando, seduciendo.
¿Cómo hace un sacerdote para ser tan hipócrita? ¡Por Dios!
Explíqueme cómo hace para ser cura, porque yo no podría.
Es una vergüenza para la sotana que usa.
Hipócrita. Soberbio.
Soberbio.
Yo voy a llegar al fondo de todo esto, padre.
Y les voy a demostrar quién tiene la autoridad,
y si a usted no le gusta, váyase usted.
Aquí el local, soy yo.
Déjeme que le explique, por favor.
¿Le parece si hablamos un momentito?
Para limar las asperezas, Pedro. Antes de entrar
Guadalupe.
Padres, qué gusto verlos, no los esperábamos.
Nos gustaría hablar con el director, si es posible.
Está dando misa para los internos.
- No me diga. - Aquí en la capilla.
Le agradezco.
Bueno,
creo que sería mejor que yo hablara con él.
Sí.
Y de hecho, creo que sería mejor que usted me espera aquí fuera.
No sé si se ha dado cuenta,
pero hay algo sobre usted que irrita a la gente.
Porque hemos descendido del cielo,
no para hacer nuestra voluntad,
sino la voluntad del que nos envió.
Y aunque la partida de nuestro estimado colaborador
Santiago Balam nos parezca prematura,
¿quiénes somos nosotros para cuestionarla?
Solamente nos queda confiar y orar.
Y también debemos orar por la pronta aparición
de nuestro hermano el padre Quintana.
Pedirle al Señor que se haga su voluntad
y que nos brinde la esperanza de tener buenas noticias,
o la sabiduría para entender las malas.
¿Qué se le ofrece, padre?
No sé si se enteró de lo de Elena.
Ya pedí que intercedan por su eterno descanso.
Son muchos golpes juntos, incluso para este pueblo.
Justamente por eso estoy aquí, padre.
Vengo únicamente a ponerme a sus órdenes
y, obviamente, a disculparme
por el comportamiento de mi compañero
me enteré que entrevistó a una paciente sin permiso.
Sí, su compañero español.
Creyó que podría venir aquí a hacer lo que quisiera.
Como todo español, cree que todos somos sus indios
y no le avisaron que somos un país libre.
Así es, padre.
Usted se ve como que sí lo educaron.
Muchas gracias.
Igual yo debería disculparme.
No hace falta.
La muerte de Santiago, todo este asunto de Quintana,
la investigación de ustedes, era mucho para digerir.
No se preocupe, es completamente comprensible.
Tome asiento, por favor.
Gracias.
Dígame, ¿cómo le puedo ayudar, padre?
Mire, a pesar de lo sucedido,
nosotros tenemos órdenes de seguir con la investigación
de las sanaciones del padre Quintana
y decidimos empezar por Valentina,
por ser ella la primera presunta sanación.
Sí, supongo que su compañero le comentó
que Valentina está muy enferma, la pobre.
Sí.
Ustedes vieron cuando escapó, ¿no?
No es la primera vez, lo ha hecho muchas veces.
Y una de ellas, murió en una presa aquí cerca.
Afortunadamente, Quintana llegó y pasó lo que pasó.
¿Quién llevó el registro de ese día?
¿Hubo alguna ambulancia, policía?
¿Alguien que haya podido hacer algún reporte oficial?
Se lo pregunto porque ese tipo de documentación
nos sirve mucho para sustentar un acto milagroso.
No, nada.
Quintana obró cuando ya no había nada que hacer.
Cuando ya estaba muerta.
¿Y usted realmente piensa que él la trajo de vuelta?
¿Qué intercedió por ella?
Yo, yo solo soy un simple siervo del Señor.
No soy quién para cuestionar.
No sé si fue Quintana o el Señor que obró mediante él.
O si todo fue una mera coincidencia.
Afortunadamente para todos, Valentina sigue con nosotros.
Bendito sea el padre Dios.
Una última pregunta, padre.
¿Quién pronunció muerta a Valentina?
Adriana Cortés, la misma médica que proclamó muerto a Balam.
Un negocio tienen estos aquí montado.
Toman al más tonto de todo el pueblo,
le cuentan una historia y el pobre hombre se la cree.
Llega la médica, constata la muerte,
llega el cura, lo revive.
Tenemos un santo, tenemos un negocio redondo.
- Vamos, por favor. - Sí.
¿Y según su teoría, por eso escapó Quintana?
Yo no tengo teorías, Pedro, yo tengo puntitas,
hilitos de los que voy tirando poco a poco
hasta llegar al centro del asunto.
Buenas tardes.
Y mi hilo me dice que Quintana ha matado a su amante
para que no delate y el otro que la amante
se ha quitado la vida para no ser descubierta.
Todavía no puedo descartar nada.
Pues entonces no descartemos que sea una coincidencia.
También eso una posibilidad.
Que no tenga una explicación racional,
que es justamente la condición de un milagro,
que no tenga una explicación.
Sí que la tiene, Pedro. Sí que la tiene.
Te veo en casa.
Hijo, apaga eso.
Vas a terminar como tu papá.
Basta, mamá.
Esteban, por favor, no se te puede decir nada.
¿Y a ti?
Al menos voltea cuando te estoy hablando, ¿no?
- Hijo. - Ya, mamá.
- Padres, qué sorpresa. - Buen día.
- ¿Quieren pasar? - ¿Podemos?
Si es posible, sí. Gracias.
Disculpe que la molestemos en su casa, Adriana,
no queremos ser un inconveniente.
No, no, para nada, pasen, están en su casa. Siéntense.
- Ahora regreso. - Gracias.
¿Qué haces?
Basta con esa música, tenemos visitas.
- ¿Quién? - Los curas del Vaticano.
Adolescentes.
Desde que murió mi marido, la casa se me vino encima.
Lo sentimos mucho. ¿Fue reciente?
Sí. Cáncer de pulmón, con una metástasis muy agresiva.
No hubo mucho que hacer.
Vaya, lo siento, Adriana.
No le queremos robar mucho tiempo,
simplemente le queríamos hacer unas preguntas
sobre el padre Quintana.
¿Supieron algo de él?
Siendo el pueblo lo pequeño que es,
imagino que se habrá enterado.
- Lo de Elena. - Sí.
Dios mío. Tanta tragedia en este pueblo.
A la locura que parece endémica, se le suma esto.
Aún no sé si las cruces que pusieron en los cerros
las pusieron para protegernos
o para mantenernos alejados de todos.
En fin, ¿qué es lo que quieren saber de Rafael?
Él y yo prácticamente nos criamos juntos.
No lo sabíamos.
Lo siento en el alma, Adriana.
De verdad, podemos venir en otro momento.
- No la queremos incomodar. - No, está bien.
¿Seguro?
Adriana, yo creo que nos podemos ayudar mucho.
Claro, usted como médica fue la persona
que constató la muerte de Valentina
y luego el padre Quintana la revivió.
- Su primera sanación. - Sí, Valentina.
¿Nos puede decir que recuerda exactamente de ese día?
Bueno, fue hace mucho tiempo.
No tiene pulso.
Se murió.
Esperen, esperen, no.
Padre nuestro que estás en el cielo.
Tú que has vencido a la muerte y resucitado al tercer día.
Te encomiendo el alma de esta pobre sierva.
No sé cuánto tiempo rezó.
Quizá fueron unos segundos nada más,
pero se sintieron como una eternidad.
Todavía no, todavía no.
Es un hombre maravilloso.
Sí, pero ¿como médica?
Como médica, se lo digo padre,
no se lo puedo decir de otra manera.
Es un hombre maravilloso.
Él y yo somos como hermanos.
Nada más.
Ni nada menos.
Valentina murió de madrugada, ¿cierto?
En la mañana, que hace mucho frío,
casi helado,
una hipotermia avanzada podría haber ocultado el pulso,
hacerlo prácticamente imperceptible.
Estaba muerta, padre.
- Sí. - Soy doctora.
Claro.
Bueno, el padre Salinas, así como lo ve,
no sólo es sacerdote también es médico
y además uno de los mejores.
Entonces como médico, se podrá dar cuenta
cuando un paciente está muerto.
Sí, sin dudas.
Valentina estaba muerta y Balam también, por si tenían dudas.
No estábamos hablando de Balam.
Sí, yo sé, pero es... ese es su trabajo, ¿no?
Sospechar, supongo.
- Bueno. - Y el mío es salvar vidas.
Aunque a veces no lo logre.
Y en esos dos casos no me alcanzó.
¿Hay alguien más con quien
pudiéramos corroborar esta historia?
Prado, por supuesto.
Jerónimo, que es quien la encontró.
Aunque él ya no trabaja con nosotros,
pidió su traslado.
¿Jerónimo es sacerdote?
Todavía no, seminarista.
Estaba haciendo una especie de práctica.
Entiendo.
¿Y ahora dónde está? ¿Sabría ubicarlo?
No supe más de él.
- ¿Nada? - Nada.
Claro.
- Bueno, muchas gracias. - No hay de qué.
- Muchas gracias por su tiempo. - No hay de qué.
- Los acompaño. - Gracias, sí.
Mucha suerte con el adolescente.
Adriana.
Una última pregunta y disculpe si la incomodo,
no me tiene que contestar pero...
Sabiendo que Quintana había revivido gente,
que les había sanado,
¿cómo no llevó a su marido?
Sí lo llevé, padre.
Pero hay veces que no alcanza ni la ciencia ni la fe.
Claro.
No me pareció estar mintiendo.
No lo sé.
Sabe que este tal Jerónimo ha sido trasladado a un pueblo
y no sabe dónde.
No es un lugar tan grande como para no saberlo.
El león cree que todos son de su condición.
Oiga, si tiene algún problema hablamos directamente,
que para parábolas ya tenemos a Cristo.
Se lo digo directamente, ya lo sabe.
Le pidió al prefecto Sulemi que me echara, ¿le parece?
- Lo estaba protegiendo. - ¿De quién?
De usted.
Faltaba más, no sea ridículo.
¿Faltaba más? ¡Pero por el amor de Dios!
Usted habla con la autoridad de patrón de estancia
- y así no se puede. - Yo soy sacerdote.
Hablo con la autoridad del Espíritu Santo, nada más.
¿Pero qué espíritus, hombre?
Los que colgaron a Elena no son espíritus son cuerpos
y muy motivados por cierto.
Y no les vamos a ganar ni yendo de frente,
ni recitando parábolas ni versículos.
Ya lo dijo Cristo:
"Al César se le derrota con las armas del César".
Cristo nunca dijo eso, padre.
Y así le fue.
¿Qué sugiere?
Confíe en mí.
- Falta la ficha de ingreso. - Padre Prado.
- ¿Otra vez por aquí? - Sí, ya sé.
Disculpe las molestias pero la verdad es que me quedé
con algunos asuntos pendientes la última vez que nos vimos.
- ¿Le importa? - No.
- ¿Caminamos? - Claro. Gracias.
No pude evitar notar su anillo la última vez que nos vimos.
Mi familia siempre tuvo una estrecha relación
con el Opus Dei.
De hecho, tuve la oportunidad de coincidir
con monseñor Ocáriz Braña hace unos años en la Santa Sede.
- ¿En serio? - Sí.
Muy brevemente, pero fue muy conmovedor.
¿Pertenece usted a la Orden?
No, no.
Mi familia siempre ha sido muy cercana.
Yo me considero muy cercano, pero nada más.
Va por muy buenos pasos, padre.
¿Y recuerda que oración rezaba Quintana exactamente?
No eran oraciones.
Eran palabras y ruegos.
Entiendo.
No recuerdo bien la verdad.
- Fue hace tanto tiempo. - Me imagino.
- Y fue tan rápido. - No se preocupe.
¿Tomamos una tacita de café en mi despacho?
Estoy bien sin café, padre.
Si tomo ahora no me duermo ni con cinco rosarios.
Pero yo necesito algo caliente, acompáñeme, por favor.
Ya, ya, ya.
No, todavía no.
Qué raro que dejé abierto.
A qué hora cerré, no sé.
Pase, por favor.
Entonces, ¿seguro no quiere una tacita de café?
- ¿Qué? - Una tacita de café.
No, no, fíjese que ando muy ansioso últimamente, padre.
No sé por qué.
Hermana, necesito que me ayude con algo.
Qué milagro.
Mire, le voy a mandar unos archivos
de un tal Jerónimo Rodríguez, es un seminarista.
Suponemos que se ordenó en el seminario de Huejutla.
Por favor, mire los archivos a ver si puede encontrar
la dirección.
¿Le supondría algún problema eso?
Legal, no es.
- ¿Es pecado? - No, tampoco.
Yo tampoco le pediría que pecara por mí, hermana.
Por favor, ayúdame con esto, carácter urgente. Gracias.
Lo podría haber retenido un poco, ¿no? Era la idea.
Perdóname por no ser un profesional del engaño
- como usted. - Por el amor de Dios,
ni que lo hubiera pedido que la apuñalara,
que lo distrajera un poco, es lo único que le pedí.
Perdón, padre. Yo no entiendo por qué no podemos
pedirle la documentación y ya.
Porque no sabemos en quién podemos confiar.
Usted va y le dice, "¿tiene la documentación?"
¿Sabe lo que le va a decir? "No la tengo"
y la va a quemar. Eso es lo que va a pasar.
Bueno. ¿Y encontró algo?
No, ahora tengo que mandar las fotos a Emilia
y rezar porque nos dé una dirección.
Pues, rezamos.
Era un decir, padre, por el amor de Dios.
Me parece muy interesante su curriculum, padre.
¿Sí?
Qué lástima que no tenga antecedentes penales, ¿no?
A lo mejor así me tendría más confianza.
Sigue enfadado.
De los pecados capitales, la ira es el que menos me gusta.
A usted debe gustarle la soberbia.
No, para nada.
Le voy a confesar algo, con la gula me llevo bien.
Ahora bien, con la pereza...
A esa le tengo mucho cariño.
Me pareció muy interesante que además de estudiar medicina,
sacara tiempo para estudiar filosofía
- y teología mesoamericana. - Mire.
De pronto se interesó por mis estudios.
No era la falta de interés, era falta de tiempo, Pedro.
¿Le molesta si le llamo por su nombre de pila?
Está bien.
- Buenas noches. - Padre Jerónimo.
Buenas noches.
¿Nos regala unos minutos?
Me da mucha pena que hayan dado tantas vueltas para encontrarme,
pero yo no puedo ayudarlos.
Yo solamente era un seminarista, no tomaba decisiones.
No le pedimos tanto ni hacemos responsable de nada.
Simplemente queremos que nos diga lo que vio ese día.
La verdad, no recuerdo mucho lo que pasó ese día.
Fue hace mucho tiempo.
Es comprensible, olvidar.
Precisamente las cosas más traumáticas
son las que queremos olvidar
y a veces es muy bueno recordarlas.
¿Hace cuánto dejó de colaborar en el hospicio?
Fue más o menos por ahí. Poco después de lo que sucedió.
Regresé a Huejutla y terminé el seminario.
Cuando me ordené como sacerdote sentí
que había otros lugares que me necesitaban.
Ya no tenía que volver al hospicio.
¿No hubo otra razón?
Padre, no lo queremos incomodar,
nos gustaría que nos contara
si Valentina había fallecido cuando llegaron.
Eso es todo.
No tengo nada más que decir.
Perdón por haberles hecho perder su tiempo.
No se preocupe, padre.
Si usted nos diera su teléfono, nosotros le llamaríamos...
No, por favor, preferiría que no me llamaran.
No me contacten, no me mencionen en su investigación.
Yo no quiero tener nada que ver.
Padre.
Es que me parece que hay algo que usted no está entendiendo.
Nosotros estamos de su lado
y le podemos proteger institucionalmente.
Nuestros superiores, que son sus superiores,
nos han dado la orden de llegar hasta la verdad.
De nada sirve que usted nos oculte lo que sabe.
Aquí trabajamos para el mismo patrón
y ante él no hay secretos.
Entiendo lo que me dice, padre,
pero no puedo ayudarlos, lo siento.
Padre, ¿usted estaría dispuesto a hablar
bajo el sigilo sacramental?
¿Me quiere confesar?
Quiero reconciliarlo con Dios, sí.
Está bien.
Pero con él.
Bien, los espero afuera.
- Ave María purísima. - Sin pecado concebida.
Bendígame, padre, porque he pecado.
¿Cuándo fue tu última confesión?
Me confieso cada semana, padre.
Pero hace 10 años que cargo con esto.
¿Cuáles son tus pecados?
El silencio.
Guardar un secreto por muchos años.
Mentí cuando les dije que no sabía nada,
que no recuerdo nada.
Escapé de todo eso.
Por mucho tiempo lo logré.
¿De qué escapó?
Tuve miedo de volver
después de lo que vi.
Ustedes vinieron a preguntar si Valentina estaba muerta.
Sí, sí estaba muerta.
Estoy seguro.
Porque Valentina no tuvo un accidente.
Valentina no se ahogó.
A Valentina la mataron.
¿Cómo lo mataron?
Ella...
Fue muerta en dolor.
¿Qué quiere decir eso?
Si la hubiera visto, padre...
sabría a qué me refiero.
¿Quién la mató?
Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, del Hijo
y del Espíritu Santo.
Me voy a sentir mejor, ¿verdad, padre?
Sí.
Solo quiero que se haga justicia.
¿Sabe lo que le digo?
Sí.
Así será.
- ¿Y? - ¿Qué?
¿Qué le ha dicho?
¿Qué le ha dicho, padre? Cuente.
Usted es experto en Derecho Canónico, padre.
Sabe perfectamente que el sigilo sacramental es inviolable.
Me molesta muchísimo que que me haga estas preguntas.
Está bromeando.
No habla en serio, ¿no?
No habla en serio, ¿no?
- Por el amor de Dios. - No puede ser.
Nuestra investigación está por encima del secreto sacramental.
¿Usted decide estas cosas?
No podemos tapar criminales por el secreto sacramental.
A ver, en Australia la ley nos obliga
a denunciar el abuso sexual,
también en Chile, en California, es lo mismo.
¿Quiere que tengamos un debate sobre jurisprudencia canónica?
Yo no voy a tener un debate con usted sobre nada.
El Santo Padre siempre ha sido muy claro con esto.
Yo no me voy a exponer a una excomunión.
¡Por el amor de Dios!
La idea de la confesión fue mía. ¿Para qué se mete?
- Yo no me metí. - Sí se metió.
Él me eligió a mí.
A veces no es suficiente ponerse un cuello clerical
para ser sacerdote. ¿Pensó en eso?
Esto es increíble.
- Dame la gracia, Padre... - ¿A la una de la mañana, padre?
Sí.
- ¿Puedo? - Claro.
Señor, abre mis labios.
Y mi boca proclamará tu alabanza.
Y mi boca proclamará tu alabanza.
El señor ha resucitado del sepulcro, aleluya.
Sí.
Es un salmo, nada más tiene que repetirlo.
Sí, perdón, es que estoy con...
otras cosas en la cabeza.
Siga usted, padre. No lo quiero molestar.
Sagrados corazón de María, sea la salvación del alma mía.
Sagrados corazón de Jesús, en vos confío.
Es solo que estaba...
Estoy de acuerdo con que no quiera
romper el sigilo sacramental, padre. De verdad.
Gracias.
Justamente por eso estoy rezando, padre.
Le estoy pidiendo a Jesús que me ilumine, que me guíe,
porque no sé qué hacer.
Ya.
No sé qué hacer con la información que me dio Jerónimo,
incluso si...
incluso si pudiera usarla, no lo puedo decir.
Si puede, padre.
Usted se podría confesar conmigo.
Sería como el secreto profesional
entre psicoanalistas.
Ellos tampoco pueden revelar la información de sus pacientes,
pero sí están siendo psicoanalizados
y amparados en el secreto profesional...
Si yo le confesara a usted, padre,
yo no rompería el sigilo sacramental
pero por lo menos los dos sabríamos lo mismo.
Como ve, mi idea es perfecta, cierra por todos los lados.
No estoy seguro de que funcione así.
¿Se da cuenta de lo que le digo?
¿De qué, padre?
Y después se ofende cuando me lo quiero sacar del medio.
Pero es que usted no está hecho para este trabajo.
Usted apunta con la mira láser, camina derechito
y es incapaz de desviarse ni medio milímetro,
es incapaz de orinar fuera del tiesto.
Y este trabajo es mucho más complejo que todo eso.
Este trabajo es sucio, es sinuoso, es desprolijo.
Claro, usted no es así porque usted es un niño malcriado.
Es un patrón de estancia y por eso quiero que se vaya,
porque me estorba.
Es su rigidez.
Es su apego a las normas, su apego al protocolo.
No sólo me estorban sino que van a acabar con la vida de los dos.
Así que padre, empieza a pensar que si de verdad quiere ser útil
y quiere ayudar a un hombre
que está desaparecido y hacer el trabajo de Dios...
Ojo, el trabajo de Dios.
Va a tener que cerrar los ojos,
respirar profundamente y confiar un poquito en mí.
Sino el autobús lo espera. Usted decide.
- Buenas. - Adelante.
Aquí tiene, comandante.
Mejor lee tú, que yo leo muy lento.
La causa de muerte es asfixia por estrangulamiento.
Sí, ¿cómo no? Si la encontramos colgada.
Estrangulamiento, no ahorcamiento.
Es decir, sí hubo asfixia, pero no fue auto infligida.
La víctima presenta fractura en el hueso hioides,
así como laceraciones en ambos antebrazos y en las uñas.
Pero además, no encontramos filtración hemática en el surco.
Mire, yo sé que tengo cara de científico,
pero las apariencias engañan.
Muy bien, comandante.
Cuando a una persona la estrangulan,
le fracturan el hueso hioides
que está en la garganta a media altura.
Lo cual no sucede con el ahorcamiento,
porque en este caso la lesión es a la altura de la quijada.
Aquí presenta dos heridas, la del surco, de la cuerda
y la del estrangulamiento.
Además, también nos dimos cuenta que el ahorcamiento
sucedió post mortem.
Normalmente, cuando una persona se cuelga,
encontramos fluido sanguíneo alrededor del surco,
y aquí no hay nada.
Lo cual quiere decir que cuando la ahorcaron,
la sangre ya no estaba circulando, comandante.
¿Cuánto tiempo lleva muerta?
Entre 24 y 36 horas.
- Gracias. - Suerte, Molina.
Ave María Purísima.
Sin pecado concebida.
Bueno.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Bendígame padre, porque he pecado.
Cuéntame, ¿cuáles son tus pecados?
He pecado de soberbia.
No se preocupe por eso.
Yo también me he enojado antes.
Dígame.
He guardado secretos que pueden ser de gran utilidad
para la congregación,
porque también ponen en peligro la vida de otras personas.
Bien. Cuente.
Bien, bien.
Sí.
Me han informado que Valentina no estaba...
ahogada.
No murió ahogada antes de que el padre Quintana la reviviera.
- Claro, estaba viva. - No, no.
Lo que digo, Jerónimo, fue que... maldición.
Lo que me dijo Jerónimo fue que...
Valentina no se ahogó, a Valentina la mataron.
Fue muerta en dolor.
¿Eso qué quiere decir? ¿Eso qué es?
Esas son justo las palabras que dijo el padre Jerónimo.
¿Y eso qué sería?
Esas son justamente las palabras que dije yo.
Estaba muy nervioso, el padre Jerónimo,
estaba muy frágil, pero no importa.
Lo importante es que después, con un poco de ayuda,
me dice que el padre Prado...
¿Prado?
El padre Prado
con otras personas que no quiso identificar
abusaron de la fragilidad mental de Valentina
hasta matarla.
- Qué malditos. - Sí.
- ¿Murió de dolor? - No, fue muerta en dolor.
Eso dijo.
Ya.
Y, bueno...
¿él cómo sabe eso?
No lo sé.
Dijo que estaba muy frágil, estaba muy alterado
y yo no lo quise presionar porque no quería romperlo,
que se fuera a arrepentir.
¿Pero cómo no le preguntó más?
¿Pero cómo no le pregunta...?
A ver padre, no haga que me...
¡Carajo!
No haga que me arrepienta de decirle las cosas, ¿sí?
Mire.
Una sospecha no es suficiente para actuar. ¿cierto?
Pero...
Si lo que dijo Jerónimo es cierto,
nosotros podremos detener a Prado
y posiblemente salvar vidas.
Ahora, si yo lo digo...
sería excomulgado inmediatamente.
No padre, yo creo que usted no está bien.
No está...
Vamos a ver.
Moisés nos dio el mandamiento de "no matarás"
y poco después escribió en el Deuteronomio
20 instrucciones para la guerra, donde decía:
"Matarás, matarás a todos los hombres, a las mujeres,
los niños y el ganado tomarás como botín,
porque es el sacramento de Dios".
Pero después Jesucristo refutó eso en el Evangelio.
Para eso son cosas entre padre e hijo,
en asuntos de familia, mejor no meternos.
Nuestra misión aquí es encontrar la verdad,
la gran verdad.
¿Que son dos o tres pequeñas mentiras? Nada.
Si es para encontrar la gran verdad.
Es costo y beneficio, padre.
Cristo sacrificó a su Hijo para el bien de la humanidad,
no creo que se vaya a poner severo
con su secreto de confesión.
¿Está diciendo que la muerte de nuestro Señor Jesucristo
viene motivada de una relación de costo y beneficio?
No lo digo yo, lo dice la Biblia.
Cerramos, padre.
No, Salinas.
Cerramos. Sagrado corazón de Jesús, en vos confío.
Esto nos ayuda sobretodo a evitar infecciones,
pero también a contener la herida,
así que no la puedo quitar, trata de descansar.
¿Mejor?
Doctora.
¿Qué hacen aquí? No pueden estar aquí.
Estamos buscando al padre Prado.
Estos pacientes son susceptibles a infecciones,
necesito que salgan., por favor.
¿Nos podría decir, por favor, dónde está?
- Y no la molestamos más. - Debe estar en la Capilla.
- Por favor, salgan. - Disculpa.
Mire, Valentina.
Y ahí también.
¿Necesitan algo, padres?
Guadalupe, felices los ojos que la admiran. ¿Cómo está?
Estamos buscando al padre Prado.
- No está, salió desde temprano. - No me diga.
¿No se han enterado?
Tampoco hace falta que nos avise cada vez que sale.
- ¿Qué cosa? - Valentina se volvió a escapar.
Ya está el director con el comandante Molina Reyes.
Una pregunta rápida. ¿Ella es Valentina de joven?
Si, ella siempre ayudaba.
¿Y eso que era? ¿Cómo un campamento?
- Sí. - La encontraron en la presa.
¿Otra vez?
- Con permiso, padres. - Sí, claro.
Estaba yo pescando, como cualquier día que venimos
y de repente, veo esa cosa ahí.
La verdad que es impresionante.
¿Vieron a alguien?
Nadie. Solamente estábamos mi compañero y yo.
Fue algo feo porque estaba bien maniatada.
¿Qué hacen ustedes aquí?
¿Qué pasó?
Pasó que desde que ustedes llegaron al pueblo
tengo tres muertos y un desaparecido.
O tienen mucha mala suerte o tienen mucho que explicar.
La Fiscalía lo va a llamar a declarar.
Apúrese con la unidad de traslado.
Padre. ¿Está bien?
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