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¡Denle espacio, por favor!
¡Denle espacio! Necesitamos espacio.
¡Llamen a una ambulancia!
¡Ayúdenlo, por favor!
¡Llamen a una ambulancia!
Está muerto.
Limpia el alma de este pobre siervo.
¡Niégale entrada a tu paraíso!
- ¡Gloria a Dios! - ¡Gloria a Dios!
- ¡Gloria a Dios! - ¡Gloria a Dios!
- ¡Gloria a Dios! - ¡Gloria a Dios!
LOS ENVIADOS
¿Viene con buenas noticias?
¿Habla español?
Por el amor de Dios, el primer milagro ya.
Fui profesor de Filología Hispánica
en la Universidad de Sofía.
- Fueron muchos... - Sí, ya me contará.
Le contesto.
No traigo buenas noticias. Traigo noticias buenísimas.
Hemos llegado a la gran verdad.
- Hemos analizado la sangre... - ¿Y?
Verá monseñor, lo lamento muchísimo,
pero vamos a tener que aplicar el protocolo San Pío.
Están violando la tumba de alguien que puede ser santo.
No, pero le prometo que no voy a tocar al monje.
Solamente busco los objetos personales
con los que ha sido enterrado, de verdad.
- ¡Es sangre! - "Chlamydomonas nivalis".
Ahora se lo explicas.
Las células del alga se dividen con los cristales de la nieve,
acumulan pigmentos y le dan a la nieve
un aspecto rojizo que parece sangre, pero no lo es.
El alga no es de Bulgaria.
El alga la trajo el monje de California.
Pidió que lo enterraran con sus efectos personales
y el alga se ha ido esparciendo desde la tumba.
Hermosa, eso sí.
Y la pueden explotar turísticamente.
Tranquilícese.
Yo no soy ningún cualquiera que viene aquí
pateando puertas ni desenterrando libros.
Soy un funcionario de la Santa Sede y merezco un respeto.
Y si no me respeta por eso, le diré que soy abogado
y que le hago un hoyo así si se pasa de listo.
Así que, por favor.
Yo no estoy aquí para creer.
Estoy aquí para probar lo que creemos,
que es muy diferente.
CIUDAD DEL VATICANO
¡Por favor, no lo hagas!
¡No!
¡No!
¡Llamen una ambulancia!
Balam. ¿Me escuchas?
Soy la doctora. ¡Balam!
Está muerto.
¡A un lado, por favor!
Cristo, ten piedad.
Nos has prometido una vida eterna a tu lado.
Señor, te pido que le niegues la entrada a tu paraíso.
- ¡Gloria a Dios! - ¡Gloria a Dios!
Retroceda, hermana.
Por favor.
- Para ahí, para ahí. - Por favor.
Avance.
Por favor.
¿Por qué me pide por favor? ¿Qué quiere que le haga?
No, usted me tiene que pedir por favor a mí.
Retroceda, "por favor". Pare, "por favor".
- Avance, "por favor". - Bueno, perdón, perdón.
¿Estamos sensibles esta mañana?
¿Qué soy? ¿La doméstica?
"Avance, pare, retroceda".
Ya le pedí perdón. ¿Me puede pasar el dossier?
Por favor.
Ya me va a tratar con respeto cuando llegue a obispo.
Ya me gustaría a mí llegar a obispo algún día.
No, no, usted no creo que llegue obispo.
Yo voy a llegar a obispo y me va a tratar con respeto.
Hagamos una cosa.
Usted preocúpese de que yo llegue a la Papa
que yo le garantizo que usted va a llegar a obispo.
Vamos, pues.
¿Me puede poner el video, por favor? ¿Obispo?
Cómo no, Su Santidad.
Entonces esto es un pueblo de México, ¿no?
Sí, "San Acaccio".
No, San Acacio, hermana. San Acacio.
¿Lo puede repetir? San Aca...
Lo dejamos ahí.
El hombre que se quiere quitar la vida
se llama Santiago Balam.
Es un buen nombre para uno que se tira. Balam.
Hermana, por favor.
Santiago Balam trabaja en el mismo hospicio
que el padre Quintana.
Ya, claro.
Su eminencia.
Eso digo yo, eso digo yo. Por favor.
El reverendo Quintana.
- Balam. - Balam.
SAN ACACIO, MÉXICO
¿Está leyendo sobre el caso?
Estaba leyendo sobre usted.
¿Y qué dice? ¿Habla bien?
Mira que yo no tuteo a nadie que no me tutee.
Está muy bien, como usted quiera.
¿Usted leyó el mío? ¿Mi expediente?
No, ¿para qué?
Estoy aquí al lado tuyo, suyo.
Yo digo que podemos charlar.
Le puedo contar perfectamente lo que dice ahí. Mire.
El expediente le va a decir que soy doctor en Derecho Canónico
pero soy mucho más que todo eso.
Imagino que usted es más que un perito médico.
Bueno, naturalmente, padre.
Imagino que para ustedes, los médicos,
el tema de la naturaleza es muy importante, ¿no?
El...
Yo me muevo más en otro plano.
Por ser sacerdote.
- No, por ser abogado. - Claro.
Y fíjese en esto: no todo lo que parece es,
ni todo lo que se dice es cierto.
La gran mayoría de las veces, todo lo que se dice es mentira.
- ¿Lo ha pensado alguna vez? - Sí.
Ya vamos a tener mucho tiempo para conocernos, padre.
Sí, tiempo sí. Lo importante es tener ganas.
¿No?
¿De qué equipo es usted?
No me gusta el fútbol.
- ¿No le gusta el fútbol? - No.
Hasta al Santo Padre le gusta el fútbol,
no tiene nada de malo.
No, no dije que tuviera nada de malo.
Tampoco digo que tenga nada de entretenido.
Hasta a Dios le interesa el fútbol.
Maradona del '86. La mano de Dios.
No pero... la mano de Maradona.
Se ve claramente en todos los videos, padre.
Bueno, bueno, vamos a llevarnos bien.
Bueno.
Claro, como usted es médico, cuando dicen la mano de Dios
usted ve un error anatómico.
¿Pero sabes lo que veo yo? Yo veo un gran alegato.
Eso es lo que veo yo. Funcionó.
Si lo piensas desde el punto de vista legal,
no tiene ninguna fisura.
Claro, desde el punto de vista legal, seguro que no.
¿Nos puede dejar un poquito más para arriba, aunque sea?
¿Usted no sabía que el autobús no entraba en el pueblo?
¿Por qué habría de saberlo?
- Porque es de aquí, hombre. - Mire.
No todos los mexicanos somos adivinos.
¿En Europa es diferente?
Bueno, según esto estamos a...
No me diga, ¿cómo a cuatro kilómetros?
¿Cómo lo ha sabido?
Es que yo soy de aquí.
Bueno, ¿tomamos un Uber?
No se preocupe, pagan los fieles.
Encontrar un Uber, eso sí hubiera sido un milagro.
Está desierto el pueblo.
- No hay nadie. - Sí.
Era un pueblo minero, era muy rico en oro...
Por acá.
Pero hace unos 60 o 70 años, las minas se empezaron a cerrar
y el pueblo se vino abajo.
¿Usted creció en un pueblo así?
No, no, pero una de las haciendas de mi familia
- está en un pueblo así. - ¿Una de las haciendas?
- Que austeros. - Sí, bueno.
Lo sabría si hubiera leído mi expediente.
San Acacio.
San Acacio, padre. Con C.
Acá la gente se molesta si lo pronuncian mal.
- Buenas tardes. - Buenas.
Diga.
Tenemos una reserva bajo Simón Antequera y Diego Salinas.
Es Pedro.
Pedro Salinas.
- Pedro Salinas. - Sí.
Sí.
Sí, pero los tenía para la semana que viene.
No me diga. ¿En serio?
¿No lo podrá resolver de alguna manera? ¿Por favor?
Por supuesto, ahora mismo lo resuelvo.
¿Por qué no dejan sus cosas aquí?
Dense una vuelta a comer algo que yo me encargo.
Muchas gracias. Gracias. Menos mal.
Prueben que bueno Es el señor
Hagan la prueba y véanlo
¡Aleluya!
Prueben que bueno Es el señor
Cuanta fe para un solo pueblo, ¿no?
Parece más un concierto que una misa.
Dichoso aquel que busca En el refugio
Prueben que bueno Es el señor
Hagan la prueba y véanlo
Dichoso aquel que busca En el refugio
¡Aleluya!
Madre mía.
¡Gloria a Dios!
Dichoso aquel que busca En el refugio
- ¡Padre! - Vinieron, mire.
Vayan con Dios.
Muy bien, ¿cómo va el equipo? Ya lo vi.
En el nombre del Padre, del Hijo y el Espíritu Santo.
Sí.
En el nombre del Padre, del Hijo y el Espíritu Santo.
Igualmente. Qué bueno que viniste.
- Rafael Quintana. - ¡Padres, bienvenidos!
No se imagina el viaje que hemos hecho
solamente para conocerlo, 17 horas.
Espero valer la pena.
Sí, aunque hubieran sido 34.
Es un honor estar aquí con usted.
Por favor, ahí dentro. Alucinante.
Bueno. Pedro Salinas, mi estimado colega.
- Un placer. - Mucho gusto.
Simón Antequera.
Nos enviaron de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Bienvenidos.
Sus acciones han llamado la atención de los superiores
en la Santa Sede y la nuestra, por supuesto.
No son mis acciones, son las del Señor.
Claro, qué humilde Rafael.
Si no les molesta que pregunte directamente,
¿qué implica exactamente su visita?
El hombre que se tiró del campanario.
Nuestra congregación necesita determinar
si nos encontramos en presencia de un verdadero milagro.
¿Cómo podemos probar un milagro?
¿Podemos ponerle una cámara oculta a un ángel?
No, no, no.
No, no.
En realidad no necesitamos probar ningún milagro.
Me expresé mal.
Necesitamos probar
que la ciencia es incapaz de comprobarlo. Eso es todo.
Si no es de la ciencia, es nuestro.
Bueno, pues eso es más fácil.
No se crea, la ciencia es bastante pícara.
Lleva 2000 años robándonos los milagros.
Estaba yo por salir.
Si hubiera sabido de su presencia aquí,
les hubiera preparado una bienvenida como se merecen.
Claro, claro.
- ¿Vamos con usted? - Si no le importa.
- Sí, le acompañamos. - Vamos.
¿Suya?
Es una donación de uno de los fieles.
- Buena máquina, ¿no? - Sí.
Sí. En realidad es un pueblo muy humilde,
pero hay alguna gente pudiente en la zona con haciendas.
Sí, los conocemos. Son de los nuestros.
Nos sirve mucho para nuestro día a día.
Los caminos están en muy mal estado
y esto nos ayuda a ir y venir del hospicio.
Por cierto, tengo que hacer mis rondas por allí.
Si quieren nos podemos ver más tarde por mi casa.
Mi asistente les puede dar mi número de teléfono.
¿Sabe qué? Estamos de suerte porque la verdad es que
nos hace mucha ilusión conocer el hospicio,
así que si usted va para allá,
vamos adelantando los pendientes.
Si no le importa claro, padre.
Vamos.
La mayor parte de la gente que visita el hospicio
no se anima a volver.
Hay que ser muy cristiano para ver tanto dolor a la cara,
para ver tanto sufrimiento ajeno,
para ver a la persona detrás del interno.
Los buenos cristianos no sobran.
¡Vaya!
¿Estás bien?
Más o menos, voy a ir a ver a Adriana.
- ¿Te acompaño? - No, no.
- Con permiso. - Claro.
Qué gran lugar, padre.
Así es.
¿Cuánta gente hay internada aquí?
Más de doscientas, padre.
Mucha gente enferma para un pueblo tan chico, ¿no?
Acá la locura es una epidemia.
Buenos días.
La gente dice que México es un infierno,
pero San Acacio es donde el diablo apoyó la cola.
Número uno. Por este pasillo.
Perdón. Él es Santiago Balam, ¿verdad?
Sí, el mismo.
¿Podemos saludarlo?
- Santiago. - Padre.
Levántate, hijo, levántate.
Mira, los padres vienen desde el Vaticano.
Qué sorpresa verle tan bien, Santiago.
¿Cómo se encuentra?
Pues, bien.
¿Sí?
Bueno, quizá no es el momento,
pero si le parece hablamos más tarde.
- ¿Le parece? - Que Dios lo bendiga.
Fue una voz.
¿Cómo?
Fue una voz.
¿Una voz? ¿De quién?
Venía de dentro, pero no era mi voz.
Susurros, como un secreto.
Al principio eran muchas, no se entendían.
Pero luego una voz fue más clara.
¿Y qué le decía esa voz, Santiago?
Que le hiciera un favor a todos y me matara.
Fue el demonio, se metió en mi cabeza.
¿Por qué dice eso, Santiago?
Uno sabe si el demonio se le pone enfrente.
Claro.
- Padres. - Que tenga buen día.
Santiago, hablamos un poco más tarde. Gracias.
¿Brote psicótico?
No, un brote psicótico no te convierte en Superman.
Un hombre que se cae 30 metros de altura se mata.
Y en cinco.
Además, no tenía ni una fractura.
Pues sí, sí está un poco baja. Cómete unas galletitas y listo.
Doctora.
- ¿Qué tal? - ¿Qué tal?
- La doctora Adriana Cortés. - ¿Qué tal?
Soy Simón Antequera.
- Encantando. - Igualmente.
- ¿Cómo está? - Bien, bien. Gracias.
Pedro Salinas, mucho gusto. Encantado.
Los padres vienen desde el Vaticano.
Están aquí por lo que pasó con Santiago.
Usted es la médica del video, ¿no?
¿Usted atendió a Santiago?
Sí, ya no había mucho que hacer cuando llegué.
Estaba completamente destrozado.
Bueno, no la queremos molestar ahora.
Hablamos más tarde, si le parece bien.
Ya estamos aquí, ¿no?
Me gustaría preguntarle, si se puede
un poco más específicamente,
que me contara cómo encontró a Santiago esa noche.
Bueno, la caja torácica estaba completamente hundida.
Un par de costillas rotas
que pudieron haber perforado el bazo,
colapsado el pulmón...
Lo pronuncié muerto, bueno, porque estaba muerto.
- Claro. - Bueno, pues ya luego...
Yo soy médico también, soy colega suyo.
Y no me malinterprete,
yo hubiera hecho exactamente lo mismo que usted,
pero si me llama la atención, ¿por qué no hizo un reporte?
Después de que el padre Quintana lo ayudara,
lo llevamos al hospital.
Le hicimos radiografías, estudios
y no apareció absolutamente nada.
Creer o reventar.
Ahí es donde se pone muy interesante, ¿no?
¿Qué explicación le daría usted?
¿Qué eso?
- ¿Qué pasa? - Se escapó un paciente.
- ¿Quién es? - Valentina.
Los zapatos de Valentina.
Rafael tomen ese camino, Santiago, ven conmigo.
¡Valentina!
¡Valentina!
¡Valentina!
Dios te salve, María, llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
No se asuste, hemos venido a ayudarla.
- Tranquila. - En paz.
En paz, ¿sí? Todo está bien.
Te vamos a ayudar. Todo está bien.
- ¿Ayudarme? - Sí, sí, sí.
Todo está bien, ¿sí? Eso.
Por favor, que no me lleven.
No la van a llevar a ningún lado, todo va a estar bien.
- Tranquila, no te van a llevar. - Todo va a estar bien.
¡Valentina!
¡Valentina, cálmate! ¡Valentina!
¡Valentina, cálmate!
- ¡Valentina! - ¡Valentina!
Sujétenla.
- ¡Valentina! - ¡No!
- Disculpen, padres. - ¡No me lleven con él, no!
¿Está bien, padre?
- ¿Seguro que está bien? - Sí.
- ¿Seguro? - ¡Estoy bien!
- Les pedí que esperaran. - Perdón. Queríamos ayudar.
No sabrían cómo hacerlo.
Nuestro trabajo no es fácil, señores.
Valentina lleva mucho tiempo con nosotros, quince años
y jamás ha mejorado, la pobre.
¿Qué tenía? Estaba llena de cortadas y moretones.
Porque ellos mismos se lastiman.
Con sus manos, con las uñas.
Se golpean contra las paredes y con las ramas de los árboles,
las piedras, lo que encuentran.
Eso es lo que tratamos de evitar.
La amarramos por las noches, sí,
pero no podemos tenerla amarrada todo el día.
- ¿No creen, padres? - Claro.
Miren, ¿por qué no hacemos una cosa?
Ahora le pido a alguien que los lleve de vuelta al pueblo
y en la noche los invito a cenar a mi casa.
- ¿Les parece? - Sería fantástico.
Perdón si levanté la voz.
- ¿Vamos? - Gracias.
ROMA, ITALIA
Delicias mexicanas, padre Salinas.
Para darle la bienvenida a México, padre Antequera.
Muchas gracias.
Tinga, pascal, pozole, quesadillas de flor de calabaza,
tlacoyos, agua de Jamaica y guarde lugar para lo mejor:
los buñuelos san acacianos.
El postre.
Ese cuadro me lo regaló una devota
que vino a pedir por su marido.
Una familia adinerada con haciendas
en las afueras de San Acacio.
Él no pudo venir.
Estaba en la fase final de una esclerosis múltiple.
Pobre mujer.
- Luchando años por su marido. - Claro.
El hombre ya no podía caminar, estaba ciego, no podía hablar.
Intentaron de todo, por todo el mundo.
Gastaron la mitad de su fortuna.
Me trajeron una foto y su sombrero.
Yo tome la foto, el sombrero, y oré.
Oré al Señor, le recé con todas mis fuerzas.
Le supliqué para que le quitara la cruz a esa pobre mujer,
para que acogiera sus suplicas.
¿Y?
Mire, ahí los tiene.
Esa foto es de este verano en un crucero por el Mediterráneo.
El hombre volvió a vivir.
Tiene algunas secuelas, sí,
pero el Señor hizo un gran trabajo con él.
Por suerte la otra mitad de la fortuna
les alcanza para los gastos.
Sí.
¿Entonces le regalo ese cuadro?
Es lo único que les acepté.
Es del Virreinato, ¿no?
Así es, padre.
¿Es un José Sánchez?
Así es, padre. Qué conocedor.
Sí. Está en muy buen estado, también.
Debe ser muy valioso.
Sí.
Pero para mí lo más valioso es la fotografía.
Claro.
- ¿Whisky? - Sí.
- ¿Whisky, padre? - No me diga.
- ¿Usted, padre? - No, no bebo. Gracias.
Yo, un vasito.
- ¿Le puedo hacer una pregunta? - Sí.
No, yo no diluyo.
Hoy en la tarde cuando dijo que en San Acacio
el diablo había apoyado la cola,
¿a qué se refería?
Bueno.
Uno podría explicar uno, dos o veinte internos
como los que tenemos en el hospicio.
Salud.
Pero cuando hay tantos casos de locura abrupta,
de gente perfectamente normal que un día, de repente,
de la nada, comienza a tener un comportamiento errático,
a transformársele la voz.
A hablar en lenguas extrañas, convulsiones, ¿me explico?
Algo se instaló en este pueblo y no se quiere ir.
A veces pienso que el Señor me regaló este don
para equilibrar fuerzas.
Un don al que le ha sacado bastante provecho. ¿No, padre?
Perdóneme, pero "in vino veritas".
No, está bien, está bien.
Lo entiendo, lo entiendo.
Pero seguramente usted debe de conocer
sobre la discrecionalidad en el uso de los bienes.
La gente dona lo que quiere, si quiere.
La Iglesia hoy está mejor que nunca.
El hospicio se caía a pedazos
y ahora es una institución modelo.
Y sí, si hay un poco de más no tengo pudor
en decir que puedo disfrutarlo.
Si yo estoy bien, estará bien la parroquia,
el hospicio y los miles de fieles que me necesitan.
Hay que cuidar a la gallina de los huevos de oro, ¿no creen?
- Adelante. - Sí, perdón. Contesto.
¿Todo bien?
¿Qué pasó?
Ahora te llamo.
Bien. Ahí nos vemos.
¿Pasa algo?
No, no, todo bien. No se preocupe, padre.
¿Otro traguito?
Sí, más.
Este es de los míos.
¿El baño?
Por el pasillo, la primer puerta a la izquierda.
- Muchísimas gracias. - Estaba delicioso.
Ha sido un placer recibirlos.
- ¿Nos vemos mañana a las nueve? - Claro.
Por cierto, nos interesa sobre todo entrevistar
a otros fieles que hayan sido sanados, si es posible.
Sí, me dará mucho gusto visitarlos.
Bueno, muy bien.
- Gracias. - Muchas gracias.
Los caminos del Señor son misteriosos,
como la senda del viento.
Pero los caminos del maligno no son solo misteriosos,
son arteros.
Caminen con los ojos bien abiertos, padres.
Así será, que Dios lo bendiga. Buenas noches.
Vayan con Dios.
Gracias.
Bueno, pues nada mal, su primera cena mexicana.
Mejor que en Europa, no lo puede negar.
Oiga, padre. Quintana no duerme solo.
¿Qué dice?
¿Usted cómo sabe?
Porque entré a su habitación y vi su cama.
Estaba deshecha por ambos lados y en la mesita de noche
encontré una joya de mujer.
¿Entró en su habitación? ¿Con permiso de quién?
Padre, no es la primera vez que ocurre esto
en nuestra industria.
Así entraron los cruzados a Israel.
Pues sí, pero discúlpeme,
el dormitorio de Quintana no es Tierra Santa, por favor.
Padre, usted es nuevo en esto y lo entiendo perfectamente.
Yo cuando empezaba también buscaba milagros,
pero estamos aquí para encontrar timos.
Si Quintana miente no lo va a decir alegremente,
lo va a esconder.
Y nosotros estamos aquí para encontrar lo que esconden,
no lo que dicen.
Les pido perdón, pero tengo el hotel repleto.
Con lo del padre Quintana esto se ha vuelto Acapulco.
Pero les guarde este, cama grande y cama chica.
Es bonito, es limpio y es lo único que nos queda.
Un poquito frío, ¿no?
Por eso no se preocupen, en el armario hay colchas.
Que descansen. Perdón, es que tengo gente abajo.
Que Dios la bendiga.
Sí, claro.
¿Está despierto, padre?
Sí.
¿Le puedo hacer una pregunta?
Sí, claro.
¿Por qué se hizo cura?
¿A qué viene esa pregunta ahora?
Es que yo lo veo,
lo escucho y lo analizo y...
Y nada de lo que veo me dice "este es un hombre de Dios".
Ni siquiera lo vi rezar antes de dormir.
Bueno, eso es porque Dios hizo los rezos
para la gente sin imaginación y a mí eso me sobra, ¿sabe?
Yo hablo con él todos los días en silencio, hablo...
Bueno, no hablo, monólogo porque nunca me contesta.
A lo mejor no le gusta lo que le digo.
Es verdad que hay veces que me pongo un poquito intenso.
Sí, ya me di cuenta.
¿Me va a contestar o no?
Si quiere le recito el Apocalipsis
que terminamos antes.
Bueno, buenas noches, lo dejo dormir. Gracias.
Si quiere le puedo decir porque me hice abogado
que eso lo tengo mucho más claro.
A ver.
A mí me encanta negociar, ¿sabe?
Toda la vida, desde que soy pequeño, ahí estaba...
Yo vengo de un barrio muy pequeñito de Madrid,
a las afueras, bastante austero.
Digamos que mis votos de austeridad
los hice con mi bautismo.
Cinco hermanos en la misma habitación. Eso era la guerra.
Ahí había que negociarlo todo.
La comida, la ropa, el turno para entrar al baño,
las caricias de mi madre.
Por suerte, mi padre se fue pronto de casa
y quedó una cama libre, y claro, esa cama había que negociarla.
¿Y quién ganó esa cama?
Usted.
Ahí empezó todo.
Luego ya pasé al barrio, que eso eran palabras mayores.
Ahí se conseguían las cosas de dos maneras:
a la fuerza o negociando y a la fuerza...
Ahí vamos mal.
No era el hombre imponente que soy ahora.
Ahora bien, negociando, ahí sí no me ganaba nadie.
Ahí era un maestro, se lo digo.
Por eso me gusta ser abogado, de eso no tengo dudas.
¿Y de ser sacerdote?
- ¿De ser sacerdote? - Sí.
- Le voy a preguntar algo yo. - A ver.
¿Cómo es vivir en una hacienda?
¿Qué?
Pues, hay mucho espacio, ¿no?
A ver, mi cama era como esta, tampoco se imagine cosas.
Y a diferencia de usted,
yo no tenía que negociar nada.
Solo había que pedir y ya.
Y para no perder la costumbre,
le voy a pedir una de esas pastillas para dormir
porque me cuesta mucho dormir con gente que no conozco.
Pues sí, mi niño.
En seguida le voy a pasar una pastillita, mi "cuate".
No vaya a ser que mañana el milagro sea despertarse.
- Su acento mexicano es horrible. - Es fatal.
No lo vuelva a hacer nunca por respeto al país. Gracias.
¿Cómo? ¿Está cerrada todavía?
Caballero, caballero, ¿cuándo abren la parroquia?
Ya debería estar abierta.
Teníamos una cita con el padre Quintana.
El padre no ha llegado.
Lo llamo.
Llevo dos horas llamándole, pero no me contesta.
Qué raro.
Tengo el teléfono de Elena, la asistente.
¿Hola?
Elena, buenos días, ¿cómo está?
Habla el padre Salinas.
Hola, padre. Buenos días.
Mire, estamos en la parroquia esperando al padre Quintana,
pero no está.
¿No estará con usted?
No, no está conmigo.
Qué raro. Ya debería estar ahí.
No se preocupe, ya estoy yendo para allá, padre.
Ahora lo veo.
Gracias. La vemos por acá.
Hasta luego.
¿Cuándo le dijo que venía?
Ya.
"Ya voy para allá", dijo.
¿Seguro que estaba en México?
No entiendo. Qué raro.
Bueno, no es por citar a la competencia
pero si la montaña no va a Mahoma...
- Gracias. - Gracias, que tenga un buen día.
¿Qué hace? ¿Qué hace?
Yo creo que deberíamos llamar a las autoridades, padre.
Padre, si nosotros trabajamos para la máxima autoridad.
¿Hola?
Padre, deberíamos llamar a la policía,
esto no está bien.
No, esto no está bien.
¿Qué cosa?
Qué raro.
Se llevaron hasta el José Sánchez.
¿Encontró algo?
¿Qué?
- Me cago en todo. - ¿Qué le pasa?
¿No puedes avisar cuando vienes?
Es muy raro todo esto, padre.
Sí, es muy raro.
Está vacío el refrigerador, solo dejaron los bolígrafos.
Pero se escapó entonces, ¿o qué?
A ver, sorpresivamente llegan dos curas del Vaticano
y de repente desaparecen todos.
Se va él, desaparecen sus cosas y se va la asistente.
Vamos, dos más dos son cuatro.
¿No le parece raro, comandante?
Que es raro, es raro,
pero no es lo más raro que ha pasado.
En este pueblo han pasado cosas rarísimas,
pero vale la pena investigar.
Claro. Perdone que le pregunte pero,
¿pudieron contactar a la asistente?
La asistente, sí.
La "morrita" esa de Quintana, no contesta.
¿Qué es una "morrita"?
¿Está insinuando que el padre Quintana
y sus asistente tenían una relación?
No hace falta insinuar nada, todo el mundo lo sabe.
Ellos hacen como que nosotros no sabemos
y nosotros hacemos como que ellos no saben que sabemos.
Es un trabajo grupal.
Podría mandar una patrulla al domicilio de ella
pero no vamos a encontrar nada.
Ella no vive ahí, vive con Quintana.
Lo más seguro es que se hayan ido juntos.
A veces la respuesta más sencilla es la correcta.
A veces no, pero la aceptamos por sencilla.
Fue una broma.
Mire comandante, nosotros estamos aquí
en una misión muy particular del Vaticano
y es de vital importancia para nosotros conocer
el paradero del padre Quintana.
Para nosotros también es muy importante,
si es nuestro mayor atractivo turístico, imagínese.
Pero mire, les voy a dar un consejo.
Ya que trabajan para el Vaticano
y nuestro cura párroco desapareció,
es como si se hubieran quedado sin sucursal.
Creo que lo mejor es que regresen al Vaticano
y nos dejen a nosotros encontrar a Quintana.
Y cuando lo encontremos ustedes se vienen para acá
y reanudan sus actividades tranquilamente.
Creo que es lo mejor para que ninguno de nosotros
esté molestando al otro.
Me parece un muy buen consejo, comisario. Muchas gracias.
¿Algún consejo más?
Por supuesto, antes de irse no dejen de ir
a "Las quesadillas del Paraíso".
Al lado de la parroquia.
Así será.
Muy recomendables.
- Muchas gracias. - Gracias, que les vaya bien.
Que tenga buen día.
Hasta luego, padres.
- Adriana. - Gracias por venir, padres.
Les presento al padre Guillermo Prado,
director del hospicio.
- Hola, ¿qué tal? - Encantado.
Padres, es un placer.
Me informaron que había visitas de la Santa Sede
y volví de inmediato de la arquidiócesis de Tulancingo.
- Gracias por venir. - ¿Ha tenido alguna novedad?
No, ninguna.
Padres, recen por él. Lo va a necesitar.
¿Por qué lo dice?
Él nunca faltó a dar misa, nunca.
Ni un solo día desde que llegó aquí.
Sé que está en peligro.
¿Por qué?
Yo conocí la muerte, yo me vi a mí mismo
sobre el suelo, mi cuerpo lleno de sangre.
Él fue a buscarme al Reino de los Muertos.
Me arrebató de la muerte.
Calma.
- ¿Se siente bien? - Calma, Balam, calma.
¿Quiere un poco de agua, Santiago?
- Balam, ¿estás bien? - Santiago.
- Denme espacio, por favor. - Por favor, por favor.
Balam, ¿me escuchas?
- ¿Tiene pulso? - No. ¡Balam!
Llamaré a una ambulancia.
Hola.
¿Podrían mandar una ambulancia a la parroquia de San Acacio?
¿Y?
- Se nos fue. - ¿Cómo?
¿Cómo puede ser? Si estaba lo mas bien.
¿Cuál fue la causa de muerte?
Perforación en el bazo.
Es como si hubiese reaparecido la perforación que se hizo
cuando se tiró del campanario.
Quizás el bazo quedó lastimado.
Alguna rotura que no pudimos ver y le explotó, no sé.
Realmente no me lo explico.
Gracias.
Hay algo que no encaja.
Tenemos a un hombre que se tira de un campanario
que parece el Everest de alto.
Un cura que lo toca, lo sana y lo deja sin ningún rasguño,
sin ningún moretón.
Cero kilómetros.
El cura se va, el hombre se muere.
Vamos, por favor. Hasta parece un milagro.
Luego tenemos al policía que nos amenazó.
- Ese tipo nos amenazó. - Sí.
Y luego tenemos a un cura que en vez de investigar,
se la pasa sentado leyendo un expediente
y rascándose los huevos.
¿Usted siempre se pone tan nervioso, padre?
No me pongo nervioso, me pongo efusivo,
es que no lo puedo entender cómo está ahí sentado
sin hacer nada, leyendo el expediente.
Bueno, pues estoy haciendo su trabajo.
Usted no lo quiere hacer, tengo que hacerlo yo.
Y mire, ¿se acuerda de ayer en el hospicio
la paciente que escapó?
- Valentina. - Sí.
Pues, yo decía que ese nombre me sonaba.
Valentina Blanco es la primera sanación de Quintana.
Presunta sanación.
¿Por qué no va el abogado a entrevistar
a la primer testigo?
¿Ya lo ve? Yo sabía que usted tenía potencial.
- ¿Vamos? - No.
Vaya usted a tomar declaración, yo tengo...
trabajo de médico que hacer.
Que Dios lo bendiga.
Valentina.
Hola, Valentina.
El padre Antequera te quiere hacer unas preguntas.
No le puedo ayudar a que se vaya, padre.
No puedo y no se puede.
Nos dejarías un momento, ¿por favor?
- Con permiso. - Gracias.
Me voy a sentar a tu lado, ¿te parece bien?
¿Sí?
¿Cómo estás?
Fuiste la primera persona que el padre Quintana sanó, ¿no?
¿Cómo fue?
No se puede nadar como un pez.
Los humanos somos seres del aire, no del agua.
Nadé como un pez y morí.
Pero, ¿qué pasó exactamente?
Él rezó, gritó y cantó al Señor.
Él me trajo de vuelta.
Pero eso está mal.
Yo estaba muerta, me estaba olvidando de la vida.
Y él me trajo.
Y ahora yo no me puedo olvidar de la muerte.
Valentina. Tranquila.
Hablemos bajito, Valentina.
Si, bajito.
Porque a él hay que nombrarlo bajito.
¿A quién?
A Lucifer, Satán, Satanás.
Belial, Samael, el Gran Dragón.
Jaldabaoth, el Dios Negro, Prado, Luzbel.
¿Prado?
¡Usted no es el padre!
Valentina.
Nunca vuelva a venir aquí sin mi autorización.
Esa gente es como un fósforo. Están atormentadas, afligidas.
No es de buen cristiano remover en las heridas.
¡Retírese ya!
Padre. ¿Todo bien?
Padre, ¿terminó?
Me terminaron.
Muy bien, pues véngase conmigo.
¿Dónde está?
En la casa de Quintana.
¿Se acuerda cuando fuimos al hospicio?
Sí, no me olvidaré nunca.
Bueno, yo ahí me di cuenta que usted estaba viendo
un poco de más a Elena, una mujer muy guapa.
Ella se estaba abanicando,
se sentía mal por el calor, se acomodó el pelo.
Ahí me di cuenta que usted la veía un poco de más,
embobado diría yo, si me permite.
Bueno, también miro embobado la Capilla Sixtina y...
¿No puedo admirar la belleza? Es creación de Dios.
Sí, lo que usted no vio es que Elena
tenía una acantosis en la axila.
"Acantosis nigricans", es una reacción a la insulina.
Después, en la oficina de Adriana
me di cuenta que le habían puesto un algodón en el dedo.
Adriana le recomendó galletitas.
Cómete unas galletitas y listo.
Sí.
Elena tuvo un bajón de glucosa, padre.
Y la última pista me la dio usted.
Los bolígrafos del refrigerador.
No son bolígrafos, son plumas de insulina.
¿No?
Elena Flores es diabética, padre.
Hay una sola cosa que no termino de entender.
¿Qué cosa?
¿A mí que me importa?
Que un diabético necesita esto para vivir.
Elena jamás se hubiera escapado dejando esto
y llevándose el yogurt.
¿No se da cuenta? Tenemos que ir con el comandante
y con esto es suficiente para levantar
una denuncia por desaparición.
Espera, espera. No podemos ir al comandante.
¿Por qué no?
Mire, usted como médico ve a esa mujer
y le ve la "mantis necrosis" esa.
Pero yo como abogado, cuando vi al comandante le vi
la clase de persona que es, ese tipo no es trigo limpio.
Le vi los bajos fondos, créame, ese tipo no es de confiar.
Bueno.
Bueno.
Pues, yo no quería ser tan temerario, pero...
Flores Elena Santiago, lote ocho, sin número,
77890, San Acacio Hidalgo.
¿Vamos?
¿Elena?
¿Elena?
¿Hola?
¿Elena?
¿Elena?
¿Pasamos?
Sí, vamos a pasar.
- Ya estamos aquí, ¿no? - Sí.
¿Elena?
¿Hola?
- ¿Elena? - ¿Hola?
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