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¿Dónde has estado todo este tiempo desde que mataron a Irene?
No sé a qué viene eso ahora.
A que ya no puedo más. Te pasas el día ahí sentado
hablando con el fantasma de Irene. ¡Y no puedo más!
¿Estás en la fundación con tu madre? -Mi madre se marchó a Sudan.
Ahora llevo yo la fundación.
Esto lleva cerrado desde hace mucho.
¿Alguien sabe dónde coño está el imbécil de mi hijo?
Ayer sacó 26 000 euros de la cuenta de la ferretería.
¿Qué? La ha dejado a cero, papá.
Tienes nueva compañera, Camila Fernández.
Será tu sombra los próximos diez meses.
Mi cuñado ha desaparecido.
Cuéntame esa facilidad que tienes para encontrar cuñados.
Encajaba con cierto perfil, el de un ludópata.
Solo llegaban facturas a la ferretería y aposté.
En dos semanas debía 20 000 euros.
Este es un gambas. René Gutiérrez, hablamos por email.
-¿Tú eres René? ¿El asesor que nos iba a enviar el ministerio?
Tu hijo te necesita, Nelson.
-Es que no puedo, mamá. Cada vez que lo miro, la miro a ella.
Ha llegado el momento de que despierte y de que te diga adiós.
Hay un tipo frito en una nave en territorio de Quini.
Nosotros no nos hemos cargado a nadie.
No nos podemos permitir una guerra con Quini.
Lo llevaron a ese almacén, le pegaron un tiro en la frente
y quemaron el cadáver.
No es ningún pandillero, es un profesional.
(Música emotiva)
(RONCA)
Pepe.
Pepe. ¡Ah! ¿Qué pasa?
Ya tienes cuarto.
¿Tú estás seguro?
A ver esa boca... -(TELEVISIÓN) "Una inversión
millonaria va a convertir
los antiguos almacenes y talleres ferroviarios
en uno de los mayores centros...". -¿Has oído, Jimena?
-Sí. A ver qué tal.
-Mira qué bien, ¿no?
¿Tú sabías eso? -Amanda me comentó algo, sí.
-Ay. Ay, Dios mío.
-Tirso, mira, vamos a hacernos ricos todos.
He vuelto al barrio en el mejor momento.
Apaga eso, coño. No se come viendo la tele.
Buenos días.
-¡Hombre, al fin! Venga, que tenemos hambre.
Y prisa.
-Perdonad. Me he levantado un poco tarde.
Hacía meses que no descansaba tan bien.
¿Y esto? Desayuno en el salón.
Os he invitado a desayunar porque quiero hablar con todos.
Las cosas van a cambiar.
Gladys, ya no tendrás que tirar tú sola de todo.
A partir de ahora tendrás ayuda.
-He vuelto en el momento adecuado.
Como un superhéroe.
Me refiero a Jimena.
Ella se va a hacer cargo del niño mientras que tú trabajes.
-Muy bien. -Sí, sí.
Hablaré con la gente de la fundación,
me lo tomaré con más calma. Quiero estar con Víctor.
Y en cuanto a ti, Santi,
vamos a hacer borrón y cuenta nueva de todos los errores del pasado.
Los tuyos y los míos.
Los dos tenemos de sobra.
-Papá, pero si he hundido la ferretería.
Y la reflotaremos.
Muchos proveedores me deben favores.
Muchos.
Y es hora de cobrárselos.
Repondremos el stock.
Y abriremos las horas que haga falta.
¿Estás dispuesto?
Eso sí, tú no vuelves a acercarte a una sala de apuestas
ni a una tragaperras
ni a un puñetero tablero de parchís.
Eso se acabó.
Vale. -Pepe.
Desayuna corriendo, que vamos tarde.
-¿Y mi café qué, coño? -Bueno.
-El primer día y ya estoy pringando.
¿Estás llorando?
-¿Eh? No.
Bueno, un poco.
Me cago en la puta de oros.
Ya era hora, tronco.
¿Dónde coño está el Sebas?
-Llevo buscándole todo el puto día y no aparece.
No contesta, no dice nada.
Escucha, Quini, hermano, hay algo más.
Ayer encontraron un muerto en uno de los almacenes.
Y le habían quemado.
-¿Un muerto? ¡Me cago en mi vida! ¿En mi territorio?
¿Quién coño era?
-No sé, Quini, hermano. Yo qué sé.
¿Me ves a mí con cara de detective? Yo qué sé.
-¡Su puta vieja!
Anda, mira, vete a ver al pringado ese de la ferretería.
El Sebas fue a cobrar la deuda el jueves.
Dile que te cuente todo lo que sepa, que te lo cante todo.
¡Que te pague lo que debe!
-Vale.
-¡Quietos, Policía! -¡Vamos, chicos, venga!
-¡Policía! ¡No te muevas! -Quieto, date la vuelta.
(TARAREA)
Ezes, tronco, ¿qué haces tú aquí?
Tengo malas noticias, Quini. Me dijo un pajarito que tienes
un montón de cocaína escondidita en este taller.
¿De coca? ¡Venga, coño!
Sabes de sobra que yo no muevo esa mierda.
Sí, a mí también me extrañó.
Tú eres más de romper los escaparates marcha atrás,
pero la información que tengo es que tienes un coche...
infladito de cocaína, Quini.
¿Un coche? ¿De qué coño hablas? ¿Me estás tomando el pelo o qué?
Y ahora es cuando te va a cambiar la cara, Quini,
porque la información que tengo...
es que el coche que está infladito de cocaína es este.
Cuidadito, Ezequiel.
Te lo advierto, ¡ese coche vale más que tu puta vida!
Te voy a dar una oportunidad, voy a mirar en el maletero
a ver si está...
¡Oh, no está!
Así que lo tienes infladito, ¿no?
Ezes, como toques ese coche, te juro que te reviento la puta cabeza.
¿Dónde la achantaste, Quini?
¡Que te estés quieto, que te reviento la cabeza!
A ver cómo suena por aquí...
¡Eh...! ¡Cabrón!
Lo achantaste aquí, ¿no?
¿Qué coño vas a hacer? Vamos allá. Uno...
¡Que te estés quieto, hijo de puta! Dos...
¡Quieto, hijo de puta! (RÍE)
¡Te reviento! -Tranquilo.
¿Qué coño haces? Eres tonto.
Eres tonto, era una broma.
Necesitaba una resistencia a la autoridad para poder detenerle.
Sacadle el móvil y que no hable con absolutamente nadie.
Lleváoslo de aquí.
Que eres tonto. -¡Soltadlo, hijos de puta!
¡Suéltame, perro! Eh, te vamos a soltar.
Te vamos a soltar.
Muy bien, sigue buscando tú. Sigue buscando.
¡Vámonos!
Esto es ilegal y lo sabes.
¡Me cago en mi vida!
Quiero hablar con mi abogado.
Deja todas tus mierdas ahí en la bandejita.
Tus anillitos, tu mecherito...
Tengo derecho a hablar con mi abogado y lo sabes, hostia.
Tú no tienes derecho hoy ni a una puta paloma mensajera, Quini.
Ni llamadas ni visitas ni hostias.
¿Me vas a explicar de qué coño va todo esto?
Mételo en el chabolo.
Espera, Ezes, no te vayas. No te engoriles.
No te engoriles. ¡Espera, espera!
Ezes, el fiambre ese que habéis encontrado quemado...
Es uno de mis colegas, ¿verdad?
¡Ezes!
¿Es el Sebas?
Contéstame, me cago en Dios.
Ha sido la puta zorra esa de Dulce, que se lo ha cargado, ¿no?
¡Me cago en mi vida! ¡La voy a rajar la cabeza!
¿Se lo ha cargado ella? Quiero hacer una llamada.
¡Tengo derecho a una llamada, cabronazo!
¡Vuelve aquí!
Ezequiel.
¿Qué es eso de que tenemos incomunicado a un detenido
sin orden judicial? Es cierto, Quini.
Gran timonel, líder de los aluniceros.
Tú dirás, Amanda. Una leve infracción del reglamento
o lo ponemos en la calle, ordena atacar a Dulce
y ya tendrás tu tercera guerra mundial en Entrevías.
Bueno.
Supongo que podemos aislarlo unas horas más.
Camilita, funcionando.
Tenemos un caso sin resolver. Funcionando.
Ya voy, que estaba con el informe de la autopsia.
¡Guau! ¿Cómo acaba esa novela?
¿Muere alguien?
Hay un churruscadito por ahí, sí. (RÍE)
La fregona está podrida.
Voy al bar a ver si nos dejan una.
Ahora vuelvo.
(Móvil)
(Música de tensión)
Eh, disculpen, hoy no estamos abiertos.
-Escucha, ¿tú eres Santi?
-Sí.
-Pues vamos a charlar.
Tranquilo, hombre, que te vas a atragantar.
Es que no quiero dejar solo a Santi.
Ya me invitas mañana a otra cerveza.
¡No, no, no! ¡De eso nada!
Todo lo que invite, se lo voy a sacar del sueldo.
-Mírala ahora a la sindicalista.
¡Coño!
Sanchís, ¿qué haces con el niño?
Me he encontrado con Jimena
y me ha pedido si te lo podía traer.
Coño con mi hija. Sí que es una abuela de mecha corta.
¿Cuánto ha aguantado con él? ¿20 minutos?
Se ve que la han llamado de la fundación,
que tienen no sé qué problema para entrar.
Ya. Bueno, pues vamos a tomarnos una cervecita.
Vamos, Víctor.
Hoy vas a beber cerveza.
A ver, yo no he tenido nada que ver.
-¿Nada que ver con qué?
-¿No...?
¿No lo sabéis?
-¿Qué es lo que tendríamos que saber, tolai?
-A ver...
-Habla, coño. -El cadáver...
que apareció ayer en un almacén.
Es el Sebas.
-¿Qué cojones estás diciendo?
-No lo digo yo, lo dice la poli. Yo no hice nada, ¿eh?
Te lo juro.
-Eres un inútil, hombre.
Tú eres un mierda incapaz de matar a nadie.
-A nadie. A nadie.
-Pero a lo mejor...
lo que querías era libarte de tu deuda.
Y por eso se lo dejaste a huevo a la hija de puta de la Dulce.
¿A que sí?
-¿Quién es Dulce?
Tranquilo.
Tranquilo.
¿Cómo se llama este cacharro?
-Es una alcotana.
-No. Se llama máquina de la verdad.
Se ha quedado dormido.
Mi capitán.
Ese que está en la puerta de la ferretería
no tiene pinta de ir a comprar remaches.
Pepe, saca la escopeta.
¿Quién cojones mató al Sebas? -Que no lo sé.
-Abre el ojo. -No.
-¡Ábrelo! -No, por favor. Por favor.
-Abre. -¡No, no!
¡Eh, suelta eso!
¡Suelta eso! ¡Suelta eso!
Tú, con tu amiguito, vamos.
¿Estás bien, hijo? Sí.
Pero vamos,
tardas dos minutos más y me opera de la miopía.
-Os estáis equivocando.
El que te estás equivocando eres tú.
Ni se os ocurra volver a acercaros a mi hijo.
Nunca.
Fuera de mi vista.
¡Largo!
Y ahora vas a explicarme qué querían estos mierdas.
Bueno, yo los entiendo,
pero ¿no nos pueden decir por qué no nos dejan pasar?
-Lo siento, no puedo dejaros pasar.
Nelson, ¿qué está pasando?
-Nada. Que los policías no nos dejan pasar y no nos dicen por qué.
-Habrá una fuga de gas o algo así. -No lo sé.
-Perdonen, soy la directora de la fundación.
¿Alguien me puede explicar qué está pasando?
Necesitamos entrar, tenemos mucho trabajo.
-Lo siento, pero ya no. -¿Cómo que ya no?
¿Qué pasa?
-Este edificio ya no es una fundación.
Hace un par de semanas les venció la licencia municipal, ¿no?
-Sí, lo sé. Lo estamos renegociando.
Nos dijeron que no habría problema.
-Pues yo no sé quien les dijo eso,
pero este edificio es del Ayuntamiento
y se le va a dar otro uso.
-¿Cómo que otro uso?
Esto no tendrá que ver con eso del almacén
que ha salido en la tele, ¿no?
-Lo único que les puedo decir es que...
pueden entrar uno a uno a recoger sus enseres, eso es todo.
-¿Qué me está contando?
Llevamos un año trabajando con los chicos de Entrevías,
¿y nos van a echar como a perros?
Este cartel, ¿quién lo ha descolgado?
Esto es un abuso.
Déjeme pasar, por favor. -No se puede pasar.
-Déjeme. ¡No me toque! -¡Eh, déjela!
-Por favor, cálmense.
No queremos tener problemas. ¿Entendido?
-Pues van a tener uno.
Y bien gordo.
Vámonos.
Ezequiel, ¿qué hacemos aquí?
Ya han pasado los inspectores, el juez, el forense,
los de la científica... La Virgen María...
Está todo en el informe.
Los informes son papeles, y los papeles para limpiarse el culo.
(RÍE)
¿Y eso de ahí?
Son dos gotas de sangre. A positivo. De la víctima.
Hay otras dos más en la puerta y tres en el camino de la entrada.
Ah... Lo pone en el informe.
Lo que no pondrá en el informe es que las gotas...
Sí, que la víctima estaba viva cuando la trajeron.
"Y fue acarreada, seguramente, por una sola persona
y en decúbito supino".
"Tapada por un plástico, de origen desconocido,
que se quemó en la deflagración".
Los pepinillos siempre sois los más listos, ¿verdad?
No creo que tenga que ver con ser lista, no.
Es saber leer.
El sentido primario de un policía no es la vista, es esto, esto.
¿Con la napia?
La napia es para la cocaína.
Yo estoy hablando del olfato. Tener olfato.
Ven.
¡Hostia!
¡Hostia, Ezequiel, ven, mira!
¿Ves estas marcas en la tierra? Sí.
Mi olfato me dice que son del coche del asesino.
Huelo que accedió por la puerta que hay delante.
Porque en la gasolinera que hay detrás mi olfato me dice...
que no hay imágenes de ningún coche a esa hora.
Pepinillo, no es muy buena política descojonarse de un superior, ¿eh?
No me estoy descojonando, es que...
he olido el informe y ¡bum!
Me ha venido toda la información de golpe.
Y una cosa es descojonarse
y otra cosa es tocarme los cojones.
Que te den.
Ay, Ezequiel, qué feo eso de sacarme el dedo.
Oye, ¿adónde vas?
No me lo puedo creer.
¿Te va sonando esta peste, pepinillo?
Joder, sí que huele mal, sí.
¡Dominguero!
¿Sabes el cuento de los tres cerditos?
Porque te voy a soplar un hostión que voy a poner a volar
tu casita de cartón. ¡Sal, Dominguero!
Ven aquí.
Ponte aquí.
Ponte aquí.
Hueles como uno que encontré frito ayer.
¿Qué quieres?
Hoy no quiero nada, pero llegas a estar
el jueves por la noche aquí...
El jueves por la noche quemaron y asesinaron a un tipo...
aquí al lado.
Llegas a estar el jueves por la noche aquí...
y la Policía te la lía, ¿eh?
Ya sabes que los policías somos muy hijos de puta.
(RÍE)
¡Eh, eh, eh! ¡No, suéltame!
¡Eh, quieto! ¡Suelta!
Me haces daño Quieto. Tira.
Yo no he hecho nada, Ezequiel.
No, Ezequiel, no. Quieto aquí.
Ahí quietecito.
¿Y tú qué? ¿Y tú qué? ¿Qué?
¿Yo qué te dije a ti?
Qué potra tienes, Ezequiel.
Vámonos, pepinillo, vámonos. Qué potra.
Yo no he hecho nada, ¿sabes?
¿Ya estás más tranquilo?
¿Qué te pasa? ¿Te duele la cabeza?
Sí, un poco.
No me extraña, con los disgustos que te doy.
Pensaba que esta pesadilla había terminado.
Pero no.
Esos tipos han perdido a uno de los suyos.
Si creen que has tenido algo que ver, volverán a por ti.
Ya.
¿Y qué hago? Encerrarte en casa.
Sanchís, ¿te importa hacer unas guardias?
Serán unos días, espero.
Hasta que encuentren al que lo hizo.
Vaya. Tendré que anular mi viaje a las Seychelles.
-Papá, ¿y la ferretería?
Ya me encargo yo, no te preocupes.
¿Y si van a por ti?
Tengo una amiga que me cuida.
Quedaos vosotros con la escopeta de Pepe.
Vuelvo a la hora de comer.
¿Te gusta el tute?
Sin apostar, claro.
¿Por qué no me dijiste que nos iban a echar de la fundación?
-Cierra la puerta. -Están tus polis allí.
¿Qué?
-Me acabo de enterar ahora, te lo habría dicho.
-¿Y cómo no te avisan de algo así? -Pues no lo sé.
Porque alguien ha debido de valorar que era mejor no avisarme
teniendo en cuenta con quién estoy casada.
-No me lo puedo creer.
¿Me lo estás diciendo en serio? -Sí.
Que sepas que me parece una vergüenza que os echen así.
-¡Es que es una puta vergüenza!
Darle el local a una empresa para ganar dinero.
-Lo sé, mi amor. Lo siento muchísimo, de verdad.
Estoy contigo.
-Vamos a contraatacar.
Vamos a entrar en la fundación y nos vamos a atrincherar allí.
Y no nos vamos a ir hasta que nos den el local.
Tienes que retirar a tus policías, Amanda.
-Para el carro, cariño. Hay una orden judicial
y yo no me la puedo pasar por el forro.
-¡Joder, esto es injusto!
-Tampoco es justo lo que tú me estás pidiendo, ¿no?
Que yo tengo un deber, tengo que cumplir la ley.
-Amanda, ¿y tu deber conmigo? ¡Eres mi mujer!
-Sí, pero también soy policía, Jimena.
-Pues te equivocas si crees que no vamos a hacer nada.
Encontraremos la forma de entrar.
-No vayas por ahí, cariño. No quiero que te pongas en peligro, por favor.
-Ah, ¿ahora sí soy tu mujer?
-Jimena.
Tirso, no vayas a la ferretería, que hay moros en la costa.
¿Qué dices de moros?
No moros literales, genéricos.
Hay un coche sospechoso ahí,
enfrente de la ferretería desde hace 20 minutos.
¿Qué hacemos? ¿Tú qué crees?
Pues echarlos de ahí.
Espérate, que seguro que traen artillería.
Que estos saben ya cómo las gastamos.
Vigila. Llamo a los refuerzos.
Las cuarenta. -¡Joder, Sanchís!
-(RÍE) -Sigue, sigue.
(Móvil)
Esa es una...
aplicación de póker.
-Sí, pero es una tontería, iba a borrarla.
-Ten cuidado, Santi.
El juego puede ser una droga.
Y de la droga no se sale fácil.
(Móvil)
Te lo digo yo.
Dime, Pepe.
-Sanchís, vente para acá y tráete la escopeta.
Esa gentuza ha vuelto.
-No me jodas. ¿Otra vez?
Pero no puedo bajar...
Estoy cuidando a Santi.
-Pues lo dejas solo un momento, coño, que no le va a pasar nada.
Si esa gentuza está aquí.
Y no sé si voy a aguantar mucho a Tirso, está como un miura.
(Música de tensión)
No me jodas, Tirso. No me jodas.
¡Quieto o te reviento!
Sal del coche.
Pepe, quédate con el niño.
-Espera. Gladys, espera.
Os dejé bien clarito que no os acercarais a nosotros.
No sé de qué me está hablando.
-¡Tirso!
Gladys, vuelve dentro.
¡Te estoy hablando!
No sé quién cree que soy, pero yo no tengo nada que ver
con esa gente de la que está hablando.
Pero ya me voy. Y lamento el malentendido.
Malentendidos así han llevado a más de uno al cementerio.
Lárgate.
(Música de tensión)
¿Qué pasó? ¿Qué quería ese hombre?
No lo sé, pero no me gusta.
Si volvéis a verle por aquí, me avisáis.
(Música de intriga)
¿Qué pasa, campeón?
Te pareces al pequeño buda, ¿eh?
Le dais bien de comer, ¿eh?
Sí.
¿Adónde vas? Voy a...
Voy a sacarlo a dar una vuelta a la manzana, a ver si se duerme.
Así me deja trabajar, ¿vale?
Ya vengo.
¿Te ayudo?
No, no.
Ya estoy aquí. ¿Dónde están esos cabrones?
-A buenas horas. No sé yo si tardas más en hablar o en correr.
-Serás gilipollas.
Relájate. Vamos a tomarnos una caña.
Hola, Gladys. -¿Tú qué coño haces aquí?
-Aunque no lo creas, me salió un trabajo en el barrio.
-Qué casualidad, ¿no?
-No es ninguna casualidad.
-¿Qué coño hacías parado en medio de la calle?
¿Espiarme? -No.
Asegurarme de que estás bien.
Yo no sabía si querías verme o no.
-Pues no, no quiero. Ya lo sabes. Aléjate.
-No soy el mismo hombre que conociste.
En la selva encontré a Dios.
-¿A Dios? ¿Cómo?
¿Asesinando militares? ¿Torturando gente inocente?
-Él me enseñó todo el mal que había hecho.
Pero también me mostró que el perdón existe.
-Pues Dios te habrá perdonado, pero yo no.
Lárgate y no vuelvas.
Y no quiero que te acerques ni a mí ni a mi hijo. ¿Está claro?
-No se parece a mí.
Eso es bueno.
-Este niño no es nada tuyo, no te atrevas.
(Música de tensión)
Aquí.
(Música de tensión)
¡Oh, maravilla!
Vale. A ver...
¡Mierda!
Mierda.
(Timbre)
¡Voy!
¡Voy, voy!
(Timbre)
¡Un segundito!
¡Hostia!
-Es aquí la fiesta, ¿no?
-Vale. Tranquilos, ¿eh?
¿Qué me vais a hacer?
-¡Cállate, coño!
(RÍE)
¡No, no, no! ¡Mi gorro no!
¡No, mi gorro! Dame el gorro por las buenas.
Venga.
¿Y esto?
Tenía esto.
¿Cómo planteamos el interrogatorio?
200 euros.
Tú sabes eso de hacer de poli bueno y de poli malo, ¿verdad?
(ASIENTE) Pues yo hago de los dos.
Tú te callas la puta boca y aprendes un poquito.
Abre la puerta.
Siéntate, Dominguero. Por higiene vamos a mantener
este interrogatorio con la puerta abierta.
Acabamos de hablar con el juez de instrucción,
el cual te acusa formalmente de asesinato.
¿Qué?
Únicamente necesitábamos un motivo, un móvil, y aquí lo tenemos.
Yo acabo de hablar con el juez. Mírame.
Le hablé de tu situación, tú eres un alcohólico.
Eso es un atenuante.
Para que esto sirva para restarte años de prisión, Dominguero,
únicamente me tienes que decir la verdad.
¿Qué es lo que sucedió? ¿Qué sucedió, Dominguero?
Pues estaba borracho...
y me desperté de noche y...
Y vi que había un fuego en el almacén y...
fui a ver qué pasaba.
Vi el cuerpo ardiendo...
Al lado había una mochila. Alguien había dejado...
unos billetes dentro. Y yo...
Yo los cogí.
Pero ya no sé nada más, te lo juro.
Acompáñame, Camila. ¿Cierras la puerta, por favor?
¿Qué te dice tu olfato?
Aparte de que no se ducha desde la primera comunión, pues...
probablemente diga la verdad y...
Probablemente el Dominguero no nos sirva para nada.
Para nada.
Oye, ¿y lo de "Dominguero" de qué? (RÍE)
Porque robaba a las señoras en la misa del domingo.
Tenemos otro cadáver.
Calcinado y envuelto en plástico. Todo igual.
¿Otro pandillero?
Lo identificaron unos amigos por las zapatillas.
El Pantera.
El juez está de camino. Acercaos por allí a ver qué veis.
El sitio se ha llenado de curiosos.
Así que ya lo sabe todo María Santísima en este barrio.
Haces de policía buena...
Haces el papeleo y le das salida, ¿okey?
¿No te acompaño al lugar del crimen?
No voy al lugar del crimen. Te llamo y te veo en un rato.
(RESOPLA)
Hijo de puta.
Qué hijo de puta.
¡Hijo de puta!
Pantera era uno de los nuestros.
Y a los míos no los toca ni Dios.
-Lo han puto quemado, joder.
-Te juro que voy a destripar a quien lo mató.
Me voy a encargar del Quini ese, te lo juro.
-Déjame hacerlo. Quiero vengarle.
-Mira.
Tu hermano estaba muy orgulloso de ti.
Y quería que acabaras la universidad.
Tú no tienes por qué hacer esto.
Deja que me encargue yo, ¿eh?
-Dulce.
Visita familiar.
-Entrad dentro.
¿Qué?
Pantera no era muy listo, pero tenía su puntito.
Eres un mierdas hasta para dar el pésame.
Lárgate de aquí ahora mismo. Los de Quini no lo mataron.
(RÍE)
Al igual que sé que vosotros no matasteis al chamuscado.
Hay alguien que os está enfrentando, Dulce.
Me importa una mierda lo que hayas venido a decirme.
Voy a acabar con el cabrón ese, ¿me oyes?
Lo tengo preso en el calabozo de mi comisaría.
¿Cómo?
Que no creo que... ¿Me estás vacilando o qué?
¿Lo estás protegiendo ahora?
Intento evitar, intento evitar...
que el tiparraco no dé la orden de liquidarte a ti. Lo intento.
Ah, ¿de liquidarme?
¿Qué pasa? ¿Que ahora te preocupas por mí?
Sabes perfectamente que no necesito que me protejas.
Los dos necesitáis protección. Hay un asesino por ahí,
que lo hace muy bien, que os está enfrentando.
Que os la está liando. Y yo necesito tiempo...
para pararle los pies. Dame tiempo.
Tienes dos días.
Y más te vale que me estés diciendo la verdad.
Lárgate de aquí ahora mismo.
¿Qué estarías dispuesto a hacer para vengar a tu hermano?
-Lo que haga falta.
-Pues muy bien. Porque va a ser chungo de cojones.
Hola. ¿Querías verme?
-Lo de lanzar la orden de desalojo de la fundación en plena noche
fue idea tuya, ¿verdad? -Sí.
-Y también convenciste al juez para que no me avisara.
-Eh, también. -¿Quién coño te crees que eres?
-Había motivos de fuerza mayor.
Evitar ponerte en la tesitura de elegir
entre tu familia y el trabajo.
Considéralo como un favor.
-Ocultar a una comisaria lo que está pasando en su comisaría
no es un favor. Es un golpe bajo. -Ya.
Yo sé que la familia es lo primero, por eso...
preferí no arriesgar.
Pero te pido disculpas por ello.
-Espera.
Va a haber problemas.
Intentarán entrar por la fuerza.
Lo sé porque me lo ha dicho mi mujer.
-Pues muchas gracias por decírmelo.
Tendremos que reforzar el dispositivo.
-Sí, eso haré.
No vuelvas a poner en duda mi compromiso con el cuerpo
en tu puta vida. -Vale.
Permiso.
Santi, ya estamos aquí.
Santi. ¡Quieto o te reviento!
La pistola al suelo ya.
¿Dónde está mi hijo?
Tira para adentro.
Santi. Papá.
¿Estás bien? Quieto.
-Sí, tranquilo. Estoy bien.
Estoy bien.
Mi hijo no mató a vuestro amigo.
Lo sé.
Entonces, ¿qué coño quieres?
Demostrarte quién manda aquí.
Y de paso, recaudar la pasta que nos debéis.
-Papá.
Yo ya pagué al Sebas, no tengo más dinero.
-Pues a mí esa pasta no me ha llegado.
Y estás fuera de plazo. Así que por haberme tocado los cojones,
los 20 000 euros ahora se han convertido en 40 000.
Eso no tiene sentido. En mi mundo sí.
Tenéis 24 horas.
Si no, la próxima vez que entres en esta casa...
vas a tener que rascar del suelo lo que quede de tu hijo.
-Ya vale, ¿eh?
-Vámonos.
¿Estás bien? -Papá.
Estoy bien.
Hijos de puta.
Compañeras, compañeros, lo dicho.
Todas y todos juntos.
Todos a una. ¿Vale?
-Jimena, trajeron a los antidisturbios.
Es como si supieran que íbamos a venir.
-¡Joder!
Es que lo sabía.
-Bueno, ¿y qué vamos a hacer?
-Vamos a entrar.
Como que me llamo Jimena Abantos.
Vamos. Venga.
-Jimena, espera. -Venga, vamos.
¡Vamos, vamos! -Jimena, espera.
-Vamos allá.
¡Qué puta vergüenza! ¿Qué hacéis aquí?
Deberíais estar ayudando a la gente que os necesita.
-Apártese. -Para qué os pagan, ¿eh?
¿Para pegar a la gente del barrio?
-Señora, ¡apártese de aquí! ¡No puede pasar!
-¡Ese local es de la gente del barrio!
¡Entrevías no se vende!
-¡Suéltala! ¡Suelta!
(GRITAN A LA VEZ)
¡Joder!
¡Corred! -¡Vámonos! ¡Vámonos!
¡Eh! ¡Eh, suéltala!
¡Vamos! ¡Vamos!
No salgas por esa calle.
Hay cámaras. Quítate esa mierda. -¿Qué?
-Dame el casco. ¡Que te quites esa mierda! Vi lo que hiciste.
Si te capturan, estamos jodidos.
Vamos. Ponte esto.
-¿Y tú quién putas eres? -Eso no importa.
Sal por esa calle caminando como si nada.
¿Vale? ¡Vamos!
(Música de intriga)
(AMANDA) Conmoción cerebral. ¿Le quedarán secuelas?
Sí, la familia ya está avisada.
Vale. Llámame si hay novedades.
Chao.
-Perdona. -No.
Jimena, vamos a mi despacho. ¡Ahora!
¡Siéntate!
-Amanda, déjame... -Cállate y déjame hablar.
Lo primero que tienes que saber es que te quiero con toda mi alma.
Y no soporto verte sufrir y ver que no puedo ayudarte.
-¿Y por qué me lo dices así?
-¡Porque tengo que fingir que te echo la bronca!
Joder, tengo a un agente en el hospital por la que has liado.
Y nos está mirando toda la comisaría.
Y ahora...
Ahora voy a pegar un golpe en la mesa, ¿vale? No te asustes.
Ostras. ¿Es quien creo que es?
Le está montando un pollo...
¡Tengo que justificar por qué coño te voy a dejar en libertad!
Así que más te vale salir de aquí llorando como una puta Magdalena
y fingir que te he echado ¡la bronca del siglo!
Joder. ¿La ha hecho llorar?
¡Mi madre querida!
¡Mi madre querida!
Cariño, no sobreactúes, que se van a dar cuenta.
-Estoy llorando de verdad, Amanda.
Te he puesto en una situación terrible.
Tú tienes muchos problemas aquí. Y estos últimos meses...
yo he sido insoportable.
-No digas eso, amor, por favor.
-Es verdad.
Es verdad. Y tú has sido tan paciente...
Perdóname, por favor.
-Pero si no hay nada que perdonar.
Estás pasando por un momento horrible, cariño,
has perdido a tu hija.
Y a mí se me parte el alma porque no sé cómo ayudarte.
-Pues claro que sabes.
Sí.
Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, Amanda.
Sin ti, no habría podido seguir adelante.
-No me digas eso, Jimena.
No me digas eso, que me voy a poner a llorar y no puedo, joder.
Ahora mismo lo que tengo ganas es de tirarte encima de esta mesa...,
pegarte un morreo y dejarte sin respiración.
Oye, ¿entramos?
Buena idea. Vete entrando tú, vete entrando tú.
Te quiero mucho.
-¡Y yo a ti!
Que sale.
¡Quitadles las esposas y que se vayan a sus casas de una puta vez!
¡Los quiero fuera de mi vista ya!
(Alarma del detector)
Javi, te traigo a uno calentito.
Lo hemos pillado robando en una tienda.
Deja tus pertenencias aquí, por favor.
Okey. Todo tuyo.
(Música de tensión)
(Timbre)
Hola, Jimena.
-Hola, Pepe. -¿Qué tal?
-He venido en cuanto he podido. No he visto las llamadas perdidas.
¿Qué ha pasado?
Tranquila. Eh... Sentaos.
Gracias por venir tan rápido.
Ojalá esto no fuera necesario.
Tirso, por Dios, ¿qué pasa?
Necesitamos 40 000 euros. ¿Qué?
Santi se ha metido en un lío.
Y es la única forma de sacarle de él.
¿40 000? -Pero ¿qué lío?
El tipo al que le dio la pasta, al que mataron,
nunca le llegó a la gente con la que Santi tenía la deuda.
Y quieren cobrarlo con intereses.
-Ay, Dios. -Pero ¿vas a pagar a esa gentuza?
Lo que me pide el cuerpo es ir a por esos desgraciados con todo,
pero ayer...
pensé que había perdido a Santi.
Y hoy...
ha podido pasar de verdad.
Han entrado en mi propia casa.
Lo de Irene...
no puede volver a pasar.
Y para eso necesito que me ayudéis.
Yo voy a vender el coche.
Y tengo algo de dinero ahorrado, pero...
no llega ni a la mitad.
Y tenemos 24 horas.
Nosotras tenemos como 8000 euros ahorrados en el banco.
Te prometo que os lo devolveré.
Pero ahora mismo no sé cómo ni cuándo.
No.
No es un préstamo.
-Yo...
tenía un colchoncillo de unos 6000 euros para mi jubilación.
Pero, total, ya me he "desjubilado".
Gracias, Pepe.
Mi amor, tú sabes que yo te lo daría todo,
pero el bar va fatal.
Solo tengo deudas.
Me pongo a pensar y no sé cómo... Lo sé, lo sé.
Lo sé. Cada uno lo que pueda.
-Yo...
Yo rascando...
puedo poner...
con esto y...
Y 50 que tengo en casa.
73,10.
Ya lo siento, ¿eh?
Gracias, amigo. Todo suma.
Santi.
(Música emotiva)
(Puerta)
Ya se van todos.
¿Estás bien?
No pienso permitir nada de esto, papá.
Soy yo el que se está hundiendo en un hoyo.
Y os estoy arrastrando a todos por mi culpa.
Para eso está la familia.
¿Y Pepe? ¿Y Sanchís?
No hace falta compartir apellidos para ser familia.
Papá,
te prometo que os voy a devolver hasta el último céntimo.
Buscaré un sitio para Fanny y para los niños.
Venderé mi casa.
Ahora lo que importa es salir de esta.
Iremos día a día. ¿Vale?
Vale.
Estás con la abuela, sí.
Sigues aquí.
¿Estás bien, mi amor?
Claro.
Tirso, sé lo que significa para ti tener que pagar a esa gente.
Y aceptar que estás asustado.
¿He dicho yo eso?
Lo dudo.
Sí. Y no pasa nada.
De hecho, a mí me encanta...
cuando te pones así de sensible.
Vamos.
¿Nelson?
¿Qué pasa?
-¿Por qué no me lo dijiste?
-¿Qué cosa?
-Que mi papá está en Entrevías.
Porque lo supe hoy.
El hombre que estaba frente al bar, en el coche, es el padre de Nelson.
Será mejor que os deje solos.
Tirso, déjame explicarte.
-¿Cuándo pensabas contármelo?
-Pues no. Porque no quiero que te enfrentes a él.
-¿Y tú quién eres para tomar esas decisiones por mí?
-La madre que te parió, la que te crió.
La que se quedó contigo en lugar de irse a una guerra.
Para mí tú no tienes padre, y así va a continuar.
Punto.
Estamos muy perdidos, se nos acaba el tiempo.
Compañero, ¿qué cojones quieres que te cuente que tú no sepas?
Te tengo que dejar.
¡Mi madre querida!
¡Mi madre querida!
¡No me lo puedo creer!
Camila.
Camila.
¿A ti te giró la puta cabeza como a la niña de "El Exorcista"?
No tenía donde dormir, me ha costado bastante localizar a su hermana.
¿Qué cojones me estás contando?
¿Qué cojones hace un tipo en pelotas en mi puta comisaría?
Bueno, pues que olía tan mal que lo he bajado a las duchas.
Alarcón ha ido a buscarle un chándal, ahora se viste.
A ver, Camila, es un gesto muy bonito, muy bonito.
Esto no es un psiquiátrico, es una comisaría.
En las comisarías a la gente hay que darles salida.
¿Me estás escuchando?
¿Me estás escuchando?
Mira.
¡Epa!
Este no es tu hábitat natural.
Eh, no. La verdad es que no me siento muy cómoda,
pero es que te echaba mucho de menos.
Bueno, eso y que quiero ver a Quini.
Y yo jugar en el Rayo Vallecano. Pues suerte con ello.
Mira, sé que estás intentando evitar una guerra,
y yo te lo respeto, pero también sé que eres un liante de mierda
y que para conseguir tus objetivos eres capaz de mentirme.
Así que si Quini no mató a Pantera
se lo quiero escuchar decir a él en persona.
Quini.
Quini, tú me debes muchos favores, me vas a hacer un favor.
Te voy a traer una visita, pero no te va a gustar.
¿Quién es? Que te calles la puta boca.
Estate tranquilito. Tráela.
¡Hija de puta! ¡Yo te reviento! ¡Eh, Quini!
Quini.
Dulce, dile lo que vienes a decirle.
Dulce, dile lo que vienes a decirle.
-Que sí, papá. -¿Qué?
-Que yo no maté a tu hombre, ¿vale?
-Claro que fuiste tú, zorra. ¿Te crees que soy imbécil?
-"Zorra. Bla, bla, bla...". Eres imbécil, eres imbécil.
Que no fueron ellos.
Ella lo que quiere escuchar...
es que tú no liquidaste a Pantera.
La vas a mirar a los ojos y se lo vas a decir.
¡Dale!
-¿Pantera? Pero si no sé quién es ese jambo.
Ese jambo no es nadie, es un mierda. -¿Es un qué?
-Es un mierda. ¡Ey, ey, ey!
¿Qué has dicho? Vuelve a decirlo, gilipollas.
-¡Venga, ven aquí! -¿Que si fuiste tú o no?
¡Que lo digas ya! -¡No fuimos nosotros, cojones!
Mira, apúntate una cosita: el próximo fiambre de los tuyos
que veas, te juro por Dios que va a llevar mi firma.
-A ver si sales de aquí. ¡Eres un mierda!
-¡Hija de puta! ¡A ver si te enteras de una vez!
Te lo voy a dar, pero de Huelva.
Que se los queda todos el hijo de puta.
Yo creo que sobre las 11...
¡Madre mía de mi vida! (RÍE)
Pero ¿qué cojones haces aquí? ¿Ya tienes la pasta?
-No. Y no la voy a conseguir.
Pero no pienso arrastrar conmigo a toda la gente que quiero.
No se lo merecen.
-Seguro que tampoco se merecen una mierda como tú...
en su vida y es lo que hay. Escucha, si no pagas...,
sabes lo que te va a pasar. -Trabajaré para vosotros.
-¿Haciendo qué?
¿De sicario o...?
-Bueno, algo habrá que pueda hacer, ¿no?
-Pues mira, vas a tener suerte.
Porque esta noche hay una partida de póker, con apuestas altas.
El Quini no va a estar y su silla se va a quedar libre.
Así que, si se te da bien, recuperarías lo que debes.
-Ya, pero no tengo nada para apostar.
-Bueno, puedes poner de aval algo de valor como...
Yo qué sé, un coche guapo, una casa o algo así.
¿Sabes lo que te quiero decir?
Juega bien tus cartas y volverás a ser un hombre libre.
¿Eh? Claro.
Venga, tira.
Venga. -Gracias.
El informe de Pantera.
Tienes todo el careto de haberlo leído.
Dime que el de las barbacoas ha cometido algún error, por favor.
No. ¡Buah!
Cojonudamente.
Se nos acaba el tiempo, no tenemos ni puta idea de nada,
yo tengo que poner a Quini en la calle,
Quini cuando ponga el pie en la calle,
va a empezar la tercera guerra mundial...
Me voy. ¿Adónde?
Me voy a apurar las vías diplomáticas.
Ya.
¿Cómo lo estamos llevando, Quini? ¿Cómo lo estamos llevando?
(RÍE)
Llevo diez horas sin hablar con mi abogado.
No me habéis dejado ni mear, mamonazo.
¿Cómo crees que lo estamos llevando, hijo de puta?
Luigi, ábrele aquí a este, que tiene que mear.
No lo esposes, ya lo acompaño yo.
¿Adónde vas?
Vamos a hablar tú y yo.
¿Qué coño quieres? Ven aquí.
A ver, Quini. Tú y yo tuvimos nuestros más y nuestros menos.
Yo te tengo en este puto chabolo
porque ahí afuera hay un hijo de la gran puta
que busca la guerra, que os la está liando a vosotros dos.
(GRITA)
(GRITA)
-¡Esto es por mi hermano, hijo de puta!
-¡Me ha pinchado! ¡Llama a una ambulancia!
¡Me ha pinchado el hijo de puta! ¡Tranquilo, tranquilo!
¡Esa ambulancia, Luis!
¡Joder! ¡No me lo puedo creer! ¡Joder con la Dulce!
¡Quini!
Se llama René el padre de Nelson.
Hacía 20 años que no lo veía.
Le he mandado a la mierda y le he dicho que se olvide de mí.
No te dije nada porque no sabía qué podía pasar.
Quería protegerte.
¿Protegerme?
¿De él? No. De ti.
No quiero que te enfrentes a él.
¿Tengo alguna razón para enfrentarme a él?
Ninguna razón, mi amor.
Tirso.
Vámonos a casa, anda.
Te extraño.
Estoy cansado.
Tal vez mañana.
Okey.
Hasta mañana.
¿Hola?
(Música de intriga)
Venga. Vamos.
La partida va a empezar en unos minutos.
Venga, vamos dentro.
Todo va a ir bien.
Venga, vamos.
Hola.
Ya lo sabes, ¿no?
-Sí. He venido a devolverte esto.
-No hacía falta, pero gracias.
-Quería decírtelo a la cara.
No quiero nada de ti. Y espero que dejes a mi mamá en paz.
¿Okey?
-Vale.
Pero si es la última vez que te veo, me gustaría que me escucharas.
Hace como 20 años los paramilitares...
mataron a mi única hermana.
La violaron, la torturaron...
Y por eso os dejé a ti y a tu madre atrás.
Y yo me fui para la selva.
Quería encontrarlos a todos y quería matarlos.
Y entré en un pozo muy oscuro
durante muchos años.
Hasta que...
encontré a Dios.
-Pues yo no sé muy bien cuál es la voluntad de Dios,
pero sí tengo muy clara cuál es la mía.
Lárgate y olvídame.
-No puedo. Tú eres mi hijo.
No puedo olvidar que existes.
La rabia y el dolor me alejaron de ti, pero créeme,
me pesa en el alma cada segundo que no estuve contigo.
Ahora eres padre y estoy seguro de que ahora me puedes entender.
Nelson, ¿eres tú?
(Música emotiva)
(Fin de la música)
Ha habido suerte, no ha tocado ningún órgano vital.
Oh, menos mal que no es tan fácil matar con un pincho
si no sabes cómo.
¿Y este pobre chaval?
Es un puto universitario, y ya se ha jodido la vida.
Espero que con esto se te hayan pasado las ganas
de organizar "free tours" a los calabozos.
Nuestro objetivo, por si se te olvida,
es evitar la guerra entre las bandas.
Y lo único que hemos conseguido hasta ahora
es provocar que se maten entre ellos.
Pero sobre el asesino seguimos sin tener una sola pista, ¿verdad?
Sí tenemos.
Tenemos un testigo que quiere ampliar su declaración.
No me lo puedo creer. El Dominguero.
Yo estaba despierto...
cuando llegó el coche y aparcó delante.
-¿Y viste qué coche era?
-Me deslumbró, pero era grande.
¿Y a él? ¿A él le viste?
Vi que sacaba un cuerpo inconsciente
y vi cómo lo llevaba al almacén.
Antes de entrar...
se dio media vuelta y le pude ver la cara.
-¿Crees que podrías reconocerlo?
-Si lo veo, sí.
Bien. Por fin tenemos algo.
Ahora empezamos a estar en el buen camino.
-Comisaria, tenemos novedades de la agresión en la fundación.
-Ahora estoy contigo.
Mañana, a primera hora, organizamos la identificación con el Dominguero.
¿De acuerdo? Buen trabajo, chicos.
Comisaria, no ha sido fácil ganarnos al Dominguero.
Hemos estado ahí los dos pico y pala, pico y pala,
dándole muy duro.
Los dos dándole duro... Y al final...
Claro, sí, sí.
Vaya huevazos tienes, colega. (RÍE)
Pepinillo, a ver, una cosita.
Se comparten los marrones, pero los compañeros
tienen que compartir los éxitos, pepinillo.
Santi, ya estoy en casa.
¿Santi?
(Música de intriga)
¿Dónde coño...?
¡Joder!
Hostias, estoy pensando que va a alucinar tu hermana de verte
y de verte dormir en una cama.
Quítate esa mierda de la cabeza, que te acabas de duchar.
Es donde llevo el dinero. Ah...
Cómprate una cartera en un chino.
No hay cartera sin carteristas.
Esto no me lo roba nadie.
Estoy pensando que nunca me acostaré sin aprender una cosa más.
Pues buenas noches, hasta mañana y que descanses.
Dale.
Mañana a las ocho te recojo, Dominguero. Que descanses.
(Música de tensión)
(Puerta)
(Música de tensión)
Te voy a dar un besito por aquí y otro por acá.
Mira, viene la abuelita.
Dile: "Hola, abuelita. Vamos a volar".
(Timbre)
(VÍCTOR BALBUCEA) -¿Qué? Auxilio.
Amanda. Amanda, ¿qué tal?
-¿Está Nelson?
-Sí. ¿Pasó algo?
-Esta mañana han agredido a un agente cerca de la fundación.
Está grave, pero consciente.
Le hemos enseñado algunas fotografías
y te ha identificado, Nelson.
-¿Qué? No, eso es imposible. -¿Fuiste tú quien le agredió?
-¿De qué estás hablando?
Amanda.
-Lo lamento muchísimo, pero tengo que detenerte.
-No, por favor, un momento. Aquí no va a entrar nadie.
-Gladys, por favor. -¡Fuera de aquí!
-Mamá, por favor. Coge el niño. Cógelo.
Tengo que ir. Todo va a estar bien.
-Amanda, ¿qué le va a pasar?
-No lo sé, Gladys, pero tiene antecedentes.
Me temo que eso no le va a ayudar.
-Ay, Dios mío.
-Cuídalo. Todo va a estar bien.
-Lo siento.
¿Santi?
¿Santi?
Santi, ¿estás bien? ¿Te han hecho algo?
No. No me han hecho nada, pero...
la he perdido.
La ferretería...
Me la he jugado al póker y la he perdido.
Solo quería arreglarlo.
(LLORA) Solo quería arreglarlo.
(RÍEN)
No nos van a quitar la ferretería.
De eso nada.
(CARGA EL ARMA)
¡Salid, cabrones!
¡Salid!
(Disparos)
Papá, para.
(Encendido de motor)
¡Salid! ¡Salid si tenéis huevos!
(Disparos)
¡Papá! ¡Papá!
¡Papá!
¡Papá!
¡Papá!
¡Papá! ¡No, por favor!
Papá, ¡responde! ¡Papá!
¡Ayuda!
¡Papá!
Hola. Sí, eh...
Una ambulancia. Es la calle Velmez.
No sé, lo han atropellado. Por favor. (LLORA)
Dense prisa. ¡Papá!
Papá, venga, por favor.
¡Papá! (LLORA)
¡Papá!
Doctor, tiene que venir, es el señor Abantos.
Será mejor que se sienten.
Por favor, ayúdenos, por favor.
Tienes un madero en esta comisaría que le está poniendo
la orejita al asesino. ¿Quién?
René.
He hecho un registro y he encontrado algo.
Este cabrón está jugando con nosotros.
-René es el padre del Nelson. ¿Cómo?
-Nelson tiene antecedentes.
Me temo que va a pasar un tiempo en prisión.
-Necesito dinero para sacar a Nelson de la cárcel.
Hay que asumir que no se pueden ganar todas las guerras.
-Avisa a las unidades, que no hagan nada hasta que lleguemos.
-Dicen que un colgado ha entrado a punta de pistola
y ha montado el cirio.
-Voy a hablar con él. Sé lo que hago.
(Disparo)
Pon las manos en la cabeza.
Quiero acabar con esta puta mierda.
Esta cacharra solo tiene una bala.
La guerra se acaba aquí y ahora.
Eres un hijo de puta sin sentimientos.
No podemos hacer nada.
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