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Original subtitles

EL BAILE DE LOS MALDITOS

1938, NOCHEVIEJA, BAVIERA, ALEMANIA

Maravilloso. Mañana me enseñas tú y yo te devuelvo el dinero.

Qué bien me siento.

Escucha esa música.

"Roslein".

Perdona, continúa.

Los americanos habláis alemán con un acento muy malo,

pero el tuyo es espantoso.

Christian.

Esto ha sido maravilloso.

Quiero darte las gracias. Has sido muy generoso con tu tiempo.

Sólo porque albergaba las peores intenciones.

Gracias.

Odio tener que marcharme, tener que despedirme ahora.

¿Por qué? ¿Por qué no te despides por la mañana?

No puedo. Salgo muy temprano.

Es Nochevieja.

Tú vuelves a América, yo no vuelvo a verte, y...

Pasa la noche conmigo.

Peor para ti.

- ¿Tengo un rival? - Michael.

¿Quién?

Seguro que a Michael no le importa que le robe una corta noche en Baviera.

¿Bromeas? A Michael ni se le ocurriría pensar que alguien pudiera pedírmelo.

Está bien, encantada.

Maravilloso.

- Estás muy guapa. - Gracias.

Estás verdaderamente... Quiero presentarte a mi hermana Freda.

- Encantada. - Me alegra mucho que hayas venido,

porque he compuesto algo para ti. Es... bueno...

- ¿Quieres escucharlo? - De mil amores.

¿De verdad?

- ¿Te gusta? ¿Verdad que es bonito? - Maravilloso.

Feliz Año Nuevo, Margaret.

¿Te encuentras bien?

¿Qué te pasa?

He estado en Berlín y he visto manifestaciones nazis,

pero no me había dado cuenta de que había llegado tan lejos.

No aquí, a este pueblecito.

Da un poco de miedo.

¿Crees que ser nazi es tan espantoso?

¿Tú eres nazi?

No soy nazi. No me interesa nada la política.

Pero creo que significan una esperanza para Alemania.

No lo creerás en serio, ¿verdad?

Sí que lo creo.

Pero, ¿por qué?

¿Cómo se puede justificar a Hitler?

Creo que Hitler va a darnos una vida mejor.

¿Tan mala es tu vida ahora?

No lo es, pero no quiero pasar el resto de mis días

enseñando a niños gordos a esquiar, y siendo encantador y pintoresco.

Entiendo que quieras más...

Yo creo que no entiendes lo que significa

vivir de las propinas de los extranjeros en tu propio país.

¿Sabes qué soy realmente? Ni siquiera soy monitor de esquí.

Me dedico a esto dos o tres meses al año,

y al acabar la temporada vuelvo a trabajar de ayudante en la tienda de mi padre,

- y soy zapatero. - ¿Y no quieres ser zapatero?

No. Quiero ser otra cosa.

- Pues no sigas siéndolo. - Esto no es Estados Unidos.

No sé cómo explicártelo,

pero en Europa es difícil subir de clase.

Te contaré una cosa. Hubo un tiempo en que quise ser médico.

Trabajé muy duro para conseguirlo,

pero, cuando se acabó el dinero, me vi obligado a dejarlo,

porque aquí no tenemos universidad gratuita.

Ahí es donde creo que Hitler puede ayudarnos.

Creo que... Ha prometido cambiar todo eso.

Hitler promete conquistar el mundo entero.

Pero es sólo por culpa de un puñado de fanáticos completamente locos...

Lo es, y se pasará.

No se pasará.

Se volverá cada vez peor.

Y creo que acabará en una guerra.

No deberíamos hablar de esto...

porque no tengo todas las respuestas.

Sé que tú tampoco las tienes.

Hablando de política, nos movemos en círculos sin ponernos de acuerdo.

Ven, volvamos adentro y divirtámonos.

Buenas noches.

Me despediré de ti por la mañana.

Aquí la BBC, Londres.

Hoy, 24 de junio de 1940, a las 19.15 horas,

Francia se ha rendido ante Alemania.

Los hechos de los últimos 45 días,

desde la invasión alemana de los Países Bajos el 10 de mayo,

han llegado así a un trágico final.

Inglaterra hace frente ahora prácticamente sola al poderío militar alemán,

cuyo objetivo de conquistar o destruir el mundo civilizado ya no puede cuestionarse.

En palabras de Winston Churchill:

"Lo que el general Weygand llamó 'la batalla de Francia' ha terminado".

"'La batalla de Inglaterra' está a punto de empezar".

Teniente, ordene a su chófer que vaya más despacio.

Moriría, de mala gana, por la patria, pero no en un accidente de tráfico.

Llegamos tarde, Brandt. Acelera, Basserman.

Casi atropellamos a una vaca.

El único ser vivo que hemos visto en toda la tarde. ¿Dónde está la gente?

Haciendo el amor, bebiendo absenta. Los franceses, ya se sabe. ¿No lee la prensa?

¿Dónde están?

De pequeño, le prometí a mi padre que mataría a un francés por él.

Le hicieron perder una pierna en Verdún en 1916.

Así que una Nochebuena le prometí que mataría a un francés por él.

- Teniente, ¿conoce París? - Nunca he estado allí.

Qué ciudad tan maravillosa.

Le enseñaré a pasarlo bien allí.

No se puede mantener encerrados a esos parisinos.

Qué mujeres tan maravillosas.

Cuando estuve allí de corresponsal, prácticamente vivíamos en la calle.

Simone y yo le enseñaremos París como siempre ha sido. Como siempre será.

Sube a la carretera y no dejes de dispararles

por si intentan avanzar hacia aquí.

Vete.

Maeschen, quédate detrás de este árbol. Yo voy detrás de aquél.

Le he dado.

Agáchate.

Streicher. No dispares.

Vamos.

Pídele que vaya a decirles a los demás que se rindan

porque los tenemos entre dos fuegos.

Vete.

¿Maeschen ha muerto?

- ¿Qué? - ¿Maeschen ha muerto?

Su padre ya puede estar contento.

- Capitán Hardenbur. - Diestl. Me alegro de verle.

- ¿Han tenido dificultades? - Sí, mi capitán.

- Descanse. - Gracias, capitán.

Jóvenes franceses haciendo un gesto simbólico. Pusieron una barricada.

No se disculpe. Quiero elogiar su manera de llevar la situación.

Gracias, capitán. Ha habido una baja. El soldado Maeschen ha muerto.

¿Ha cumplido con su deber?

Sí, capitán, ha matado a un enemigo,

y con la excitación se ha descubierto.

Una pena. Seguro que ha sido un valiente.

Es maravilloso, ¿verdad?

Sí, mi capitán. Con su permiso, quisiera escribirle a su familia.

No se preocupe, lo haré yo.

Ya que está aquí, ¿me hace una foto para enviársela a mi mujer?

- Siempre quisimos venir. - Será un placer, capitán.

- Venga aquí. - Seguro que a su mujer no le interesa...

Le he escrito sobre usted y muchos de los hombres. Está muy interesada.

Un momento.

En las escaleras. Vamos. Con la iglesia al fondo.

Un gran día. Un día de importancia histórica.

En años venideros, recordaremos este día y diremos:

"Estuvimos allí, en el despertar de una nueva era".

Capitán, ésta sí que es buena.

Cállense de una vez.

Esto es propiedad de la ciudad de Nueva York.

Dejen de escupir y de tirar colillas, y no empujen.

En el ejército hay sitio para todos.

- ¿Qué le pasa? - Está frío.

Tosa.

Vuelva la cabeza y tosa.

Aspire.

Espire.

Inclínese.

Inclínese y tóquese los dedos de los pies.

Para un hombre de su edad y profesión, goza de excelente salud.

- ¿Cómo lo hace? - Con alcohol del bueno.

Dele esto al tribunal. El siguiente.

¿No se registró en California?

Sí, pero vine al este antes de recibir mi clasificación.

- ¿Vino a Nueva York a trabajar en Defensa? - En lo que fuera.

Michael Whiteacre.

Siéntese aquí, Sr. Whiteacre.

Estará muy ocupado.

Nos han llamado de la oficina del servicio militar

para pedirnos que no le hagamos perder su valioso tiempo.

- Estamos en plenos ensayos. - Entonces, seremos breves.

- ¿Cuánto durará la obra? - Eso no se sabe nunca.

Estamos en marzo. Si dura demasiado, le reemplazará el actor suplente.

- Su cita con el Tío Sam es el 15 de junio. - Eso no es justo...

- Puede apelar si lo desea. - Pienso hacerlo.

- ¿Desea hablar de alguna otra cosa? - No, tan sólo apelaré.

Hable con el secretario en la entrada.

Ackerman.

Tome asiento.

No tiene usted cargas familiares

ni una profesión indispensable para la defensa nacional.

¿Hay algún motivo por el que no podamos clasificarle 1A?

No, señor, no lo hay.

Veo que trabaja en Macy's.

Trabajará en Pascua y se incorporará a filas el 15 de junio.

Eso es todo.

Muchas gracias.

Ralph Spencer.

¿Quién tiene un cigarrillo?

- ¿Quieres un cigarrillo? - Gracias.

Toma.

¿Cómo se deletrea "atenuantes"?

No sé. A-t-e-n... No, a-t-e...

Analfabetismo. Con eso me basta.

- Te he oído cantar muchas veces. - ¿Sí? ¿En el club?

Por la radio.

- ¿Estás cantando en un club? - Estamos ensayando una obra.

¿En Broadway?

- ¿Cómo se titula? - Zapatos blandos.

Tengo que recordarlo.

Vamos a tomar un trago. No me decepciones.

Todo aquel que no sabe deletrear "atenuantes" es amigo mío.

Vamos.

A veces creo que despido un olor que enardece a las mujeres.

- Esas chicas. - ¿Dónde?

Un momento. ¿Es que no te has...? Tienes la antena bajada.

- De verdad que no me he dado cuenta. - Estás enfermo.

¿Nunca has tenido novia?

- ¿Que si nunca he tenido novia? - Eso me parecía.

Mira, esta noche doy una fiesta. Chicas, mujeres, putas.

Y vas a venir. Atraparás a una y te la llevarás a tu cueva.

Vendrás, ¿verdad?

Bien. No hablemos más de ello. Hablemos del alcohol.

¿Te refresco la bebida?

No, gracias, así está bien.

¿Te han presentado a todo el mundo?

No importa, estaba escuchando la música.

Michael me lo ha contado todo de ti.

¿Sí?

Bueno... Nos hemos conocido esta mañana en la caja de recluta.

¿Os habéis conocido en la caja de recluta?

¿Y lo han declarado 1A?

A los dos.

Disculpa.

Quiero hablar contigo.

- Hola, ¿cómo estás? - Bien, gracias. ¿Y tú?

- Hola, Hope. - Hola, Mike. ¿Qué tal?

- Bien, ¿y tú? - También.

- Quiero presentarte a alguien. - ¿Un amigo?

- Ésta es Hope Plowman. Noah Ackerman. - ¿Qué tal?

A ver si lo animas un poco. Creo que no le gusta mi música.

La verdad es que no estaba escuchando.

Qué vistas tan bonitas.

¿Verdad que sí?

Me han dicho que te han llamado a filas.

- No me van a llevar a filas. - El Sr. Ackerman dice que sí.

Ackerman no sabe qué tipo de conejos salen de los sombreros de Washington.

Mira, no soy ni un héroe ni un pardillo. Que peleen los pardillos por mí.

¿Qué te pasa? ¿Crees que te odio por intentar librarte?

No te odio, de verdad. Lo que hagas, me parece bien,

pero, si empiezas a sentirte culpable, nos pelearemos y las pagarás conmigo.

No me siento culpable.

Pero estoy en contra de la guerra y de este ambiente superpatriótico.

Es sólo que no quieres que te maten. Nadie lo quiere. Deja de intentar justificarte.

Olvídalo.

Tengo un espectáculo entre manos.

Mírame bien, soy yo. Te comprendo.

Eres un canalla, pero tampoco tan grande.

Y también pescan peces en el río.

Eso me han dicho.

- Me gusta tu corbata. - ¿Sí?

La he visto y la he comprado.

¿Crees que va a llover? Me gusta caminar bajo la lluvia.

- A mí también. - Ah, ¿sí?

- ¿Quieres dar un paseo? - De acuerdo.

Caminemos.

- ¿Qué le vas a contar? - ¿A quién?

Nada.

Puede que sea así.

Nueva York será aterradora para una chica de campo.

No lo es.

Se da aires de sofisticación, pero en el fondo es totalmente provinciana.

A mí no me parece provinciana.

Al menos, comparada con Vermont.

Nueva York, hay que admitirlo, tiene mujeres preciosas.

Ostentosas, algunas, pero...

Me han dicho que las europeas son más maduras emocionalmente.

¿Y lo son?

De hecho, algunos amigos me han dicho...

- En fin... - ¿Qué hora es?

- Tarde. Más vale que regresemos. - Quiero volver a casa.

- Te acompaño. - Gracias.

- ¿Dónde vives? - En Brooklyn.

Bien. Por fin.

Ahora, el autobús.

- ¿Y ahora? - Caminamos.

- No. - No, ¿qué?

No te enfades conmigo.

¿Por qué no?

No has estado muy amable. No has sido muy comprensivo.

De hecho, no has estado muy hablador en toda la noche.

Lo siento, de verdad.

Pero parece que últimamente no podemos hablar sin discutir.

Y no tienes ni la menor idea de lo que me pasa.

Cariño, me volvería loco sin ti.

- Seguro que sí. - Es verdad.

Tienes razón sobre mí.

Desde luego que sí.

¿Por qué no nos sentamos en silencio?

Y entonces, ¿qué?

Entonces, me besas.

Luego, te beso yo.

Cuánto te quiero.

¿Caliente, caliente?

Te alegrará saber que hemos llegado.

Buenas noches.

Quería decirte...

Me alegra...

me alegra mucho haber podido acompañarte.

Gracias.

Lo digo sinceramente.

Haz eso con tus otras chicas, no conmigo.

No lo hago.

- ¿Sólo conmigo? - No me entiendes.

Crees que eres tan atractivo que cualquier chica se moriría por que la besaras.

Ay, Dios.

Jamás en mi vida he conocido a un joven tan egocéntrico y aferrado a sus ideas.

- Buenas noches. - Espera.

Ya basta. Vas a despertar a todo el mundo.

¿Cómo vuelvo a la ciudad?

¿No lo recuerdas?

Nadie volverá a encontrarme nunca.

Eres tonto de remate, ¿verdad?

Caminas dos manzanas hacia la izquierda y esperas al autobús,

el que viene de tu izquierda, y vas hasta Eastern Parkway.

Cuando...

¿Me estás escuchando?

Quiero decirte algo.

No estoy aferrado a mis ideas. Ni siquiera tengo ideas.

No sé por qué te he besado, pero no he podido contenerme.

Supongo que quería impresionarte.

Tenía miedo de que, si era yo mismo, no volvieras a mirarme.

Ha sido una noche muy confusa.

Creo que nunca he pasado por nada tan confuso.

Cuéntamelo mañana.

El autobús a Eastern Parkway.

No te pierdas por el camino.

Y luego...

Te quiero.

Buenas noches.

Gracias por acompañarme.

- Esto es un aburrimiento. - No seas tan impaciente.

Espera a verla. En tu vida has visto un bombón tan delicioso.

Soberbia, típicamente francesa, y muy...

Me apetece un bombón, pero llevamos aquí dos horas.

Ser francés es llegar tarde.

Es su encanto. Espero que lleguen antes de que la borrachera me impida reconocerlas.

Françoise. Claro que son alemanes, pero no todos son unos cerdos.

Te lo prometo, una copa. Sólo una y nos vamos.

No quiero que me vean con el enemigo. No quiero que me peguen los vecinos.

No estaría guapa con la cabeza afeitada.

Por favor.

Bueno, voy. Pero no por lo que dices, sino por curiosidad.

Quiero observar a uno de los superhombres. Soy de ciudad y nunca he visto un cerdo.

Vamos.

Aquí están.

Por fin. Si no estuvierais tan guapas, os daría unos buenos azotes.

- A lo mejor me gustaba. - Luego hablamos de ello.

Me alegra que hayas venido.

Te presento a Herr Teniente Diestl. Ésta es Françoise.

Lo siento, es el único francés que conozco.

No importa.

Usted es el único alemán que conozco y que quiero conocer.

Y ésta es mi pequeña Simone.

Es un placer. Perdonad que lleguemos tarde.

¿Lo ves? ¿No te he dicho que valía la pena esperar?

- ¿Quiere sentarse? - Qué galante es.

¿Siempre es tan gallardo con las damas?

Siempre que sean damas.

Te aconsejo que no te dejes engañar por ese encanto ario.

Es el mayor castigador de los Alpes austriacos.

Dígame, teniente, ¿a cuántas damas francesas ha castigado?

Creo que no soy lo bastante listo para eso,

pero quizá si me quedo en Francia aprenda a hacerlo con su desinteresada ayuda.

Estoy confusa. Creía que habían venido a enseñarnos algo.

Cómo ser altos y rubios y limpios y eficientes.

Quizá si no fuera francesa ni yo alemán, sino que fuéramos simplemente europeos,

podríamos enseñarnos algo el uno al otro, ¿no le parece?

La Europa unida. Por supuesto, qué estúpida soy.

Nos han cautivado ustedes tanto que olvido que son unos idealistas.

Bueno, bueno, ¿no sabéis un buen chiste verde?

¿A cuánta gente piensan asesinar en nombre de ese brillante plan suyo?

Si no hay unificación, seguiremos matándonos unos a otros de todas maneras.

Mirad, sé de un restaurante en Montmartre con un jardín precioso. ¿Vamos?

Así podremos discutir temas históricos sin miedo a que nos arresten.

Espera. Quisiera saber...

cuántas vidas francesas ha aportado personalmente a ese sueño wagneriano.

- Esto ya no tiene gracia. Vámonos. - Suéltame.

Quiero una respuesta del boche.

¿A cuántos franceses ha matado?

A ninguno.

Pero, si tengo que sacrificar unas cuantas vidas por la paz, lo haré.

Incluso si una de ellas es la mía.

Ahora ya he visto a un cerdo de cerca.

Gracias por el vino.

Buenas noches. Gracias.

Lo siento mucho, de verdad.

Buenas noches.

Teniente.

Lo siento. No debería haber hecho esa escena.

Por favor.

Mi marido cayó en 1940 en Bélgica.

Y toda esa charla sobre sacrificar vidas para conseguir la paz

no tiene ningún sentido para mí.

La única solución de paz es dejar de matarnos.

Pienso en ello 1.000 veces al día.

Ojalá lo encontrara tan sencillo.

¿Me invita a otra copa de vino?

Cómo no.

Ésta es mi casa.

Aquí es donde vivo.

Creo que no...

intentaré decirte lo agradable que ha sido la velada para mí.

Pero me gustaría mucho volver a verte.

Sigues siendo el conquistador.

Un joven, dorado dios de la guerra.

Quizá...

cuando el oro se haya gastado un poco...

Buenas noches.

Es uno de los riesgos de tener una hija.

Un día vendrá y te dirá: "Le quiero. Quiero casarme con él".

Es uno de los riesgos.

Pero no me has contado nada de él.

Es tierno e inteligente.

No es sólo un hombre, es un muchacho.

Y es pobre.

Me escribe a diario, aun cuando nos vemos todas las tardes en Nueva York.

Y está solo.

Es judío, papá.

Papá, éste es Noah.

- Encantado. - Mucho gusto, señor.

Yo creo que el Sr. Ackerman y yo vamos a tener una pequeña charla.

Desde luego, señor.

Termínate el café. No tardaremos.

La tienda de Jack Marshall.

Fui a la escuela con su padre, y el mío con el suyo.

El bufete de Virgil Smith.

Uno de sus abogados hizo el trabajo legal cuando se constituyó la ciudad en 1750.

Parece que va a hacer bueno.

La parcela familiar. Siete generaciones de los Plowman.

También la madre de Hope.

- Ésa es la escuela. - Sr. Plowman...

Yo no tengo parcela familiar. Ni siquiera tengo familia.

Gano 35 dólares a la semana, y acaban de llamarme a filas.

Pero quiero a Hope.

Y seguiré queriéndola el resto de mi vida.

Está muy mal lo que hace, poner a prueba los principios de un hombre.

Quisiera que se diera media vuelta, montara en el autobús y no volviera a ver a Hope.

Pero usted no va a hacerlo.

¿Me equivoco?

Eso me parecía.

Si alguien del pueblo me hubiera pedido la mano de Hope, le diría: "Ven a casa".

"Hay pavo para cenar".

Nunca había conocido a ningún judío.

Te pasas la vida pensando de cierta manera.

Alguien te da una sacudida y tienes que mirar en tu interior.

A eso me ha obligado usted, y no hace que le cobre cariño.

Le estaba diciendo al Sr. Ackerman que tenemos pavo para cenar.

Gracias.

Si no abren, tendremos que echar la puerta abajo.

¿Esto le parece al cuartel general una visita amistosa que fotografiar?

No podemos seguir esperando.

Kraus, Faber.

- ¿Madame Brenner? - Soy yo.

- ¿Dónde está Marcel Brenner? - Monsieur, ojalá lo supiera.

El chico tiene 16 años.

La mayor parte del tiempo no sabemos dónde está, nunca viene a casa.

Kraus, aquí. Faber, ahí.

Llevad al chico abajo.

No le pasará nada.

Nadie va a hacerle daño, se lo aseguro. Le doy mi palabra.

Pero debe cumplir con sus obligaciones laborales.

Lo siento.

Adelante.

Quisiera solicitar un traslado, capitán.

¿Por qué?

No me siento capacitado para este trabajo.

¿Que no se siente capacitado?

No creo en arrestar a niños, capitán.

Pasé cuatro años en Spandau, dos en la escuela militar.

Debería estar en Rusia.

Pero estoy aquí.

Y me quedaré hasta que me destinen a otro sitio.

Y usted hará lo mismo.

¿A qué hora sale su tren a Berlín?

A las 12.30, capitán.

Aquí tiene el permiso.

Quiero que me haga un favor cuando esté en Berlín.

- ¿Qué ha sido eso? - No lo sé. Es la Gestapo.

Cierre la puerta.

¿Sabe dónde está?

¿Sabe quién es?

Respóndame.

Sí, mi capitán.

Pues deje de portarse como un crío. ¿No sabe que, cuando se hizo soldado,

firmó un contrato para matar en todas sus formas?

No creo que sea posible cambiar el mundo desde el sótano de una sucia comisaría.

No importa lo que usted crea.

En el campo de batalla, podría matarle por lo que acaba de hacer.

Y lo haría.

El ejército alemán es invencible porque sabe obedecer las órdenes.

Cualquier orden, por desagradable que sea.

- No puedo... - Cállese.

No hay sitio para sentimentales, ni moralistas, ni individualistas.

No tendrá ningún futuro en el ejército si es incapaz de comprender eso.

Quizá simplemente ni tenga futuro si se opone a eso.

Me molesta decírselo porque tiene una buena hoja de servicios. Será un soldado creativo

cuando le hagamos perder todas esas nociones.

Por el momento, lo olvidaremos.

Como le decía, quisiera pedirle un favor. He conseguido un encaje.

Muy hermoso. Negro, para mi mujer.

Esperaba poder dárselo en persona, pero soy demasiado importante aquí.

Ya que no puedo, quisiera que se lo entregara

usted en Berlín durante su permiso.

Sí, mi capitán.

Transmítale mis más tiernos recuerdos.

Dígale que pienso en ella constantemente.

La dirección está en el paquete.

Disfrute de su permiso.

Ya voy.

La Sra. Hardenburg, por favor.

Soy el teniente Diestl, de la compañía de su marido,

y le traigo un regalo suyo.

Pase.

Claro, usted es el serio.

El de la foto. Con el capitán.

¿Delante de la iglesia?

- ¿Cómo está usted? - Encantado.

Me escribió diciéndome que venía usted a Berlín.

Que hiciera por usted lo que estuviera en mi mano, y todo eso.

Muy amable de parte del capitán.

- Siéntese, por favor. - Gracias.

Póngase cómodo.

¿Qué le apetece?

Quizá le esté importunando. Está a punto de salir, ¿verdad?

Sólo con un general. Le diré que le he hecho esperar por un teniente.

- En ese caso, yo... - ¿Vodka?

- Maravilloso. - Me ha llegado una botella de Ucrania.

¿Y cómo está el capitán?

Bien. Me pidió que le transmitiera sus más tiernos recuerdos

y que le dijera que piensa en usted constantemente.

Qué detalle por su parte.

Gracias.

¿Cómo está el alegre París?

El alegre París no está muy alegre.

Qué lástima.

¿Dónde se aloja?

El caso es que no tengo alojamiento.

Le resultará imposible encontrar habitación.

Quizá yo pueda alojarle en el hotel Adelon.

Sería magnífico, gracias.

Disculpe.

Franz, dile que ahora mismo bajo.

¿Tiene que ir a algún sitio?

Pues quédese. No tardaré.

Quiero hablar con usted del capitán. ¿Se quedará?

Maravilloso.

Tome otra copa, teniente. Sírvase caviar. Vea cómo sufrimos en la retaguardia.

Lo siento.

No se moleste.

Espero que no se haya aburrido.

No me he aburrido nada. De hecho, he encontrado una compañía excelente.

¿No va a ofrecerme una copa?

Le ofrezco una copa.

Es demasiado.

Gracias.

No ha podido ser una velada muy interesante para un soldado de permiso.

Yo soy...

No soy soldado, soy...

policía.

¿Y no lo encuentra interesante?

Anímese.

Las cosas pueden cambiar.

Tengo un amigo en el Estado Mayor de Rommel. Quizá pueda ayudarle.

Espere.

Usted...

¿Puede hacer eso? ¿Organizar traslados militares?

Con un pequeño esfuerzo.

¿Cómo son las chicas de París?

Francesas.

Muy patrióticas.

Bienvenido a Alemania, soldado.

Deme un cigarrillo.

Sobre la mesa.

Buenos días.

- Dicen que el show va estupendamente. - Bárbaro. Brandy con soda.

¿Te sobraba?

- ¿Qué te pasa? - Nada.

Vamos. Normalmente, sabes fingir un beso de afecto a la hora del almuerzo.

Me ha fallado una cosa en Washington y tengo que hacer la instrucción.

Tenía que irme mañana, pero puedo hacerlo ahora.

Lo siento.

Así está mejor. ¿Por qué no te tomas la tarde libre?

No puedo.

La Oficina de Información Bélica podrá pasar sin ti mi última tarde.

Nos vemos esta noche.

Di que estás haciendo un traslado de tropas.

- De verdad, no puedo. - A cuenta de la casa.

- Es el último coñac. - Seguro que hay mucho más en Italia.

Vine aquí en 1924, señor. Ya no sé nada de Italia.

- No tenías por qué decir eso. - Así es como me siento.

¿Qué quieres de mí?

Que te portes como un hombre.

Quiero sentirme orgullosa de ti, como Hope lo está de Noah.

Quieres que me maten. He leído el libro. Sé que dentro de diez años

seremos amigos del alma de los alemanes y los

japoneses, y me dará rabia haber muerto.

Mira, no quiero que te maten.

Ni siquiera me importa que quieras librarte del ejército.

Pero deja de fingir que no pasa nada.

¿Eso es todo?

Quiero que vayamos a algún sitio a casarnos.

¿Ahora?

Mira, cariño, te quiero.

Pero, ¿hoy? Has visto demasiadas películas de guerra.

- ¿Eso es que no? - Podría pasar años fuera.

Es la última oportunidad.

Cariño, sería una tontería.

Casi se me olvida. Me envían al extranjero.

Pensaba decírtelo esta noche.

Sra. Ackerman, Sr. Ackerman.

- Han madrugado mucho. - Así es.

- Hoy es el día, ¿eh? - Sí.

Tome, para animarse. Calma los nervios.

Bébasela. Tiene toda su crema.

Homogeneizada.

- Buena, ¿eh? - Sí.

Yo bebo dos litros al día. Me mantiene joven. Tengo que irme.

- Buena suerte. - Gracias.

Qué bien sabes.

Te quiero.

TRAS LAS LÍNEAS BRITÁNICAS EN ÁFRICA DEL NORTE

¿Listo?

Todos listos, capitán.

Muy bien, Teniente.

Ahora.

- Sugiero que esperemos, capitán. - ¿Por qué?

Mire detrás de usted. Está a punto de salir el sol.

Cuando les dé en los ojos, sus armas no les servirán de nada.

Una idea estupenda.

Esperaremos.

Mortero.

Ametralladoras.

Fuego, rápido.

Izquierda, diez.

Atrás, diez.

Izquierda.

Alto el fuego.

No he ordenado el alto el fuego. ¿Qué está haciendo, OberTeniente?

Que las ametralladoras barran la zona durante otros 60 segundos.

Fuego.

Maten a todos los heridos.

No dejen a nadie con vida.

No podemos hacer prisioneros.

No deben informar de nuestros movimientos.

Si estos heridos dan información, se nos echarán encima sus aviones.

Nuestro reconocimiento habrá sido en vano.

Háganlo.

Mátalo.

Es una orden.

A ver, muchachos.

Atención.

Descansen.

Prepárense para pasar revista.

- ¿La octava orden general? - Dar la alarma en caso de emergencia.

Borre esa sonrisa de la boca.

Ya no es el rey de Broadway, ahora es un soldado del ejército de Estados Unidos.

Deshaga esta cama.

Esto no es el hotel Astor. Aquí no hay camareras.

Dos días de faena.

Abra su taquilla, soldado.

Esto no es la biblioteca pública de Nueva York, soldado.

ULISES, JAMES JOYCE

Lo conozco. Es un libro indecente. Al ejército

no le importa lo que lea, pero a mí sí.

Deshágase de él. Mire al frente.

Muy bien, soldado.

La ventana no está limpia. A este barracón le falta disciplina militar.

Sargento, este barracón no está listo para la revista. Haga que lo esté.

Aprenderán que, si hay un descuidado, les corresponde a todos enseñarle a ser limpio.

Esta sección queda arrestada todo el fin de semana.

¿No cree que castigar a toda la sección...?

No, teniente, no lo creo.

Muy bien, señor.

Descansen.

Está bien.

Lo has conseguido. Voy a tener que ponerte bajo mi tutela.

- Esto no es tu sucio vecindario. - Un momento...

Cierra el pico. Cuando quiera una respuesta, te la pediré.

Y responderás sí o no. Es una orden.

Primera lección.

Coge un cubo.

¿Sabes qué? Vas a limpiar todas las ventanas del barracón.

Vas a limpiarlas hasta que estén relucientes. De guante blanco.

Es una orden. Vamos, muévete.

Reparte las cartas.

Aquí tenéis.

Ni una pareja sobre la mesa.

Aquí viene el aprendiz de mamá.

¿Te has divertido?

Cowley, tú que lo sabes todo,

¿quién es nuestro embajador en Nueva York?

No tenemos ninguno. No reconocemos a la ciudad.

Relájate. Ya se aburrirán.

- ¿Nueva York forma parte ya de EE UU? - No.

- ¿En qué idioma hablan? - ¿Idioma? Hablan con las manos.

- ¿Cómo es que Ackerman habla inglés? - Es un espía.

No estáis siendo justos con Ackerman. A mí me da pena, la verdad.

La pasta que podía hacer vendiendo ruedas en

el mercado negro si no estuviera alistado.

Olvídalo.

¿Qué haces en el ejército?

No tenía enchufes en la caja. Eran todos irlandeses.

- ¿Qué apuestas? - ¿Qué tenemos?

¿Qué sabes de Hope?

¿Hope? Está bien, lo último que...

- ¿Qué te pasa? - Ya la he fastidiado.

Su cumpleaños.

Tengo 20 dólares ahorrados y no puedo ir a una tienda.

Igual encuentras algo en el economato. Vamos, te acompaño.

Buena idea.

Mi banco.

MALA SUERTE

¿A quién le toca?

Yo te presto los 20. Vamos.

¿Tienes un bolígrafo?

Me han robado 20 dólares de la taquilla. No me importa el dinero.

Quiero buscar una satisfacción con mis propias manos.

Que el ladrón se ponga en contacto con el soldado Noah Ackerman.

Olvídalo. Si yo fuera tú...

Pero no lo eres.

¿No vas a comer?

Lee esto.

LO HEMOS COGIDO NOSOTROS. TE ESPERAMOS.

SOLDADOS DONNELLY, BURNECKER, COWLEY, BRAILSFORD

¿Serás mi padrino?

- ¿Qué padrino? - Quiero hacerlo todo bien,

y no me fío de mí mismo para organizarlo. Quizá pierda los estribos.

¿Estás loco? Son los cuatro tipos más grandes de la compañía.

¿Y qué?

- ¿Cuánto pesas? - Da igual lo que pese.

61 kilos.

Mira, te están pinchando porque les has hecho quedarse retenidos.

¿Organizarás los turnos?

- Si no quieres ayudarme, no lo hagas. - ¿Qué turnos?

No querrás que me pelee con los cuatro en una noche.

Estás loco.

No quiero tener nada que ver con esto. Cógelo.

- Donnelly, eres todo un hombre. - Buen puñetazo.

- Vamos, te invito a una cerveza. - ¿Qué te parece?

El muy pelado me ha hecho sangrar por la nariz.

Tú te lo has buscado.

- Enséñale un poco de boxeo. - Venga, Burnecker, acaba con él.

- Mira. - Acaba de una vez.

- Venga. - Arremete con ganas, vamos.

- Túmbalo de espaldas. - No lo mates. Al menos, todavía.

Que no le queden ganas de pelear. Vamos.

Venga, levántalo, está que se cae.

- Eso te enseñará a limpiar las ventanas. - Dale un uno dos.

Escucha...

Escucha, chico, déjate ganar.

Vamos, acaba con él.

Seguro que no se ha enterado, pero el soldado Ackerman

ha recibido palizas de los cuatro hombres más fuertes de la compañía.

Le han herido de verdad. Seguro que, ahora que lo sabe, querrá intervenir.

Tiene razón. Si lo supiera, intervendría. Sería mi obligación.

- Pero no lo sé. - Ahora sí, capitán.

¿Cuál es su problema? Ackerman no es un productor rico de Broadway

al que tenga que hacer la pelota. No es más que un recluta. Entre en razón.

Tendrá que intervenir, capitán.

El coronel ha recibido de Washington una

llamada acerca de usted por vías no oficiales.

Por vías nada oficiales.

Para que le trasladen al Servicio Especial en Londres.

A mí me corresponde autorizarlo o no.

Sigo pensando que tendrá que intervenir.

Sé que el coronel lo haría.

Muy bien. Se lo diré claramente.

Si acude al coronel, no recibirá su traslado.

Y tendrá que ser cinco veces más soldado que cualquiera sólo para sobrevivir.

Ahora, váyase.

Rickett.

Líbrese de él. Hoy mismo.

- Envíe sus papeles. - Sí, capitán.

Espero que estés contento. Ya van tres palizas seguidas.

Casi le gano.

- ¿Qué aspecto tenía? - ¿Quién? ¿Cowley?

Mejor que el tuyo.

¿Qué intentas demostrar?

- Nada. - ¿Por qué intentas matarte?

Me gusta pelear.

Estoy harto de ver cómo te parten la cara.

Mira, si peleas con Brailsford, yo me lavo las manos.

- Perdón. - No pasa nada.

- Puedo darle una paliza a Brailsford. - Me da lo mismo.

Para mí es importante. Es la última pelea.

- Esta historia te ha vuelto loco. - Quizá.

- Disculpen, soldados. - ¿Sí, teniente?

- Quiero hablar con Ackerman. - Desde luego, teniente.

¿Vendrás?

¿Un cigarrillo?

Gracias.

Lo siento.

He estado mirando el registro de enfermería.

Es usted el soldado más proclive a sufrir accidentes de toda la infantería.

Soy descuidado, señor.

Los sábados por la noche, en la ciudad.

Todos los sábados. Pero, entre semana, corre la carrera de obstáculos más dura

sin hacerse el menor daño. ¿Por qué no se sincera conmigo?

Sé que se está peleando. Creo saber por qué.

Es algo de lo que debe encargarse el coronel.

No tiene más que pedírmelo.

Además, le están zurrando bien. Grogui, no nos resulta útil.

Se lo agradezco, teniente, pero es asunto mío.

Te he buscado por todas partes. Ha llegado tu orden de traslado.

Te vas a Washington dentro de 40 minutos.

Gracias.

Todo suyo, enfermero.

No te caigas.

Vamos.

No te lo toques.

Se te infectará.

- Atención, Abbott. - Presente.

- Acaro. - Presente.

Ackerman.

¿Alguien ha visto a Ackerman?

¿Durmió Ackerman en su litera anoche?

No lo sé, señor. No me fijé.

¿Y usted, Donnelly?

Mire al frente.

¿Y bien?

No lo sé, señor. Su litera está en el otro extremo.

Se lo advierto, soldados. Quiero una respuesta directa del siguiente hombre.

Cowley.

No, señor.

No durmió en su litera.

Nadie deserta de esta compañía.

Cuando lo encuentren, no lo quiero en prisión. Lo quiero aquí.

- Es mío. - Sí, capitán.

Soldados.

Presten atención.

Va a comenzar la reunión.

Señores, iré directamente al grano.

Han oído rumores de que nuestras posiciones se están deteriorando.

Son ciertos.

Creemos que una gigantesca flota norteamericana se dirige hacia Túnez

para atacarnos por la retaguardia. Los

británicos van a lanzar una ofensiva frontal.

Stalingrado ha hecho mermar nuestro combustible y municiones

en cantidades inesperadas.

Debemos prepararnos para una penetración.

De momento, esta información es confidencial.

Ataque aéreo.

Pueden retirarse.

- No se duerma, maldita sea. - Estoy despierto.

Pues siga así. Hábleme.

No se le ocurra dormirse.

¿Qué quiere que le diga?

Lo que sea. Usted hable.

De acuerdo.

¿Qué distancia nos queda?

Unos 400 kilómetros más.

Siete horas.

Necesito dormir.

Si se duerme, despertará en un campo de prisioneros británico. Vamos, hable.

Me gustaría estar en las montañas, donde se está tan fresquito y tranquilo en la nieve.

Qué maravilla sentir el viento en la cara,

limpio y agradable.

Y en invierno me gusta el olor del humo de los troncos en las chimeneas.

Hable de otra cosa. Hable de mujeres.

Tengo una amiga francesa, Françoise, y creo que podría enamorarme.

- ¿Era bonita? - Muy bonita.

Me gustaría estar con ella, no en esta moto,

porque estoy harto de África.

Y estoy harto del gran ejército alemán.

- Y estoy harto de cumplir con mi deber. - Debería haberle matado.

¿Qué?

Que debería haberle matado. Debería matarle ahora.

Aprenda primero a conducir esto.

Nos destruirá. Los hombres como usted envenenan el ejército.

Un día abandonan un poco la disciplina, al otro un poco más, y de pronto no son nada.

Ya no son capaces de luchar. Tendría que haberle matado.

- ¿Y por qué no lo hizo? - Porque fui un estúpido.

Admite que aún está infectado por sentimientos de decencia humana.

- Cállese. - Y odia sentir eso, ¿verdad?

Quiero besarte.

¿Por qué no me lo habías dicho?

No podía.

Además, la ley prohíbe dar refugio a los desertores.

Tú no eres un desertor. El abogado me ha dicho que te entregaste.

¿Estás bien?

¿Sabes qué me han pedido que haga?

El abogado dice que, si vuelves a tu antigua compañía,

no irás a la cárcel.

No es mi intención decirte qué hacer. Haz lo que creas correcto.

Levántate.

Cariño, ¿desde cuándo?

¿Qué?

Cinco meses.

¿Por qué no me lo habías dicho?

Podría haberte escrito, supongo. Tenía que asegurarme.

El médico me dijo que guardara cama un tiempo.

Lo hice.

Supongo que por eso no te escribí.

Quería asegurarme de que todo saldría bien.

No quiero que esto te influya en un sentido u otro.

¿Te alegras?

Es maravilloso.

Totalmente maravilloso.

Es la hora.

No te preocupes por mí. Vuelvo a casa. No te preocupes por nada.

No estoy preocupado.

¿Te lo imaginas?

Escucha.

Ve al abogado y dile que iré donde quieran.

Muy bien, soldado.

Te quiero.

No sólo es una vergüenza, sino que sus actos

han arrojado una mancha sobre esta compañía y sobre mí personalmente.

Me encargaré de que la borre.

Voy a convertirle en soldado aunque tenga que partirle en dos.

Sí, mi capitán.

No tendrá permisos. Pasará pelando patatas toda la semana que viene.

Además, tendrá el mismo catre y estará con los mismos hombres.

Asegúrese de que no es el causante de los castigos que les caigan.

Sí, mi capitán.

Ahora, lárguese. No quiero volver a verle en este despacho.

Sí, mi capitán. Gracias, mi capitán.

Capitán.

Soy el comandante Price. El coronel quiere verle en su despacho.

Voy ahora mismo, comandante.

¿Quería verme, coronel?

Hay muchos tipos de oficiales en una guerra.

Hombres como Green, Emerson, y unos pocos como usted.

Por suerte, hay muy pocos como usted.

A veces, les descubrimos. Otras, no.

En su caso, hemos tenido suerte.

Acabo de terminar una investigación sobre la razón del comportamiento de Ackerman.

- Coronel, puedo explicárselo... - Eso espero.

Le leeré los cargos que se formularán contra usted en el consejo de guerra.

"Sometió a persecución deliberada al soldado Ackerman

ordenando el castigo de toda su compañía con el fin de disciplinarle".

"Permitió deliberadamente que le propinaran salvajes palizas

otros miembros de su compañía".

"Intentó chantajear al soldado Michael Whiteacre, que intercedió en su favor".

¿Quiere que continúe?

Eso me parecía. He formulado estos cargos contra usted

y ahora se los presento formalmente.

Chicos, creo que acabo de ver a un fantasma.

Yo no veo nada.

Creo que es Ackerman.

Está en Nueva York, dándose la vida padre.

- Es uno que se parece a Ackerman. - Nadie se parece a Ackerman.

Haced sitio para uno más. Acabo de encontrar a un pichón con 20 dólares.

¿A quién le toca?

¿Cinco? Estás loco.

- Buenas tardes. - ¿En qué puedo ayudarle, capitán?

¿Hay aquí un tal capitán Hardenburg?

- Está aquí. - ¿Puedo verle?

¿Es amigo suyo?

- Muy bien. Está ahí mismo. Pase. - Gracias.

- ¿Capitán Hardenburg? - ¿Es usted, Diestl?

Sí, capitán. Me han dado de alta esta tarde y he venido a despedirme.

Muy amable de su parte.

¿Se siente mejor, capitán?

- Cada día mejor. - Me alegro.

Pero me dicen que pasaré aquí seis meses.

Siento que haya de ser tanto tiempo.

¿Por qué lo siente?

Me dará la oportunidad de pensar en el futuro.

Pienso dedicarme a la política.

Mi rostro será un testimonio de lo que le he entregado a la patria.

Me resultará muy útil en los mítines.

Ya sabe, capitán, que hoy en día hacen maravillas con...

Ojos de cristal, narices de plástico.

Pómulos reconstruidos.

He escrito a Gretchen en detalle para prevenirla,

y me asegura que está orgullosa de mí y que no habrá cambiado nada.

Gretchen es mi esposa.

Lo sé.

¿Cómo lo sabe?

Le entregó un paquete de mi parte.

Es muy guapa, ¿verdad?

Sí, capitán, muy guapa.

Me será muy útil en mi carrera.

Quiero que vuelva a visitarla para tranquilizarla.

Sé que es pedir mucho

hablar por un hombre a su mujer en estas circunstancias,

pero quiero que sepa por una tercera persona que soy recuperable.

Lo haré encantado.

Gracias.

Ahora, acérquese.

Dígame, capitán.

¿Estamos solos?

- Aparte de... - No importa.

Quiero pedirle otro favor.

Quiero que me traiga una bayoneta.

- Creo... - ¿Qué le pasa?

No es para mí.

Es para él.

Se ha quedado sin manos. Y sin nada.

Quiere morir. Se lo he prometido.

Me habla en susurros cuando estamos solos.

Y oye.

Es relojero, de Nuremberg.

Especialista en cronómetros.

Tiene tres hijos. Y quiere morir.

¿Dónde tengo la mano?

Más o menos, sobre su corazón.

Bien.

Ahí es donde apoyaré la bayoneta.

Lo hemos practicado todas las noches esta semana.

Vuelva esta noche con una bayoneta.

¿Me la traerá?

Sí, mi capitán.

Adiós.

Adiós, mi capitán.

Soy Christian Diestl.

¿Quién?

Teniente.

Pase.

¿Cómo está?

Bien. ¿Y usted?

Discúlpeme. Debo de estar horrible, pero hace semanas que no duermo.

Hemos sufrido muchos ataques aéreos.

Pase. Discúlpeme.

Vienen dos, tres veces todas las noches.

No se imagina lo que es.

Los soldados del frente harían huelga en estas condiciones.

En serio. No hay calefacción, ni luz.

Ya recuerdo. Siéntese.

Gracias.

¿Ha traído comida de Rusia?

- África. - Por supuesto. La compañía de mi marido.

Sólo me queda un poco de kümmel.

No, gracias.

¿Tiene noticias de su marido?

Se suicidó.

¿Qué?

Con una bayoneta.

Tengo la carta en alguna parte.

Me pidió que viniera a hablar con usted.

Quizá fuera lo mejor.

Quería volver aquí.

Naturalmente, no le animé a hacerlo.

Pasé toda una noche redactando una carta con mucho tacto.

Le dije, por supuesto, que estaría mejor en un hospital para veteranos.

¿Qué hace? Por amor de Dios, sea realista.

Se están volviendo ustedes cada vez más raros.

Quédese un rato.

Quizá pueda encontrar algo de vodka.

Me pondré guapa para usted.

Cuánto me alegro de volver a verte.

Yo también me alegro.

No puedo creerlo.

Os fue mal, ¿eh?

Nos trasladaron de aquí para allá, pero...

¿Qué te pasa a ti? ¿Qué haces tan cerca del frente?

Ya me conoces. Fue un error en las órdenes.

¿Y tú? ¿Estás destinado aquí?

Busco un medio de transporte. Intento llegar a París.

Vamos, te invito a un trago.

- Te han hecho capitán por hacer fotos. - Escandaloso. Debería ser comandante.

No sabes cuánto me alegro de verte.

Nos la quedamos. Traiga dos vasos, por favor.

Llevo aquí dos días esperando a que alguien vaya a París.

- ¿Qué haces en París? - Allí está mi cuartel general.

Tu cuartel general, ¿no será la rubia a la que le gusta el paté?

- La misma. - En otras palabras, ¿no tienes órdenes?

Sólo el deseo.

También me he comprado un coche francés.

- Es lógico. - Pero mira.

Me lo requisarían en menos de una hora, pero tú tienes órdenes de combate.

- A ti no te harían preguntas. - ¿Lo tienes aquí?

Aquí al lado, en una cuadra.

- Pues vámonos ahora. - De acuerdo, vamos.

¿Por qué no cenas con Simone y conmigo esta noche?

Me gustaría, pero creo que tengo que presentarme.

Preséntate por la mañana. Necesitas descansar.

- ¿Sueles ver a Françoise? - Pues claro.

Ahora vive con Simone.

Desde hace más de un mes.

¿Queréis cenar con Françoise y conmigo esta noche?

Será un placer.

Cariño.

Qué largo se me ha hecho.

Pasa.

Soy un oficial americano.

Queridos amigos, quiero agradeceros esta maravillosa velada. Os adoro.

Y ahora, propongo un brindis.

Adiós, capitán Brandt del ejército del Tercer Reich.

Estás borracho, cariño. Di buenas noches.

Christian me comprende.

Buenas noches, capitán Brandt. Mañana despiertas a una nueva vida:

Monsieur Brandt, ciudadano del mundo.

Qué gracioso es. Tiene unas ideas...

Siéntate un momento.

Sé que no lo apruebas, pero escúchame un momento.

Dime, ¿somos seres humanos civilizados, o bestias salvajes?

Un ser humano sabe cuándo ha perdido e intenta salvarse.

Cuando te meten en el ejército, esperan que arriesgues tu vida,

pero no esperan que simplemente la desperdicies.

Después de todo, en cualquier guerra,

cuando todos los brazos y piernas han saltado por los aires,

realmente ya no importa, porque nada ha cambiado.

Buenas noches, querido amigo.

Sé buena con él...

porque es el mejor de los mejores.

Hala, hala.

Vamos.

Tú...

No irás a denunciarlo, ¿verdad?

Gracias.

No eres el mismo.

Cuando estás en un agujero...

lleno de tu propio excremento durante días y días,

y cuando ves los rostros y los cuerpos de los hombres a los que has matado,

cambias.

Y cuando estás así,

cuando tienes que vivir con la muerte todos los días durante tanto tiempo...

necesitas algo frente a ti, o te vuelves loco.

Por eso yo estaba...

Siempre tenía miedo de haberte inventado.

Pero soy real.

Quédate.

No hay nada por lo que tengas que luchar.

Nunca lo hubo.

Ya no eres el guerrero de oro.

Y, pronto, serás tan sólo un refugiado más.

No eches esto a perder.

Por favor.

Creo que ya he ido muy lejos.

Françoise, perdóname.

Te quiero, pero soy un soldado alemán.

Christian.

LONDRES

¿Qué miras?

Las caras de los generales. No me gustan.

Si hay algo que no aguanto

es a los reclutas, con sus aires de superioridad moral herida.

No tienen pinta de poder dirigirte en el ataque a una fortaleza alemana.

Tranquilo, cielo. No van a dirigirte a otro sitio que no sea un bar de Londres.

- No empecemos. - Está bien.

Sigue, cariño.

Vaya. Aquí viene otro pez gordo.

Siéntese, soldado. ¿Cómo estás?

Bien, Sam. Hasta ahora.

Hoy han empezado temprano.

Soldado Whiteacre, quiero presentarle al general Rockland.

Sam, ¿eh? Encantado, general.

Gracias. Ven a la barra. Trae a tu amigo.

Dentro de un momento. Gracias.

¿Cuánto hace de esto?

- Eso quisieras saber. - Y un general, nada menos.

Monotemático.

Siempre criticando a los oficiales.

Siempre rechazando los ascensos. ¿Por qué insistes en seguir de soldado raso?

Por culpabilidad, supongo. Freud diría que me castigo

porque estoy evitando ir al frente.

Porque dejo que Noah Ackerman combata por mí.

- Si quieres personalizarlo. - Pues entonces, vete al frente.

Deja de sentirte culpable. Empieza a resultar nauseabundo.

Mejor culpable que muerto.

Está bien, habla con Sam.

Si esas bombas se acercan un poco más, me achicaré y me pondré en ridículo.

- Lo harías, ¿verdad? - Déjame.

Quédate aquí.

¿Es que quieres que te maten?

General, ¿puede hacerme un favor?

¿Lo hará?

- No lo sé. ¿Cuál? - ¿Puede enviarme con mi antiguo batallón?

- ¿Dónde están? - Luchando en Normandía.

Supongo que sí. ¿Por qué no presenta una petición formal?

No quiero esperar tanto tiempo.

Está bien.

- Deme su nombre y su número. - Sí, mi general.

Gracias, mi general.

Gracias.

¡La has hecho buena!

Ya estás prácticamente en el hoyo.

- Es lo que querías, ¿no? - Qué estúpido eres.

No es lo que quería. No hace falta que te maten para que siga queriéndote.

No me matarán. Créeme, tendré la trinchera más profunda

y el casco más grande de toda la infantería.

No hará falta. Voy a hablar con él.

No, por favor.

Ven aquí.

Que te sirva de lección.

Tengo que hacerlo.

Sé que me arrepentiré, pero, para entonces, será demasiado tarde.

Tengo miedo.

- No lo tengas. - Lo tengo. Ojalá no hubiera...

Volveré. Tengo que hacerlo. Si no, ¿cómo voy a casarme contigo?

Buenos días.

Aquí tiene.

Puede que el correo se retrase, pero no quiero que te preocupes.

No puedo decirte dónde estoy porque a los censores no les gustaría.

Si no es del todo privada, ¿nos la lees?

"La foto era muy bonita".

"Estoy encantado con mi pequeña, veo que es una niña preciosa,

fuerte y despierta".

"Os prometo que volveré con el cuerpo y el corazón intactos,

pase lo que pase".

"Volveré para contarle historias a la hora de acostarse,

para darle las espinacas y enseñarle a beber la leche de un vaso".

"Para llevarla al parque y decirle los nombres de los animales del zoo".

"Para explicarle por qué no debe pegar a los chicos...

y por qué debe querer a su madre tanto como la quiere su padre".

Escríbeme, vida mía.

Escríbeme, por favor.

- Te quiere... - "Noah".

Se acercan.

No disparéis, pase lo que pase, hasta que estén cerca.

Nada de disparar. Sólo somos observadores.

Aún oigo al viejo. "Adelantaos a ver qué tenemos que quitar de en medio".

"Es fácil. Como dar un paseo un domingo por la mañana".

¿Qué hacen ellos ahí un domingo por la mañana?

Salud.

Madre.

Aquí están. No les deis tregua. Ahora.

No os amontonéis.

Granada.

No tiene sentido aplazarlo. Si nos quedamos aquí, nos fríen.

Tenemos unos minutos mientras se reorganizan. ¿Quién va primero?

Saldremos de dos en dos. Disolveremos el destacamento en grupos de dos o tres.

No hace falta que os diga que tengáis cuidado. ¿Quién va primero?

Cuando atraveséis sus líneas...

Ojalá pudiera deciros dónde están las nuestras.

Pero no os expongáis hasta que sea absolutamente necesario.

Que no os maten vuestros propios compañeros.

Que salga alguien.

Está bien.

Yo también voy.

¿Qué pasa?

Nada, nada.

- ¿Qué haces? - ¿Qué quieres decir? Quitaos la ropa.

- Yo no. No sé nadar. - Yo tampoco.

- No será muy profundo. - Esto está lleno de alemanes.

- ¿Nos quedamos a esperarles? - Enfrente están los nuestros.

Si nos metemos en el agua, nos fríen.

- Cállate y quítate la ropa. - Yo no me quito nada.

- No puedes quedarte... - No sé qué quieres hacer,

pero yo no pienso hacerlo. Estás loco. No sé nadar.

- Cállate. - Largo de aquí.

- Estoy listo. - Vamos. Yo primero.

Es cada vez más profundo.

Espera, espera. Nada a lo perro, con calma.

Agárrate a mí.

Agárrate.

Aquí no.

Aquí.

¿Es profunda?

No te muevas.

Eh, vosotros.

Ya basta.

Dejad de disparar.

Somos de la Compañía Charlie. Sólo somos dos.

Él está herido.

Echadme una mano.

Que me echéis una mano.

- ¿Lleváis chapa? - Claro que llevamos chapa.

- ¿Cómo te llamas? - Ackerman. 3974287.

Está bien, no te sulfures. Ya vamos.

Con mucho cuidado.

Gracias.

Aquí Perro Rojo Cuatro. Han venido un par de hombres de la Compañía C.

Ackerman y...

- Burnecker. - Burnecker está herido.

Ackerman no tiene ropa. Traed algo.

Pregúntale si ha aparecido el teniente Green.

¿Qué hay de Green?

Entendido.

Están bien. Lo han logrado por los pelos.

¿Cómo estaba la cosa allí?

Te van a mandar ropa seca.

Tengo un poco de schnapps. Te calentará.

¿Cómo has llegado aquí?

Un amigo mío es general. Soy muy importante en la retaguardia. Ponte esto.

¿Qué pasa?

Siguen...

¿Podéis correr la voz de que nadie dispare durante diez o quince minutos?

¿Por qué?

Uno de los nuestros se ha quedado atrás.

Vernon, recorre la fila y diles a esos dedos-fáciles

que, si ven un culo en el canal, es de los nuestros.

¿Quién está allí?

Bien.

- Pero no sabe nadar. - Aún mejor.

Mira, no le debes nada.

Lo sé.

Tú acabas de venir. Hay muchos otros hombres.

¿Qué tal tú mismo? Se te ve gordo y fresco.

De eso nada. Acabo de llegar.

Además, soy un cobarde.

¿Qué quieres?

- Venga, vamos. - Déjame en paz.

No es profundo.

¡Que no es profundo!

Los demás nos esperan. Vamos.

Yo no voy.

Espera.

¿Estás bien, Noah?

Quiero hablar con su comandante.

Pase, Capitán.

Me preguntaba si tendría comida.

No tenemos. Los desertores nos han desvalijado.

Yo no soy ningún desertor.

Mi compañía ha desertado. Estoy sin mando, y no he comido en dos días.

Perdóneme, capitán. Siéntese y sírvase café.

Es un alivio encontrar a alguien con algún sentido de la disciplina.

¿Cómo de cerca están los americanos?

Creo que están... No lo sé, a cinco minutos o a cinco horas.

- Lo siento, es todo lo que queda. - Gracias.

Se ha acabado todo.

Coroneles y generales pasando por aquí y quitándome toda la comida.

Tirando sus uniformes.

Increíble. Mis hombres también han echado a correr.

La organización se está desmoronando delante de mis narices.

Lo siento.

¿Está herido?

Ya veo que lo ha pasado mal.

Yo también.

Yo también tengo mis heridas, aunque no se vean.

Llevar un campo de concentración no es ninguna broma.

Las cámaras de gas, los cupos, los médicos con sus experimentos.

Tenía una cuota de exterminio de 1.500 personas al día.

Judíos, polacos, rusos, franceses. Prisioneros políticos.

Y sólo 260 hombres para hacerlo.

Me las arreglé. Luego enviaron memorándums, inspectores dando gritos.

En Auschwitz, matan a 20.000 al día.

Ya sé quién es. Berlín otra vez.

Ya es la cuarta vez hoy.

Muy cerca. A pocos kilómetros.

Ya se lo he dicho. No, no a usted, al que ha llamado antes.

Me quedan diez hombres. ¿Cómo voy a matar a todos los prisioneros?

¿No lo comprende? Las instalaciones no funcionan. Nada funciona.

Me da igual lo que hicieran en Buchenwald. Yo estoy solo y no me queda personal.

¿Sabe qué era esta llamada? Quieren que mate a todos los hombres, mujeres y niños

del campo antes de que lleguen los americanos.

6.000 personas.

Y el hombre que me lo pide saldrá libre a la calle.

Llegarán los americanos y los rusos, y él dirá:

"No sé nada de ningún campo de concentración".

Negará que la política nacional fuera matar a 12 millones de personas. Cosas de las SS.

Nadie del gobierno supo jamás nada de eso.

Yo estaré aquí, dando explicaciones a los americanos.

Los americanos puede que no entiendan lo que vean aquí.

Puede que no sepan que un oficial alemán, uno de nuestro tipo,

hace lo que le ordenan.

Nosotros al menos sabemos lo que importa.

El valor de quedarse y encararse con el enemigo, y el honor de poder decir:

"He cumplido con mi deber para con la patria".

¿Qué le pasa?

Dios mío...

Capitán, éste es el alcalde de la ciudad que atravesamos de camino.

Dice que puede enviar a varios civiles a ayudarnos.

Como le decía al sargento, sabemos que varios de sus generales

y periodistas vienen hacia aquí.

Puedo prestarle a la gente del lugar para limpiar este sitio...

Perdone.

Me llamo Joseph Silverson. Soy rabino.

No quiero molestarle, oficial, pero tengo una petición.

¿De qué se trata?

Aquí han muerto miles de personas.

Morirá más gente esta noche, y mañana.

Lo siento, rabino, hacemos lo que podemos.

Por supuesto. Lo sé.

No podemos hacer nada por ellos.

Nada material. Eso lo comprendemos.

Los esfuerzos deben concentrarse en los vivos.

Lo que le pido es un lujo.

Le pido que nos permitan reunir a los nuestros, los vivos y los moribundos,

y celebrar un servicio religioso. Por los muertos que han llegado a su fin aquí.

Nunca ha habido un servicio religioso en este lugar.

Capitán, no es por entrometerme, comprendo por qué pide esto el rabino,

pero éste no es el momento.

Soy europeo. Comprendo cosas que quizá el capitán no comprenda.

Si permite a este señor que celebre el servicio, me veo obligado a advertirle...

que habrá desórdenes. Los demás prisioneros no lo consentirán,

y a sus generales no les gustará el espectáculo.

¿Los demás prisioneros no lo consentirán? ¿A los generales no les gustará?

Es un hecho, se lo garantizo.

Yo también voy a garantizar algo.

Garantizo que podrá celebrar su servicio.

También garantizo que colocaremos ametralladoras en los tejados

y que cualquiera que intente inmiscuirse en los servicios

será abatido por ellas.

Además, garantizo que, si vuelve a este lugar, le romperé la crisma.

Eso es todo.

Muchas gracias, señor.

Ackerman, no le necesitamos aquí. Vaya a dar un paseo fuera del campo.

Gracias, señor.

¿Cómo te sientes?

Bien.

Nunca... ¿Imaginaste alguna vez que pudiera ser así?

El hermano de mi padre murió en uno de esos...

- ¿Los has visto? - ¿Los hornos?

¿Te he hablado alguna vez de mi padre?

Cuando ése ha empezado a hablar con Green,

podría haberme saltado la tapa de los sesos.

- Yo me he sentido igual. - Y entonces...

- Green ha dicho "Garantizo. Garantizo". - Espero mucho del capitán Green.

¿Sabes qué? Cuando termine la guerra, Green gobernará el mundo.

Hay millones como él.

Son seres humanos. Hay millones de ellos. Gobernarán el mundo.

Alemán.

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