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CON ELLA EMPEZÓ TODO
-Aquí tiene su copa. -Gracias.
Sr. Fitzgerald, soy su mayor admirador.
Posee una voz tan cautivadora. Me lo he leído de principio a fin.
De los mejores libros que he leído en años.
¡Una obra maestra! ¡Es como si escribiera sobre mí!
Ni una copa vacía.
Ni una copa vacía, es de mi reserva personal.
Buenas noches a todos, soy Harold Ober.
El mayor agente literario al que un autor puede aspirar.
Es fácil si representas a autores tan extraordinarios.
Y a propósito de extraordinario,
es todo un logro que una novela venda una tirada de 5000 ejemplares.
Os presento al niño prodigio del año.
El Sr. F. Scott Fitzgerald,
que ha conseguido vender nada menos que 20 000 ejemplares
en dos semanas.
-¡Bravo! -¡Así se hace!
Os leo a H. L. Mencken, que, como es de esperar,
lo dice mejor que cualquiera de nosotros. "Acabo de leer Paraíso, stop.
La mejor novela norteamericana que he visto últimamente, stop.
Lástima del próximo libro que elija...
Fin, stop". Es un autor excepcional que debuta entre elogios de todo el mundo.
-¡Bravo! -Casi todo el mundo.
Ya está bien de Heywood Broun.
Nadie se lee el Tribune.
Por Scott Fitzgerald.
Por todos vosotros.
Por vuestro infinito buen gusto.
¡Salud!
Scott, hay alguien que quiero que conozcas.
Es el sobrino de Jerry McCarius,
fue a Princeton, ¿promoción del 16?
Ah, claro que sí.
¡Dutch! Sensacional.
-Todo un acontecimiento. -¿A que sí?
Me alegro tanto por Scott
que sonrío como una pava.
Mírate, Zelda.
Tú sí que sabes atraer todas las miradas, ¿verdad, hermana?
Nada me produce más morriña que un buen volante.
Hemos quedado mañana en el Ritz para el té, querida, di que sí.
¡Vincent!
¿Sra. Millay?
Edna Saint Vincent Millay, la poetisa.
Hola, querida.
¿Quién es?
Zelda Fitzgerald. ¿Cómo está?
¿La mujer?
La señora de Scott Fitzgerald.
Vincent Millay.
Pensaba que había una "Edna" o una "Santa" en su nombre.
Nunca he llegado a ser una Edna.
Y nadie me llamaría una santa.
He leído toda su poesía. Debo ser una de sus mayores admiradoras.
"Mi vela arde por ambos lados, no durará toda la noche,
pero, ah, enemigos míos, oh, amigos míos, da una luz encantadora".
Ah, qué preciosidad.
Qué encanto.
Ha memorizado los cuatro versos.
Siempre he deseado conocerla.
Y ahora por fin lo he hecho.
No sé qué se creía, paseándose por el Algonquin
con esa mierda de vestido.
Es de los tiempos de Maricastaña.
Zelda, estabas aquí.
Estoy aquí.
Necesito más tiempo contigo.
Vamos a tener que quedar un día para ir de compras.
Así te tengo toda para mí sola.
Sí, quedemos un día.
Las Bankhead han perdido su acento.
Nadie diría que son de Montgomery.
Tallulah es actriz.
¿De verdad, querido?
Me encanta tu acento, querida mía. No lo pierdas nunca.
¿Perderlo? No sabría cómo.
Eres una auténtica maravilla.
Alguien debería besarte.
Pues sí, debería.
La prioridad, jovencito, es tu próxima novela.
Todo el país aguarda la próxima creación de F. Scott Fitzgerald.
Qué duda cabe. Eres un gran artista, Fitzgerald. El mundo literario te aguarda.
No obstante, el Biltmore también espera
que hagas efectivo el pago de la habitación 1815.
Quizá una historia para, digamos, las revistas Collier's o McCall's.
Todas pugnan por hacerse con tu próximo relato.
Es tu pan de cada día.
¿El pan de quién?
Envía un relato que ya hayan rechazado.
A ver si el nombre Fitzgerald significa algo para ellos.
Y en cuanto al anticipo,
date cuenta que en reuniones así se me va todo mi tiempo para escribir.
Bien,
no nos preocupemos por eso.
La lectura del libro nos beneficiará a todos.
¿Qué lectura del libro?
En el National Arts Club.
Yo no he accedido a hacerlo.
Recuerdo que tras un par de martinis te pareció una idea maravillosa.
No puedes tomarme la palabra cuando estoy borracho.
¿Y entonces qué?
Será estupendo.
Seguidores, críticos...
H. L. Mencken,
Burton Rascoe, Heywood Broun.
Broun me detesta.
Hasta que te escuche leer.
No paran de sacar vestidos.
¿No es maravilloso?
Cualquier prenda que deseen probarse, estamos a su disposición.
¿Zelda?
Ninguno de ellos.
¡Este sí!
¿Qué te parece?
Zelda, ¿dónde te pones algo así?
¡Ahí está lo divertido!
Te pones el vestido y no tienes más remedio
que encontrar la ocasión que lo merezca.
¿Me lo pruebo?
Si quieres. Es que
temo que un vestido así termine llevándote a ti. Pero,
me encantaría verte con algo así.
No sé.
Con un traje Jean Patou, parecerá que has nacido aquí.
Pero bueno, tú verás, cariño.
Pruébatelo.
¿De acuerdo?
-¿Te acompaño? -Sí, por favor.
Gracias.
A tu querido esposo se le va a ir la cabeza
cuando te vea con tu traje nuevo.
-¿Señoras? -Ensalada Waldorf, gracias.
¿Podrían hacerme unos bocadillos de tomate?
-Por supuesto. -Gracias.
¿Qué sentido tiene un vestido si no es llevar a un hombre directo al manicomio?
Que Dios bendiga a Scott por saber algo de moda. Te aseguro
que podría ponerme un saco y Harold ni pestañearía.
¿Cuándo has hablado con Scott sobre moda?
Anoche, en la fiesta.
Scott me contó que te trajiste
un baúl lleno de ropa de Montgomery, eso es todo.
Cuando sugirió que a lo mejor querrías comprarte ropa nueva,
aproveché la oportunidad de acompañarte a la Milla de las Señoras.
Qué amable de tu parte.
No tanto como Scott.
Tendrías que haberlo oído hablar sobre qué estilos te irían mejor.
Lo repitió muchísimas veces, el traje tenía que ser un Jean Patou.
Si le preguntaras a Harold: "¿Qué es un Patou?", te diría: "¡Jesús!".
Se va a morir cuando te vea.
¿Y cuando Amory intenta besar a Eleanor y la llama "tonta"?
Haría gracia...
Es una de mis favoritas también.
Aunque tal vez demasiado pueril para este público.
¿Tú? ¿Pueril?
Inmaduro, quizá...
Entre el público habrá
una multitud de literatos, tengo que elegir el fragmento perfecto.
Le preguntaré a Zelda, ella lo sabrá.
Cariño, necesito que me ayudes.
¿Ah, sí? Pensaba que era al revés.
¿A qué viene eso?
Habrá algún motivo para que me enviaras a esa mujer
a elegir mi ropa como si fuera una niña.
Pero te juro por mi vida que no sé cuál es.
Intentaba ayudarte.
Solo quería que sintieras que este es tu sitio.
Las mujeres de aquí visten de una forma particular.
Me da igual lo que lleven ellas
y no tengo ni idea de por qué te preocupa tanto.
Zelda, te amo, solo quiero que la gente te vea igual que yo.
No te pueden ver con tanto volante.
A mí me gustan.
Qué diferencia hay entre este vestido y los de Montgomery,
cuando me decías lo guapa que estaba.
Ya no estamos en Montgomery.
Lo sé perfectamente.
Zelda, es nuestra oportunidad. Tenemos que causar una buena impresión.
Estabas en la fiesta. Viste cómo iban vestidas.
-Tenemos que... -Heywood Broun tiene razón.
¡Eres tan falso, infantil y pretencioso como dicen!
No lo dices en serio.
Ah, claro que sí,
lo digo completamente en serio.
¿Te avergüenzas de mí, Scott Fitzgerald?
Yo me avergüenzo de ti.
Creí casarme con un hombre,
y aquí estoy, delante de...
...un niñato inseguro.
Cariño, ¿podemos hablar?
Estoy a punto de irme al Arts Club.
Es mi primera lectura.
Tienes que venir, te necesito allí conmigo.
Me da igual lo que te pongas,
siempre eres la mujer más hermosa.
Por favor.
Intentaba ayudarte.
Por fin llegas.
-No puedo hacerlo. -Claro que sí.
No, Harold, de verdad que no puedo.
Sí que puedes, Scott. Ya verás.
Mira por encima de mi hombro, a la izquierda.
Henry, ¿puedes venir un momento?
Mi querido Fitzgerald, es un placer.
Sr. Mencken, el placer es todo mío.
He leído prácticamente todo lo que ha publicado.
Es un honor para mí que me haya incluido.
El honor es todo mío.
No todos los días oímos la voz original de una nueva generación.
Un libro sensacional, Fitzgerald.
Siempre me he considerado una mujer aventurera,
dispuesta a probar y experimentar todo lo que la vida ofreciera.
Pero al parecer,
no soy más que un impedimento para el hombre que amo.
Fitzgerald, ¿conoces a Heywood Broun?
Nos tenemos que ir. Si acabamos de conocernos.
Sr. Broun. Es un placer.
He leído el Tribune, claro.
Y yo su novelita de debut, claro.
Fue bastante, a ver, ¿cómo la llamé?
Todos sabemos cómo la llamaste.
Y sabemos que te equivocaste.
Te equivocas tantas veces que resulta difícil tomarse en serio lo que dices.
Afortunadamente la gente lee el periódico por otros motivos.
La puerta estaba abierta.
Te vas a perder la lectura.
Y tú también.
Asistirán otros.
¿Una copa?
"La juventud es como un gran plato de caramelos.
Los sentimentales creen que quieren estar en el estado puro, sencillo,
en el que estaban
antes de...
...antes de comerse los caramelos.
-Ellos no..." -¿Puede hablar más alto?
¿Disculpe? ¿Cómo dice?
No le oímos aquí atrás.
Creo que será mejor
que empiece por el principio.
"La juventud es como un gran plato de caramelos.
Los sentimentales creen que quieren estar en el estado puro, sencillo,
en el que estaban antes de comerse los caramelos".
Aun así me parece una cobardía por su parte.
Si no le gusta mi forma de vestir, podría decírmelo.
¿Y cómo habría sido así?
No podría haber sido peor.
Dame esa botella.
Zelda, no eres como sus otras mujeres.
Eres un reto.
Eres inteligente, ingeniosa e intrépida.
No siempre sabrá enfrentarse a eso.
Pues que aprenda.
Se ha casado con la heroína de sus historias.
No le encuentro ningún sentido a esta ciudad.
No sé por qué estoy aquí.
Ni nadie.
¿Algún compromiso?
Las Bankhead me invitaron a tomar el té en el Ritz y yo acepté.
Te juro por mi vida que no sé por qué.
Porque nadie les dice "no" a las Bankhead.
No me apetece ir.
Pues no vayas.
Si no voy, se pensarán que soy menos.
Tengo que ir.
¿Qué?
Que no tengo nada que ponerme, Luddy.
Estos vestidos de Montgomery y ese dichoso traje.
Si te lo pusieras,
serías la dama más distinguida del Ritz.
No me preocuparía tanto.
Saben que eres escritor, no actor.
Dios santo, Ober, ¿es lo mejor que se te ocurre?
En este caso, sí.
Sin duda quedará inmortalizado por...
Ahí está el capullo.
Maldito parásito.
Fitzgerald, no creo que este sea el momento.
¡Sr. Broun!
Ya comprendo por qué se hizo crítico.
Usted lo comprende todo.
Lo percibo en su aliento.
La gente como usted no tiene que afanarse por crear nada para la posteridad.
Venga, Fitzgerald, vámonos.
Sí, ande, váyase.
No, se limita a quedarse sentado y esperar
que un hombre más valiente que usted aspire a la grandeza para destrozarlo.
No hay necesidad de llevar esto a un terreno personal.
Hice una reseña del libro, no de usted.
Afortunado usted que he escrito uno.
Sin él, se pasaría el día entero sentado meneándosela.
¡Scott!
Veo que está molesto, Sr. Fitzgerald.
Un saludo.
He escrito un gran libro.
Soy un gran escritor.
Un escritor que la gente recordará.
¿Sabe qué recordarán de usted?
Nada.
Así que lárguese, Sr. Heywood Broun.
Directamente al abismo de los olvidados.
Precisamente por esto no me gustó su escritura.
Se le dan tan bien los tópicos.
Buenas tardes.
-Hola, señora. -Tengo una cita con las Bankhead.
Están al fondo.
-Ah, gracias. -No hay de qué.
¡Fíjate! ¡Es precioso!
¡Querida!
-¡Me encanta tu traje! -¡Je l'aime bien!
No me puedo creer que esté en pie.
Yo me habría quedado durmiendo.
¿Qué os traéis vosotras dos?
Su hombre está con otra chica.
Todos lo sabían. Y ahora ella también.
Vincent, has aparecido.
En ocasiones sí.
Mírate en tu Patou.
Querida, nos hemos enterado.
Imagino que sí.
Evidentemente la odiamos.
Desde siempre.
Hay mujeres que se maquillan
sin parecer un putón. Eleanor no es una de ellas.
-Sus faldas son infames. -Lo peor es su pelo.
-¿Quién le dejó cortárselo? -Dice que para ser "moderna".
He oído que fue un desagradable caso de tiña. Apenas se baña.
¿Por eso lleva un turbante?
Qué afortunada coincidencia. El turbante le queda bien.
Sra. Fitzgerald, ¿qué opina usted?
Hay cosas mejores que hacer
que despedazar a una mujer por una cuestión de moda.
Querida, la señora no está aquí.
Ni la señora es una señora.
Igual es espantosa. No lo sé.
Lamento que te robara a tu chico, Vincent.
Se te ve completamente destrozada.
Si me disculpáis,
me cuesta respirar.
¡Señorita, no! ¡Su pelo!
¿Qué hace?
¿Hay un peluquero en el hotel?
¿Zelda?
No llevo ni un mes de matrimonio.
Y me siento como si todo hubiera acabado.
El matrimonio es una institución maravillosa.
Pero como digo yo siempre,
¿quién quiere vivir en una institución?
La verdad es que sí.
Es lo único que digo.
El problema es que sí quiero.
Quiero estar en esa institución si ella también está.
Es complicado.
Te crees que no lo sé.
¿Zelda?
¡Dios santo!
¡Estás preciosa!
Perdona que fuera tan desconsiderado.
Lo he intentado, bobo.
De verdad que sí,
pero no puedo ser como todo el mundo.
Gracias a Dios.
Tú eres la única que quiero.
¿Sr. Fitzgerald?
¿Quién es la chica?
¿Cómo te llamas, cielo? ¿Cómo te llamas?
Caballeros,
permítanme presentarles
a la Sra. de Scott Fitzgerald.
Llámenme Zelda.
-¡Zelda! -¡Zelda!
¡Vamos, Zelda! Ahí, muy bien.
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