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Z: CON ELLA EMPEZÓ TODO
¡Zelda!
Creía que ya se podría ver la ciudad.
Aún faltan muchos kilómetros.
No puedo quedarme quieta.
No llegaremos antes porque asomes la cabeza por la ventana.
A lo mejor sí.
Además, Nueva York tiene que verme venir.
¿No podemos hacer esto en la iglesia?
Tilde podría ayudar.
¿Dónde está tu espíritu aventurero?
No quiero despeinarme.
El ramillete de Scott.
A ver.
Zelda, tenemos que hablar.
Sobre algo que mamá me explicó antes de mi noche de bodas,
y yo se lo expliqué a Tilde.
Sobre tus...
...responsabilidades conyugales.
¿Mis qué?
Cariño, todos los hombres tienen expectativas distintas,
pero es mejor hacerlo a oscuras.
Lo más oscuro posible.
No tienes de qué preocuparte. Él tomará las riendas, claro.
Pero para la esposa, es importante no...
...dudar.
Así que cuando tu marido esté listo
para proceder,
túmbate y piensa en las magnolias de nuestro jardín.
Siempre funciona.
Vaya, gracias, Tootsie. Eso haré.
-Es precioso. -Mucho mejor, gracias.
¿Adónde va todo el mundo?
¿Tootsie?
¿Dónde está?
Perdón, con permiso.
Perdón, perdón.
Con permiso.
Perdón.
¡Scott!
No puedo creer que estés aquí.
He perdido la cuenta. ¿Eres real?
Soy real.
Me casaría contigo aquí y ahora.
Ni se te ocurra. Me prometiste una iglesia.
No te preocupes. Lo he organizado todo.
¿Estás lista?
¡Tootsie, vamos!
Creo que he molestado a setenta y pico chicas buscándote.
¿Estás diciendo que hay setenta chicas como yo?
Jamás diría algo así.
Solo hay un sol. Tú.
El centro de todo.
-¿Adónde lleva nuestro equipaje? -Gracias.
Al Biltmore. He reservado habitaciones.
¿El Biltmore? ¿De verdad?
Nuestro nuevo hogar.
¡Zelda!
No tiene fin.
Mires a donde mires.
Ya habrá tiempo para eso.
-¿Vamos a pie? -¡Date prisa!
Nadie con quien hablar Estoy solo
Nadie con quien pasear No me importa esperar
Me estoy portando bien
Guardando mi amor para ti
Para ti, para ti, para ti
¡Zelda, madre mía!
Te dije que haría algo espléndido.
Zelda, este es Ludlow Fowler, el padrino de boda.
Bienvenida, Zelda.
Esto sí que es una bienvenida a Nueva York.
-Buen trabajo. -Gracias.
Este es Harold Ober, mi agente.
-Hola. -Hola.
Hace fluir el dinero. Y su mujer, Anne.
-Un placer, querida. -Igualmente.
Tres mil copias vendidas en tres días.
¿Qué te parece ese regalo de boda?
¿Todo esto es para nosotros?
No. Es para la misa de Pascua de mañana.
Nos casamos en la rectoría, querida.
¿En la rectoría?
¿Qué hay de Tilde?
No ha llegado. Hay que esperarla.
-No sé si podemos... -Sr. Fitzgerald, ¿estáis listos?
Falta un familiar.
Como ya dije, tengo la misa de O'Reilly esta tarde.
Estamos listos, estamos listos.
Tilde lo entenderá.
-Seguidme, por favor. -Vale.
Adelante...
¿Aquí? ¿Aquí?
Bueno, ¿qué...?
Del vestido de novia de mamá,
algo prestado, para que lleves algo de Sayre.
Tootsie.
Te quiero, hermanita.
Estás preciosa.
Queridos amigos,
estamos aquí reunidos en esta iglesia
para que el Señor una a esta pareja
y Jesucristo bendiga este amor.
¿Tienes el anillo?
Francis Scott Fitzgerald,
¿aceptas a Zelda Sayre como tu legítima esposa,
para amarla y respetarla, en lo próspero y lo adverso,
en la riqueza, pobreza, salud y enfermedad,
hasta que la muerte os separe?
Sí, acepto.
Zelda Sayre, ¿aceptas a Francis Scott Fitzgerald
como tu legítimo esposo
para amarlo y respetarlo en lo próspero y adverso,
en la riqueza, pobreza, salud y enfermedad,
hasta que la muerte os separe?
Sí, acepto.
Dios bendiga la unión de Scott y Zelda
en su amor mutuo.
Os declaro marido y mujer.
Te adoro.
Sé un buen católico, Scott,
y tú una buena episcopaliana, Zelda, y todo irá bien.
¡Tilde!
¿Zelda?
¡Ya está!
Me alegro de que hayas venido.
¿Ya estáis casados? Pero no son ni las doce.
Debimos coger un taxi. Llegamos tarde.
¡No llegamos tarde! Faltan 15 minutos.
La boda empezaba a las doce.
¿Cómo has podido?
El cura empezó sin más.
¿No podías esperar?
¡Tilde, así lo hacen los modernos!
No esperamos a nadie.
Ahora empieza la diversión.
Bienvenidos al Biltmore.
Voy a por la llave.
Pasad, dejad el sombrero Este sitio está que arde
Resuena el piano
¡El libro de mi marido!
Ese es el libro de mi marido.
¿De verdad?
Dejad las armas en la puerta Pagad la entrada
Quemad las suelas en la pista Agarrad a una chica cualquiera
El techo retumba
Los vecinos llaman
Todos somos vagos Cuando llega el vagón
Aquí estamos. Bienvenida a tu nueva vida.
Vaya.
¿Hay más habitaciones?
Es una suite nupcial.
Madre mía.
Ya ves en qué se gastan el dinero los ricos.
Y es todo nuestro.
Sábanas de seda.
Es espléndido.
Todo lo que desees.
Aprieta este botón y será tuyo.
¿Todo?
Todo lo que tu alborotada mente pueda concebir
que quepa en manos de un botones.
Al fin y al cabo, estamos en el Biltmore.
No tenemos por qué salir de esta habitación.
Bien. Porque no quiero.
¿Ya hemos pedido algo?
He invitado a unos amigos para celebrarlo con nosotros.
Por supuesto,
sería muy cruel no hacerlo.
Enhorabuena a los dos.
-Aquí estáis. -Fitzgerald.
-Este es Winston. -Es un placer.
-Y Reed. -Sra. Fitzgerald.
Chicos, no seré capaz de recordar vuestros nombres,
y vais a tener que asumirlo.
Pues yo soy el guapo y él es el libertino.
O al revés.
Este es Townsend Martin.
El que escribe historias para las películas.
Ya me acuerdo de él.
Townsend. ¿Hasta a una novia en el día de su boda?
-Y otro para el novio, ¿eh? -Ya basta, ya basta.
¿Chica del coro?
Y muy atractiva.
Diría que Scott era la chica del coro más guapa que ha tenido el Triangle Club.
¿Más guapa que yo?
Era tan guapa como tú y tú eres tan guapo como yo.
Somos almas gemelas.
Pero solo uno de vosotros ha recibido propuestas
de unos defensas de Princeton.
¡Scott! ¡Scott!
Fue un poco vergonzoso...
¿Hay planes de comer algo?
¿Comer?
¿Algo para absorber todo este licor?
¡Ah, sí!
Claro, me muero de hambre. ¡Comida, sustento! ¡Por supuesto!
Ven, pide lo que quieras.
¿Por qué no pides todo lo que haya?
¿Dónde está?
¿Dónde está mi pequeña Zelda Sayre?
¡Zelda, ahí estás, querida!
¡Tallulah!
¡Eugenia!
Oigo el acento al kilómetro.
Qué sorpresa.
Sí, Townsend nos avisó de este guateque.
Creímos que te gustaría ver caras conocidas.
Dime, ¿dónde está ese marido prodigio?
Verá, Sr. Fitzgerald, no me gusta mucho leer.
Suelo ir directa a mis diálogos.
Pero brindemos por su brillante libro.
¡Salud!
Champán...
Te pido perdón de parte del grupo de Princeton.
Somos demasiado cuando estamos juntos.
O separados.
Jamás lo he visto así con nadie más.
Espero que estés lista.
Porque esto acaba de empezar.
¿Alguien te llama Luddy?
No.
Pues yo lo haré.
¡Propongo un brindis!
Propongo un brindis, amigos.
Por el increíble,
incorregible,
-intelectual... -¿Intelectual? Por Dios.
¡Ebrio!
Irascible, F. Scott Fitzgerald, y su hermosa mujer.
¡Por Scott! ¡Y su mujer!
Por Zelda.
Tilde.
¡Espera, Tilde!
Tilde, ¿ya te vas? Acaban de llegar las langostas.
No, ya he tenido suficiente.
Te hago responsable de esto.
Y no pienses que te lo perdonaré jamás.
¿Cómo que no?
¿Tilde?
¡Tilde, para!
¡Tilde!
¿Por qué te vas?
Porque estoy desolada, Zelda.
¿No podías esperar? ¿A tu hermana?
Solo Tootsie y yo, y dejaste que Scott...
No quiero saber nada sobre lo moderno que es todo.
Las bodas son algo tradicional y familiar.
No ha habido un banquete, ni fotógrafo.
¿Qué colgará mamá en la pared?
Zelda, no me creo que era lo que querías.
-Lo que deseabas. -Sí, lo es.
-Esto es Nueva York. -Sí. ¡Y acabas de llegar!
Hoy era el día de tu boda.
Hoy debías ser la protagonista.
-No Scott. -Lo soy.
Y Scott me quiere.
Ha hecho todo esto por mí.
¡Es exactamente lo que quiero!
Si quisiera una fiesta aburrida, me habría quedado en Montgomery.
Quizá debiste quedarte.
Es mi vida, Tilde.
Y disfrutaré de cada instante.
Deberíamos...
No puedes salvar a alguien que no quiere ser salvado.
Katie,
eso podría esperar hasta mañana.
Supongo que sí.
Para bien o para mal, nuestra niña ya está casada.
Bueno, el Juez dice que Montgomery no acogería una boda católica.
Así que así está bien.
Ya voy yo, Katie.
¿Diga?
-¿Mamá? -¡Ay, mi niña!
¡Estoy casada, mamá!
Así es. ¿Va...? Cuéntamelo todo, hija mía.
Pues Montgomery jamás ha visto algo como la catedral de San Patricio.
Te lo aseguro.
Iba muy elegante con mi traje
y tu encaje como guinda.
Había flores hasta el techo, mamá,
fragantes y lozanas.
Habrán agotado a todas las floristas de la ciudad.
Scott ha pensado en todo.
Nuestra suite nupcial está en el piso 18.
¿Puedes creer que haya edificios tan altos?
Y el padrino dio un discurso precioso.
Los amigos de Scott son geniales. Llevamos horas bailando.
Qué día tan glorioso.
¿Cómo está papá?
¿Estás contenta, cariño?
Claro que sí, mamá.
Bueno, te dejo con tu marido, pues.
Te quiero, mamá.
Besos a Katie y a papá.
Sé buena, Zelda.
Chicos, se hace tarde.
Disculpad.
Venga, chicos.
¿Scott?
Si no os importa, me gustaría quedarme a solas con mi nuevo marido.
No podía esperar ni un segundo más.
Estoy hecha para ti, Scott.
Como si me hubieras encargado.
Hecha a tu medida para que me dejes exhausta.
A ESTE LADO DEL PARAÍSO
"Resultaba extraño que de cada fila de soldados de la Unión,
dos o tres le recordaban a amores y amantes perdidas.
Aunque eran igual que el resto, hasta el musgo amarillento".
Son mis palabras,
de mi carta.
Scott, ¿has usado mis palabras?
Bueno...
Me has hecho parte de tu maravilloso libro para que lo lea el mundo entero.
Ay, bobo.
Lo has conseguido.
Lo hemos conseguido.
Ya nunca seremos dos.
Ahora seremos tres.
Tú, yo y nosotros.
Otra novia Otro novio
Otra luna de miel
Soleada
Otra estación
Otra razón
Para alegrarse
El coro canta
La marcha nupcial
Otra víctima
A su vera
Ha perdido la razón
Porque es la estación
De la alegría
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