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CON ELLA EMPEZÓ TODO
Soy Scott Fitzgerald. ¿Me permite?
Depende.
¿De qué?
De lo que lleve en su petaca.
Whisky.
¿Quiere un poco de ginger ale?
Me lo beberé solo.
¿Qué opina del amor libre?
¿"Amor libre"?
¿Como el concepto de Blake o Shelley?
E Isadora Duncan.
¿La bailarina?
Era atea.
Tuvo dos hijos fuera del matrimonio.
Los dos murieron.
Fue una tragedia.
No lo sabía.
¿Puedo?
No, no puedes, amigo.
Cuénteme de esta Isadora Duncan.
¿La ha visto bailar?
No,
pero me gusta su estilo.
Es oscura y salvaje como el pecado.
¿Y usted?
Soy la única dama con estilo en el pueblo,
eso se lo aseguro.
Señor, qué calor hace.
No sé cómo puede llevar toda esa lana
y no querer desvestirse y tirarse al río.
Bueno, si promete acompañarme...
¿No me cree capaz?
-Pues vayamos. -Espere.
¿Esta noche?
-¡Casi es medianoche! -¿Y?
¡Zelda!
Papá quiere irse.
He de marcharme.
Pero puede llamarme algún día.
¿Sí?
Domicilio del juez Anthony Sayre.
No bromee con la operadora,
no gusta que los soldados llamen a las damas locales.
Algún día seré un escritor famoso.
Debería saberlo.
Ya veremos.
-¿Quién era, Zelda? -Un joven cualquiera.
Residencia de Sayre.
Diga.
No está en casa, teniente Fitzgerald.
Lo sé por el sonido de su llamada.
Lo siento, Sr. Fitzgerald, no está aquí ahora.
No, teniente Fitzgerald, aún no está.
Sí, le diré que ha llamado.
Mejor llame después de las nueve para no contrariar al juez.
No sé qué decirle. Ella...
Es el tal Fitzgerald.
Ahora mismo no puedo.
No, no está.
Sí, se lo diré.
Santo cielo, Zelda.
Si no quieres hablar con este chico,
libéralo de tu hechizo.
Y déjanos descansar de tanta llamada.
¿Y qué si nunca estoy?
Ya se rendirá.
No.
Yo me rendiría.
EL EGOÍSTA ROMÁNTICO F. SCOTT FITZGERALD
Hay una película nueva en el Strand.
Sí, la he visto tres veces.
Hace tiempo que no vamos al cine.
¡Señorita Sayre!
¿Qué? Ay, Dios.
-No te hagas la interesante. -Para nada.
¡Señorita Sayre!
Teniente Fitzgerald, ¿qué diantres hace aquí?
Lo creí en alguna maniobra militar.
¿Qué le trae por aquí?
La estaba buscando.
Se ve que me ha encontrado.
Supongo que he de agradecérselo a Tootsie.
Livye Hart,
-el teniente Scott Fitzgerald. -¿Cómo está?
Mejor, tras encontrar a la esquiva Srta. Sayre.
Apenas soy esquiva,
pero la vida ofrece tantas distracciones.
Me sorprende que encontrase tiempo para hablar
con lo ocupado que debe estar con tantos escritos.
Algún día el Sr. Fitzgerald será un famoso escritor.
¿Sí?
Bueno, ahora estaría reescribiendo mi novela,
pero no puedo terminarla porque me siento
escamado con su línea telefónica, Srta. Sayre.
La llame cuanto la llame,
parece imposible contactar con usted.
Parece que el problema no es con el teléfono.
¿Y para qué llamaba?
Sé que usted es muy deseada,
pero no estaré aquí siempre
y quiero conocerla mejor.
Bueno,
¿qué hace esta noche?
Su gente es del norte, ¿verdad, teniente Fitzgerald?
-Sí, señor. -He oído
que hace mucho frío. ¿Un poco de pan?
Dejaré este calor para volver al frío
durante la semana, dos veces los domingos.
Así es. En cuanto acabe la guerra, me mudo a Nueva York.
De ahí es mi marido.
Ahí también hace frío.
Pero no tanto como en St. Paul.
¿Qué hace su gente ahí?
Fracasar.
¿Disculpe?
Papi, no es un interrogatorio.
Solo pregunto.
Mi padre era comerciante.
No ganó mucho.
Tenía tal talento para la decepción
que me dio aún más ansias de triunfar.
¿Haciendo qué?
Scott es escritor, papi, ya te lo dije.
¿Y escribir es un trabajo de verdad?
Yo escribo poesía.
A eso me refiero.
Yo escribo una columna en el periódico.
Me pagan cada semana.
La última vez que lo comprobé, aún apoyaba a los escritores.
Parece que el único que hace algo de provecho es el viejo Dick.
No seas grosera, querida.
¿Cuánto dinero ganas, papi?
Scott querrá saber cuánto se cobra en un trabajo real.
Coincido con el juez.
Escribir no es un trabajo real
hasta que te pagan.
Pero mi idea es acabar cobrando mucho.
Cuando Scribner's publique mi primera novela.
Desde luego.
Mark Twain era millonario.
Y Theodore Dreiser. Eran...
Las voces de sus generaciones.
¿Usted será el próximo Mark Twain?
No, señor.
Seré el próximo F. Scott Fitzgerald.
A su padre no le caigo bien.
No le cae bien ningún joven que intenta cortejarme.
La mayoría teme hablar con el viejo Dick.
Y sabiendo eso,
me trajo usted aquí sin dudarlo.
Bueno, tras los profesores de Princeton,
su padre es muy jocoso. Me gusta.
Si yo fuera él, la encerraría en una torre
cual princesa.
Ya lo ha hecho.
¿Qué cree que es Montgomery?
Un buen lugar donde crecer.
No hay duda.
Hola, Zelda.
Hola, John Sellers.
Hola a todos,
este es el teniente Scott Fitzgerald.
¿Me das un cigarrillo, John?
¿Cuánto se quedará aquí, teniente?
Lo desconozco.
Espero órdenes cualquier día.
Scott es escritor.
A eso se dedica cuando no defiende el honor del país.
Es un intelectual yanqui.
Fui a la universidad, sí.
John Sellers hablaba
del coche que le ha comprado su padre.
Un Franklin Touring, suave como la seda.
-Costó más de 3000 dólares. -Bravo por ti.
¿Hay algo mejor que hablar de automóviles?
El teniente Fitzgerald nos va a tomar por un puñado de patanes.
No se me ha pasado por la cabeza.
Vayámonos antes de que asome Dick.
Tiene usted muchos amigos.
Cuando cumplí seis años,
mi madre organizó una fiesta.
Invitó a todos los niños del colegio
y no vino ni uno.
-¿Ni uno? -No.
Ni uno.
Me comí toda la tarta de chocolate
yo solo.
Y varias velas.
No tiene usted corazón, Zelda Sayre.
Lo siento,
pero es la historia
más entrañablemente triste que jamás he oído.
No se entristezca.
Mejoré en secundaria.
Era muy popular,
votado "más rubio".
Ven.
Buenas tardes, Zelda.
Buenas tardes, Sr. y Sra. Weaver.
Era compañera de su nieta Deidre.
¿La conoce toda la ciudad?
Prácticamente.
Vale.
Cuénteme algo que deba saber de usted,
Zelda Sayre.
Se me da muy bien eludir problemas.
¿No me diga?
En el instituto, hacía novillos casi todos los días
y aun así me gradué con un notable.
Luego están mis labios,
que son muy famosos.
Según rumores, tengo la boca más besable.
Por su aspecto,
estoy de acuerdo.
En este pueblo eso no es una virtud.
Todos saben los asuntos de todos, es agotador.
¿Puedo opinar?
Creo que aquellos que dicen conocerla no la conocen en absoluto.
¿De veras?
Sí.
Los de sangre azul intentan impresionarla
con sus coches y sus legados,
pero no tienen la menor idea
de quién es.
¿Y usted es distinto?
Vivimos y respiramos en el mismo mundo.
Y no hablo de Montgomery, Alabama, ni de Saint Paul, Minnesota.
¿Por eso me pidió bailar?
Usted fue lo primero que vi en aquel salón.
¡Esto es demencial! ¿Qué está haciendo?
Conmemorar aquella noche.
Este lugar siempre se recordará como el lugar donde nos conocimos.
Es histórico.
Ya está.
Ahora nadie nos olvidará.
¿Por qué sus iniciales son más grandes que las mías, Scott Fitzgerald?
EL EGOÍSTA ROMÁNTICO F. SCOTT FITZGERALD
TENIENTE FITZGERALD SCRIBNER'S E HIJOS
597 QUINTA AVENIDA NUEVA YORK
CORREOS
Tome, hay una más.
Pásame otra galleta.
Esta vez de chocolate.
Esa Vita Verra usa demasiado maquillaje.
¿Anoche viste a tu yanqui?
No es mi yanqui.
Pero sí,
fuimos a nadar al lago.
¿Los dos solos?
Pues claro, tonta.
¿Lo sabe tu madre?
¿Crees que se lo contaría?
Creo que John Sellers está un poco celoso.
No sabe por qué pasas tanto tiempo con el teniente Fitzgerald.
Estoy harta de que John Sellers se entrometa.
Bueno, ¿y cómo es?
Tu yanqui.
Es muy guapo
y parece...
Inteligente y maduro.
Al revés que los jóvenes de aquí.
Bueno,
desde luego es engreído.
Y besa muy bien.
¡Zelda!
Scott, ve a la puerta lateral.
Scott.
Esto es demencial.
En nombre de Dios, ¿qué crees que haces?
Lo que un hombre debe hacer cuando intenta evitar
a la multitud de pretendientes que te esperan.
Pues pasa y ponte cómodo, claro que sí.
Me gusta. Es colorido,
como su ocupante.
Baja la voz.
Mi padre te dará de latigazos si te encuentra aquí.
Merecerán la pena.
¿Es bueno?
No lo sé,
dímelo tú.
"Boone dijo anoche
que era la persona más rosada
y más pálida que jamás habían visto sus ojos,
así que me eché a dormir
sobre su regazo, bajo el aroma
oscuro y de ensueño
de las agonizantes lunas y sombras".
¿A qué has venido?
Ya nos han dado órdenes.
La semana que viene vamos a Nueva Jersey y después, a Francia.
¡No!
Esperaba que tuviéramos más tiempo.
Yo también.
Luego jugaré al ajedrez con Jim Mayfield, así que debemos apurar, Minnie.
Jim se acuesta pronto.
-Iré a buscarla. -No, iré yo.
Zelda, es hora de cenar.
Me gusta la tranquilidad.
Todos mis antepasados están aquí.
Me hace sentir parte de algo mayor.
Quizá este es el alma de tu bisabuela.
Espero que no, era una bruja aprovechada.
Todo parece en vano, ¿verdad?
Al final todos acabamos aquí.
No digas eso.
No es inútil haber vivido.
Piensa en las vidas que han tenido,
el amor que han ofrecido.
¿Cómo va a ser en vano si todo eso es milagroso?
Bueno, al final, supongo
que somos humanos
sumergidos en la idea
de que el amor lo arregla todo.
Porque así es.
Tú eres
la persona
más exquisita
y gloriosa que jamás he conocido.
Tengo una cosa para ti.
Es un capítulo de mi novela.
Quería...
que tuvieras algo con lo que recordarme.
Nunca podría olvidarte,
Scott Fitzgerald.
No le va a pasar nada.
¿Te acuerdas de su primer día
en la escuela Chilton,
que al volver dijo que era "peor que la cárcel"?
Luego se negó a volver
hasta que la amenacé con la vara.
Bueno... Ya es mayor para la vara.
Sí, lo sé, pero...
En fin, Zelda va a hacer lo que quiera hacer.
¿Seguro que quieres hacerlo?
Sí.
Supongo que no lo conocía muy bien.
Pero sabía que olía a la hierba húmeda
que crece junto a los muros
y que mi mejilla cabía en el hueco de su hombro.
¿Fitzgerald? ¡Ausente!
-¡Eh! ¡Fitzgerald! ¡Fitzgerald! -Tome.
¡Gilbert! ¡Anthony!
TENIENTE FITZGERALD: "EL EGOÍSTA ROMÁNTICO"
NO ES LA PEOR NI LA MEJOR NOVELA QUE HE LEÍDO.
VARIOS ELEMENTOS ME RESULTARON CONFUSOS.
POR ESTA RAZÓN, ME TEMO QUE SU NOVELA
NO CUMPLE CON NUESTROS REQUISITOS. GRACIAS, MARK L. POLLARD.
¡Estás borracho! Márchate de aquí, muchacho.
¡Quítame tus sucias manos de encima!
Soy Francis Scott Key Fitzgerald.
¡Algún día seré famoso,
mientras tú seguirás abriendo botellines en este mesón de mala muerte!
¡Piérdete, soldado!
Ve a divertirte a otro sitio.
Por lo que más quiero, no sé de qué hablas, papi.
Scott Fitzgerald es el mejor hombre que conozco.
Es inteligente, atento y todo un caballero.
-Y será un escritor famoso. -Sí, claro,
es lo que dice. Pero ¿qué ha escrito exactamente?
Yo, como juez, he escrito más que él.
Cariño, es joven.
Zelda, solo lo conoces desde hace unos meses.
¿Qué sabes de él aparte de lo que te ha dicho?
Sabe quién es y lo que quiere.
Y le importa mi opinión sobre lo que sea.
Y para mí eso es suficiente.
Es seguro y valiente...
Es un yanqui irlandés agresivo, Zelda.
Católico, sin duda,
le gusta mucho beber,
está a punto de irse a la guerra y no parece querer volver...
Si es que vuelve.
Pues ¿sabes qué?
Yo ya no soy una niña
y esto no es decisión tuya.
Haré lo que quiera.
¿Sabes lo que eres? Un sepulturero de mente estrecha
que quiere tenerme encerrada
en este ataúd con forma de pueblo sureño el resto de mi vida.
Y no será así.
Estaré con él si quiero.
Ese chico no es quien tú crees.
Cometerás un terrible error.
No será la primera vez.
¡Fitzgerald!
Fitzgerald, levanta el culo.
¿Qué pasa?
Te has perdido el informe.
Tenemos orden de estar en la estación a las 1400 horas.
Mierda.
Te toca, Matilda.
¡Scott!
¡Scott!
¿Cómo me has... encontrado?
-¿Qué pasa? -Nueva orden.
-Nos vamos. -¿Cuándo?
Hoy. Ahora.
¿Ahora?
No podía irme sin verte, Zelda.
¡Pensé que teníamos una semana!
No he podido
hablarte de tu libro.
No pasa nada.
Scribner's lo ha rechazado.
¿Cómo es posible?
Si es brillante.
-El habla, los sentimientos... -No lo ven así.
¿A quién le importa
si seré o no escritor si me voy a morir?
Nada importa excepto tú, Zelda. Tú lo eres todo.
A mí sí me importa
que seas escritor.
No abandones tus sueños.
Son tu identidad.
Lo único que sé,
querida mía,
es que sin ti, nada es posible.
-Scott... -Zelda, te necesito.
Cásate conmigo.
No me necesitas a mí,
no necesitas a nadie.
Eres buen escritor por ti mismo, Scott Fitzgerald.
No, sin ti no soy nada.
Soy menos que nada.
¿Eso es lo que quieres que crea?
Porque no pensé que fueras así.
Tú no te rindes.
Zelda, me voy a la guerra. Puede que no vuelva a verte.
Por favor. Por favor,
cásate conmigo.
No puedo.
Así no.
¡Zelda!
¿Zelda?
Sal de la cama y baja a ver esto.
¿Qué pasa, papi?
La guerra ha terminado.
PAZ LA GRAN GUERRA HA TERMINADO
¿Ha terminado?
Podemos seguir con nuestras vidas.
Date prisa, vamos a ir al desfile.
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