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Todo es más bonito cuando se pierde.
Lo sé,
porque una vez quise algo y lo conseguí.
Fue lo único que he querido con pasión.
Cuando lo conseguí,
se convirtió en polvo en mis manos.
Le dio esa frase a un personaje suyo.
Era su forma de mirar las cosas.
Trágicamente.
Pero podría haber sido sobre mí.
Siempre era sobre mí.
Hasta el final.
O quizá era sobre nosotros,
aunque no importa.
Porque todo eso vino después.
¡Ten cuidado, Zelda!
¡Está muy alto!
Te vas a romper la nuca.
¿Y qué?
-¡Zelda! -¡Zelda!
¿Y si te ve alguien? ¡Por el amor de Dios!
"La quiero y es el comienzo de todo". F. Scott Fitzgerald
CON ELLA EMPEZÓ TODO
¿Se ha fugado?
Sus padres creen que está en casa de su prima Effie.
Ay, madre. Cuando se enteren, se le va a caer el pelo.
¿Por qué habrá hecho Nellie algo así?
-Por lujuria. -¡Zelda!
Venga ya. Los visteis en el baile.
Estaban que se derretían.
Su padre no permitirá que se casen.
¡Zelda!
¡Hola, tía buena!
¡Saludos, queridos míos!
Son buena gente, pero los chicos de Montgomery son unos blandos.
Estoy harta de sus tonterías.
No es para tanto. Harry Gunter está como un cañón.
Si te gustan los críos.
¿A qué hora vamos al baile, chicas?
-¿Dónde es? -En el viejo ayuntamiento.
No puedo ir hasta las 21:30.
Mi padre no me dejará ir allí a bailar.
Pues no se lo digas.
Zelda, son un alboroto. Y no hay chaperonas, ¿y si...?
De eso se trata, miedica.
¿Qué hora es?
Dick se pondrá como una fiera.
Nos vemos en el parque a las 21:30, Livye. Adiós, Ellie.
Vamos.
Empecemos sin ella.
Johnnie se echará a llorar en cualquier momento.
En esta casa, comemos en familia.
Dame al bebé, Tilde.
Toma.
¿Cuánto tenemos que esperar?
¡Katie! ¡He vuelto!
Justo a tiempo, cariño.
-Hay que ver, Zelda. -¿Y tus zapatos?
En la entrada. Están mojados.
¿Voy a tener que comprarte unos nuevos?
Juez, no hablemos de eso ahora.
Están bien, papá. Solo tienen que secarse.
Katie, hoy no me apetece asado.
¿Me preparas un sándwich?
Claro que sí, cariño.
Llevamos 23 minutos esperándote, Zelda.
Comerás asado como los demás.
No hacía falta que esperarais.
Siempre te esperamos, y papá se enfada cuando llegas tarde.
Me estaría divirtiendo demasiado.
-Zelda, vete a tu cuarto. -¿Por qué?
Porque parece que olvidas que aún vives bajo mi techo.
Quiero que te comportes como una persona, no como un conejo de pantano.
No sé por qué te alteras tanto, papá.
Ya estoy aquí, ¿no?
Tilde, pásame el té helado.
Zelda, te exijo muy poco.
Pero es una falta de respeto que llegues tarde a cenar...
Da igual. No tengo apetito.
¡Siéntate!
Vaya, hoy no te aclaras, papá.
No me provoques, Zelda Sayre.
¿Katie? Tráeme el sándwich a mi habitación.
Pero, cariño, hay pastel de limón de postre.
Pues tráeme un trozo también.
¿Habitas, querido?
Lo siento, mamá, pero deberías saber lo que dicen sobre ella.
Addie Timpson me dijo que bailó agarrada a Charlie Bumpers
en el baile de la otra noche.
Es que es muy entusiasta.
No, es una egoísta.
¿Qué hay de aquel coche que robó?
Pobre papá.
Aquí estás.
¡Por Dios!
Teniente Hammett.
Me honras con tu presencia.
Algún día, alguien importante notará tu ausencia.
Supongo que todos deberíamos aspirar a eso.
Si te lustras más las botas, podrás cegar a los hunos al kilómetro.
Lo que sea por ayudar.
Podrías ayudar entrenando a tus hombres.
A mis hombres les va bastante bien.
¿Has visto su trinchera?
Se les da mejor cavar trincheras
que cargar un mortero Stokes, claro está.
Sí, y como ya he dicho, damos gracias
por tu rapidez mental y tus reflejos felinos.
Aquí tienes mi muestra de agradecimiento, como me pediste.
Cuando lo copies, no cambies ni una palabra.
Tuve que hacer cuatro borradores.
Y perdona las faltas, no son mi fuerte.
"De noche, pienso en tu gloriosa sonrisa.
Sosias... Sosas..."
"De noche, pienso en tu gloriosa sonrisa.
Sosias radiantes de alegría y abandono y sueños de plata,
y siento que todo es posible".
Bueno, ¿a que sí?
Creo que me he enamorado un poco de ella
mientras escribía.
La sonrisa de Evelyn no es gloriosa, está un poco torcida.
No importa. Se creerá que a ti te parece gloriosa.
Y eso la hará sentirse gloriosa,
lo cual hará su sonrisa más gloriosa.
Eres todo un romántico, ¿eh?
¿Por qué querría alguien no serlo?
Con permiso.
Seguramente estaré muerto dentro de tres meses.
No hay tiempo que perder. Tengo un legado que crear.
Habrás muerto mucho antes de que alguien lea esa novela tuya.
Bueno, puedo vivir con ello.
Gracias por la carta, Fitzgerald.
Mañana, enséñale a tus hombres a cargar un maldito mortero.
Si vamos a morir por nuestro país, tendrá que ser en Francia, no en Alabama.
Sí. Es mi máxima prioridad, Hammett.
Cariño, no pretenderás salir.
Pues no pienso quedarme en casa. Hay un baile en el ayuntamiento.
El juez ya está que se sube por las paredes.
¿Qué opinas, mamá? ¿Me pongo este o el rosa?
No lo sé. Al menos, ponte medias.
Por favor, dime que llevas corsé.
Si no llevas corsé, la gente creerá que eres una...
¿Una facilona?
Las cosas han cambiado, mamá.
La Junta de Industrias Bélicas dicta que no los usemos.
Que no los compremos. No es lo mismo.
Ay, señor. Qué bien huele el aliso.
Me recuerda a mi madre, en el jardín de Mineral Mound.
¿Qué ocurre?
¿Qué te parece?
Que deberías ponerte medias.
Mamá.
He visto al profesor Weisner esta mañana en McCormack.
Dice que llevas un par de semanas sin ir a clases de balé.
Las retomaré, mamá, lo prometo.
¿Qué te quita tanto tiempo de cumplir con tus obligaciones, niña?
Mi deber patriótico.
¿Bailando todas las noches y saliendo a todas horas?
Los chicos se enfrentan a la muerte en las trincheras francesas.
Es lo mínimo que puedo hacer.
Adiós, mamá.
Cariño. Espera.
¿Qué pasa? Livye me está esperando.
No cabrees más al juez por hoy. Ven aquí.
No hagas ruido.
Cuidado con los rosales, cariño.
La noche olía a caqui y cigarrillos.
Había estallado la guerra, en todo su caótico esplendor.
Sentí su apremio.
Si esperaba, quizá desaparecería para siempre.
Vamos.
¿Quieres bailar?
Vamos, gatita.
Se acabó el tiempo. Me toca.
Eh, chaval. Me ha prometido este baile.
Te llama tu madre. Quita, pelirrojo.
Puedo bailar con los dos. No hace falta... ¡Dios mío!
Vámonos de aquí.
Mi bolso, mi bolso.
¡Madre mía, están como una cabra!
Ha sido glorioso. Jamás lo había pasado tan bien.
Tenemos que ir a casa.
Señoritas, ¿un cigarrillo?
No fumamos. Vamos, Zelda.
Es muy tarde. ¿Por qué no os acompañamos a casa?
-¿Por qué? -Sí, ¿por qué?
Podemos ir solas.
Porque no encontraréis a dos chavales más divertidos
en este puñado de monos uniformados. Os lo aseguro.
No parecéis muy graciosos.
Para eso está la ginebra.
¿Qué decís, chicas?
Bueno, de acuerdo. Pero cuidado con las manos.
No te pases de la raya, soldado Harold.
Recordad que nuestros padres van armados.
Pórtate bien, Zelda.
Eso pretendo. Adiós.
¿Me das uno?
¿De dónde eres, soldado Landon?
Me llamo Lloyd.
Pero me gusta Landon. Te pega.
Chicago. De las afueras.
¿Adónde te envían, Landon?
He recibido la orden de unirme a la 67ª en Long Island,
y después iremos a Marne a luchar contra los hunos.
¿A Francia? ¿No te aterra?
Ni de coña.
No he viajado. Es la primera vez que salgo de Chicago.
Estoy listo para ver mundo.
Mi madre me manda cartas diciéndome que visite la torre Eiffel
y el Arco del Triunfo o como se llame.
Pero no entiende que estaré cubierto
de barro en una trinchera del frente,
no de recorrido turístico.
Quieren que redactemos el testamento antes de marcharnos.
Yo no pienso hacerlo.
Parece mal agüero.
No te va a pasar nada.
Sí. Lo sé.
Yo me iré de Montgomery.
¿Sí?
¿Adónde irás?
A Baltimore. A Filadelfia. A algún lugar que no esté en el sur.
Me gusta el sur.
Las mujeres son guapas.
Y la comida está rica.
Estoy harta de estos edificios viejos.
De la gente vieja, las casas viejas.
Aquí todo es viejo.
Quiero ir a un lugar nuevo y resplandeciente
que no esté obsesionado con el pasado.
Ya hemos llegado, Landon.
No sé cómo te llamas.
Señorita Zelda Sayre.
Bueno.
Señorita Zelda Sayre.
¿Crees que podrías esperar por alguien como yo?
Seguramente no.
No espero por nadie.
Buena suerte en Francia.
Espero que visites la torre Eiffel.
Es la 1:30 de la mañana.
Lo siento, papá.
Salí a pasear con Livye y perdimos la noción del tiempo.
Zelda, ¿por qué mientes?
No estoy mintiendo...
Te he visto besando a ese norteño.
Y hueles a ginebra y a tabaco.
¿Y qué?
Zelda Sayre, vuelve aquí.
No le des la espalda a tu padre cuando te habla.
Me avergüenza que una hija mía no sea más que una fresca
que besa a desconocidos delante de nuestros vecinos
sin ningún sentido de la decencia.
¿No es eso lo que hacen las frescas?
Crees que puedes hacer lo que quieras.
Pero la vida no funciona así.
Créeme, lo sé.
Lo sé.
Mamá dice que el conflicto desarrolla el carácter.
NUESTRA HERMANA CARRIE THEODORE DRIESER
Baxter's
¿POR QUÉ? MEDIAS DE SEDA
¿No es precioso?
¿Quieres probártelo?
Ay, no sé.
Me gusta este verde.
¿Seguro que tu madre te dejaría ponerte un vestido tan corto?
Gracias por su preocupación,
pero sinceramente, estoy buscando algo un poco más au courant.
Eso es justo lo que sacó Coco Chanel en París esta primavera.
No hay nada más au courant, querida.
Tiene razón.
Tendré que ir a Nueva York para encontrar algo más actual
que estos trapos viejos.
Vaya, qué tarde es.
ASOCIACIÓN FEMENINA DE AYUDA A SOLDADOS
Justo a tiempo. La Srta. Baker lleva toda la mañana quejándose.
Buenos días a todas.
La guerra continúa,
y por eso, nosotras debemos continuar, incluso redoblar nuestros esfuerzos
de militancia y productividad.
Hoy, nos centraremos en vendaje del torso y las piernas.
Una de vosotras sujeta la venda.
Tiene que sujetar bien la mayor parte...
¿Qué tal anoche?
Luego te cuento.
-Suena intrigante. -Al juez no se lo pareció.
Ayer recibí una carta de Arthur Brennan.
Espera. ¿Los pulgares debajo?
-Cuatro dedos. -¿Quién es Arthur Brennan?
Aquel chico de Atlanta, el del padre rico.
Se ha alistado. Está en El Paso.
Me manda su broche y dice que me escribirá cada día.
-Pero ni siquiera te gusta. -Lo sé.
¡Basta de cháchara, señoritas!
Por importantes que sean vuestros asuntos,
nuestros valientes jóvenes os agradecerían que prestarais más atención
y brío a su bienestar.
¿Qué te vas a poner esta noche?
¿Para el baile del club de campo? No iré.
-Es benéfico. Para los chicos. -Lo sé.
Estoy harta de ese ambiente.
He salido con todos.
Son tan prudentes y predecibles...
Por eso anoche fue tan divertido.
Al menos son hombres. No decorado.
¿Qué vas a hacer si no? ¿Quedarte en casa leyendo?
Zelda. Tenía la esperanza de que estuvieras aquí.
Hola, Sra. Riggs.
Estoy a cargo del entretenimiento del evento benéfico de esta noche,
y nos encantaría que vinieras
a presentar uno de tus solos de balé para el público.
Tiene mucho éxito con los jóvenes. ¿A que sí, chicas?
Desde luego.
No se me ocurre nada mejor que ver a Zelda bailando.
Hablaré con mamá a ver qué le parece.
-De acuerdo, querida. Avísame. -De acuerdo.
Venga, Zelda. Hazlo.
No quiero, Ellie.
Llevo semanas sin practicar. No quiero parecer idiota.
Serás la idiota más guapa de la sala.
Me parece una idea maravillosa. Eres una bailarina estupenda.
Y estarán todos esos chicos que te caen tan bien.
Leon Ruth, Dan Cody, John Sellers...
Prefiero tirarme al río antes de pasar un minuto más
con esos malcriados de Montgomery, mamá.
No han leído un libro en su vida ni tienen opinión sobre nada,
excepto sobre partidos de fútbol o coches.
Eso no es justo, cariño. John Sellers es un tipo muy espabilado.
Y Peyton Mathis también. Ya tiene su propio negocio y todo.
A mí no me gusta ese Mathis.
Es demasiado mayor para juntarse contigo y con tu grupo.
Es un chulo.
¿Qué significa eso?
No quiero saber nada.
Pero no quiero que te juntes con Mathis.
Juez, Sarah Riggs está en un aprieto.
Necesita que Zelda entretenga esta noche.
Zelda ya tiene edad de tomar sus propias decisiones.
Gracias, papá.
No tengo nada que ponerme.
Eso déjamelo a mí, cariño.
Yo me encargo.
Oh, Zelda.
¿Quién es esa santa?
Es Zelda Sayre.
Y no es ninguna santa, rubiales.
-No sé... -¿Me permites?
Con permiso. Gracias.
Gracias, Peyton.
De nada, querida.
Zelda.
Me vas a volver loco.
Vamos a dar una vuelta.
No, espera. No me apetece irme aún.
Claro que sí.
Lo siento, vejestorio.
Creo que este baile es para mí.
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