Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
En la cima del amor Sacrificio y dolor
Cierran tu corazón
Como siempre
Se deslumbra el sol con tu voz
Y una llama enciende la ilusión
El amor es maravilloso
Y el poder es peligroso
Y voy con la misión
Defender tu corazón
Y pelear como un guerrero
¡Y yo sin condición!
Mira en el espejo Y ve quién hay en su reflejo
El último dragón
El último dragón
Mira nada más quién vino a visitarme.
¿Ya tan pronto me extrañaste?
Qué difícil es matarte, Miguelito.
Por lo menos pude matar a tu samurái.
No me digas que después de esto
sigues haciendo tus movimientos de taka-taka, todavía.
¿Ah?
¿Qué quieres, Miguel?
Vine a hablar sobre el atentado de mis padres.
¿Otra vez con eso?
Si ya te dije que yo no tuve nada que ver, hombre.
Sí, eso ya lo sé.
Bueno. Entonces, si lo sabes, ya estás demasiado grande
para seguir chillando por lo mismo, ¿no?
Vine a hablar sobre la grabación que hiciste.
Ah.
La grabación.
¿Sabes que esa fue toda una obra de arte?
Lograste lo que querías.
Digamos que logré engañar al gran Lamberto Garza.
Haciéndole creer que su hijo lo había traicionado.
Mi padre nunca hubiera hecho eso.
¿Qué más da, Miguel?
¿Qué más da? Cayó en mi trampa, ¿no?
Él mató a tu padre por esa grabación.
Eso ya lo sabía.
Pues entonces, si lo sabes todo, ¿qué es lo que haces aquí?
Vine a escucharlo de tu propia boca.
Ah...
Pues también maté a tu abuelo.
Mi abuelo murió de enfermo.
Sí, ya lo sé.
Nada más que yo...
...le di una última empujadita
para que pasara al otro lado con mayor facilidad.
Como ves, tu hijo no te traicionó.
Fui yo quien armó esa grabación.
Para que pensaras que Roberto te había mandado a matar.
Mataste a tu hijo en vano.
Mi error fue no matarte a ti.
¡Ah!
Ya había fallado la primera vez.
No podía darme el lujo de volverlo a hacer, ¿no crees?
¿La primera vez?
- ¿Pues en qué mundo vives, Miguelito? - Habla claro, Epigmenio.
Muy bien.
¿Tú quién crees que armó el atentado en contra de tu abuelo?
- ¿Tú? - Sí.
Solo que el que tenía que morir era Lamberto,
no tu abuela Margarita.
Pero pues, bueno, esos son...
...daños colaterales de este oficio.
Eso les pasa a las viejas por andar de metiches, ¿no crees?
Y ahora, ¿qué es lo que vas a hacer, Miguel?
¿Me vas a mandar a matar aquí adentro?
Te lo agradezco.
Me agradeces, ¿qué?
Ahora ya sé que mi abuelo finalmente fue víctima de tus mentiras.
Sí, pero también mató a tu padre.
Pero por un engaño.
No tenía salida.
¿Dónde vas, Miguelito? ¡No te vayas, hombre!
Si a los dos nos gusta la sangre. No te vayas.
Ya es tarde.
Tenemos muchas cosas de qué hablar, hombre.
- Adiós, Epigmenio. - ¡Miguel, no te vayas!
¡Miguel!
¡Miguel! ¿Tú crees que ganaste?
¿Eh?
¡Yo te maté a toda tu familia!
¡Maté a tus abuelos, a tus padres! ¡A tu hermana!
¡Gané yo, Miguel! ¿Entiendes? ¡Gané yo!
¿Adónde vas, Miguel? ¿Adónde vas?
- ¡Suéltame! ¡Suéltame! - ¡Ya cállate!
¡Suéltame! ¡Suéltame ya!
¡Suéltame! ¡Ya suéltame!
¿Todo bien, patrón?
Soborna a todos los que sean necesarios.
No quiero que nadie le ayude a escapar de aquí.
Quiero que tenga un encierro como se merece:
Largo y obscuro.
Si va a pasar sus últimos días aquí,
quiero que esto se convierta en un infierno para él.
Así será.
De eso yo me encargo.
MIAMI, FLORIDA. ESTADOS UNIDOS
¡No se necesita un genio para saber que esto es una trampa!
Eso lo va a tener que demostrar en el juicio.
Ante estas pruebas, mi obligación es abrirle una causa.
¡Es Miguel Garza! ¿No se da cuenta?
¡Yo no tengo absolutamente nada que ver con esas empresas!
El dinero está en sus cuentas, procuradora.
Y no es una cantidad fácil de esconder.
¡No tengo la menor idea de dónde salieron esas cuentas!
¡Howard, haz algo, por el amor de Dios!
- ¡Yo no tengo nada que ver con esto! - La procuradora tiene razón, señor.
Esto es obra de Miguel Garza y de su gente.
Yo meto las manos al fuego por ella.
- Nuevamente, Miguel Garza. - ¡Es Miguel Garza, señor!
¡Tú mismo revisaste la información de la USB!
¡El nombre de Edna González estaba por todos lados!
¿Me cree tan idiota como para traer una USB
si tuviera algo que ver en ello?
A veces las cosas no salen como lo planeamos.
Howard, haz tu trabajo
y no me hagas pensar mal.
Howard, no puedes hacer esto.
Soy inocente. Tú mejor que nadie lo sabes.
¿Qué haces?
Edna... perdóname, de verdad.
¡No, no! ¡No te atrevas! ¡No te atrevas, Howard!
Estás arrestada por fraude a los Estados Unidos de Norteamérica.
Tienes derecho a un abogado y a guardar silencio.
Todo lo que digas será usado en tu contra.
Por favor, no hay nada que ver.
¡Algún día me las vas a pagar, Miguel Garza!
¡Espera!
¿Cómo? ¿Hubo otro?
Sí. Luego fue a verlo cuando estaba muy mal
y no sé qué fue lo que le dijo o le hizo y luego murió.
Hay mucho que sanar.
Sí.
Mi abuelo vivió una pesadilla toda su vida.
Primero por creerle a Epigmenio
y luego por cargar con la culpa de matar a su propio hijo.
¿Sabes qué es lo único que cura las heridas?
Sí. Tú.
El tiempo.
Bueno, las dos cosas.
No sé lo que haría sin ti.
Perdón.
Hola, Flaco.
Sí.
Gracias por mantenerme informado.
Edna González ya está presa y están llevando a su marido también.
¿Y eso es bueno o malo?
- Ya ni sé. - Es bueno.
Ya no tengo enemigos que puedan hacerme daño.
Espérate, espérate.
¿Eso quiere decir que ya no tenemos que regresar al búnker?
- Así es. - ¡Bendito sea Dios!
Digo, no es que este sea el lugar más acogedor para vivir,
pero tenemos un jardín, ventanas, aire...
Pronto tendremos un hogar en la isla.
¿Pronto? ¿Qué tan pronto?
Yo le tengo que avisar a mi abuela con tiempo, ¿eh?
Tú siempre la ves con bata, con pantuflas,
pero no sabes la cantidad de tiliches que tiene la viejilla.
- Pronto. - ¡Si yo te contara!
Pronto, muy pronto.
Ya tengo muchas ideas para la casa nueva.
- Ah, ¿sí? - ¿Quieres ver?
- ¡Sí, claro! - Y eso que no venía preparada, ¿eh?
A ver.
Mira.
Todo salió a la luz en Miami.
Salió más corrupta que el propio Carlos Duarte.
¡Mira nada más!
Quién lo iba a decir, ¿eh?
La metieron a la cárcel a ella y a su esposo.
Si yo te lo dije.
Todo mundo tiene cola que le pisen.
Alguien la grabó y vendió la exclusiva.
La llevaban en la patrulla y gritaba su inocencia.
Así que la cazadora de traficantes salió menos honrada de lo que creíamos.
Y eso a nosotros nos conviene.
Sí, por supuesto.
Porque ahora, todas las órdenes que dio,
pues, ya no tienen ninguna validez aquí adentro.
Es correcto.
Y así podemos aprovechar ciertas situaciones a nuestro favor.
Sí.
Pues aprovechando eso...
Me gustaría que hicieras unos arreglitos para mí.
¿Qué clase de arreglitos?
¡Flaco! Sigue tocando las teclas, pero de la computadora.
- Bien. - Eres un genio en tu área.
Eso no te lo voy a negar.
Ya sabes, carnal. Aquí estamos para cuando quieras volver.
Trejo, gracias por acompañarme desde Japón hasta aquí.
Ha sido una larga travesía.
No, gracias a ti, Miguel.
Sin duda ha sido el mejor viaje de mi vida.
Les agradezco a ambos por no abandonarme,
a pesar de las tempestades.
Sabes que cuentas con nosotros para las que sean.
¿Tú qué vas a hacer?
Seguiré con mis actividades financieras, pero en la isla.
Viviremos una vida en paz.
- Suena bien. - Bien aburrido.
¿Y ustedes? ¿Qué planes?
¡Híjole!
A mí ya se me está antojando comerme un buen sashimi.
Tal vez sea hora de volver a Japón.
- No te vayas, Trejo. - ¿Me vas a extrañar?
Un poco nada más.
¿Y tú, Flaco? ¿Qué hay de tu futuro?
¿Yo? Pues no sé qué voy a hacer en la próxima media hora, entonces...
Tal vez puedan darse una idea cuando vean sus cuentas en Suiza.
Seguramente algo se les va a ocurrir.
- Flaco. - Miguel.
Gracias por todo.
Trejo.
- Cuídate, brother. - Hasta pronto.
Muchas gracias.
Ah...
¿Y?
¡Dios mío de mi vida!
Súbeme los calzones, Trejo.
¿100 millones de dólares?
¡100 millones de dólares!
¡100 millones de dólares!
¡Está loco! ¡No, no, no!
¡100 millones de dólares!
¡Ay! ¿Será así?
¿Qué haces, abuela?
¡Ay, mi hija!
Pues si estoy con dos agujas y una ovilla de lana,
¿como qué podré estar haciendo?
¡No! ¡No seas chistosa! Te digo en serio.
¿Por qué no estás arreglando tus cosas? ¿Dónde está tu maleta?
¿Qué cosas? Si me dijiste que vamos a una isla.
No necesito cosas.
Ahí nadie me va a ver.
¿Cómo que nadie te va a ver?
Abuela, es una isla, pero hay de todo.
¡Ay! Me arruinaste la aventura.
¡Ah!
Abuela.
Gracias por aceptar todo esto.
Yo sé que no es tan fácil para ti.
¿Qué cosa?
Dejar este lugar, dejar tus amigas, las intrigosas esas.
¿Para qué las quiero?
¡Ya ni escuchan! No, una más vieja que la otra.
Y tú tan joven...
Ay, mi niña...
El brillo de tus ojos es lo que me inspira para estar cerca de ti.
Estoy feliz, abuela, feliz.
Siento que ya al fin, por primera vez,
Miguel y yo vamos a poder vivir todo esto que hemos soñado.
Y ahí es donde entro yo.
- Sí, sí. - ¿Tú?
Pues si no, ¿quién te va a cuidar a los escuincles?
Tienes razón.
Te quiero tanto, viejilla linda...
Yo más, mi niña hermosa.
- ¡Bueno! ¡Ya! - ¡Ay!
¡Ya! Vamos a ponernos a hacer maleta, porque si no, vamos a chillar,
y qué flojera chillar ahorita, ¿verdad?
¿Dónde está tu maleta, abuela? ¿Por qué no hiciste nada?
¡Ay! Pues creo que ahí, abajo de la cama.
Gracias.
Gracias.
¿Y adónde te vas?
A Europa.
Me voy con mi familia.
Es un viaje que ya nos hacía mucha falta.
Sí, Adela y yo también nos marcharemos lejos.
Claro, es lo mejor que pueden hacer.
Irse lejos, juntos, sin nadie.
Me dio mucho gusto volverte a ver.
Aunque sé que tenemos ideas muy distintas,
conseguimos nuestros objetivos, Miguel.
Pues sí.
Hicimos justicia de alguna u otra manera.
Sí, sí. Aunque...
...no te voy a negar que me hubiera gustado
que algunas cosas salieran diferentes.
Si vas a hablarme de la procuradora...
No, no quisiera tocar ese tema.
No me gustaría que nos despidiéramos peleados.
¿Sabes?
Aprendí que la esperanza es lo último que se pierde.
Dicen que en Alemania hay un médico que hace milagros y...
no pierdo nada con intentarlo.
Haces muy bien.
- Sabes que cuentas conmigo. - Sí, lo sé.
Buen viaje, amigo.
Gracias, amigo.
"Querido Miguel".
"Ha llegado la hora de confesarte el último y gran secreto de tu abuelo".
"El que se llevó a la tumba".
Creo que ahora que has cumplido con tu palabra
mereces enterarte de una verdad que yo ya no puedo cargar sola.
En toda esta parte, frente al mar,
necesito que hagamos un estudio para Miguel.
Que esté grande, que le entre mucha luz,
que pueda meditar y estar ahí.
¿Sí?
Otra cosa.
Digo, no es que ya esté embarazada,
pero la verdad es que no me falta mucho.
Entonces, sí quiero que tengamos los cuartos de los niños.
Quiero que tengamos un cuarto de juegos...
...y un jardín, un jardín enorme.
Pero no quiero estos jardines llenos de florecitas,
que no puedes ni caminar.
No, yo quiero que tengan juegos de madera
que aguanten para que los niños se trepen, jueguen, que se diviertan ahí.
¿Usted cree que podamos construir una pista de coches de carrera?
¿De verdad sí se puede? ¡Híjole! ¡Eso me encantaría!
Porque yo ahí me entreten...
A ver, un segundo, por favor.
- ¿Bueno? - ¿Adela?
- Soy Dora. - ¿Qué onda, Dora? ¿Cómo estás?
Bien, gracias.
Me da mucho gusto escucharte.
A mí también me da gusto.
¿Estás bien? ¿Jorge está bien?
No, todo está bien. Lo que pasa es que necesito pedirte algo.
Claro. ¿Qué necesitas?
- ¿Puedes venir a verme? - ¿Ahora?
Cuando puedas, pero es importante.
Sí. ¿Estás bien?
Sí, sí.
Se trata de algo que quiero darle a Miguel y necesito que me ayudes.
Ok.
Sí, bueno. Yo me puedo lanzar mañana, si quieres.
Gracias.
Mañana, Epigmenio se presenta a declarar.
Ahí es cuando pondremos en marcha nuestro plan.
¿Y qué pasa si nos cachan?
Pues nos encierran a los tres.
- ¿Que no? - Nada ni nadie va a fallar.
Esto sale limpio, porque lo tenemos todo planeado.
Pues a mí me parece muy arriesgado.
La última vez casi nos agarran en el cementerio.
- ¿Te acuerdas? - Simón.
Bueno, pues entonces, voy a hablar con Epigmenio
y explicarle que ustedes se están negando a su petición.
No, nadie está diciendo eso.
Lo hacemos y punto.
Pues entonces, hay que actuar rápido, porque queda poco tiempo.
- ¿Estamos claros? - Ajá.
¿Qué hay que hacer?
Primero, tienen que conseguir un camión con caja abierta.
Después, van a colocar varios colchones sobre la caja del camión.
Yo conseguiré el dinero que pondrá Epigmenio.
Y me encargaré de poner al juez de nuestro lado.
Después de eso, comienza la función.
¿Cuál te gusta?
- La azul. - ¿Sí?
Ajá.
Aquí tienes.
Gracias.
- ¿Qué? - Nada.
Que estoy muy orgullosa de ti.
Y estás guapísimo.
Tú estás hermosa.
Oye, ¿viste lo que publicaron de Ishiro?
¿Por qué tú nunca escribiste nada?
Porque eso involucraría a Miguel.
Se me olvidaba que eres el amigo del bando opuesto.
¡Tarán!
¡Qué desastre!
- ¿Qué? - ¿Qué es eso?
- Pues un nudo de corbata, mi amor. - Está fatal, mi amor. Está fatal.
- ¡Oye! - ¡Qué hermosa te ves!
¿Tienes idea de qué quiere Dora?
No tengo ni idea,
pero le prometí que voy a estar mañana temprano en Ciudad Jiménez.
Ya le pedí a Peligros que te tuviera listo el avión.
Gracias.
Yo espero que sea un viaje muy rápido.
Quisiera que le dijeras a Dora y a Jorge
que tienen las puertas abiertas para lo que necesiten.
Yo les digo.
Yo ya perdoné a Dora.
Ahora espero que Jorge algún día me perdone.
No quiero estar peleado con ellos para siempre.
Son mi única familia.
El perdón libera la mugre del alma.
No será un dicho japonés,
pero es el dicho de la abuela.
¿Sabes que amo verte reír?
Es como si ya estuvieras de vuelta.
Estoy de vuelta, gracias a ti.
Y hablando de la abuela,
¿cómo van los preparativos de la mudanza?
Muy bien. Ahí van ya.
Yo le ayudé a algunas cosas.
Le van a preparar una fiesta sorpresa en el asilo.
¡Ella no tiene ni idea!
¿Y cómo hiciste para no decirle nada?
¡Ah! Fácil, me fui.
Miguel, no puedo creer que por fin vamos a vivir felices.
Como en un cuento.
Así es.
Como en un cuento.
La Asociación Mexicana de Periodistas tiene el honor de entregar
el premio al periodista del año.
Y el ganador es...
Héctor Bernal, por su publicación Sucesos.
¡Bravo! ¡Bravo, Héctor!
¡Bravo!
- Muchísimas felicidades. - Gracias.
Muchas gracias, gracias.
Eh...
Permítanme.
Eh...
Gracias a todos ustedes por estar aquí celebrando el periodismo,
las noticias y la libertad de expresión.
Este premio quiero dedicarlo a la memoria de mi hermana Elena.
¡Por Elena, que se nos va a Europa a estudiar la maestría!
¡Salud!
¡Uh!
Pero también a la memoria de todos aquellos
que han sido víctimas de la corrupción,
de la violencia,
de la mafia de este país.
Quiero compartirlo con todos ustedes, compañeros,
pero sobre todo contigo, Claudia Rey,
que has sido mi compañera y amiga.
Gracias.
¡No más muertes!
¿Será que ya llegaron?
¿Se sabe algo del secretario Duarte?
Sí. Ya entraron.
¡No más muertes!
Pero este premio tiene dos destinatarias muy especiales.
Una de ellas eres tú, Ana.
Mi esposa,
mi compañera de batallas,
mi amiga
y ahora mi columna vertebral.
Gracias.
¿Por qué?
Porque no quiero dejarte solo.
Esto es el matrimonio, ¿no?
Estamos en las buenas y estamos en las malas.
Y por supuesto que se lo dedico con todo mi corazón
a un ser hermoso, precioso, que es mi hija Emilia,
para la que nosotros estamos tratando de construir un mejor país.
Este premio es el que le dice: "No" a la censura,
"Sí" a la libertad de expresión
y "Sí" al derecho de la gente a estar informados.
Yo creo que nuestro país, México,
nunca llegará a ser una verdadera democracia
si seguimos permitiendo que existan cadáveres en las calles
y que no pase nada,
si se siguen secuestrando, censurando o matando a periodistas
y no pasa nada.
O que siga creciendo el tráfico de drogas y la corrupción
y que no pase nada.
A mí me tocó pagar un precio muy alto.
¡No!
Pero les aseguro que no me arrepiento.
Así como espero que ninguno de ustedes, compañeros periodistas,
se arrepientan.
Muchas gracias.
¡Bravo!
Gracias por venir, Adela.
¿Y para qué querías que viniera?
Para darte una carta.
¿Una carta?
Es que no es cualquier carta.
Tiene cosas delicadas.
Y estoy segura que si yo se la hubiera dado a Miguel en persona,
la habría roto antes de terminar de leerla.
¿Qué tan delicada es?
Dora,
antes que nada, quiero que sepas que Miguel te ha perdonado todo.
No te guarda ningún tipo de rencor. Él mismo me lo dijo.
Ya lo sé.
Por eso yo también quiero cambiar.
Hay cosas que no puedo seguir cargando.
¿Qué dice?
Cosas del pasado,
cosas que debí haber confesado hace mucho tiempo.
¡Ah! Y también...
También le pido una disculpa
por haber ayudado a salir a Tacho de la cárcel.
¿Qué?
De alguna manera lo ayudé cuando le di dinero
para que me dijera dónde estaba Epigmenio.
Pues sí, entiendo.
Ya no quiero seguir callando.
No te preocupes.
Yo me encargo de que Miguel la lea.
Vas a ver que todo va a volver pronto a la normalidad.
- Así va a ser, vas a ver. - Eso espero.
¿Sabes qué, Adela?
Hay cosas...
...que uno hace, y que son muy locas, por amor.
El guardar secretos es una de esas cosas.
Te entiendo.
¿Qué onda, mi George?
¿Cómo estás?
Te extraño.
Miguel y yo te vamos a dar todo el tiempo que tú necesites.
Pero no te olvides que te quiero, ¿eh?
Yo también te quiero mucho, Adela.
Nos vamos de paseo.
Sí, por lo menos te voy a dejar de ver un rato.
Cállate y camina, que te espera el juez.
Párate. Vámonos.
- ¿Quién te está pagando? ¿Eh? - ¡Cállate!
¿Y no te pusiste a pensar el riesgo que está corriendo tu familia?
Ya me dijeron que tu hermanita está bien buena.
¡Eh!
Su peor enemigo quiere que lo trate así.
Esto no es nada personal.
Vámonos.
Estamos aquí, en los juzgados, esperando que llegue Epigmenio Moncada.
Va llegando en estos momentos.
Veamos.
Todo el país está expectante de sus primeras declaraciones.
- ¡Señor Moncada! - ¡Epigmenio!
¡Señor Moncada!
¡Señor Moncada!
¿Por qué la sonrisa, señor Moncada?
¡Señor Moncada!
El juez Videla ya está en su despacho.
Como pueden ver,
está muy bien resguardado Epigmenio Moncada.
¡Se escapó! ¡Rápido!
¡Cubran todas las salidas! ¡Cubran el edificio!
Como pueden ver, estamos afuera de los juzgados.
Se ha confirmado: ¡Epigmenio Moncada se ha dado a la fuga!
¡Veamos!
¡Por favor, una entrevista!
¡Díganle al licenciado que salga!
¡Díganle al licenciado que salga!
Sí, como lo pedimos. Ahí está.
¡Listo, patrón!
¡Vámonos!
Yo mismo me voy a encargar del taka-taka ese.
¿A qué se refiere?
Que es un hombre de honor. Lo conozco.
Pero a mí el honor me importa un comino.
¡Vámonos!
¡Rápido!
¡Ahora! ¡Vámonos!
- ¡Hola, papi! - ¡Aquí me tienes, Carmen!
¡Ay! ¿Qué te pasa, Epigmenio? ¡No! ¡Suéltame!
- ¡Adentro! - ¡Ay, no!
¡Ay!
- ¿Carmen? - ¡Ay, Adela! ¡Por favor, ayúdame!
¿Qué te pasó? ¿En dónde estás?
¡Epigmenio se escapó de la cárcel y quiere matarme!
¿Y en dónde está él?
¡No sé! Yo estoy corriendo para esconderme.
Pero quiere matarme.
Se enteró de que nos conocíamos y dice que lo traicioné.
¡Por favor, ayúdame!
A ver, necesito que te calmes. Dime dónde estás.
Te voy a mandar mi ubicación, pero apúrale, ¿sí?
Voy para allá.
¡Licenciado Pérez, salga!
¡Esto no puede ser!
Yo ignoraba lo que iba a hacer mi cliente.
Ahora, de pronto nadie sabía nada, ¿verdad?
¡No busque culpables!
Mi cliente actuó por su cuenta.
Alguien de ese calibre necesita cómplices, aliados.
- ¿Cuánto le pagó? - ¿Perdón?
¡Que cuánto le pagó! ¿Está sordo?
¡No voy a permitir que me insulte!
¡Ese hombre se dio a la fuga premeditadamente!
Se burló de todos nosotros.
¡Así que mejor vaya a arrestar a Moncada
antes de que le abra una causa!
- Esto es el colmo del cinismo. - ¡Eh!
¿Carmen?
¡Carmen!
Carmen, ¿estás bien?
Hola, amigocha.
- No hay nadie. - Está vacío.
Peligros.
Ya encontramos la camioneta con la que escapó Epigmenio,
pero ya no está.
Ya dejé a Adela en el hotel.
Si quieren me voy con ustedes para echarles la mano.
Eh, sí. Te mando la ubicación.
También tengo ya sintonizada la frecuencia de la policía,
pero ellos tampoco tienen pistas.
Están buscando por todos los alrededores.
Sí, por lo visto llegamos antes que ellos.
Tendremos que movernos. Hay que buscarlo por separado.
Peligros, aguántame, que tengo una llamada en espera.
- ¿Sí? ¿Bueno? - ¿Qué húbole, Miguelito?
¿Cómo estás? ¿Cómo te trata la vida?
Epigmenio. Todo México te está buscando.
No creo que puedas salir muy fácilmente de la ciudad.
¿Y a ti quién te dijo que yo quiero salir de la ciudad?
Además, aquí estoy muy bien acompañado.
De tu mujercita.
- Estás mintiendo. - ¿Qué, no me crees?
Mira, te la voy a pasar.
¡Miguel, no vengas, mi amor!
¡No vengas! ¡Te van a matar!
¿Ahora sí ya me crees?
¡Te voy a matar, Epigmenio!
Está bueno, Miguel. Está bueno.
Pero pues así como tú tienes una mujer que lo da todo por ti,
pues yo también tengo la mía.
¿Qué quieres?
Un enfrentamiento cara a cara. Tú y yo solos.
Sin armas.
Puño limpio.
El que pierda se puede morir a golpes.
Y el que gane se lo queda todo. ¿Cómo la ves?
- Muy bien. ¿Dónde? - Ya te voy a mandar la dirección.
Pero eso sí, Miguel.
Si no vienes solo, Adelita se nos muere.
¿Estamos?
Hasta aquí llegaste tú, Carmen. Bájate.
- ¡Órale! ¡Bájate! - ¡Voy!
¿Qué quieres que haga?
Nada. Voy solo.
Miguel, todavía no estás recuperado.
Ya tomé la decisión. No puedo poner en riesgo a Adela.
- ¿Estás seguro? - Sí.
Mira, tu samurái sí vino por ti.
¡Bájate!
¡Aquí está tu mujercita, Miguel!
Súbete.
Dame la mano.
Te va a tocar ver a tu maridito morir desde la primera fila.
¡El que se va a morir eres tú!
¡Aquí me tienes!
Dijimos que sin armas, ¿no?
¡Ah!
¡Ah!
Querías pelear, ¿no? ¡Con los puños!
¡Ah!
¡Vamos! ¡Levántate!
¿Para esto me querías?
¿Para esto me llamaste, Epigmenio?
¡Das pena!
- ¿Estás listo? - Sí.
- ¡Vámonos! - ¡Vámonos!
El dron ya lo tiene ubicado. No lo quiero perder, ¿eh?
¡Vamos!
¿Es todo lo que tienes?
Tranquila, mi amor.
- Todo va a estar bien. - ¡Miguel, ya vámonos, por favor!
- Ya se acabó. - ¡Deja de pelearte!
¡Vámonos de aquí!
¡Por favor! ¡Ya!
¡Miguel!
¡Ah!
¡No, mi amor! ¡No! ¡Déjalo!
¡Miguel!
¡Mira cómo quedó tu chinito taka-taka!
¿Cómo pudiste haber confiado en mí, imbécil?
¡Déjalo, cobarde! ¡Suéltalo!
¡Déjalo en paz! ¡Miguel!
¡Mi amor, despiértate!
¡Levántate, por favor!
¡Miguel, párate!
¡Mi amor, por favor! ¡Escúchame! ¡Levántate!
¡Ya! ¡Cállate!
¡Eres un cobarde!
Y a ti no te mato, porque te necesito para huir de la policía.
¡Mi amor, por favor! ¡Miguel, no! ¡Miguel!
¡Miguel!
¡Lo mataste!
¡Miguel! ¡Mi amor!
¡Eres un cobarde asqueroso! ¡Cobarde! ¡Maldito!
Adela...
Adela...
Ah...
Adela...
¡Lo mataste, maldito!
¡Ya, hombre! ¡Ya cállate!
¡Te odio, maldito! ¡Te odio!
¿Y estos? ¿Cómo supieron?
- ¡Ahí está! ¡Del lado izquierdo! - ¿Dónde?
Patrullas, está del lado izquierdo. Que lo cerquen.
¡Te vas a pudrir en la cárcel!
- ¡Te vas a pudrir solo! - ¡Ya cállate!
¡Maldito! ¡Basura!
¡Baja! ¡Presiónalo!
¡Ya verás! ¡Estos no me van a alcanzar!
- ¿Qué haces? - ¡Que nos vamos a pelar!
¡Nos vamos a matar! ¡Párate!
¡No me van a encontrar nunca!
¡No lo vayas a perder!
Patrullas, tienen que seguirlo.
- ¿Lo tienes? - ¡Ahí está!
No se nos va a escapar.
- ¡Párate! - ¡No me van a atrapar nunca!
¡Ah!
- Ya lo tenemos, Marcos. - ¡Ahí está!
Si puedes tocar el techo, lo tocas. ¡Baja!
¡Ah!
Algún día quisiera tener un hijo contigo.
¡Miguel! ¡Párate!
"Utilizar el orden para enfrentarse al desorden".
"Utilizar la calma para enfrentarse con los que se agitan".
"Esto es dominar el corazón".
- ¡Ah! - ¿Qué haces?
Al final de todo, la policía no te encontró.
¡Y tú que te querías dejar agarrar, bato! Ya ni la haces, hombre.
Pues sí, pero no creo que Gary Montaner deje de buscarme.
No, pero no te va a encontrar.
Ha sido un largo camino.
Largo y peligroso.
¿Qué encontraste en el camino que no supieras antes de empezar?
A un hombre que no conocía y vivía dentro de mí.
Todos llevamos un hombre obscuro en el interior.
La diferencia es que algunos eligen ignorarlo
y otros eligen adoptarlo.
Estoy orgulloso de ti, Miguel San.
Tadamichi San.
Estoy más avergonzado del hombre en el que me he convertido
durante el camino,
que satisfecho por haber salido vivo del encuentro.
Quiero pensar que mis padres me entenderían mejor que nadie
si estuvieran conmigo.
¡Así que ya lo sabes!
Dora me envió una carta.
Roberto quiso matar a Lamberto,
pero en el intento mató a su propia madre.
Tu abuelo, devastado por la traición,
me pidió consejo.
Fui yo quien le aconsejó que matara a tu padre.
Ambos estaban equivocados.
Fue una trampa de Epigmenio Moncada.
Editó una conversación para hacerle creer a mi abuelo
que mi padre lo había traicionado.
¿Por qué me enviaron a Tokio?
¿Por qué se convirtió, usted, en mi maestro?
Al principio fue algo transitorio.
Una forma de ayudarte a lidiar con tu trauma.
De haber presenciado la muerte de tus padres.
Pero cuando te conocí y vi tu potencial
supe que formarte sería mi misión de vida.
Mi vida fue una mentira.
¿Nuestra amistad fue una mentira?
Tú eres lo más verdadero
que he tenido en mi vida, Miguel San.
Mi labor ha terminado.
Y ahora debo pagar la falta que he cometido contra mi aprendiz.
Usted me enseñó que es lo mismo tener una idea que blandir la espada.
Para un samurái, decir y hacer es lo mismo.
Soy tan culpable como Lamberto
de haberte quitado a tus padres.
He cometido una traición gravísima a nuestro honor
y solo puedo pagarlo
con mi vida.
Y así, entre los diez,
capturamos la ciudad y al mismo rey.
Después,
dueños del puerto,
dueños de la isla,
no supimos qué hacer con ellos.
Y con mucha cortesía, devolvimos la ciudad al rey.
Lo importante es que has conquistado la ciudad
y ahora eres dueño de la isla.
Y debes devolverla, Miguel San.
No conozco ningún rey al que pueda devolverle nada.
Los he matado a todos.
Entonces,
tal vez esa sea tu condena.
Ser rey durante el resto de tus días.
¡Ah!
¡Ah!
Mi amor.
Estoy aquí contigo.
Lloré tanto cuando murieron mis padres,
que un día dejé de llorar para siempre.
Mi amor, llorar es bueno.
Está bien llorar, Miguel.
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.