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Original subtitles

En la cima del amor Sacrificio y dolor

Cierran tu corazón

Como siempre

Se deslumbra el sol con tu voz

Y una llama enciende la ilusión

El amor es maravilloso

Y el poder es peligroso

Y voy con la misión

Defender tu corazón

Y pelear como un guerrero

¡Y yo sin condición!

Mira en el espejo Y ve quién hay en su reflejo

El último dragón

El último dragón

¿Qué le pasa? ¿Está bien?

Respire, por favor, respire.

Creo que necesito un momento, por favor, Denisse.

Creo que me voy a casa.

No, tranquilo. ¡No! ¡Gobernador!

¡Ayúdenme, un médico!

Un médico.

Gobernador, por favor. ¿Está mu...?

¡Díganme! ¿Está muer...?

Háblale a la policía.

Llamen...

Ay, qué impresión.

¿Qué fue eso?

Nunca había visto algo así.

¿Saben si estaba enfermo?

Yo estuve con él en la oficina hace un rato y se veía bien.

Bueno, pero también le salió sangre de la nariz.

Yo creo que fue un atentado.

¿Crees que lo hayan querido envenenar?

¡Ay, Dios mío! Pero ¿en qué película estamos?

Sería muy macabro todo eso, ¿no?

Hay que avisarle a Miguel.

- Sigue ocupado con los abogados. - No importa, Peligros.

Esto es más importante.

Ya estoy enterado de todo.

- Mi amor, qué bueno que ya estás aquí. - Miguel...

Han sido días muy difíciles.

Tú no sabes lo que era.

Se estaba desangrando en frente de todos.

- Sí, eso escuché. - ¿Y saben cómo sigue?

No hay noticias en ningún otro canal.

Espérate tantito, Chisca, es que la acaban de pasar.

- ¿Estará vivo, patrón? - Aún no lo sé.

Si hubiéramos notado algo, por supuesto que cancelaríamos.

Sí, claro.

¿Y se quejó de algún dolor?

No, por lo menos conmigo no.

Ajá. ¿Tomó algo?

Creo que a la chica de producción le pidió agua.

¿Agua solamente?

Miren, no podemos asegurar nada,

pero lo único que sé y le puedo decir

es que hace unos minutos estaba muy bien.

Sí, claro.

A ver, durante la entrevista,

¿dijo algo inusual o dijo incoherencias?

No, todo iba perfecto hasta que le empezó a salir sangre por los ojos.

¿Sangre por los ojos?

Sí, nunca había visto algo así.

No, claro.

¿Le puedo ayudar en algo más?

No, gracias.

No, ya le pasamos el informe a la fiscalía.

Ahora solamente queda esperar a que se lleven el cuerpo

para hacerle la autopsia.

- Gracias. - Gracias a usted.

Permiso.

- ¿Todo bien? - Sí.

Hans ya no será un problema.

¿Y yo ya me puedo ir?

Lo lamento, pero eso no será posible.

Pero ¿por qué?

Yo no soy la persona que tiene la última palabra.

Me trajeron con engaños, amenazaron con matarme.

- Yo jamás daría la fórmula... - Escúchame.

Lo voy a llevar a un lugar seguro.

Por favor, se lo pido. No me hagan daño.

Yo no soy un traidor.

- Señorita Jimena, por favor, dígale... - ¡Necesito que te vea un médico!

Trae algo de ropa, Jimena, no pienso dejarte aquí.

Te esperamos afuera.

Vamos.

Édgar y los abogados ya tienen lista la presentación

contra Edna González y el juez Molina.

¿Y crees que sirva de algo?

Ninguna autoridad tiene derecho a presentar

una orden de allanamiento sin pruebas.

Vamos a alegar persecución ideológica.

Ahora, pondremos a la ley de nuestra parte y ellos serán los perseguidos.

Es increíble cómo todo se complicó, ¿no?

No te preocupes, mis abogados son expertos en esas maniobras.

Miguel, no hablo nada más de esto.

Todo lo que pasó en Miami.

Ya retiraron todos los cargos en tu contra, no te preocupes.

Desearía que esto nunca hubiera pasado.

Yo sé.

¿Y qué va a pasar con Howard? Ese que se trae unas ganas.

Se quedó sin nada.

Miguel, ¿crees que se va a quedar de brazos cruzados?

Por favor, claro que no.

No regresaremos a Estados Unidos por un buen rato.

Bueno, entonces, si todo eso ya quedó cerrado,

no tenemos que cerrar la fundación, ¿verdad?

Hablaremos de eso en otro momento, ¿sí?

Miguel, no estarás pensando en cerrarla nada más porque sí.

Por favor, hablaremos de eso en otro momento, te dije.

No me hagas esto más difícil.

Dime que tienes algo bueno.

Todavía no sabemos mucho, Claudia.

Bueno, pero no me vayas a dejar fuera de esto, que es un notición.

Ya lo sé, pero el caso lo tiene la fiscalía,

como cualquier caso de muerte en vía pública.

Sí, pero esta no es cualquier muerte, ¡es la muerte de...!

¡Baja...! Claudia, baja la voz, ¿sí?

Aquí todos quieren la primicia, ¿eh? No solamente tú.

Claro que quieren la primicia.

Porque no es cualquier muerte,

es un gobernador, que nada más y nada menos,

- tiene el apoyo de los Garza. - Ya lo sé.

Ahora, solo nos queda esperar los resultados del forense,

no podemos hacer nada.

Yo lo sé.

Marcos, pero a mí se me hace muy extraño.

Era un tipo joven y sano, no tenía ningún antecedente

de ninguna enfermedad, por lo menos pública.

- Ya sé. - Entonces, ayúdame a entender.

¿Qué pasó?

- ¿Fue algo sucio o qué? - No lo sé.

En cuanto sepa algo, serás la primera en saberlo, tranquila.

- ¿Sí? - Gracias.

- Ahí lo traen. - Ahí viene.

El gobernador de Baja California, Jesús Montero, ha fallecido

durante la entrevista realizada en nuestra emisora.

Las causas de su muerte se están investigando.

No puede ser.

- Está muerto. - Ay, pobre hombre.

Ay, yo ya no puedo seguir viendo esto, ¿eh? Con permiso.

Pésima manera de morir.

¿Quiere que le eche un ojo al asunto, patrón?

No, todavía no.

Ishiro.

¿Alguna novedad?

Sí, tenemos que hablar.

El testimonio de todos coincide en que antes de que muriera,

no sucedió nada extraño.

Por ahora.

¿Esto es todo lo que Montero traía con él?

Así es, es todo.

Un reloj, su pulsera, la cartera, su teléfono y...

¿Y esto?

No creo que sean mentas para el aliento.

No, es efilina.

Lamento que hayas pasado por esto.

Me da gusto que estés bien.

Varela está en una casa segura siendo atendido por un médico nuestro.

¿Qué debo hacer con él?

Lo vi realmente aterrado.

Hans le sacó la fórmula a punta de pistola.

¿Y le dio la fórmula correcta?

Sí, la que nosotros usamos.

Solo que aún así, algo salió mal.

Bueno, no sé, por lo menos eso fue lo que dijo Hans

y no he dejado de pensar en eso.

¿Y dónde llevó Hans la fórmula para investigarla?

Supongo que a algún laboratorio con un químico a su disposición, no sé.

- Quiero que encuentres a ese químico. - Eso no será ningún problema.

Me quedé con el celular de Hans.

Bueno, entonces llévaselo al Flaco y que analice los últimos contactos.

¿Cómo te sientes?

Cansada.

- Iré a un hotel. - No.

No vas a ningún hotel, te quedas aquí con nosotros.

Es que no quiero incomodar a nadie.

Jimena, aquí vas a estar más segura.

Bueno.

Gracias.

Adela, de verdad, no tenías ninguna obligación

a invitarme a que me quedara.

La verdad es que hasta yo me sorprendí.

No quiero incomodar a nadie...

Y si no te callas, me voy a arrepentir.

- Pasa. - Bueno.

Gracias, de verdad.

Al menos entre nosotros nos tenemos que apoyar.

De repente, todo se puso muy feo.

Sí.

La persecución de Toledo.

Tú, que te fuiste a prisión

y luego, también el allanamiento de Edna,

el regreso de Hans,

la muerte de Montero.

¿Tú qué crees que le haya pasado?

No sé.

Tal vez sea coincidencia, pero Montero era consumidor de efilina.

¿Tú crees que tenga algo que ver?

No lo sé,

pero sí vi la cara de Hans cuando regresó de su laboratorio

y no me gustó para nada.

Él estaba convencido de que le habíamos dado mal la fórmula y no fue así.

¿Y si la efilina no es lo que todos pensamos?

Buenas noches.

- ¿Estás bien? - Ah, podría estar mejor.

Tengo muchas dudas.

Lo sé.

Quisiera tener respuesta para todo, pero no es así.

¿Podemos hablar de la fundación?

Ahorita tengo muchas cosas en la cabeza, Adela.

Bueno, ¿cuándo va a ser un buen momento para platicarlo?

La fundación se va a cerrar, ¿qué más quieres que te diga?

Ah, ¿ya no hay vuelta atrás?

¿Que no se supone que este tipo de decisiones

las tenemos que tomar juntos?

No las financieras.

La fundación es algo más que algo económico, Miguel.

¿Qué va a pasar con todas las mujeres?

¿Con todos los niños a los que yo les prometí ayuda?

No sé, ya veremos.

¿Cómo que ya veremos?

Adela...

No puedo hacer nada.

Perdóname.

¿Perdonarte yo?

No, ellos son los que no nos van a perdonar.

¿Me puedes explicar qué va a pasar con las salas médicas?

¿Cómo se supone que se van a mantener?

¿Has pensado que toda esa gente va a tener que volver a una vida miserable?

Entiéndelo.

Por el momento, no puedo hacer nada.

Claro.

Como el señor tiene tantos problemas,

se le olvidan los que no tienen ni para comer.

Esto va a tardar más de lo que esperaba.

Tenemos tiempo, Flaco, tranquilo.

Voy a necesitar municiones.

¿Municiones?

Papas y refresco, a lo bestia.

Ah, ya.

Lo que necesites, Flaco.

Y es por eso, Claudia, que decidí no publicar la fotografía

de Carlos con Epigmenio.

La muerte de Montero opacaría completamente la publicación.

Tienes toda la razón.

Necesito toda la atención, Claudia, toda.

Por eso decidí esperarme.

No sabes cómo me encanta verte así de emocionado como antes, ¿eh?

¿Y cómo no estarlo, Claudia?

Es la primera vez que tengo una fotografía

que demuestra quién es en realidad Carlos Duarte.

Oye, ¿y no mueres de la curiosidad por ver

la reacción de todos cuando la publiques?

Claro.

Oye,

¿y conseguiste más información sobre la autopsia de Montero?

No, Marcos no me ha llamado aún y...

Nada, yo asumo que para hoy tiene que salir el primer informe, ¿no?

¿Tú qué crees que le ocurrió realmente a Montero?

No lo sé.

A mí me tiene esto totalmente desconcertada.

No sé.

Vaya, me siento halagada.

El mismísimo Miguel Garza en mi oficina.

Dejémonos de tonterías, procuradora.

Lo mismo digo.

Su presentación en los tribunales fue muy convincente.

Vine personalmente a pedirle que no me persiga.

Esto no nos hace bien a ninguno de los dos.

Mi trabajo es perseguir a delincuentes,

así que no veo razón para dejarlo de hacer.

Yo no soy un delincuente, soy un hombre de negocios.

¿Ahora así se les dice?

Y usted se la da de honesta e intachable,

y tuvo que manipular a la justicia para allanarme.

Yo no manipulo nada.

Tuvo que conseguir una orden de un juez

para entrar en mis oficinas sin ninguna prueba.

Acéptelo.

Tuvo que embarrarse hasta los codos para poder acercarse a mí.

Cuidado con lo que dice.

Usted ya decidió que yo soy culpable sin ninguna prueba.

Bonita justicia la que ejerce.

Mejor no hablemos de justicia,

cuando lo único que ha hecho es evadirla desde que puso un pie en este país.

Pensé que era una rival más digna de confrontación, pero me equivoqué.

Es igual que todos.

Y usted es igual de mafioso que su padre y su abuelo,

y yo voy a probarlo.

¿Cree que con un título universitario y una camisa planchada

puede venir a engañarme?

- No se meta con mi familia. - Y usted no se meta conmigo.

Dicen que no hay mejor defensa que el ataque.

No me deja otra alternativa, procuradora.

¡Cierre la puerta cuando se largue!

- ¿Estás seguro? - Sí, así es.

Montero era un consumidor de efilina.

Me parece que Montero me va a servir más muerto que vivo.

- ¿Servirte? - Ajá.

¿Cómo?

¿Epigmenio?

Te tengo una noticia que nos va a servir para nuestro plan.

Me gusta, no suena nada mal.

Y de eso me encargo yo, soy bastante bueno para ese tipo de cosas.

- Tacho. - ¿Qué pasó?

Hay que correr la noticia de que Montero se murió por consumo de efilina.

¿De verdad?

¿A poco se le pasaron las cucharadas al Montero?

No seas idiota, hombre, ¿qué más da si es verdad o no?

Ah, ya entendí.

¿Qué te parece si le decimos a los periodistas

que tenemos en la nómina?

- ¿Te parece bien? - No, Tacho.

Necesitamos que se entere todo el mundo.

¿Eh?

Está bueno.

Miguel, le juro que no tenía idea de nada.

Volé aquí porque la señorita Jimena me habló.

Y lo de la fórmula, amenazaron con matarme,

me torturaron, yo no sé de esto.

Soy un hombre de laboratorio.

- Tiene que creerme. - Tranquilo, te creo.

Gracias.

Necesito que recuerdes lo que le dijiste a Hans.

Me moría de miedo.

Y le di la fórmula correcta.

Pero me dijo que no le sirvió.

¿Por qué dijo eso?

No sé, quizás el químico no la hizo bien, es una fórmula muy compleja.

¿Ishiro te contó lo de Montero?

Sí, pero no creo que tenga que ver con la efilina directamente.

Tengo que asegurarme.

Lo siento, pero yo no creé la fórmula.

Solamente hice lo que dejó Farchala.

Aún no saben los resultados de la autopsia de Montero.

Así que, pues se irá como muerte dudosa, ¿ok?

Sale. Gracias.

Tienes que entender una cosa, aquí no hubo muerte dudosa, ¿eh?

- ¿Cómo? - Montero.

Murió de una sobredosis de efilina.

- Pero eso es... - ¿Está claro?

¿Sí?

Muy bien, chulada, no voltees.

Deben comprender que yo nada más estaba siguiendo órdenes de Hans.

Ahora seguirás órdenes de alguien más.

Quiero una explicación.

¿Por qué dices que la fórmula de la efilina es incorrecta?

Bueno, porque no todo está saliendo bien.

Muéstrame.

Hay algunas ratas que están saliendo bien libradas.

Aparentemente todo está muy bien, pero...

No todas salen vivas.

¿Qué le pasó?

Se desangró por alguna razón.

Una hemorragia masiva.

¿Está seguro de haber respetado cada procedimiento?

¿Tú crees que con Hans me habría equivocado?

Quiero que los dos trabajen juntos y averigüen qué pasó con esa rata.

Si Hans se entera que estoy trabajando...

- Hans ya no será ningún problema. - Cuando tengan una respuesta, me avisan.

- ¿Qué? - Cállate.

No me veas o te vuelo la cabeza.

Me vas a hacer un favor.

Vas a publicar un reportaje donde diga que Montero murió de un pasón de efilina.

- ¿Entendiste? - Sí.

Sí, entendiste.

Sé dónde vives, sé quién eres, no vayas a hacer una estupidez...

No voltees, chiquito. Ahí te ves.

No puede ser.

Ni siquiera Montero puede ayudarme.

- ¿A qué te refieres? - Tuvo una hemorragia interna.

Una imprevista ruptura de los vasos sanguíneos,

como resultado de una presión arterial alta

o un aneurisma.

¿Y esas son malas noticias para ti?

Si tan solo me hubiera confirmado que la efilina...

Nada.

Voy a cerrar el caso.

Que entreguen el cuerpo a la familia para que le den sepultura.

Edna, mírame.

- ¿Qué pasa? - Pasa que Miguel Garza

se ha vuelto un tema personal y no puedo hacer nada.

¿No encontró nada para incriminarlo?

Él y su equipo de abogados

lograron que no pueda usar nada de lo descubierto en el allanamiento.

Pero ¿encontraron algo?

Deslices financieros, documentos traspapelados,

lo demás debe de estar encriptado.

No hubo tiempo para que mis técnicos lo investiguen.

Yo lo único que quiero es...

...vincularlo en el tráfico ilegal de estupefacientes.

Es lo único que me interesa, Gary.

Especialmente con la efilina.

Héctor...

A ver, Claudia, ¿qué significa esto?

¿No se suponía que Marcos te iba a dar a ti primero la información?

- Marcos no ha hablado con nadie. - ¿Cómo que no ha hablado con nadie?

No, no sé de dónde sacaron toda esta información.

Está bien. Dame un minuto.

¿Bueno? ¿Héctor?

Norberto, necesito que me digas

de dónde sacaste la información

de que Montero murió a causa de la efilina.

Me amenazaron, Héctor. No tuve otra opción.

Pero ¿quién te amenazó?

No lo sé, pero no quiero ni averiguarlo.

Me pusieron una pistola en la cabeza.

Está bien. No te preocupes.

Te llamo después, gracias.

Amenazaron a Norberto para que publicara la nota.

Parece que no fue al único.

En el grupo de periodistas dicen que fueron a varios.

A ver, Claudia. Pensemos con la cabeza fría.

¿Quién se beneficiaría con todo esto?

¿Claudia?

¿Estás bien?

Héctor...

¿Tú crees que sea verdad que Montero murió a causa de la efilina?

Pues...

No lo sé, pero ¿por qué me preguntas eso?

Porque...

Héctor, es que...

Yo hace rato que estoy consumiéndola.

Ay, Claudia.

Esto no es cualquier cosa, Miguel.

Montero está muerto.

Te puedo asegurar que esa información que están publicando es falsa.

La muerte de Montero no tiene nada que ver con la efilina.

- Todo mundo está leyendo lo contrario. - Cálmate, Teófilo.

¡No me pidas que me calme, Miguel!

Si algo te ensucia a ti,

se acaba la carrera a la presidencia.

Llevo toda mi vida alejándome de actividades ilegales

como para que esto me embarre.

Tranquilízate, Teófilo.

Así como pude limpiar el petróleo del mar, voy a limpiar esta difamación.

- Confía en mí. - Por el bien de ambos, que así sea.

Te escuché pelear, ¿todo bien?

Sí, estoy tratando de lidiar

con estas notas falsas de la muerte de Montero.

Es un poco temprano para empezar a tomar, ¿no?

Estoy un poco estresado, nada más.

Bueno, yo creo que no es el mejor momento,

pero quiero retomar el tema de la fundación.

- Ok, lo vemos en otro momento. - No, siéntate.

No quiero que pienses que lo de la fundación no me importa.

Yo sé que sí, por eso quiero ver qué podemos hacer.

Déjame explicarte.

Cuando te ofrecí ser la cabeza de Jin,

tú me respondiste que lo harías

siempre y cuando la fundación ayudara a la gente realmente

y no solo fuera para mis operaciones financieras, ¿lo recuerdas?

En ese momento supe,

aunque no te lo haya dicho, que me iba a enamorar de ti.

Era inevitable.

Esto va más allá de ti y de mí.

Yo sé que hay mucha gente que te necesita.

A veces quisiera que este trabajo sea más fácil,

pero no hay nadie que haya cambiado el rumbo del mundo

sin generar daños colaterales.

Lamentablemente tengo que cerrar la fundación.

Si no lo hacemos ahora, puede que más adelante

no podamos ayudar a nadie más.

A ver.

Miguel, entiendo perfectamente todo lo que me estás diciendo,

pero estoy segura que debe haber otra opción.

No puede ser la única forma de solucionarlo.

No la hay.

Es la única por el momento.

Mira nada más.

Ahora sí a Miguelito le tocó bailar con la más fea.

- Pues salud por eso, papi. - Salud.

Oye, ¿y ahora que las cosas están saliendo mejor...?

¿Tú no crees buena idea que yo le echara una llamada a su mujercita

- para sacarle información? - No.

Todo a su tiempo, Carmen.

Ay, Epi, esa mujer me trajo como su idiota

quién sabe cuánto tiempo.

¿La vas a dejar que ande así de campante?

Ya te dije que no.

Hay tiempo para todo.

Ay, ojalá se pudra.

Te juro que la prefiero más muerta a ella que al propio Miguel Garza.

Ay, ¿de qué te ríes?

Ya sabes que me encanta cuando te pones así.

¿Ah, sí?

Yo te prometo que vas a tener la oportunidad de vengarte, vieja.

Nada más tenme paciencia.

¿Y a cuántos amenazaron?

Pues, no... no sabemos.

En realidad, hay muchos que no quieren hablar.

Oye, Miguel.

¿Quién crees que haya querido torcerles la mano?

Hay una lista muy larga de gente que quiere perjudicarme,

pero siempre encabezada por Epigmenio Moncada.

Ese hombre es capaz de hacer cualquier cosa

con tal de que el negocio de la efilina se termine.

A propósito de Epigmenio Moncada, mira, quiero mostrarte esto.

¿Y esto? ¿Dónde lo conseguiste?

Yo la tomé.

¿Cómo te expusiste de esa manera?

Miguel, por favor. Mira, velo de esta manera.

No tengo nada que perder. Además, con la silla soy más rápido, ¿eh?

Bueno, un poco de humor.

¿Por qué no la publicaste?

Porque estaba a punto de hacerlo

cuando pasó lo de Montero y decidí posponerlo.

Mira, entre periodistas tenemos un acuerdo no hablado

donde decidimos no publicar noticias que compitan entre sí.

Pues supongo que es momento de romper ese pacto, ¿no crees?

Pues supongo que sí.

Antes de que lo hagas, te quisiera pedir un favor.

Permíteme enviar seguridad a tu casa.

No. Miguel, eso no.

Por favor, un par de escoltas nada más para que vigilen a tu hija y a tu mujer.

Ya sabes la clase de gente que son, no tienen respeto por nada.

Bueno, está bien, pero que no sean más de dos escoltas, ¿sí? Por favor.

¿Crees poder hacer circular esa fotografía hoy mismo?

Pues para eso son las redes, ¿no?

Oye, ¿y tú no has sentido alguna sensación diferente

en tu cuerpo o algo extraño?

No.

Aunque solo de acordarme de ese hombre

y de la manera en la que sangraba, te juro que me dan escalofríos.

¿Y no sabes quién pudo haber mandado al tipo que te amenazó?

No.

Aunque, para serte sincera,

aunque sé que publicamos la nota bajo coerción,

cuando llegué a casa, tiré toda la efilina que tenía.

Pues hiciste muy bien.

Sí, lo sé.

Epigmenio Moncada, uno de los traficantes más poderosos del país,

no estaba muerto como se pensaba.

A mis espaldas se muestra una fotografía donde está conversando

con el secretario de gobernación, Carlos Duarte.

Esta fotografía es reciente.

Este encuentro es un símbolo de corrupción política e impunidad

que no debe de pasar desapercibido.

Creo que el secretario de gobernación tiene que dar muchas explicaciones

sobre esta fotografía

y si alguna vez soñó en ser el candidato a la presidencia del país,

acaba de firmar su acta de defunción al cargo.

Y hay una fuerte recompensa

que el Gobierno de México está dispuesto a pagar

a cambio de cualquier información

respecto al paradero de Epigmenio Moncada.

Más sobre esta nota al regreso.

Tengo que admitir que no dejas de sorprenderme, Miguel.

Por un momento, creí que esto era un caso perdido.

En cuestión de minutos, los medios estarán hablando

de la foto de Epigmenio Moncada y Carlos Duarte.

El secretario de gobernación y el narcotraficante

más grande de México agarrados in fraganti.

¿De qué podrían estar hablando esos dos, sino de negocios turbios?

Ya nadie hablará de la muerte de Montero, ni de la efilina.

El único tema de conversación será la foto que tomó Héctor Bernal.

Además, su conflicto con Duarte, es vox pópuli.

Felicidades, Miguel. Estamos de vuelta.

Tienes los reflejos más rápidos que he visto.

Por algo estoy donde estoy, ¿no crees?

Salud.

Epigmenio Moncada se paseó en la ciudad por nuestras narices.

¿Cómo es esto posible?

Ni la policía ni el ejército se enteraron de nada.

¡Ya mandamos un comunicado y le pusimos un precio alto a su cabeza,

pero lo mínimo que espero es que alguno de ustedes lo encuentre antes!

¡No me importa si vivo o muerto, pero encuéntrenlo! ¿Está claro?

- Sí. - Sí, procuradora.

Licenciado...

¡Juana, te dije que no voy a atender a la prensa!

Invéntate lo que quieras.

Dile que me fui del país, no me importa.

¿Qué haces ahí parada?

Es la procuradora Edna González en la línea uno.

Pásamela.

Sí, señor.

Edna.

¿En qué puedo servirte?

Vaya, pensé que no iba a atenderme, señor secretario.

No, Edna, ¿cómo crees?

Es que los teléfonos no paran de sonar, ya te imaginarás.

Bueno, supongo que tienes mucho que contarme.

¿Sobre la foto? Todo tiene una explicación.

Te espero en mi oficina para que me expliques entonces.

Bueno, a ver...

En realidad, yo no tengo obligación de ir.

Sería una cortesía de mi parte.

- ¿Te parece? - Claro.

¿Recuerdas? Soy secretario de Estado.

Al único que le debo una explicación es al presidente.

Sí, en eso tienes razón.

Seguramente él estará por llamarte.

Te sugiero que cuando hables con él

ya te hayas presentado frente a la justicia.

Digo, a menos que quieras que yo misma le platique al presidente

que te negaste a cooperar.

No tengo nada que ocultar.

Entonces, no tenemos nada más que decirnos por teléfono.

Pues iré para allá con mucho gusto.

Aquí te espero.

- ¿Qué estás haciendo, Carmen? - Guardando mis cosas.

¿Y para qué quieres 200 pares de zapatos si te dije que nada más lo necesario?

- ¡Ay, ya! ¡Ayúdame! - ¡Órale, ya, vámonos!

- Ahí voy, ciérrale ahí. - Vámonos, apúrale.

¡Ándale, apúrale!

Ya voy.

- ¡Órale, rápido! - ¡Ya voy!

Jaramillo nos está esperando con el avión listo.

- Tenemos que irnos, Epigmenio. - Órale, Carmen.

Nos busca el ejército y la policía. ¡Vámonos ya!

- Apúrale, Carmen. - ¡Ahí voy, ya!

- Carmen. ¡Ándale, apúrale! - ¡Ay, es que traigo tacones!

- ¡Rápido! - Vámonos, Carmen.

¡Ay!

¡Estoy a full! Hace mucho tiempo que no me sentía tan bien.

- Esta puede ser la nota que... - Marcos.

- ¿Me pueden decir qué carajos pasó? - ¿Perdón?

Sí, ustedes sabían perfectamente que Epigmenio Moncada estaba vivo, ¿no?

Aquí en la ciudad.

¿Y no fueron capaces de hacerme saber nada?

- Marcos, cálmate, fue solo... - ¡No!

No, yo siempre estuve para ayudarlos, siempre.

Ustedes contaban con el delincuente más importante de la historia de México,

sabían a qué hora y dónde se iba a encontrar con Duarte

y aun así no me dijeron nada.

Oye, ¿tú qué buscas, eh?

¿Fama? ¿Primicia?

¿O quieres saber quién mató a tu hermana?

A ver, Marcos.

Está bien, yo te entiendo.

Acepto que esto que hicimos fue un acto egoísta,

que fue muy peligroso, pero me tienes que entender.

Fue la única manera que encontré para poderlos agarrar juntos.

Sí, pero aun así debían haberme dicho dónde se iban a ver.

Marcos, ¿de verdad eres tan ingenuo?

¿No te das cuenta que todo el departamento de policía

está lleno de gente que forma parte de la nómina de esos delincuentes?

Si yo hubiera abierto la boca,

entonces ese encuentro tal vez ni siquiera se hubiera dado.

¿Saben qué? Aunque me necesiten, no me vuelvan a llamar.

¿Y?

¿Cuál es la explicación para que estuvieras

conversando con Epigmenio Moncada?

Edna, yo no estaba conversando con nadie.

Te voy a explicar.

Estacioné mi auto como cualquier día,

me bajé, me fui caminando a la salida del estacionamiento

y ahí me topé con una persona, bueno, supuestamente, Epigmenio Moncada.

Me quedé mirándolo porque su cara me parecía conocida, no sabía de dónde.

Fue un instante, no tuve tiempo de nada,

pero sí el tiempo suficiente para que sacaran esa fotografía.

Tú sabes muy bien que yo, para Epigmenio Moncada,

soy su mayor perseguidor.

Seguramente él se puso de acuerdo con Héctor Bernal

para que sacara la fotografía

y pareciera que estuviéramos platicando

y así desprestigiarme.

¿Estás diciendo que Héctor Bernal está coludido con Epigmenio?

No lo sé. No me consta.

No sé, es la única explicación que veo a esta situación.

¿Y adónde ibas?

¿Perdón?

Dices que estabas estacionando tu auto como cualquier otro día.

¿Adónde te dirigías?

Bueno, nada.

A una cita.

No pienses mal.

A una cita con el dentista, su consultorio está en esa colonia.

¿Y por qué no reportaste tu encuentro sorpresivo con Epigmenio Moncada?

Digo, siendo su mayor perseguidor, como dices...

Te habría sorprendido encontrártelo en plena luz del día.

Así, vivito y coleando, ¿no crees?

Edna, ya te lo expliqué.

No lo reconocí.

Fue hasta que vi su fotografía en el periódico

que me di cuenta que era él.

Ya.

¿Sabes qué creo yo?

Yo creo que tienes negocios sucios con ese hombre

y por eso no has querido entregarlo a la justicia.

Con todo respeto, Edna,

si tuvieras pruebas de una acusación como esa,

no estaríamos platicando aquí, ¿o sí?

No, me lo imaginé.

¿Sabes qué?

Yo siento que...

No, mejor lo dejamos ahí. ¿Me puedo ir ya?

No, sí, ¿sabes qué? Sí, quiero decírtelo.

Me siento defraudado

porque yo confié en ti cuando quisiste pasar por encima de la ley

y me buscaste para que el juez Molina te diera una orden de allanamiento

a las oficinas de Miguel Garza.

Pero qué lástima que tú ahora, no confíes en mí.

De verdad.

Es una lástima.

Por favor, mándale saludos a Mauricio de mi parte.

¿Qué tal, señor secretario? ¿Cómo le fue con la procuradora?

¿Qué le pasa, Bernal? ¿Tan aburrido está en esa silla de ruedas

para que esté siguiéndome a todos lados?

No. No, de hecho, no.

Ahora le recuerdo que si estoy en esta condición es por su culpa.

Pero ¿sabe qué?

Es muy curioso como resulta que ahora tengo mucho más tiempo en mis manos

para pensar cómo le voy a hacer para meterlo a la cárcel,

señor secretario.

Cuídese.

Oye, ya no te pregunté la otra vez.

¿Le dijiste a Miguel del militar que está siguiendo a Kenia?

No, y más bien dicho, que estaba siguiendo a Kenia.

Ya no lo he vuelto a ver.

- ¿Y eso es todo? - Pues sí.

Mira, Flaco.

No quiero molestar a Miguel ahorita con algo así,

ya bastantes preocupaciones tiene.

Pero justamente por eso dijimos que le íbamos a reportar

cualquier cosa rara que viéramos.

Yo te agradezco que me hayas ayudado con lo del tema ese,

pero no tiene nada que ver con lo que está pasando en la oficina últimamente.

¿Cómo lo sabes? Estamos en una casa de paja que está a punto de caerse.

Pues yo no lo pienso así.

Y te pido, por favor, que no le comentes nada a Miguel sobre ese tema.

Yo lo voy a hacer cuando lo considere pertinente, ¿ok?

Sobres.

Carlos Duarte es un corrupto, no me queda la menor duda.

Pero tiene razón.

La fotografía no es prueba de nada.

¿Qué quieres decir?

Sabemos que Duarte es o fue cliente de Miguel Garza, ¿no?

A lo mejor podemos matar dos pájaros de un tiro.

¿Y eso te refieres a...?

Se le acabó el tiempo a tu infiltrada.

Es hora de que nos consiga información sobre Carlos Duarte,

desde su posición en Naga Company.

Ya estoy en eso.

Necesitamos pruebas contra Carlos Duarte. Urgente.

¿Y esa computadora nueva?

¿Para qué?

Esta computadora la voy a dejar así, tal cual está.

La voy a dejar sin conectar a la red, independiente.

Virgen, como tú, ¿no?

Ay, ¿te quedaste con las ganas de hace ratito? Sí, ¿verdad?

Bueno, ¿y para qué nos va a servir?

Pues ahí vamos a poner toda la información delicada

para que no nos pase lo que nos pasó ahorita.

La información que pongamos aquí solamente la vamos a poder ver aquí.

Además, le vamos a poner una contraseña.

Si la pones mal tres veces, se borra toda la información de volada.

Solo tres veces, Kenia.

Solo tres veces.

Me acaban de informar que el presidente le va a pedir la renuncia a Duarte.

Al parecer,

ya nadie se acuerda de las notas falsas de Montero y la efilina.

- Salud. - Salud.

¿Qué pasa? ¿Estás bien?

Sí, solo no tengo ganas de tomar.

Bueno, pues no tomemos entonces,

que tengo ganas de hacer otras cosas contigo.

Bueno, si no te sientes bien, lo dejamos para mañana.

Perdón, tengo la cabeza en otro lado.

No pasa nada.

Ven acá.

MIAMI, FLORIDA. ESTADOS UNIDOS

Bueno, entonces el dato de Héctor era verdad, ¿se dieron cuenta?

Claro que sí, te dije que era

lo que estábamos platicando el otro día en la oficina.

Que, bueno, va a salir en el reportaje.

Exacto, y ahora Epigmenio y él se van a ir al bote.

- Y van a pagar todo lo que nos hicieron. - Pero ya.

¡Pero ya!

- Exacto. - Salud por eso.

- ¡Salud! - Salud.

Oye, ¿qué pediste?

Está bien.

Bueno, va a pagar el secuestro.

Todas sus fechorías.

Imagínate, ¿un secretario de gobernación en la cárcel?

- No, por favor... - ¡Vamos a hacer historia!

¡Estamos haciendo historia!

Y es que tenemos la primera plana nosotros.

Ah, pero por supuesto.

- Oye. Claro que sí. - Hay que festejar.

- ¿Qué? - ¿Adónde vamos o qué?

- Pues donde digan, ¿qué? - A mi casa.

- ¿Sí? - Ahí podemos.

- ¿Sí? - Órale, va.

- ¿Te pasa...? - Oye...

- ¿Qué te pasa? - ¿Qué te pasa?

- ¿Estás bien? - ¿Qué tienes?

- ¿Qué te pasa? - ¡A ver, no! ¡No!

¡Ey! ¿Vas al baño? ¡Ey!

¿Qué...? ¿Qué tienes?

- ¡Alguien llame a una ambulancia! - ¡Ayúdenme!

- ¡Auxilio! - ¡Oye!

- ¡Auxilio! - ¡Ey!

¡Abre los ojos!

¡Doctor!

- ¡Rápido! - ¡Ayuda!

¡A ver, mírame, no cierres los ojos!

¡Respira! ¡Tranquila!

¡Auxilio, ayúdenme!

¡Ayuda!

¿No hay un doctor aquí?

- Norberto, haz algo. - ¡No sé! ¡Se está muriendo!

- ¡No! - ¡Auxilio!

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