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Original subtitles

En la cima del amor Sacrificio y dolor

Cierran tu corazón

Como siempre

Se deslumbra el sol con tu voz

Y una llama enciende la ilusión

El amor es maravilloso

Y el poder es peligroso

Y voy con la misión

Defender tu corazón

Y pelear como un guerrero

¡Y yo sin condición!

Mira en el espejo Y ve quién hay en su reflejo

El último dragón

El último dragón

¿Qué significa esto?

Quiero hacer un trato.

Quiero saber dónde está Epigmenio.

Yo soy la que te va a dar dinero y protección.

Viene conmigo, ¿ok?

¡A ver, señoritas!

¡Vamos! Todas arriba, ¡vamos!

¿Y tú qué? ¿Quieres el beso de los buenos días o cómo?

No, te voy a decir lo que quiero.

Mira, quiero un paquete de desayuno,

café, papaya y huevitos rancheros con la tortilla frita.

- Vas. - ¿Algo más, el señor?

¡Ándale! ¡Muévete! ¡Para arriba, vamos!

Todos, ¡rápido!

¿Muy acá o qué? ¿Qué?

¡Yo a ti ni te conozco!

- ¡Ni me interesa conocerte! - Abre la puerta.

¡A ver, señoras! ¿Qué está pasando?

¡Tú cállate!

Que el problema no es tuyo.

¿Y si quiero que sea mi problema, qué?

Te crees mucho porque tienes media cárcel pagada, ¿no?

Pero vas a caer en mis manos.

¡Uy! ¿Por qué no te largas a lloriquear a otro lado?

Ya me cansaron tantas tarugadas.

Ah, por allá llévate a tus perros, ¿no?

Órale.

Uy.

Vámonos.

¿Todo bien?

Sí, gracias.

No, pues todavía no des las gracias.

A ver, relájate.

A ver, órale, fuera de aquí.

Siéntate.

¿Por qué estás aquí? ¿Por qué te metieron al bote?

Por robo.

Así que tú eres Tacho.

El mismo.

Eres famoso.

¿Cómo te llamas?

Inge.

- Bueno, me dicen Inge por ingeniero. - ¿Y eso qué o qué?

Es que trabajaba en el sistema de aguas de la ciudad,

- arreglaba tuberías todo el día... - A ver, ¿dijiste tuberías?

Sí, tuberías.

O sea, que sabes acerca de los desagües de la Ciudad de México.

Sí, de arriba a abajo.

¿Neta? ¿También de esta zona?

Conozco la zona.

Fíjate, Inge, que yo creo que vas a ser mi mejor amigo.

Mamá.

- ¡Hijo! - ¿Cómo estás?

¡Ay!

¿Cómo te han tratado?

Bien, mamá. Te extraño muchísimo, ¿sabes?

- Imagínate nosotros. - Pasa, siéntate.

- Sí. - Oye.

Eh, ¿me trajiste mis cosas?

Sí, claro, hijo.

- Ay, el mero mero. - Ajá.

- Jabón de mi favorito. - Sí.

- Gracias, mamá. - Sí.

¡Ay! Se me olvidaba.

No, hombre, ¡no me digas!

- ¿Es de pierna? - Claro.

- ¿Sí? - La que más le gusta a mi rey.

Eso.

Y trae el chilito ahí.

- Ajá, mi... Sí. - No te vayas a picar mucho.

Ya, ya lo vi.

Nada más abusado, no te vaya a picar.

- Viene como para llevar, ¿verdad? - Sí.

Yo ahí se lo pongo.

- ¡Epa! - ¡Épale!

- ¿Se puede, mi Tacho? - Claro.

¿Qué pasó, mi Tacho?

Buen día.

¿Qué pasó, mi Félix?

No se dice good morning, se dice guten morgen.

¡Ah! ¡Como en Alemania! ¿Qué hubo? ¿Ah?

No, pues tú eres el que sabe, mi Tacho.

Claro, ahí me lo apuntas en mi cuenta, ¿eh?

- ¿Sí te va a alcanzar? - ¡Oh!

Ahí nos vemos, mi Tacho.

Ánimo.

Hay un antiguo desagüe pluvial,

el cual fue clausurado hace muchos años.

Por ahí, por el temblor del 85.

El desagüe

desemboca en un ducto

que conduce directo al estacionamiento del penal.

Yo quiero saber cómo demonios llegamos aquí, al desagüe.

Hay una tubería

lo suficientemente grande como para caminar dentro de ella

que cruza toda esta línea del penal,

incluido el patio central.

Donde ponemos las carpas para la visita conyugal.

¿Por dónde pasa exactamente la tubería?

Habría que cavar un metro en el patio.

¿Y luego?

Y luego, cuando toquemos la tubería,

tendríamos que conseguir ahora un soplete y cortar el metal y...

Ey, ey, ahuecando el ala, Félix.

Aquí es donde yo siempre pongo mi carpa.

El que se fue a la villa se lo llevó la corriente, mi carnal.

- ¿Ahora te me vas a poner al tiro? - Cálmate, eh.

Deja que el Félix ponga su tienda aquí, yo te aliviano.

¿Qué hubo?

Pero hagamos algo.

Acampa en otro lado una semanita

y todos los días de visita yo te voy a pasar una lana.

¿Qué hubo?

Órale.

- Dele. - Órale.

¿Papita?

Tiene tres jotos, les va a ganar, ¿eh?

¡Ay! Ya les dije, perdón.

¿Papita?

¿Sabes cuál es tu problema, Inge?

Que tienes la esperanza de que el Cruz Azul sea campeón.

Y yo creo que primero nos vamos a escapar de este penal

a que eso suceda, hermano.

No te creas, ¿eh?

Porque desde que se escapó el Braulio, la cosa cada vez está peor.

Ya hasta rejas nuevas nos pusieron.

Sí, ya vi a los soldados en el estacionamiento de proveedores.

Y ya estamos con el Félix, ¿verdad?

Pues anda muy inquieto,

piensa que le voy a cortar la mano.

Ese Félix.

Explícale que no se ponga nervioso,

que todo está platicado y que nada puede salir mal.

No creas, yo también ando muy inquieto.

Ya no falta mucho, ya llevamos tiempo en esto.

Va a salir todo chido.

Ya llevamos semanas trabajando.

No es el momento de echarse para atrás, Inge.

¡Uyuyuy!

Ahí como ves, como ves, ¿sí o no?

¡Espero que estés lista, mi Thalía!

¡Uh!

Va a arder Troya hoy, Thalía.

Pues a como veo, doy, mi Tacho,

mientras cumplas las cuotas, yo no tengo prisa.

Señores, quiero decirles que nos vemos mañana.

Pórtense mal.

Eso.

- Descansa para que no se atrofie. - ¡Exacto!

Te tengo que enseñar algo.

Mira.

¿Me trajiste las bolsas?

- Sí. - Pásamelas.

Las vamos a desdoblar, les metemos la tierra

y luego te las llevas en tu bolsa, ¿sí?

Vamos.

Pero ¿sabes qué?

Creo que es importante que hagamos como ruido

para que nos crean que nos estamos haciendo guajes.

Vaya, haz algo.

¡Ah! ¡Sí, mi amor!

¿Así te gusta?

¿Así?

¿Así te gusta?

Me encanta, nada más, más bajito.

- ¿Te gusta, mi amor? - Oye, espérate, espérate.

Soy humano, Thalía, estás prendiendo el boiler.

- Cálmate. - Bueno, yo sigo tus órdenes.

- Mi amor, lo que tú quieras hago. - Sí.

Ay, Thalía.

No te vayas a cansar, hija.

Si quiere lo ayudo,

pero me dijo Tacho que si salía cansada, iba a parecer sospechoso.

Dice que aquí no me hacen ni los mandados ustedes.

Pinche Tacho.

Siempre piensa en todo, me cae.

¡Ah!

¡Ay! ¡Sí, papi, sí!

- ¿Qué fue eso? - Frío.

Ey, ¿todo bien ahí dentro?

Ay, mi amor.

- Sí. - ¡Ah!

- ¡Ay, mi amor! ¡Así! - ¡Ah!

¡Oh!

Adiós, chicas.

- Hasta la próxima semana. - Bye.

¿Cómo van, señoritas?

Si no tenemos todo el día, ¿eh?

Vamos lo más rápido que podemos.

¿Cómo vamos?

Todo en orden, señor.

Este acceso tiene que quedar bien sellado,

no queremos otro Braulio López.

No se apure, mi director, esto va a quedar como nuevo.

¿Qué? ¿Ya? Órale.

Acerca la mano.

Órale, machito.

¡Ey!

¿Qué pasó?

- ¿Qué pasó? - ¡No sé! Estoy soldando y metió la mano,

- no sé qué hizo. - ¡Me duele!

Déjame ver, a ver.

¡Ayúdame a llevarlo a la enfermería! ¡Ándale!

Es una quemadura,

pero afortunadamente no pasó de segundo grado.

¿Y eso es grave, doctor?

- No es nada grave. - Ah.

Pues, si usted lo dice, pero la neta, a mí me duele mucho, doctor.

Eso se lo digo porque es el doctor, ¿eh?

No vaya a andar ahí diciendo luego que el Félix anda diciendo

que le duele, que...

Más le vale.

Oiga, doctor, la verdad sí me duele,

¿no ameritará que me dé un calmante?

No, no es necesario.

Con la curación que te voy a hacer te vas a sentir mejor en unos minutos.

¿Seguro que no ocupa un calmante, mi doctor?

Ahí está.

¿Qué? ¿Esto qué?

- Regréseme mi lana. - ¿Qué?

Esos los consigo en el patio por unos cigarros.

¿Pues qué quieres?

Quiero algo que pegue.

Pero tengo ir a la bodega,

- aquí no tengo. - Pues vaya.

Preste para acá,

vamos a ver qué ofrece y ya vemos si le regreso su sonaja.

¿Qué húbole, mi capitán?

¿Qué tal van las cosas?

¿Qué quieres, Chuy?

No tengo tiempo para tus tarugadas.

Su hermana decía lo mismo

y cada vez que la tenía, pedía más y más.

¿Qué dijiste?

Repítelo, ¡repite lo que dijiste!

Nada, mi capitán, nada más es un chascarrillo.

Es para romper el hielo.

Un chascarrillo.

Un chascarrillo.

¿Para que crean que estamos peleados? ¿De qué hablas?

Para darle información.

El Tacho está metido en algo.

Información.

Sí, mi capitán.

A ver, dime. ¿En qué?

El Tacho y el Inge están tramando algo.

¿Por qué demonios piensas que voy a creer en una rata como tú, Chuy?

Porque el Tacho ya me tiene hasta el soquete.

Ya me debe varias,

pero me las va a pagar, me las va a pagar.

Está bien.

Échale un ojo al Tacho, que yo también lo voy a vigilar,

pero no cometas ninguna estupidez,

primero me avisas, ¿entendiste?

Juega, mi capitán, juega, pero ya aflójele, ¿no?

Ya suélteme.

Tranquilo, mi Chuy.

Nada más fue un chascarrín.

Por esto de las apariencias.

Hola, buenos días.

Hombre, qué servicio.

Muévete.

- Que le corras. - ¡Ey!

¿Cómo lo ves?

¿Estás contento por tus visitas conyugales?

¿O amaneciste de buenas, Tacho?

Mire, en mi ecuación, una no estorba a la otra.

Aguas.

No te vaya a terminar flechando la Thalía, ¿eh?

Que ya te vi que no la dejas ni a sol ni a sombra, ¿eh?

Mira, que se preocupe mejor ella.

No te enojes porque estoy guapo,

sino porque no se me va a quitar.

Adiós, perro.

Está bien, Tacho.

¿Todo bien, patrón? ¿Necesita algo?

Órale, vámonos.

Orinar es un lujo, Tacho.

Sobre todo para ti.

- ¿Qué pasó, patrón? - ¿Que qué pasó?

Tu principal obligación está desatendida.

Si tú quieres volver a ver a tus jefes con vida,

vas a hacer exactamente lo que yo te diga, ¿estamos?

Ya está, ya va.

Pase.

Buenos días, oficial.

¿Qué pasó con Gutiérrez?

Está descansado,

hoy lo cubro yo.

Pues qué suerte la mía, entonces, que me tocara hoy con usted.

Vacíe su bolsa en la charola, por favor.

Claro, con gusto.

Es mucha bolsa para tan poca cosa, ¿no?

Siempre he sido de bolsa grande,

no me acomodo con las chicas, quién sabe por qué.

¿Y esto?

Me hace falta darle una limpiadita.

Sí, parece que la limpieza no es lo suyo, ¿no?

Me urge darle una limpiadita.

Puede guardarlo.

Gracias.

Siguiente.

¿Qué hubo, mi Rambo? ¿Ya listo para las visitas?

Listo, ya nada más me acicalo.

Pues póngase guapo, ¿eh? Porque la ocasión lo amerita.

Eso.

Nos estamos viendo, mi Rambo.

- Ya estás. - Chido.

¿Qué húbole?

¿Qué me ves o qué?

¿Qué hora es?

Todavía faltan unos minutos.

¿Y quién empieza primero?

¿Tú o yo?

Empieza tú,

pero desde el principio tiene que ser una pelea fuerte, no te limites.

Vamos a puño limpio eso sí, ¿eh?

Y ya vete para allá o van a sospechar.

Va.

Cuando llegue el momento, yo me acerco y te provoco.

Ya estás.

Ahora sí, mi Félix.

Me toca rechinar el catre.

¡Ah!

Hoy para ti son 300, mi Inge.

¡Ah!

¡Ya me subiste la tarifa!

¿Qué?

¿Creías que por una simple disculpa yo me iba a quedar satisfecho

después de lo que me hiciste?

Pero si ya lo sabes, fue un accidente, Félix.

Pues accidente o no accidente, para mí te caes hoy con 300

o te vas de regreso para tu celda, ¿cómo ves?

Ey, cálmate.

¿Qué está pasando?

Pues aquí, que me quiere cobrar 300.

La tarifa es fija para todos, Félix, entiéndelo.

Pues hoy son 300 para el Inge,

¿o quieres que te achicharremos a ti también la mano, mi Tacho?

¿Ya ves cómo eres? Esto no se va a quedar así, ¿eh?

¿Quedó vacía la carpa?

Cambio de planes, mi Tacho. Pásele.

- Permiso. - Ándele.

Buenas, Félix.

Hola, mi amor.

Pase, la está esperando el Tacho.

¿Y eso? Pensé que iba a ver primero al Inge.

Cambio de planes.

Bueno, pues para luego es tarde.

Pásele.

Inge, fíjate en lo que vamos a hacer.

Enrolla, enrolla, papá.

¡De volada!

Chécate ahí, abajo de la sábana está la lámpara.

Ya no nos queda mucho tiempo.

- Estoy nerviosa. - Tú tranquila.

Vigila, vigila que nadie nos vea.

¿Seguro?

Se metieron los dos ahí, a la carpa, Félix también.

Para mí que hasta la vieja está metida en el asunto.

Pues a mí nada más me parece que están en una visita conyugal en grupo,

solo eso, Chuy.

No, mi capitán.

Yo puedo ser necio,

pero no soy idiota.

Me cae que ahí adentro se está tramando algo.

2-27, me voy a echar un rondín a las carpas, cambio.

Copiado.

¿Cuál?

En la carpa dos, de Félix.

En el segundo pasillo.

Segundo pasillo, ¿cuál de todas?

¿Quiere que le haga un croquis o qué?

¡Ahí, en el segundo pasillo! En medio.

- Búsquele. - Órale, pues.

Me voy a echar la vuelta.

Gracias.

¿Gracias?

¿Cómo "gracias"? ¿Nada más así, mi capitán?

¿Qué quieres?

¿Que te ponga una estrellita en la frente o qué?

Pues por lo menos un regalito, ¿no?

Esto es la cárcel y aquí hay reglas.

¿Me estás amenazando?

No, mi capitán, soy incapaz, pero hay reglas.

Por lo menos tráigame algo.

Si escucha, tráigamelo, aquí lo platicamos.

No sea usted cuadrado.

Déjame ver qué encuentro.

Si veo algo, te busco.

Ahora sí, mi capitán.

¡Ahora sí, mi capitán!

Inge, escúchame bien, está libre, vas.

¡Ándale!

¡Órale, ya!

Un hoyo para escapar de otro hoyo.

- ¡Vamos! - Bromitas para después. ¡Ya!

- ¡Ey! - ¡Cierra eso!

¿Dónde está Tacho?

¡Yo qué sé!

Te toca, Félix.

¿Cuánto tiempo nos queda?

Dos minutos y medio.

¡Apúrate, hombre!

Bien. Mi amor, tu bolsa, dame tu bolsa.

- No creas que me olvidé de ti. - Gracias.

Gracias a ti, corazón.

Ya sabes lo que tienes que hacer, ¿verdad?

¡Pues aguas!

¡Apúrate, Inge!

Vámonos, órale.

¡Ah! No, espera.

¡No! ¡Hay una reja aquí!

¿Eh?

Me lleva la fregada.

¿Sabes qué, Félix?

Vete allá arriba por la barreta.

- Tacho, que vaya el Inge, yo... - ¡Córrele!

Me importa un carajo.

No voy a estar discutiendo, ¡súbete!

- ¡Nos van a agarrar! - ¡Me importa un carajo! ¡Sube!

Está cerrado ahí.

¡Sí!

- ¿Y ahora qué? - ¡Thalía!

- ¿Félix? - Thalía, ¡pásame la barreta!

- ¿Qué estás haciendo? - ¡Pásame la barreta, rápido!

¡Rápido!

Cierra tú.

¡Ey!

- ¿Dónde está Tacho? - ¿Quién?

Ay, no te hagas, ¿dónde están tus clientes?

Pues ya se fueron hace rato.

¿Y qué demonios haces aquí todavía, entonces?

Pues esperando más clientes, oficial.

Una chica tiene que comer, ¿no?

Cuidado donde te pases de lista.

Ay, pero ¿por qué dice eso?

Lo veo muy tenso, jefe, pero no se preocupe,

unos minutitos con mis servicios y se le pasa.

- ¿Por qué tardaste tanto? - ¿Qué?

¿Todavía tienes cara de decirme esto?

Ahorita por tu culpa casi nos agarran.

- ¡Ya! - Dámela, cállate, cállense.

Ya cállense. Abre.

¡Ahí está!

Eso.

- ¿Lo abrió? - ¡Vamos!

Detrás de este muro están los últimos guardias.

- ¿Y sabemos cuántos son? - Son tres.

- Bueno, ¿qué más? - La idea es llegar al estacionamiento,

ese ducto nos funciona directo.

No está tan lejos, vamos.

Solo son unos cuantos metros.

- Félix, ¿traes las llaves? - ¡Sí!

- ¡Ayúdame! - Órale.

- ¿Qué te pasa, imbécil? - ¿Qué dices?

¿La vas a hacer de pedo?

¡Órale!

¡Vámonos! Déjate venir.

¡Ya!

¡Ya párenle, cabrones!

¡Ya! Quieto, ya.

Ya estuvo, ya.

¡Ya!

¡Pide ayuda!

¡Necesitamos refuerzos en el auditorio!

Hay que buscar el carro, Tacho.

¡Órale!

- Ya debe de haber empezado la pelea. - Es ahora o nunca,

- antes que vuelvan los guardias. - ¡A darle!

- ¿Qué coche buscamos? - El que suene.

¡Es el negro!

¡Vámonos!

- ¿Entonces, qué? ¿Todo en orden? - Todo.

Le hice al cuento, así que nadie sospechó nada.

¿Estás seguro?

El Chuy quiso armar de tos, pero no se le hizo.

Está bueno, esto es para ti, y esto repártelo con los muchachos,

dales las gracias por lo de la pelea.

Sale, a ver cuánto les dura el chiste,

no vaya a ser que mañana los vea por aquí.

No, hermano, olvídalo. Yo no regreso aquí ni muerto.

Está bien, Tacho. Cuídate.

Abre la puerta.

Abre la puerta, vamos.

Y bueno, aquí nos dividimos.

Espero que hasta nunca.

- La hicimos. - Pues, cámara.

- Gracias, mi Tacho. - Propio.

Una jerga y cada quien agarre su cachito.

Ahí nos vidrios.

Órale.

¿Cómo es posible? ¿Qué pasó?

¿Te vieron la cara o qué?

Nunca lo vimos venir.

¡No seas idiota!

Una fuga nunca se ve venir.

¿Sabes la magnitud del problema?

- Los están buscando. - ¿Buscando?

¡Se fugaron tres presos!

Eres director de un penal, no de un jardín de niños.

Estuvimos reforzando los accesos.

Ah, muy bien, ¿y de qué sirvió, imbécil?

Ya, no me digas nada.

- Ya perdiste. - Pero no hay nada...

Quiero tu renuncia.

¿Qué?

Eres un inútil.

No quiero que te relacionen conmigo.

No me puedes decir eso,

yo te ayudé cuando querías matar a Braulio López.

Sí, y mira cuáles son los resultados.

No me sirves para nada.

No me voy a quedar callado.

Claro que te vas a quedar callado,

si fuiste tú mismo el que planeó la fuga de Braulio.

Me acabo de enterar hoy.

No puedes decir eso, ¡no puedes inventar eso de mí!

Abre la boca y será tu palabra contra la mía.

Recuerda que tienes una familia.

Flaca, lo lograste.

Lo logramos.

Lo logramos.

¿Conseguiste todo?

Sí, todo lo que me pediste está en ese maletín.

El arma, el silenciador, un cambio de ropa y el rastreador.

Venga.

Bien.

Resultaste ser muy inteligente.

Ya sabes, para cuando gustes.

Bien.

Me voy a dar un baño antes de irme.

Puedes quedarte la noche si quieres.

No, tengo prisa.

Hay un hombre escurridizo que tengo que encontrar

y no voy a parar hasta agarrarlo.

¿Pues a quién andas buscando?

Al que me metió al bote.

¿Qué pasó? ¿Cómo estás?

Te me cuidas bien.

Te me cuidas, ¿vale?

Ah, hijo de su...

Sí, caray.

Esto está peor que nunca.

Pues sí, pero nada más el patrón no entiende de razones,

ya sabes cómo es.

Gracias.

Digo, los clientes fieles ahí siguen,

pero ojalá que no empiecen con sus novedades.

Pues hay que talonearle como nunca,

porque ya ha habido varias bajas, ¿no crees?

Ey, sí, no nos queda de otra.

Bueno, mi buen.

Gracias.

Nos vemos la próxima semana.

Saludos al patrón.

Yo le digo.

Ya sabe, los mismos problemas de siempre,

pero bueno, al menos el marrano sigue dando, ¿que no?

Sí, patrón.

Ya voy para allá y le llevo su dinero.

De antemano te ofrezco una disculpa, Edna.

El único culpable de todo esto soy yo,

por contratar a gente inepta para dirigir un lugar como este.

Es una cuestión que se nos fue de las manos.

Por supuesto.

No quisiera pensar mal de nadie,

pero considero que no es una casualidad

la cantidad de fugas que se han presentado en esta prisión.

- ¿Qué está queriendo decir? - No estoy queriendo decir nada,

lo que estoy diciendo es que algo pasa aquí.

¿Está usted coludido con un tercero?

¿Cómo puede pensar eso?

Hoy en día no sabemos qué creer.

Si lo que quieren es verme lejos,

les aviso que ya tengo mi carta de renuncia.

Eso está mucho mejor.

Eso podría ayudar, pero no lavará las manos de lo ocurrido.

No sé qué más puedo hacer.

Usted nada,

la que abrirá una investigación

sobre las autoridades de esta prisión soy yo.

Pues hágalo,

no tengo nada que ocultar.

Le aconsejo que se quede callado,

todo lo que diga lo utilizaré en su contra.

¿Todo bien?

¿Viste a Carmen?

¿A Carmen?

Sí, claro, patrón.

Estoy al pendiente de ella, como usted me lo pidió.

¿Cómo está?

Pues ahí anda, hablando de usted.

Dice que lo extraña mucho.

¿Y qué hace?

Pues ya sabe, no mucho.

Lo de todas las mujeres, va al súper, al gimnasio,

comprarse ropa de vez en cuando.

Está muy sola.

Sí, la verdad es que sí.

De hecho, la otra vez...

...fue una amiga suya a la casa,

una amiga del gimnasio.

Yo le dije que, pues no era seguro

y a mí no me daba muy buena espina, pero ya no sé si la volvió a ver.

Bueno, pues muchas gracias por cuidarla, Lobo.

No, de qué, patrón.

Para eso estamos.

Ándale, ahora llévale su dinero.

Y mira, hazme un favor.

Con esto cómprale un regalito de mi parte.

Y dile ahí cualquier jalada, hombre.

Que la extraño mucho, cualquier cosa de esas.

Sí, patrón.

Seguro una joyita la va a poner muy feliz.

- Órale. - Con permiso, patrón.

Buenas, patrón.

Tacho.

Exacto.

El mismo que decidió refundir en la cárcel hace tiempo.

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