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En la cima del amor Sacrificio y dolor
Cierran tu corazón
Como siempre
Se deslumbra el sol con tu voz
Y una llama enciende la ilusión
El amor es maravilloso
Y el poder es peligroso
Y voy con la misión
Defender tu corazón
Y pelear como un guerrero
¡Y yo sin condición!
Mira en el espejo Y ve quién hay en su reflejo
El último dragón
El último dragón
- Muy bien. - ¿Para quién trabajas? ¿Qué buscas?
Tranquilo, yo solo voy a cuidarte.
Recuerda que tú dijiste que te querías quedar aquí,
yo solo te estoy haciendo caso.
Ay, Miguel.
Tú y yo vamos a ser tan felices, me lo puedo imaginar.
- Perfecto. - Quítame las esposas, María.
¿Sabes una cosa?
Lo que más me gusta de ti...
son tus ojos.
Estás loca.
¿Qué estás diciendo?
¿Qué me has dicho?
Yo no estoy loca.
Miguel, yo no estoy loca.
¡Di que yo no estoy loca porque yo no estoy loca, Miguel!
- ¡Yo no estoy loca! - ¡Libérame ahora mismo, María!
Mi amor.
Tú sabes que a veces las parejas tenemos problemas,
pero nosotros no somos como las parejas normales, ¿a que no?
No sabes con quién te estás metiendo, María.
Van a venir por mí. ¿Qué quieres? ¿Dinero?
- ¿Eh? - Ya estoy harta de tus berrinches.
A ver si lo piensas y platicamos en la cena.
No voy a cenar contigo, me quiero ir.
¿Te gusta la sopa de tomate?
Si no quieres contestar, pues haré lo que me dé la gana.
¿Por qué le dijiste a tu hija que Dios bendiga a su marido?
¿Acaso está vivo?
No...
Se lo dije por la bebé que le dejó.
- ¿Y dónde está Tania? - No lo sé.
¡Por favor!
¡No, por favor!
¿Esperas que crea que una mujer sola que supuestamente perdió a su marido
no le diría a su madre en qué hospital está dando a luz?
¡Se lo juro!
¡No me dijo!
- ¡Habla, mujer! - ¡No sé, no me dijo!
Nada más se fueron y no me dijeron adónde.
¿"Se fueron"?
Dijiste que se fueron, entonces sí está vivo.
¡Ah! ¡No!
Esta es la última oportunidad que te doy.
¿Farchala está vivo?
¿Dónde están?
¡Aunque lo supiera, nunca te lo diría!
Clínica San Miguel, Veracruz.
Maternidad.
¿Y qué le dijiste a Ishiro?
Nada, le inventé cualquier cosa,
que estaba harta de él y que por eso me fui al spa.
- ¿Y te creyó? - Ajá.
¿Y no te preguntó qué hacías en el cuarto de Miguel?
Sí, sí me preguntó y le dije lo mismo que le dije a la señorita del lobby,
que estaba buscando mi pasaporte.
Vale, ¿no te preguntó nada más?
¡No, no me preguntó nada más!
¿Cuál es tu...? ¡No! ¿Ok? ¡No me preguntó nada más!
- ¿Ya terminamos con el interrogatorio? - Para, ¿vale? Tranquila, ¿vale?
Tranquila, ¿vale?
Que sé que esto es difícil.
Pero yo no soy el enemigo aquí.
Venga.
¿Y pudiste buscar bien o el chinito te interrumpió?
Sí, volteé la recámara de cabeza
e Ishiro entró después de que la había vuelto a poner perfectamente en orden.
El único lugar en donde no busqué fue en la caja fuerte,
pero pues, estaba cerrada.
Entonces, le metí muchas combinaciones, ninguna funcionó, ¿ok?
Bueno, no pasa nada, ¿eh? No pasa nada.
Ya está, ¿vale? No pasa nada, tranquila.
¡Hora de cenar!
Yo creo que te va a encantar.
A ver.
Estás un poco caliente.
Ay, yo sé que te mueres de ganas porque hagamos el amor,
pero antes tenemos que recuperar fuerzas.
A ver.
Abre la boca.
¿Vas a seguir con la misma actitud?
Abre la boca.
Muy bien.
Eh, María, estaría más cómodo si me sueltas.
Aunque sea una mano,
para cenar más a gusto y podríamos cenar los dos.
No, yo ya cené, mi amor, y además me encanta atenderte.
Listo.
Yo sé que no es un problema para ti, pero estaría más cómodo.
A ver.
Está rica, ¿eh?
¿Adela?
- ¿Quién es Adela? - Nadie.
- ¿Estás mintiendo? - No.
Es mi secretaria, nada más.
No te creo.
¿Qué hay entre vosotros?
No está bien hablar por teléfono cuando cenamos,
así que vamos a cenar y vamos a olvidarlo, venga.
Eso, muy bien.
Ahora me manda directo a buzón.
Debe estar ocupado.
O simplemente no te quiere contestar.
Como sea, mientras no tengamos una respuesta de Miguel,
no podemos hacer nada.
Bueno, yo puedo ir estudiando algunos puestos
donde podemos poner a trabajar a estas chicas en nuestras empresas, ¿no?
De ninguna manera, Trejo.
Esa decisión no es tuya.
¿Perdón?
Te recuerdo que Miguel me dejó a cargo en su ausencia,
mientras él no esté aquí, quien toma las decisiones soy yo.
- Claro. - ¿No has pensado en las consecuencias?
- Sí, por supuesto. - ¿Qué consecuencias?
Trejo, perdón,
pero yo creo que tú tienes la capacidad de tomar esta decisión.
Te guste o no.
¿Cómo puedes estar seguro de que no van a compartir información confidencial?
Ay, Jimena, por Dios. ¿Tú qué crees?
¿Que una mujer humilde que ha sido golpeada por su marido
es una espía rusa o qué te pasa?
No, querida, y precisamente eso es lo que más me preocupa.
Una espía al menos le pondría un precio muy alto a esa información,
y esas mujeres que tú tienes en tu refugio
por 500 pesos le cuentan lo que sea a cualquiera.
Trejo, por favor, tenemos demasiados enemigos
y no podemos cometer ningún error.
Lo que menos queremos es otro incidente como el de la bomba, ¿no?
Perfecto, entonces, no las ayudamos,
que vuelvan con sus maridos, acaben en el hospital y luego muertas.
- No. - Ay, Adela, me vas a hacer llorar.
Mira, siempre he sabido que no tienes corazón,
pero me queda claro que ahorita estás hablando de otra cosa.
- No entiendo de qué me estás hablando. - A ver, chicas.
Eh...
Hagamos algo.
Yo voy a analizar todo lo que hemos platicado aquí
y necesito pensar.
Perfecto, por fin estamos solas.
Vamos a hablar de frente de una buena vez.
Y la última cucharada.
- Abre la... - Ya estoy lleno.
No entiendo por qué te haces el difícil, cuando lo único que hago es consentirte.
Si no contesto el teléfono van a pensar que algo malo me pasó.
Bueno, pero es que nada malo te ha pasado, al contrario.
Si vuelven a llamar, será mejor que conteste.
Bueno, yo me voy a ir a preparar y así dormimos juntos, ¿vale?
Ya regreso.
El problema, Adela, es que tú crees que Miguel está enamorado de ti,
pero ¿qué crees?
A Miguel solo le importa una cosa en este mundo.
- ¿Qué cosa? - Miguel Garza.
Miguel es un egoísta que usa a la gente y a ti también te está usando.
Mira, te permite comprar cuatro camitas para la fundación para tenerte contenta,
mientras que a nosotros esa fundación nos permite lavar
millones de dólares de dinero de traficantes.
Ni siquiera amó a su mujer muerta.
¿Por qué crees que se suicidó?
¿Cómo puedes decir eso, Jimena?
¿Sí te estás escuchando?
Adela, puedes jugar a la moralista todo lo que quieras,
pero en el fondo sabes que yo tengo la razón.
Es más, ¿qué crees que está haciendo ahorita Miguel en España?
Seguro se está revolcando con la primera que se le cruzó
para hacer sus negocios.
Ese es Miguel.
Sabes que tenía mis dudas de tu resentimiento, Jimena,
pero ahorita me lo dejas clarísimo.
Piénsalo.
Ojalá lo que haya pasado entre Miguel y yo te haya enseñado algo.
Ojalá no te equivoques, Adela, así como lo hice yo.
Una cosa es el orgullo y otra la necedad, Zaragoza,
y tú aquí nada más has estado de necio.
Eres una mierda.
Yo puedo ser lo que tú quieras,
pero, la verdad, me ha ido muy bien desde que me salí de El Salado.
En cambio, ustedes decidieron tener un líder
que tanto el grupo como sus integrantes no le importan.
Don Lamberto puso a un sucesor, a su nieto.
Todos lo acatamos, era lo correcto, menos tú.
Si Miguel no es uno de nosotros, hombre, y no lo va a ser nunca.
Ya es hora que te des cuenta que el viejo Lamberto se equivocó.
Lo bueno es que el Coyote sí recapacitó.
Coyote era una rata, igual que tú.
Por eso lo maté.
Entonces no te arrepientes de nada.
¡nunca!
No, yo no soy un traidor como tú.
Mátame, desgraciado.
Mátame, deja de decir tanta mierda.
Está bueno, como tú quieras.
Lobo,
júntate a los hombres y vamos a terminar lo que vinimos a hacer.
Sí, patrón.
Ahí nos vemos.
Órale.
¿Bueno?
Hola, ¿está Miguel?
Está ocupado. ¿Quién eres?
Soy Adela.
Ah, su secretaria.
Bueno, no, yo...
A ver, está ocupado, ya te he dicho que no te va a contestar.
Dígale, por favor, que es urgente que me llame.
¡Ya, chica!
Te he dicho que está ocupado, no te va a contestar, no le molestes más.
Pensaba que a estas alturas tendrías el prototipo.
Las cosas no han ido como pensaba.
Y con la hermana no ha funcionado.
Chisca estuvo en el cuarto de Miguel, pero no la encontró
y no pudo seguir buscando porque apareció el hombre de seguridad.
Ese tipo no nos deja ni a sol ni a sombra.
¿Pero qué dices?
Si esa es tu única preocupación,
sabes que podemos sacártelo de encima en tres segundos.
Sí, Piero, sí.
Eso es una solución.
Podemos hacer que parezca accidente, un robo.
Yo qué sé.
Eso no es un problema.
Adelante.
Si me lo hubieras pedido desde el inicio,
a estas alturas estaríamos ya en Calabria tomando un buen vino
mientras el mejor químico de toda Italia
estaría analizando la fórmula.
Pero es muy importante que nuestro amigo no sospeche nada.
No te preocupes, confía en mí.
Buenas tardes.
¡Víctor!
No lo puedo creer, ¿eh?
De tantos lugares que hay aquí
y nos tenemos que encontrar en el elevador,
donde nos conocimos.
¿Cómo has estado?
Bien, ya estoy repuesta al 100 %.
Y pues de vuelta a la chamba, no hay de otra.
Qué bueno.
Te ves increíble.
Creo que ya nos vamos a estar topando más seguido.
Bueno, no lo sé, es que encontré unas oficinas al norte de la ciudad
y creo que me mudo la semana que entra.
¿Y eso por qué?
Es que para mí no es fácil estar aquí,
encontrándonos de vez en cuando en el mismo lugar de trabajo.
Yo prefiero que marquemos distancia, es más saludable para mí.
Víctor, podemos ser amigos.
Yo sé que tú sí podrías, pero yo no.
Te he extrañado demasiado.
Y una de las cosas más difíciles que me ha tocado enfrentar es esto,
así que yo prefiero... retirarme.
Te entiendo perfectamente, pero no tienes por qué irte.
Yo quiero tu felicidad y espero que Miguel te la dé.
Y si no es así, pues me avisas
y vamos a ver quién es más fuerte, si el samurái o yo.
Ya sabes dónde voy a estar.
Tienes mi número.
- Te deseo lo mejor. - Y yo a ti.
Esto fue una ejecución, no hay duda.
Quiero una autopsia completa, entréguenme los resultados cuanto antes.
Confirmado, es la madre de Tania de Farchala.
Yo ahorita estoy trabajando para ir a Veracruz.
Si alguien se tomó el trabajo de matar a su familia
es porque algo grande pasa.
Ve a ver a Farchala a la dirección que nos dio tu contacto
y Gary, ten cuidado.
Ay, amor, dejamos un desastre en el cuarto de Paloma, ¿verdad?
Mi amor, estamos aquí, disfrutando el tiempo con nuestra hija
y tú pensando en el desastre en casa.
Perdóname, pero pues es que quería que todo estuviera perfecto
cuando lleguemos con ella.
Pero bueno, no pasa nada tampoco.
Si mi mujer quiere que todo esté perfecto cuando nuestra hija llegue, así será.
¿De verdad te vas a ir a la casa?
- Ay, amor. - Por ti, lo que sea.
Muchísimas gracias. Te amo.
- Gracias. - Te amo más.
Oye, no manejes de regreso si estás muy cansado, ¿eh?
Estoy bien.
Amor, yo prefiero que te quedes en la casa a dormir
y vengas por nosotras mañana.
No voy a dejarte aquí, sola, toda la noche.
Amor, yo no estoy sola, ¿ves?
Sabes a qué me refiero.
Aprovecha para dormir.
Está bien.
Si termino muy tarde, me quedo en la casa.
- Ok. - Te aviso.
Me avisas.
- Te amo. Vas con cuidado. - ¿Cómo están los nuevos papás?
- Muy contentos. - No es para menos.
Ahorita viene tu papi, nos quedamos solitas.
Para ser un hombre muerto, te ves muy fresco, Farchala.
¡Hans!
Felicidades.
Me enteré que acabas de convertirte en padre.
Más vale que no te muevas,
no queremos que se me salga otra bala de esta pistola.
¿Qué? ¿Otra?
La que recibió la madre de tu mujer.
¡Desgraciado!
Nunca terminé de creerme ese cuento
que te hubieras estrellado contra un árbol.
- ¿Cómo me encontraste, ah? - Eso no importa,
lo que importa es que me des la fórmula de la efilina
para que tú puedas seguir disfrutando
de tu vida campirana con tu familia.
No la tengo, nunca logré terminarla.
¿Quieres que me crea que este cambio de identidad,
nueva casa, nuevo coche, fueron a cambio de nada?
¿Ah?
¡No! ¡Así fueron las cosas!
¡Ah! ¡Así fueron las cosas!
Contraté a alguien para que nos hiciera una nueva identidad.
Queríamos escaparnos.
No te creo, ¿y sabes qué?
No tengo tiempo para juegos,
así que habla o tu mujer y tu hija van a recibir un balazo cada una.
- ¡Habla! - ¡Está bien! ¡Es verdad!
Desarrollé la fórmula, la terminé.
- ¿Y dónde está? - ¡No sirve!
Tiene un fallo que nunca logré resolver.
¿Qué falla?
Un efecto colateral.
Sigo trabajando en la solución.
Por eso estoy aquí, necesitaba tiempo para pensar,
pero voy a retomar el trabajo.
Te juro por mi hija que...
la fórmula no sirve.
Tarán
Te desocupé la mitad del clóset.
Dizque clóset, porque no hay mucho espacio,
pero pues, no sé dónde vas a caber porque traes muchas cosas.
No, mira, no te preocupes.
Este lo dejamos, a ver, aquí,
y pues, nada más acomodamos esta ropa, ¿qué te parece?
A ver.
- No. - No, sí.
Hay que acomodar las cosas.
Si no las acomodamos ahorita, ya nunca las voy a acomodar.
- Bueno, te ayudo. - A ver.
Oye, y dime,
¿cómo le vamos a hacer con la onda de los gastos aquí?
Ah, pues a medias, ¿no?
Digo, por eso te traje a vivir aquí, no creas que fue por otra cosa.
Ah, sí, ya sé.
Y aquí, el lugar este,
- ¿se lo rentas a alguien o...? - Lo rento a Pilar.
¿Y Pilar?
¿Qué? ¿Pilar qué o qué?
Pues no sé, digo, ya no supe nada de ella.
Mira, Jorge, lo único que te puedo decir de Pilar
es que es una gran persona,
te podría decir que hasta me salvó la vida.
¿Y eso? ¿Qué? ¿Cómo fue o qué?
Kenia,
¿te puedo preguntar algo?
- Sí. - ¿Por qué siento como que...?
No sé, me escondes algo o que no me quieres decir algo.
Bueno, Jorge, porque pues, todo el mundo tiene cosas que no le dice,
pues, a toda la gente, ¿no?
Yo no. Digo, si quieres, yo te puedo contar lo que tú quieras, ¿eh?
No hay nada que esconder.
- ¿De veras? - Sí, en serio.
¿Y tu familia se sigue dedicando al tráfico?
Sí, me imagino que sí.
¿Cómo? ¿Sí o no?
Hasta donde yo tengo entendido, son transportistas.
¿Cómo que transportistas?
Sí, transportistas.
O sea, sacan la mercancía del país
y la llevan, no sé, a Estados Unidos o a otro país, depende el caso.
Quiero todo tu trabajo, las notas, lo que hayas hecho hasta ahora.
¡No tengo nada!
Ahí está la computadora, revísala si quieres, no hay nada.
¿En dónde está? ¿Quién lo tiene?
¡No puedo respirar!
Miguel, Miguel Garza.
Ese imbécil me robó la efilina en frente de mis narices.
No te robó nada, la fórmula no sirve, ¡ya te lo dije!
- Levántate. - ¡Ay!
¡Por favor! ¡No tienes que hacer esto, Hans!
¡Hans!
Solo te traía para matarte lejos de la entrada,
pero esto está mucho mejor de lo que pensaba.
¡Hans!
¡Puedo trabajar para ti!
¡Deja de mentir, que se te nota!
¡No, Hans!
¡Hans!
¡Hans! ¡Por favor!
¡No, Hans! ¡Hans!
¡Abre, Hans!
¡Hans!
Adiós, viejo amigo.
¡Por favor, abre!
¡Abre, Hans!
¡Abre!
¡No puedo respirar!
¡Hans!
Míster Jackson, lo entiendo, pero entiéndame a mí también.
No puedo dejar que las avionetas despeguen sin la autorización del señor Zaragoza.
Mire, él ya no tarda en llegar.
En cuanto despeguen las avionetas, yo le aviso.
Ok.
Ok.
Ey, quietecito.
El arma.
Celular.
Aquí está, patrón.
¿Qué hubo, amigo?
¿Y ahora con quién estabas hablando por teléfono?
No te preocupes, hombre, que no le voy a decir nada a Zaragoza.
Y aunque le dijera, de nada iba a servir porque está bien muerto.
¿Entonces?
Es...
Es del cliente.
El señor Jackson.
Hola, ¿señor Jackson?
¿Sigue ahí?
Sí, no, no se preocupe,
que sus aviones y su mercancía está por salir,
nada más que ahora va a tener que negociar conmigo.
¿Que cómo me llamo?
Epigmenio Moncada, para servirle.
- ¡Bueno! - ¡Eh!
Os voy a presentar a un compadre que es una cosa extraordinaria,
un tío estupendo.
- Va a venir para acá. - Pero ¿va a traer mujeres o algo?
Sí, va a traer, a alguna amiguita traerá, golfos, que sois unos golfos.
El número que usted marcó no está disponible.
Miguel, ¿qué pasa, tío?
Me tienes abandonado, ni me llamas ni me escribes.
Yo no sé el tiempo que llevo esperándote.
Me parece muy bien que esta mujer te esté dejando seco como una mojama,
pero, hombre, haz el favor, ponte un albornoz, contéstame,
y si no, lo dejamos como hablamos, si te parece.
Si veo que no me llamas, lo dejamos así. Venga, un besito. Hasta luego.
Mesero, ¿me trae otro café, por favor?
Sí, señorita.
¿Otro?
Llevas cuatro.
¿También me vas a dosificar mi café?
Qué raro eres, Shiro.
¿Estás enojado porque me metí al cuarto de Miguel sin permiso?
Yo no me enojo.
Shiro, todos se enojan.
Yo no.
¿En serio?
En serio.
¿Cómo le haces?
Estamos entrenados para inhibir ciertas emociones.
Como un robot.
Eso suena horrible.
Horrible es no poder dominarse a uno mismo, ¿no crees?
Esa fue una indirecta, ¿verdad?
O sea, que tú no puedes enamorarte.
La ira mata,
el amor revive.
¿Por qué inhibir el sentimiento más hermoso?
Chisca, ¿me acompañas a por unas camisas?
Claro.
Bueno, y a ti...
Contigo no gasto ni saliva,
porque te diga lo que te diga, nos vas a acompañar como un perrito.
- Chisca. - Sí, ¡ya voy!
¿Bueno?
Sí.
¿Quién habla?
¿Qué pasó, Mario?
¿Cómo que se murió Zaragoza?
Hola.
- Gracias. - Buenas.
Afloja.
¡Vámonos!
- ¿Qué acaba de pasar? - ¿Qué fue eso?
- ¿Qué pasó? - Unos tipos intentaron atacarme.
¿Qué? ¿Por qué?
No lo sé, al parecer intentaron asaltarme.
Es increíble, ¿eh?
Es que ya no se puede estar seguro en ningún sitio.
La fiebre no cede.
No sé, creo que está intoxicado o algo así.
¿Por qué no lo podemos llevar al hospital?
No es necesario.
Ay, ¿qué más puedo hacer?
Miguel solo necesita ayuno y meditación.
Ya lo intentó.
Que lo intente más.
El cuerpo debe de aprender a curarse a sí mismo.
¿Cómo vas?
¿Me extrañaste?
Aquí estoy.
Soy toda tuya.
Esto no puede estar pasando.
Es que el primero que tiene que estar enterado de esto es el patrón.
Pues sí, por eso le estoy hablando, pero no lo puedo localizar.
Hay que seguir insistiendo, doña.
- ¿Que no van a desayunar o qué? - No, gracias.
El número que marcó no está disponible.
¿Pasó algo?
Es que estoy tratando de localizar a Miguel
y no puedo encontrarlo por ningún lado.
- ¿Tú has podido comunicarte con él? - Pues, no directamente.
¿Has podido hablar con él sí o no?
Bueno, le hablé a su celular y me contestó una vieja.
Me dijo que Miguel estaba ocupado.
- ¿Quieren que le vuelva a llamar? - Sí.
El número que usted marcó no está disponible.
Ahora manda directo a buzón.
¿Me pueden explicar qué está pasando?
- Mataron a Zaragoza. - ¿Qué?
Sí, por eso estoy tratando de localizarlo, porque nosotros no sabemos cómo proceder.
Bueno, pues háblenle a Chisca o a Ishiro.
¡Ay, tienes razón! Espérame.
Hola, Ishiro. Este, ¿has hablado con Miguel?
No, no he hablado con Miguel.
Tampoco está contigo, ¿verdad?
- No. - ¿Y sabes dónde está?
Viajó a Sevilla para comprar una finca.
¿Y no te dejó un teléfono donde poder localizarlo o algo así?
No, yo mismo he tratado de localizarlo sin éxito.
Bueno, si te llama, por favor, dile que se comunique, que es urgente.
- Eso haré. - De verdad es urgente.
Miguel no aparece por ningún lado.
- Esto no está bien. - ¿Qué hacemos?
Pues no sé, si las cosas siguen así, voy a tener que ir a Ciudad Jiménez.
No, eso no creo que sea una buena idea, doña.
¿Y qué hacemos? Miguel no está aquí para dar la cara.
Es que yo insisto en que esto no está bien.
Miguel no desaparece así, de la nada.
No es la primera vez que nos deja por ir a cerrar un negocio.
Tú lo dijiste, "que nos deja", pero ¿Ishiro?
¡A Ishiro le confía todo! Ni siquiera él sabe en dónde está.
Bueno, lo que tenemos que hacer es calmarnos.
Yo creo que nos estamos precipitando.
Sí, ¿verdad?
A lo mejor ni siquiera hay señal en ese rancho.
A lo mejor.
¿Sabes?
Siempre había pensado que el hombre perfecto no existe,
hasta que te conocí.
Solo necesitas que te rasure un poco
para que te veas como el primer día en que te conocí.
Yo solo quiero un poco de aprecio, cariño.
No pido tanto, ¿no?
No, no lo creo.
¿Te imaginas cuántos años podríamos durar aquí?
¡Podríamos hasta cultivar nuestra comida!
Tener un huerto, animales acá, allá.
O mejor aún,
podríamos ser como vampiros
y estar aquí, enamorándonos,
haciendo el amor
y bebernos a nosotros mismos.
Sí, sería maravilloso.
Eso es verdad.
Ahora regreso.
Es la hora.
El número que usted marcó...
Sigue sin contestar.
Peligros, tenemos que tomar una decisión.
Démosle un poco más de tiempo, doña.
Peligros, ¡por Dios! Esto no es normal, tenemos que hacer algo.
- Adela, tenemos que esperar. - No, ya no es opción.
Algo está mal, estoy segura.
Amor, ¿qué pasó? ¿Dónde estás? Me tienes muy preocupada.
Llámame en cuanto puedas.
Ya nos vamos, chiquita, ¿eh?
- Ya nos vamos. - ¿Sigue usted aquí?
Eh, sí, pero me acaba de llamar mi esposo que ahorita viene por nosotras, así que...
¿Por qué no pasa a esperarlo adentro?
Eh...
No, estoy bien aquí. Muchas gracias.
Bueno, si necesita cualquier cosa, estaré adentro, ¿eh?
Gracias.
Deténgase, por favor.
Gracias.
No, por favor.
Vámonos.
Sáqueme de aquí.
Vámonos, por favor.
¡Miguel!
¡María!
¿Miguel?
¡María!
¡Paco!
Cariño, has venido por más vino, yo lo sé que te gustó.
Dame un beso.
Ya me gustaría decirte que sí, pero no. Vengo buscando a Miguel.
- ¿A Miguel? - Miguel.
¿Qué pasa que ya no te acuerdas de tremendo paquete?
Paco, tú no tienes pelos en la lengua, ¿eh?
Anda, María, que somos adultos.
¿Te lo has merendado ya o sigue vivo?
Pues mira, sigue vivo, pero se ha marchado.
¿Cómo que se ha marchado?
- ¿No te lo dijo? - No.
Pues mira, por desgracia, no pudimos cerrar el trato,
pero pues, se tuvo que marchar a Madrid de emergencia.
Vaya, no me ha dado la impresión de que fuera un tipo con tan poca clase
para marcharse sin despedirse, pero bueno, uno ya no sabe.
Bueno, Paco, pero no te preocupes.
Me dijo que me despidiera de ti,
que te dijera gracias y que lo sentía por haberse marchado así.
- Por ahí se va a salvar. - Bueno, dame un beso.
Gracias por venir, Paco.
Muchas gracias.
¡Aquí estoy!
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