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En la cima del amor Sacrificio y dolor
Cierran tu corazón
Como siempre
Se deslumbra el sol con tu voz
Y una llama enciende la ilusión
El amor es maravilloso
Y el poder es peligroso
¡Y voy con la misión!
Defender tu corazón
Y pelear como un guerrero
Y yo sin condición
Mira en el espejo Y ve quién hay en su reflejo
El último dragón
El último dragón
¿Señorita?
Tranquila, ¿eh?
Oiga, solo quiero venir...
- Bueno, quería ver si podíamos... - ¿Qué está pasando?
- No. Quiero hablar con ella, perdón. - ¿Quién es usted? ¿Quién lo dejó entrar?
No... Déjeme hablar con ella.
- ¿Qué hace aquí? ¿Es familiar? - Quiero hablar...
Entonces, no tiene nada que hacer aquí. ¿De qué quiere hablar con ella?
No es familiar. Vámonos, por favor. No moleste a los pacientes.
No debe de estar aquí. Vámonos.
Ay.
Jorge, es que, pues, eso de...
No, la verdad es que yo no soy esa clase de chava.
Pero tú eres la chava que me gusta.
Pues sí, pero...
Pero eso de casarme y tener hijos, la neta, no es lo mío.
No es lo tuyo. ¿Y salir volando por edificios sí es lo tuyo?
Bueno, pero esto es lo que a mí me gusta, Jorge,
la aventura, ser libre.
Yo no puedo aferrarme a algo que no soy.
Tú me aceptaste con todos mi defectos.
Y lo voy a hacer siempre.
Pero yo amo esto que tenemos.
¿No lo podemos dejar así?
Con tal de estar contigo,
podemos dejarlo como sea.
Sentí que me ahogaba, no podía respirar.
Esa sensación de ahogo es el estrés postraumático.
Aspiró mucho humo, es normal que sueñe con ahogarse.
Se sentía muy real.
Lo que necesita es descansar.
- Dora. - Con permiso.
Solo vine un rato.
Qué bueno verte por acá.
Sí, quería ver si estabas bien.
Qué padre ver una cara conocida, lo extrañaba.
Las autoridades cada vez aprietan más, es casi imposible no dejar rastro digital.
Flaco, todo lo que me cuentas son problemas.
Ya te he dicho que a Miguel hay que llegarle con soluciones.
Pues vamos a necesitar el Alfamatrix.
- ¿Y eso qué es? - Es una empresa australiana
que se encarga de borrar todas las huellas informáticas
haciéndolas imposibles de rastrear.
Ah, caray.
Interesante.
Y absolutamente necesario.
Bueno, ya empezaron las obras en la oficina,
Miguel quiere que regresemos a trabajar allá cuanto antes.
Yo ya me pongo con esto, tengo buenos contactos.
Está bien.
Yo, mientras, me voy a hacer cargo de otros asuntos personales de Miguel.
Ay, qué misterioso.
No, ningún misterio.
Nada más tengo que encontrar un lugar apartado y seguro.
¿Para qué o qué?
Llegó la hora de probar la efilina.
- ¿Ese Gato vino hasta acá? - Ajá. Vino a verme.
Te dije que esa gente solo quiere dinero y tú caíste en su trampa.
Te dije que no le contaras a Miguel.
Dora, no podía quedarme callada.
Le volviste a abrir la herida.
- ¿Qué caso tenía? - Bueno, esa nunca fue mi intención.
Yo lo único que quiero es ayudarlo a encontrar respuestas.
A mí me parece que eso más bien es cosa tuya.
¿Cómo que cosa mía?
Pues sí, no sé, por morbo, por curiosidad.
Como siempre estamos en boca de todo el mundo.
Por supuesto que yo no lo hice por eso.
¿Y por qué he de creerte?
- Porque Miguel me importa. - No seas cruel, Adela.
Miguel era un niño cuando esto sucedió, no lo hagas pasar por lo mismo otra vez.
Él me dijo que estuvo bien que se lo dijera.
Ay, pobre, ¿qué querías que te dijera?
Además, no juegues con eso.
No quiero que te pase nada malo.
- ¿A mí? - Pues sí,
no sabemos qué hay detrás de todo esto, puede ser peligroso.
Lo mejor es que te olvides del atentado y de ese Gato.
Señor secretario.
Héctor, no puede presentarse aquí así nada más.
Necesito un minuto nada más de su tiempo.
- Quiero un dato. - Mire, yo ya le dije todo lo que podía.
- Por favor. - A ver...
No quiero que me vean hablando con usted.
El arma homicida en el caso de mi hermana Helena
era una Beretta 9 milímetros, ¿correcto?
Así es.
Pues, eh...
Necesito ver las pruebas de balística.
Mire,
yo no tengo esos archivos.
Lo que yo tengo son los documentos falsos que indican
que el tiro fue hecho con cuerno de chivo.
¿Y dónde están los archivos originales?
Héctor, por favor, ya váyase,
yo no quiero meterme en problemas, entiéndame.
¿Quién tiene la información, secretario?
El forense encargado del caso.
Lo siento, pero no puedo ayudarle.
Vea bien. Por favor.
A estos dos hombres los mataron con una Beretta 9 milímetros.
Las balas son idénticas.
Sí, puedo verlo, pero de verdad no sé qué quiere que le diga.
Necesito que las compare con las que mataron a Helena Bernal.
¿Helena Bernal?
¿Sabe qué? Este... no puedo ayudarlo.
No. Sí, sí puede. Por favor.
Déjeme ver qué puedo encontrar.
Estas son las pruebas de balística.
Efectivamente, son idénticas.
- ¿Lo lograste? - Sí.
Ay, tacos.
Ay, ya no sé si me da más gusto verte a ti o a los tacos.
A partir de mañana vas a poder comer lo que quieras sin supervisión.
No, hombre, hasta crees.
El doctor me va a dejar la dieta del ajo y el agua.
- ¿Cuál es esa? - A joderte y aguantarte.
Ay, ¿a poco no habías escuchado esa? Es muy buena.
Me da gusto que estés de vuelta.
¿Casi me pelo para el otro lado?
- Casi. - Mi abuela nunca me lo hubiera perdonado.
Por cierto, ni una palabra de esto a ella, ¿eh?
Ya se lo contaré yo cuando me instale en otro lado
y esté más tranquila.
Regresa conmigo a casa.
- ¿Cómo? - Tu habitación está como la dejaste.
Gracias, pero no, yo no quiero incomodar a nadie.
Ay, no te hagas la difícil.
La verdad, sí me debería de hacer de rogar un poco más, pero como estoy comiendo.
Nada me daría más gusto que tenerte de regreso.
Te necesitamos.
¿Todos? ¿O tú?
Yo.
- ¿Y dónde estás ahora? - En Italia.
Vine a ver unos negocios.
¿Y tú qué tal? ¿Cómo estás? ¿Qué tal todo?
¿Qué tal con lo de Miguel?
Lo de Miguel va bien.
¿Algunas novedades?
Que ya está lista la efilina.
Tan lista que la va a probar él.
¿Va a probar la efilina Miguel en él mismo?
Así es.
Está pidiendo que lo lleven a un cuarto seguro para poder hacerlo.
Vaya, pues sí que tiene que estar convencido para hacer eso.
Sí, dice que ahora sí el negocio va a cambiar para siempre.
Te tienes que enterar cómo le va.
¿Vale? Y en cuanto lo sepas, me llamas.
Sí, ya sé, Valentín.
- ¿Qué pasa? - No, nada.
Nada más me acuerdo cuánto tenía que rogarte
para que me contestaras el teléfono.
¿Qué quieres decir?
Que si se trata de Miguel, mira, aquí estás.
Lleva razón, mi amor, lleva razón. Perdóname, soy un imbécil.
Siempre estoy hablando de negocios.
Te extraño.
Y yo a ti, mi amor, y yo a ti, mucho.
Me encantaría que estuvieras aquí en este hotel, en este cuarto,
en este sofá.
¿Sí te hago falta?
Claro, ¿qué pregunta es esa? Claro que sí.
Sin ti soy el hombre más aburrido del mundo.
Bueno, entonces, quizá te pueda ayudar con algo de imaginación.
Prefiero ver que imaginar.
Cállate.
Bendita tecnología.
¿Qué pasa?
¿Me vas a dejar así?
No.
Bueno, ya está todo listo para que regreses a mi casa.
Oye, ¿qué pasa? ¿No te da emoción salir de aquí?
- No, claro que sí. - ¿Pero?
Víctor, no sé ni por dónde empezar.
¿Por qué mejor no por Miguel?
Perdóname, por favor.
Sí sabes que hice todo lo posible para enamorarte, ¿verdad?
Tú no te mereces esto.
Pero no te enamoraste de mí, te enamoraste de Miguel.
Te juro que yo nunca te quise lastimar.
Y solo quiero que sepas que disfruté muchísimo...
...cada momento que compartí contigo.
No, por favor.
No, no me digas eso que se hace todavía más difícil.
¿Tú crees que podamos ser amigos?
No.
Te amo demasiado como para eso.
Pero ¿quién quita?
A lo mejor, podemos encontrarnos en el elevador con un sándwich asqueroso.
Sí sabes que puedes contar conmigo siempre, ¿verdad?
Y tú conmigo.
MIAMI, FLORIDA. ESTADOS UNIDOS
Espéreme un minuto, ¿sí?
- Hola, buenas tardes. - Hola.
- La de siempre, por favor. - Sí, claro.
HABITACIÓN 13
- La de siempre, por favor. - Sí, claro.
HABITACIÓN 13
Señorita, ¿me puede decir a qué habitación va a ese señor?
No le puedo decir, cada quien su cochinero, ¿no?
Ah.
Bueno, ¿y qué tal si me cuenta un poco del cochinero de ese señor?
- Pues, todo depende qué quiere saber. - Mucho.
O digamos que todo.
¡Ey!
¿Y Jorge?
- Fue a la cocina, que nos dio hambre. - Ah, ok.
Oye, una pregunta medio tonta.
Pero, este...
¿es verdad que puedes espiarle a alguien usando nada más una computadora?
- Sí. - Digo... ¿Sí?
Pregunto porque tengo una amiga que está saliendo con un tipo que...
- Ya sabes. Y, pues, le quiero mostrar. - Sí, mira.
Mientras tengas una videollamada de tu computadora a su computadora.
Sí, sí tengo. Esa.
- Sí, ya la vi. A ver. - Y es este.
Listo.
- ¿Ya? - Ya.
Digo, mientras no cierre su computadora vas a tener acceso,
pero no vas a oír nada, nada más vas a ver.
Ok. Guau, padrísimo, muchísimas gracias.
Ay, Chisca.
Si supieras toda la gente que lo hace.
¿Sí?
Órale. No, pues muchas gracias, ¿eh? Bueno, ella te lo agradece, no yo.
Ella.
- ¿Todo bien? - Sí. Todo superbién.
- Sí. - ¿Pudiste ver algo?
- Sí. - ¿Y?
Y es una idiota.
Muchas gracias.
De nada.
Ay, Chisca.
- Mira quién viene. - ¡Adri!
- Ey. - Eh, ¿me sirves otro, por favor?
¿Sigues enojada conmigo?
No. En realidad, tú no me importas.
Adri, ¿vamos a seguir así el resto de nuestras vidas o qué?
Por mí no hay problema, ¿eh? Yo estoy superbién, neta.
¿Qué tengo que hacer para que me vuelvas a hablar?
A ver, ahorita que Ángel se fue a vivir a Miami,
- vienes a llorar conmigo. - Ya.
Sabes perfectamente que Ángel no me importa.
Ángel no me importa y lo sabes. La que me importa eres tú.
Eres la única amiga real que tengo, ¿ok?
La única que me quiere y me cuida y que es real conmigo,
la única que me dice las cosas a mi cara.
Ah, fíjate que sí debería practicarlo un poquitito más seguido.
Hagamos eso. Dime lo que me tengas que decir.
Estoy lista.
Está bien.
Eres una idiota.
Ok.
Y una necia que se queja por todo.
Ok.
Ah, y me supermegaultrapudre
que me pidas un consejo y luego no hagas caso.
Ok.
Y tienes pésimo gusto para elegir hombres.
Y también pésimo gusto para elegir tu ropa, ¿eh?
Ok, eso no me lo esperaba, pero ok.
- Si quieres podemos seguir toda la noche. - Está bien, date. Me lo merezco.
Perdóname, ¿ok? Te extrañaba muchísimo.
Yo también, tonta. Pero a veces sí necesitas unas cachetadas.
Dámelas, está bien. ¡No, era broma! Era broma.
A ver. ¡Vámonos de fiesta a mi casa! Sí, ¿no?
- Vámonos. - Yeah.
- ¿Y eso por qué o qué? - ¿Cómo que eso por qué o qué?
Agarramos el avión, hora y media estamos en el rancho, superfiesta.
Tengo a mi amiga de vuelta.
Un shot, ¿no? Por favor.
O dos o tres. Bueno, va.
No entiendo para qué me hiciste venir, Carlos.
- Tienes que tener mucho cuidado con Edna. - ¿Y desde cuándo te preocupa lo que digo?
Con ella es diferente.
Mejor ocupa tu tiempo en averiguar quién puso la bomba.
- Bueno, si quieres puedo hablar con... - ¿Con tu amigo Epigmenio?
No te preocupes,
ni Edna ni nadie se va a enterar de que yo manejo tu dinero sucio.
- Eso me deja mucho más tranquilo. - A quien quiero tranquilo es a Epigmenio.
Si algo me llega a suceder a mí o a mi familia,
te voy a hacer responsable.
Yo no tengo poder sobre Epigmenio.
No me hagas reír, Carlos.
Mira, yo nunca voy a quebrar el trato que hicimos, te doy mi palabra.
Por el bien de esta relación...
...te aconsejo que elijas mejor a tus amistades.
Yo sé que todavía tengo. Lo tengo escondido.
Ay, ¿y no se echa a perder ahí dentro?
No es queso, Adri.
Chisca, ¿eres tú?
Ay, me espantaste.
- ¿Estás bien? - Sí, bien, me espantaste.
- ¿Hasta la borrachera se te bajó? - No, yo no estoy borracha.
Me tome una, ¿verdad, Adri? Me tomé una.
Sí. Hola, Dora.
Perdón por el ruido, es que, pues, llegamos con mucha hambre y...
Perdón.
Nada más vamos a agarrar ropa porque nos vamos al rancho.
¿A esta hora?
Sí, necesitamos relajarnos.
Sí, solo necesitamos, pues, estar en la alberca,
el solecito, buena comida.
Dora, no pongas esa cara.
Aparte, ya no me puedes decir que no porque pedí el avión.
Ay.
Está bien, pero se van con cuidado.
¡Sí!
Ay, hijas.
Vas.
¡Y esto lleva vacío media hora!
Ah, ok. Ok, le traigo otra.
¡Por favor! ¡Gracias!
- De verdad, qué amable. - Sí, voy.
¡Guau!
Pues, neta, estoy hasta el tronco, ¿eh?
- Ya no puedo más. - Ay, tu carita.
¡Sí se puede más!
- Siempre se puede más. - No, ya.
- Ya. - ¡Sí!
- Salta y se te baja. - No, ¿cuál salta?
- Salta y se te va. - Salto y me mato. O sea, no puedo.
- Neta no, estás loca. - Te lo juro que sí.
¿No puedes más? ¿Eres una viejita o qué? No, ¿verdad?
- ¿Cuál viejita, Chisca? - ¿No? Exacto.
Tú eres una profesional.
Perfecto.
Bienvenida a casa, Adela.
- Gracias. - ¿Adela?
¿Qué onda, Adela?
Eh, ¿cómo estás?
Perdón. No...
Es broma, mi George.
Eso quiere decir que ya estás bien, ¿no?
Adela, no esperábamos verte por aquí tan pronto.
Gracias. Yo también me alegro de que estés bien.
Digo, estábamos preocupados por ti.
- Adela, qué bueno que decidiste regresar. - Hola.
Pues, ¿qué te digo? No me pude negar ante tanta insistencia.
Qué bueno.
Miguel, Chisca se fue al rancho con unas amigas.
Quería despejarse un poco. Hablé con Mario, todo está bien.
Ah, gracias por avisar.
¿Te acompaño a tu cuarto?
Gracias.
Está todo igualito.
Bueno, lo que no te llevaste.
Le pedí a Rosario que dejara todo como estaba
por si un día querías regresar.
Tanto me conoces.
No, pero tenía muchas esperanzas.
Permiso.
Bueno.
Yo no veo nada, ¿eh? No veo nada.
Rosarito.
¿Y ahora qué me trajiste?
Chilaquiles verdes, tus preferidos.
Sin cebolla, ¿eh? Por las dudas.
Bueno, yo me voy porque parece que aquí espantan.
- Con permiso. - Te acompaño.
No, no hace falta, señor, usted, por favor, siga en lo...
Te dejo para que descanses.
Después de ti.
Gracias, Rosario.
Destrozaron todo, Ishiro.
Va a estar mejor ahora, Trejo, estoy seguro.
Miguel me pidió que implementara medidas de extrema seguridad.
Sí, estuve conversando al respecto con el Flaco.
Lo que pasó no puede volver a suceder.
Y además de las medidas en el área informática,
¿qué podemos hacer para asegurar este lugar?
Todo está controlado.
Vigilancia, puntos de acceso, puertas eléctricas, llaves especiales.
Hablando de llaves.
Por favor, dásela a Miguel cuando lo veas.
Es la suite que le conseguí. Ya te envié la ubicación a tu celular.
- ¿Es un lugar seguro? - Me encargué de que sí lo fuera.
Lo conversé con Miguel
y me dijo que iba a tener el celular apagado algunas horas.
Así es. Nadie puede hablar con él hasta que él se comunique.
- Perfecto. - Bien, Trejo.
Con cuidado, ¿eh?
Ok, ¿listos?
¡Escuchen esto!
¡Renata!
¡Ven a bailar conmigo!
- Mira, escucha. - A ver.
- No la hice yo. - Increíble.
- ¿Verdad que sí? - ¡Sí!
- ¡Me encanta! - ¡Qué bueno!
- Señorita. - ¿Qué quieres?
- ¿Puede venir conmigo? Acompáñeme. - No, no puedo.
Estoy superocupada.
- Es urgente. - Tráeme más tequila.
- Por favor, venga conmigo. - ¡Ey!
Por favor, venga conmigo, es urgente.
- Tú estás a cargo de la fiesta... - Seguro.
- Venga, es por acá. - ¿Cuál es tu...?
¡Estoy caminando tan rápido...!
- Venga, señorita. - Mira. Sí, veloz.
Aquí, señorita, aquí es.
Así la encontré.
Adri.
Adri, despierta. Adri.
Adri. ¡Adri! Pásame...
- ¡Pásame una toalla mojada! ¡Adri! - Sí. Ahí voy.
Adri.
Adri, ¿qué hago?
¡Despierta, por favor! ¡Adri!
- Tenga. - ¡Adri! Adri, ¡despierta!
Adri, ya estoy aquí. Está bien.
Adri, ¡despierta, por favor!
¡Despierta!
¡Adri!
Señorita, ¡no le pegue así!
¡Cállate! ¡Ve a buscar ayuda!
Sí.
Adri, ya despierta.
Adri.
¡Adri!
¿Cómo te salvo?
¡Adri!
- Está muerta. - No, no puede estar muerta.
¡No! Vamos a llamar...
- Vamos a llamar una ambulancia. - No.
- ¡Dame mi teléfono! - No.
- Tranquila, señorita. ¿Sí? - Dame mi teléfono.
- Tranquila, ya no se puede hacer nada. - Tú no sabes eso.
Mire, de esto no se tiene que enterar nadie, señorita.
Si llega a llamar a la ambulancia, le va a llamar a la policía
y va a venir a investigar
y ahí sí nos va a cargar el demonio a todos, entienda, por favor.
Mire, tómese esto, por favor.
Sí, señorita.
Tenga.
Escúcheme, por favor.
Necesito que regrese a la fiesta como si nada.
- ¡Yo no puedo hacer...! - ¡No, sí puede!
Sí puede.
Mario...
...no la desaparezcas.
Es mi amiga.
Vamos, señorita.
No me quiero ir.
Vamos.
Venga.
Venga, señorita.
Va a estar bien Adri.
Va a estar bien.
Va a estar bien.
Miguel, ¿ya llegaste?
¿Adela?
¿Qué hice?
- ¿Dónde está? - En una bodega.
Estamos esperando a Peligros.
¿Le dijiste a Peligros?
No teníamos opción.
Necesitamos encargarnos de este asunto, no podemos...
¡No es un asunto, es mi amiga!
Señorita, necesito que regrese a la alberca
y que le diga a todos que se regresen a su casa.
¿También le vas a decir a Miguel?
Señorita, por favor.
No puedo.
No puedo regresar y actuar como sin nada,
y luego decirles que se vayan, se van a dar cuenta.
Pues se va a tener que inventar algo.
Ah, sí, superfácil para ti decir.
- ¿Nada, Flaco? - Nada, carnal.
Y ojalá Jorge no se tarde mucho, ¿eh?
Ya Ishiro y Peligros deben estar en algo.
- Ya prendió su celular. - Bien.
Miguel, tenemos un problema.
¡Ya estoy muy cansada! ¡Ey!
Ya estoy muy cansada, ya la fiesta ya acabó.
- ¿Cómo, Chisca? - ¡No!
Si acaba de empezar.
Váyanse a sus casas, esto ya terminó.
- Chisca, pero... - No me importa.
Adri ya se fue.
Adri ya no está aquí.
¡Váyanse! Ya los está esperando el avión.
El avión ya los está esperando.
¡Ya váyanse!
Adri ya se fue.
Por aquí, por favor.
Ahí está.
- Eso es mío. - A partir de ahora,
harás lo que yo te diga.
¿Y si yo no quiero?
No te estoy preguntando.
¿Dónde está Peligros?
Está resolviendo el problema en que te metiste.
Ayuda a vestir a la señorita, por favor.
Sí, señor.
MIAMI, FLORIDA. ESTADOS UNIDOS
Sánchez Morris.
Sí.
Perfecto.
¿Estás viendo cómo te ganas tu dinerito?
Va. Voy para allá.
Ya está todo listo en México.
Me voy a quedar con Mario para asegurarme de que no quede
ni un cabo suelto.
¿Está bien, señorita?
No sé qué pasó.
Fue un accidente, te lo juro.
Yo no quise que...
Ya, no se torture.
Necesita descansar.
Esto es una pesadilla.
Vamos.
Suba.
¿Qué van a hacer con su cuerpo?
Era mi amiga. No pueden nada más tirarla por ahí.
¿La van a llevar al D. F.?
Sí.
Me acordé de la vez que me fui a Europa con Adri.
Acabábamos de terminar la preparatoria.
Nos íbamos a ir del aeropuerto al hotel en metro,
teníamos tantas maletas que no cabíamos.
En una de las estaciones,
a Adri se le atoró la maleta entre las puertas
y ahí estábamos las dos jalándola como histéricas,
como si nuestra vida se quedara ahí.
Terminamos en el piso muertas de la risa.
Nos está siguiendo una patrulla.
- Ishiro. - Sí.
Tranquila. Tú no dices nada, yo hablo.
- ¿Entendido? - Sí.
Buenas.
¿Sabe a qué velocidad venía?
Buenas tardes.
Me parece que por debajo del límite, oficial.
Usted no es de por aquí, ¿verdad?
No.
- ¿De dónde viene o qué? - Japón.
Japón.
¿Qué hace aquí tan lejos?
- Tengo licencia de conducir, oficial. - No le pregunté eso.
Apague el vehículo y abra la cajuela, por favor.
¿Quiere ver mi identificación y mi licencia de conducir?
- Salga del vehículo y abra la cajuela. - Le voy a enseñar mi licen...
Oficial.
El joven es parte de la seguridad de mi rancho.
Señorita Chisca, buenas tardes. No sabía que estaba en el carro.
- Sí. - Discúlpeme.
Siga adelante, por favor.
- Peligros. - ¿Qué hubo?
Mira lo que encontré en el baño.
A ver.
Ah, caramba, mira nada más.
¿Qué? ¿A poco no sabías que se trataba de una sobredosis?
No, si no lo digo por eso.
¿Entonces?
Es que esta es nuestra. Es la que transportamos.
¿Cómo?
- ¿Tú se la diste? - No, hombre, ¿cómo se te ocurre?
El patrón me mete un plomazo en la cabeza.
No, me imagino que la señorita Chisca la traía.
No, es que eso está raro porque ella no tiene acceso a eso.
Pues, de alguna manera la obtuvo.
Está bueno.
¿Dónde?
Segunda puerta a la derecha.
Aquí, en la cama.
Tenemos el celular de la niña.
Ahora solo hay que hacer la llamada mientras terminamos.
¿Qué llamada?
¿Qué llamada?
Tienes que llamar a los padres de Adri de su celular.
¿Yo? ¿Por qué les tengo que llamar yo? Yo no puedo...
¿No crees que sería raro que los llame alguien más?
Tienes que decirles exactamente lo que pasó.
No. ¿Lo que pasó? Yo no puedo...
No puedo hablar de lo que pasó.
Chisca, lo que vas a decir es que cuando terminó la fiesta,
la encontraste así y no sabes qué hacer, que vengan a ayudarte.
¿Estás loco?
Yo no puedo decir eso, yo no...
No lo puedo hacer.
- Es tu responsabilidad. - Yo no puedo hacer eso.
- Hazlo. - No lo puedo hacer.
- Chisca. ¡Chisca! - No lo voy a hacer.
Ya hiciste lo que quisiste.
Es momento de que hagas lo que debes.
Chisca.
MIAMI, FLORIDA. ESTADOS UNIDOS
La de siempre, por favor.
Sí, claro.
Aquí tiene.
Ya llegó.
HABITACIÓN 13
¡Te tengo!
Escucha.
No retengas a quien se va...
...ni rechaces a quien llegue.
Llegaron.
Vamos.
Por aquí, señores.
- ¡Despejen! - Adri.
Señora, permítame hacer mi trabajo.
- No hay signos vitales. - Pero ¿qué es esto? ¿Qué pasó?
Estábamos teniendo una fiesta y, cuando regresé, la encontré así.
- ¿Es usted familiar de la señorita? - Sí.
Lo sentimos, la señorita hizo lo que pudo, pero cuando llegamos, ya estaba sin vida.
Tratamos de reanimarla, pero lo lamento.
- ¡Tú tienes la culpa! - Señor,
esto es una tragedia, pero no es responsabilidad de nadie.
¡Siempre fuiste mala influencia para mi hija!
Señor, entendemos que está en shock, pero necesitamos espacio para trabajar.
- ¡A ti te voy a denunciar por asesinato! - ¡Escuche!
Ya le dije que esto no es culpa de Chisca.
Ah, ¿no? ¡Esto que están montando es una farsa!
Mira, ¿sabes por qué?
Mira.
Mi hija me escribió, ¿eh?
Estaba en el rancho Garza en una fiesta.
¡En Ciudad Jiménez!
¡Me oíste!
A lo mejor mi hija está muerta, sí, pero ¡tú te vas a ir a la cárcel!
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