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En la cima del amor Sacrificio y dolor
Cierran tu corazón
Como siempre
Se deslumbra el sol con tu voz
Y una llama enciende la ilusión
El amor es maravilloso
Y el poder es peligroso
Y voy con la misión
Defender tu corazón
Y pelear como un guerrero
¡Y yo Sin condición!
Mira en el espejo Y ve quién hay en su reflejo
El último dragón
El último dragón
¿Quieres casarte conmigo?
¿Qué hiciste? Mi amor...
No, no. Reacciona.
¡Reacciona!
Si lo que tú quieres es quedarte con el imperio de tu abuelo,
te aseguro que va a ser un grandísimo error.
Mi nieto Miguel
se va a quedar como el nuevo jefe del grupo del Salado.
Yo les propongo ganar mucho más dinero sin tener que ensuciarnos en absoluto.
No tienes idea de lo que estoy haciendo.
No, es que no tengo que saberlo, eres un Garza, Miguel.
Eres un delincuente con fachada de financiero.
Fíjate, es la primera vez que sonreímos los tres juntos en mucho tiempo.
- Ojalá se repita más seguido, ¿no? - Te odio.
¡No, y no me importa tu vida!
Pero si te atropello, la que se quedará sin chamba soy yo.
Soy chofer. ¿Algún problema?
Ya me dijiste que no estás buscando una relación formal y estoy de acuerdo.
- Yo solo soy tu chofer. - Eres más que eso.
- ¿Podemos seguir siendo amigos? - Yo no quiero ser tu amiga.
¿Por qué no?
Porque estoy enamorada de ti.
Adela.
¡Adela!
Adela, ¿dónde estás?
¡Ayuda! ¡Ayuda!
¡Adela! ¡Contesta!
¡Adela!
Adela.
Adela, ¿estás bien?
¿Estás bien?
- Ay... - ¿Sí?
No, no hables. No hables.
Solo respira.
¿Qué fue eso?
- ¿Qué está pasando? - No lo sé.
Esto no funciona.
- No se escucha nada. - ¡Gritemos!
A ver, silencio, por favor. Silencio.
Usted puede. Vamos, corra. Corra.
Inténtelo, por favor.
- No puedo. - ¿Cómo se llama?
Julia. Vamos. Ya vamos a llegar. Usted puede.
- Funcionó rebién, patrón. - Sí.
- ¿Cuántos creen que se hayan muerto? - Sepa.
Ahorita se lo averiguo, a ver.
Aunque el único que me importa es el japonés.
Campeón, hazme un favor.
Chécame si el japonés voló en pedazos, ¿no?
Eso.
Tranquila. No, Julia. Julia, por favor.
Julia. Ey.
Julia.
¡Flaco!
- ¡Ay! - Ay.
¡Jorge!
- Flaco. - ¡Kenia!
- ¡Flaco...! - Ay, Kenia.
Ay, me duele.
- Me duele. - Ya vi. Ven.
Con cuidado.
Me duele mucho, estoy perdiendo mucha sangre.
- Ya sé. - Estoy perdiendo mucha sangre.
Si algo me pasa, por favor...
Cállate, no digas tonterías. No te va a pasar nada.
- ¿Qué haces? - ¡Te tengo que hacer un torniquete!
¡Estás perdiendo mucha sangre!
- Por favor, aguanta, ¿ok? Aguanta. - No.
- ¡Ah! - Ay, ya sé.
- Ya sé. - ¡Ay!
Ya. Ya, por favor, ya.
Ay.
Jorge. ¡Jorge!
Ven, tengo que ir a buscarlo.
¡Jorge!
Jorge.
¡Jorge!
Puede estar por acá.
¡Hay que irnos de aquí, Kenia!
¡Hay que irnos de aquí!
¡Ahí voy! ¡Ahí voy!
Jorge, ven.
Jorge, nos tenemos que ir de aquí, ven.
Esto se va a caer, por favor. Tranquilo, ven.
Ven, por favor, no tenemos que ir de aquí.
¡Flaco, espérame, por favor!
Míralos, Tacho.
No saben ni para dónde ir, a ver cuánto les dura el susto, ¿eh?
No, hombre, ese susto no se olvida.
Ni modo, a veces pagan justos por pecadores.
Pero aquí el culpable es el japonés.
Y por el bien de todos, ojalá esté bien muerto, ¿o no?
Así mismo.
¡Peligros! ¡Trejo! ¡Ayuda!
Tranquila. Tranquila, todo va a estar bien.
Todo va a estar bien.
Adela.
Adela, no, no te vayas.
No te vayas, Adela.
Tranquila.
Adela, aguanta. Aguanta, Adela.
Aguanta, aguanta, aguanta.
¡Ayuda!
¡Jimena! ¿Estás bien?
¿Me oyes? ¿Estás bien?
¡Miguel!
- ¡Miguel! - ¡Miguel!
- ¡Miguel! - ¡Miguel!
¡Adela!
- ¡Miguel! - ¡Rápido! Hay que salir de aquí.
¡Vamos! ¡Rápido!
- Pero, Miguel... - Rápido, llévatela.
- ¡Vamos! - ¡Kenia!
No te vayas a caer.
Vamos.
Ah.
Un poco más. Ahí está.
Tranquila.
Ahí está.
Te voy a sacar de aquí.
Te voy a sacar de aquí.
Tranquila, Adela, tranquila.
Respira.
Respira. Todo va a estar bien.
Aguanta. Aguanta, por favor, aguanta.
¿Sí? Aguanta. Respira.
Por favor.
¡Vámonos! ¡Salgan todos de aquí!
¡Vamos! ¡Apúrense!
¡Patrón!
¡Jorge!
¡Peli...! ¡Ay!
- ¡Peligros! - ¿Están bien?
¿Qué le ocurrió? ¿Está bien?
Por favor, ayúdame con el Flaco.
¡Hay que salir de aquí rápido!
¡No puedo caminar, Peligros!
- Aguántate. - ¡Ay!
Órale, aguántate.
¡Vámonos! Kenia, tráetelo.
Tráetelo a rastras, aunque no quiera.
¡Pero hay que salir de aquí! ¡Rápido!
¡Ay!
Jorge, nos tenemos que ir ya.
¡Ayuda!
- Miguel. ¿Dónde está Miguel? - Calma. Ya todo está bien.
¡Ayuda, por favor! ¡Ambulancia, paramédicos!
¡Ayuda, por favor! Ayuda, rápido. Rápido.
¡Flaco!
- ¡Kenia! - ¡Miguel!
¿En qué ayudo?
Apúrense, por favor.
Ya estamos aquí. ¡Vamos!
- ¿Dónde está Miguel? - Apúrense, por favor.
¡Ayuda!
¡Miguel! ¡Espera!
- ¡Miguel! ¡Espera! - Él está bien.
- ¡Miguel! - ¡Miguel!
Tranquila, aquí estoy. Aquí estoy.
- Adela. - Miguel.
Politraumatismo de cráneo. Neumotórax.
Aquí estoy contigo. No te voy a dejar.
Adela, mírame.
Respira.
Está cayendo la presión.
No, Adela, mírame. ¡Te lo ordeno, Adela!
Mantenga los ojos abiertos. No se duerma.
- Aguanta. - Trate de mantenerla despierta.
- Adela, aquí estoy. Escúchame. - Señorita, no se duerma.
- ¡Señorita! - Por favor, reacciona.
¡Señorita, no se duerma, por favor!
Ya, no puedo más.
¡Flaco! ¿Está bien el Flaco?
¿Qué?
¿Es en serio?
Enterado.
¿Qué? ¿Qué pasó?
¡Carajo!
¿Que qué pasó, Tacho?
- Que no se murió, patrón. - ¿Cómo que no se murió?
Este japonés parece cucaracha.
- Parece hierba mala. - Sí.
Mira, ya está ahí la policía.
Están empezando a investigar,
no quiero estar aquí, mejor vámonos.
¡Carajo!
¡Flaco!
- No puedo más. - ¡Cuidado!
- ¡Cuidado! - ¡Ay!
Flaco, ¿estás bien?
¡Paramédicos!
¡Ayuda!
- Aguanta. - Me estoy desangrando.
Aguanta, ven.
- Permítame, por favor. - No, yo estoy bien.
Por favor atiendan al Flaco.
Tiene una herida en la cabeza.
Vas a estar bien. Aguántate, Flaco.
¡Ayuda!
Aguanta, carnal. Aguanta.
Veme. Aguanta, carnal.
Aguanta.
Respira. Aguanta, carnal.
¿Te sientes bien? ¿Estás mareada?
Yo estoy bien.
¿Jorge?
¡Peligros, dónde está Jorge!
¡Jorge!
- ¡Jorge! - ¡Jorge!
- ¡Jorge! - Jorge.
- Capitán... - Peligros, ¿dónde está Jorge?
¡Jorge!
- ¡Jorge! - ¡Jorge!
¡Jorge!
Vamos, caminen. Con calma.
Por acá podrán salir, no se empujen.
- ¿Se puede saber qué pasa? - Hubo un estallido.
No sabemos qué fue lo que sucedió, lo estamos investigando.
¿En qué piso?
En las oficinas de Naga Company.
No, no puede ser.
¿Hay más muertos?
- No sabemos eso. Por favor, retírese. - ¡Dígame! ¿Hay más muertos?
- ¿Sí o no? - ¡No lo sabemos!
Por favor, retírese.
Muchas gracias, te avisamos si escogemos este hotel.
Ok.
¿"Ok"? Ok.
¿Te está gustando esto mucho? ¿Lo de la misión?
Ya me puedes soltar la mano.
Me iré de compras y me imagino que no es de tu interés,
así que... nos vemos después, ¿no?
Marido.
Doctor, paciente femenino,
25 a 30 años, politraumatismo de cráneo y neumotórax.
Tiene la presión baja, 70 sobre 50.
Y colocamos una sonda pleural para drenarla.
- ¿Nombre de la paciente? - Adela Cruz.
Soy el doctor Fernández, ¿me escucha?
- Apriéteme la mano. - ¡Adela!
Vamos, rápido, el oxígeno.
- ¡Adela! - ¡Adentro!
- Señor, no puede pasar. - No quiero dejarla sola.
No, necesitamos atenderla. Déjenos hacer nuestro trabajo.
En cuanto tenga información, yo le aviso.
- No lo sé... - Soy Héctor Bernal,
periodista del periódico Sucesos.
- Necesito información, por favor. - Mire, joven.
Hasta ahorita hay un reporte de personas graves.
Solo hay un reporte de una persona fallecida, femenino.
Tiene que tener más información.
Es imposible tener esa información.
Hasta que concluyan las investigaciones.
Bien, estaré al pendiente, gracias.
- A todas las unidades. - Sí.
Tenemos otras dos víctimas fatales...
- No puede ser. - ¡Jorge!
- Sí, jefe. - Es código rojo.
Por favor, necesito que me ayude, hay un chavo perdido.
¡Se llama Jorge Garza, no lo encuentro!
Cálmese, estamos haciendo lo posible para sacar a la gente que está...
No, es que no está, no sigue ahí, salió conmigo, yo lo saqué del edificio.
Por favor, cálmese y tiene que esperar.
¡No me puedo calmar! ¡Necesito que, por favor, me ayude!
¡Por favor, cálmese!
Disculpa, ¿Jorge está perdido?
- ¿Lo conoces? - Claro que sí, soy amigo de la familia.
- Héctor Bernal. - Yo soy Kenia.
Sí, Jorge venía conmigo y me preocupa mucho porque tú sabes que Jorge es...
Sí, yo sé. ¿Puedo ayudar a buscarlo?
- Tengo miedo de que le pase algo. - Va a estar bien.
Gracias.
A la derecha, vamos.
Lo sé, señor.
Por eso mismo insisto que quiero el caso para mí.
Lo sé, señor, lo entiendo.
Pero usted y yo sabemos que no fue ningún accidente.
Si me pone a cargo, llegaré al fondo de todo esto, ¿qué dice?
Claro, no se arrepentirá, señor.
Le agradezco su confianza.
Ahora mismo me presentaré en el lugar de los hechos.
Gracias de nuevo.
¿Buscas algo en especial?
No, nada más estoy viendo.
Bueno, si me necesitas para cualquier cosa, voy a estar allá.
- ¿Qué es eso? - Es la nueva sección de accesorios.
La verdad es que están increíbles y vienen desde la India.
Órale. Ay, guau, este lo amo.
¿Quieres que te la lleve a caja?
Eh, no, no lo amo tanto.
Nada más quería... Voy a seguir viendo.
- Muy bien, acá estaré. - Sí, gracias.
A ti.
¿Es en serio?
No puedes irte sin pagar.
¿Me estás siguiendo?
- Chisca. - Shiro.
- Sí me lo llevo. - Qué bueno.
Sí, bien padre.
Miguel,
¿se sabe algo de Adela?
No, nada todavía.
Pero está grave.
Doctor, ¿cómo está Adela?
¿Qué hicieron? ¿Se salvará?
La señorita Cruz está en estado crítico,
tenemos que trasladarla a terapia intensiva.
No puede ser.
El traumatismo de cráneo está controlado,
aunque todavía hay un coágulo, el problema es el corazón.
Es lo que le llaman taponamiento pericárdico.
Líquido alrededor del corazón.
¿Algunos de ustedes es familia?
Yo soy su pareja.
Ella solamente tiene una abuela. Ya es muy mayor, vive en una residencia.
¿Puedo verla, doctor?
Por ahora no.
¿Se encuentra bien?
Está sangrando.
Enfermera, por favor.
Ingresemos, por favor, al señor inmediatamente.
Vamos.
Ya lo pagué.
¿Contento?
Toma.
Felicidades, es tu día de suerte, ¡yay!
¿Y ahora qué? ¿Me vas a seguir a todos lados?
- Miguel dijo que tengo que estar... - Miguel.
Miguel.
Tú solamente haces lo que dice Miguel, ¿verdad?
- Sí. - Ay, eres tan adorable.
- Oye, Shiro. - Ishiro.
Oye, Shiro, hay un cine allá arriba, ¿no quieres ir a ver qué hay?
Peligros, ¿qué pasa?
¿Dónde?
Pero ¿están todos bien?
- ¿Qué pasó? - Voy para allá.
¿Qué te dijo? ¿Qué pasó?
Pusieron una bomba en la oficina.
¿Qué?
Vamos. Vamos.
¿Duele?
No, estoy bien.
¡A mí sí, doctora! ¿Dónde está mi pastilla?
- Miguel. - Jimena,
¿qué haces aquí?
Disculpe, ¿nos podría dar un minuto, por favor?
- Sí, claro. - Gracias.
Creí que no estabas en la explosión, que seguías en el laboratorio.
Sí, entré justo en el momento en el que pasó todo.
- ¿Cómo te sientes? - Bien, estoy bien, ¿y tú?
Bien. Esto se ve peor de lo que es.
- ¿Qué pasa? - Miguel,
mi bolsa se quedó adentro de la oficina.
¿La bolsa?
Ahí estaba la muestra de efilina.
¿Qué encontraron?
Encontramos fragmentos de un explosivo.
No fue un evento accidental.
El evento se originó en esa sección.
- ¿Qué tipo de explosivo? - Una bomba de riodín, probablemente.
Falta llevarla al laboratorio,
aunque la consistencia hace mucho sentido con ese tipo de materiales.
Un explosivo de goma.
Pudimos obtener piezas del mecanismo
y seguramente fue construida para ser detonada
de forma remota o con cronómetro.
Falta analizar mejor la evidencia.
Bien.
En cuanto tenga todo, notifíqueme, por favor.
Sí, procuradora.
Gracias, no lo hago perder más tiempo.
Con permiso.
Buenos días,
Edna González, procuradora de la PGJ.
Me imagino que todos quieren un tequilita.
Ay, sí, por favor.
Dios mío, yo no tenía ni idea.
¿Cómo estará mi niño?
Mire, yo lo ayudé a salir de la oficina después de la explosión,
pero con los bomberos... ya no supe nada.
Seguramente está bien,
un poco aturdido por la explosión, pero nada más.
- ¿Y Chisca? - No, ella no estaba ahí, doña.
El patrón la había mandado a hacer un trabajo con el Ishiro.
Ay, gracias a Dios.
Eh, hay que encontrar a Jorge.
¿Tú estás bien, Peligros?
Sí, doña, fuera de estos rasguños y el susto, todo está bien.
¿Y tú crees que puedas ir a buscarlo?
- Claro. - Yo te acompaño.
¡No! No, yo tengo que ir al hospital a ver cómo sigue Miguel
y necesito que alguien se quede por si llega Jorge.
- Voy con usted. - Sí, señora.
Vámonos.
Chisca.
¿Estás bien?
- Sí. - ¿Por qué estás vestido como doctor?
Me atendieron una herida, nada grave.
¿Dónde está Jorge?
No sé.
Tampoco sé dónde está Kenia ni Trejo, Peligros, Miriam, no sé.
- No sé. - Miguel,
Miriam falleció.
Y a Jorge lo vieron salir del edificio, pero nadie sabe dónde está.
Miguel,
¿necesitas que haga algo?
Ve a la oficina a ver qué está pasando.
Jimena perdió su bolsa en la explosión y dentro traía la muestra de la efilina.
Yo me encargo.
Miguel, ¿estás bien?
Sí, son solo rasguños.
No me mientas.
Estoy bien,
la que está grave es Adela.
Ay, ¿y quién fue?
No lo sabemos aún.
No sé, no puedo hablar con nadie, perdí mi celular. No sé.
Chisca.
Dora.
Qué susto.
¿Y Jorge?
Si quieres, usa el mío.
Solo espero que no me perjudiques con tus llamadas.
¡Joven! Ven.
¿Todo bien?
¿Estás bien?
Ven, acompáñame.
No te asustes, te vamos a llevar a tu casa.
Tranquilo, no pasa nada.
Nosotros te llevamos a tu casa.
A ver, métete,
baja la cabeza, por favor.
No te vaya a pegar.
¿Puedo ayudarla en algo?
¿Quién es usted?
Soy Trejo.
Trabajo en Naga Company. ¿Usted quién es?
Edna González, procuradora.
¿Sabe dónde está Miguel Garza, señor Trejo?
Miguel está en el hospital.
Hay una compañera de la oficina que está muy grave
y Miguel está con ella.
¿A qué hospital?
No lo sé.
Pero, bueno, me imagino que para una procuradora
no debe ser muy difícil averiguarlo, ¿no?
Ahora sí que con todo respeto,
a menos de que traiga una orden de allanamiento,
debo pedirle que, por favor, no toque las cosas de la oficina, son privadas.
Estamos en nuestro derecho de confiscar cualquier evidencia.
No sin la orden de un juez y usted lo sabe.
¿Sabe quién hubiera querido hacer esto?
No tengo la menor idea.
Gracias, señor Trejo.
Seguramente nos volveremos a ver.
La acompaño.
¡Oiga!
¿Usted qué hace aquí?
No hay problema, trabaja en Naga Company.
¡Lo acabo de ver tomar evidencia y guardarla!
Le estoy diciendo que es un empleado de la compañía.
Trabaja en el departamento de seguridad, supongo que algo se le debe haber caído.
¿Cuál es su nombre?
Ishiro.
¿Puede hablar por él mismo?
Ishiro Tanaka.
Revisen sus bolsillos.
Eso no lo pueden hacer.
Oiga, eso es ilegal, ¿eh?
Está limpio.
Dígale al señor Garza que se ponga en contacto conmigo inmediatamente.
Tienes que salir de esta.
Mira que nos quedan muchos conciertos juntos.
¡Enfermera!
- Déjeme pasar, por favor. - Estaba bien, de repente empezó a sonar.
- Hay que estabilizarla. - ¿Estará bien?
Déjenos solos. Salga
- Dígame que va a estar bien. - Espere afuera.
Por favor, dígame.
Gracias a Dios.
Gracias, Peligros.
Peligros encontró a Jorge en una delegación.
¿Qué? ¿Lo arrestaron?
No, al parecer un policía lo vio divagando por la calle
y se lo llevó para ver si alguien lo reportaba como perdido.
- Ok. - Pero lo está llevando a la casa.
Ay, Dios.
¿Dónde está?
Dora, si estás buscando a Miguel, está hablando con los médicos.
Entonces ya no tenemos nada que estar haciendo aquí.
- Pues vamos a esperar a Miguel. - Sí, pero Miguel se va a querer quedar.
Permiso.
Bueno, eh, yo puedo esperar a Miguel.
- Le estoy mandando el mensaje... - Le puedo decir lo de Jorge.
De todas maneras, lo esperaré. Váyanse tranquilas.
Gracias.
- Adiós. - Hasta pronto.
Jorge.
¿Estás bien?
No dijo nada en todo el camino.
¿Jorge? Soy yo, Kenia.
Hay que dejarlo.
No.
Jorge.
Jorge...
Jorge, por favor, vamos a hablar, ¿sí?
Nada más dime que estás bien.
Mira,
yo sé lo que es estar asustada y tener miedo.
Jorge, hay muchas cosas de mi vida que no...
...que no te he contado, pero que me recuerdan mucho a ti.
Igual,
si me dejas pasar, podemos hablar y...
Por favor, nada más quiero saber que estás bien.
Héctor.
¿Qué haces aquí?
Pues, eh,
estaba a punto de entrar a tu oficina cuando...
¿Venías a verme?
Digamos que me salvé por unos segundos nada más.
Y sí, fui a buscarte porque quería pedirte disculpas.
El otro día en mi casa me porté como un estúpido.
Quería agradecerte por haber respondido la llamada de mi esposa.
Para eso son los amigos.
Creo que no debí haberte corrido así de mi casa.
Está bien.
Acababas de pasar por una situación un poco difícil.
Gracias.
Oye, Miguel,
¿por qué no dejas ese negocio?
Mira, mi intención no es decirte lo que tienes que hacer o no, pero...
...tú no necesitas eso, ¿sí?
Tienes mucho dinero,
más del que cualquier persona podría necesitar en toda su vida.
¿Por qué no te dedicas a los negocios financieros?
Pero con otra gente.
Miguel,
hoy una empleada tuya murió en circunstancias terribles,
una chica inocente que seguramente ni siquiera se imaginaba
lo que pasaba en sus espaldas.
Tu hermano podría haber muerto hoy, Miguel.
¿Qué más quieres, Miguel?
¿Qué más necesitas?
Cuatro.
¿Estás bien?
Sí. Sí, gracias.
Solo que...
- No, nada, olvídalo. - Oye, ¿te puedo ayudar en algo?
No sé.
No creo que tú seas persona a la que deba decirle nada.
¿Nada?
¿Y nada sobre qué?
Sobre toda esta situación,
sobre todas estas cosas terribles
que le pasan a la gente que trabaja con...
Digo, en esta empresa.
¿Me quieres decir que esto ya ha pasado antes?
Ya hemos vivido un par de sustos como este.
¿Y hace mucho?
De hecho, en uno, Adela igual terminó en el hospital.
Híjole, Víctor, perdóname, no, no debí haber dicho eso, no te quería angustiar.
Prométeme, por favor, que no vas a decir nada de lo que te conté.
No, no te preocupes, yo no voy a decir nada.
Es solo que no sabía que este tipo de situaciones habían pasado antes.
Más de lo que quisiéramos.
Mira,
yo sé que tú y yo no nos conocemos mucho,
pero si yo fuera tú, me llevaría a Adela muy lejos de aquí.
Adela realmente es muy buena persona
y no tiene por qué estar poniéndose en peligro de esta forma.
Claro.
Todo esto es un desastre.
Lo del atentado está por todas partes y Edna González ya habló con los medios.
- Tranquilízate, Teófilo. - ¿Que me tranquilice?
Si Miguel Garza habla,
puedo perder mi puesto en la Secretaría de Energía y tú, no se diga.
Lo que pasa es que Epigmenio Moncada sirve para dos cosas.
Para nada y para lo mismo.
Si Edna González averigua que Epigmenio planeó lo del atentado,
nos vendrá pisando los talones.
- Eso no va a pasar. - ¿Por qué?
¿Porque tú lo dices?
Te aseguro que esto tendrá una solución.
Más vale.
- Yo me encargo. - Tú te encargas.
¿Que no se supone que ya venías haciéndolo?
Relájate, Romero. Todo va a estar bien.
Siempre me ha resultado difícil hablar de mis sentimientos.
Y luego creo que mudarme a Japón me hizo
todavía más hermético, no lo sé.
Lo cierto es que contigo me pasa algo.
Desde el primer momento en que te vi.
Hay algo en tu personalidad que me...
...me desarma.
Adela, eres una luchadora.
Y tienes que dar todo en esta batalla.
No puedo volver a perder a la mujer que amo.
Y yo te amo, Adela.
Te amo y te necesito.
Aguas.
¡Aguas!
Lo estoy haciendo lo mejor que puedo.
Flexiona esta. Ya estás.
Ya estás. ¿Estás bien?
Sí. Igual preferiría irme a mi casa, ¿saben?
No, Flaco, qué casa ni qué casa, te vas a quedar aquí.
Tu edificio no tiene elevador, ¿cómo lo harás?
Saltando pues.
Piensa en otra opción, porque en tu vida te he visto hacer ejercicio.
A ver, Flaco, te tuve que cargar,
ni saltando ni con un bastón vas a poder.
Con paciencia.
- Gracias, Kenia. - De nada.
¿Quieres algo de tomar?
A una cheve no le hago el feo, ¿eh?
El doctor dijo que nada de alcohol hasta que termines el antibiótico,
una razón más para que te quedes, para que te cuide como niño chiquito.
Sí, mamá.
¿Refresco o agua?
Refresco, pues.
Gracias.
¿Agua?
Gracias.
Con agua estoy bien.
¿Soy el único que está pensando en Miriam?
No.
Ella era una buena persona, ¿eh?
No merecía nada de esto, de lo que pasó.
- Pudo haber sido uno de nosotros. - Fue uno de nosotros, Miriam lo era.
Nada más tenemos que esperar si no hay alguien más.
¿Lo dices por Adela?
Voy a tener que hablar con la familia de Miriam.
Ay, Dios mío, qué fuerte.
¿Qué pasó? ¿Ustedes vieron algo?
¿Cómo fue?
A ver, no estoy seguro, pero
cuando estaba llegando al edificio con Jimena,
nos topamos con un mensajero de paquetería saliendo,
iba algo apurado y, no sé, como sospechoso.
Disculpa.
- ¿Estás bien? - Tenga más cuidado, ¿no?
Entonces, debe estar en las grabaciones de la recepción.
Préstame tu laptop, Kenia.
Por suerte, tenemos acceso a todas las grabaciones,
tenemos acceso remoto,
por lo cual,
aunque hayan achicharrado mis cámaras,
está todo subido en la carpeta online.
¿Es él?
No lo sé. Es que no alcancé a verle bien la cara.
Tal vez Jimena sí lo pueda reconocer.
La verdad... no sé.
Buen trabajo, Ishiro.
Quiero que investiguen quién está detrás de todo esto,
empezando por Epigmenio.
Sí, patrón.
Sí sabes que Adela está peleándose por su vida
- y es por tu culpa. - Entiendo lo que piensas, pero...
No te lo estoy diciendo para que te justifiques.
Mira, Miguel,
a mí no me interesa lo que hagas con tu vida y tus negocios,
y sé que estás involucrado con gente muy peligrosa,
pero cuando pasan este tipo de cosas
y gente inocente como Adela o Miriam pagan por tus errores,
eso no lo voy a tolerar.
Escúchame bien,
si a Adela le pasa algo, si Adela se muere,
te juro que voy a testificar en tu contra.
¿Qué pasó, Carlos?
¿Cuál es la prisa como para traerme custodiado?
Solo tenías que hacer una cosa.
Una, Epigmenio.
Y fallaste.
Sí. ¿Qué vas a hacer?
¿Le vas a decir a tus guaruras que me peguen o qué?
¿Por qué no mejor te defiendes tú solo como hombrecito?
Puedo culparte de todo y terminarías pudriéndote en la cárcel.
Tú sabes que eso no te conviene.
Sabes que si hablo,
vas a acabar siendo mi compañerito de celda y lo sabes.
Miguel no se va a quedar tranquilo.
Tenemos que asegurarnos que no quede ninguna huella
que nos vincule con esa bomba,
que no quede nada, ¿escuchaste?
Sí, escuché.
Espera.
Yo esta te la estoy dejando pasar,
no creo que Miguel haga lo mismo.
Dudo que te perdone esta.
Tú no te preocupes.
Yo me sé cuidar solito, ¿ah?
Y con esto...
...completito, compadre.
Muchas gracias, señor.
- Es un placer trabajar con ustedes. - No, buen trabajo, camarada.
- El patrón quedó contento. - ¿De verdad?
Quedó tan contento que me dijo que te ofreciera un extra.
- No se diga más. - Adelante.
Aquí está tu extra. Ven acá.
Cállate.
Y todavía cree.
- Menos mal que no estabas allí. - Sí, ya sé, pero...
...no puedo parar de pensar en Miriam.
Pobrecilla, eso sí que es una desgracia.
- ¿Y saben ya quién ha sido? - No sé.
¿No tendrá que ver con la efilina?
No sé.
Seguro que ya Miguel averiguará quiénes fueron los culpables.
Sí, seguramente ya le dijo a Ishiro que empezara una investigación.
¿A quién? ¿A Ishiro?
Ay, es que no te he contado.
Ok, cuando Miguel regresó de Japón,
regresó con un nuevo guardaespaldas, Ishiro.
Es un yakuza.
¿Un yakuza?
¿Y para qué querrá un yakuza en México?
Me imagino que Ishiro los ayudó con todo lo de efilina en Japón
y me imagino que él es el que va a ser el encargado aquí en México.
Digo, me imagino, ¿no?
Pero, bueno, ¿cómo estás tú? ¿Me extrañas?
Claro que sí, mi amor, mucho.
Pero me has dejado un poco preocupado con esto de Ishiro.
Quizá deberías estar cerca de él
para ver si puedes averiguar algo más sobre la efilina.
Te voy a tener que dejar,
que llego tarde para una audiencia para el divorcio.
Si es eso, entonces vete corriendo ya,
no quiero que eso se atrase ni un segundo más.
Y síguele los pasos. Chao. Te quiero.
¡Suéltenme!
¡Yo hice bien mi trabajo!
¡Suéltenme!
¿Qué?
¿No funcionó o qué?
Ay, hijo.
Mira, amigo.
No es personal, pero
¿sabes rezar?
Rézale.
Adela,
aquí estoy.
No me pienso mover hasta que te despiertes.
Adela.
¿Estás bien?
Miguel.
Adela.
¡Adela!
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