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- No quiero tocar más ese tema, por favor.
- Yo solamente quería pasar para que, pues, nos diéramos cuenta
de que no hay ningún tipo
de tensiones entre nosotros.
- Aquí no pasó nada, ¿ok?
Nada.
- Y lo que sea que haya podido pasar queda totalmente olvidado.
- Sí, totalmente.
- No va a volver a repetirse.
- Nunca.
- Bueno, pues dicho todo esto, no hay nada más que decir.
- Totalmente de acuerdo.
[***]
* Puedo ser, *
* yo puedo ser, *
* la razón, *
* la razón, *
[***]
[***]
[***]
- Me siento muy avergonzada.
No sé qué decir.
- No quiero ni pensar de lo que habría pasado si Roberto entra
por esta puerta y los encuentra los dos en pleno abrazo.
- Fernanda, fue culpa mía.
- No, por supuesto.
¿De quién más?
Ni modo que haya sido Elisa la que lo propició.
- Esto fue cosa de los dos, Fernanda.
- ¿Eso por qué es?
¿Porque sienten una fuerte
y mutua atracción el uno por el otro?
¿Desde hace cuánto tiempo andan en esto?
Porque por lo que veo, no es la primera vez.
[***]
- Si Fernando viene a buscarme, no te preocupes,
no me va a encontrar desprevenida.
A mí no.
A mí no.
Ella no me va a hacer lo mismo que a ti, mamá.
O que a ti, Manue.
No.
Yo voy a ser más fuerte.
Yo soy más fuerte.
[***]
¿Por qué?
¿Por qué tuvo que llegar a la casa?
¿Por qué tuvo que arruinarnos la vida?
- No hay justificación posible.
Elisa es una mujer casada.
Tan solo por eso
debiste de haber controlado tus impulsos estúpidos.
- Lo sé y siento mucho haber generado esta situación.
- Tienes toda la razón.
Esto no tiene ninguna justificación.
Soy una mujer casada y no se va a volver a repetir.
- No, pues más les vale a los dos.
- Sí, les pido una disculpa a las dos.
Creo que lo mejor es que me vaya a mi oficina a trabajar.
- ¿Te das cuenta de las consecuencias
que esto podría traer?
- Sí, yo sé, pero por favor, no se lo vayas a decir a nadie.
Lo último que quiero es crear más problemas con la familia.
- Ay, Elisa, si yo contara esto, le partiría el corazón
al pobre Roberto, que no se lo merece.
- Te juro que no sé cómo pasó.
Yo de verdad pensaba que eras la única que valía la pena
de la familia.
Pero por lo que veo...
- Entonces ya no tienes oficina en la constructora.
- Gabriel piensa que me castiga quitándomela,
pero mira cómo sufro no teniendo que ir.
Me la puedo pasar aquí todo el día rascándome los... panza.
- No te hagas el chistosito, que yo sé muy bien
que te molesta no estar ahí.
- ¿Por qué habría de molestarme?
- Porque no tener oficina en la empresa es lo mismo
no ser parte de él.
Te debe caer como patada en el hígado.
Conmigo no tienes que fingir, mi amor.
- El hecho es que la propuesta de matrimonio de Alonso
era otra de sus bromas pesadas.
- Pero a ti te hubiera encantado
que fuera en serio, ¿verdad?
- ¿Vas a seguir con eso?
- No, no, es que Marcelo no te interesa tanto como tú dices.
- No, claro que me interesa.
Me interesa muchísimo.
Es un hombre bueno, noble.
- Sí, yo lo sé.
Pero eso no te obliga a quererlo.
¿Y sabes por qué?
Porque el amor no se puede forzar.
- La sociedad que hicimos con la empresa de Marcelo y Emilio
es vital para la constructora.
- Sí, yo lo sé.
- Entonces, ¿qué quieres?
¿Que todo esto se vaya al diablo por tu culpa?
Si no te importa tu marido, Elisa, por lo menos debería
de importarte los negocios que estamos haciendo.
Ay, por Dios, ¿dónde tienes la cabeza?
Eres una mujer casada.
- Sí, ya entendí que soy una mujer casada.
No me lo tienes que repetir.
Ya deja de regañarme como si fuera una adolescente.
- No pierdas lo más por lo menos, por lo que más quieras.
¿Aparte, tú qué crees, que Emilio de verdad
podría tomarte a ti en serio?
Piénsalo.
[***]
[***]
¿Es por Elisa que me dijiste que no querías volver a verme?
- Fernanda, no. Lo que pasa es que...
- No quieres meterte en problemas con Alfredo.
pero sí con Roberto, ¿no?
¿A él no le tienes miedo?
- Fue un impulso, algo tonto.
No sé cómo pasó.
Ya te lo dije.
- Si tú no lo sabes, yo menos.
Estoy tan decepcionada de ti.
Si lo que tú pretendías era burlarte de mí y humillarme,
te felicito, porque vaya que lo conseguiste.
Ya tenemos un contrato firmado con ustedes y a ninguna
de las dos partes le conviene llevar
con la otra una relación desastrosa.
- Bueno, eso no es lo que estoy buscando tampoco.
- Por lo mismo, no queda de otra que tratarnos cordialmente.
- No cabe duda que los feos tienen suerte.
Mira el teto de Sebas.
Moni, que es demasiado bonita para él.
- ¿Qué, es otro caso inexplicable para ti?
- No, no, no.
Tú no te puedes comparar con ella.
Tú naciste rica, eres una niña bien.
Por lo mismo, es inexplicable que teniéndolo todo
hayas terminado con mi hermano.
- Eso solo dices porque no le tienes fe.
- Es aburrido, sin sentido del humor,
es más pesado que un plomo.
Y para colmo, con un pajarito que ni vivo te serviría.
- ¿Y en el caso de Mónica?
No, no, no, ahí hay un interés, mamacita.
- No, no estoy enamorada de Alonso.
Tal vez nunca lo estuve.
Lo que pasó entre nosotros es algo más pasional.
- Espérate, Tania, espérate.
¿Y entonces?
¿Y lo del matrimonio?
Te ibas a casar con él.
- Me confundí en ese momento.
No sé cómo explicarlo.
- No, no, no, cálmate y explícamelo.
A ver.
- Era... - A ver.
- Era algo con lo que yo había soñado durante mucho tiempo.
- Ajá.
- Y Alonso tiene esta increíble facilidad para confundirme.
Pero no más, Mirna. No más.
- Está bien.
Lo único que te puedo decir es que si Marcelo se entera,
va a ser demasiado.
- No le voy a decir ni media palabra.
Alonso me ha estado amenazando con que él se lo va a decir.
- Ujú.
- Pero se lo voy a voltear y lo único que va a conseguir
es que Marcelo le parta la cara.
Y muy merecido se lo va a tener.
- ¿De qué manera tengo que disculparme
para hacer que te tranquilices?
- Me has estado tomando el pelo.
¿Cómo quieres que me sienta?
- Fernanda, por favor.
- Mucho cuidado con lo que haces con Elisa.
La historia de ella no se parece en lo absoluto a la mía.
Ella está recién casada con un hombre joven, guapo
y encantador que aparte la adora.
Sí. Ya lo sé.
- En ese matrimonio no puedes darte el lujo de interferir.
- Y no lo voy a hacer, créeme.
- Perfecto.
Es mejor que me vaya, porque en estos momentos
lo único que tengo ganas es de sacarte los ojos.
[***]
- ¿Elisa se estaba besando con Emilio?
- Pobre de ti si lo repites.
De ninguna manera nos conviene que nadie sepa que tú sabes.
- ¿Y cómo quieres que me quede tan tranquilo?
Es para romperle la cara al tipo ese.
- Ay, como si sintieras celos de Elisa.
- No son celos, Fernanda.
¿Pero a quién le gusta ser un cornudo?
- Ay, no ha pasado a mayores, pero si te descuidas...
- Dime qué quieres que haga.
- Vigilarla. Ten más detalles con ella.
Llévatela a la cama, esfuérzate en hacerla feliz.
Es más, embarázala.
Con un hijo vas a poder amarrarla.
[***]
[* Tema musical *]
* En un mundo de sombra *
* donde el silencio grita, *
* cada palabra es un eco *
* de promesas marchitas. *
* Sed de venganza, con fuego en la piel, *
* buscando la verdad en un mundo cruel, *
* lealtades rotas, *
* corazones de fiera en esta selva de cemento, *
* sálvese quien pueda. *
* En la sombra de la noche miradas de seda, *
* dos familias en lucha, tu legado está en juego, *
* juramentos que se quiebran, secretos por saber, *
* cada momento es un recuerdo, un pasado por volver. *
* Sed de venganza con fuego en la piel, *
* buscando la verdad en un mundo cruel. *
* Me dicen que eres prohibida y que me olvide, *
* que esta locura es imposible. *
- ¿Muy ocupada, mi amor?
- Más o menos.
- Hoy estás muy linda.
¿Sabes qué?
No me canso de abrazarte, de besarte,
de mirarte.
Y de darle gracias a Dios por ser tu esposo.
- En cualquier momento podrías arrepentirte
por haberte casado conmigo.
- Ni loco, mi amor.
Eso jamás.
- Yo sé por qué te lo digo.
Un hijo te daría muchísimas ventajas sobre Elisa.
Es tan ridícula que se vería obligada a estar contigo,
a criarlo con papi y con mami.
- Pero un hijo me traería responsabilidades
y sería mucho más difícil que tú y yo nos larguemos aquí.
- ¿Por qué no?
Mira, te largas y te olvidas que alguna vez en la vida
fuiste papá y ya está.
No creo que eso pueda llegar a ser un impedimento
para que vivas tu vida.
O míralo así: si no tienes algo que los amarre,
mientras Elisa te sirva, en el momento
que menos pienses te va a dar la patada
y en un abrir y en un cerrar de ojos vas a dejar de existir.
¿Eso es lo que quieres?
- ¿Almorzamos?
- Es que había quedado de comer con Tania.
- A una las invito a las dos.
A mí me encantaría saludarla.
- ¿De verdad?
¿Eso te gustaría?
- Todo con tal de estar contigo.
¿Y qué quieres que haga si eres mi persona favorita?
¿Qué quieres comer?
[***]
[***]
- ¿Oye, y el dinero que le dan es como una propina?
- Sí, cuando bailan bien y provocan a los clientes,
pues ahí le dan su propinita.
- ¿Pero no están obligadas a nada más, no?
- No, para nada.
Pero bueno, si ellas quieren dinerito extra,
pues ahí se van, ¿no?
- Eh... ¿dándole a los clientes su flor.
- Su flor y a veces con todo y espinas.
- ¿Qué, ya tu familia te metió cosas en la cabeza?
- No, Moni, lo que pasa es que tienen razón.
Oye, necesitas otro tipo de amistades.
- Érika y Claudia me caen muy bien.
- A mí también, pero tú eres...
- ¿La señora Del Pino.
- Pues sí, es la verdad, te gusta o no.
Moni, tienes que aprender a moverte en nuestro círculo.
Eres mi esposa, no la esposa del jardinero.
Y es un hecho que existe en las diferencias sociales.
- Que alguien tenga dinero no lo hace mejor.
Lo que importan son los valores de las personas.
- Sí, pero es que no...
- Me de mucha tristeza, Sebastián.
Creí que eras de los que pensaban así, igual que yo.
- No hay nada en la vida que me guste más que complacerte.
- Últimamente has estado muy cariñoso y yo...
- Porque me gusta consentirte, mi amor.
Es porque te amo.
Y escúchame bien.
Nadie en la vida te va a amar más que yo.
- Roberto, yo sé que no he sido
la esposa que tú esperas, pero...
- No, no, no lo digas.
Nos acabamos de casar.
El camino es larguísimo.
Y yo sé que cuando estés más tranquila,
todo va a funcionar mucho mejor.
Te amo.
- Bueno, ahora, ¿cuál es tu problema?, si se puede saber.
- Ya te lo dije.
Me duele la cabeza.
Ya te lo dije.
- Últimamente no te faltan excusas
para no hacer feliz a papá.
- Ay, mi amor, por favor, entiende.
Ha sido un día de muchas tensiones.
- Si lo que buscas es terminar de hartarme para que te deje,
no te lo recomiendo, chiquita.
- No te lo puedo creer.
¿No tengo derecho de sentirme mal algún día?
- Sí, ¿pero sabes qué?
Dudo de que te duela nada. Son pretextos.
- Bueno, piensa lo que quieras.
- Si algún día nos separamos, ten por seguro
que vas a terminar en la calle pidiendo limosas.
Y eso si bien te va, chiquita.
[***]
- No empieces otra vez con tus dramas.
¡Oh!, ¿vamos a seguir toda la noche discutiendo estupideces?
- Si es lo que tú quieres, sí.
Lo que yo digo es verdad.
Me ves solamente como un objeto y nada más valgo en la cama.
Yo quisiera ver lo que va a ser tu vida sin mí.
Yo era antes de conocerte.
Soy contigo y sin ti.
Y voy a seguir siendo te tenga o no te tenga a mi lado.
- Te guste o no, yo soy la que mantiene el orden
no solamente aquí en la casa, mi amor, sino en la oficina.
- Ah, bájale dos rayitas, ¿sí?
- Si quieres, mañana mismo me voy.
[***]
- Eso de plancharse a los clientes
estaría de pensarse, ¿no?
- Bueno, ellas ven eso como un negocio.
Son negociantes, ¿no?
No lo toman como placer.
- Pues a lo mejor, pero está canijo.
Y no es que las critiquen ni nada, que conste.
Cada quien hace con su cuerpo lo que quiere.
- Bueno, peluchita, pero dinerito es dinerito, ¿no?
- Yo no lo haría ni por todo el dinero del mundo, la verdad.
Para mí hay cosas en la vida que no se compran ni se venden.
- Peluchita, por eso te quiero tanto.
- Bailan bien, hasta eso.
- Oye, no lo dije con la intención ni de molestarte
ni de hacerte sentir mal.
- ¿Qué es lo que quieres?
¿Se supone que no debo hacer amistades con el servicio?
¿Debo de tratar a Érika y a Claudia
con frialdad y mantener distancia?
- A ver, yo nunca dije eso.
Pero una cosa es que te lleves bien con ellas y otra que sean
tus únicas amigas.
- Apenas acabamos de llegar a Miami.
¿Quieres que en un día ya tenga todo un círculo de amistades?
- Quiero que te des la oportunidad de tenerlas.
Aquí encerrada no vas a conocer a nadie, ¿o sí?
- Brenda me mastica, pero no me traga.
No voy a obligarla a que me invite a salir con sus amigas.
Me sentiría muy incómoda.
Y asunto concluido.
Por favor.
Nunca en mi vida he permitido que nadie me obligue a nada.
Soy como soy.
Y si no te gusta, me regreso a Cambridge.
- Son dos hermanos, Omar y Ricardo Ferrero.
Sé que viven en fiestas y antros y no sé,
de pronto un día pueden pasarse de tragos, de copas
y tener un pequeño accidente.
- Ya, y usted quiere que ese accidente lo provoque yo.
- Estuve preguntando y me dijeron que era su especialidad.
- Sí, sí, cómo no.
Eso es un poquito costoso.
- ¿Cómo? - Caro.
- ¿Y qué tan caro?
¿Costoso?
- Si tú quieres, mañana mismo me voy de esta casa.
Por mí no hay ningún problema.
¿Eso es lo que quieres?
- Vete. Yo no tengo ningún problema.
¿Y a ver, dime, a dónde te irías?, a ver.
- No a pedir limosnas, como tú dices.
- Haz como quieras.
¿Te tengo amarrada o qué?
- Estoy lo suficientemente bien preparada para conseguir
un buen trabajo donde yo me lo proponga.
Tal vez Adalberto Ferrero
quisiera tenerme como su secretaria.
[***]
- Cuando te vi entrar con tus maletas, no lo podía creer.
- Bueno, es que he estado pensando que si vengo a Miami
es porque te quiero ver y quiero compartir
el tiempo contigo.
- Cómo se debe.
- Cómo se debe.
¿Y me extrañaste así sea un poquito?
- No, nada.
- ¿Ah, no? - Nuh-uh.
- Bueno, me voy.
- No. Te extrañé como una loca.
- Es la primera vez que siento algo así, te lo juro.
- Y yo estoy feliz y muy ilusionada.
Y por nada del mundo te quiero perder.
- A mí nadie me amenaza, y menos una mujer.
- Ya salió el macho.
- Ten mucho cuidado con lo que haces, Fernanda.
Conmigo no se juega.
- ¿Tú crees que conmigo sí se juega?
Desde que nos casamos
soy tu empleada sin sueldo y ya me harté.
- Te doy todo lo que necesitas.
¿De qué te quejas?
Sí, en calidad de limosna. ¿Así de qué me sirve?
[***]
Me siento como...
como se ha de sentir un preso.
¿Sabes?
Un preso cuando está en libertad
después de muchos años de encierro.
- Te vas a acostumbrar, vas a ver,
antes de lo que te imaginas.
- Todo ha cambiado tanto.
Todo, Francisco, es...
Es una ciudad diferente.
Los televisores, los celulares, es como...
como un mundo distinto.
- Es que diez años son diez años.
¿Qué te digo?
- Sí.
Diez años.
Me robaron los diez mejores años de mi vida.
Yo solo siento tanto, tanto odio.
- Alonso me ha seguido buscando.
- ¿Ese idiota como que no aprende, no?
Te juro que ya no sé qué hacer con él.
¿Puedes creer que se atrevió a pedirme matrimonio
y me ofreció un anillo?
- ¿Me estás hablando en serio?
- Obviamente, yo lo mandé al diablo.
Yo ya no voy a permitir que él
siga interfiriendo en lo nuestro.
No te quiero perder por nada del mundo.
- No, no, no. Tú tranquila.
Yo tengo que hablar con él y dejar las cosas claras
otra vez.
- No, no vale la pena.
Lo mejor es ignorarlo.
Si le damos atención, le estamos dando una importancia
que no tiene.
[***]
[***]
- Esta es mi habitación.
Aquí duermo.
No es grande ni elegante, pero es todo lo que necesito.
- Está muy padre y todo,
¿pero cómo soportas vivir así, tan apretado?
No sé, yo pensé que tendrías un depa.
- No, peluchita, ¿depa para qué?
Termino de trabajar y vengo directito a dormir.
No necesito nada más.
O tal vez lo que necesito para comprar un depa
y establecerme es una mujercita linda,
que alguien me cuide.
- Voy a empezar a pensar que me trajiste a tu cuarto
con muy malas intenciones.
- ¿Te molestaría?
- No mucho.
- No te conté lo de Alonso para que no hicieras nada.
- No, yo no quiero que se te vuelva a acercar nunca más.
- Se va a terminar por cansar.
- Bueno, pues que se canse
por las buenas o por las malas, pero que se canse.
- No, yo no quiero que tengas problemas con los Del Pinos
por culpa de Alonso, que son tus socios.
- No me importa.
No me importa si tengo problemas con los Del Pinos,
con los que sea.
Yo necesito que tú entiendas que tú no estás sola.
Yo estoy contigo.
Y todo lo que te pase a ti, me pasa a mí.
Yo te voy a proteger.
Nadie te va a hacer sufrir, ¿ok?
Pues sí.
- Me la paso imaginándome que discuto con mi mamá
y luego me acerco y la asfixio con una almohada.
- ¿Y eso, Ana? ¿Por?
- No sé, tal vez eso sí fue lo que pasó.
- Ana, Ana, no.
Tú me dijiste que fue Fernanda.
- Fernanda siempre está ahí, mirándome, para...
Observando como la mato.
Observando.
[* Tema musical *]
- Ana, Ana, pero es...
A ver, a ver, tú misma lo acabas de decir.
¿Son cosas que te imaginas, cierto?
- ¿Y qué tal que sí?
- ¿Qué tal que me haya imaginado
lo de Fernanda y haya sido yo?
¿Qué tal que sí haya sido yo?
Yo no...
- María Laura.
- La mataste. - Quítate.
- Yo no me lo podría perdonar nunca.
- Ana, ya no, tranquila, tranquila, ¿sí?
Tranquila, tranquila.
Shh, tranquila, tranquila, tranquila.
- Eres un mujerón.
He estado con muchas mujeres a lo largo de mi vida,
pero ninguna como tú.
- ¿Tanto así?
- Sí.
Y sigo pensando que serías un terremoto
en la pista de baile.
- Y ganaría un chorro de propinas.
- Muchas propinas.
Tantas que solo pensarlo hasta envidia me da.
Bueno, peluchita, cuando te decidas, te armo ahí
una rutina y te dedicas a volver loco
a todos los clientes del bar, ¿ah?
[***]
- ¿Ustedes se imaginan lo que sería yo bailándome de encuerada
con un montón de borrachos viéndome?
- Ni lo mande Dios, Claudia.
- Qué asco.
Así te ha de valorar el horroroso ese como
para que te ande proponiendo esas cosas.
- De plano que estaba jugando
pero, híjole, es que sacan un buen de dinero las morras
que bailan ahí.
- ¿Y a cambio de qué?
No manches, Claudia, nosotras no fuimos educadas para eso.
- Como está difícil la vida, la verdad no me caería mal
un dinerito extra.
Además, al paso que voy, nunca voy a salir del perico perro.
- Ay, Mirna, me urgía verte.
Me siento tan perdida,
como si estuviera en un laberinto sin salida.
- Ay, pero espérate.
El matrimonio de Elisa Del Pino debe estar yendo muy mal
si se atrevió a andarse besuqueando con Emilio,
¿no creas?
- No sabes lo que sentí
cuando los vi a los dos besándose.
Me dieron unas ganas de romperle la cara.
Pero luego dije:
"No, Fernanda, contrólate, mantén la compostura".
- Bueno, él también tuvo que ver con eso, ¿no?
- No, claro que no.
Todo esto es culpa de Elisa.
Ella fue la que le dio la entrada.
Ya sabes cómo funciona esto, Mirna.
Si las mujeres dicen que sí, el hombre entra.
Si la mujer dice que no, el hombre no entra.
- Te estás abaratando, Claudia.
Si vas a vender tu cuerpo, mínimo que sea con alguien
poderoso, importante.
- Tú cállate, manita, que tú vas que chutas para vestir santos.
- Eso es lo que tú crees, pero estás equivocada.
Para que lo sepan, alguien que sí es muy poderoso e importante
tiene los ojos puestos en mí.
- Ay, soñar es gratis, chiquitita.
- Te estoy diciendo la verdad.
Y no tiene nada que ver con el Miguelito ese que,
ay, de solo pensar en él me da como asco.
- Ay, si es verdad lo del hombre importante,
ha de ser un ruco que a mí no me serviría
ni para el arranque, guácatelas.
- No, no, no, Fernanda, no siempre es así.
Si el hombre está enamorado de otra, nuh-uh.
- ¿Tú crees...?
¿Tú crees que él esté jugando conmigo?
- No, no, ven acá, ven acá.
Yo lo que creo es que tal vez él no te puede tomar
tan en serio como a ti te gustaría porque tú eres
una mujer casada, Fernanda.
¿Cómo se va a arriesgar contigo?
A ver, tú le has dicho infinitas veces que tú
no te vas a separar de Alfredo.
¿Tú crees que él se va a dar el lujo de enamorarse perdidamente
de ti como un colegial?
No, por supuesto, no.
- Fernanda estaba furiosa, muriéndose de los celos.
- Bueno, ¿y qué pasa si ella le cuenta al resto de la familia
que te vio besándose con Elisa?
- Pues yo no creo que diga nada.
No le conviene echarse en contra a Elisa.
- No.
- Tampoco le conviene ponerme a mí
en contra de los Del Pino.
- No, pero es que a ti ¿quién te entiende?
Me dijiste que ibas a dejar a Elisa tranquila
por la paz de todos.
¿Qué pasó?
- Sí, sí, esa era mi intención.
Pero yo creo que es mutuo, porque nos vemos a los ojos
y sentimos una necesidad de tocarnos, de olernos,
de abrazarnos, de besarnos.
- No, no, no, y eso porque no sabe quién eres.
Imagínate donde supiera.
- Imagínate.
Pero no, no es el momento de dar la cara.
- ¿Vas a permitir que esto vuelva a suceder?
Dímelo.
- No, no, no, por supuesto que no.
Y Elisa menos.
Ayer fue Fernanda, pero otro día puede ser Roberto.
Y ahí sí, pobre Elisa.
Todavía es la hora que ese hombre
no me manda ni un solo mensaje.
- Fernanda, debe ser que así te duela, tú no le interesas a él
como a ti te gustaría.
- ¿Qué estás diciendo?
¿Que le gusta Elisa?
No, no, no.
Yo no tengo competencia con esa mujer tan desabrida y fea.
- Mira, yo creo que es un buen momento para que te olvides
de él, por lo menos por un momento,
y te concentres en tu marido.
Porque si no, Fernanda, te vas a quedar
sin el queso y sin el pan.
Te vas a quedar en el aire.
- Ese hombre a mí no me puede dar la patada.
Yo eso no lo voy a permitir bajo ningún concepto.
- Es que ya me sacó totalmente de onda lo que dijo Ana noche.
Ahora está pensando que sí fue ella la que mató a su mamá.
Un día sí, un día no.
- Yo no sé, yo no sé.
Hay muchos hilos sueltos en esta historia.
- Si solamente pudiera saber por qué Fernanda fue a buscarla
a la clínica.
Bueno, para empezar, ¿cómo supo que era ella, Ana,
la que estaba allí?
- No sé.
Ahora tienes que contentarla.
Ella está esperando que yo dé mi brazo a torcer.
Pero no, no, no, no.
Fíjate, porque siento tanta rabia, tanto odio,
tanta frustración por lo de mi abuela, por no saber qué fue
lo que pasó realmente, que no, no voy a dar mi brazo a tolzar.
- Miren nada más las burradas que dicen.
¿En serio ustedes piensan que la única forma
de salir adelante es vendiendo su cuerpo?
- A ver, aquí nadie se está vendiendo.
Por lo menos yo no.
La Pati, bueno.
- ¿Yo? ¿Quién está hablando de andar bailando encuerada?
Si eso no es vender su cuerpo, entonces ¿qué?
- Nuestros apás deben estar revolcándose en la tumba al ver
que de nada sirvieron los principios que nos inculcaron.
- No, no, no, por favor, no.
¿Ya vas a empezar con tus sermones otra vez? No.
- Sí, porque mejor no se ponen a estudiar y salen adelante,
a buscar oportunidades.
- ¿Ah, oportunidades, como tú?
No, no, no, no.
Muchas gracias.
Porque mucho estudio, muchas ganas de superarse,
salir adelante y sigues de sirvienta
en la casa de los Del Pino y con el sueño
de abrir una escuelita que no te va a dejar un solo dólar.
- Señora Fernanda, ¿qué está haciendo aquí?
[***]
- Hablé con el tipo que recomendó tu abogado.
Puede hacer el trabajo, pero nos cobra 20,000.
- Va a ser el dinero mejor gastado en nuestra vida.
- Dáselo. - ¿Seguro?
- Por supuesto. Ya le hemos hablado.
Es lo que nos conviene.
- Si eso resulta bien, imagínate, quedamos...
- El karma llega, Gabriel.
Y después le va a tocar el turno al viejo
cabeza de rinoceronte.
- De todas formas, esos hijos no sirven para nada.
Son unos Alonsos en potencia.
- Que sea lo que sea, pero son sus herederos.
Y si ya no están, Brenda se va a quedar con todo.
Entre menos burros más olotes.
Acuérdate de eso.
- Así es.
- ¿Aquí viven?
- Vivimos la Pati y yo acá.
- Y mi casa queda aquí cerca.
- Qué bueno saberlo.
Pensé que me había equivocado de dirección.
Estaba tocando de casa en casa.
- ¿Se le ofrece algo?
- Sí, sí.
Justo yo le entregué unas cosas a Pati y entre esas cosas
había un cinturón.
- Ah, pase. La Pati está acá.
- Sí. ¿Puedo pasar?
- Sí, claro.
- Ay, muchas gracias, que amable.
- Adelante.
- Espero que no le hayas dado tu nombre
al sicario ese, ¿verdad?
- Por supuesto que no.
Quedamos de hablar más tarde para concretarlo,
pero quería discutirlo contigo primero.
- Ya te dije que adelante.
Es una gran inversión.
Esto no lo tiene que saber nadie, Gabriel.
No hace falta que te diga lo delicado que es.
- Es un asesinato.
- No, no.
Yo prefiero llamarlo una liberación de obstáculos.
Mientras nadie lo sepa, no va a haber ningún problema.
Pero si alguien se entera...
- Soy una tumba, obviamente.
- Entiendo perfectamente cómo te sientes.
Y las dos partes tienen razón.
- Tal vez Sebastián se equivocó al haberse casado conmigo.
- No digas eso, Mónica.
Yo sé que tú puedes aprender a moverte entre los dos mundos
sin ningún problema.
- Ay, Elisa, qué más quisiera.
Pero de plano siento que no encajo.
No tengo nada en común.
- No toda la gente de nuestro círculo es vacía y tonta.
- No, pues no.
Ni tú ni Tania son como muchas otras que he conocido.
- ¿Ya ves?
Puedes salir con nosotras.
A las dos nos caes muy bien
y nos encantaría poder salir contigo.
- Voy a tratar, pero de plano hay gente que no trago.
Fernanda, por ejemplo, no me soporta.
Y yo tampoco a ella.
Desde que me conoció me tiró mala onda.
- No, me pegué el susto de mi vida.
Lo que menos esperaba era encontrarme con las sirvientas
en la casa.
- Ay, Dios mío, Fernanda.
Claro, claro que sí.
Las tres hermanitas.
Claro que las conozco.
Aunque solamente dos viven acá.
- No te imaginas las estupideces que tuve que inventarles
para justificar que estaba ahí.
- Bueno, eso lo que te quiere decir es que nunca te puedes
volver a aparecer por acá.
¿Me entendiste? Nunca.
- Ni que estuviera loca.
- Mira nada más.
Ay, Dios mío.
Increíble, ¿ah.
- No, ¿pero cómo se te ocurre?
- No, es que yo tengo que conocer al tipejo ese
que me está echando a perder a la Claudia y le tengo que poner
los puntos sobre las íes.
- ¿Pero invitarlo a comer aquí y hoy?
- Pues al mal paso, darle prisa.
Yo no voy a esperar otra semana para saber cómo es él.
- ¿Qué pasó con el dinero que dijo que me iba a dar?
- No, no he podido conseguir nada.
Tenga un poco de paciencia, por favor.
- Mire, Fernandita, si piensa que con la porquería que me dio
me voy a quedar tranquilo, está equivocada.
- ¿Qué ha logrado hasta el momento?
Nada. ¿O me equivoco?
- Mejor pregúntese lo que podría hacer
si no me cumple con lo prometido.
- Ah, ¿me está amenazando?
- Usted es una mujer inteligente.
Usted tómelo como quiera.
Solo sepa que yo no trabajo de gratis.
Ahí usted verá cómo hace para conseguirse ese dinerito.
- Es que yo pensaba ir con Francisco un rato.
- Pues si quieres, vete.
Pero la verdad sí me serviría mucho que estuvieras aquí.
Que viera que tenemos un hombre al lado.
Y además, pues tu opinión también vale.
- Mi madre sufrió mucho por la culpa
de esa maldita secretaria,
la madre de Eugenio Beltrán.
- Pues a ninguna mujer le gusta saber que su marido
está con otra y mucho menos que la deje embarazada.
- Esa lagartona lo hizo a propósito, Gabriel.
Pensaba que con un hijo iba a asegurar su futuro,
pero le salió el tiro por la culata.
- ¿Y era cierto que el abuelo le dejó la mitad?
- A la última hora antes de morir.
Ya estaba cenil.
- Le empezó con remordimientos estúpidos porque nunca
los había ayudado, ni a la secretaria ni el hijo.
- Hiciste muy bien desapareciendo el testamento.
- Bah.
- Años después, el infeliz me fue a suplicar
de que le diera dinero.
Se supone que la mamá se enfermó de gravedad
y que necesitaba tratarse.
Como si me hubiera importado a la maldita vieja.
- Y por supuesto, no le diste.
- Lo mandé al demonio.
- Ok. Y la mamá, ¿qué pasó?
- No sé.
Supongo que se murió.
- Sigue, sigue, Claudita.
- Hola, vecina.
La Érika quiere conocer a mi novio
y vamos a comer en su casa.
Ella tiene mucha comida.
Y se van a echar a perder estos mariscos que me traje anoche
de la casa donde trabajo.
Pensé que a usted se le podían antojar.
- Ay, qué delicia.
Marisco. Gracias, Claudia.
- De nada, Mirna.
Deséeme mucha suerte.
- ¿Por qué?
- La Érika anda insoportable y sé que nos va a poner
como chancla a mi novio Miguel y a mí.
- Algo deben haber hecho.
- Quién sabe qué sabe.
- Y de paso le fregó su día al pobre de Fermín,
que se iba a ver con su mejor amigo Francisco,
que está de vuelta aquí en Miami.
Él vivió muchos años fuera.
[***]
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