All language subtitles for Sed de venganza Telemundo Capítulo 22.mp4-es-CC1

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Original subtitles

- Aquí está su café, don Alfredo.

- Déjalo allí.

- Déjalo allí y ponle llave a la puerta.

- ¿Para qué?

¿Todavía me lo preguntas?

En mi contrato como su asistente personal

no se establece que dentro de mis obligaciones

esté hacer feliz a papá.

- Eso no es una obligación laboral para ti.

Es solo un momento de sano esparcimiento que te hace feliz

a ti y de paso a mí.

- Le agradezco que sea tan considerado y que trate

de mantenerme entretenida, pero no es necesario que se moleste.

- Yo sé que lo deseas.

Yo sé que te gusta.

Yo sé que tú también lo quieres.

- No, no, no, por favor.

- Es cierto. Tranquila.

[♪♪♪]

[♪♪♪]

- Lamento interrumpir su sesión de trabajo.

- No es lo que piensas.

- No, por supuesto que no.

- ¿Y tú qué esperas para salir?

- Sí, sí, señora Fernanda.

- Si piensas que te voy a dar

alguna explicación, estás muy equivocada.

- No, no hace falta, Alfredo.

No estoy ciega.

Yo vi muy bien lo que estaban haciendo.

- ¿Muy bien?

¿Y entonces qué?

- Cretino.

- ¿Qué quieres, aparentar que te importa?

Fuiste tú la que me empujó a esto.

- ¿A qué le tiras enredándote con Pati?

Ay, Alfredo, hubiera podido creer todo de ti, menos esto.

Ahora sí tocaste fondo.

¿Se repite la historia de tu padre con tu secretaria?

Espero que al menos te estés cuidando y no la embaraces.

Te recuerdo que ya no estás en edad para tener hijos.

- No seas hipócrita.

Sin comentarios.

Ya te dije que no pienso darte explicaciones.

- Soy tu esposa.

- Yo hago lo que quiera, cuando se me dé la gana y donde quiera.

- Está bien.

Anotado. Que te aproveche.

Y felicidades por tu buen gusto.

Tú y yo nos vamos a ir a comer un pollito.

Pero ni aquí ni ahora.

- Estaba en la constructora.

Le dije a Gabriel Del Pino que Eugenio Beltrán está muerto.

- ¿Y qué cara puso?

- Estaba luchando por no botarse de la risa.

- Imagínate el problemita que se quitaron de encima.

- Me mandaron información de Fernanda.

No es mucho, pero...

- ¿Y? ¿Qué lograste averiguar?

- Vivió con sus padres en Los Ángeles.

Cuando tenía 14 años, hubo un incendio en el cual

los dos murieron.

Desde entonces nadie volvió a saber de ella.

Se la tragó la tierra.

- Necesito que autoricen el presupuesto completo

para la escuela cuanto antes.

Nos urge empezar a pintar, comprar los pupitres,

los pizarrones, todo lo básico.

- En cuanto tenga una oportunidad,

se lo planteó a tu papá.

Si por mí fuera, ya estaría todo arreglado.

Pero sabes que dependo del cien porciento

de lo que él decida.

- Estuve pensando y voy a necesitar a alguien

que se encargue de que todo funcione ahí.

La única opción es Erika.

- ¿Erika?

- Ujum.

- ¿Y tú crees que va a poder con todo?

¿Con la escuela y el trabajo en la casa?

- No creo.

Vamos a tener que buscar a alguien,

para que ayude a Claudia.

Igual y ellas conocen a alguien, ¿no?

- Puede ser.

- Lo único que falta que me digas es que la Pati

hace bien enredándose con el viejillo ese.

- No, no me la cambies.

Solo te dije que hay que tratar de entenderla.

- ¿Y entender qué?

¿Que es una resbalosa y que va a terminar mal?

Lo único que va a conseguir

es que la pongan de patitas en la calle fíjate.

- Y de paso nosotros también.

- Serás tú, mi chula, porque este pecho se va muy pronto.

Elisa quiere que le maneje la escuela

y de plan lo voy a aceptar.

- No manches.

¿Me vas a dejar aquí sola?

- Pues sí, claro.

Mejor le aceptas la invitación a Miguel a atender borrachos

en su negocio.

- Hace falta sangre nueva en este negocio.

Ya las bailarinas no le echan gana.

No bailan como antes.

Mira, mira, ¿así que pretende emprender al público?

¡Muévete!

- Pero, Miguel, ¿tú qué quieres?

Tú sabes muy bien que a esta hora no viene la gente.

Nuestra clientela viene es en la noche.

- ¿Sabes qué?

Ya Claudia está por entrarle.

Se hace la puritana a veces, pero ya le da curiosidad.

- Ella quiere - Yo te lo dije.

Tiene alma de talonera.

Está de un divino.

La vas a compartir, ¿no?

- Claro. Pero tranquilo, fiera, tranquilo.

Deja que se enganche bien.

Deja que se entone.

Deja que esa carne se sazone bien.

Y ya después le metes el diente.

De eso se trata, ¿no?

De que ella entre por su propia voluntad.

- Bueno, las cosas conmigo

son por las buenas o por las malas, tú sabes.

- Eres un hombre malo.

- Todo lo que averiguaste

checa con lo que Fernanda me ha contado.

- Si pudiera sacarle a dónde se fue después del incendio

sería más fácil.

Le voy a preguntar porque solamente me ha dicho

que tuvo que luchar mucho para salir adelante.

- ¿Viste a Ana?

- Está furiosa.

Es que le llevé comida y solamente le dejé poco dinero.

- ¿Sigue sin querer ir a la clínica?

Sí. Marcelo dice que tengo que obligarla,

¿pero cómo?

Ella es mayor de edad.

No tiene por qué obedecerme.

[♪]

- ¿Solo tres?

- Pues por lo que veo, eso es para lo que le alcanza.

- Mire, yo... yo le pago el resto después.

Por favor.

- Cuando consigues el resto, hablamos.

- No tengo el dinero en este momento.

Pero yo se lo pago después.

- Mire, el negocio es el negocio.

Yo no me dedico a hacer obras de caridad.

- Mire, son...

Mire, eso de hacerse la necia conmigo no funciona

así que mejor sácate de aquí.

- Son solo dos lo que le estoy pidiendo.

- Sácate de aquí.

- ¿Qué es lo que pasa aquí, hermanito?

Dame un chance aquí.

- ¿Tan grave está el pleito entre ellas?

- Moni y Fernanda se odian.

Yo le he dicho que nos vayamos a vivir un departamento,

pero no quiere.

- ¿Y por qué no?

- Pues porque es una lucha de poderes.

Moni cree que si nos vamos le estaría dando gusto a Fernanda

y no quiere dar su brazo a torcer.

- ¿Otros $20,000?

- Sí, hoy mismo.

Fernanda, yo no puedo estar sacando dinero así por así.

- ¿Por qué no?

- Pues porque no y tú lo sabes.

¿Para qué lo quieres?

- No tengo por qué darte explicaciones.

- Pídaselos a tu marido entonces.

Es más fácil.

- ¿Con lo codo que es?

Anda, mi rey, consígueme el dinero y deja de repelar.

Aquí se mueve millones.

Por 20,000 no pasa nada.

- Necesitaba más pastillas, pero no me quiso dar más.

- Ya, ya, sí, yo entiendo.

Yo entiendo que te quieres relajar, muñequita.

No es eso.

Un poquito más de la cuenta, ¿sí?

Bueno, lo que yo no entiendo es cómo es posible que

una niña tan bella como tú no tenga para pagar su chocolate.

- Es que yo sí tengo el dinero.

Solo no lo tengo en este momento.

Pero les voy a pagar.

Solo necesito dos pastillas más.

- Me parece muy raro que Fernanda esté así.

Ella no es de las que...

- Le ha dicho que no sabe comer, que parece una chencha.

Que me está avergonzando enfrente de todos.

- Pues que no le haga caso, porque eso no es verdad.

- Elisa, yo antes no me fijaba en ciertos detallitos,

pero últimamente, pues como que sí me gustaría que Mónica

aprendiera a comportarse.

¿Está mal eso de mi parte?

- Sebas.

- Créeme, con Fernanda la voy a tomar con calma.

Pasamos buenos momentos,

pero ella es la mejor manera

para averiguar lo que necesito saber.

- El amor a veces es traicionero y puede tomarnos por sorpresa.

- Sí, aunque las dudas que tenía con ella han ido desapareciendo.

Pero esta casada; no se atrevería a dejar a Alfredo.

A ver, ¿a qué le tiraría?

Esa relación no tiene futuro.

Y no, no me voy a enamorar. Créeme.

- ¿Y si un día se decidiera dejarlo?

- Las cosas podrían cambiar.

Pero no, no, por el momento no.

Es imposible.

Tenemos una sociedad.

- Es mucho el dinero que Marcelo y tú están invirtiendo.

- Sí, y por nada del mundo lo vamos a perder.

- Yo te puedo ayudar, ¿sí?

Pero vamos a hacer un trueque, ¿ok?

Yo te doy las pastillas y tú me das a mí algo

de esas cositas que tú tienes.

- ¿Cómo qué cosa?

- Esa cosita rica, mi vida, eso que tú tienes,

mi amorcito bello.

- Suélteme.

- Está bien, tranquilízate.

Yo entiendo que tú no tengas plata

pero puedes pagar con especie.

- No me toque.

- No se asuste. Venga acá.

Mi vida, no corra.

Aquí voy a estar.

Cuando tenga ganita otra vez, voy a estar aquí, ¿oíste?

Cosa más bella, vale.

Mira.

- Elisa.

Acabo de enterarme de lo que pasó con los hermanos de Brenda.

Y también supe lo de Tania.

¿Se lo contaste a Marcelo?

- Está muy dolido, Elisa.

- Yo entiendo que Marcelo no quiera volver a verla.

Cualquier otro hubiera hecho lo mismo en su lugar.

- Es una lástima porque sí hacían bonita pareja.

- Tania está muy deprimida.

- Marcelo igual.

Es que nunca lo vi así, tan triste,

tan decepcionado de alguien.

Elisa, no sé si debería de tocar el tema, pero...

- No, no, por favor.

No quiero tocar ese tema, Emilio.

Fue una estupidez lo que pasó y no se va a volver a repetir.

- Eso lo entiendo pero es que...

- Soy una mujer casada

y nuestra relación debe ser estrictamente de trabajo.

♪ Puedo ser, yo puedo ser ♪

♪ la razón, la razón, ♪

♪ de poder dejar esta razón. ♪

]

♪ En un mundo de sombra ♪

♪ donde el silencio grita, ♪

♪ cada palabra es un eco ♪

♪ de promesas marchitas. ♪

♪ Sed de venganza, con fuego en la piel, ♪

♪ buscando la verdad en un mundo cruel, ♪

♪ lealtades rotas, ♪

♪ corazones de fiera en esta selva de cemento, ♪

♪ sálvese quien pueda. ♪

♪ En la sombra de la noche miradas de seda, ♪

♪ dos familias en lucha, tu legado está en juego, ♪

♪ juramentos que se quiebran, secretos por saber, ♪

♪ cada momento es un recuerdo, un pasado por volver. ♪

♪ Sed de venganza con fuego en la piel, ♪

♪ buscando la verdad en un mundo cruel. ♪

- En ese momento me sentí acorralada

y quería escapar de todo.

- Ay, Tania,

gracias a Dios te encontraron a tiempo, mi niña.

- Alonso no se siente mal por lo que me hizo.

Vino a amenazarme, ¿lo puedes creer?

- ¿Y amenazarte por qué?

- Dice que si no hago lo que quiere,

va a subir el video que grabó a redes.

- Ay, por Dios, qué hombre más enfermo.

- Yo nunca pensé que podría odiar tanto a alguien.

- Ya, ya, no permitas que él atormente tu vida, Tania.

Yo ya te lo dije y te lo repito: tú eres valiosa, tú eres bella,

tú eres joven y tienes toda una vida por delante.

- Mirna, me voy a vengar de él.

Alonso me va a pagar todas las que me ha hecho.

- Ay, de plano va a ser bien aburrido trabajar en esta casa

si tú no estás.

Mejor dile a Elisa que me contrata a mí también

para chambear en la escuela.

- Pues ni modo que de maestra.

Le puedo enseñar lo básico en inglés a los alumnos.

Yes. No.

This is me.

This is you.

- Payasa.

- Me da una lástima la Brenda.

- Le hubieras visto la carita que traía en la mañana.

Solo le queda esperar en mi Dios resignación.

- Ujum.

- ¿Oye, qué crees que haga la Fernanda cuando se entere

que la Pati está haciendo feliz a papá?

- Ni me digas que además que tuvo el gesto

de entregarle toda esa ropa.

Es que entre tú y ella me van a terminar matando, Claudia,

en serio.

- Estoy que me muero de la vergüenza.

Su esposa ha de estar furiosa,

y con toda la razón del mundo.

- La única opinión que debe importarte es la mía.

- Pero ella...

- ¿Estás sorda?

El único que manda aquí soy yo.

Lo que ella diga o piense me importa un pepino.

- ¿Cómo?

¿No le pidió que me despidiera?

- No, si lo hubiera hecho, me da exactamente igual.

Mira.

Ya todo esto me puso muy tenso.

¿Por qué no le echas llave a la puerta?

Pasó lo que pasó porque no me obedeciste.

[♪♪♪]

[♪♪♪]

- Espero que mañana me dejen salir.

Detesto estar aquí.

- No, no, no, no.

Tú te vas para tu casa y te tomas unos días y descansas.

Yo me encargo de la tienda, no te preocupes.

- Olvídalo. Trabajar me va a servir para distraerme.

- Está bien.

¿Y Marcelo se ha comunicado contigo?

- No.

Y si se enteró de lo que hice

seguramente está lamentando que no esté muerta.

- ¿Por qué dices eso?

¿Cómo se te ocurre?

- Yo no quiero hablar de eso, Mirna.

Ya entendí que el amor no es para mí.

No me merezco a nadie que me quiera.

- Y esas son las últimas novedades.

- Hay que mandarle unas flores a la familia Ferrero.

- Sí, no te preocupes.

Ya me encargué de eso y las mandé a nombre de los dos.

- Gracias.

Oye, y cambiándote de tema,

no parece importarte mucho el cortón de Elisa.

- Ay, Marcelo, no, solamente que me importa.

Te juro que me duele.

Me duele, pero ya me dio a entender que está contenta

con Roberto y yo no puedo olvidarme a lo que vine.

No me queda otra cosa que aceptar la realidad.

Y la realidad es que la perdí hace diez años y fue mi culpa.

Yo nunca debí creer que era ella capaz de denunciarme.

De cualquier manera,

ya no hay nada que hacer.

- Así es.

Y está bien, hermano.

¿Oye, y cuándo tiran nuestros edificios en Pompano Beach?

- La próxima semana.

Ya estoy preparando la campaña de preventa para México.

En lo que descubro qué fue

lo que pasó realmente con mi abuela,

tenemos que recuperar el dinero que invertimos.

- Sí.

- Lo dejo en sus manos, señores.

Y por favor, que sea a la mayor brevedad posible.

- Claro que sí, señor Ferrero.

Cuente con ello.

- Gracias.

- ¿Tus negocios no pudieron esperar ni siquiera hoy?

Va.

¿Qué quieres, ah?

Deberíamos estar acompañando a mi mamá.

- No, no, quiero que escuche lo que tengo que decirte.

Brenda, con tus hermanos ausentes, lo lógico es que

algún día tú seas quien heredes todo lo que tengo.

- Papá, yo no quiero hablar de eso.

- No, por favor.

Ninguno de nosotros tenemos la vida comprada.

Hoy estamos aquí, mañana te fuiste.

Acabamos de verlo con tus hermanos.

Y como no acabas de entrar en razón y no dejas de una vez

y por todas al mequetrefe y bueno para nada de Gabriel,

he decidido tomar medidas urgentes.

Más que nada porque no quiero

que Alfredo meta sus sucias manos

en ni un solo centavo de todo lo que tengo.

- Yo espero no arrepentirme de complacerte en todo, Fernanda.

Si me llegan a descubrir...

- Te meten preso.

- ¿Qué, te parece divertido?

- Ay, todo te lo tomas demasiado en serio.

No se atreverían a tocarte.

Eres el esposo de Elisa

y el futuro padre de sus hijos.

Todavía estoy trabajando en eso.

- Bueno, espero que no me salgas

igual de poco efectivo que Gabriel.

- Eso no va a pasar.

A mí no me falla nada.

Y a ti te consta, ¿no?

- Pues esa energía que estás sintiendo ahora sí, sí.

Úsala, pero con Elisa.

Bueno, yo me tengo que cambiar.

Tengo la misa de los hermanitos de Brenda.

Que Dios los tenga en su santa gloria.

Límpiate.

- Tampoco pienso desheredarte ni voy a dejar desamparados

a mi nieto y a ti.

Eso sí.

No podrás hacer uso de mi dinero libremente.

- Eso y desheredarme viene a ser prácticamente lo mismo.

- Cuando yo falte, todo se venderá y el dinero

se invertirá y tú recibirás una pensión.

- Lo que estás diciendo es...

- Es lo más inteligente que puedo hacer, Brenda.

Porque esa pandilla de sinvergüenzas que hoy se hacen

llamar tu familia no se van a adueñar de mi constructora

y mucho menos van a disfrutar de lo que

con tanto esfuerzo yo he logrado levantar.

- Papá, por favor.

- Es más, estoy pensando en vender ya y dedicarme

a recorrer el mundo con tu madre.

¿Sabes por qué no lo hago?

- ¿Por qué?

- Porque estoy esperando a ver qué sucede

cuando Eugenio Beltrán llegue a Miami.

- Otra vez el mismo punto.

- Eugenio Beltrán está muerto.

Contraté a un investigador para que lo localizara y falleció

en un incendio en su departamento.

- ¿Qué conveniente, no?

- Si estás pensando que nosotros tuvimos que ver en eso...

- No, no, no, no.

¿Quién ha dicho eso?

- ¿Mi papá no te lo contó?

- ¿Qué? Ah, no.

Es que él ha estado muy ocupado últimamente con Patricia.

Pati.

- ¿De qué hablas?

- ¿Ah, no sabías?

Ahora ella es la que se encarga de hacer feliz a papá.

- Qué bueno que ya estás lista.

Salimos en 15 minutos.

¿Y Sebastián?

Él nos va a alcanzar en la iglesia.

Me dijo que me fuera con ustedes.

- ¿Y esos zapatos?

- Cámbiatelos. - ¿Y si no quiero?

Pues allá tú.

Lo único que vas a hacer es decepcionar a Sebastián,

porque están horrendos.

Pero por mí me da igual.

Ponte chanclas, tenis, lo que tú quieras.

[♪♪♪]

[♪♪♪]

[♪♪♪]

- Pensé que no ibas a venir.

- Vine por Brenda, no por ti.

No te emociones.

- ¿Tienes miedo que me enamore de Patricia?

- Enamórate todo lo que quieras.

Se ven tan ridículos tomados de la mano.

¿Sí sabes lo que va a decir la gente de ti, verdad?

Que oficialmente eres un viejo senil, mi amor.

- Estoy más allá del bien y del mal, mi amor.

Lo que los demás piensan me tienen muy sin cuidado.

Vamos.

- Hola.

- En nombre de mi familia y mío, mis más sinceras condolencias.

- Mis más sentido pésame.

- Gracias.

- Sé que nuestra relación me ha sido buena, y más últimamente.

Pero este no es momento de pensar en las diferencias.

Soy padre y entiendo cómo te sientes.

- ¿Qué vas a entender tú?

Antes me matan que estrechar tu mano.

[♪♪♪]

[♪ Tema musical ♪]

- Lamento que ni siquiera en estos momentos

podamos convivir en paz.

- Sigo en lo dicho.

La próxima semana se te vienen encima

momentos que no querrías vivir nunca.

- Ay, Adalberto, ya, por Dios, te lo suplico, ya.

- Qué triste que digas esas cosas

estando en la casa de Dios.

¿Y sabes que? Ya la verdad es que ya no duermo

esperando ese terrible encuentro con el pasado.

Espero tener fuerzas para enfrentarlo.

Con permiso.

Con permiso.

- Sigue tentando a tu suerte y el día menos pensado

vas a ser tú al que estemos enterrando.

- Ay, ya bájale, ¿no?

- ¿Qué quieres que te diga?

¿Que te aplauda?

Tania está muy alterada y si la sigues provocando,

va a ser capaz hasta de matarte.

- Pero es que yo no la provoco.

Más bien soy el que la hace feliz.

- Tú no la haces feliz.

Tú no sabes hacer feliz a nadie.

Es inútil lo que le digas, no va a hacer caso.

- ¿Qué?

- En serio, eres repulsivo.

Tanto daño le has hecho como para que ahora estés así.

- Mira, los mirones son de palo.

Así que mejor quédate callada, mamacita.

- A ver, a ver, a ver.

No es el mejor lugar para hablar de esas cosas.

- Gracias.

- Ojalá que mi papá no se pelee con Adalberto aquí.

Ni que ya nos vayamos a la casa, ¿no?

- Qué ------ calor hace, ¿no?

¿A qué hora nos vamos?

- Tal vez ni se acuerde de nosotros.

- No, claro que se acuerda.

¿Cómo crees?

- Le hubieras dicho que íbamos a venir, brother.

Igual se saca de onda.

- No, claro que no.

Yo necesito que Ana interactúe con otras personas

y ustedes son los sindicados.

- Bueno, esta semana no tengo clases en la escuela.

A lo mejor podría acompañarla un rato en las mañanas.

- Eso estaría buenísimo.

La verdad, sí necesita compañía.

La he visto muy sola, deprimida, triste,

y no me gusta verla así.

- Gabriel me contó lo de Eugenio Beltrán.

Te felicito.

Ya por fin puedes dormir en paz.

- ¿Se puede saber qué vas a hacer con esa ropa?

- ¿Cómo que qué voy a hacer con esta ropa?

Llevarla al cuarto de María Laura,

donde me voy a instalar a partir de hoy.

- ¿Estás loca tú o qué?

- Sí, después de lo que vi hoy, sí, estoy muy loca.

Yo no puedo dormir a tu lado.

Se me revuelve el estómago nada más de imaginarme a Patricia

teniendo sexo contigo.

- ¿Estás celosa?

- No, celosa no es precisamente la palabra.

Estoy furiosa.

Y no sé si pueda llegar a perdonarte nunca.

- Ya. - Alonso, ya, ya no sigas.

Entiende que es un momento muy difícil para mí.

Mis hermanos se acaban de morir.

- Ándale, ya, vamos a mi cuarto un ratito.

- No insistas.

- Yo creo que te hace falta un poco de distracción.

- No es esa es la clase de relax que necesito.

Mis hermanos eran muy importantes para mí.

- Aquí el momento es bueno para el amor.

Haciéndote la difícil no vas a solucionar nada.

- Siempre he estado ahí para ti en todos los sentidos.

Me heriste hoy con lo que estás haciendo, Alfredo.

Y más sabiendo que me engañas con Patricia.

Eso es humillante.

- Mi amor, fue solo una canita al aire

para variar un poco.

No es nada serio.

Yo no tengo planes de seguir con él.

- Ay, guau, qué alivio me da saberlo.

- Si tú quieres, mañana mismo la despido.

- No, no, no.

¿Quién soy yo para dejar sin trabajo a la pobre mujer?

Yo estoy segura que esto no es algo que ella propició.

- Y por todo ¿vas a pensar mal de mí?

- Hay algo te he ido conociendo en estos 10 años que llevamos

de casados y no me toques.

Suéltame. Yo estoy luchando aquí para mantener el control

y para no hacerte pedacitos, ¿me oíste?

Que sueñes con Pati.

- Fermín y Erika te recuerdan con muchísimo cariño.

Por eso quieren venir a visitarte

lo más seguido posible.

- ¿Con cariño por qué?

Cuando yo vivía en la casa, casi ni hablábamos.

- Doña Manuelita siempre nos hablaba de ti con mucho cariño.

Te quería muchísimo, Ana.

Y también nos dijo que fue a visitarte

muchas veces a la clínica.

- Sí, nos dijo cosas muy, muy bonitas de ti siempre.

- Pobre Manue.

Le pedí en todas las maneras que no hablara con Fernanda,

pero lo hizo.

- ¿Y te vas a quedar definitivamente en el cuarto

que era de mi mamá?

- Pues definitivamente no lo sé, pero creo que sí me voy a ir

de la casa.

- ¿Estás teniendo problemas con mi papá?

Prefiero no hablar de esto ahora.

Pero sí, estoy tan triste y tan decepcionada.

- ¿Por qué? ¿Qué pasó?

Sabes que puedes confiar en mí.

- Elisa, tu papá me está engañando con la secretaria,

con...

- Ay, no.

- Pati.

Y esto es mucho más de lo que puedo soportar.

- Yo sabía.

Yo sabía que ella le iba a matar.

- Y bueno, eso no nos consta.

- ¿Y entonces quién fue?

A Manue no la pude matar yo.

- Ana, yo te prometí que le íbamos a hacer justicia.

Lo voy a vengar, vas a ver.

Sí.

- Es que todo el mundo se está volviendo loco en esta casa.

Te juro que no entiendo qué está pasando.

- Yo ni siquiera puedo odiar a Pati.

Es que tu papá es un hombre tan inteligente

que supo cómo enredarla.

Y ella, la pobre, es tan estúpida.

- ¿Y qué esperaba mi papá?

¿Que te quedaras como si nada después de que los cachaste ahí

en pleno...?

- Ya sabes cómo son los hombres, Elisa.

Y lo peor de todo es que hay que perdonarlos.

- Es que es increíble lo que algunos hombres

son capaces de hacer.

No sabes lo que me acabo de enterar de Alonso.

Es que te juro, sigo sin poder creerlo.

- Que está con Brenda.

Sí.

Yo ya me la imaginaba, pero...

- No nos vamos a poner tristes ni a pensar en lo malo que pasó.

Más bien pensemos en todo lo bonito que viene para ti.

- Aquí no hay nada bonito.

- Ana, has estado pesimista.

Estás ansiosa, decaída.

Érika, cuando pueda, va a venir a hacerte compañía.

Pueden salir, pasear, te puedes distraer.

- Sí, yo vengo mañana y vamos a dar una vuelta, ¿te late?

- Mira, yo tengo que trabajar, pero si necesitas,

puedo pasar a visitarte.

- ¿Los vas a obligar a visitarme cada vez que pueda?

- Miren, les agradezco las molestias que se están tomando,

pero después de estar diez años encerrada en un lugar

sin ver a nadie, sola como un perro,

pues ya sé hablar conmigo misma, ¿no?

- Ana.

- Hay que entender a Brenda.

Gabriel ya sabemos que tiene su, ¿no?, pequeño problemita

y seguramente por eso fue que ella corrió a brazos de Alonso.

- Pero ella está embarazada.

- ¿Ay, tú crees que debería de...?

- Ay, no.

¿Y si ese hijo no es de Gabriel?

- No, ¿tú crees que puede ser de Alonso?

- Ay, no, no, no.

Eso sería algo horrible.

- Ay, Elisa, no digas más.

Suficientes problemas tenemos ya en esta casa, por Dios.

- Cancelado. - Sí.

- Mi papá se portó muy bien hoy,

pero el tuyo estaba en un plan...

- No va a haber poder en el mundo que haga que se quieran.

Sigue insistiéndome en que te deje.

- ¿No se cansa de lo mismo?

Me preocupa lo que pueda hacer

ahora que mis hermanos ya no están.

¿Y es que volvió a amenazarte con desheredarte, o...?

- No, pero...

obviamente, si yo soy su única heredera,

qué crees que pasaría con la constructora?

¿Quién podría encargarse?

- Bueno, yo podría encargarme, ¿no?

- Y por consiguiente tu papá también.

Eso a mi papá no le va a gustar para nada, Gabriel.

Ay, no.

Mis hermanos, Gabriel.

Sí.

Que en paz descansen.

- Pues la verdad está bien rara.

No le gustó para nada vernos, Francisco.

- Creo que lo mejor sería que no vengamos

y que le demos su espacio para que esté más tranquila.

- ¿Van a tirar la toalla así a la primera, de cambio?

Es lógico que esté incómoda, pero denle

un poquito de chance, ¿no?

- Está bien.

Yo vengo mañana como te lo ofrecí.

Voy a poner de mi parte para que se aliviane.

- No sé ustedes, pero a mí se me hace que a ratos

se está drogando otra vez.

Quiero tenerla vigilada.

- Imagínate, si pasa eso, sería lo peor.

- Fermín, ya no sé qué más hacer.

A ver, obligarla a algo no puedo.

Es mayor de edad.

Tal vez lo mejor es que regrese a su casa.

Nadie mejor que su familia para hacerse cargo de ella.

- No, no, no, no, no.

Imagínate si la vuelven a encerrar en esa clínica.

- No, no, no, Fernanda, y mucho menos Elisa, lo permitirían.

De eso estoy seguro.

- ¿Y por qué lo permitieron antes?

- Anoche casi no dormí del pendiente que tenía.

Créame que estoy sumamente avergonzada con usted.

- Como debería de ser y con toda la razón del mundo.

Pero yo no te cité aquí para hacerte reproches, Pati.

Yo conozco perfectamente bien a Alfredo

y sé cómo se las gastan.

- Sí, sí, sí.

Le juro que cuando menos me di cuenta,

yo ya estaba haciendo feliz a papá.

- Te cedo la batuta, mi amor.

Yo no te estoy pidiendo que te alejes de él.

Al revés, quiero que lo mantengas bien cerquita de ti

para que me deje tranquila a mí.

- Ya llevo más de hora y media aquí, toque y toque como loca,

y ella no abre.

- Ok, va, deja que le marque y te hablo

en un minuto, ¿sí?

[Suena celular]

[Suena celular]

No, no me contesta.

Tal vez se fue al súper por ahí cerca, no sé.

- Voy a esperar otro rato, pero si no aparece, ni modo, me voy.

Te aviso cualquier cosa.

- Sí, por favor.

Yo voy a seguir marcándole.

Y gracias por todo, Érika.

Qué pena que tuviste que ir hasta allá en balde.

- Te agradezco que te preocupes, pero estoy bien.

Yo sé, pero el doctor dijo

que te lo tienes que tomar con calma.

- Los doctores tienden a exagerar.

- Ok, pero hoy mismo voy a llevarte con el terapeuta.

No me voy a arriesgar por nada del mundo de que vuelvas

a cometer otra locura.

- No lo voy a volver a hacer. Ya te lo prometí.

- A ver, te ayudo a acostarte.

- Ay, Elisa. Está bien, está bien.

- Yo no sé si quiera seguir así, señora Fernanda.

Don Alfredo solamente está usándome.

- ¿Y qué?

Úsalo tú también y sácale todo lo que puedas.

- ¿Sácarle? ¿Sacarle qué?

No creo que tenga la intención de darme absolutamente nada.

¿Sabía que a duras penas me dio $100?

- Perdón.

Es que Alfredo, cuando quiere,

puede ser muy miserable y muy tacaño.

Tú lo que tienes es que aprender a hacerle cosquillitas.

- O sea, ¿usted está diciéndome que quiere que siga?

- Sí, exactamente.

Yo lo que quiero es que no seamos enemigas.

Al revés.

Quiero que seamos amigas y que estemos más unidas que nunca

en esta vida.

Yo te hago un favor a ti y tú me haces un favor a mí,

¿entendido, Pati?

- De Alonso ya no me extraña nada.

Lo que sí se me hace raro es que Brenda se haya dejado

manipular por él.

- Pues porque está buscando lo que Gabriel no puede darle.

- Y que Alonso puede dar las 24 horas del día.

¿Sabes qué es lo que más me gustaría en el mundo?

Tenerlo congelado frente a mí y agarrar un cuchillo de cocina

y cortarle ya sabes qué.

Ese sería el mejor castigo.

- Tania, ¿qué te pasa?

Solo tú piensas en esas cosas.

Pobre Gabriel.

Además de ser impotente, le están poniendo el cuerno.

- Y jura que el hijo es de Alonso.

- No, no, yo sé que Brenda fue a hacerse la inseminación.

- Ay, Elisa, esas cosas tardan.

Y que a ellos les haya funcionado a la primera

me suena a una tomadora de pelo.

Yo que tú le contaría a Gabriel lo que está pasando.

- No, no, yo prefiero no meterme en sus problemas.

- Ana, por favor.

A ver, en verdad no sé qué es lo que te pasa

que no contestas.

¿Estás escondiéndote o...?

Lo que estás haciéndo a Erika está mal, ¿sí?

Lleva muchísimo tiempo afuera del departamento esperándote.

Márcame apenas puedas, ¿sí?

Gracias.

- Mirna, ¿dónde estás?

Pícale, llégale ya.

Tengo muchas cosas que hablar contigo

y no tengo tiempo.

[♪♪♪]

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CC: TELEMUNDO NETWORK captioning@telemundo.com

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