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Original subtitles

¿El oeste?

No, es la periferia de una ciudad: México.

Aquí, como en las grandes urbes,

en las metrópolis sofocadas por el smog

y correteadas de una prisa incontenible,

enervadas por el apiñamiento de edificios,

de casas, de cosas, de almas, y de cuerpos,

aquí se encuentran también las ciudades perdidas,

la resaca de angustia.

El fraude a la esperanza se realiza y la gente abandona su terruño

frustrando la nobleza de la campiña

que añora la hora del rescate.

El hombre y su familia abandonan la tierra y sus hogares

queriendo incorporarse al núcleo urbano,

aparentemente nuevo, pero ya viejo.

Entonces se pierde, como en la cita clásica, toda esperanza,

y pretendiendo subir se adquiere entonces

todo el cinismo para soportar las caídas.

Ahí en ese desierto de soledad y de angustia

el ser humano, pretendiendo encontrar nuevos horizontes,

a veces cae en la delincuencia,

y como en todas las grandes ciudades,

aún de país a país,

los cinturones de la periferia

son un reto a la honradez de los que llegan.

Y de la promiscuidad surgen entonces hecatombes

en la niñez y en la juventud.

Transmitiendo a control remoto

desde las minas de arena en la periferia del distrito federal

nuestro programa "Aquí México".

Y ya nos llega la señal de nuestro compañero

que entrevistará algunas personas

que han llegado de diferentes puntos de la República.

Adelante.

Y ¿ya tiene algún trabajo definido?

No.

Son nuestros paredes, yo los invité, son mis invitados.

Pero, ¿tienen suficientes recursos económicos?

¿Qué?

Que si tienen suficientes recursos económicos.

¿Qué es eso?

Dinero, billetes, para vivir, para comer.

No. ¿No le estoy diciendo, mi señor, que venimos con mi compadre, que nos va a dar cabida?

Y ¿ustedes cuántos son?

Bueno, familia mía, somos cinco:

mi papá, mi mamá, mi vieja, mi hija, y yo.

Y usted que los invitó, señor, ¿de dónde es, y cuántos son en su familia?

Frente a la cámara, por favor. -De allá mismo, y somos ocho.

Y donde comen ocho, podemos comer 16.

Nomás le echamos una poquita de agua a los frijoles, y ya estuvo.

Además tenemos dos manos, podemos trabajar.

Yo puedo trabajar de barrendero, de peón, de albañil.

Pues ¿qué me tiene usted que estar diciendo?

Señor, déjenos quedarnos aquí.

No, no, yo no les digo nada, señora.

Yo voy a poner mi puesto.

Vendo enchiladas, tamales, y mis hijos periódicos

y chicles, y de hambre no nos hemos de morir.

-Muy bien, señora. -¡Mucho, chaparra!

Con la ayuda de Dios tendremos una casita para nuestros hijos,

que no sean tan pobres como nosotros.

-¡Ah, tan optimista! -¿Usted es de aquí, señor?

Pues también tengo aquí ya como 15 años.

Claro que van a tener sus casitas de tablas y de cartón,

para que vengan después los animales esos, los tractores,

se las derrumben, y ustedes a alzarlas.

Y ellos a derrumbarlas, y para afuera, y para afuera, y para afuera,

hasta que los manden a la basura. ¡Sí!

Y aquí sus hijos van a ser más pobres que nunca.

Yo también me vine de allá, de Jalisco, hace 15 años.

¡Que es que triunfar!

Y tenía mis tierras, mis animalitos,

y me traje a mi vieja.

Y me traje a mis chamaquitas, estaban chulas, las canijas.

Pues aquí me las pepenaron.

Y a tu mujer también te la pepenaron.

Y ¿quién te lo está preguntando, buey?

¡Que como a ti mucho te respetó la tuya, mucho te respetó!

¡La hambre es canija!

¡Pobres viejas, ellas tienen que comer de algo!

Más les valiera no haber venido, verdad de Dios.

¡Además, fuera de indios...!

No, señor, por favor, esa palabra no, por favor, nos van a cortar, estamos en el aire.

Por favor, cálmense un poquitito y vamos a terminar el reportaje.

Nos gustaría terminar el reportaje… ¡No, esa palabra, menos, señor!

Nos van a multar, por favor, cálmense un poco, calmen sus ánimos.

Pórtense como lo que son, como gentes decentes.

Dígales que se calmen para continuar con el reportaje.

Nada más unos minutos y continuamos, y terminamos ya, ahora mismo.

Es imposible, ya. Vamos a tener que cortar. Sálvese el que pueda.

Señores, suplicamos disculpen, esta transmisión…

¡Niño, por favor! Disculpen, esta transmisión…

Este incidente en que no tuvimos absolutamente nada que ver.

Se despide su programa: "Aquí México".

Nuestro siguiente programa: "Casada, virgen y víctima".

Podías estarte quieto y apagar la televisión, que me pone nerviosa.

Ustedes perdonen, mi esposa está un poco nerviosa.

¿No les importa si apago la televisión? Gracias.

Oye, Evita, ahora que veas ¿me dirás de qué color son las cosas?

Sí, Sergio, te lo diré.

¿Y de qué color es el viento y el cielo? Júramelo. Júramelo.

Sí, Sergio, te lo juro.

Te lo juro.

# ¿De qué color es el viento? Dímelo, dímelo. # ¿De qué color es el viento? Dímelo, dímelo.

# Es el mundo una rueda que deseo mirar,

# una rueda que gira sin saber dónde va,

# universo de cosas de variado esplendor,

# y del viento me dicen que no tiene color.

# Con los ojos del alma todo puedo pintar

# de colores hermosos, de belleza sin par.

# Al color de mis flores nada puede igualar,

# lo que quiero y deseo siempre yo imaginar.

# ¿Qué colores tienen el cielo y el mar,

# todo el firmamento, y la soledad?

# Quiero que me cuenten, ansío saber

# el color del viento, que no puedo ver.

# ¿De qué color es el viento? Dímelo, dímelo. # ¿De qué color es el viento? Dímelo, dímelo.

# Y mi mundo pequeño todo es felicidad,

# me lo dice la gente, y tal vez es verdad.

# Con los ojos del alma todo veo mejor,

# veo 1000 mariposas de increíble color. # Veo 1000 mariposas de increíble color.

# Color, color, color. #

¿No hay ninguna oportunidad más?

-¿Usted es el doctor, señor? -Por ahora no.

Lo sentimos, en verdad.

-Gracias, doctor. -Con permiso, señores.

-Vamos. -¿Para qué la trajimos aquí?

¡Cállate, por favor, te lo dije!

Pues debía decirlo. La llevaré a Estados Unidos, si es necesario.

-Cálmate, cálmate. -"Cálmate, cálmate".

Eres un mediocre, un indolente.

Evita, ¿quieres que te cuente la historia del monstruo que se comió a la gente viva?

¡Ay, ay, ay! ¡A mí no me cuentes nada de tus cochinadas, de tus porquerías!

A ver, Sergio, cuéntame.

¡Mi papá!

Buenas tardes, señor Helguera.

Buenas tardes, Dimas.

¡Papá, papito!

Señorita, ¿quién es ese caballero que la traía de la mano?

¿No sabe usted que las princesas deben presentar a los jóvenes que las acompañan?

Es Sergio, papá, es Sergio.

Y ¿es guapo? Porque le vas a comprar unos anteojos como los míos.

Pero, ¿para qué?

Pues… para que sus ojitos no se le vean feos.

Para… para que se vea más guapo.

Lo que tú quieras, mi reina.

-¿Sergio? -Sí. ¿Quién me habla?

Soy yo, el papá de Eva. ¿Qué haces aquí?

Vine a ver a Evita pero no me dejaron entrar.

Evita ya pueden ver, ¿verdad?

No, Sergio.

El doctor dice que pronto podrá ver, no ahora.

Eso no es cierto. Llévela con otro doctor.

¿Unos lentes?

Son de Evita, ¿verdad?

-Son para ti. -¿Para mí? Y ¿para qué?

Artemio, ¿vienes, o qué?

Para las personas que ven bien y necesitan ver mejor

hay un lente especial, transparente.

A los que les molesta del sol, usan lentes oscuros,

pero para ti, pues…

para que te veas más guapo.

¡Híjole! ¡Ya puedo ver, ya puedo ver, ya puedo ver, ya puedo…!

¡Éjele! Ni es cierto.

DE QUÉ COLOR ES EL VIENTO

# LZ, la estación que se escucha dondequiera.

# En norteño la campeona y en ranchero la primera.

# LZ, sí señor, la estación más placentera. #

¡Ángel!

Mira cómo estoy pegando en mi tapalapa.

¡No, hombre, ni que fueran radio LZ!

-Esas lámparas, ¿dónde las consiguió? -Por ahí, por ahí.

Mire.

-Tome. -# Una estrellita lloró,

# y al mirarme solo y triste, de mí se compadeció.

# Luego me puse a pensar

# cómo quitarle sus penas y las mías arrancar.

# Una estrellita lloró,

# y al mirarme que sufría con su luz me iluminó.

# Una estrellita me vio y esperanza me dio

# de mirarme contigo.

# Una estrellita me vio y no se equivocó

# porque aquí está su amigo. #

# Una estrellita lloró,

# y al mirarme solo y triste, de mí se compareció.

# Luego me puse a pensar

# cómo quitarle sus penas, y las mías arrancar.

# Una estrellita lloró,

# y al mirarme que sufría con su luz me iluminó.

# Una estrellita me vio y esperanza me dio,… #

# Radio LZ #

# Mira, mamá,

# mi papá viene cansado.

# Ponte bonita, limpia la casa,

# ten la comida, que se sienta halagado.

# Mira, mamá,… #

Si mañana me trae el agua así de rebotada ni crea que se la voy a comprar, así de que mejor ni venga.

Bueno, Adelita, pues yo no tengo la culpa, ¡si así sale el agua de la llave!

Pues órale, ¿por si se mueren, dice? ¡Pues allá Dios dirá!

Si no nos morimos de sed nos morimos de la mugre.

¡Ay, mi hijito, ya llegaste!

-¿Qué ora, esos lentes? -Me los regaló el papá de Evita.

Pareces lechuza.

¡Ay, Ángel, no sabe cómo le agradezco lo que hace por mi hijo,

hasta parece su ángel de la guarda!

Ah, hoy por él, y mañana por mí.

Es que quiero pero re harto al chavo, y sin ningún interés. Verdad de Dios.

Gracias. Hasta mañana.

-Adiós, mi hijito. Ya vas, conejo Blas. -Allí nos estamos viendo.

¡Angelón, Angelón! ¿Qué hay que por lo del niño, hermano?

-¿Oyes? Te recuerdo que ganó la clase. -¿Qué húbole, Santiago?

¡Se mecharon mis chivas!

Y no porque me traiga de niñera a mi chavo se la voy a pasar.

Las deudas del juego son deudas del honor.

¡Ya vas! Después nos ponemos a mano, mi Melchor.

Niéguele, matador.

¿Qué pasó, mi hijo?

¡Mamá, tengo hambre!

¿Por qué no vino a comer antes? Yo ya le di de comer a todos sus hermanos.

Es que fui a ver a Eva.

Oiga, mi hijo, y ¿esos lentes para qué son?

Pues para ver mejor.

¡Qué buen "footacho"!

-¿Qué pasó, cómo le fue? -No me dejaron entrar.

¡Huy, qué gachos!

Codeándose con los ricachones muchos cuates no lo dejan entrar.

Así que ahí quedamos.

Pues eso mismo digo yo. ¿Qué tiene que andar haciendo con esa gente?

¿Qué? Sí, ¿qué tiene que andar haciendo con esa gente?

Más le valdría venir aquí a ayudarme a entretener a estos chillones.

Pero es que hoy operaron de los ojos a Eva.

Y ¿a mí qué me importa?

Pues ¿qué pasó? ¿Ya puede ver?

No, pues dicen los doctores que más tarde va a poder ver.

¡Híjole, qué mala suerte, hijo!

¡Y tanta lana que gastaron sus jefes! ¿Verdad?

¿Le diste las flores?

No, que no me dejaron entrar, aquí las traigo.

¿Que qué? ¿Que qué que qué?

Nada, nada, nada, no estamos hablando de nada.

Vente. ¿Oyes, mi hijo?

Tú ya sabías que yo era marinero, ¿no?

Sí, papá, eso ya me lo dijiste más de 1000 veces.

Sí, cierto.

-¿Sabes qué, mi hijo? -Sí, papá.

Te voy a llevar al mar. Vas a ver cómo el agua de mar te cura esa dolencia de tus ojitos.

Yo también quiero ir, papá.

Oye, papá, cuéntame otra vez la del pescadote que le mochó el brazo a tu amigo.

¡Hijo, qué historia más horrible fue esa! ¿Verdad, hijo?

¡Sí, papá, pero cuéntamela, cuéntamela!

¡No, no, no! ¿Sabes qué? Mejor te cuento la historia de un tiburón que amaestré. Esa es nueva.

-Órale. -¿Sí?

Bueno, pues ya tienes: que un día agarré un tiburoncito recién nacido.

¡Pero re bien bonito, hijo, ni te lo puedes imaginar!

Era un tiburón de este tamaño, mira. ¡Bien bonito!

Con sus pequitas en el pulmón, y todo. ¡Bien bonito!

Y con su hociquito así, tiernito, tiernito, y con sus dientecitos así, como los herrotes.

Pues ándale, así, meroles.

Pues ya tienes, que me lo subo en el barco, y que me lo empiezo a educar.

Y empezó a crecer, a crecer, a crecer, y creció.

Ya hasta se había acostumbrado a andar ahí.

Ahí, ahí, ahí conmigo, ahí, en la cubierta.

Para arriba y para abajo andábamos el tiburón y yo, hijo.

Pero un buen día, por sus pistolas, que se sale sin mi permiso,

por andar de vago ahí nomás, él solo.

Y vámonos, que se resbala y que se cae al mar, por desobediente.

Y ¿qué le pasó?

Pues que se ahogó, mi hijo, se ahogó.

¡Bah!

Ya déjense de estar platicando tanta babosada y pónganse a comer, hombre.

-¿Sabes qué, mi hijo? -¡Sí, papá!

Ahora que regrese te voy a contar el de las ranotas viudas.

¿Cuáles, cuáles ranas?

Unas ranototas así grandototas, verdes, que yo platicaba con ellas.

No, mejor ahorita, ahorita, ¿no?

Ahorita no, mi hijo, tengo que ligar unas chambas que voy a conseguir.

No me tardo. Ahorita vengo.

¡Ay, mi hijito!

Pues tanto tiempo preparándole los sopes, ¿y no se los van a comer?

Me los llevo comiendo, vieja.

-¿Le puso salsa? -No, échele.

Nos vi'. 'Dios.

Y por favor, no llegue tan tarde, ahí se va, con sus amigotes.

-¡No, hombre! -Luego llega de noche.

¡Ah! Ya supe que anda agarrando la pistola. ¿Eh?

-¡No, papá, si es para jugar! -¡Qué jugar, ni que niño muerto!

Esa pistola, mate, es con la que yo chambeo.

Los reyes van a traer una pistolita grandota,

de agua, para que se bañe y no se mate.

Ahí nos vidrios.

Adiós, Frijol. Adiós, Santiaguito.

Buenas, chamita.

-¿Qué hubo, papá? -¿Qué hubo, hijo?

¿Qué hubo, jefe?

¿Qué pasó?

Nada, la de siempre, vieja.

Que el certificado de primaria, certificado de secundaria,

y dónde que yo los perdí.

¡Ja, los perdió!

Cálmale, que están los niños.

Papá, cántame una canción.

Órale, ya le va.

No, no, no, no. Ahora van a empezar con sus gritos, y me despiertan a los otros.

Me los saco para afuera.

Mire, aquí adentro hace calor pero allá afuera hace mucho frío.

Si se los va a sacar, los tapa.

-Los tapo. -Órale.

Oiga, y ahora que me acuerdo,

¿cómo se va a ir allí afuera si se tiene que ir a trabajar?

"Ya se tiene que ir a trabajar" ¡Entro a las 11! ¡11 de la noche!

Mi turno en la fábrica de velamen es a las 11. ¡11 de la noche!

¿Cuántas veces le tengo que decir?

Vamos a la terraza, mis hijos.

-Ya vas, papá. -Órale.

-Vamos, Santiaguito. -¿Dónde vas, papá?

Acá afuera. ¡A las 11! ¡11 de la noche, fácil!

-Papá, ¿aquí nos sentamos? -Ahí mero, mi hijo.

Abusar, que hasta ahí hay una maceta. Dile ¿dónde está el Santiaguito?

Ya he ido, papá.

Eso es. A ver, mi hijito, ahí mero.

A las 11.

# Conejo Blas, ¿a dónde vas con esa trompeta colgándote atrás? #

¡No, papá, de esa de chiquitos no! Una de amor y contradellas.

¡Ay, ay, orejas de perro! ¿Las palomas? ¿Sí?

Órale.

Tunga, tunga, tunga, tunga.

Un, dos, tres.

# Dos palomas al volar dejaron su palomar en el olvido,

# y después, tanto volar, no pudieron regresar y encontraron nuevo nido.

# Ahora sí puedes bailar, ahora puedes vacilar, con quien tú quieras.

# Te burlaste de mi amor y lo hiciste porque sí, de mi vida traicionera. #

¡Ay, condenadas ratas, que hasta el gato se llevaron!

¡Don Melchor!

Meta a sus hijos, que ya estuvo bueno de sereno.

Usted si sabe trasnochar, pero ellos no.

¡Ay, pondré una bomba! ¡Qué carácter! ¡Es a las 11, hombre!

¡Métalos para adentro!

A ver, un solito, Santiaguito. Tú solito, mi hijo.

# ¡Ay, ay, ay, ay! Y que te bendiga Dios, que fue testigo. #

¡Ay, Adelaida!

# Y si Adelaida se fuera con otro… #

-¿Con otro? La agarramos a balazos, mi hijo. -¡No, papá, así es la canción!

# ¡Ay, ay, ay, ay! Que te bendiga Dios, que fue testigo.

# Ahora sí puedes volar, ahora puedes vacilar con quien tú quieras.

# Te burlaste de mi amor, lo dijiste porque sí, de mi vida traicionera. #

Mamá, tengo harto miedo.

Véngase, mi hijito, véngase.

Acuéstese aquí conmigo.

No tenga miedo.

¿Sabe qué? Ahorita vengo.

Es que creo que su hermano se quedó dormido con los lentes.

¡Fíjese! 'tate.

-No te vayas. -Ahorita vengo.

¡Ay, ahí empieza la orquesta!

Te los voy a guardar para que no se te quiebren.

¡Tomen asiento, gurises!

¡A contar, y calladitos, todos a una!

¡Ay, miren cómo me dejaron el escritorio!

Niños, a su lugar, calladitos, vamos a trabajar.

Vamos a recordar la lección de ayer.

Abra todo el mundo su libro en la página número tres.

¿Qué pasó, Angelito, cómo le va?

Muy bien. ¿Y usted, señito?

Bien. Y ¿cómo nos fue en el fútbol?

Para los leones, seño, nos ganó el Atlante.

¡Padre! Me debes mi jocol *, ¿eh?

Ya dijo.

# Amor perdido… #

-Bueno, para santos y retratos. -¡La de dulces!

¡Para la caja de coca colas!

¡Ya llegó el que andaba ausente, hijo de mi corazón!

¿Qué pasó con mí, hijo, que pasó con el servicio?

¿Qué pasó contigo, maestro? ¿Tú no consumes?

Quiero una peperiza.

No, compadre, dicen que el tesoro de los padres son los hijos.

¡Pero qué tristeza! Sí, no, los cuates sólo tienen puras penas con sus dolores.

Ya sé lo que le pasa,

pero si su chavalillo no ve, pues ha de ser la voluntad de Dios.

Pues ha de ser, pero eso a mí no me consuela.

¿Por qué a que a él, y a los demás no? ¿Eh?

¿Por qué a mí Sergio, que es el que tengo en mi corazón?

¡Conrado! Sírveme otra cara blanca.

# Amor perdido, si como dicen es cierto que vives dichosa sin mí,

# vive dichosa, yo por mi parte, que no te aborrezco ni guardo rencor. #

¡Ya perdiste, hermanito! Y ¿ahora con qué me vas a palmar?

Te empeño las ascuas de mi licuadora.

¡Ya va, tírale!

-Algo debes estar pagando. -¿Con ese pobre muchacho?

Pues ¿qué culpa tiene él, pues?

Y ¿qué quieres que te diga yo?

¿Qué te puedo decir yo?

Ese es el punto.

Nada y nada y nada y nada.

Esa es la palabra que me topo cuando pienso en los problemas de mi chavo.

¡Un milagro!

Le damos salud.

¿Cuál salud, compadre, cuál salud? ¡Dígame cuál!

Pues aunque sea la de este, ¿verdad?

Sí, verdad,

de esta.

Cada quien con su problema.

Voy a hacer de las aguas.

# Amor perdido…

# Amor perdido… # -¡Oye, cuernos!

¿Ah, sí? # Amor perdido,

# si como dicen es cierto que vives dichosa sin mí… #

¿Ya llegaste, hijo?

Mamá, ¿y mi papá?

Está allí con sus amigotes jugando dominó.

Allí viene el ceguetas, muchachos, vamos a hacer vacile con él.

¡Qué milanesas! No te había visto muchas veces por acántara, yo que creía que ya te habías moronga.

¿Qué hubo, muchachos?

-¿Quieres jugar? -No, estoy buscando a mi jefe.

-¡Chiva rajón! -Yo no soy ninguna chiva ni ningún rajón.

-Demuéstralo, buey. -Ya vas. ¿A qué jugamos?

-Vente, chiquitito. -No te va a doler nada.

Para que aprendas a ser hombre.

¡Silencio, bola de escuincles escandalosos!

¡No dejan concentrarse en el dominó!

# Amor perdido, si como dicen es cierto que vives dichosa sin mí… #

Aguas, muchachos, no vean, si va el ceguetas.

Hasta aquí, chavo. Hasta aquí, chavón.

Órale, vamos a jugar a la gallinita ciega, ¿no?

Al que agarres primero le toca ser la gallina.

Sí, pero nada más no se escondan muy lejos.

Hay que taparle los ojos, a lo mejor sí ve.

-¿Quién trae un paño? -Yo.

-Préstamelo. -Quítale las gafas.

Yo me las quito, porque si no me las rompen, y les parto el hocico.

-¡Hasta broncudo me sale! -Yo le pongo.

-Ya está. -¿Qué ves, cruz o cuernos?

-Cruz. -¿Cruz? Este desgraciado sí ve.

Por mentiroso vamos a llevarlo a la cárcel.

¡A la cárcel, a la cárcel!

¡A la cárcel, la cárcel, la cárcel, a la cárcel!

¡A la cárcel, a la cárcel, a la cárcel!

Ábranle la reja de la prisión, muchachos.

Sí, rápido.

# Amor perdido, si como dicen es cierto que vives dichosa sin mí… #

-¿Con ruido o sin ruido? -Con ruido.

No, con ruido no, porque con ruido ese ciego sí ve.

Entonces a la callada. A las tres empieza a buscar.

-Quedaste. -Una… dos… tres.

-Sergio, aquí, aquí. -Aquí, Sergio, mira, Sergio, aquí, mira.

¡Melchor, Melchor, Melchor!

¡Venga!

¿Qué húbole, gatito?

Que quieren cerrajeársela a Sergio.

Se prohíbe la entrada a esquiroles, a mujeres, militares, y a perros.

¡Sergio, mira, ahí!

¡No sean mulas!

-¡Se espinó! -¡No se espinó!

¡Ahí, ahí, ahí, ahí!

¡Aquí, Sergio, mira, aquí!

¡Aguas, ahí viene el borracho!

¡Sergio!

¡Sergio!

¿Sergio? ¿Sergio?

¡Mire, nomás!

¿Qué le hicieron esos mendigos escuincles?

¿Qué está haciendo usted aquí?

Nada, papá, estaba yo jugando a la gallinita ciega.

-¿Qué trae en las manos? -Nada.

¡Enséñeme las manos, muchacho!

¡Hijo!

¡Abusivos, infelices!

¡Hijos de la…!

Ahora vamos a beber usted y yo, ¿eh?

-Yo no bebo, papá. -¿Cómo que no?

Un tragote para mí, y un traguito para usted.

Eso fue para mí, hijo.

Ahora para usted.

No, papá.

-¿Sabes qué, mi hijo? -Sí, papá.

¿Te acuerdas que yo… pues este… fui marinero, no?

Eso ya me lo dijiste más de 1000 veces.

Sí, es que ahora, pues… soy velador.

-¿Sabes qué, mi hijo? -No.

Ya me acostumbré un chorro de años a oír su ruido.

Y bien, voy a regalarte mi tesoro, mi hijo.

¿Sabes qué, mi hijo?

Siempre que tengas un problema, o que tú me necesites,

o que estés en peligro, mi hijo,

tú nomás le silbas, y yo vengo corriendo por ti.

No importa por dónde yo ande, yo lo oigo.

Sóplale, mi hijo.

¡Más fuerte, para que yo lo oiga!

¡Eso es!

¡Así, mi hijo!

Instituto nacional de rehabilitación de ciegos.

¡Hola, Dimas!

¡Qué milagro, Sr. Helguera!

¿Cómo está?

¡Evita, qué gusto me da verte, chula!

-Hola, Evita. -Hola, Dimas.

-¿Cómo te fue? -Regular.

A alguien le va a dar gusto ¿eh?

¡Sergio!

¡Eva, ven! ¡Córrele!

-¿Dónde estás, Sergio? -Acá estoy.

-¿Cómo has estado? -Bien.

¡Vas a ver! Estoy muy enojada contigo porque no me fuiste a ver.

Sí fui. Pregúntale a tu papá y verás cómo te dice que sí fui.

Oye, chavita, ¿verdad que duele rete harto lo de la operación?

¡Ay, Dios mío! ¿Qué te pasó, Sergio, qué te pasó?

-No, nada. -Dime, ¿qué te pasó, qué te pasó?

No, si sí fui a verte, pero nomás que no me dejaron entrar.

Te estuve esperando el resto del tiempo allí en la calle,

y no dijeron nada.

Y luego salió tu papá, y no me dijo nada.

¡Ay, pues me hubieras puesto una carta!

¡Si ni sabes ni leer!

Ah, de veras, pero ni tú escribir.

¿Qué milanesas, que no te había bistecses por acántaros?

Yo pensé que ya te habías morongas.

Y ¿ahora que, qué es eso? ¿Qué, estás loco?

Me dijiste que me ibas a decir, llegando a la puerta, lo que te pasó.

Pues es que hubo una bronca con unos nopales y hubo mucha sangre.

¡Ay, qué horror, a mí no me cuentes nada de tus cochinadas, de tus porquerías!

A ver, Sergio, cuéntame.

Pues después del pleitazo con los nopales

mi papá me echó unos tragos de tequila en las manos

y mi mamá me puso unos trapos con aceite

para quitarme el tequila que me puso mi papá,

y entonces Ángel me puso los guantesotes para quitarme el aceite que me puso mi mamá.

Y entonces la maestra Luz María me llevó a la enfermería

para quitarme los guantesotes que me puso Ángel.

¡Ay, todos te dieron algo! Y yo, ¿qué te doy?

Un besito en las manos.

¡Ay, no le hagas, me lastimas!

Vente, vámonos a clase, ya se oyó la campana.

Oye, ¿cómo está Alex, Gustavo, Rafaelita y Juanita?

-Bien. -¿Bien, de veras?

Bien ciegotes, como nosotros.

¡Ay, no me lleves tan aprisa!

Acuérdate que soy mujer, y se me están cayendo los lentes.

Oye, y a propósito de lentes, y ¿los lentes que te regaló mi papá?

Mira, aquí los tengo. Tiéntamelos, los traigo puestos.

¡Ah, qué bueno!

Pero no solamente tu papá me regaló algo, mi papá también me regaló. Mira.

¿Qué es, qué es?

-¡Dimas! -¿Qué húbole?

Ayúdame. Sácame lo que te enseñé ayer.

Está re apretado.

Dáselo a Evita, por favor.

Toma, nenita.

Es un silbato de barco. Sílbalo, pero quedito, porque si no viene mi papá.

-¡Eva, Evita! -¡Maestra Luz María!

Gusto de verte, mi hijita, nos hacías mucha falta. ¿Verdad, mi hijo?

Simón, 1000 va mis***.

Sergio, no hables así.

Mira, mi hijito, si tenemos un idioma tan bello

no tienes por qué andar repitiendo esas vulgaridades.

Ándele, vamos a clase.

Viene la presión del Atlante, su centro, y… Santillán.

¡Melchor!

Has changuitos para que te dejen ir.

¡Melchor!

-¿Tú crees que me dejen ir? -Ojalá que te dejen.

¡Melchor, ya se lo quieren llevar otra vez!

"Melchor, Melchor". ¡Déjalo ir!

Se lleva bien con la chava, y como los dos novideos, pues están en su mundo.

¡Vamos, déjalo que se lo lleve!

No me gusta. Un día le van a hacer un gesto despreciativo.

¿Y qué, si no lo ve?

¡Cállense, dejen ver el fútbol!

¿Qué pasa? Déjalo ir, mi hijita. ¿Qué tiene que ver?

-Ay, es que no me gusta, mi hijito. -¿Ya se le olvidó de qué es hoy? Es domingo.

¿Y qué que sea domingo?

¿Cómo de qué? Pues que debemos estar cariñosos, usted y yo.

Ándele, mi hijo, váyase. Pórtese bien.

Deme beso.

Adiós, nenita.

-Muchas gracias, señor. -De qué, mi amor. Pórtese bien.

-Usted debió bajarse por ellos. -A esos lugares no me bajo.

-Arrímese para allá, Petronila. -¡Petronila su abuela! ¡Brigitte!

Cuidado, ahí están los niños. Y no llore.

Dicen que las mujeres sólo lloran cuando quieren fingir hondos pesares,

los que tan torpe máxima atesoran.

Muy brutos deben ser, o muy vulgares. Vámonos.

¡Brigitte, los niños primero!

Las mujeres y los niños primero. Usted no debería de bajarse.

Baja, Sergio.

Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón.

¡Adelante, América!

-Chómpiras, sírveme otra copa, por favor. -Sí, señorita.

¿En dónde estabas, mi amor?

Estoy preocupadísima, no encuentro mi anillo de brillantes, el grande.

Seguramente lo dejaste en el sauna, mi vida.

-¿Tú crees? -De seguro.

-Voy a buscarlo. -Bien.

Gracias.

-Señora, ¿me permite? -Sí.

Ya traje a los niños. Están arriba, como usted me dijo, pero quieren nadar.

No, no, no permita que bajen hasta que estas personas se vayan.

-Está bien. -¡Esperen, esperen!

-Rehabilitación… -Rehabilitación…

de niños ciegos…

Papá me quiere mucho. Mamá me quiere, también.

Yo quiero mucho a mi papá,

y a mi maestro que me enseñó a leer y a escribir.

¡Uno, dos, tres, chíquitibum, a la bim bom ba!

¡Chíquitibum, a la bim bom ba!

¡A la bio, a la bao, a la bim bom ba,

el maestro Louis Braille, ra ra ra!

¿Por qué ahora no toca tu radio?

¡Mira quién se pegó!

¿Estás enojado conmigo?

-¡Mataron a tu jefe! -¡Mataron a tu papá!

-El tuyo, el mío está vivo. -Lo mataron a balazos.

Unos ladrones quisieron asaltar la fábrica y tu jefe la defendió.

Están locos, a mi jefe no lo mata nadie.

Mi papá, que luchó contra unos piratas en un barco, no lo mata nadie. ¿No crees, Ángel?

Tenga valor, chavo.

Ya hasta los de la fábrica trajeron la caja. Ya hasta lo están velando.

¿No lo crees? Pues ahora lo verás. Vénganse, muchachos.

Sí, vámonos.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.

¡Papá!

Por favor, señora, es el hijo cieguito, ayúdelo.

¡Papá!

¡Papá!

¡Papá!

Deja al difuntito que descanse en paz.

¡Papá!

Comadrita, permítame su atención.

Mire, comadre: después que se alivie yo voy a venir a ayudarla en el *.

¿Qué le parece? ¿Eh?

Santiago, lleva a tu hermano a hacer caca.

Mi hijito, si no quieres regresar a clase te puedes quedar aquí.

Sergio. ¡Sergio!

No me he ido. Aquí estoy, todavía.

No estés triste, Sergio.

Y ¿cómo la hago?

Pues tienes que pensar que tu papá está con Diosito allá en el cielo.

¿Tú crees que esté contento?

Pues… ¡claro que sí!

Entonces ¿ya se olvidó de mí?

Creo que sí.

Pues como tú, ¿a poco cuando estás dormido piensas en alguien?

Anoche mi papá le dijo a mi mamá

que iba a ir a Acapulco a platicar con unos señores.

-¿Acapulco? ¿Al mar? -Sí.

Mi papá fue marinero antes de ser velador.

Eso ya me lo dijiste más de 1000 veces.

Sergio, Sergio, se me está ocurriendo una gran idea.

Adiós, mi vida.

Adiós. Te llamo por teléfono a la oficina. Ah, me llevo el Mustang.

-Cuídate mucho. -Sí, cómo no.

Adiós, mi vida.

Adiós, mamita.

Evita, ¿qué haces ahí sentada, tan triste y sola?

Es que le dije a mi mamá que nos llevaras a Acapulco, y no quiso.

Pero no podré atenderlas porque voy a estar muy ocupado.

No, nosotras no, Sergio y yo.

¡Pero, hijita!

Ya hemos de estar bien cerquita del mar, porque se oye como león.

Ha de estar bien bonito,

y ojalá no nos encontremos al pescadote que le mochó el brazo al amigo de mi papá.

¡Ay, ay, ay! A mi no me cuentes nada de tus cochinadas, de tus porquerías.

A ver, Sergio, cuéntame.

El que se mueva de los pasos contados me lo pongo como camote.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis,…

25, 26, 27, 28, 29, 30, 31,

32, 33, 34, 35…

¡Chavo!

-¡Chavo! -Sí, Miss.

-Un cocofish, please. -¡Un cocotote con Ginebra para la seño!

Mira, Sergio, lo que me regaló mi papá.

¿Qué cosa es, qué es, qué es?

-Un caracol. -Y eso ¿qué es?

Se le mete el ruido del mar y luego en México lo vamos a oír.

Mira, parece teléfono.

¿Bueno, bueno? ¿Bueno, bueno?

¿Bueno, bueno?

-¡Sergio, Sergio! -¿Qué hubo?

Le voy a decir a mi papá que te compre uno para comunicarnos y oír el mar.

¡Ay, ujón! ¿Pesaré mucho?

Suavena.

Vente, vámonos a jugar al mar.

¿A qué jugaremos?

Vamos a hacer hoyos para ver si nos encontramos las manos.

Sí, órale.

¡Oye, mira lo que le está saliendo a mi hoyo!

¡Es agua!

¡Ay, a lo mejor ya agujereamos el mar!

Sí, mejor vámonos de aquí,

porque si no sale mucha agua, y nos podemos ahogar.

Mira. ¿En qué nos sentaríamos?

A lo mejor en la popó.

Tengo asco. Me voy a quitar el traje.

Quítate el tuyo, también.

-¿Vamos a jugar a los casados? -¿Cómo es eso?

-Yo me pongo esto de velo. -¿De qué?

Ya, Sergio, parece que no sabes, una toalla en la cabeza.

Vamos a jugar a casarnos. Ven.

¡Yo soy la novia!

¡Y yo el novio!

¡Yo soy la esposa!

¡Y yo el esposo!

¡Yo soy Eva!

¡Y yo… y yo… y yo Adán!

Oye, mi hijito, ¿qué es lo que más te gustaría hacer el domingo?

¿Adónde quieres que yo te lleve?

Un día me gustaría ir al zoológico

a ver los camellos, los camellitos, los camellotes,

los elefantes, los changuitos,…

Claro que tendría que ver.

¡Huy, porque ni de relajo me acercaría a los leones!

Me darían mucho miedo, estando ciego.

No, cuando estés conmigo nunca sentirás miedo. A nada.

Pues quién sabe, pero de todos modos a mí me gustaría verlos yo.

¿Cómo le fue en Acapulco, eh? ¿Cómo le fue en Acapulco?

¡A todo dar, maestra!

¿Qué pasó, Ángel?

No, pues hoy le tocó perder a usted, maestra,

pero de todos modos le pago su campechana del juego anterior.

Deudas de juego son deudas del honor. ¿Eh?

# Señores, tengo un problema que no puedo resolver:

# mi suegra se me ha perdido, y le llora mi mujer.

# Avise a la policía, también a los periodistas,

# dé la voz de mar y tierra, algo le puede pasar. #

Oye, maestra: ¿qué será ver?

¿Ver? Es no tener que tocar, ni oler,

ni oír las cosas para saber qué son.

# Amo a to, Matarile rile ro.

# ¿Que quiere usted? Matarile rile ro.

# Yo quiero un paje, Matarile rile ro.

# Escoja usted, Matarile rile ro.

# Yo escojo a Eva, Matarile rile ro.

# La metemos en la olla para hacerla chicharrón. #

Bueno, ahora vengan para acá, que les voy a contar un cuento. ¿Sí?

Vayan sentándose por aquí, quietecitos.

A ver…

Yo estaba con usted.

Sí, tú estás aquí conmigo. Lolo, vente para acá.

¿Adónde estás, mi hijito? Muy bien.

-Bueno, pues les voy a… -Maestra, no nos ha platicado cuántos años tiene.

¡Huy, yo soy muy joven, mi hijita!

Y ¿es guapa, o es fea?

Yo soy… ¡chula de bonita!

Y ¿por qué si es bonita, por qué no se casa?

Ah, bueno, no me caso porque…

pues porque no quiero dejarlos solitos a ustedes.

¿Nunca se va a casar?

¡Claro que sí, si yo tengo muchos pretendientes!

¿Por qué se preocupa tanto por ese niño que no es suyo?

Porque es el hijo que siempre quise tener.

Pero no lo es, señorita Luz María. Nunca se le olvide eso.

Lo sé, pero es que Sergio se me ha metido en el corazón.

¿Quiere usted un consejo? Cásese, y tenga su propio hijo.

¿Casarme yo, fea y vieja? Apenas con un ciego.

Y ¿por qué no?

No, a mí ya se me fue el último tren, como vulgarmente se dice.

Sergio Pérez. Catarata congénita.

Pero, ¿eso no se puede operar?

Sí, con resultados positivos en el 90 por ciento de los casos, pero tiene que esperar su turno.

¿Cuánto costaría la operación?

Unos 3000 pesos, con todos los gastos incluidos.

El doctor Medina, que es mi amigo, me llamó para explicarme la situación.

Lo que no entiendo es por qué no puede usted esperar los seis meses. Usted no es rica.

Perdóneme, doctor, pero no puedo esperar. Es un asunto personal.

Bueno, a menos que usted quiera que el niño le deba la vista.

Pues usted dirá, maestra.

Es que… prefiero que los niños se vayan afuera.

¿Qué?

Es que… los niños se vayan afuera.

-¿Que se vayan? -Sí.

Ah, bueno.

¿Qué, están enfermitos?

No, tienen calentura.

Pues… sáquese para afuera.

Bueno, Sergio, vamos a jugarle a los columpios.

Pues usted me aclarara, ahora sí, su misterio.

Bueno, señora, se trata de esto:

el doctor de la escuela me ha dicho que Sergio se puede operar.

¡Ay, qué buen chiste!

Y yo y los dos chamacos, ¿qué, nos morimos de hambre?

-¡No! -¡Ay, qué graciosa!

No, señora, yo tengo unos ahorritos.

No tengo familia, estoy sola en el mundo, y pues…

ese dinero había pensado usarlo en la operación de Sergio.

Bueno, pues así cambia la cosa.

Entonces, ¿está usted de acuerdo?

Pues tanto como de acuerdo, no.

¡Pero su hijo podría ver!

¿Este mugrero? Está mejor como está.

Señora, ¿no se da cuenta?

¿No se da cuenta que con la inteligencia del niño

y la vista, tendría mayor oportunidad de salir adelante?

Pues viéndolo bien, sí, verdad.

Podría cargar canastas en el mercado,

o hacer algunos mandados, ¿verdad?

Pues… haga lo que usted quiera con él.

Yo lo dejo en sus manos. Lléveselo, si quiere.

No me va a doler, ¿verdad, doctor?

Sí, un poco, pero a cambio de eso vas a poder ver.

¿Qué, no me van a dormir para operarme?

Sí. El dolor vendrá después.

Pero no te preocupes, también hay medicamentos para eso.

Pues no me importa, si voy a poder ver a mi esposa, que me duela lo que sea.

De manera que es casado el caballerito, ¿eh?

Sí, nos casamos en Acapulco, yo y Eva.

No le haga caso, doctor, es juego de niños.

¡Qué bello juego! ¿Verdad?

Sí, muy bello…

cuando es de niños.

# ¿De qué color es el viento? Dímelo, dímelo. (bis)

# Es el mundo una rueda que deseo mirar,

# una rueda que gira sin saber dónde va,

# universo de cosas de variado esplendor,

# y del viento me dicen que no tiene color.

# Con los ojos del alma todo puedo pintar

# de colores hermosos de belleza sin par.

# Al color de mis flores nada puede igualar.

# lo que quiero y deseo siempre quiero imaginar.

# ¿Qué colores tienen el cielo y el mar,

# todo el firmamento, y la soledad?

# Quiero que me cuenten, ansío saber

# lo que no puedo ver. #

Las secuencias que faltan por ver, jóvenes doctores,

ilustrarán las técnicas que pueden emplearse

para la extracción extracapsular del cristalino,

que son precisamente las que empleamos para el…

Perdone, doctor, me da pena interrumpir,

pero aquí está un amiguito que insiste en despedirse de usted.

¡Ah, Sergio, pasa, pasa!

No apagues el proyector para esta prueba que voy a hacer.

Quiere que usted le quite polos protectores. Los lentes del niño.

Muchas gracias, yo me hago cargo de él.

A ver, jóvenes, este es un caso más resuelto afortunadamente con éxito.

A ver, jovencito,…

Uno, otro,… Vamos a ver qué tal.

No puedo ver muy bien, doctor.

Claro que no, pero yo, aquí, te tengo tus nuevos cristalinos.

¿Qué tal, ahora?

¡A todo dar!

Pero no te los quites, porque se te apaga la luz.

Espérame aquí un segundo.

¿Qué es esto?

Ven, acércate, ya sé que no lo conoces.

A ver, cierra tus ojitos, y no los abras hasta que yo te diga.

Toca.

-¡Un vaso! -¡Claro, un vaso!

¿Y esto?

-Una pelota. -Toca bien, y huele.

-Una naranja. -¡Claro! ¿Y esto, qué es?

Ni con los ojos cerrados sé qué es.

A ver, póntelo en el oído.

-¡Eh, un reloj! -¡Muy bien, joven, muy bien!

Seguro que es un reloj.

Bueno, pues ya estás listo.

Mira, allá afuera, en el pasillo, hay una persona que ha venido por ti.

Ya la encontrarás.

Detengan el proyector, que quiero dar una explicación previa.

Enciendan las luces, por favor.

Ahora sí, caballerito, a su mundo.

Habrán notado como el niño no se inmutó al ver la proyección que estábamos pasando.

Esto se debe a que… ¡Sergio!

Te encandilaste. Ya te acostumbrarás.

Me saludas a tu esposa, cuando la veas.

# Amo a to, Matarile rile ro.

# ¿Que quiere usted? Matarile rile ro. #

No nos ha platicado cuántos años tiene.

¡Huy, yo soy muy joven, mi hijita!

Y ¿es guapa, o es fea?

Yo soy… ¡chula de bonita!

Y ¿por qué, si es bonita, por qué no se casa?

Dime, Sergio, ¿soy muy fea?

¿Adónde vas?

¡Ven, ven, ven, ven! ¡Acércate, Sergio!

¡Soy la bruja Escandulfa!

¡No tienes los pies en el suelo!

¡Claro, estoy volando!

Pero te voy a demostrar que en este mundo nada es verdad ni es mentira,

todo es según el cristal a través del que se mira.

Acércate.

¡Ah, así yo también puedo volar!

Sí, mi amor, pero con los pies en el suelo. ¿Eh?

Vamos a volar.

¡Pareces pescado con alas!

No, yo quiero ser Superman.

Ven, mi amor. ¿Eres feliz?

Eres tú.

-¿Soy yo? -Ajá.

-¡El espejo! -Claro.

-¡Ay, eres feliz! ¿Sí? -Sí.

Bueno. ¿Sabes una cosa?

Tenemos que ir a la iglesia a darle gracias a Dios por este milagro. ¿Vamos?

Quiero ver la televisión y a mi mamá.

Eso después. Ahorita vamos a otro lado.

¡Ay, ay, suélteme, suélteme!

¡Corran, policía!

Oye, maestra, ¿qué fue lo que le salió de la cabeza al señor?

-Sangre, mi hijito, pero… -¿Sangre?

-Sí. -Y ¿de qué color es?

Es roja. Pero no quiero que la veas. Olvídate, y vamos a dar gracias.

Ahora sí, mi hijito, vas a conocer a Dios.

Ponte los lentes.

¡Eh!

¡Ayúdame, Señor! ¡Socórreme, Señor!

¡Protégeme, Señor!

-Ayúdame, Dios mío. -Ahora y en la hora de mi muerte. Así sea.

Ayúdame, socórreme.

Ten piedad de mí, Señor.

Necesito tu ayuda, Señor.

¡Señor, protégeme! ¡Ilumíname, Señor!

¡Maestra, maestra!

¿Qué, mi hijito?

¿Por qué la gente le pide ayuda, si el que la necesita es él?

A ver, pajarito.

Ahorita está, jefa.

Como esta va a ser la de nosotros.

¡Chicles, chicles! Cómprame unos, ¿no? A 10 fierros.

¡Compre su revista preferida, para dormir a gusto!

¡Ya salió su chamo!

Mira, mi hijito, ya salió la foto.

¡Huy, no veas esas porquerías!

Te voy a llevar a donde querías ir cuando pudieras ver.

Mira, mi hijito, estos son los globos.

Te voy a enseñar los colores. ¿Eh?

¿Los puede bajar, por favor?

Sí, seño.

¡El blanco!

Mira, estos son los camellos.

¿Qué son estos?

¡Ah, son los tigres!

Es uno de los animales más salvajes que hay.

Y sin embargo, mira, no muerde la mano del que le da de comer.

Parecen gatos, ¿verdad?

Sí, pero a lo bestia.

# R con R barril,

# rápido corren los carros cargados de azúcar del ferrocarril. #

-¡Mira, mira los patitos, mi amor! -¡Ay, qué bonitos!

-Mira, ahí hay un negro entre los blancos. -No, hay muchos.

¡Una, dos, tres!

¡No, mi hijito, no, para ese caballo!

¡Te vas a matar, te vas a matar! ¡Por ahí no!

¡Por ahí no, por ahí no!

¡Paren a ese niño!

¡Míralas, qué hermosura!

-¿Qué color? -Rojo. ¿Y éste?

Azul.

Este, ¿qué color?

Blanco.

Las hojas, ¿de qué color son?

Verdes.

¿Y las flores?

-¿Qué flor es? -Son rosas.

-¡Las que espinan! -Sí.

Entonces son rosas rosas.

A ver, tú dime qué color es este.

Es morado.

No, es violeta.

Es lila.

¿Qué pasó, mi amor, se te olvidó que el vidrio es transparente?

A ver si conseguimos un taxi.

¡Taxi, taxi!

-¡Aquí, señora! -¡El mío es primero!

Bájense. ¿Por qué te me atraviesas? Yo los vi primero.

Chicle, chicles. Señora, cómpreme chicles.

¿Quieres, mi hijito?

Gracias, seño.

¿Por qué los niños venden chicles?

Ah, porque son niños pobres, mi hijito, que tienen que trabajar para ayudar a su casa,

y pagarse sus estudios.

Y no creas, muchos de ellos llegan a triunfar, y hasta casa le compran a su mamá.

Rapidito, como ustedes son, lleve a conocer al niño

el Zócalo, el monumento a la revolución, y el palacio de bellas artes.

-¿Y Juárez qué, seño? -¡Ay, Dios, "Juárez, Juárez, Juárez"!

Yo puedo ver bien sin luz.

Y con luz. ¡Ay, bendito sea Dios!

Pero yo hasta con luz ni veo nada.

Y ahora sí, lo prometido: la televisión.

Ponlas, pásale. Arrime…

Te sientas aquí… Ahí, el señor.

Aquí, sentadito, y… la televisión.

-¡Préndela, préndela! -Sí, sí.

Los infumables, para su hogar.

No, no, no, eso no.

Miles de muertos.

¡Chispas, no!

En Vietnam… terminó la guerra.

¿Sabes una cosa? Yo voy a ser tu televisión.

Respetable público, con ustedes el mejor payaso del mundo: Riflán.

Yo soy el mejor payaso del mundo.

¿Podría usted decirme cuál es el animal que es dos veces animal?

No.

-¡Ah, es el gato! -¿Por qué?

El gato, porque es grato y araña.

Pero ahora Riflán va a hacer una gran interpretación del bonito numero "La rana".

Y ¿a dónde quedó el tocadiscos, que no veo ni maíz, paloma?

# Cuando la rana sale a pasear (bis)

# viene el mosquito y la quiere picar. (bis)

# El mosquito a la rana, la rana va al agua y se hecha a nadar.

# Cuando la mosca sale a pasear (bis)

# viene la araña y la quiere atrapar (bis).

# La araña a la mosca, la mosca al mosquito,

# el mosquito a la rana, la rana va al agua y se echa a nadar.

# Cuando la araña sale a pasear (bis)

# viene el ratón y lo quiere matar.(bis)

# El ratón a la araña, la araña a la mosca,

# la mosca al mosquito, el mosquito a la rana,

# la rana va al agua y se echa a nadar. #

¿Te gustó? ¿Te gustó?

¡No los encuentro!

¡Debajo de tu cama, mi hijito!

Bueno, debajo de la camita que está ahí.

¡Ay, qué bonitos! ¿Para quién son?

-Para ti. -¿Para mí?

¡Ay, qué padre!

-¿De veras son para mí? -Todos para ti.

Y ¿ya viste lo que hay ahí adentro?

¡Ay, qué padre!

¡Ay, mira, mira, trajes, pantalones,

camisas, camisetas, todo, todo, todo para ti!

-¿Te gusta? -¡Claro!

Mira, mi hijito, tu mamá tiene muchos problemas en tu casa.

Tienes cinco hermanitos y todos duermen en el mismo cuarto porque son muy pobres.

Si tú te quedas aquí conmigo, pues yo sería como… como tu mamá,

y aquella camita y aquel cuarto serían para ti,

y también te llevaría a la escuela para que aprendas a leer y a escribir,

y también iríamos al cine, y al circo, y a muchos lados.

¡Quédate, Sergio!

Quédate, y así… ayudaríamos a tu mamá.

¿Qué dices? ¿Te quedas?

¿Qué piensas, eh?

Dime, ¿qué piensas?

-¿De veras quieres que te lo diga? -¡Sí, sí!

Antes me parecías más bonita.

-Buenas noches, Sergio. -Buenas noches, maestra.

Ya llegó el ceguetas, y ahora sí ve.

¿Le habrán sacado los ojos para limpiarlos?

¡Ya, tú! ¿Cómo crees?

¡El columpio!

Viene de traje y corbata.

Ya tenemos pelota.

¡El tinaco!

¡Mi casa!

¿Esta es mi casa?

Sí, Sergio, aquí es donde tú vives.

¡Frijolito!

¡Arsito!

¿Por qué lloras, Santiago?

¿Sergio?

-¡Mamá! -Sí.

¡Ay, con este greñero!

Ya verá.

¡Mamá!

Ahí voy, ahí voy.

¡Mamá!

¡Ojalá vea, Dios mío!

-¡Ya llegaste, mi hijo! -Ya llegué, mamá.

-¡A poco ya ves! -Sí, ya veo.

¡Híjole, eres igualita!

Pues ¿qué creías?

Perdóneme, maestra.

Pásele para adentro.

Me va a disculpar, no he podido ni tender las camas, es que como ya voy a caer…

Siéntese, siéntese.

Siéntese, siéntese, maestra, por favor.

-¿De veras ya ves? -Sí, mamá, te lo juro.

A ver, ¿qué es eso?

El bracero.

La mesa.

La lámpara.

¡El espejo!

La cama. La guitarra de papá.

El ropero, el nene.

No llores, no llores, no llores, Pulguita.

Cuando sea grande te voy a comprar una casota grandota, mamá.

Antes ni cuenta se había dado de que este es un jacal.

Pero, ¿no es bello que él quiera comprarle algo mejor,

y que cuando sea grande y estudie,

gane mucho dinero para comprarle muebles bonitos, ropa buena,

y esa casa que él tanto piensa?

¡Ay, maestra! Del dicho al hecho hay mucho trecho.

Y ojalá, ahora que ve, sea para su bien.

Gracias por lo que usted hizo por él.

Aquí le dejo estas cosas que compré para Sergio.

Buenas tardes.

-Espere. -¡Maestra!

Espere, señora.

Señorita,…

bueno, maestra,…

esta chispeando. ¿No quiere llevarse un hule,

o un periódico para taparse la cabeza?

Gracias, aquí tengo mi paraguas.

Maestra, ¿a dónde vas?

A mi casa.

¿Sabes? Me gustaría que un día me visitaras, para llevarte a la escuela.

Toma esto.

Aprovéchalo, Sergio.

-¿Qué es? -Ya lo verás, ya lo verás.

Gracias.

Y usted, Sergio, métase para adentro y meta a sus hermanos.

Vente, hijito.

Metete, Frijol.

Vente, Santiago.

¡Ay, mamacita, pero qué réquete buena estás!

Dale una mordidita.

Sergio, ¿quieres ver todo, todo?

¡Caramba, no se puede uno descuidar ni un momento, ya hasta los frijoles se pegaron!

Mamá.

Estese sosiego, muchacho.

Mamá, llévame a casa de Eva. Quiero verla.

Mire, ahora que usted ya no es una cosa…

¿Una qué?

Una cosa: un trapo, una silla, que yo podía poner nomás ahí por cualquier parte…

ahora que ya ve, tiene que tener responsabilidades, porque es el mayor,

y me tiene que ayudar.

¡Ajo chillón!

Aquí tiene estos chicles, para que se ponga a vender.

Sí chambeo, pero llévame con Eva.

A esa niñita rica no la vas a volver a ver.

¿Por qué?

Porque ella es rica y tú eres pobre.

-¿Pobre? -Sí, mi hijito, muy pobre.

Porque un día de estos le van a hacer un gesto despreciativo, y ahora sí lo puede ver,

no como antes, como decía su papá.

¡Pero, mamá!

Y eso de ir a la escuela con esa vieja quedada, olvídese.

¿Por qué, si ella es muy buena conmigo?

Y ¿a mí qué me importa?

Y quítese esos trapitos de rotito y póngase éstos, que son los suyos.

¡No, la maestra los compró para mí!

Que se las quite, le digo.

Pero, ¿por qué, mamá, si la maestra me compró muchas cosas y me las regaló todas para mí?

Mire, se la va a quitar porque si no me la va a ensuciar, y la voy a vender.

Y ¿sabe para qué? Para comprar tragazón, y trapos, y chanclas, pero para todos iguales.

¡Frijol, bájese de ahí!

¡Pero, mamá!

Quítesela.

Y entiéndame una cosa: yo lo parí… yo lo nací,

y con usted puedo hacer lo que se me dé la gana, porque es mi hijo.

Y que no se le olvide.

Sergio, mi hijito, quiero que me entiendas.

Quiero que comprendas…

-Adelita, Adelita, ¿puedo platicar con usted? -Sí, dime.

Fíjese que me quieren casar a fuerzas con el de la tienda.

Mientras platicamos, ¿no le puedo ayudar con los niños?

Sí, sí.

¡Ángel!

¡Ángel!

¿Qué húbole, Sergio? ¿Cómo le fue?

¡Bien, ya puedo ver, ya puedo ver!

¡Híjole, qué suave! Y entonces, ¿por qué llora?

No, es que se me metió una basura.

-Ángel, tú eres mi amigo. -Pues claro.

Tú sí me quieres. No hay que ser.

Llévame a casa de Eva. Tengo que verla.

Ya va. Súbase.

Ya aquí le tenía su campechana, está re calientita.

¡Eva, Eva!

¡Ay, ojón!

Está en la alberca. ¿Qué, ya no conoces la casa?

¡Eva! ¡Eva! ¡Eva! ¡Eva!

¡Eva!

¿Es cierto que ya ves?

¡Sí, ya puedo ver!

¡Mentiroso! Entonces, ¿por qué no me ves dónde estoy escondida, aquí?

¡Pues por eso, porque estás escondida!

-Júramelo, que ya ves. -¡Te lo juro, te lo juro!

Entonces espérate un poco, no te vayas a acercar.

¡Brigitte, Brigitte! ¡Brigitte!

¿Qué quiere mi reina?

Dame mis anteojos, porque ya Sergio ve, y no quiero que me vea así.

Ahorita te los traigo.

Corriendo, ¿eh? ¡No te desesperes, Pérez!

Aquí están. Deja ponértelos.

Ahora sí, acércate, Sergio.

Ya vas, Barrabás.

A ver, chavo, ¿por qué no me viniste a ver?

¿De qué color son las cosas?

¿De qué color es el cielo?

Azul.

-¿Los árboles? -Verdes.

¿Y las flores?

Rojas, amarillas, rosas, blancas,…

¡Éjele, eso ya lo sabía!

Dime, ¿de qué color es el viento?

Sucio, sucio. No vale la pena verlo, te lo juro.

Y a ver, dime, ¿de qué color es el sol?

Eso no te lo puedo decir, porque el doctor me dijo que si miraba el sol

me podía volver a quedar ciego.

Ah, entonces no lo mires. Prométeme que nunca lo vas a mirar.

Te lo prometo, te lo prometo.

Ven, te tengo una sorpresa.

Ya que estás aquí te lo voy a dar.

A mi mamá le va a dar mucho gusto que ya ves.

¿Qué es, qué es?

Espérate, espérate, no comas ansias.

-¡Mamá, mamá! -¿Qué quieres, mi hijita?

Sergio ya ve, mamá, Sergio ya ve.

Espérame, te voy a traer tu caracol.

¡Estoy feliz, mamá, Sergio ya ve, ya ve!

¿Conque ya ves, Sergio?

Sí, señora.

Mira, Sergio, espero que me comprendas:

antes te dejábamos jugar con Evita porque… eran iguales.

Pero ahora tú ya ves, y no volverás a ver a Eva jamás.

¡Sergio, Sergio, hijo!

Evita todavía pertenece al mundo de las tinieblas.

Tú perteneces al mundo de los que ven.

Compréndeme.

¡Sergio, espera! ¿Qué tienes, hijo? ¡Sergio, Sergio!

Y no volverás a ver a Eva jamás.

-Ayúdame, Dios mío. -Perdóname, Dios mío.

Si tú te quedas conmigo yo sería como… tu mamá.

¡Eres igualita, mamá!

Y entiéndame una cosa, yo lo nací,

y usted va a hacer lo que a mí me dé la gana, porque es mi hijo.

Y que no se le olvide.

Y no volverás a ver a Eva jamás.

Jamás. Jamás.

Jamás.

¡Sergio, Sergio, me juraste que no verías el sol!

¡Cómo eres!

¡Ángel!

¿Qué hubo, Sergio?

¡Oh! ¿Está usted llorando?

No, es que ahora me entró una basurota.

Fui por usted a la casa de Evita, y no lo encontré. Aquí le manda esto.

-¡Sergio, Sergio! -¡Eva!

¿Arroz?

Y luego fui a su casa. Su mamá está triste porque lo trató mal.

Pero es que tienes que trabajar, hermano.

Ahí le manda los chicles. Son a 10 fierros.

Y póngase viruso con la cuenta, no lo vayan a majear.

Ah, y ahí está el paquete que le dejó la maestra en su casa.

Y órale, ábralo.

¡Ándale, chiquito, a estudiar!

Bueno, así podrá ayudar a su mamá y a sus hermanos.

Ya ve, yo chambeo y voy a la nocturna y no me rajo.

-Bueno, ahí nos vidrios. -Ahí nos vidrios.

¡Chicles, chicles, a 10 fierros! ¡Ahora vendo chicles!

# Ahora que yo ya veo necesito encontrar que mi vida es tan linda y aprender a mirar,

# porque el mundo que gira sólo quiere entender de seguir adelante y rodar, y rodar. #

¡Cómpreme chicles, cómpreme chicles!

# Veo los colores del cielo y del mar,

# todo el firmamento y la inmensidad.

# La selva de asfalto voy a conquistar,

# en mi nueva vida, que hoy vine a encontrar.

# ¿De qué color es el viento?

# Ya lo sé, ya lo sé.

# ¿De qué color es el viento?

# Ya lo sé, ya lo sé.

# ¿De qué color es el viento? #

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