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Original subtitles

- Alfredo iba a obligar a Elisa a levantar una denuncia

en contra de Francisco.

- ¿Y si lo denunció?

- Ya había accedido a hacerlo.

Yo me adelanté, temiendo lo peor.

Fui a hablar con él,

con su abuela, para pedirle que huyeran.

Al final, todo salió al revés.

Francisco se largó, Elise no puso la denuncia y por querer

protegerlo, hice que dejara atrás todo lo que era su vida.

- No, no, pues él tendría que entender, ¿no?

Lo que querías es ayudarlo, nada más.

- A veces no es la intención la que cuenta, sino los resultados.

Estoy muy contenta de que se hayan arreglado los problemas

que tuvimos.

- Fernanda, yo no quiero que tú...

- No sabes lo mucho que te necesito.

Oye, ¿qué fue lo que pasó entre Marcelo y Tania?

¿Sí sabías que trató de suicidarse?

- ¿Quién? ¿Es en serio?

- Ujum. Sí.

Se corta las venas.

Digo, si no la encuentran a tiempo, le estaríamos velando.

- Bueno, ¿y qué quieres que haga?

¿Que busque el primer vuelo que encuentre y me vaya para Miami

a consolarla?

- Calma, calma.

Yo solamente te estoy contando, nada más.

- No me interesa nada que tenga que ver con ella.

Debiste haber visto ese video para que me entendieras.

Todo, absolutamente todo

lo que le pase a ella, ella se lo buscó.

A mí que no me metan en sus porquerías.

[♪♪♪]

- Solo estuve un momento en el hospital.

Pregunté por Tania y me dijeron que ya todos se habían ido.

La hora de visita ya había terminado y no quise llamar

a Elisa para no ser inoportuna.

- Como quién dice, solo fuiste a perder el tiempo.

- ¿No que te ibas a alargar de esta casa?

- ¿Qué, te molesta que no lo haya hecho?

- No, por supuesto que no.

Simplemente me parece raro que no hayas cumplido tus amenazas.

- No, me fui porque por encima de tu soberbia,

de tu mal carácter, de tu arrogancia, de tu perversidad,

de tus malas intenciones, de tu machismo insoportable y mira,

mejor no sigo porque me la pasaría toda

la noche enumerando tus defectos.

A pesar de todo eso, te amo.

[♪♪♪]

- Hay una cosita más que te tengo que contar.

Sabe que Francisco Ramírez está de vuelta en Miami.

Escuchó una plática entre Claudia y Érika.

Ahí me mencionaron.

- Te lo dije.

Tú nunca debiste haberle dicho

la verdad a la esposa de Fermín.

Ya ves cómo son.

A la primera, de cambio, hermano...

- Se fue de boca y se lo contó a Claudia.

Yo hablé con ella para arreglar los problemas que tenían

ustedes y me dijiste: "es de fiar, no va a decir nada".

Y pan, primer día, de cabeza.

- Discúlpame. Perdóname.

Ella te lo juro que me prometió callarse.

- Pues ya ves, ya ves, ya qué.

Bueno, ya qué no, porque Fernanda sabe

que estoy de regreso.

- Oye, ¿y crees que también sabe que Francisco y Emilio

son la misma persona?

- No.

Bueno, por lo que se ve no.

Pero en cualquier momento, si ellas siguen en el chisme,

se entera y ahí sí valió.

Valió, ¿eh?

- Mira, mira, tú tranquilo.

Voy a hablar con Érika y me va a escuchar.

¿Cómo pudiste, Érika?

Me prometiste que no habías dicho nada y se lo contaste

todo a Claudia a las primeras de cambio.

En serio que no se puede confiar en ti, ¡caramba!

- Ay, flaquillo, perdóname, pero es que necesitaba

contárselo a alguien.

- No, no, no.

Nada de "perdóname" y no me vayas a llorar.

Mira las consecuencias.

Si le pasa algo a Francisco y se enteran de que Francisco

es Emilio, tú vas a tener la culpa, ¿me escuchaste?

Te lo he dicho miles de veces, ¡caramba!

Me siento muy mal, hermano, en serio.

Todo es por mi culpa.

Perdóname.

- Nada, ¿pues qué?

Ni modo.

¿Qué vamos a hacer?

Ya no me importa sentirme bien o mal.

Ya no me importa nada.

- Si sigues diciendo esas cosas, nunca te vas a curar.

- Pues es lo que siento.

Y si no te gusta, te puedes ir.

- Tania, ya, por favor, mírame los ojos.

Júrame que no lo vas a volver a intentar.

- No me atosigues.

- Tania, ya.

- No se va a repetir.

Tienes que seguir con tus terapias

y mantenerte alejada de Alonso.

- ¿Crees que voy a volver a caer con Alonso?

¿Que me voy a arriesgar a que grabe otro video

y lo suba a las redes?

Elisa, no está en mis planes

convertirme en una estrella porno.

[♪♪♪]

- Eres un bribón de primera.

- Gracias.

Digo, que tú me lo digas es un verdadero halago.

- Estás perdiendo demasiado el tiempo con Tania.

Ella ¿qué diablo nos importa?

Tu atención debería de centrarse en la meserita.

Acuérdate que tenemos una apuesta.

Sí, voy a doblegarla.

Es solamente cuestión de tiempo.

Y cuando eso suceda,

voy a cobrar el botín que me prometiste.

No sabes cómo me urge hacerte cosquillitas por todos lados

por ese cuerpecito tan rico que te cargas.

[♪♪♪]

- Patricia anda chocando sus cochecitos con don Alfredo.

¿Cómo te quedó el ojo?

- Patricia es amante de don Alfredo, ¿cómo la ves?

- ¿Cómo?

- Sí.

- Fermín está furioso conmigo y con toda la razón del mundo.

Es que la verdad no te hubiera contado nada.

- Llorar es bueno, manita.

- El caso es que eso no se puede comentar con nadie, Claudia.

Y espero que no le hayas dicho nada a Patricia,

porque si don Alfredo se llega...

- Viejo cochino.

Eso de que le haya dado $100 a la Pati

por hacer feliz a papá.

- Y tampoco repitas eso, que suena bien feo.

¡Que papá! ¡--! Abuelo será.

En todo caso, no se puede volver a mencionar el nombre

de Francisco en esa casa, nunca.

Porque en ese lugar las paredes tienen oído.

- ¿Cómo se habrán enterado?

- Y por lo visto andas otra vez de romance con Fernanda, ¿no?

- Bueno, pues, ¿qué te digo?

Fue inevitable.

Y es que a ver, Fermín, tú la has visto, la has visto.

- Es un jet. - Oh.

Es difícil de resistirse.

Y pues yo caí. Caí.

Y también porque ya sé por quién fue a la clínica

donde estaba Ana.

Solo por eso.

- Oye, a ver si esa mujer no termina siendo tu perdición.

- Ah, ni que estuviera enamorado.

En la cama, Fermín, en la cama.

Me vuelve loco.

Y es que, a ver, yo pienso, me pongo a pensar, analizo.

Es solamente una pobre mujer que se siente sola,

que vive prisionera al lado de un tipo miserable.

- Oye, pero, a ver, todo eso está bien,

¿pero y si te enamoras?

- No, no creo que eso pase.

- Hey.

Yo pensé que ya te habías ido a la piscina.

- Te estoy esperando.

No quiero arriesgarme a que Fernanda o Alonso estén ahí.

De solo verlos me dan náuseas.

- Mónica.

- Si tu querida madrastra me dice una, le respondo.

No me voy a dejar de ella ni de nadie.

Me importa un rábano si te avergüenza.

- ¿Tanto te importa eso?

Entonces haz algo para evitarlo, caray.

A veces te pones de un plan que de verdad no entiendo.

Si nos quedamos malos y si te digo que nos vayamos,

es malo también.

- Entre más quiera Fernanda que me largue,

más me voy a quedar.

Que se largue ella con Emilio si tanto le guste.

Bueno, que sean muy felices.

- Esta es la hora que no termino de entender por qué les gusta

jugar golf.

Me parece tan aburrido.

- A mí me encanta.

Ojalá algún día juegue así de bien como tú.

No, mi papá es handicap uno. Uno.

- Uy, pintaba que iba a ser un día bonito, pero ya se nubló.

- El restaurante es magnífico,

pero lástima que dejen entrar animales.

- No empieces.

- Ninette, ¿por qué tan sola?

- Parece inevitable que se les cuele

cierto tipo de cocodrilos viejos.

- Salí...

a comprar algo de comer y no sé qué pasó.

No tenía nada en la bolsa.

Creo que me robaron el dinero.

- ¿Todo?

- Todo, todo.

Yo lo debí meter en la bolsa, pero no sé.

Yo sé que debí dejar la mayoría acá.

Solo me lo llevé y uf, nada, se fue.

- Tienes que tener más cuidado, ¿no crees?

- Sí, sí.

No te lo digo para que me des más dinero.

Yo sé que tengo que hacer algo para mantenerme.

Podría, no sé, no sé, de pronto ponerme

un letrero que diga:

"Soy exadicta"

y la gente pase y se compadezca de mí

y me dé mucho, mucho, mucho dinero.

- Fíjate que ya no tengo que seguir buscando

a Eugenio Beltrán.

Ya di con él.

- Ah, mira qué bien.

¿Lo tienes viviendo en tu casa?

- No, no, pero muy pronto estará aquí

en Miami.

- Por favor, que me avise.

Que nos avise,

así le preparamos la casita de huéspedes.

Me daría muchísimo gusto atenderlo.

- No, él se instalará en la casa grande.

Él será el dueño de todo.

- Adalberto, por favor.

¿Nos sentamos?

- No ha llegado todavía

porque ha tenido un contratiempo de salud.

Pero tranquilo, que no tardará.

- Por favor, si se llega a morir antes,

avísame, así le mando flores, ¿no?

- Bueno, ya paren, ya, ¿sí?

Vinimos acá a pasar un rato agradable y no a discutir.

De verdad, para Gabriel y para mí

es una situación muy incómoda.

- Sí, sí.

- Y para mí también.

- Y para mí.

¿A quién le gusta discutir?

- Oigan, este anciano está senil.

Cuanto antes pueden llevarlo a un asilo.

¿No te das cuenta?

Ahora ve en mí un espejo.

¿No te das cuenta que lo que estás viendo es tu reflejo?

- Voy a ir con ellos. Permiso.

- ¿Me veo así de pelón?

- ¿Qué tienes?

Porque esto normal no es.

- Lo dices porque me río.

- En el tiempo que te he tratado,

siempre te la has pasado

deprimida, preocupada, angustiada, ansiosa.

- Bueno...

- ¿Y ahora esto?

- Sí.

- Ya es hora de que eso cambie, ¿no?

No todo en la vida puede ser llorar y llorar y llorar.

- Ana, mírame.

Mírame, Ana.

Ana, mírame.

¿Estás drogada?

¿Hmm?

- No entiendo qué ganas con inventar esas cosas, papá.

- Yo no estoy inventando nada, Brenda Ferrero.

Porque ya yo hablé con Eugenio Beltán.

- Y ya yo estoy harta de tu letanía.

Así que como sigas con eso, me lo avisas,

porque yo me voy para la casa.

- ¿Será que sabe algo que nosotros no?

- Mira, a estas alturas ya no sé qué creer.

Urge que hables con ese investigador y que encuentre

ese bastardo malnacido ya.

- Mañana mismo lo llamo.

- ¿Qué?

¿Me he convertido en la única

en la que no se puede confiar al cien porciento?

¿Y sabes qué?

Me vale gorro.

- Pues mañana mismo te llevo a la clínica

para que te revisen, Ana.

- Y si te has estado drogando...

- Ay, no. ¿Drogando?

¿Cómo me voy a estar drogando?

No seas ingenuo, si a duras penas puedo salir al súper.

Me ofende que pienses eso de mí.

[♪♪♪]

- ¿Saben qué?

No tiene caso seguir con lo mismo.

Me regreso ya mismo a mi mesa.

- No, no, tú te quedas aquí, en tu lugar,

al lado de tus padres, no con el viejo con salpullido ese.

- Pues te equivocas.

Su lugar es al lado de su esposo.

- Exactamente.

[Suena celular]

- Aló.

Sí, soy Adalberto Ferrero.

En efecto, tengo dos hijos que se llaman Omar y Ricardo.

¿Qué pasó con ellos?

¿Dónde están?

Enseguida vamos para allá.

- ¿Qué?

Omar y Ricardo están en el hospital

y están muy graves.

[♪♪♪]

- ¡Oh!

- Hey.

Imagínate que Brenda me acaba de llamar a decirme

que sus hermanos...

[Sollozos]

...fallecieron.

[Sollozos]

Voy a reunirme con ella y con su familia.

Me parece increíble.

- Lo dices con una cara como si te importara.

- Fernanda, uno no puede alegrarse

de la de la desgracia ajena.

- Sí, salvo que seas tú el que la provoque, ¿no?

- ¿Por qué lo dices?

- ¿Cómo que por qué lo dijo?

Yo sé que tú lo hiciste, Gabriel.

Así que no finjas.

No vengas ahora a navegar con la banderita de inocente.

[♪♪♪]

[♪ Tema musical ♪]

♪ En un mundo de sombra ♪

♪ donde el silencio grita, ♪

♪ cada palabra es un eco ♪

♪ de promesas marchitas. ♪

♪ Sed de venganza, con fuego en la piel, ♪

♪ buscando la verdad en un mundo cruel, ♪

♪ lealtades rotas, ♪

♪ corazones de fiera en esta selva de cemento, ♪

♪ sálvese quien pueda. ♪

♪ En la sombra de la noche miradas de seda, ♪

♪ dos familias en lucha, tu legado está en juego, ♪

♪ juramentos que se quiebran, secretos por saber, ♪

♪ cada momento es un recuerdo, un pasado por volver. ♪

♪ Sed de venganza con fuego en la piel, ♪

♪ buscando la verdad en un mundo cruel. ♪

- Me estás acusando de algo muy grave.

- No, hombre, yo no te estoy acusando de nada.

Si te quisiera acusar,

sería otra historia completamente diferente.

La que me aconsejó que los eliminara fuiste tú.

- No, no, a ver, yo no te aconsejé.

Yo solamente te dije que para ti era muy conveniente

que Brenda fuera la única heredera.

Eso es todo.

Ahora, lo que tú hayas hecho o no, ese es tu problema.

Así que no te quites el mérito.

- Todos los esfuerzos que hicieron para salvar

a los hermanos de Brenda fueron en vano.

Fallecieron, pobrecitos.

- En paz descansen.

- No quise ir antes al hospital para evitar roces con Adalberto,

pero creo que ahora sí es el momento de estar allí.

- ¿Le das un abrazo de mi parte a Adalberto, por favor?

- Sí, claro.

Seguramente le va a servir de consuelo.

- Voy a tener que ir cuando sean los servicios fúnebres.

Es me deber como buen cristiano y pariente político

de tu querido suegro

- ¿Verdad que Ana está más rara que nunca?

Y no me refiero solamente a ese estado depresivo

que tiene todo el tiempo.

- Le pedí algo para comer, pero no quiso probar bocado.

Insistí que buscara alguna ocupación,

pero me dijo que no tenía ganas de nada.

- Sí, cuando la vi, se reía como loca.

Le pregunté si estaba drogada y me dijo que...

- ¿Piensas que me drogo solo porque estoy de buen humor?

No, lo pienso porque esta actitud no es normal.

Bueno, el hecho es que hay que seguirla vigilando.

- Voy a tratar de ir más seguido a visitarla.

- O sea, a veces pienso que lo mejor sería que regrese

a su casa con su familia, ¿no?

- ¿Lo dices en serio?

- Es que cada vez dudo más de Ana.

Pienso que fue ella la que mató a su mamá.

Bueno, por lo menos eso es lo que pienso hoy.

Ella misma me lo dijo.

Ya sé por qué Fernanda fue a la clínica de Delray Beach.

Investigó si en alguna clínica habían internado alguna joven

con tus características.

Así dio con el lugar.

Como se convenció de que no eras tú, ahora piensa

que los que te secuestraron ya te mataron.

- ¿Quién pidió el rescate?

¿Y si fue ella?

- No, sigue desconfiando de Fernanda.

Y a veces sí me clava la espinita.

Pero es que la verdad no sé

por dónde me van a salir estas mujeres.

No sé.

Tal vez Ana se recuperaría mejor estando con su familia.

Bueno, tampoco es que a nadie de esa familia le importe a Ana.

Solo Elisa.

- ¿Y si te echa de cabeza?

- No creo que diga nada, pero...

Pues no sé.

¿Al diablo, verdad?

- Me acaba de hablar Roberto para contarme.

Lo siento mucho, Brenda.

- Mis hermanitos.

No puedo creer que nunca más voy a volver a verlos.

- ¿Y Gabriel?

- Viene en camino.

Salió para acá cuando le dije que habían fallecido.

- ¿Dónde fue el accidente?

- Camino a Key Biscayne.

Los dos iban un poco tomados.

Eran tan imprudentes.

Siempre pensé que algo así podía pasar.

Ya ves.

- Mi amor.

- Ay, mi amor.

- Lo siento, lo siento.

Lo siento mucho, mucho, mucho.

Escúchame, escúchame.

No estás sola, ¿ok?

En cualquier circunstancia aquí estoy, siempre.

- Te traje de todo, y ya, si necesitas algo más,

solamente me dices.

- Gracias.

No era necesario que te molestaras en ir

al supermercado por mí.

Prácticamente es mi única salida.

¿Qué se supone? ¿Que ya no puedo ni salir?

- Ana, yo no quiero que tú manejes efectivo.

- Ya.

Todo es porque se perdió lo que me diste.

¿Qué culpa tengo yo de que me lo hayan robado?

- Sinceramente, Ana, el problema es que

como que no te creo.

- Allá tú. No tengo por qué mentirte.

Tampoco es como que me hubieras dado toda una fortuna.

- Ana, si tú aceptaras venir conmigo a la clínica

solamente para que te revisen...

- Sería humillante.

Mira, yo estoy muy agradecida por todo lo que has hecho

por mí, pero tampoco es como que seas mi papá, Francisco.

- Últimamente nos veíamos muy poco,

pero siempre nos quisimos muchísimo.

- Ay, Brenda.

- Yo no puedo creer que nunca más

los voy a volver a ver.

- Brenda, en momentos como este no hay nada que pueda decirte

para consolarte.

- Mi mamá está más desechada.

Está destrozada.

A veces pienso que debería irme a casa de mis padres,

así sea un tiempo, para que ella no esté tan sola.

- Tú haz lo que tu corazón te diga.

Gabriel estoy segura de que lo va a entender.

- Gracias, Moni.

- Mañana van a hacer una misa con las cenizas

de los hijos de Adalberto y vamos a ir todos.

- Sí, por supuesto.

¿Y tú qué? ¿Vas a comulgar?

Deberías de ir antes a confesarte, ¿no?

- Solo perdería el tiempo con el sacerdote.

Mucho mejor, no tengo pecado sobre mi conciencia.

- Obviamente, sería muy mal visto que te rieras

con la tragedia que estén viviendo los Ferrero, ¿no?

Pero tampoco exageres, mi amor.

- ¿Y en qué se supone que estoy exagerando?

- Ay, te comportas como si se hubiera tratado de tus hijos

y sintieras un inmenso pesar.

¿Qué caso tiene, Alfredo?

Todos sabemos que detestas a Adalberto

y que te alegras de su pena.

- Te equivocas.

Soy padre y empatizo con él.

Uf, sí.

Eres un padre que ama a sus hijos

por sobre todas las cosas.

Mira, Ana.

Ana es un vivo ejemplo de eso.

- Me duele mucho lo que pasó con ella.

- Hmm. Qué bueno saberlo.

Lo has sabido disimular muy bien.

- La procesión va por dentro, mi hermano.

- Yo nada más no quiero que tú pierdas

todo lo que has ganado hasta el momento.

A mí me preocupa que...

- Mira, no... No he hecho nada malo,

ni me drogo, ni estoy loca.

Solamente estoy harta de mi vida.

Salí de una cárcel para entrar a otra.

¿Tú crees que es fácil estar acá?

- Sí, y te entiendo.

Solamente te pido que te lo tomes con calma, ¿sí?

Mira, mira, si soy una molestia, si soy una carga, me largo.

- No, no.

- Ya con lo que hiciste fue suficiente.

Puedo ingeniármelas por mí misma.

- Adalberto insiste en que se habló con Eugenio

y que la próxima semana va a estar en Miami.

- Espero que sean inventos suyos.

- Yo también, porque si no, se nos vienen problemas muy serios.

- ¿Podría quitarte la mitad de todo lo que tienes?

- Bueno, pasado mañana me voy a reunir con mis abogados

para plantearle la situación.

Si Eugenio de verdad aparece y existiera ese testamento,

no me va a agarrar desprevenido.

- ¿Y quién más sabía del testamento?

- Manuela. Manuela firmó como testigo.

Y el otro era el asistente de mi papá, que está muerto.

- Ya. Estás muy preocupado, ¿no?

- Bueno, después de tantos años, ese imbécil no me va a venir

a arruinar la vida.

Eso tenlo por seguro.

- Desde un principio debiste averiguar dónde está.

- En eso estoy, mi amor. No te preocupes.

- Tal vez si fuera verdad lo que Adalberto dice,

si tú no tuvieras nada, ¿que pudiera quitarte?

Pon a mi nombre todo y ya está.

¿Qué?

- Buen intento, mi amor.

Buen intento.

[♪♪♪]

sical ♪]

- Ay, sí, por favor.

Yo no soy hipócrita como tú y mi papá.

Parece que voy a creer que están muy tristes por la muerte

de esos dos.

- Estamos tristes por Brenda, imbécil, que hace parte

de nuestra familia.

- Sí, el único muerto que te debería de preocupar

en realidad es otro.

Porque ese fallecimiento sí que resulta ser

una verdadera desgracia.

- Ya cállate, imbécil. Cállate.

- ¿Qué partidazo viene a ser ahora Brenda, no?

El viejo Ferrero ese ahora ha de ser muy rico

y ahora ella es la única heredera.

Bueno, no, no, no.

También está su esposa, pero pero Brenda puede adquirir

absolutamente todo.

- Brenda no es ningún partidazo porque es mi esposa.

Como quien dice, ya tiene dueño,

- Dueñito.

Te descuidas y en una de esas alguien más te la puede bajar.

Digo, con eso de que ya alguien enviudó de ti.

Ya sabes a quién me refiero, a tu... ni sé cómo llamarlo.

[Se burla]

[♪♪♪]

- Sí, Alonso vino a buscarte anoche muy preocupado,

pero lo corrí del hospital y le advertí

que no se te volviera a acercar por ningún motivo.

- Como si te va a hacer caso.

- Si te sigue molestando, vas a tener que denunciarlo.

- Eso no serviría de nada, Elisa.

Lo que yo tengo que hacer

es comprar un arma y meterle un plomazo.

- Oye, a ver, eso no lo digas ni de broma.

- Mira, yo soy tan culpable como él.

No vale la pena que me haga la inocente.

- Ay, Tani.

[Suena celular]

- Me pasas mi celular, ¿porfa?

Seguramente es Mirna.

Debe estarse preguntando por qué no le he contestado

o por qué no he ido a la tienda.

Hola, Mirna.

- Anita, yo nada más quiero que tú entiendas que todo,

todo lo que yo hago es porque me preocupo por ti.

Y la verdad es que sí, después de todo lo que me has dicho,

una cosa u otra, pues tengo derecho a estar confundido, ¿no?

- Créeme que no tanto como yo.

- Si tú a eso le sumas lo que me contaste de Fernanda

y toda la sincera preocupación que ella muestra por ti...

Mira, no sé, no sé.

A veces creo que lo mejor sería que dieras la cara a Ana,

que regreses a tu casa.

- Yo sé que yo no soy de tu agrado,

pero quiero que sepas que...

- No, nunca he dicho eso, Brenda.

- Hay cosas que no hacen falta decirlas.

Pero tú no me caes mal.

Y tampoco me molesta que te hayas casado con Sebastián.

- Pertenecemos a dos mundos totalmente diferentes.

- Pienso que no todos tenemos la suerte de haber nacido

con pañales de seda.

¿Cuál fue mi mérito?

Tener un papá rico.

- Yo en realidad no te conozco.

No me cayeron en gracia algunos comentarios que hiciste, pero...

- Perdón.

Lo que sea que haya dicho,

créeme que no tuve una mala intención.

No soy tan frívola y vacía como parezco a veces.

Perdón.

- Supongo que viniste a burlarte de mí.

- ¿Tania, cómo pudiste ser tan tontita?

- Lárgate.

Déjame tranquila.

- Te pusiste a decirle horrores de mí a Marcelo.

¿Qué pretendías?

¿Tú querías que me partieran la cara

o que me maltrataran?

Gracias a eso no tuve más remedio que probarle,

que decirle que era yo el que decía la verdad.

- Te felicito.

Conseguiste lo que buscabas.

Marcelo se largó.

No quiere saber nada de mí ni.

- Con toda la razón del mundo.

Yo también hubiera hecho lo mismo.

Ya sabe que eres una zorrita.

Mi zorrita.

- No, Alonso, tuya para nada.

Y ahora sí, antes muerta que permitir que te acerques a mí.

- Ay.

Ya me sé de memoria esa cantaleta.

- Antes sentía por ti decepción, tristeza,

resentimiento por la forma en la que me tratabas.

- Ajá.

- Pero ahora te odio con todas mis fuerzas.

- No, no, no, no.

- Y espero que te lleve el diablo.

Te deseo lo peor.

- No sabes lo mal que me puse cuando Tania me llamó

y me contó que estaba hospitalizada.

- Ay, sí, pobrecita.

Trató de suicidarse.

- Sí. Me da tanto dolor.

Yo creo que ese tipo va a terminar enloqueciéndola.

- Ay, todos terminan volviéndonos locas

de una manera u otra, ¿no?

Ah, ya se arreglaron mis problemas con Emilio.

Estuve con él en su departamento.

- Sabía que eso era lo que iba a pasar.

Te felicito.

- ¿Oye, averiguaste algo sobre Francisco?

No, no, no. Sabes que no.

Claudia no me dio mucha información.

Ella cree que vino a visitar a su abuela.

Como ella está muerta, pues se va a regresar y ya.

- Mejor, ¿no?

Digo, de cualquier manera, trata de mantener

un contacto estrecho con las hermanitas.

Esa gente siempre está enterada de todo.

- Fernanda, una vez más te lo voy a decir.

Tú sabes que tú eres mi amiga

y que yo te quiero mucho, ¿cierto?

- Ujum.

Estuve pensando y decidí que yo no voy a seguir siendo

tu cómplice en esto porque no estoy de acuerdo

con lo que estás haciendo.

Escúchame, hay días que me confundo y te justifico

y digo pobrecita, todo lo que tuvo que pasar en su niñez.

Y después, Eugenio...

- Te cuento todo porque yo sé que tú nunca

pudieras traicionarme.

Y no digamos por cariño.

Es porque a ti no te conviene.

Yo sé muchas cosas de ti que ni te imaginas.

Así que no tiene caso que conmigo andes jugando

a la palomita blanca.

[♪♪♪]

[♪ Tema musical ♪]

- ¿De dónde tú sacas esas cosas?

- Eras el instrumento de venganza que Eugenio

quería utilizar contra los Del Pino.

Pero a ti te faltaron agallas y bueno,

el físico digamos que no te ayudó demasiado, ¿no?

Luego aparecí yo y obvio, yo era perfecta para él.

Yo estaba hecha a la medida justo para lo que él necesitaba.

- Si Eugenio te dijo eso, es una vez más mintiéndote.

- Ah, también descubrí que mataste a dos tipos

por encargo de él.

Y luego tú no podías con tu conciencia.

Mirna, tú tienes las manos bañadas de sangre,

igual que yo.

La diferencia es que yo no me arrepiento ni sufro por eso.

Tú mataste a dos,

yo también maté a dos.

Está genial.

Es un empate.

- No, Fernanda, mira...

- Saliste huyendo para tratar de empezar de nuevo

y no te ha ido nada bien.

El pasado, Mirna, tarde o temprano nos alcanza a todos.

Y por algo nos volvimos a encontrar.

Piénsalo. Es perfecto.

Ojo, yo no te estoy diciendo esto para que te sientas mal.

No, no, no, no.

Al contrario.

Con las cartas sobre la mesa vamos a poder ser

más amigas, ¿no crees?

- No fue fácil encontrar al Eugenio Beltrán

que usted busca.

Hay muchos homónimos.

- ¿Pero dio o no dio con él?

- Vivió toda su vida en Dallas, Texas.

- ¿Y sigue allí?

- Está muerto.

Hubo un incendio en su departamento y murió calcinado.

- Está muerto.

Muerto, achicharrado en un incendio

en su departamento de Dallas.

- Es la mejor noticia que me has podido dar.

- Por consiguiente, todo lo que ha dicho Adalberto...

- Ah, son puras tonterías.

Ese viejo estúpido.

Tiene que haber hablado con él en una sesión espiritista.

- Qué alivio.

Qué alivio, papá.

- Ay, todo está saliendo a pedir de boca, hijo.

La suerte está de nuestro lado.

Y no podía ser de otra manera.

Dios protege a los inocentes.

- Lo de Francisco es lo que menos me preocupa.

Sí me gustaría saber en qué es lo que anda,

pero más que nada por curiosidad.

O sea, el pobre ¿en qué pudiera afectarme?

- Pues se supone que abrió una investigación para saber

quién fue el asesino de su abuela.

- ¿Y qué han descubierto?

Nada. ¿Qué van a descubrir?

Nada.

- Y lo dices así, con esa frialdad, con esa maldad.

- Es lo que a ti te hubiera encantado ser.

Te guste o no te guste, me admiras.

Te hubiera encantado ser como yo.

- ¿Y eres feliz, Fernanda?

- La felicidad nunca es completa, Mirna.

Ahorita yo no soy feliz al cien porciento,

pero yo sí sé que lo voy a hacer algún día.

Millonaria, casada con un hombre guapísimo,

al lado de mi hija.

- Ojalá.

Ojalá, Fernanda.

- A mí la vida me tiene que compensar

por todo lo que me quitó.

No puede ser de otra manera.

- Ana, solamente te pido que lo pienses.

Nadie te va a obligar a nada.

Piénsalo.

- Ya me volví una carga para ti.

Quieres deshacerte de mí.

- Ah, no, no, claro que no.

- Francisco.

En mi casa nadie me quiere.

Tal vez ni siquiera me quiere Elisa

si piensa que maté a mi mamá.

- Ana, tú tienes que terminar de entender.

Si lo hiciste, tú no estabas en tus cabales.

No te diste cuenta de lo que hacías.

Estabas drogada.

- Yo siempre le dije que la odiaba

y cuando...

cuando hablábamos era solo para pelearnos.

- Es que...

siempre me molestó su fragilidad,

lo enfermiza que era.

Siempre represento lo que nunca

quise hacer en la vida.

- Ana, ya no te atormentes con eso, por favor, ¿sí?

- Yo la quería, Francisco.

La quería solo por el hecho de ser mi mamá.

Y yo lo último que hubiera deseado es lastimarla.

Si fui yo en la que lo mató, no...

no me lo voy a perdonar nunca.

- Tranquila, tranquila.

[♪♪♪]

[♪ Tema musical ♪]

- Aquí está su café, don Alfredo.

- Déjalo ahí.

Déjalo ahí y ponle llave a la puerta.

- ¿Para qué?

- ¿Todavía me lo preguntas?

- En mi contrato como su asistente personal

no se establece que dentro de mis obligaciones

esté hacer feliz a papá.

- Eso no es una obligación laboral, Pati.

Es solo un momento de sano esparcimiento que te hace feliz

a ti y de paso a mí.

- Le agradezco que sea tan considerado y que trate

de mantenerme entretenida, pero no es necesario que se moleste.

- No sé cómo le voy a hacer, pero me las vas a pagar.

- No, no me digas esas cosas, mi amor.

No solamente me partes el corazón,

sino también me haces sentir mucho miedo.

- Sí, búrlate, pero recuerda que quien ríe al último, ríe mejor.

- Tú vas a seguir haciendo todo lo que yo te diga.

- Ok. - Ok.

¿Puedo subir el videíto que hice a redes sociales?

- Súbelo. Me vale madres, fíjate.

Sería una muy buena prueba para que todos vieran

lo que me has hecho.

¿Sabes qué sería lo primero que haría?

Te denunciaría.

Y como están las cosas hoy en día, te iría muy, pero muy mal.

- Me exista verte tan brava, zorrita.

- Yo lo único que siento cuando te veo...

- ¿Qué?

- Es asco y náuseas.

- Lárgate. - ¿O qué?

- O voy a hacer que te echen.

- A que no.

Déjame, te ayudo.

- Ayuda.

- Ay, ya.

- Ayuda. Me quiere lastimar.

Ayuda. Ayuda.

Alguien ayúdeme.

¡Me quiere lastimar!

- Tania sigue muy deprimida, pero yo creo que sí va a lograr

salir adelante.

- Seguro sí, mi amor.

Ella es muy afortunada de tenerte como amiga.

- Lo que sí va a tomar más tiempo es lo de Brenda.

- Me imagino.

Pobre gente, ¿no?

Yo siempre he pensado que el dinero no lo es todo.

Igual te mueres.

- Sí.

Roberto, yo quería agradecerte

por todo el apoyo que me has dado.

En serio que me haces sentir mal por no ser

esa persona que tú quisieras.

- A ver, mi amor. Ven acá.

Tú eres todo lo que quiero y todo lo que necesito.

Yo soy tuyo.

Y lo seré toda la vida.

Aunque te enojes, aunque me digas que quieres dejarme,

no voy a ir a ningún lugar.

Voy a estar ahí a tu lado, contra viento y marea.

- Te dije que le pusieras llave a...

- No, eso no se va a volver a repetir nunca.

- ¿Te quieres quedar sin trabajo?

- ¿Y usted quiere que lo denuncie por acoso sexual?

- No digas estupidez.

Yo sé que te gusta.

Yo sé que tú también lo quieres.

- No, no, no, no, por favor, no.

Tranquila.

[♪♪♪]

[♪♪♪]

CC: TELEMUNDO NETWORK captioning@telemundo.com

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