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Original subtitles

No tengas miedo. Estoy aquí. No te pongas nerviosa.

Señoritas, 1, 2, 3...

- ¡Devuélvemela! ¡No sabes usarla!

¡Tú tampoco! ¡Hay que esperar!

¡Más rápido! ¡No pesa tanto!

Daos prisa.

¡Lisette!

¡Lisette! Ven, Lisette.

- ¿Dónde se han metido? - No lo sé.

¡Phil y Vinca!

- ¡Ya se las arreglarán! - ¡Les he llamado!

Venga, en marcha.

¡Venga!

¡Aquí llega ella!

Vinca, ¿dónde está Phil?

No lo sé.

La mar está picada.

Nosotras estamos a cubierto. Estarán al abrigo.

¡Vinca!

¡Vinca!

Cuidado, Simone. ¡No te muevas tanto!

¡Vas a deshacer tu lazo! ¿Me oyes?

¡Vinca!

¡Oh! ¡Vaya!

¡Vinca!

Se ha ahogado o está loco.

Te lo digo. ¡Pronto se bañarán desnudos!

¡No exageres!

¡Si ya te lo decía!

¡Se acabó, señoritas! ¡El baño ha terminado!

¡El baño se ha terminado!

¡No miréis! ¿Habéis oído?

Marguerite, ¡he dicho que mires aquí!

¡Marguerite, te he prohibido que te vuelvas!

Vamos, vamos.

¡Marguerite, te he prohibido que te vuelvas!

- ¡Margot!

Si le hubieras visto...

- ¡Daba lástima! - ¡Para ya! ¡Estás armando un alboroto!

No debías haberle mirado. ¡Está tan flaco!

No tanto. - ¿Cómo lo sabes? ¡Ah, sí!

¿Cómo estaba?

¡Totalmente desnudo, con un sombrerito!

Unos pantalones, un cinturón.

- ¿Tenía frío? - ¡No se me ocurrió preguntárselo!

¿En qué estabas pensando?

- ¿También estaba descalzo? - ¡Te he dicho que totalmente desnudo!

¡Oh, qué idiota!

¡Podría haberse ahogado!

- Es una suerte que yo le encontrara. - ¿Por qué?

¡Todo el mundo lo sabía, por el vendaval!

- No tiene miedo. - ¿Él? No lo hay más cagueta.

- Le gusta llamar la atención. ¿Dónde está?

- ¡Me lo ha pedido a mí! - ¡Me gustaría verlo!

- ¿Quién habrá hecho esto? - ¡Habrá sido el viento!

Sostén. ¿El viento?

¡El viento! ¡Sí!

¡Tiene buenas espaldas el viento hoy!

¿Qué ha pasado?

Atentado al pudor. Se paseaba totalmente desnudo.

- ¿Por la playa? - En la carretera.

Demasiado tarde, Margot. He sido movilizado.

- Y en la gendarmería. - ¡No quisiera estar en tu lugar!

- ¿Por qué? - Tiene antecedentes penales.

- ¿Sabe lo que eso significa, señorita? - ¿Que lo van a condenar?

¡Eso espero!

¡Hay formas distintas de distraerse en la playa que pasearse desnudo!

¡Las cometas, por ejemplo!

- Estaba detrás de un árbol. ¡El delito es flagrante!

¡Es un atentado al pudor!

- ¡Pero nadie le ha visto! - Fui a caer junto al Sagrado Corazón.

- Se mostró totalmente desnudo

ante las señoritas del Sagrado Corazón.

Se bañan una vez al año. No he tenido suerte, ¿eh?

Acércate.

- ¿Cómo te llamas? - Philippe Audebert.

- ¿Edad? - 17 años.

- Sólo tiene 16 y medio. - ¡Así que menor!

- ¿Es usted el padre? - No.

- ¿Dónde está? - Murió en la guerra.

¿Va a dejarlo tranquilo?

Contigo hablaré después. ¿No ve que está tiritando?

- Señorita, ¡no se meta donde no la llaman! - ¡Claro que sí!

Si estuviera ahogándose, ¿qué salvaría antes? ¿La piel o los pantalones?

¡Qué asco!

¡No acabes de complicarlo!

No complico nada. Quiero que entre en calor.

¡Ni se ha pensado en prepararle un ponche!

Sí que hemos pensado en ello.

Gracias, mamá.

Bébetelo. Entra en calor y bebe rápido.

- Hace 15 años que venimos aquí todos los veranos.

- Somos muy conocidos. - ¡Sí! ¡Desde que nació Vinca!

Ahora me lo llevo.

Date la vuelta.

Ya te han visto con un sombrero cubriéndote el vientre.

- ¿Y qué querías que hiciera? - ¡Haberme llamado!

Lo hice.

No. Llamaste a Margot.

- Era ella la que pasaba por allí. - ¡Cerdo mentiroso!

- ¡Le dije que fuera a buscarte! - ¡Mentiroso!

¡No sé que te ha hecho Margot!

¡Si tienes algo contra ella, dilo!

No tengo nada contra ella.

- ¿Entonces? - Sólo contra ti.

- ¡Porque saliste al mar sin avisarme! - ¡Hice bien! ¿No te daba miedo?

Lo siento.

- Las chicas son complicadas. - ¿Y Margot no?

¡Ah, Margot! Sólo tú, si eso te hace sentirte mejor.

Dime, Phil, ¿es cierto que has estado a punto de morir?

Más que eso.

¿Qué se siente?

No se siente nada. Se pone uno a nadar.

¿En quién pensaste antes de morir?

¡En mí!

- Eso no demuestra nada, estás vivo. - Es una lástima, ¿eh?

- No bromees. - ¡Por fin una palabra amable!

No estornudes.

Puedo morirme pero no resfriarme. Así son los gendarmes.

- ¡Y la vida está llena de gendarmes! - Yo no lo soy.

Lo veremos.

¡A pesar de todo estoy contenta!

¿Vinca?

¿Sí?

¿Estás lista?

- ¿Vas a ir así? - ¿No te gusta?

En absoluto.

Me hace menos pequeña.

Sí, pero más abuela. ¡Date prisa!

- ¡Hola! - ¡Buenas noches!

- ¿Adónde vais? - Al cine. Es domingo.

No volváis muy tarde.

La llave estará en el tiesto del geranio.

¡Con el pelo corto siempre iré mal peinada!

- Habrá que esperar. - ¿Te da igual estar fea?

Oh no, Phil.

- Precisamente quiero estar guapa. - Puede que algún día ocurra.

Si no te gusto, vete y búscate a una que esté mejor peinada.

- ¿Así que es eso? - ¿El qué?

- No seas idiota. Ven. - No.

De acuerdo. Pero lo lamentarás.

- ¡No hay que educarles así!

¡Tú nunca saliste solo de noche, ni con tu prima!

- ¡Di lo que quieras!

No me gusta que salgan de noche.

- Siempre estás exagerando.

No hay ninguna razón para que siempre estén juntos.

Al cine tiene un pase, pero ese viaje en bicicleta...

¿Qué tienes en contra de las bicicletas?

- Bueno, tendrás un matrimonio de bicicletas.

- ¿Phil y Vinca?

¡Es absurdo! ¡Sería como casarse entre hermanos!

¡Señor, está ocupado! - Disculpe, señorita.

¡Phil, aquí!

¡Por fin! ¡Te creía ahogado!

- Sabía que ella no vendría. - ¿Por qué?

- Por mi causa. - ¡Mira que sois tontas!

- ¿Por qué? ¿Por que tengo ganas de besarte?

¿De besarme?

No hables tan alto.

- ¿Te extraña? - Bueno... no lo había pensado.

Tampoco yo... hasta ayer.

¡Buena la has hecho!

¿Y tú? ¿No sentiste nada al verme?

Tenía otras cosas en la cabeza. Lo primero, tenía frío.

Pues desde entonces no has entrado en calor.

¡Siéntate!...

- Ahí llega Vinca. - Está claro que se pega a ti.

¿Besas a Vinca?

- Claro. - Mientes.

Si la hubieras besado también besarías a las demás.

¡Phil!

¡Siéntate! ¡Siéntate!

Ah...

¡Qué tonta es la gente!

Ven, Phil.

- No, vamos a quedarnos. - No, ven.

Quiero que me devuelvan el dinero.

¡Vocingleros! ¡Parisinos vocingleros!

Volvamos.

Estás loca. No son ni las 10 y es domingo.

¿Por qué la gente siempre se ríe cuando se besan?

Es gracioso.

- ¿Por qué gracioso? - Porque no piensan en ello.

No, es porque son feos y están celosos.

- ¡Vaya! - Te lo juro.

Puede que yo sea feo pero no estoy celoso.

- ¿Y si yo besara a alguien? - No. Porque sería a mí.

Cuidado, enamorados, sube la marea.

¡Idiota! ¡Somos hermanos!

¿Qué dices?

Ves, Phil, si me hubieras conocido en la playa

habrías podido enamorarte de mí.

Eres tonta, Vinca.

¿Estás totalmente seguro de que no eres mi hermano?

¿Y ahora, Vinca?

Pues nada.

Tenía que pasar.

Ha pasado.

Eso digo. Nos hemos besado.

- ¡Ay, bruta! - ¡Bruto tú!

- ¿Te he hecho daño? - ¿Daño?

Eso crees.

Cuidado...

El mar.

Phil, espérame.

¡Lisette!

- ¿Qué? - ¿Me estás oyendo?

No se deja la mesa antes que los padres.

- Tu hija está muy malcriada. - Claro. ¡No le dices nada!

¡Espera a que me levante! ¡Te has ido al mar abandonando la mesa!

No es una mesa.

Phil...

Dime, Vinca...

Lo he estado pensando.

No estuvo bien lo que hicimos anoche.

- ¿Cómo? - Entiéndelo.

Claro que me gustó besarte.

- Es verdad que ha cambiado algo. - Ha cambiado mucho, Phil.

Quiero decir que es necesario cambiar la vida que llevamos.

Todo lo que hacemos.

De lo contrario, no vale la pena.

Eso prueba simplemente que a ti no te ha cambiado.

Entonces no hay nada que hacer.

Lo que de verdad hubiera hecho cambiar las cosas,

es que te besara, y que, de golpe, yo tuviera 20 o 25 años.

¡Siempre con la edad!

¡Pues sí, Vinca! ¿Qué quieres?

Tengo 16 años. ¡Eso lo impide todo!

Yo tengo 15 y no me quejo.

15 años para una chica es suficiente.

- Si quieres, puedes casarte mañana. - ¿Casarme?

- Sabes que te esperaría. - Dame eso.

- Eres tú quien no me esperarás. - Oh, sí que te esperaré.

Me veo obligado.

¿Qué otra cosa puedo hacer?

Esperarte, a tí...

o a cualquiera...

o lo que sea.

Es hermosa la juventud.

365 multiplicado por 5 son 1825.

- ¿Qué es eso?

Es la juventud.

Faltan 1825 días para cumplir los 21 años.

Todo ese tiempo para ser más o menos un hombre enamorado.

¿Sólo "más o menos"?

Sí, "sólo".

¿Y si me contento con eso?

No quiero más.

Siempre piensas en lo que no tienes.

No estamos tan mal.

Nuestros padres no nos fastidian demasiado. Somos libres y nos queremos.

Disfruta lo que tienes.

No tengo derecho.

Entonces, si así lo quieres, Phil, volvamos a la situación anterior.

Es demasiado tarde.

¡Phil, comprendes que algo ha cambiado!

¡No entiendes nada! ¡Espérame!

¡Pues muévete!

¡Lisette, nos vamos!

¡No! ¡Tengo un cangrejo!

¡Me la pagarás!

¡Al menos date prisa!

¡Eh! ¡Pequeño!

Dime, pequeño...

Me he equivocado, ¿verdad?

Perdón, señor.

¿No puedo avanzar más?

En el mar, señora.

Es un decir... - ¿Este camino no lleva a ninguna parte?

- No. Es el camino del fuco. - ¿Y queda lejos el fuco?

¿He dicho algo gracioso?

El fuco no es un lugar. Es el fuco.

¿Es aquí dónde se pesca la gamba?

El langostino.

¡El langostino! ¿Y se da bien?

Muy bien. Vinca consigue muchos.

- ¿Es su hermana? - No. Es mi amiga.

- ¿Ella tiene su misma edad? - No, en absoluto.

Ella tiene 15 años. Yo, 16.

Tiene usted arena. Aquí, en la mejilla.

- Oh, perdón. - Creí que era la barba.

Claro que tengo. Pero no se ve.

- ¡Hou! ¡Hou!

¡Phil, espéranos!

Puedo llevarles. Estoy en Ker-Anna.

Gracias. No merece la pena. Volveremos andando.

Entonces hasta luego, señor.

Hasta luego, Vinca.

Una tía que se había perdido.

- ¿Cómo sabía mi nombre? - ¡Eso no es un secreto!

Te ha llamado "señor" y a mí, Vinca.

- ¿Qué prueba eso? - Nada malo, Phil.

Tú eres un hombre y yo una niña.

- ¿Tienes siempre que pensar en...? - En nosotros, Phil.

Sí, como digas. Vamos, familia. Seguid al hombre.

Ya que eres un hombre, coge la cesta.

¡Vaya!

¿No hay nadie?

¡Un telegrama!

¿Qué hace usted aquí?

La viejecita de los telegramas me ha dado uno para usted.

Tenga, lo había puesto ahí.

Ella no tiene derecho a hacer eso.

Fui yo quien se lo propuso. Estaba acalorada.

Es muy amable.

¡La pobre viejecita! Y casi me pillaba de camino.

¡Espero que así fuera!

Ya sabe, en bicicleta...

Siempre le ofrezco un vaso de vino al cartero. ¿Quiere un poco de Oporto?

No, no, gracias. Se lo prometo.

¡No hacía falta venir, señor!

Además, tengo ganas.

¿Me concederá el gusto?

¿Pero qué hace?

Perdone, me he caído.

No beba tan deprisa. Está empapado.

Estoy acostumbrado.

Me llamo Mme Dalleray.

Perdone. Philippe Audebert.

¿No será una mala noticia?

No es nada nuevo.

Es de alguien que no sabe escribir

y que, además, no tiene nada que decirme.

- ¿Un poco de oporto? - No, gracias, de verdad.

- ¿Tanta prisa tiene? - Bueno...

Sí, un poco.

- ¿Vinca le espera? - ¿Por qué Vinca?

Bonito animal.

Y mucho más bonito porque está callado. Él también.

Me gusta que los loros se callen pero no me desagrada que hablen los hombres.

¿De qué estábamos hablando?

Entonces, ¿de qué podríamos hablar?

¿De sus estudios?

¿Ah no?

¿Tiene dificultades con su selectividad?

Nada de eso. He pasado.

¡Pues ya ve! ¡Podía habérmelo dicho al menos!

¿Y después qué piensa hacer?

No lo sé.

Bueno.

Intentemos otro tema.

¿Sus padres vienen todos los años a esta costa?

Sí.

¿Le gusta?

¿Quién?

¡Esta costa! ¿Qué había entendido?

Me gusta mucho la costa.

Perdóneme, señora. Le aseguro que tengo que irme.

No me atrevería a retenerle.

Hasta luego, señor Philippe.

Hasta luego, señora.

- Y gracias por el telegrama. - No ha sido nada.

¿No?

Hola.

Hola.

No sabía que la conocías.

- ¿A quién? - A la señora Ker-Anna.

- Pasaba por casualidad... - Sí, sí...

Entrénate para inventar lo que vas a decirle a Vinca.

- ¿Por qué a Vinca? - Podría enterarse de dónde sales.

- ¿Que quieres que haga qué? - Ah... Bueno.

¡Margot! Espera.

Escúchame, si llegas a decirle algo...

No le diré nada, pero con una condición...

Sin condiciones.

Ah...

¿Cuál?

Bueno.

¡Hueles a alcohol!

- ¿Eso es todo lo que te produce? - ¡Besas mal!

¿Esa tía se contenta con eso?

Eso está mejor.

Y ahora, sólo para darme gusto.

¡Ya está!

¡Sabes que no eres tú a quien quiero besar!

¡Tampoco es Vinca!

¡Esos rábanos están tan desgreñados como tú!

¡Ah, aquí estás! ¿Sabes qué hora es?

El pan no estaba cocido. He tenido que esperar.

- Hueles a alcohol... - Claro...

- ¿Cómo que "claro"? - ¿Huelo a alcohol?

Sí, mucho.

- ¿Dónde has bebido? - En un antro.

- En serio.

¿Qué has estado haciendo todo este tiempo?

He estado en el bosque, colocado, hasta arriba de drogas duras,

atado a un poste

azotado hasta sangrar y sometido a tortura. Eso.

Limpiate la mejilla, Phil. Tienes carmín.

No, la otra.

¿No tengo derecho a besar a Philippe?

- Bueno. No he dicho nada. - ¿Ah, no?

Desde esta mañana has tenido tiempo para lavarte.

- Te equivocas. - ¿Qué quieres decir?

No comprendes nada.

Aunque besara a otra chica

no tendrías derecho a decir que no te quiero.

Así es.

Sí. Es posible,

ya que cuando me besas, no significa que me ames.

Naturalmente,

los niños no pescan más.

Pásame la mantequilla, abuela.

Gracias.

¡Oh!

- ¿No estáis todavía acostados? - No. Estamos de servicio esta noche.

Hay que cerrar todo.

Oiga, abuela...

cuando intente dar un golpe

...espere a que pase la patrulla. - Y tú sé educado.

He cenado demasiado y no puedo dormir.

Buenas noches.

Buenas noches. Déjame.

- ¿Qué es eso? - El dinero del viaje.

- Sí, lo sé. - ¿Quieres que vayamos?

No. Sólo tú.

¿Así de repente?

Sí, Phil.

Vete. No quiero volver a verte.

¡Ibamos a hacer juntos el viaje!

Ya me lo contarás.

Ya lo ves, Phil, no tengo ganas de estar sola contigo.

Es demasiado peligroso.

¿Te doy miedo?

Muchísimo.

Phil,

Te lo pido como un favor: vete.

¿Así lo quieres?

¿Y qué les dirás?

Mañana les diré...

- Inventaré cualquier cosa. - ¿Mañana?

¡Pero no quiero hacerlo!

Yo tampoco, Phil.

Pero si te quedaras aquí me harías más daño.

Si de verdad me quieres...

...acepta que te haga daño. - Sí, Phil, enséñame a quererte.

Te aseguro que no necesito lecciones.

¿Me ves solo por los caminos?

Primero, ¿cuánto hay?

10, 20, 30, 50,

75, 100.

Y 32.

- Con esto no se va lejos. - Solo podrás ir más lejos.

- También es tu dinero. - Te lo regalo.

¡Podrías dar las gracias!

En el fondo, que aceptes irte me tranquiliza bastante.

¿Por qué?

Eso prueba que nada te retiene aquí...

ni nadie.

¡Lo estropeas todo!

¡Vas a retirar eso o me quedo!

No he dicho nada, Phil.

No quiero estropear lo que te gusta.

¡No digas que esto me gusta!

¿Me llevo mi jersey?

Hace fresco por las noches.

Venga,

voy a hacerte la maleta.

Sin hacer ruido...

Idiota.

¡Phil!

¡Phil...

Phil...

¡Señor!

- ¿Pasa por el pueblo? - Por supuesto.

¡Si usted fuera tan amable! ¡Tengo que alcanzar a alguien!

- ¿Va andando? - ¡No, en bicicleta!

¡No respondo de nada!

- ¿Hace mucho? - No. Acaba de irse.

Bueno, lo intentaremos.

Venga, apretújese ahí dentro.

¡Gracias por hacerme el favor!

¡Otra vez una chavala, por supuesto!

¡Oh! ¿Quién es el imbécil...?

Ah, ¿es usted?

Sí, soy yo el imbécil.

¿Quién le ha enseñado a ofrecer las flores de este modo?

Nadie. Lo he inventado yo.

Oh, es genial.

Está bien educado ya que regala flores.

Oh...

Sólo que para ser muy educado

hay que saber cuándo y por qué se envían las flores.

Por cierto que la palabra es adecuada: "enviar".

¿Por qué estas flores?

No lo sé. Es un recuerdo.

Eso espero.

Pero dígame,

si no hubiera estado aquí para recibirlas en plena cara

no habría sabido que este ramo era suyo.

¿No?

Habrían sido mías igualmente.

- Entonces era un recuerdo para usted. - No, me apetecía.

¿Las ha cogido para usted o para mí?

- Pensé que también le gustarían. - ¿También?

Ya que fue tan amable conmigo...

¿Yo he sido "tan amable"?

Me ofreció oporto.

Bueno, señor Philippe, oporto, arañazos...

Creo que estamos en paz.

Querido, tiene que irse

y no volver por aquí.

¡No volveré, señora!

A menos que...

No. Hasta luego.

"A menos"...

¿A menos que qué?

Me gusta más hacer regalos que recibirlos.

Si vuelve, veremos si es porque quiere.

Me gustan los mendigos y los hambrientos.

Así que vuelva con la mano extendida.

Vamos... vamos.

Lo he entendido.

No me había dicho que se iba.

Ya he lanzado las flores.

- ¡Vamos muy cargados! - ¡Es una pendiente!

La carretera sube, pero el camión no.

¿Qué ocurre?

Apuesto a que alguien se ha enganchado.

¡Eh, tú! ¡Échale una bronca!

¡Haga el favor de soltarse!

- ¡Es Phil! ¡Pare! - ¿En plena cuesta? ¡Gracias!

¡Phil! ¡Phil!

¿Qué haces ahí dentro?

¡Iba tras de ti y era yo quien estaba delante!

¿Y tú?

¡No sé qué me pasa, no me responden las piernas!

¡Ya lo veo!

¡Cuidado!

¿Pero qué estás haciendo?

- Quiero que te quedes. - Olvidemos eso.

Tenías razón. Es mejor que me vaya.

¡No tenía razón, prefiero que estemos juntos aunque sea desgraciada!

Bueno. Te llevo.

¿Qué pasa?

¿Qué te ha hecho cambiar de opinión?

Puede que hayan sido las flores.

¿Por qué te ríes?

Es la primera vez que me regalas flores.

- ¿Pero qué hace aquí? - Ya lo ve. Esperaba.

Debía venir como un mendigo, con la mano tendida. Y aquí estoy.

¿No irá a mandarme de vuelta?

Estaba equivocada, Philippe.

Tendrás que irte.

Usted dijo mendigo, hambriento.

Elija, me da igual.

En cualquier caso, usted me dijo que regresara.

Los mendigos esperan en las puertas.

Es usted quien podría darme algo.

Que yo no quiero.

¿Darle qué? No tengo nada.

¿Nada de verdad?

- ¿Nadie? - Nada.

Venga, le están esperando.

No, nada... ni nadie.

Un verdadero mendigo.

Puede, Philippe.

Sin embargo, tenga cuidado.

Lo que yo puedo darle

no es gran cosa.

- Cualquiera podría dárselo. - No se subestime.

¿Tiene frío?

Creo que no.

Está temblando.

Es usted.

Sí, tengo un poco de frío.

Pequeño mendigo,

no sabes lo que puedes darme.

Philippe...

Philippe, son las 2.

Tienes que irte, Philippe.

No. ¿Por qué?

- Estoy muy bien aquí. - No, cariño.

Tienes que irte. Ya volverás.

- ¿Cuándo? - Mañana, si quieres.

- Mañana es hoy. - Ah, no. Vamos...

¡Eres peor que los padres!

¿Cómo vas a volver a casa? Apuesto a que de noche cierran con llave.

Estoy acostumbrado.

- He dejado una ventana abierta. - ¿Y si se dan cuenta que te has ido?

He cerrado mi cuarto con llave.

¡Cáscaras! ¿Dónde la he dejado?

¡Oh, Dios mío!

A lo mejor está en tu puerta.

¡Ahí está! ¡La tengo!

¿Tan seguro estabas de estar necesitado?

¿Tú no?

¿Yo?

En absoluto.

¿Y te arrepientes?

Todavía no, caballero.

¡Estás todo despeinado!

¿De quién es la culpa?

Es bueno tu cepillo.

Pero... tu espejo...

¿Qué le pasa?

No me reconozco.

Claro, Philippe.

¿He cambiado?

Tienes 16 años y una noche.

- ¡Phil!

- ¡Venga, a levantarse ahí dentro!

- Phil, ¿qué estás haciendo?

Philippe...

Philippe...

Son las 10.

Tienes que levantarte.

Ya es hora, Philippe.

¿Qué hora?

¡Ah, qué idiotez! ¿Qué me ha pasado?

- ¿Y ahí que te ha pasado? - Ah, sí.

Anoche me di un golpe. Sólo es un moratón.

- ¡Phil!

No te aconsejo que te bañes con eso.

¿Por qué?

¡Claro que me bañaré!

- ¿Vienes o qué?

¡Oh! ¡Phil!

Oh, claro.

- ¡Menuda marmota! - ¡No grites así!

¡Vete sin mí!

¿Estás enfermo?

¡Sí, estoy enfermo!

- ¿Por qué me miras así? - No te miro con severidad.

No me mires. Quiero vestirme.

Muy buena idea.

Estoy enfermo de verdad.

Has dormido mal, eso es todo.

¡Parece que estuvieras castigado!

Si no estoy aquí

sólo tienes que pasar.

He estado a punto de hacerlo.

Siéntate. Los cigarrillos están aquí.

Si te aburres, hay libros.

Toma. Ponte guapo mientras esperas.

- ¿Puedo probármelo? - Es para ti.

- ¿Te gusta? - Menos de lo que hay dentro.

Eres muy presumido, Philippe.

Quería decir cuando eres tú...

quién está dentro.

Te adoro.

También te enseñaré a hacer cumplidos.

Pero no. No merece la pena.

¿Sospecharon algo en tu casa anoche?

- Creo que mi madre... - ¿Sí?

- ¿Qué ha dicho? - No puedo contártelo.

De hecho, ha estado perfecta.

¿Tu madre es joven?

No, casi... Sí, es joven.

- ¿Y Vinca? - ¿Vinca? Tiene 15 años.

Quiero decir... ¿la has vuelto a ver?

La veo a todas horas.

¿Y ella?

- ¿Ha dicho algo? - No.

No quiero hablar de cosas tristes.

¿Por qué?

¿Ella está triste?

No. Soy yo.

¿Por qué, Philippe?

¿O por quién?

Sabes...

Es una pena que no te encontrara antes.

¿Es demasiado tarde?

Quiero decir antes de las vacaciones.

Sí.

Es una lástima.

Sí.

Porque se van a acabar ahora.

- Vamos a volver a París. - ¡Ah,no!

No hay que pensar en eso ahora.

Quizá sea mejor para ti.

¿El qué, Philippe?

Que esto se acabe enseguida.

Y la vuelta a París.

- ¿Te entristecerá dejarme? - ¿Y a ti?

¿A mí?

Seguro.

Sí.

Además, en el fondo... Sí, estaré triste.

- Pero no voy a sentirme infeliz. - ¿Cómo?

Porque en París te las arreglarás para hacer algo.

¿Quieres decir que te invitaré de vez en cuando a venir a mi casa?

- Como aquí. - Sí.

- Los jueves. - ¡Cuando podamos!

Porque el domingo está reservado a la familia.

Tomándolo de aquí y de allá me darás un poco de tu tiempo.

De lo que sobre.

¿Por qué te enfadas? ¡Ya sabes que no estoy libre!

No me enfado. Aunque bien podría hacerlo.

Soy yo quien no comprende.

Sólo comprendes a una mujer- no hablo de mí-

¿Se sentiría herida si le hablaras así?

¿Te das cuenta de lo que me pides?

Una horita de cuando en cuando.

¿Eso es todo lo que esperas?

¿Sólo eso?

"Sólo eso"

¿Cómo puedes hablar así?

Lo sé, Philippe.

Sí, ya es mucho, pero...

¿Tú me amas?

¿Por qué me preguntas eso?

Estaba jugando, Philippe.

No te he pedido nada.

Sería tramposo que yo pidiera algo

ya que me gustan los mendigos.

Eres un pequeño canalla egoista señor Philippe Audebert.

¡No sé qué quieres decir!

Debería decirte: "Vuelve con ella".

Y sin embargo...

Te lo prohíbo.

Vinca no tiene nada que ver.

Vienes a coger aquí lo que no te atreves a pedirle a ella.

Oh, no. ¡Te lo juro!

¿Que me quieres? Naturalmente, Philippe.

Cuando vienes aquí es como si la dejaras a la puerta

para volver a encontrarla al salir.

Dices eso para hacerte daño.

No. Nada de eso, Philippe.

Creo que es por tu bien.

Por el tuyo... y por el de ella.

Lo comprenderás más adelante.

Puede que dentro de mucho tiempo

o puede que muy pronto.

Y además, después de todo, ¿a mí qué me importa?

- ¿Vienes? - ¿Eh?

- ¿Vienes? - Sí.

¿No salís esta noche, muchachos?

Deberíais aprovechar los últimos días.

- No. Phil está cansado. - ¿Qué estás diciendo?

Esta mañana no te tenías en pie. Te caías en redondo.

Hace mucho que se acabó.

- ¿Te vienes a dar una vuelta? - No.

Soy yo la que está cansada.

¿A qué estás esperando? Eres lo bastante mayor para salir solo.

No sería la primera vez.

Si no te vienes no saldré.

Claro que saldrás, Phil.

¿Lo sabrás tú mejor que yo?

Me gustaría saber qué te impide salir.

Yo.

Buenas noches a todos.

- Buenas noches. - Buenas noches.

¿Qué ocurre? ¿Os habéis peleado?

No. No lo sé.

¡Qué buen carácter!

Puedes quedarte esperando.

Eso ha sido un cristal.

- ¡Oh! ¡Philippe! - ¡Ya!

- ¿Has oído? - ¿Qué?

Nada. Duérmete.

¿Qué ha pasado, Vinca?

Nada.

- ¿Qué era eso? - He dado con la clave del misterio.

- ¿Qué quieres decir? - ¡Pues la clave del misterio!

¡La abuela hace trampas!

¡Oh, Vinca!

- Iba a ganar. - Vamos.

Unas veces triste, otras alegre. Eso es el amor.

¿Estás segura, abuela?

¡Qué memoria!

¿Quién anda ahí?

Soy yo.

Ya lo veo, Philippe.

Pero no te esperaba.

Espero que no te importe.

No, por supuesto.

A pesar de todo sigues siendo bien recibido.

- ¿Pasabas por aquí? - No. Venía aquí.

No te enfades, Philippe.

Pero esta noche no puedes quedarte.

No, entonces...

Si supieras...

¡Vamos a ver! Vamos a ver...

No, Philippe. Esta noche voy a salir.

- ¿Con quién? - ¡Vaya!

- A nadie le importa. - ¡Sí! ¡A mí! ¿Adónde vas?

¡Philippe!

Philippe, márchate tranquilamente.

¿Por qué?

¿No me amas?

Es una pregunta que nunca se debe hacer, Philippe.

Puede que sea culpa mía.

Tendría que habértelo explicado mejor.

Hay que ser serios.

Lo que hay entre tú y yo no se llama "amor".

- ¡No digas eso! - ¡Lo sabes muy bien!

Eso no te causará más dolor que a mí.

Simplemente habrás aprendido una cosa muy cierta y útil:

las mujeres, en fin, algunas mujeres...

...tienen caprichos.

¡Mientes! ¡No era eso!

Eh sí, Philippe.

Y un capricho no debe ser demasiado...

No quiero hacerte daño.

Pero, en fin, no debe...

...ser un estorbo.

Anoche, este mediodía, esta tarde...

Por un muchacho que no está libre...

Después de todo, puede que yo tampoco esté libre.

Puedes inventarte una gran pena

de dos o tres días.

Estaré encantada.

Eso es todo.

Adiós, caprichito.

Y si eso te gusta,

serás mi recuerdo vacacional.

Un amor de verano, ¿eh?

Eso es.

Prueba también a odiarme.

Es muy bueno.

Basta de juegos, Philippe.

¡Vuelves temprano esta noche!

¿Por qué no estás durmiendo?

¡Es asunto mío!

¿Qué haces aquí?

Vuelvo a casa.

He perdido mi llave.

¡Sube por la pared, gato callejero!

- ¿Me has visto? - Has armado bastante jaleo.

No es momento para decirme cosas desagradables.

¿Ya te las han dicho?

Sí, si eso te causa placer. ¡Sí, me las han dicho!

¿Eso vienes a contarme?

Yo no he dicho nada.

¡No me digas nada más!

- ¿Es que me tomas por idiota? - ¡No grites!

¡Tiene miedo de los padres!

¡Si nos vieran en la misma cama creerían que estamos cansados!

¡Vinca!

Sí.

No me importa bromear... En el punto en que estamos...

- ¿Qué quieres decir con eso? - ¡Quiero decir después de lo que me has hecho!

Vinca...

- Si quieres hablamos... - Ahora a la fuerza.

No sé qué sabes exactamente,

pero tengo que decirte...

¡Decirme cómo ha ocurrido! ¡Decirme como te llama!

- ¿Le has hablado de mí? - Sí, naturalmente.

¡Buena la has hecho!

Eso está de más. Me haces daño.

¿Yo te hago daño?

¡Cállate! ¡Te mataré! ¿Que yo te hago daño?

¡Tú que me has engañado, sucio mentiroso,

con una mujer que ni siquiera conocías!

¡Debería caérsete la cara de vergüenza!

¡Pero no tienes vergüenza, ni sentido común, ni piedad!

- Te he hecho daño, ¿eh? - Mucho.

Pero no te pegaré.

Lástima. Habría sido la primera vez.

¡Naturalmente! ¡Pegarás a otra antes que a mí! ¡No soy la primera en nada!

¡Estás diciendo estupideces!

Escúchame, Vinca...

¿Qué me has hecho?

¿Qué me has hecho?

¿Qué me has hecho?

¿Qué me has hecho?

- Salvaje. - Más de lo que piensas.

- ¿Entonces? ¿Vas a volver con ella? - ¡Idiota!

- ¿A presentarle a tu mamá? - ¡Idioteces!

¿Y tú que harás? ¿Es que te vas a suicidar?

¿Suicidarme? ¿Suicidarme yo? ¿Por una aventura del señor?

¿Una aventura? Todos los chicos de mi edad...

Por fin, Philippe.

¡Das explicaciones, te las das de listo, pero tienes la culpa!

¿Lo ves? Te hablo tranquilamente...

Me lo tendrías que haber pedido a mí.

¿Pedirte qué?

- ¿Sabes lo que dices? - Sé tanto como cualquier mujer.

- Tú no sabes nada. - ¿Quién tiene la culpa?

¡Cállate!

Quiero saberlo.

¿De verdad?

Me has besado.

No es la primera vez.

Si.

¿Qué estás buscando?

Mi llave.

La tiré para no ir allí.

Bonito detalle.

Pero fuiste igualmente.

Toma.

Aquí está tu llave.

Gracias.

¿Dónde estaba?

Bien guardada.

No te fíes, Phil. Yo veo en la noche.

En otra ocasión, te encerraría yo misma.

Creo que será más útil.

¿A qué esperas para entrar?

No lo sé.

No tengo sueño.

Lo comprendo.

Pobre Phil.

Pobre Phil.

O pobre Vinca.

Pobre Phil, naturalmente.

En lo que a mí respecta no ha pasado nada.

Cuidado por donde andas.

¿No tienes frío?

Estoy sofocada.

Está lleno de geranios.

¿Ves bien?

Y después la pala grande.

Pasa.

Yo la sujeto.

No pises las lechugas.

¡Me aburres con tus lechugas!

¡Estás loco!

¡Ama de casa!

¿Adónde vamos?

No lo sé.

Es tarde.

- ¿Qué estás comiendo? - Nada.

Una perita.

No es lo bastante buena para dártela.

Cariño, estás como ausente.

- ¿Me has llamado "cariño"? - Naturalmente, cariño.

No es natural en absoluto.

Oh, Phil...

Me gustaría que la noche no se acabará nunca.

Quedarme junto a ti...

No volvamos, Phil.

Déjame ser un poquito feliz así.

Después ya veremos.

Pero en este momento estoy totalmente segura de ti.

Tienes razón.

Sobre todo no me sueltes.

¿Lo ves?

No he sido mala, no he llorado,

no estoy enfadada.

O muy poco.

¿"Muy poco"?

No puedes culparme por tan poco.

No.

Bésame enseguida.

Te lo suplico... te lo suplico.

¿Te has hecho daño?

Es suave esta dichosa paja.

- ¿Has dormido? - Como un plomo. ¿Y tú?

Yo no he pegado ojo.

¿No? ¿Por qué?

Esperaba que me llamaras.

¡Pues podías quedarte esperando!

Me quedé dormida enseguida. Como nunca.

Sí.

Yo escuchaba a través de la pared.

¿Roncaba?

No. Temía que te pusieras a llorar.

- ¿Por qué? - No lo sé.

- ¿Te hubiera gustado? - No. Pero tenía miedo.

Bueno, tranquilízate. Puedes besarme.

- ¿Huelo bien? - Sí, cariño.

¡Tengo un hambre!

Espera.

- ¡No obstante, cuidado! - Sí, lo reconozco.

Dos monos despiojándose.

¿Vamos?

Bueno, Vinca.

¡Ya era hora!

Lo siento, mamá. Me he despertado tarde. Aquí estoy. Perdonadme todos.

Gracias, mamá.

- ¿No tienes hambre? - Sí. Gracias.

Miradlo. Cuanto más duerme más sueño tiene.

¿Has tenido pesadillas?

No.

Yo he tenido un sueño extraño.

No se puede contar. Ya te lo xontaré, Phil.

¡Cuéntalo enseguida!

¡Chitón!

No lo sé.

Lisette, pellízcale. Todavía está dormido.

Te digo que le pellizces.

Ya basta.

También ha sido culpa tuya.

Lisette, dame una bofetada y asunto concluido.

- ¿Una de verdad? - Sí.

¡Zorrita!

Al menos podrías ayudarle un poco.

- ¿Sabes lo que quería? - ¿El crío? No. ¿Por qué?

- Te traía un recado. - ¿Cuál? Dímelo.

De parte de esa señora.

Ah.

Entonces no me lo digas.

¿Seguro?

Seguro.

¿Me concedes un deseo?

Sí.

¿Puedo pedir lo que quiera?

Sí.

¿Quieres ir al mercado conmigo?

¿Al mercado? ¿Ahora? ¿Eso es todo lo que se te ocurre?

Hay que comer a diario.

7,50 francos.

¿Y si me llevo una platija pequeña?

¡7,50 francos!

Venga, date prisa.

La platija es para tu madre. Le encanta.

Yo la detesto. No a tu madre, que la adoro.

- 7 francos y ya está. - ¡No, de eso nada!

- 7,50 francos, señorita. - Está bien, me iré a otro puesto.

- Eres tremenda. - ¿Por qué pones esa cara?

Si no lo entiendes...

¿Qué es lo que me reprochas?

Que no me quieres.

Oh.

Bueno.

Tienes que creer que no sabía nada.

¿Aún después de lo sucedido?

Viéndote, se diría que no ha pasado nada.

Phil, estás loco.

No puedo decírselo a todo el mundo.

Yo lo quiero, lo sabes.

Puede que sea yo quien pide demasiado.

Te lo juro, Phil, soy feliz.

No eres feliz, estás contenta.

Sí, puede ser, pero además...

Cuando se está feliz no hay nada más.

¿Entonces qué es para ti estar feliz?

¿Es que yo lo sé?

Oh, sí, Philippe. Me doy cuenta de que lo sabes.

- ¿Estás cansado? - No, pero se está mejor.

Escucha, Vinca, no pensemos demasiado en esta noche.

Personalmente, creo que todo irá muy bien.

- ¿Cuándo? - Todo irá bien, querida Vinca.

Tienes que confiar en ello.

Mira.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo...

¿Lo quieres?

Sí.

Phil...

El chiquillo que vino hace un momento...

Deprisa, Vinca.

Ella se marcha esta mañana.

- ¡Afortunadamente, era una broma! - ¿El qué?

No. Quiero decir...

Eso.

Ya está, amiga mía.

Otro verano pasado aquí. Este será el último.

Vamos. Todos los años dices lo mismo.

Afortunadamente hace malo. Resulta menos triste.

¿Dónde está Phil? ¿No podría echar una mano?

¿Dónde están? Perdón.

¡Phil y Vinca!

- ¡Phil y Vinca!

Vamos.

Phil y Vinca.

¿Lo has escuchado? Parece una sola palabra.

"Philévinca. "

Sí, lo he escuchado.

Phil y Vinca, es siempre lo mismo.

¿Qué te pasa?

Lo que me da tanta pena

es que este año,

no me molesta irme.

Eso lo dices ahora. Ya verás el año que viene.

No.

Ya ves, querría lo contrario,

me gustaría volver hacia atrás.

Y tener un año menos.

No hay que decir eso.

¿Por qué?

Porque es imposible.

¡Phil y Vinca!

Ven.

Toma.

Guárdalo.

¿Qué es?

No lo sé. Da igual.

Un recuerdo.

Gracias, Philippe.

¿Por qué "Philippe"?

Gracias, Phil.

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