All language subtitles for Operation Hope The Children Lost In The Amazon (2024)(Sp)

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
nl Dutch
en English
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French Download
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German
el Greek
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian Download
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil) Download
pt Portuguese (Portugal)
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish Download
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

Downloaded from YTS.MX

Official YIFY movies site: YTS.MX

NARRADORA: Esta es la verdadera historia de cuatro niños

perdidos en el Amazonas Colombiano.

Un mundo místico pero peligroso.

Donde pocos humanos se aventuran.

Donde los animales gobiernan.

Y donde se cree que existen poderosos espíritus de la selva.

Son fuertes.

Ya, lo pueden hasta matar a uno.

PILOTO: Cuando algo cae en la selva...

¡Mayday! ¡Mayday!

...la selva te traga.

Una caída de esas.

¿Te piensas que uno no va a estar muerto?

No debe quedarse una sola luz de selva

sin que haya una traza de nuestros hombres.

(LADRAN)

No encontramos absolutamente nada.

Dios quiera que estén vivos.

No puede ser que se los haya tragado la selva.

NARRADORA: Esta es la historia de una increíble lucha espiritual.

Son dioses. Dioses, pero de esta tierra.

Sí, la Madre Tierra se lo quería coger para ella.

NARRADORA: De sufrimiento.

Expuso la vida de él para salvar a los niños.

Pues ya lo regaron los animales, será ya puro hueso, ya.

NARRADORA: Y la historia de héroes que se niegan a perder la esperanza.

Cuando está todo de lado de la fuerza pública, logramos todo.

A mí me entra ese presentir de que ellos no están muertos.

NARRADORA: Una historia que cautivó al mundo.

Y los niños...

...no están ahí.

NARRADORA: Esta película sigue los relatos reales de las personas

que vivieron estos extraordinarios acontecimientos.

La historia de Lesly se basa en sus experiencias reales

contadas a su familia y a otras personas.

Los niños y su madre son interpretados por actores.

NARRADORA: La historia comienza en una remota parte

del Amazonas colombiano,

cerca del Río Caquetá.

Hogar de una niña de 13 años, llamada Lesly.

LESLY: Mis hermanos y yo crecimos en la selva.

A mí me encantaban los pájaros,

y aprendí sus diferentes cantos.

Pasábamos mucho tiempo afuera jugando juntos.

Pero como soy la mayor,

yo siempre tenía que asegurarme de que los más pequeños

no se metieran en problemas.

YERITZA: Lesly era muy callada.

Ella, cuando usted la hacía conversa, ella le conversaba.

Si usted no le conversaba, ella tampoco le conversaba.

DAIRO: Una niña muy callada, pero inteligente.

Siempre ha sido también muy dedicada en sus tareas.

Ella siempre preguntaba cosas que ella no entendía.

Esto también la caracterizaría como una niña muy, muy sabia.

YERITZA: La mamá. Ella le decía que todo momento algún día

podía pasar algo.

Entonces ella le enseñaba a hacer sus trabajos.

Desde niña le enseñaba a cómo mantener a los hermanitos cuando eran pequeños.

Mientras que la mamá trabajaba,

ella les daba el tetero, ella les daba comida.

Eso Lesly, lo hacía.

DAIRO: Soleiny.

Se miraba que era muy atenta, juguetona.

De confianza, nosotros la llamamos la Gordi.

El niño Tien sí es un poco muy... era muy necio.

DAIRO: Muy inteligente, muy curioso.

YERITZA: Pero la chiquita pues juiciosita.

DAIRO: Era una niña que no se sentía, solo era risa.

Y se traía la risa de mi hermana.

(RISAS)

FÁTIMA: Diez hijos yo tuve. Magdalena.

Pues ella me quiso mucho.

O sea, de todos esos niños que yo tengo, ella era al tanto de mí.

Cualquier cosa que le regalaba la gente, todo ella compartía conmigo.

"Mamá, tome sus cosas, mamá..." Y así ella creció.

Pero a ella no le gustaba, o sea, peinar, y no le gustaba, ni el perfume.

Por eso las otras hermanas, los hermanos le decía que ella era Cenicienta.

(RISAS)

NARRADORA: Pero Magdalena no está contenta con su vida en el Amazonas.

Quiere llevar a su joven familia a vivir con su marido en Bogotá.

Una idea que su madre Fátima, desaprueba.

LESLY: Mamá nos dijo que nos vamos de la selva a vivir en Bogotá.

Pero es un secreto.

Y antes de darme cuenta, todos nos subimos en un avión.

FÁTIMA: Cuando sonó mi teléfono, "una hija viajó".

"¿Cómo así?"

"Magdalena." "¡Esa! Allá va la avioneta allá."

Yo dije, "Pero cómo."

LESLY: Es la primera vez que volamos. Nos ponemos nerviosos,

ya que estamos dejando a la abuela y a nuestra antigua vida.

Nunca antes había visto la selva desde tan arriba. Se ve inmensa.

Se extiende hasta donde alcanza mi vista.

De repente, siento que algo no anda bien.

(MOTOR QUE FALLA)

PILOTO: Vuelo 2803 a San José. Control de tráfico aéreo.

¡Mayday! ¡Mayday! ¡Mayday!

Mi motor falló. Voy a buscar el río.

Aquí tengo un río a la derecha.

TORRE DE CONTROL: Recibido. Por favor actualice su posición.

PILOTO: Estoy a 103 millas de San José. Voy a intentar aterrizar.

(PITIDOS)

NARRADORA: De vuelta en Chuquique, a más de 150 kilómetros,

Fátima aun no sabe nada de la tragedia de su familia.

FÁTIMA: A las ocho, otra vez sonó mi celular.

Tía, la avioneta que se fue herma Magdalena con los hijos,

se cayó, se desapareció.

Semejante altura que cae. ¿Usted piensa que no?

Pobres los niños. Yo ya pensé a los niños.

Uy, me partió el corazón.

(AVIÓN)

NARRADORA: La Aerocivil de Colombia y la Fuerza Aérea Colombiana

despliegan rápidamente aviones al área de búsqueda

para rastrear señales de la avioneta perdida.

El capitán Juan Pablo Cárdenas

se suma a la búsqueda por su amistad con el piloto.

Creo que el capitán primero quiso tratar de caer al, al río.

Pero no le daba... No le dio tiempo de llegar.

Capitán Hernando Murcia. Pues el más juicioso de los pilotos,

como persona muy alegre.

Digamos que se creía de pronto una contaminación por combustible.

Y él notificaba que el avión se apagó, que él iba en descenso.

Esta caída nos afectó a todos porque yo hice esos vuelos dos días antes.

Pude haber sido yo.

Uno de los riesgos, volamos un monomotor.

Si se nos falla, no hay dónde más recurrir.

Imagino que él tendría unos segundos de angustia y ya después

se dedicó a resolver la situación.

Lo primero que él dijo fue "Voy a ponerlo encima

del lugar más frondoso que haya, el lugar más tupido que haya.

Y tratar de que se salven".

JUAN PABLO: Cuando algo cae en la selva, pues se abre.

Y luego a lo que baja, se cierra.

No hay cómo encontrarte.

NARRADORA: Después de cuatro días de búsqueda,

todavía no hay señales de la avioneta,

así que uno de los soldados más respetados de Colombia es llamado a la acción.

SÁNCHEZ: El cuatro de mayo, entró una llamada de mi comandante y me dijo,

"Pedro, únase a la búsqueda de la avioneta."

Comando Conjunto de Operaciones Especiales

es una unidad que reúne la élite de todas las fuerzas militares.

Las misiones más peligrosas, pero también más sensibles.

Inmediatamente, ordenamos una reunión de urgencia.

No debe quedarse una sola luz de selva

sin que haya una traza de nuestros hombres.

La clave para esta operación es perseverancia y propósito.

NARRADORA: La avioneta que transportaba a siete personas,

el piloto, un pasajero, Magdalena y los niños,

se dirigía a San José del Guaviare, 350 kilómetros al norte.

Pero con un amplio margen de error en su última posición conocida,

el área de búsqueda

son unos enormes 320 kilómetros cuadrados de densa selva virgen.

SÁNCHEZ: Muy rápido entendí.

Ya se tenía que hacer la búsqueda era por tierra.

Años atrás habíamos hecho operaciones en esa área.

Muchas de ellas fueron combatiendo a grupos narcoterroristas.

Estar allá en medio de la selva,

en medio de unas amenazas no solamente de grupos criminales,

sino también de la hostilidad de ese paraíso de nuestra selva amazónica.

Vamos a estar en un sitio donde hay una amenaza supremamente alta.

Pero nosotros no firmamos un contrato.

Hacemos un juramento para proteger al pueblo colombiano.

Y eso íbamos a hacer.

NARRADORA: El General selecciona a veintiséis de sus comandos

de fuerzas especiales de élite para la misión de búsqueda y rescate.

Las tropas se dividen en pequeñas unidades para buscar en un sistema de cuadrícula.

Los marcadores del GPS se envían a la base para comprobar su progreso.

La avioneta ha estado desaparecida durante cuatro días.

Para cualquier posible superviviente, cada segundo cuenta.

ROJAS SISA: Realmente desde que entramos, ya se vuelve como más táctico,

entonces no hablamos,

la mayoría de cosas es por señales y, si hablamos, lo hacemos en susurro.

Ya estando en el terreno, nos dimos cuenta que no, no era tan fácil.

Es selva... Selva virgen. ¿Cierto?

En este terreno, te separaba cinco metros, ya no veías quién iba adelante

o ya no veías a tu compañero.

ROBINSON: Obviamente, se ven muchos tipos de animales.

¿Jaguares?

Encontramos boas. Grandísimas. Enormes.

Vamos, por ahí de, de tres, cuatro metros.

Apenas desembarcamos del helicóptero y tocamos piso,

la expectativa de encontrar los niños.

Ojalá estén vivos. Ojalá estén bien.

Que podamos sacarlos, eso es lo que nos llena la mente.

SÁNCHEZ: Después de insertar la tropa, lo que sentía era que,

con esta nueva tecnología, los íbamos a encontrar muy rápido.

Dos, tres días.

Prácticamente, un 90 por ciento del área más probable

donde podría encontrarse la avioneta accidentada.

No encontramos absolutamente nada.

Dije "Dios mío, no puede ser que se los haya tragado la selva."

NARRADORA: Han pasado 12 días desde el accidente,

y la probabilidad de encontrar supervivientes

está disminuyendo rápidamente.

Pero los militares han rechazado las ofertas de ayuda de los grupos indígenas,

temiendo que no estarían a salvo de los narcocriminales armados

que creen que se encuentran en la zona.

LUIS ACOSTA: Es muy importante la tecnología,

pero el ejército con GPS, con avionetas, con todo. Y no los encontró.

Está la tecnología occidental, pero está la tecnología espiritual.

Un saludo de armonía.

Yo soy Lucho Acosta, soy el coordinador nacional de la Guardia Indígena.

NARRADORA: La Guardia Indígena de Colombia

protege sus tierras ancestrales.

Ellos creen que la selva está ocupada por poderosas fuerzas espirituales

que deben ser tratadas con respeto.

Nosotros tenemos unos idiomas que nos comunica con la selva,

idiomas espirituales.

El caimán, las serpientes, todos los animales,

el tigre, la anaconda, todos los animales son seres espirituales,

tienen unos espíritus que nos guían y nos orientan y nos dan armonía.

Los militares no querían que nosotros fuéramos a la selva,

pero los guardianes indígenas eran las personas perfectas

para ayudar a encontrar el avión.

Fue un momento muy frustrante para nosotros.

NARRADORA: Con la búsqueda de su hija y nietos, aún sin pistas,

todo lo que Fátima puede hacer es esperar noticias.

FÁTIMA: ¿Qué vamos a hacer?

Uy yo ya no dormí. Ya yo lloraba. Ya yo no como.

O sea, mucha angustia tuve.

Entonces, pues me llamó mi hermano.

Mi nombre es Fidencio Valencia. Yo soy indígena Huitoto del Amazonas.

Tío abuelos de los niños que estaban perdidos

en la selva del Guaviare.

Son familia, es sangre.

Y también soy médico tradicional,

porque yo estoy conectado, conectado.

La selva tiene su espíritu.

Son dioses. Dioses. Pero de esta tierra.

Yo le dije, Fidencio, una caída de esas, ¿te piensas que uno no va a estar muerto?

Magdalena, y sí, no existe.

Pues en ese ya, ya mi hermana se puso a llorar,

entonces yo me fui donde mi hermana a darle consuelo.

Yo le decía a mi hermana que yo no me bajo la guardia,

pues si hay que encontrar a los niños, así sea como sea. O sea, yo no.

Yo dije, "Yo voy a morir."

SÁNCHEZ: El 15 de mayo había terminado una presentación

en un panel jurídico en Tunja, Boyacá,

y vi en mi celular un reporte que habían encontrado un tetero.

Inmediatamente, me comuniqué y dije, "Espectacular".

¿Cómo es posible que hayamos podido encontrar un tetero, algo pequeño,

pero no una avioneta?

Pero era la... el indicio de que estábamos en la zona.

NARRADORA: A pesar de la negativa de los militares

a ayudar a la guardia indígena,

varios hombres de la comunidad de Fátima ya habían llegado a la selva

decididos a encontrar la avioneta y a sus pasajeros.

Y el General ahora toma una decisión audaz al pedirles ayuda.

La tropa le dijo, "Mire, acabamos de encontrar este tetero.

Busquen en esa dirección."

Se fueron los indígenas y horas más tarde, unas tres o cuatro horas más tarde,

regresaron. Y dijeron, "Encontramos la avioneta."

FÁTIMA: Y a los 15 días.

Tres adultos ya... no existen.

Ya están muy podridos.

Pues ya lo regaron los animales, era ya puro hueso, ya.

Yo dije, mi hija no existe ya.

Todo, ropa de la fina, todo regado.

los perfumes, los champú, todo está regado.

Y los niños...

...no están ahí.

SÁNCHEZ: ¿Qué pasó con los niños?

¿Dónde están los niños?

¿Dónde está una niña de 13 años, la otra de nueve, el otro de cuatro años

y una menor, una bebé de 11 meses?

Ay, dije, no. Pues ya ahí, los niños están vivos.

Yo dije, será ya muy pronto los van a encontrar.

Pues yo pensando todo eso, ya los van a encontrar.

"Tranquila, doña Fátima, le vamos a llamar. Tranquila, no se preocupe".

Y yo pendiente de mi teléfono.

YERITZA: Los niños estaban vivos.

Pues fueron como...

Fue un momentos de tristeza.

Tristeza, porque yo dije, ¿será que a mis sobrinos sí los van a encontrar?

¿Cómo harán para sobrevivir en la selva? Eso es...

LESLY: El accidente fue aterrador...

Me golpeé la cabeza y quedé inconsciente.

Y cuando despierto, veo la selva, ya no el cielo.

Estoy muy confundida, no entiendo qué pasa.

Logro abrir la puerta, y sacar a Soleiny y a Tien del avión.

Están asustados, pero no parecen gravemente heridos.

Cristin está en el pecho de mamá. Así que lo levanto con cuidado.

Puedo ver que mamá está muerta.

El piloto y el otro pasajero también lo están.

Estoy realmente triste y muy asustada,

pero trato de que los más pequeños no se den cuenta.

Sé que tengo que ser su mamá, a partir de ahora.

(BEBÉ LLORANDO)

Por la noche, la selva cobra vida.

No se ve nada en absoluto, pero se oye el movimiento

de miles de insectos y animales.

Nos da miedo.

Nunca antes había estado en esta parte de la selva.

Me doy cuenta de que estamos totalmente perdidos.

Encuentro comida en una maleta

y me aseguro de que los pequeños se alimenten.

Tien sigue preguntándome cuándo despertará mamá.

No comprende que ella se ha ido para siempre.

No quiero quedarme cerca de donde murió mamá,

así que tomo algo de comida, harina, pañales y ropa y nos vamos.

Quiero encontrar la salida de la selva

por eso decido ir al oeste, usando el sol como mi guía.

Se encontraron tres civiles muertos.

Y nosotros, no, pues más desmoralizados.

Pero, ¿están los niños?

Que podamos encontrarlos. Que podamos sacarlos.

Hay una puerta pequeña en la cola de la aeronave y por ahí se tiraron.

Así buscando en círculos, alrededor de la aeronave,

se encontró un indicio, un pañal.

No, cuando ya encontraron los indicios,

que los pañales y todo eso, que la niña se lo había cambiado, súper contentos.

Comenzamos a encontrar otros indicios.

El problema principal fue saber en qué dirección habían cogido los niños.

NARRADORA: Los niños han estado vagando por la selva durante once días.

¿Podrían seguir con vida?

Unas criaturas tan pequeñas, la probabilidad de sobrevivir

es muy, muy, muy baja.

Inmediatamente, movimos más tropa y ahí insertamos más unidades.

Y dije, esta noche no duermen.

Vamos a encontrar a esos cuatro menores.

Estamos muy cerca. No pueden dormir.

ROJAS SISA: Sabiendo que habían sobrevivientes. Esto hay que cambiarlo.

Ya no podemos ser tácticos. Ahora lo que necesitamos hacer

es ruido para que los niños nos escuchen y sepan que los estamos buscando.

¡Lesly! ¡Lesly!

ROBINSON: ¡Lesly! ¡Lesly! ¡Lesly!

¡Lesly! Para donde íbamos, mejor dicho íbamos gritando,

porque sabía que era la niña que estaba liderando el grupo de niños.

¡Lesly!

(LADRA)

NARRADORA: Se han llevado al lugar perros de búsqueda y rescate,

incluido uno llamado Wilson.

Se han encontrado más pistas y hay muchas esperanzas

de que los niños todavía estén vivos.

SÁNCHEZ: Y encontramos un refugio con unas tijeras y un moño.

Encontramos unas huellas y luego otras huellas.

Y las huellas eran del... de un niño.

Y concluimos, ¿sabe qué?

Ingresemos 11 kilómetros de cinta de construcción amarilla negra,

y le colgamos pitos para que los niños, calculando la altura de Lesly,

los pueda ver o se golpee con esas cintas. Y hacen ruido con esos silbatos.

ACCIDENTE DE AVIÓN MILICIA LANZA KITS DE SUPERVIVENCIA

PARA NIÑOS PERDIDOS EN EL AMAZONAS

Colombia envía todos los recursos posibles en la búsqueda de cuatro niños indígenas

desaparecidos en la selva en la selva amazónica.

SÁNCHEZ: Encontramos la avioneta el 15, era ya 18.

Habíamos encontrado muchas evidencias, pero los niños aún no aparecían.

Luego vino el deseo de meter, de ingresar más indígenas en la zona.

Toda aquella magia o conocimiento

que estaba alrededor de la cultura indígena.

Es prácticamente inusual.

Es la primera vez, por lo menos en lo que yo conozco,

de hacer una operación combinada con unas comunidades indígenas.

NARRADORA: Es el llamado que Luis Acosta, de la Guardia Indígena,

estaba desesperado por escuchar.

A llamar, yo inicialmente comienzo a llamar

a la Guardia Indígena de todo el país porque no están en un solo sitio.

Pueblos indígenas que conocieran la selva, hacer que estuvieran listos.

NARRADORA: La noticia de que los niños han sobrevivido milagrosamente al accidente

se extiende por toda Colombia.

Y llega a un remoto pueblo, a 250 kilómetros del área de búsqueda,

en la cuenca del Amazonas Occidental.

A través de los medios televisivos,

pues se da a conocer de ese accidente. Eso me conmovió.

Mi nombre es Eliecer Muñoz Cabrera.

Nací aquí en el resguardo en el año 1974.

Pues yo tuve una infancia no muy buena.

Mi madre fallece a muy temprana edad. Yo tenía una edad de cinco años.

Para mí fue muy duro.

Y es algo que... Me puse en los zapatos de esos niños.

Es la situación que yo viví.

Tres adultos que ya fallecieron.

Ahora nos queda, es la incertidumbre de los cuatro niños,

porque es que a mí me entra esa,

ese presentir que ellos no están muertos.

Que ellos están sufriendo, sin comida, techo para poder donde dormir.

Ustedes son los que conocen la selva,

ustedes son los que saben cómo es el estado de allá.

¿Pero qué haría usted que yo quisiera ir?

Yo lo apoyaría a usted que fuera, pero la decisión, más que todo, es suya.

Si quiere ir, vaya.

Gracias, amor. Gracias.

(BESO)

NARRADORA: La avioneta se estrelló en una región sagrada llamada Chiribiquete.

Los indígenas creen que es hogar de poderosos espíritus

que podrían estar guiando a los niños.

Entonces los ancianos de Jiri Jiri

realizan una ceremonia pidiendo permiso

para que Eliecer y sus compañeros guardias entren a a la selva.

JIRI JIRI: Este ritual lo hacemos

para que Eliecer pudiera ir a otros territorios,

quizás poblado por otras etnias. Quizás allá haya

otros espíritus que solo lo conocen a los que están allá.

Entonces, pedir el permiso

que nuestros compañeros van en son de paz.

Que a través de esas plantas sagradas

pedimos a los espíritus, que son los guardianes de la selva,

que nos lo devuelvan. Estos niños nos pertenecen,

que merecen estar en el seno del hogar.

NARRADORA: La guardia indígena utiliza extractos de plantas sagradas

para comunicarse con los espíritus que controlan la selva.

Se llaman Ambil y Mambe.

ELIECER: El Ambil es la mata de tabaco.

Se coge y se prepara. De ella, de ese zumo, sale lo que es el Ambil.

El Mambe viene de la mata de coca.

La gente blanca lo tiene con otro destino,

y nosotros lo utilizamos de una forma muy, muy apropiada.

El Mambe y el Ambil son parte de nuestra esencia.

Son las dos plantas muy sagradas para nosotros, de mucha importancia.

NARRADORA: Los guardias indígenas de todo Colombia

se embarcan en los helicópteros militares que los llevan a la selva.

SÁNCHEZ: Cuando hay dos conocimientos diferentes,

podría ser antagónicos,

la clave para unirlos es el propósito, la misión.

Aquí nos unimos a encontrar estos cuatro menores,

a traerlos a casa.

NARRADORA: Y el general está allí para motivar a sus nuevos reclutas.

Ustedes, compatriotas. Ustedes de nuestra comunidad indígena,

también nos une algo que es este territorio que se llama Colombia.

Yo también tengo sangre indígena. Yo soy de la tribu de los Guanes.

Cuando está todo el lado de la fuerza pública, logramos todo,

porque nosotros estamos para eso, para hacer grande este país,

para hacer grande esta tierra, para proteger a nuestra patria,

para traer a esos cuatro menores a su hogar.

¿Estamos de acuerdo?

¡Sí!

Bienvenidos, compañeros.

Gracias.

SÁNCHEZ: Me acerqué, los abracé y les dije, "Bienvenidos."

NARRADORA: En el transcurso de 48 horas, casi 90 guardias indígenas

llegan en avión para sumarse a la búsqueda militar.

Ahora deben unir sus fuerzas, por primera vez en la historia de Colombia

para intentar encontrar a los niños.

LUIS ACOSTA: Desde que pisamos, nosotros dijimos, los vamos a encontrar.

Ellos están vivos y los vamos a encontrar.

NARRADORA: Para los guardias indígenas,

es crucial conectar con los espíritus en cuanto llegan, y de la manera correcta.

LUIS ACOSTA: Antes de nosotros entrar allá, había que pedir permiso,

porque ese sitio es sagrado es del Chiribiquete.

Es uno de los sitios de las fuerzas espirituales más fuertes

en todo el territorio indígena.

La preparación espiritual es fundamental.

ELIECER: Tenemos que ahorita sentarnos y pedir espiritualmente

que nos permita encontrar o que nos entreguen a los niños.

Porque lo reclamamos, porque es hijos de nuestra sangre.

Nosotros venimos es a reclamarlo.

NARRADORA: Eliecer cree que los espíritus de la selva

ya están observando

a los nuevos visitantes humanos de su territorio.

ELIECER: Tenemos este insecto.

Estos seres tienen unos dueños, y esos dueños son espíritus.

Quizás los mandó para verificar a ver qué estamos haciendo nosotros.

Si es verdad o no.

NARRADORA: Los guardias indígenas

han montado campamento junto a los militares.

Han pedido permiso a los espíritus para entrar en este territorio,

y cuando cae la noche, reciben la respuesta.

FLAVIO: Bien, y el resto se van a dormir.

Ya tipo siete y media de la noche, ya el personal está quieto.

(FUERTE RUIDO DE INSECTOS)

(TRUENOS)

FLAVIO: Primero vi como una luz grande, cerca.

Y sobre eso, los gritos.

(GRITOS)

Era unos gritos inmensos que venían por una pica.

Pero eso eran los espíritus. No era ninguna mujer.

Cuando se viene un árbol, un palo en medio del campamento.

Eso fue impresionante,

porque fue casi en la hora en que nosotros llegamos.

(PÁJAROS PÍAN)

NARRADORA: A la mañana siguiente, todo está en calma

pero ha sido una noche aterradora.

Los buscadores indígenas ahora están convencidos

de que los espíritus de la selva retienen a los niños.

El ser que tuvo a los niños es la madre.

La Madre Monte, nosotros le decimos.

Es la que tenía a los niños.

Ya han habido muchas historias en pueblos indígenas,

inclusive en mi pueblo también hubo unos.

Hoy, de por sí, nos estamos dando cuenta que todas las historias son reales.

NARRADORA: Los indígenas creen que Madre Monte es un espíritu poderoso

que luchará para proteger a todas las criaturas vivientes de la selva.

Las guardias indígenas ahora saben

que tienen una pelea entre manos con la Madre Monte,

y la búsqueda se ha vuelto mucho más desalentadora.

De pronto yo le tengo miedo a la sanción espiritual.

Porque las sanciones espirituales son son fuertes.

Ya, aquí lo pueden hasta matar a uno.

También uno se vuelve sin conocimiento,

como un zombi.

NARRADORA: Con estos temores en mente,

los guardias indígenas se unen a los militares,

con el objetivo de encontrar a los niños.

ELIECER: En el segundo día, empezamos nosotros lo que es la búsqueda.

Entonces nosotros lo que hicimos es trazar del accidente de la avioneta

hacia el oriente.

NARRADORA: Todos los buscadores indígenas,

inmediatamente, comienzan a desplegar sus conocimientos especiales

sobre la jungla.

(SUENA FLAUTITA)

Una señal es dónde estamos.

Dos, una huella, ¿sí?

Tres, si encontramos a los niños. Esa es la señal.

Entonces más que todo buscamos huellas donde ellos puedan tomar agua.

Porque ellos al bajar a tomar agua, tienen que partir alguna rama.

Esto es lo que nosotros buscamos siempre.

Ellos tienen unas habilidades,

unas capacidades que, quizás, no las tenemos nosotros.

Nosotros normalmente nos orientamos con la brújula,

con GPS, ellos van haciendo su camino

de acuerdo a lo que vayan viendo.

Toman como referencia un árbol frondoso que tienen al frente, llegan hasta ese

y luego toman otro punto de referencia, y así sucesivamente.

Entonces, ese grado de orientación que tienen en la selva

es muy, muy nítido.

Tuvimos la oportunidad de compartir mucho tiempo

caminando, comiendo, compartiendo comida con los grupos indígenas.

Traejamos sus prejuicios a un lado,

y finalmente, era como si eran miembros también,

como si fuéramos una sola compañía, un solo equipo.

NARRADORA: Pero al principio de la búsqueda, parecen haber más señales

de que los espíritus podrían haberse vuelto en contra de ellos.

Muchos de ellos se empezaron a enfermar, a los dos días, tres días,

siendo ellos que estén acostumbrados a ese tipo de situaciones, ¿no?

Tuvieron, la verdad, un tipo de malestar general,

fiebre de huesos, les dio gripa.

Entonces, duraron como dos días que no podían ni moverse de la hamaca.

Y ellos decían que era que los espíritus los estaban atacando a ellos,

y ellos se estaban quedando sin voz.

Eso me fue afectando mucho,

hasta que llegué a quedar sin voz.

Los espíritus de la selva nos hacen dar fiebre,

nos hacen dar soltura de estómago, eso es lo que nos hace a nosotros.

Pero siempre nos mantuvimos firmes.

A pesar de que yo estaba mal, no di un paso atrás.

NARRADORA: Cualquier día perdido debido a enfermedades

podría ser muy perjudicial.

Es una búsqueda a contrarreloj para encontrar a los niños con vida.

El ejército ha desplegado más de cien kits de supervivencia en el Amazonas,

donde estos cuatro niños han desaparecido.

Los oficiales esperan que los niños encuentren y usen los kits,

lo que a su vez ayudaría al ejército a localizarlos.

NARRADORA: La comida y la leche

que los niños tomaron de la avioneta se han agotado.

Y encontrar un pequeño kit de supervivencia,

en medio de la densa selva, será como buscar una aguja en un pajar.

Así que su única posibilidad de evitar morir de hambre

es confiar en las lecciones aprendidas en su aldea.

FÁTIMA: Uno desde pequeño tiene que enseñar a

qué alimento le sirve en el monte.

Todos mis nietos saben cómo yo voy,

y ellos saben por dónde uno camina y qué pepa es venenoso

y qué pepa es bueno, en el monte.

De pronto en el monte hay como mil pesos,

mil pecillos de esto y mil pecillos de esos

pálmas, de los pequeños.

Pero, pues yo me desesperé mucho,

pero ellos se fueron botando el tetero.

Pero pues ella hacía jugo o cualquier cosa y cayó eso.

Pues ahí fue donde que ya yo pensé, ¿será que ella sabe hacer la copa?

Para hacer, para tomar, porque yo no tenía nada,

nada, nada como para coger el agua.

NARRADORA: Después de más de tres semanas perdida y sola en la jungla,

Lesly tiene que improvisar diferentes métodos,

si quiere mantener con vida a sus hermanos.

LESLY: Perdimos el biberón,

así que intentamos usar hojas para darle agua a Cristin,

pero es muy difícil lograr que beba.

Me preocupa mucho que se enferme.

A veces, tenemos suerte y encontramos frutos de mil pesos

de las palmeras, en el suelo.

Y a veces, vemos monos en los árboles y nos arrojan frutas,

como si estuvieran tratando de ayudarnos.

Pero no es fácil de comer y tengo que masticar bien las semillas

para que queden blandas para los más pequeños.

Pero es difícil encontrar suficiente comida y sentimos mucha hambre.

NARRADORA: El conocimiento de Lesly sobre la jungla

les dará una oportunidad de luchar,

si pueden encontrar suficientes frutas, semillas o incluso gusanos o insectos.

Pero una dieta tan limitada tendrá un gran efecto

en sus frágiles cuerpos tan jóvenes.

ROBINSON: No, de pronto, uno no pensaba cómo estarán.

Yo pensaba que después de tanto tiempo les hubiera pasado algo,

hubiera muerto de inanición, de hambre.

Entonces, pues claro, es una situación bastante extrema.

(BEBÉ LLORANDO)

NARRADORA: Lesly y su hermana Soleiny tienen una carga física adicional.

Durante todas estas semanas, han estado caminando largas distancias

con la bebé Cristin, en sus brazos.

LESLY: Es muy complicado moverse en la espesa selva

con el bebé y con Tien Noriel,

que aún está tan pequeño.

Sigo buscando una salida,

pero nunca sé si vamos en la dirección correcta.

DAIRO: En el desespero, la niña pues lloraba,

lloraba de hambre, a veces de sed.

Y entonces, el cansancio,

la desesperación, ya no quería dar más,

porque ya se sentía ya demasiado agotada.

(BEBÉ LLORANDO)

Pero todavía el corazón estaba fuerte, en ese sentimiento

de que ella tenía que ser responsable de los hermanitos.

NARRADORA: Lesly también debe enfrentarse, de alguna manera,

al devastador trauma psicológico de perder a su madre en el accidente.

DAIRO: Ella estaba muy,

muy confundida también con todo esto de lo que estaba pasando.

Ese dolor de que, verdadamente,

perdieron a la mamá.

Llegar como a sentir ese impacto. Es como casi que quitarle la vida a uno.

NARRADORA: Ahora hay un equipo de búsqueda combinado de más de 200 personas,

tras el rastro de los objetos caídos y de las huellas dejadas por los niños.

Pero se les suma un nuevo obstáculo.

La madre naturaleza interviene.

(TRUENO)

SÁNCHEZ: Estaba lloviendo supremamente fuerte,

dieciséis horas al día lloviendo.

ELIECER: Toda la noche.

Como no se podía prender candela ni eso, por la lluvia, toda la noche.

NARRADORA: Wilson, el perro de rescate que ha sido parte vital del equipo

desde el principio,

de repente, es espantado por los truenos y los relámpagos.

Hubo una tormenta muy fuerte y hubo una reacción, digamos,

un poco preocupante de Wilson, que se asustó

y rompió el collar del susto, y salió corriendo.

Habíamos perdido a Wilson.

Wilson es un canino que puede medir 60 centímetros.

y va a ser difícil encontrarlo en la selva.

Los depredadores son un peligro para Wilson.

Se aumenta el nivel de riesgo para él.

NARRADORA: Han perdido un arma clave en su arsenal, pero el clima extremo

ha complicado aún más a los buscadores.

La lluvia borró de tajo cada huella que se encontraba ahí.

Pasó de indicios a incertidumbre.

Y fue uno de los momentos donde más sentí impotencia,

mucha impotencia.

NARRADORA: La familia solo puede imaginar lo asustados que deben estar los niños.

Las incesantes lluvias torrenciales

son una enorme amenaza para sus cortas vidas.

FÁTIMA: Yo me desesperé ya pues, ya llevaba casi como 25 días.

O sea, ese monte oscuro

y mucho trueno, mucho relámpago y mucha lluvia.

Eso yo pensaba con ellos, pero pronto por ahí ellos se paralizan.

Llovía, relampagueaba, o sea, era cómo,

cómo estarán pasando esto ellos en el monte.

O sea, cómo se están refugiando, ojalá que

las oraciones, pues nosotros siempre orábamos.

Claro, cuando estaba lloviendo uno decía, "Dios mío, esos niños por allá,

nosotros tenemos carpas, pero los niños por allá, mojándose".

NARRADORA: Incluso en la cálida jungla,

las temperaturas pueden bajar por la noche.

Entonces, si los niños están empapados, corren el riesgo de sufrir hipotermia.

Especialmente la pequeña Cristin.

Las tormentas desafían a Lesly a recurrir a técnicas de supervivencia,

que aprendió mientras crecía en la selva.

Tejiendo hábilmente hojas gruesas para protegerse,

como lo hacía cuando era pequeña.

Allí yo hacía casita, de palma,

lengue, lanconte.

Iba allá y hacia le casita allá.

Yo traía hojas de plátano, platanillo y yo hacía su casita.

NARRADORA: La lluvia había borrado todas las huellas recientes.

Pero Eliecer todavía tiene la esperanza de que no estén muy lejos

del rastro de los niños.

ELIECER: Saber que sus hijos están perdidos

y no hallar la razón de cómo encontrarlos.

Para mí, es un desafío.

NARRADORA: Encontrar los restos del refugio de Lesly

es una buena señal de que podrían seguir con vida.

Aquí encontramos un refugio.

Estas hojas las cortaron, las doblaron y, con los dientes, arrancaron.

Esto es a puro diente, porque no tenían con qué cortar.

Ella tuvo una inteligencia y una paciencia

para poder cuidar a sus hermanitos.

Entonces, sí es algo bien importante de nosotros

aprender, desde la niñez.

NARRADORA: Luego, otros equipos de búsqueda

encuentran un kit de supervivencia

usado y una huella fresca.

Más señales de que los niños siguen con vida.

La evidencia de que los niños siguen vivos inspira a todos a redoblar sus esfuerzos.

- Buen día, cadete. - Buenos días.

NARRADORA: En el cuartel, el equipo del general Cotúa

está desplegando tecnología de vanguardia,

junto con expertos de búsquedas en terreno.

Los sistemas satelitales son los que nos muestran

cuál es el sitio específico que pisa cada uno de nuestros comandos,

de nuestros hombres de fuerzas especiales.

Y eso nos está transmitiendo en tiempo real.

Eran horas completas, con todo un equipo de trabajo,

analizando cada una de las informaciones.

Empezamos a mirar que había sitios que estaban vacíos, es decir,

que no habíamos caminado, que no habíamos registrado.

Y ahí entonces que se envía a un grupo superespecializado en rastreo,

que tenemos dentro de las fuerzas especiales,

qué es la fuerza élite más importante que tenemos,

con mayores capacidades y destrezas en técnicas de reconocimiento,

en técnicas de rastreo.

NARRADORA: Pero de alguna manera, los niños continúan eludiendo

al equipo de rescate.

SÁNCHEZ: Hemos buscado por todo lado.

Sentíamos, en momentos, que parecía que estuviéramos

en una bicicleta estática.

Pues no apareció nada.

No encontré absolutamente nada.

¿Dónde están los niños?

NARRADORA: Las fuerzas combinadas han recorrido miles de kilómetros a píe.

Casi cada centímetro de toda la zona de búsqueda.

Así que es un verdadero misterio que los niños no aparezcan.

Especialmente, porque ahora hay pruebas de que los soldados

han pasado muy cerca de ellos.

Cuando comparábamos las huellas de nuestros menores con el track,

con el registro que dejaban los GPS de nuestros comandos,

decíamos: "Dios mío, pero estuvimos a 40 metros de los menores,

¿por qué no los vimos?

¿Se están escondiendo? ¿Por qué? ¿Qué está pasando?".

NARRADORA: Nadie sabe exactamente por qué los niños podrían esconderse.

¿Será que temen que los soldados puedan ser realmente

fuerzas criminales hostiles?

¿Estarán traumatizados y confundidos?

(CHISTANDO)

(HELICÓPTERO)

Para los guardias indígenas y la familia,

el misterio tiene una explicación muy diferente.

El poderoso espíritu de la Madre Monte

mantiene a los niños escondidos en la selva.

ELIECER: Temíamos que el espíritu quisiera quedarse con los niños.

El espíritu podría querer que los niños

se queden con él en la jungla y nunca regresar a casa.

La Madre Tierra se los quería coger para él.

Pero ya se vuelven salvajes, ya se vuelven para él.

Ya se vuelven madremontes también.

Ya ellos quedan, como por decir, encantados en la selva.

Vivos, pero ya con pensamiento de ellos.

Ellos quedan normales,

pero ya con el pensamiento de la Madre Tierra.

Por aquí va un animal.

NARRADORA: Para Eliecer, su creencia de que los niños

están controlados por los espíritus

parece confirmarse

cuando hacen un descubrimiento.

Por aquí subió. Es el rastro de una danta.

Y siempre donde encontramos las huellas de los niños,

encontramos el rastro de la danta.

NARRADORA: Los pueblos indígenas creen que los espíritus pueden controlar

cualquier criatura de la selva.

Pero el tapir tiene una fuerte conexión con los espíritus,

quienes podrían estar usándolo para guiar a los niños hacia sus garras.

ELIECER: Nosotros creíamos y suponíamos

que ella era quien transportaba a los niños.

El tapir es una criatura especial que sabemos que puede conectarse

con los espíritus de la selva.

DAIRO: El tapir tiene mucho poder.

Trae destrucción, maldad, enfermedades. Todo eso él trae.

Toda la nación sigue aguantando su respiración, para ver cómo termina

esta operación de rescate. Una de las técnicas que usan

para contactar a los niños, es enviar mensajes de helicóptero,

mensajes de audio de la abuela de los niños

en su propia lengua indígena.

NARRADORA: Si es el miedo lo que hace que los niños se escondan,

el general cree que hay algo que podría tranquilizarlos.

Grabamos un perifoneo directamente a los niños con la voz de la abuela.

Porque era una voz más cercana a los niños y generaba más confianza a ellos.

Yo mandé el audio, tanto en el español y en la lengua materna de los niños.

(HELICÓPTERO)

(VOZ DE LA ABUELA)

SÁNCHEZ: Coloquemos unos grandes reflectores,

unos grandes parlantes como si fuera un gran concierto, con la voz de la abuela

para que atrajera a los menores.

(VOZ DE LA ABUELA)

Entonces yo le dije: "Hey, Lesly".

(POR ALTOPARLANTE) Lesly, le pido un favor, que yo soy su abuelita Fátima.

Hija, le agradezco esté quieto, parado, si ustedes escuchan el micrófono.

Hija, esté parada ahí.

FÁTIMA: Eses es mis palabras.

Entonces, esté parada, quieta, sentada, sea como sea, yo digo.

(VOZ DE LA ABUELA)

NARRADORA: Pero a pesar de las súplicas de su abuela Fátima,

parece que ni siquiera su voz

podría liberarlos de las garras de los espíritus de la selva.

(VOZ DE LA ABUELA)

LESLY: Puedo escuchar claramente la voz de mi abuela.

(VOZ DE LA ABUELA)

LESLY: Pero un espíritu en mi pensamiento

me dice que no responda.

YERITZA: Yo creo que ella se sentía acompañada por alguien.

Ella sentía como si alguien lo estuviera cuidando a ella.

Todos esos bichos raros que hay en el monte.

Y esa noche, yo soñé, Magdalena, mi hija vino y abrió.

Yo estaba ahí. Primero me habló como en el oído.

Cuando me dijo: "Ma, ¿por qué luchas por mis hijos?

Yo los voy a llevar, es mío".

Y yo quedé, mira.

Entonces, la madre de tierra espiritualmente lo tienen a los niños.

NARRADORA: Mientras intenta rastrear a los niños,

Eliecer también está luchando por comprender

cómo puede ganarse el favor de los espíritus.

Y por qué están manteniendo a los niños bajo su control.

ELIECER: Los seres que existen dentro de la selva,

nosotros para ellos somos los malos.

De estar dañando la naturaleza,

le hace creer a los niños que nosotros somos malos.

Entonces por eso a veces

pasa el ejército por el lado y no los ve.

Entonces lo que sí

estamos es bregando a cómo despegarlos de ese ser, que nos lo entregue.

A eso es que nosotros tenemos que enfrentarnos,

y eso es lo que nosotros planificamos todas las noches, con nuestro compañero.

Todo es a través de la oración que nuestros abuelos nos enseñaron.

NARRADORA: Mientras el equipo de rescate no puede encontrar a los niños

ni con tecnología, ni con conocimientos espirituales,

(LADRIDO)

parece que Wilson, a pesar de seguir perdido en la jungla,

logra encontrarlos.

LESLY: El perro nos encuentra en la selva.

Lo amamos. Nos encanta estar con él.

No sabemos su nombre.

Se queda con nosotros durante días. Es como si estuviera cuidándonos.

Pero después de un tiempo, nos deja.

No sabemos a dónde ha ido.

NARRADORA: Y excepto por un breve momento,

los soldados tampoco vuelven a ver a Wilson.

VILLEGAS: El compañero mío lo alcanzó a ver.

Lo intentaron jugarle, lo intentaron motivar para que viniera,

pero el perro seguía asustado. Solamente lo miró,

volvió y cogió otra vez para atrás y se perdió otra vez en la selva.

NARRADORA: ¿Se lo habrán llevado los espíritus?

SÁNCHEZ: Al final, la selva lo reclama como parte de ella, como ofrenda sagrada.

FLAVIO: El perrito que quedó,

expuso la vida de él para salvar también a los niños.

Algunos creen que fue un intercambio

entre la vida de los cuatro menores por la de Wilson.

La selva decidió eso.

Nosotros creemos que simplemente fue una reacción

bastante fuerte de Wilson, que se alteró y que lo perdimos.

NARRADORA: Ya no hay más señales de los niños

para ofrecer una esperanza renovada.

La falta de alimentos y agua potable,

la amenaza de enfermedades y los animales peligrosos

significan que, después de más de cinco semanas perdidos en la jungla,

pocas personas tienen la esperanza

de que los niños sigan con vida.

De alguna manera, el camino de los buscadores

nunca se ha cruzado del todo con el de los niños,

mientras deambulaban por la frondosa selva.

Pero ahora, por fin, los niños están demasiado cansados

para seguir caminando.

LESLY: Estoy cansada.

Tenemos tanta hambre.

Simplemente, no podemos ir más lejos.

Nos sentamos y hacemos un pequeño campamento.

Me siento con el bebé entre mis piernas,

y nos quedamos en ese lugar, solo esperando.

NARRADORA: Llevar casi 100 buscadores indígenas a la selva

parece haber terminado en fracaso.

Muchos de los guardias comienzan a volver a sus aldeas.

Pero el general no puede dejar de pensar en los niños.

SÁNCHEZ: Me los imaginaba

con hambre, con desespero,

con tristeza, abandonados.

Y me torturaba demasiado.

Algunos de ellos me decían, "General, ¿ya para qué los busca?

Ya están muertos".

Pero también habían otras voces

que me decían, "Están vivos".

Una de ellas era mi esposa.

Decía, "Ellos están vivos".

"Si fuera tal vez un niño de la ciudad, estarían muertos.

Pero yo siento en mi corazón que están vivos".

Todos los días también oraba.

Y ese día, ingresé a la capilla a rezar.

Dios quiera que estén vivos.

Le pedí que me iluminara, que me ayudara,

que me mostrara un indicio de qué hacer.

El mensaje era claro.

Inmediatamente, organicé todo

y me fui a la selva a buscar a nuestros cuatro menores.

NARRADORA: Es raro que los comandantes de alto rango

se unan a los soldados en primera línea.

Pero la esperanza, la creencia y el deber hacen que el general Sánchez

esté dedicado a asegurarse de hacer todo el esfuerzo posible.

Cuando llegamos allá, lo primero que hice fue

abrazar a nuestros comandos y unirnos en una oración.

Me puse el morral, el fusil, el casco,

y comenzamos en la búsqueda a gritar: "¡Lesly, Lesly, Lesly!"

¡Lesly!

¡Mi amor!

NARRADORA: La familia de los niños también está decidida

a mantener vivas sus esperanzas.

Tenemos que tener fuerza, tenemos que orar para que los niños salgan

con vida y sanos. Los niños tienen que salir.

Tenemos que orar mucho para que los niños salgan.

FÁTIMA: Yo estaba llorando.

Y los dolores que yo sentí, la angustia que yo sentí,

yo pensé que yo no voy a amanecer.

Fidencio narraba toda la noche.

O sea, que no le pase nada a los niños,

que le vaya bien, duerma con ellos,

despache ese espíritu que lo tiene mal, corregido.

Entonces Fidencio le dijo, "Cuidado, esta noche voy a narrar".

"Si Dios quiere, mañana se va a encontrar".

FIDENCIO: Yo no perdí la esperanza, o sea, yo no.

Antes, el contrario.

Según la charla que yo hacía, más me salía la inteligencia.

Yo decía, aquí hay algo.

Sí, o sea, hay algo.

NARRADORA: Fidencio reza y reza,

suplicando al espíritu que libere a los niños de sus garras.

FIDENCIO: Si usted está en algo y se le está abriendo la mente,

es porque va a lograr, ¿sí?

Yo pude hacer eso, que yo no lo perdí.

NARRADORA: Eliecer quiere seguir buscando en la selva,

pero está al borde del agotamiento.

Pronto, también lo trasladarán en avión de regreso a su aldea.

Por eso utiliza las plantas sagradas Ambil y Mambe,

en un esfuerzo final por establecer la conexión correcta con los espíritus.

ELIECER: Fuimos tan humildes, le suplicamos, le rogamos.

Nosotros siempre decíamos en nuestros espacios de mambeo, decíamos,

"Padre, perdona por las malas actuaciones que tenemos nosotros en la vida".

NARRADORA: Y en toda Colombia, los ancianos indígenas

también están orando por la liberación de los niños.

LUIS ACOSTA: Nosotros, los indígenas,

que estamos en la selva, nos comunicamos con nuestros mayores,

quienes desde los territorios nos guiaban espiritualmente

sobre cómo movernos en la selva.

FIDENCIO: Cuando logramos el acercamiento correcto al espíritu de la jungla,

el espíritu finalmente, pudo liberar a los niños de sus garras.

(TRUENOS)

NARRADORA: Increíblemente, los niños llevan

casi seis semanas perdidos en la jungla.

A Eliecer se le acaba el tiempo.

En solo cuatro horas, debe partir en un helicóptero militar.

Finalmente, la selva le ofrece un regalo extraordinario.

ELIECER: De repente, llegó algo que uno no se puede explicar.

Ahí es donde encontramos esa tortuga.

NARRADORA: Los pueblos indígenas creen que la tortuga tiene poderes especiales.

ELIECER: Este es el que nos va a entregar a los niños.

Porque en sí, a nosotros, siempre les llevamos,

que ella es un animal misterioso.

Si usted le pide un deseo, ella se lo va a conceder.

Pero si ella le concede el deseo, usted tiene que liberarla.

Tortuga, tú eres quien me va a entregar a los niños.

Así que ven conmigo.

NARRADORA: Inspirado por encontrar la tortuga mágica,

Eliecer se adentra, una vez más, en la jungla,

con la nueva esperanza de que esta vez encontrará a los niños.

ELIECER: Seguimos, después de nosotros coger, entanchar la tortuga,

seguimos cargando, subiendo colinas, bajando,

cogiendo la orilla a un caño.

Y seguimos subiendo.

En esa subida, nuevamente a la colina.

NARRADORA: De repente, escuchan un sonido extraño.

(BEBÉ BALBUCEANDO A LO LEJOS)

(BEBÉ BALBUCEANDO A LO LEJOS)

ELIECER: Quieto, ¿qué fue?

(BEBÉ BALBUCEANDO CERCA)

¡Son los niños!

Y corrimos a cogerlos.

Lo que pasa es que ellos ya tenían un cambuchecito,

ya tenían el tobillito amarrado, con hojas encima, todo.

Bendecido, bendito sea mi Dios, encontramos a los niños, vean.

Y yo lo primero que miro, ¿tres?

Y yo pregunto, ¿y el niño dónde está?

Y el niño, él estaba acostadito, ya no se podía parar.

Totalmente débil.

Lo paramos, lo recogimos.

En un transcurso de unos diez minutos, máximo veinte minutos,

estaba un grupo de militares.

Ahí ya le hicimos entrega a los militares.

¡Suero!

- ¡Sienta al niño! - Ya viene tu papá, ¿sí?

Debe tener frío, loco.

(MILITARES HABLAN ENTRE ELLOS)

ELIECER: En ese momento, inmediatamente pensé,

"¡La tortuga!"

"Verdad, hay que liberarla". Y me fui a buscarla.

Gracias, tortuga,

por cumplirme el deseo.

Gracias.

Y la solté, bien pueda irse.

Se liberó.

Milagro, milagro, milagro.

Es una emoción indescriptible,

alegría en el corazón de saber que los habíamos encontrado,

¡pero vivos!

Terminamos el viernes con una excelente noticia.

Cuarenta días en la selva.

Y yo agradezco mucho que los soltaron.

Gracias, mi Dios. Gracias, Padre Celeste.

Usted me escuchó.

La selva colombiana ha sido testigo de un verdadero milagro

que tiene como protagonistas a cuatro niños.

Fue como una alegría, gracias a Dios encontraron a los niños.

De la emoción de que mis sobrinos volvieron a casa otra vez.

"Un maravilloso testimonio de sobrevivencia en la selva colombiana".

Así es como el presidente de Colombia

describe el rescate de cuatro niños indígenas

que han estado desaparecidos desde el primero de mayo.

FIDENCIO: Yo lloré, pero de la alegría.

Y pensando de que, sí, se logró.

Porque, mientras buscaba a los niños, yo sentía como un peso.

Sí, es que yo estaba cargando un peso.

Pero ya después que se encontró, ya ahí lo respiré.

Entonces ya me tranquilicé.

Es como que se me bajó ese peso.

NARRADORA: Los cuatro niños son sacados de la jungla en avión

y llevados, inmediatamente, al hospital.

Están gravemente desnutridos

y no todos podrían haber sobrevivido mucho más.

Eliecer Muñoz ha regresado a su hogar,

y su esposa en la aldea de Jiri Jiri.

Hoy por hoy,

yo me he puesto a reflexionar muchísimo,

a cambiar mi pensamiento,

decirme que soy un héroe.

Para mí, es un esfuerzo de todos.

Pero la mayor parte

la hizo el Padre Creador.

La otra parte la hicieron los mayores, desde sus asientos.

Es de nosotros empezar

a valorarnos entre nosotros mismos.

Porque la esencia de nosotros como pueblos indígenas no se puede perder.

NARRADORA: La cooperación entre los héroes militares y la Guardia Indígena

ha sido aclamada como un hito significativo

en la historia de Colombia.

SÁNCHEZ: Indudablemente, sin los indígenas

no los hubiéramos encontrado ese día.

El éxito de todo ello radica en haber creado esa confianza

que finalmente es el valor más fuerte que...

No necesita uno dinero para comprarlo.

NARRADORA: El General Sánchez se ha convertido

en el padrino de la bebé Cristin.

Los niños están comenzando a recuperarse de su terrible experiencia.

Lesly está poniéndose al día con la escuela y mirando hacia el futuro.

Sin duda, su resiliencia y perseverancia

serán el arma que utilice para enfrentar cualquier adversidad

que se le presente de ahora en más.

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.