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Anteriormente...
Me sorprende porque me voy en un mes.
¿Qué? ¿Cuándo? ¿Por qué?
¿En serio? ¿Seis meses en Alaska?
Tiene que ver con Tammy, ¿no?
Será una broma, tío.
Porque lo quiero, Stace.
Lo siento. No... no puedo.
Quiero ser abogado de músicos. Lidiar con discográficas.
Si las dos pensáis eso,
no me lloréis cuando sea un pez gordo de la industria.
Tranquilo, no lo haremos.
¿Qué pone?
Yo me quedo sin Derecho,
tú sin novia.
Al menos nos tenemos el uno al otro, ¿no?
Él sigue su camino y tú el tuyo.
Son diferentes y no se cruzan.
Disfrutemos de las tres semanas y cuando pasen,
cada uno por su lado.
- Son buenísimas. Sí. - ¿Tú crees?
Sabes que lo son. ¿Sabes qué me encanta?
- ¿Qué? - Que no hay banco.
Deja ya lo del banco. Era la última.
Pero tu padre tiene razón. Son las mejores fotos que tienes.
Mi padre siempre dice eso de mis fotos.
En estas no se equivoca. Mírala.
Jimmy, podría ser de un anuncio. Es muy buena.
En serio, parece una foto profesional.
- Es impresionante. - Tampoco debería sorprenderte.
No me sorprende, pero...
- No, no podemos. - ¿Por qué no?
Porque mis padres están arriba.
Pues problema suyo, ¿no?
Ya. Ya.
Vale, pero no debemos hacer ruido.
¿Por qué no?
- Aquí están. - Hola.
- Pensaba que os habíais perdido. - Estábamos abajo.
Enseñándole las fotos.
Eso hacías, ¿solo le enseñabas las fotos?
Y hablando de eso, le he llevado algunas de las nuevas
al tío de Davidson y se ha quedado con la boca abierta.
Quiere comprarte una.
¿De verdad?
Fuerte, ¿eh? Te lo dije, son especiales.
Jill, ¿qué opinas tú?
No son como las otras.
Sí, son chulísimas.
Parecen de anuncio, de revistas de moda.
No había pensado en eso.
No serás el primero en ganarte el pan con fotos de moda.
Más que eso. Los fotógrafos se forran.
Y ya estás en Nueva York, el centro de la moda.
Igual no es tan mala idea.
No sé. No lo he pensado aún.
Y no es momento de hacerlo.
Puedes considerarlo cuando vuelvas de Alaska.
¿Os quedáis a cenar o salís?
Nos queda una semana,
iremos a cenar por ahí si os parece bien.
- ¿Sí? - Por mí, genial.
- No pasa nada. - Tu madre había cocinado.
Pero tranquilos, id a cenar. No pasa nada.
Sí, y hablando de eso, esperaba no trabajar esta semana.
Para pasar más tiempo con Jill.
Es tu última semana, antes de que te vayas seis meses,
y no te voy a ver
y no te quedas a cenar. Vale.
- Sí que estaré. - Jimmy, no trabajes.
No pasa nada. Sobrevivirá.
- ¿Verdad, Arthur? - Pues no.
Lo pienso y se me parte el alma.
Pero no quiero fastidiar vuestros planes.
- Deja de quejarte. Pasadlo bien. - Disfruta de la semana.
- Marchaos o se pondrá a llorar. - Nos vamos, sí. Adiós.
- Te has pasado, Arthur. - ¿De qué lado estás?
- ¿Diga? - Soy Tam. ¿Puedes hablar?
- Supongo. - Quería disculparme.
Tienes derecho a cabrearte conmigo.
Me pediste que no saliera con él y te fallé.
No debería haberlo hecho. Lo siento, Stace.
- ¿Lo quieres de verdad? - Sí.
- ¿Y qué siente él? - No lo sé.
Creo que también me quiere.
Me duele oírlo, claro, pero estoy siendo egoísta.
Mikey y yo salimos en el instituto.
Y como dijiste no llegamos a ser pareja
y, aunque lo hubiésemos sido, eso es agua pasada.
Lo que quiero decirte es
que si queréis estar juntos, me parece bien.
¿Seguro? Porque no quiero perderte como amiga.
- No quiero. De verdad que no. - Ya, lo sé.
¿No acabo de decirte que no pasa nada?
Además, paso demasiado tiempo en Long Island.
- Gracias, Stacey. - De nada.
¿Para qué están las amigas?
Mikey, hola, soy yo, Tammy.
He estado pensando
y es un alivio que me hayan despedido.
¿Por qué dices eso?
Porque podría encontrar algo mejor,
con un diseñador nuevo, en vez de con uno tan establecido.
Sí, claro. Me parece buena idea.
Y no habrá cabronas de Connecticut.
Eso espero.
Y he tenido otra idea.
¿Podríamos pasar la semana en la casa del lago de mi padre?
Podríamos hacer senderismo, bañarnos desnudos.
Sería divertido, nuestra despedida.
- ¿La semana que viene? - Sí.
Es que estoy liado.
- Qué pena. - No, iré.
- Claro. Me encantaría. - Vale. Cuando vayamos...
- ¿Sí? - ...no quiero hablar del futuro.
Solo quiero vivir el momento contigo, ¿sí?
- Nada de Alaska. - Claro, por supuesto.
- ¿Sí? - Te lo prometo.
- Es importante para mí. - Prometido.
Vale.
No me jodas. ¿Aún no te lo ha dicho?
No ha entrado en Derecho
porque le salió mal la prueba de acceso.
Siempre ha sido un alumno mediocre,
porque cuando estudiaba tenía dos trabajos, lo del divorcio
y ayudaba en casa y a mí
porque no puedo trabajar más
- porque me dedico a mi música. - ¿Con quién hablas?
Claro, si una tía que escribe para Billboard no puede,
- no puede nadie entonces. - ¿Qué haces?
- Nada. No... - Dame el teléfono.
- Me voy. Un placer hablar contigo. - Lo siento, Jules.
Sí, ¿nos vemos esta tarde entonces?
Genial. Sí, te recojo en unas horas.
Muy bien, hasta luego.
¡Lizzie!
- Hola, semental. - Hola, Stace. ¿Qué tal?
- ¿Tienes un momento? - Para ti, siempre.
- Siempre. ¿Va todo bien? - Sí, todo bien.
- Guay. - Por eso quería venir
- y hablar contigo. - Sí, gracias
por hablar con Tammy.
No quiero que haya resentimiento entre nosotros.
- Bien. - No te preocupes por mí.
- Sé cuidarme. - Ya.
Me vuelvo a Nueva York con Wayne
y después de la cena con mi padre y la madre de Pags,
- no puedo seguir aquí. - Ya.
No se ve mucho bullicio. ¿Estás solo?
Sí, pero ya sabes cómo son mis padres.
- Es domingo. Mi abuela va a misa. - Ya.
¿Entramos y follamos por los viejos tiempos?
Stace, sabes que no puedo. Venga.
Era broma, Mikey, ¿crees que le haría eso a Tammy?
Aunque ella me lo haya hecho a mí.
- ¿Me das un abrazo? - Sí, claro. ¿Ya está?
Sí, solo un abrazo.
Y cuídala bien. No es tan dura como yo.
Nos vemos, Mikey.
- Mamá, aquí tienes. - Gracias.
Me iré pronto, pero quería que supieras
que Jill y yo iremos a la casa de su padre
mañana y pasaremos la semana.
- ¿La semana antes de irte? - Eso es.
Sé de alguien que se enfadará.
Lo sé. Una pregunta, mamá.
¿No quiere que me vaya? Porque dijo
eso de la moda y de que estas fotos son especiales
- y las otras no. - Está confundido.
Es una buena oportunidad, pero te echará de menos.
Los dos. Y sabes que tu padre siempre
ha sentido debilidad por ti.
Ya. Entonces, ¿espera que sea yo quien renuncie al curro?
¿Cómo que renunciar?
Ya te has comprometido con National Geographic , ¿no?
- Sí. - Oye, no la cagues.
Ya has tomado una decisión.
- ¿Cómo lo sabías? - Si hubieras entrado,
me lo habrías dicho.
Entonces, ¿no mato a mi hermana por decírtelo?
No, pero la próxima vez, dime la verdad.
¿O qué relación vamos a tener?
Ya, pero no... Entonces, ¿no te importa?
¿Si haces Derecho o no? Claro que no.
Menudo alivio. Porque como vives en Nueva York
y tu trabajo mola y no tengo nada más,
creía que me verías como un pringado de Long Island.
Si no tuvieras nada más, lo pensaría.
- Y esa es mi hermana. - Sí.
Tu futuro, ¿qué piensas hacer?
Buena pregunta.
Estaba pensando que...
seré el mánager de mi hermana.
Sí, esa es Lizzie, mi hermana, Genie, Hannah y Brooke, la batería.
¿Te importaría escucharlas? Y me dices si me he flipado mucho.
Claro. ¿Cómo se llama el grupo?
- Fuego Ardiente. - Vale. No pinta mal.
A ver, ha sido raro.
Vino y me dijo lo mismo que a ti, literalmente:
"Te doy mi bendición". Y entonces se fue.
- ¿Y ya está? - Básicamente, sí.
Tengo una idea que quería contarte.
- ¿Una idea? ¿De nosotros? - No, de tu futuro.
- Mierda, otra vez. - Tranquilo.
No es nada dramático. Toma.
- ¿Qué es? - Una escuela de dibujo de Nueva York.
Tammy, no quiero volver a estudiar. No tengo dinero
- para la uni. - No es una uni.
Son clases, solo cuestan diez dólares
y puedes ir a las que quieras
sin comprometerte. Yo podría ir contigo.
Conozco a uno de los profesores.
¿Y para qué me sirve?
Dibujas de maravilla.
Tienes mucho talento, debes explotarlo.
Oye, gracias por creer en mí, pero no creo que sea tan bueno.
¿Cómo lo vas a saber si no lo intentas?
Date una oportunidad, ¿no?
A no ser que quieras dedicarte a la contabilidad de corazón.
- Muy graciosa. - Tu pasión.
Liga, a pesar de los dientes torcidos
Parece un amor hasta que se pone a hablar
Unos grandes ojos azules y ya
Tiene la nariz rota y huele mal
- Pero no está mal - Pero no está mal
Hay que verle el lado bueno
Porque el lado malo es una pesadilla Podrías quererlo
- Quererlo - Joder, tocan de puta madre.
Pero podrías quererlo
- No sé. - De cantar pasamos a pelear
Despeja la tormenta una noche de verano
Es la pesadilla del insti, sin atractivo
Si le das mecha, quema los libros
Siempre buscando lío
No se puede razonar con él
Habla mal, babea y suelta tacos
Porque es un abusón
Pero podría quererlo Podría quererlo
Pero podría quererlo Podría quererlo
Pero podría quererlo Podría quererlo
Podría quererlo
- Podría quererlo - ¿Qué?
- Podrías quererlo - Otra vez.
- Podrías quererlo - Oh, no.
¡La, la, la, la, quererlo!
- Chicas, cojonudo. - ¡Fuego Ardiente!
No sabíamos que estabas ahí.
Bueno, ¿qué opinas?
- ¿Que te llevas el diez por ciento? - Es lo normal.
Lo que se lleva el mánager.
Y haré todo lo que no queréis,
buscar bolos, reservar viajes, conseguir que os den birras gratis.
- Y que firmen con una discográfica. - Sí, lo más importante.
¿Nos ves tan buenas como para eso?
Sí, siempre os he apoyado.
Si no, no estaríamos hablando.
Jules, ¿tú qué piensas? Sé sincera.
Después de oíros, pues sí, creo que tenéis opciones.
¿Podremos actuar en Nueva York?
Le presentaré a tu hermano mis contactos.
- ¿Tenemos un trato? - Quiero que olvides mi deuda.
Joder, son casi 400 pavos, Lizzie.
Sí, pero es una inversión en el futuro del rock and roll.
Vale, pero entonces tendrás que reconocer que los Styx molan.
- Vale, no apestan. - No están tan mal.
- Venga, me sirve. - Vale.
- Salud, chicas. - Salud.
- Por Fuego Ardiente. - Sí.
Tú y yo debemos hablar de los Styx.
No lo entiendo.
Te vas en una semana ¿y despareces mañana?
Pags, no sabía que te afectaría tanto.
Esta noche podemos salir.
Y te prestaré toda la atención.
¿Qué narices vais a hacer allí?
- ¿Tú qué crees? - Oye. Saldremos a caminar, a nadar,
- leeremos. - No sé, me parece
mucho tiempo a solas.
Jill, sabes lo sensible que es. Mejor tener compañía,
alguien de quién tirar si se pone a llorar.
- ¿Quieres venir? - No quiero fastidiaros la fiesta,
pero ¿a que molaría ir todos juntos?
¿Tú podrías pedirte el finde libre?
Sí, claro, pero no sé.
No nos han invitado realmente. ¿Jill?
La casa es muy grande. ¿Qué piensas?
No hay nada que pensar. Lo pasaremos genial.
Y tranquila, tendrás tiempo para pasear,
leer, nadar y hacer lo que te dé la gana.
Vale, ¿sabes qué? Molaría mucho.
Vale. ¿Y vosotros? ¿O es muy pronto?
Bueno, a mí me encantaría pasar un finde con ella,
pero no quiero ponerla en un compromiso.
Sería jugárnosla en este momento de la relación,
pero quiero darle una oportunidad.
¡Entonces, decidido! Nos vamos mañana,
¿de acuerdo? Y Jill, si Jimmy no está liado sacando fotos
del lago, del atardecer, de los árboles, igual te da caña.
No os preocupéis por nosotros. ¿Seguro que te parece bien?
¿Lo dices en serio? Mi última semana
en una romántica casa del lago con mis amigos y la chica que quiero.
- ¿Qué más se puede pedir? - Nada, ¿verdad?
Sí.
- Hola. ¿Qué tal? - Por fin has llegado.
Ha llamado Bill Ford, dice que es urgente.
- ¿No ha dicho nada más? - Que lo llamaras enseguida.
- Su número. - Vale.
¿Hola? ¿Es el señor Ford? Soy James Farrell.
Sí. Vale, sí.
¿De verdad?
No... No pasa nada.
No. Muy bien. Gracias.
- ¿Qué ha dicho? - Notición. Lo han adelantado.
Tengo que estar mañana en el aeropuerto a las 8:00.
¿Y no te ha dicho nada más?
- No, nada. - ¿Mañana a las 8:00?
Jolines, no esperaba despedirme ya.
Lo sé. Ni yo irme tan pronto.
Jill y yo habíamos hecho planes
y ahora, en vez de una semana, solo tengo una triste noche.
Me cuesta reconocerlo, pero me lo estaba replanteando.
¿En serio?
¿Qué te agobia?
Pues las otras fotos que he hecho y que te gustan.
Lo de meterme en la fotografía de moda
es otra opción y que el mejor sitio
- sería Nueva York, ¿no? - Sin duda.
Con Ford no seré más que el ayudante que va de aquí para allá.
Y me pone nervioso pensar pasarme seis meses fuera de casa.
Cuando todos están aquí, cuando puedo estar con Jill.
No sé si quiero dejar eso ahora.
Me gusta estar aquí.
Te entiendo.
Pero, Jimmy, no es solo que te guste,
que seguro que sí, sino que te sientes seguro.
Si quieres ser artista, debes arriesgarte.
Qué noticia más triste, pero al ser nuestra última noche,
quiero proponer un brindis por Jimmy,
quien siempre ha soñado con esto y por fin se hace realidad.
¿Hablas de National Geographic
- o de volver con Jill? - Calla.
Perdonad, pero yo sí quiero decir una cosa.
Me impresiona el valor que tienes
de meterte en esta aventura.
Mucha suerte, te echaremos de menos.
Sí, ¿cuánto tiempo estarás fuera? ¿Seis meses?
- Persiguiendo... - ¿Caribús?
Sí, caribús. Suerte con eso, tío.
- Por Jimmy y los caribús. - ¡Sí!
- Por los caribús. - Eso. Sean lo que sean.
Jimmy, como decís, para lo que vas a hacer se necesitan cojones,
- así que por ti y los caribús. - Y por tus cojones.
- Por los cojones de Jimmy. - Cojones, sí.
No, en serio, mucha suerte, tío.
Te vamos a echar mucho de menos. Jill, tengo una pregunta.
¿Podemos ir aún este finde?
- ¿Sin nosotros? - Sí.
Sería una pena que esta desgracia fastidiara el viaje.
- Menudos amigos. - Jill, cariño, ¿unas palabras?
Sí, diré lo que tenga que decir luego.
- Vale. - Jill.
Entonces solo quedas tú, Jimmy.
¿Unas palabras de despedida?
Detrás de mí, nada. Por delante, todo,
como siempre pasa en la carretera.
- ¿Y ya está? - ¿Qué narices es eso?
- De En el camino . ¿Qué? - Di algo tú.
- No fastidies. - ¿Kerouac?
Quiero que hable tu corazón.
- Eres más listo que Kerouac. - No... Ha sido muy bonito.
Te echaré mucho de menos.
Te quiero.
Qué fuerte que sea la última vez.
- Lo siento. Mierda. - No lo sientas.
¿Te acuerdas de la primera vez?
Jolines, ¿por qué sacas eso ahora?
Claro que me acuerdo. Por eso tu madre
- no me soporta. - No... no te odia.
- Ni me mira a la cara. - Después de lo que te vio haciéndome.
Ostras.
- Lo siento. - ¿Reventará la puerta? ¿Está cerrada?
No está.
Te echaré de menos.
Es tu favorita.
- ¿Qué pasa? ¿Estás bien? - No, no estoy bien.
Me siento fatal. Te vas mañana.
No quería que acabara así.
Lo sé.
Igual no tiene que acabar porque no tengo que irme.
- ¿Qué dices? - ¿Y si me quedo?
Si me voy y te pierdo, no vale la pena.
No digas eso, lo hemos hablado.
¿Por qué no? Lo digo en serio. No quiero perderte otra vez.
¿Y si no me subo al avión?
Me inventaré una excusa. Da igual, mientras me quede.
- Vale. - ¿No lo ves?
Tenemos que estar juntos. Todo nos ha llevado a esto.
A la mierda el trabajo, buscaré otro aquí,
en Nueva York. Como mi padre y tú decíais.
Fotografiando moda o haciendo fotoperiodismo.
Da igual... mientras esté contigo.
Y vas a renunciar al curro,
el curro con el que soñabas, ¿por estar conmigo?
- Sí. - ¿Por mí?
Sin pensármelo.
- ¿Qué te parece? - ¿Qué?
A ver, Jimmy, ¿has olvidado lo que hablamos
hace unas semanas cuando volvimos?
- ¿Sí? Vale. Bien. - ¿El acuerdo?
Pero ahora es diferente, ¿no?
Ya, pero ¿no estamos retrasando lo inevitable?
¿A qué te refieres? ¿A que tenemos que romper sí o sí?
- Qué cabrón... - Oye...
¿Lo dices en serio? ¿Por qué? ¿Para ti no ha significado nada?
Claro que sí, pero eso no cambia el futuro.
Volvemos a lo mismo.
Sí, ya, joder. ¿Cómo se me había olvidado?
No tenemos futuro, ¿no?
El mismo rollo que me soltaste en diciembre.
Pues me pareció una chorrada entonces
y me sigue pareciendo una chorrada ahora.
- ¿Tenemos que pelearnos? - Pues claro.
Quiero saber por qué piensas que no tenemos futuro.
Porque no puedo darte lo que quieres. ¿Quieres que nos casemos?
¡Sí! ¿Tan raro te parece?
Pues sí. No por ti, ¡sino porque no puedo casarme
con el tío con el que llevo desde los 14 años!
Joder. El mundo es enorme.
Y nosotros vivimos en un pueblo.
Hemos crecido juntos, en el mismo barrio.
- Vale, lo entiendo. - No.
Lo entiendo, pero no rompas
pensando que conocerás a otro
con el que te casarás o vivirás lejos de aquí.
¿No lo ves? Estamos destinados a estar juntos.
Para siempre. Era lo que decíamos.
- Siempre lo decíamos. - Es verdad.
¿Qué? ¿Ya no crees en eso?
Lo siento, Jimmy.
Lo siento. De verdad que te quiero. Quédate.
No es por eso.
Cuando vuelva, vendré a por ti y te prometo
que vendrás corriendo a mis brazos y no querrás dejarme nunca más.
- Recuerda lo que te digo. - ¿Quién sabe? Igual tienes razón.
Grandullón. Hoy me lo has puesto difícil, ¿eh?
Iba a ser la semana perfecta para despedirse,
pero me has cambiado todo el panorama.
Pero no pienso quejarme ni pedirte nada.
Hoy quiero darte las gracias. Me has dado el trabajo de mis sueños
y tres semanas con la chica que quiero.
¿Cómo me voy a quejar?
Hoy es el gran día. ¿Estás listo?
- Todo lo que puedo estarlo. - Hijo mío.
Lo harás genial. Estoy orgullosa.
- Gracias. - ¡Hay que irse!
Sí.
Vale, chaval, te diré una cosa.
Te echaré de menos más de lo que crees.
- Y yo a ti, papá. - Vamos, dame un abrazo.
Suéltalo. Perderá el avión.
- No quiero. - Suéltame, papá.
Vale. Puedo con esto.
Toma. Vas a necesitarlo.
Hay alguien fuera que espera un beso de despedida.
Tienes un minuto, ¿vale?
Tienes que subir a ese avión.
No digas nada, solo "adiós" y "te quiero", ¿vale?
Sí, diré que te quiero porque es verdad.
Yo también te quiero.
Pero no diré adiós.
Nunca.
Vale, hecho.
Victoria Tormo Peris Iyuno-SDI Group
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