All language subtitles for Te_voy_a_ensenar_a_querer_-_Capitulo_03_Completo_Hd.mp4-es-CC1

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Original subtitles

- ♪ No te escondas más de mí ♪

♪ No te pierdas en un duelo ♪

♪ Te voy a enseñar a querer ♪

♪ Como el viento y sol al amanecer ♪

♪ Te voy a embriagar con el aire ♪

♪ Que roza el jazmín de mi piel ♪

♪ Te voy a entregar una a una ♪

♪ Las delicias que guardo en mi boca ♪

♪ Y verás que conmigo no hay tregua ♪

♪ Sin el dulce sabor de una rosa ♪

[♪♪]

[♪♪]

♪ Nunca dejes de vivir ♪

♪ Que vivir por ti yo muero ♪

♪ Nunca dejes de sentir ♪

♪ Que sentir por ti yo siento ♪

♪ Te voy a enseñar a querer ♪

[♪♪]

- Pero ¿qué estás diciendo, Pablo?

- Que quizás la veterinaria...

- Tú a mí me respetas.

Soy tu papá.

Y conoces perfectamente cuál es mi relación con tu mamá.

- Papá, ya, fue solo una broma...

- Que no se repita.

Que no se repita, Pablo.

Habla con ellas y...

Y ponte de acuerdo, a ver cómo empiezas a trabajar.

- Bueno.

[♪♪]

- Diana ya les explicó claramente

lo importantes que son esas muestras de tiempo

para la suelta de los animales de esta hacienda.

Si alguna de ustedes dos llega a tocar

lo que está encima de esta mesa,

se van a meter en un problema muy grande, par de brujas.

- Ya, deja, no más, déjame, yo lo arreglo.

- Pero ¿qué quieres?

AMBAS: [Gritan]

- Pero ¡mira lo que hicieron!

- ¡Se los advertimos y no nos hicieron caso!

TODAS: [Hablan a la vez]

- ¡A ver, a ver! ¡Ya, ya, ya!

¿Qué pasa? ¿A ver? ¡No, ya, ya!

- ¡Tú no te metas, Pablo! - ¡Sí, no te metas!

- ¡Esa india mugrosa tuvo la culpa

con el palo ese con el que nos quiso pegar!

- ¡Mira, a mí no me importa quién lo hizo!

El hecho es que esto es un verdadero desastre, ¿me oyes?

- Mira la oxigenada lo que está diciendo.

- ¡Ya! ¡Bueno, ya, ya! ¡Ey!

TODOS: [Hablan a la vez]

- ¡Ya, ya! Ustedes dos no van a mover un dedo.

Así que ya recojan absolutamente todo

porque no saben en el problema que me acaban de meter con papá.

- Olvídalo, Pablo.

Que lo recojan esas indias, para eso les pagan.

Vámonos, Camila... - ¡A recoger!

- ¡Suéltame!

- Esto no puede ser.

- ¡Dios mío!

Hay que avisarle esto a don Alejandro ya.

- No, Diana, tú dime qué fue lo que se perdió,

y yo te prometo que consigo absolutamente todo.

No hace falta que hables con mi papá, ¿sí?

[♪♪]

¡Diana, Diana!

Diana, yo sé que me porté como un patán

y como un irresponsable.

Y sí, me pasé de listo con las dos, pero...

Pero estoy muy apenado. Ya.

Ey. - ¿Sí?

¿En serio?

Pues, no se te nota ni un poquito.

- Pues, yo te quiero ofrecer una disculpa.

Yo sé que me porté muy mal con las dos, ¿sí?

[♪♪]

- Diana y Flor son dos señoritas sencillas,

trabajadoras.

Yo estoy contento porque están al frente de la hacienda y...

¿Qué pasa? Estás pálida.

- No, no es nada, simplemente tuve un día un poco agitado.

- Además de pálida, te noto desanimada, ¿qué pasa, mi amor?

- Alejandro, no hablemos de eso ahora, por favor.

- ¿Cómo así que no hablemos de eso ahora?

- No, quiero que me cuentes cómo va el problema

de los animales enfermos en la hacienda.

- Todavía no está resuelto.

Lo están manejando profesionales, pero tú...

- ¿Y mi yegua? ¿Qué pasó con la yegua?

- La están examinando, hasta mañana no sabremos nada.

- Ay, Alejandro, ojalá la salven.

Tú sabes que la quiero mucho.

- No sufras.

Sufres por nada.

[♪♪]

Mejor dime qué está pasando por esa cabecita desde que te dije

que Félix y Deborah iban a cenar con nosotros.

- ¿No te gustaría que te hiciera un masajito?

- No, no, no me desvíes la conversación.

- Ay, mi amor, no quiero hablar de eso, ¿sí?

Mejor, cuéntame de mis hijos.

¿Cómo dejaste a Pablo? ¿Qué está haciendo?

¿Y Elena finalmente llegó a la hacienda con esa amiga?

- A ver, ¿cómo estuvo eso de que vas a recuperarles

todo el mugriento equipo a Diana y a Flor, eh?

- A mí me parece que no deberías hacerlo...

- A ver, ¿y por qué te parece que no debería hacerlo?

- Pues, porque la tal Flor fue la que empezó toda la pelea.

- Pero tú y Elena continuaron.

- Yo lo que quiero es que esas viejas se vayan de la hacienda.

No las soporto, Pablo, son unas igualadas.

- Bueno, pues, ni Diana ni Flor se van a ir de aquí.

¿Sabes por qué?

- No me importa. - A mí tampoco.

- Van a tener que escucharme, par de brutas.

- Oye, ¿tú por qué nos dices eso?

- Porque sencillamente ustedes no se dan cuenta

de lo que hacen.

Miren, con el daño del equipo, las perjudicadas no son ellas,

sino nosotros.

En esta hacienda hay muchísimos animales que valen mucho dinero,

y están enfermos, y se pueden morir.

Ellas son el único apoyo que encontró mi papá.

Porque en esta tierra y en esta hacienda

hace mucho tiempo un veterinario no dura más de ocho días.

Solo porque mi papá tiene un enemigo que quiere arruinarlo

y hasta verlo muerto.

A ver, ¿quieren ser cómplices de eso?

¿Eh?

MILCIADES: De modo que ya empezaron a enfermarse

los caballos en la hacienda Méndez.

- Eso fue lo que pude sacarle a Ricardo.

Vaya uno a saber si no son mentiras

para tratar de salir del aprieto.

- Vamos a averiguarlo.

¿Dónde está la carta?

- ¿Cuál carta?

- La carta que, me dijiste, trajo un peón de los Méndez.

- Ah, sí, señor, está encima del escritorio.

- Ve a la hacienda.

Vamos a averiguar qué es lo que está haciendo Félix...

y su brillante yerno...

para curar a esos animales, si es que pueden.

- Sí, señor, ahora mismo.

- Escucha.

Si hay un nuevo veterinario,

me traes toda la información.

- Pero me preocupa la información

que le haya podido sacar.

- Donde no se lo diga, ese desgraciado me mata, Don Tobías.

- Eso quiere decir que ahora vamos a tener que cuidar más

a la señorita Diana.

No vaya a ser que corra la misma suerte

de los otros veterinarios.

- Pero yo no le dije que ya tenemos veterinario.

- ¿Y cuánto tiempo cree que tardará Milciades Contreras

en averiguar? ¿Mmm?

- ¡Con todo el trabajo que me costó comprarme mi laboratorio!

¡Desde que entré a la universidad

comencé a ahorrar plata y me compré todito por todito!

¡Y el microscopio que me tocó pagarlo a plazos!

¡Malditas viejas!

- Ya, Flo, ya.

No maldigas más, por...

Pensemos positivamente.

Pensemos que, no sé, que vamos a recuperarlo todo.

Te lo prometo.

Es nuestra oportunidad para renovar los equipos.

Sí, para conseguir unos mucho más modernos, Flo.

- Didi, pero ¿con qué vamos a seguir trabajando?

- Tú te calmas.

No vamos a permitir que Camila y Elena nos dañen nuestros ánimos,

¿o sí? No.

- Te juro que si no hubiera sido por ti,

yo hubiera agarrado a ese par de viejas de las greñas

y las pongo a comer tierra, te lo juro.

- ¿Y para qué? ¿De qué sirve?

Pobrecitas ellas, Flo, que tienen que convivir

todos los días con esas ínfulas.

Es que eso no sirve en la vida para nada.

- Pero te juro que la próxima vez esas dos...

- No va a haber próxima vez, te lo prometo.

- ¿Por qué? - No.

- ¿Nos vamos de acá?

- [Suspira]

Con esta crisis.

ISABEL: Alejandro, prométeme una cosa,

prométeme que nunca dejarás de ofrecerle a Pablo

las oportunidades que él necesita para crecer.

¿Me lo prometes?

- Mi amor, ¿qué pasa?

¿Por qué me hablas así?

Dime, ¿cuándo en la vida le he negado yo

una oportunidad a Pablo?

- Cajas de tubo de ensayo, perfecto. Gracias, Tobías.

- A mí no me dé las gracias, joven,

a mi compadre Clodomiro.

Sí, él negocia con estas cosas, las vende por la zona.

No serán de la misma calidad, pero yo creo que sirven.

- Pablo, ¿podemos hablar un momentito?

- No, Elena, no tengo tiempo.

- Pero es que... - Pero es que tú y Camila

se equivocaron, ¿sí?

Y si no lo quieren entender, ese no es mi problema.

Así que ve y ponle los puntos sobre las íes.

Mira, Elena, esta no es su hacienda,

y ella no corre ningún peligro.

Así que explícale lo que está pasando

y que sea huésped, nada más.

- Pero es que eres un injusto.

Además, la que empezó toda la bronca fue la india esa de Flor.

- Sí, y tú te dejas.

Hace contigo lo que se le viene en gana

y te trae como un puerquito.

Mira, ¡mejor vete de acá!

¡Ya salte, no te quiero ver, Elena!

Tobías...

Vamos. - Ajá.

[Resoplido]

- Ya.

Priscila ya está estable.

- Ay, qué bueno.

- Sí, ya dejó de jadear.

Ahora falta esperar que ningún otro animal nos haga crisis,

¿no?

- Bueno, pues,

una de cal por las que van de arena, ¿no?

- [Ríen]

- Entonces, ¿qué, patrón?

¿Quiere que sigamos con lo de doña Empera

o me dedico a seguir a la veterinaria

que llegó la hacienda de los Méndez?

Le podemos hacer la vida imposible.

- Lo de Empera no tiene vuelta atrás.

Vamos a seguir estudiando por dónde y cuándo

correremos ese lindero.

Y en cuanto a las veterinarias,

les vamos a seguir...

el rastro muy de cerca.

El éxito de todo esto...

Está en esta invitación, Cachimbo.

Hace mucho tiempo que no bebo...

Tráeme un aguardiente, voy a celebrar.

- ¿Tú no crees que dejarle la crisis que estamos viviendo

a Pablo en la hacienda

no es una buena oportunidad para él?

- Sí, mi amor, pero yo no me refiero este momento,

sino al futuro, a la vida en general.

- Estás muy trascendental.

No sé, pero siento que toda la confianza

que nos hemos tenido durante todos estos años

se está perdiendo. ¿Qué pasa?

- Isabel...

estamos frente a una emergencia.

[♪♪]

- No me hagas caso, Alejandro.

Y perdóname si te estoy haciendo sentir así.

- ¿Te sientes mal? ¿Estás indispuesta?

- No, no, para nada.

Es que tú ya sabes cómo me pone esta historia

del matrimonio de mi padre.

- Yo sé, pero puedes contar conmigo

siempre.

- ¿Siempre?

¿Para cualquier cosa?

- Sí.

Pero te conozco, mi amor, te conozco mucho y...

Y sé que hay algo que estás ocultando,

que no me quieres decir qué es.

¿Qué es?

- No hagas caso.

[Ríe]

Bueno...

por una noche más.

- Por ti, mi amor.

[♪♪]

- Llegaron.

- ¿Luis Carlos López?

- Don Félix.

Qué sorpresa.

¿Cómo le va?

Mi amor, te quiero presentar

a mi jefe.

- Ah, mucho gusto. Qué placer.

- Mi futura esposa.

Deborah.

[♪♪]

- Quiero demostrarles que estoy en la mejor disposición

de colaborar en todo.

Por eso, aquí están algunos de los materiales

que se perdieron, que no son los mejores,

pero yo mañana consigo lo que sea necesario.

Así nos toque amanecernos,

vamos a quedarnos aquí recolectando absolutamente todas

las muestras que se perdieron, señoritas.

Estos.

- Muchas gracias.

De verdad, te lo agradecemos profundamente.

Lo que pasa es que en este momento lo más importante...

- Es que calmes a ese par de cacatúas

que no tenían ningún derecho de dañarnos como le hicieron.

- Una de esas cacatúas es mi hermana.

- Pues, precisamente, si fuera mi hermana, yo por lo menos...

- Cálmate. - Es que yo estoy calmada.

- Hay varios de los caballos que están como raros.

Andan nerviosos.

- Hay que avisarle a don Alejandro.

- No se preocupe, Tobías, yo me encargo.

- Bueno, vamos.

- Esto lo traje, pero no sé si...

ELENA: [Carraspea]

- ¿Qué hacen aquí?

- Necesitamos hablar contigo.

- Bueno, vamos a trabajar.

- Vamos...

- Ya voy, Diana.

- Permiso.

- Mira, Pablo,

me voy a olvidar de lo que me dijiste hace un rato.

- Ajá. - Pero yo quiero que esas viejas

se vayan de la hacienda.

Estoy en todo mi derecho, esta también es mi hacienda.

- Sí, sobre todo, por lo que te gusta venir a colaborar, ¿no?

- No te hagas, que tú tampoco vienes mucho que digamos.

Y ni siquiera porque te pagan por ser el administrador.

- Mira, ese no es problema tuyo, ¿sí?

No sabes el broncón que tuve con papá.

[Relinchos]

Pero ya voy a cambiar.

- ¿Por mi papá o por la hacienda?

¿O por la nalguita que se te metió en la pupila?

- Por lo que sea, pero ese también es asunto mío.

- Eres un tonto, Pablo.

- Tú cállate, que calladita te ves más bonita, ¿sí?

- Es que esas viejas no valen la pena.

Bueno, si es por un veterinario, yo conozco varios.

PABLO: ¿Ajá?

- Podemos traerlos para que esas se larguen.

Ándale, hermanito.

- Miren, mejor olvídense de eso.

De aquí no se va nadie.

[♪♪]

- Con todo respeto, qué bonita pareja hacen usted

y la señorita Deborah. - Maravillosa.

- ¿No es cierto? - Estoy de acuerdo contigo,

Luis Carlos. [Ríe]

¿Por qué no nos acompañan a nuestra mesa?

Hoy comienza la celebración de nuestro matrimonio.

- ¿Qué pasa?

- Que mi papá y su prometida se encontraron con Luis Carlos,

el gerente de la empresa.

¿Lo habías visto? - No.

- No, no, cómo cree.

Una cena de celebración de un matrimonio como el de ustedes

es un evento familiar,

íntimo.

Los felicito. - Gracias, Luis Carlos.

- Y les deseo lo mejor.

[♪♪]

- Ánimo.

[♪♪]

- Hola.

- Disculpen la demora, pero el tráfico está imposible.

- Lo importante es que ya llegaron. Bienvenidos.

- Sí, bienvenidos.

- [Suspira]

Qué alegría esta cena.

Me da tanto gusto que estemos reunidos.

Lástima que los muchachos no vinieran.

- ¿Elena y Pablo? - Ajá.

Y Camila, mi hermanita.

[♪♪]

CAMILA: ¡Tú lo que quieres es acostarte con esa vieja!

¿Verdad? - A ver, si así fuera,

¿qué te importa? ¡Es asunto mío!

- Eres un egoísta, un voluble.

¿Y sabes una cosa? No valió la pena habernos peleado por ti.

- Ya, yo no te pedí que hicieras nada por mí.

Estás muy equivocada conmigo, mi amor.

- [Gruñe] ¡Traidor!

- ¡Camila tiene razón, eres un sucio traidor!

¡Camila no se merece que le hables así!

Camila, ¡espérame!

Además, esa... esa Diana es un asco de vieja

y huele a establo.

PABLO: [Balbucea]

[♪♪]

- Creo que Pablo ya empezó a darse cuenta

de que esto no es un juego.

- Mmm... A mí ya me comenzó a caer bien y todo.

- Eso me parece muy bien.

Que se ponga las pilas.

- A ver cuánto le dura.

- Ya reunimos más animales en la plaza de Tientas, don Tobías.

Se ven bien.

- Mejor los vemos más despacio,

no vaya a ser el diablo.

- Colorada...

¿Qué le pasa, mi Colorada?

- ¡Mamá!

¿Qué le pasa a la Colorada?

- Está muy enferma. Lleva horas así.

- Doña Empera, ¿y si buscamos un veterinario?

- ¿Dónde, Pueblita?

¿Dónde?

El último veterinario que vino a este rincón del mundo

lo sacó Milciades Contreras a punta de amenazas.

- Chiquita.

- ¡Ahórrate tus amenazas, Pablo!

¡Mira, mejor cállate, porque no he terminado!

Un problema más y hablo con tu hermana.

- ¡Con mi hermana Deborah no te metas, Pablo!

- Pase lo que pase,

Deborita y yo nos vamos a casar.

Este arroz ya se coció.

[♪♪]

¿Verdad, Deborita?

¿Mi amor?

- Sí, mi conejito.

Lo que tú digas.

[♪♪]

- [Suspira]

- [Silba] Oye...

Necesitamos más lámparas.

Está muy oscuro, se nos dificulta ver a los animales.

- Pues, yo me encargo, no hay lámparas, pero...

pero ahí conseguimos unas antorchas, ¿no?

- Ah, bueno, antorchas está perfecto.

OK.

¿Vamos? - Sí, vamos.

- Tengo que hacer algo.

¡A Pablo le gusta esa vieja!

- Ya olvídalo, Pablo es un voluble.

No le hagas caso. - No, no es eso, Elena.

Lo que pasa es que me da cosa porque yo metí las patas.

- Haz lo que se te dé la gana.

Nada más no me hagas ruido porque tengo mucho sueño.

¿Está bien?

- [Ríe]

Ya sé.

- ¿Y ahora qué loquera se te ocurrió?

- Pues, lo único

que puede hacer una mujer enamorada.

[♪♪]

- A simple vista, he notado a los caballos muy estresados.

Es posible que con tanto movimiento

se hayan puesto más nerviosos de la cuenta.

- A pesar de todo lo malo que ha pasado,

yo debo decirte que para mí hoy es una noche muy especial.

Quiero ser tu amigo, Diana.

- Ya somos amigos, Pablo.

Te agradezco mucho tu cambio de actitud.

Y sobre todo, tu buen comportamiento con nosotras.

[♪♪]

Una amistad no es solamente un choque de manos, ¿mmm?

- Bueno, pero por algo se empieza, señorita, ¿no?

[♪♪]

[♪♪]

- Deborah es mi alma gemela.

[♪♪]

- ¿Me disculpan un momento?

Necesito ir al tocador.

[♪♪]

- Quiero que brindemos por el futuro.

Quiero que la felicidad sea completa.

Yo sé que estás llena de dudas,

pero quiero verte tranquila.

No te preocupes por tu viejo.

Soy consciente del paso que voy a dar, ¿mmm?

Mira que tardé, pero ya tomé la decisión.

- Decisión que respeto porque te quiero mucho, papá.

Tengo que admitir que me hubiera gustado

que las cosas se dieran de otro modo.

Pero en todo caso, yo te deseo lo mejor.

- Entonces, ¿brindamos?

- ¿Por qué no esperamos a que regrese Deborah?

Yo les pido un permiso.

[♪♪]

- Eres un atrevido.

Un bueno para nada, un infeliz.

- Tú no tienes derecho a reclamarme nada.

- Ah, ¿sí? Y tú no tienes derecho

a venir aquí a provocarme...

Así es que me haces el favor y te me vas de aquí con la...

Con la cosa esa con la que andas.

O si no... - ¿Qué?

¿Qué?

- O si no, no te perdono

que no vayas a mi boda.

- [Ríe]

Por supuesto que voy a ir a tu boda.

No me perdería esa boda por nada del mundo.

- Ay, qué bueno. Ve con tu novia.

- Claro que sí, claro que sí.

Hasta luego.

Doña Isabel, ¿cómo le va?

- Hasta luego, Luis Carlos.

- Hasta luego.

- Siga, doña Isabel.

- Después de usted, Deborah.

[♪♪]

[Murmullo]

No le creo nada, Deborah.

- No sé qué le hace pensar

que su padre y yo no vamos a construir un buen matrimonio.

- Su edad, la edad de mi padre,

el modo como usted llegó a su vida.

En fin, Deborah, nosotros no sabemos casi nada de usted.

- Yo le puedo decir lo que usted quiera, doña Isabel.

Mi vida es una vida muy sencilla.

Mis padres eran maestros de una escuela pública.

Ellos murieron cuando yo era muy joven.

Yo estoy educando y criando a mi hermanita.

He logrado salir adelante gracias a mi propio esfuerzo.

Y sí, no se lo voy a negar,

gracias a la ayuda de su padre,

a quien quiero y amo con todas las fuerzas de mi alma,

sin Félix mi vida no tendría sentido...

- No me hable así, Deborah, porque no le creo.

No intente posar de mujer desvalida y vulnerable,

porque estoy segura de que usted no es así.

- Doña Isabel, no me hable así, se lo suplico.

No sea injusta.

Usted me está juzgando sin conocerme a fondo.

- Es posible.

Pero le advierto que voy a vigilar muy de cerca

el desarrollo de ese matrimonio.

Voy a estar observando todos y cada uno de sus pasos.

Y si usted, Deborah, llega a hacer la más pequeña cosa

que pueda herir a mi papá, va a tener un grave problema conmigo.

Eso se lo juro.

- Doña Isabel, y yo le juro que a mi lado su padre va a ser

muy feliz, inmensamente feliz.

- Eso espero.

Otra cosa...

todos los bienes de mi padre pertenecen a una sociedad

familiar.

Para entrar en ella, primero tiene que hacer méritos,

Deborah.

[♪♪]

- Sí, doña Isabel.

¿Cómo no, doña Isabel?

Lo que usted diga y mande, doña Isabel.

El viejo apestoso de tu padre va a ser feliz,

inmensamente feliz.

No sufra, doña Isabel de Méndez, no sufra.

Él va a ser muy feliz.

Don Félix, el poderoso,

va a ser feliz, de eso me encargo yo.

Voy a encargarme de mi conejito.

Hasta quitarle el último maldito peso que le quede en esta vida.

[♪♪]

[♪♪]

¿Se siente bien?

- Perfectamente, Deborah.

- Te pongo nerviosa, ¿verdad?

[♪♪]

- Pues, mañana temprano vamos a ir al pueblo buscar un lugar

en donde nos podamos quedar.

- En la casa ya está lista

una de las habitaciones de huéspedes.

- No, no, no, Pablo. Gracias.

Compartir el mismo techo con tu hermana y Camila no...

no creo que sea lo más prudente.

- Mira, con todo el respeto que me mereces,

esas dos están chifladas.

- Mira, Elena es bien tranquila,

la compañía de Camila la envalentona un poco,

pero no les hagan caso, no pasa nada.

- Mira, Pablo, nosotras somos muy cuidadosas

con nuestro trabajo, ¿eh?

Y hay que marcar ciertas diferencias.

- Estoy totalmente de acuerdo.

- Pues, a mí me parece una tontería,

mi papá me dijo que no había ningún incon...

- No, que estoy segura que don Alejandro va a decir que sí.

Y, pues, no, no, Pablo, de verdad, gracias.

- Y, entonces, ¿adónde piensan ir?

- Sí, a un hotel, suponemos.

- Pues, en el pueblo hay una pensión,

y si quieren, yo puedo llevarlas.

La dueña es una vieja conocida de mi familia, ¿qué les parece?

- Te lo vamos a agradecer,

pero ya tendría que ser mañana temprano.

- Van a tener que tener un poquito de paciencia, ¿sí?

- ¿Por qué?

- Pues, porque el lugar es un poquitito ruidoso.

[Música]

- ¡Doble contrasencillo a que esta es mía!

[♪♪]

¿Cómo les quedó el ojo?

[Ovación]

- ¡Bueno, ya! ¡Silencio, silencio, silencio!

Está bien, está bien, ganaste,

pero mejor sigamos con el show, ¿sí?

¿Quién sigue, Margarita?

- Ay, sí, tía, perdón, perdón, perdón.

¡Ahora con ustedes, Gloria Quintero

y Alirio Maldonado!

¡Los Bailaores!

[Ovación] [Música]

CLEMENTINA: ¡Eso, que bailen!

- No tienes alternativa, mi querida Clementina.

Ya eres mi pareja para el baile del matrimonio

de Félix y la tal Deborah.

Me lo gané en franca ley.

- Para serte sincera, mi adorado Sacrificios,

no creas que me cuesta ningún trabajo hacerme la idea.

Tú sabes que donde hubo fuego...

Pero te voy a decir una cosa, querido.

Déjate de competencias,

porque conmigo nunca vas a conseguir nada.

- La constancia vence lo que la dicha no alcanza,

mi querida Clemen.

Ya ves al viejo Félix Gallardo,

el tiempo le hizo justicia.

Dicen que se consiguió una novia...

para envidiar.

- Pago por ver por qué ese viejo tan viejo...

Bueno, a no ser por los negocios, las haciendas,

las cuentas bancarias, en fin...

¿Cómo me dijiste que se llama la muchachita esta?

- Deborah.

Deborah Buenrostro.

- Pues, habrá que conocer a la tal Deborita Buenrostro

para medirle el aceite.

- [Ríe]

- Bueno,

acá estoy.

¿Cuál es la urgencia para hacerme venir a tu casa

a estas horas? ¿Eh?

Y después de una noche tan intensa.

[♪♪]

[♪♪]

- No se te vuelva ocurrir poner en peligro mi relación

con Félix, ¿te quedó claro?

[♪♪]

No me toques.

¡Que no me toques! - No soporto

cuando me hablas así, no soporto.

- [Gime]

Suéltame.

- [Ríe]

- Escúchame bien, Luis Carlos,

necesito que hagas algo.

- Lo que quieras.

- Necesito que ubiques un documento muy importante.

- ¿Cuál?

- El acta constitutiva

de la sociedad familiar de los Méndez.

No tenía idea que ese documento existía

hasta que doña Isabel de Méndez lo mencionó en el baño

del restaurante.

- "Sociedad familiar", No sabía nada de eso.

El único que puede tener esa información es...

Pedro Rivera.

- Perfecto.

Pues, entonces, haz todo lo necesario

para que Pedro Rivera te consiga una copia

de ese documento.

Bueno, ahora...

lárgate.

[♪♪]

Lo que más me interesa que averigües

es lo de las propiedades.

Quiero que sepas cuáles están a nombre de Félix

y cuáles en la mentada sociedad.

¿Está bien? - Ajá.

- Ahora sí, vete.

Que te vayas, que te largues.

[♪♪]

[♪♪]

[Niega]

No.

[Gime]

- ¿Y ahora? ¿Y ahora?

- Suéltame, suéltame.

Suéltame. Que me sueltes.

- Suéltate. [Ríe]

- [Gime]

[Ríe]

No más, no más.

No, no, no.

No, no, te odio.

Te odio...

[Ríe]

Ay...

CANTANTE: ¡Para ti, mi estrella...!

- [Resuella] Félix.

- Sí, me haces tan feliz, tan feliz.

- ¡No!

[Música]

Félix.

CANTANTE: ♪ Asómate a la ventana ♪

♪ Te venimos a cantar ♪

♪ A la mujer más linda ♪

♪ En este mundo y más allá ♪

TODOS: ♪ Asómate a la ventana ♪

- Ay, ay, ay, te tocó salir a la ventana,

mi chaparrita.

Ven, ven, ven, aquí tienes a tu machote.

Ven,

ven.

¡Ven!

Eso, así.

- Ay, sí, sí.

Ay, a mí el mariachi me excita.

CANTANTE: ♪ Mi corazón ♪

♪ Celebremos con tequila ♪

- Bueno, muchachos, y ahora adentro.

Con lo mejor. Vamos, vamos, vamos.

Sí, ¿a ver?

- [Suspira]

DEBORAH Y LUIS CARLOS: [Jadean]

- Ay, ya, piensa en algo.

- [Jadea]

- [Ríe]

- Lo único que se me ocurre

es salir y subir a la azotea del edificio.

- Ay, sí, sí. - ¿Te parece bien?

- Sí. Buena idea.

- OK.

Espera, espera.

[Ríe] Eso, eso, ándale.

Beso, beso.

[♪♪]

[Timbre]

MILCIADES: Que el viejo Félix Gallardo se case

es algo...

excelente para nosotros, ¿eh?

Hace mucho tiempo en esa hacienda no hay un matrimonio.

Desde que Isabel se casó con el imbécil ese

de Alejandro Méndez.

- ¿Por qué lo dice, señor?

- Porque conozco muy bien a Alejandro Méndez. Lo conozco.

- No, pero no lo digo por eso, señor,

digo, lo de la conveniencia del señor Félix con la señorita.

- Porque se va a casar con Deborah Buenrostro.

- Mira...

Nada, hasta mañana.

- Bueno, tampoco me eches, ¿no?

Yo quiero seguir trabajando con ustedes.

- Ay, pero es que no tiene sentido.

Mira, ya casi terminamos.

Además, Flo y yo vamos a hacer guardia para cuidar a Priscila.

- Yo puedo ayudarlas, sí.

- Gracias, pero no.

Pablo, es que es asunto nuestro, por favor...

- Bueno, ya entendí, ya entendí.

Ya te tengo harta, ya no quieres saber nada de mí,

ya estás cansada, así que no te preocupes porque...

- No, a ver, momento, no es eso.

Lo que pasa es que yo creo que ya has ayudado lo suficiente.

De veras, si quieres, mañana nos ayudas a hacer

una segunda revisión general.

¿Sí?

- Está bien, sí.

- De todas formas, gracias.

- Ey, hasta mañana.

- Hasta mañana.

- Una última cosa, Diana.

- A ver, dime.

- ¿Aceptarías salir conmigo mañana?

- ¿Tú crees que con todo el trabajo que hay

tendremos la oportunidad?

- Pues, si no la tenemos, la fabricamos.

No sé, por ejemplo, en la tarde cuando...

Cuando yo las lleve a la pensión a que se registren,

podemos ir a tomar algo.

No sé, por ejemplo, un helado.

- Un helado.

- ¿Por qué no?

- Está bien.

[♪♪]

Adiós.

[♪♪]

- Digas lo que digas,

no puedo dejar de sentir que Deborah es como...

como una araña.

- Tu padre está feliz, entusiasmado,

con planes para el futuro.

¿No estarás un poco celosa?

- Lo que hago y lo que digo

me lo dicta mi intuición, Alejandro.

Y las veces que yo no he escuchado esa voz interior

que me advierte de los peligros que corre mi familia.

Bueno, ha ocurrido algo desastroso.

- Mi amor, ¿y qué dice ahora

esa voz interior?

- Me grita que Deborah y Camila son un peligro

para mis seres queridos.

[♪♪]

- ¿Qué haces aquí?

- ¿Me perdonas?

- Ya vete, Camila, ¿sí?

- No, no.

Pablo,

no me voy a ir a dormir

hasta que me digas que me vas a perdonar.

ALEJANDRO: ¿Y no existiera la posibilidad de...

de callar esa voz interior para que podamos estar juntos

disfrutando de nuestro amor?

- Alejandro, no minimices mis sentimientos.

Me estás haciendo sentir

como si estuviera empezando a enloquecer.

- No, no, no, yo no estoy minimizando nada.

Lo único que quiero, mi amor,

es que dejemos a Félix y a Deborah

tranquilos un momento

y disfrutemos de nuestro amor

como debe ser,

sin fantasmas.

- ¿Fantasmas?

- Mi amor.

Mi amor...

Mi amor...

[♪♪]

[♪♪]

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