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- ♪ No te escondas más de mí ♪
♪ No te pierdas en un duelo ♪
♪ Te voy a enseñar a querer ♪
♪ Como el viento y sol al amanecer ♪
♪ Te voy a embriagar con el aire ♪
♪ Que roza el jazmín de mi piel ♪
♪ Te voy a entregar una a una ♪
♪ Las delicias que guardo en mi boca ♪
♪ Y verás que conmigo no hay tregua ♪
♪ Sin el dulce sabor de una rosa ♪
[♪♪]
[♪♪]
♪ Nunca dejes de vivir ♪
♪ Que vivir por ti yo muero ♪
♪ Nunca dejes de sentir ♪
♪ Que sentir por ti yo siento ♪
♪ Te voy a enseñar a querer ♪
[Ovación]
[Música de rumba]
- Venga ahí esa rumba, venga.
¡Eso!
- ♪ Le pregunté a María José ♪
♪ Cómo es que se baila la rumba ♪
♪ Déjame en claro cómo es ♪
♪ Y ella me contestó ♪
- ♪ No se parece al son ♪
♪ No se baila agarrao, sino de medio lao ♪
♪ Hay que tener el don ♪
- ♪ Y ella me contestó ♪
- ♪ No, no, no se parece al son ♪
♪ No se baila agarrao, sino de medio lao ♪
♪ Y hay que tener el don ♪
♪ Baila mi taconeo ♪
♪ Reviéntalo en el suelo ♪
♪ No se enrosca el bombillo ♪
- ♪ Trasero ♪
♪ No se enrosca el bombillo ♪
♪ Que tengo en el bolsillo ♪
♪ Trasero ♪
[♪♪]
[♪♪]
- ♪ Ah, ah, mi taconeo ♪
- Hola, hola.
- ¡Ey!
¿Lo conozco?
- No, pero ¿qué importa?
Te estoy mirando desde hace rato y...
Me encantas.
Así que debes sentirte muy pero muy afortunada, bombón.
Yo no me fijo en cualquiera.
¿Quieres un trago?
Ey, esto se baila así. - ¡Ey!
A ver, a ver, mira.
Mira, Travolta, esto podrá bailarse como tú quieras,
pero a mí no me gusta, ¿OK?
- Ey, ¿adónde va? ¿Adónde va? ¿Adónde va?
¿Apurada o qué?
- ¿Me deja bailar? - Podemos bailar acá.
Ey, ey, ey...
- ¡Ey, ey, ey!
¿Qué es lo que está pasando allá?
Oye, ¿quién es ese que está molestando a Diana?
¡Ey!
- Cosita rica...
Alejandro: Pablo es un irresponsable.
Y así sea mi hijo, esta vez me va a escuchar.
- Eso me parece bien, Alejandro.
Ese muchacho últimamente anda tremendo.
Fíjese que Tobías llamó esta tarde,
y luego volvió a llamar,
y dice que hay varios animales enfermos
y que Pablo ni se aparece por allá.
- ¿Y ya trataron de localizarlo?
- Sí, ya le he marcado varias veces.
Pero siempre me contesta una grabadora que dice:
"Estás llamando al teléfono de Pablo Méndez.
Si necesitas una cita conmigo,
puedes marcar el número uno".
¿Qué tal?
Ahora resulta que para hablar con el mocoso ese
hay que pedirle cita.
[Música de rumba]
- Si no quieres hablar ahora, podemos hacer una cita especial,
algo... algo privado, dame chance.
- ¡Que no! Pablo: Epa.
- Ven, a ver, ven, ven, ven.
¿Quién es esa tipeja?
- ¿De quién me hablas, Camila?
- De esa, de esa malvestida que está discutiendo con tu hermano.
- Bueno, bueno, bueno.
Por lo menos dime cómo te llamas.
Mi nombre es Pablo.
- Ay, por favor.
- Bueno, a ver, ¿qué te pasa, ey?
¿Eres sordita o qué, eh?
- No, no, no, sencillamente que no lo conozco
ni me interesa conocerlo, así que déjeme tranquila.
- Pues yo creo que si bailamos una más,
te puede interesar conocerme.
- ¡Que no! Le dije que me deje en paz.
- Es que me encanta cómo bailas.
Eres bien fogosa y me estás incendiando por dentro.
- Guau.
Bueno, si esto no lo apaga... - Ajá.
- Llame a los bomberos.
¿Contento?
- ¿Viste eso, Helena? ¡Esa vieja es una atrevida!
- Pero ¿qué está pasando?
- Así me encantan, cosita.
- Ah, ¿sí?
[Bullicio]
[♪♪]
- Colada infeliz, ¿por qué le pegas a mi hermano?
¿Qué te pasa? ¿Cómo te atreves?
Ambas: [Hablan a la vez]
[Silbidos]
[♪♪]
[Suena tono de llamada]
- Pero ¿en dónde se metió este muchacho?
- ¿Se puede saber a quién buscas con tanta insistencia?
[Ríe]
- Estás bellísima, mi amor.
- ¿Te gusto? - Me encantas.
- Entonces, ¿por qué no me invitas a cenar?
- Hoy y siempre.
- Con permiso, me retiro, buenas noches.
- Tulia, si Pablo se comunica con esta casa,
dígale que me llame al celular, no importa la hora que sea.
- Sí, señor.
- ¿Qué es lo que pasa ahora con nuestro hijo?
- Pablo tenía un trabajo urgente en la hacienda y no llegó.
Pero, bueno, no hablemos de eso ahora.
¿La señora dónde quiere cenar?
- Adonde tú quieras.
Llévame a un lugar tranquilo, donde podamos conversar
y yo pueda olvidarme de ese absurdo matrimonio de mi papá.
- Mi amor, por mucho que te resistas,
no vas a impedir el matrimonio de Déborah y tu papá.
- [Chista]
Pero yo no quiero hablar de eso.
Dame un besito.
- Te amo. - Yo a ti.
- Diamantes pulidos
para la joya más hermosa que me ha regalado la vida.
- Ay.
Está divino.
Pero es una joya muy costosa.
No debiste.
- Nada es suficiente para demostrarte
lo feliz y lo pleno que me siento
por el compromiso contigo.
- Ay, pero ¿sabes una cosa, mi conejito?
Estoy preocupada porque, desde que doña Isabel
se enteró de lo nuestro,
está como enojada conmigo.
- No sufras, mi palomita.
Mi hija Isabel es una mujer muy inteligente.
Tarde que temprano ya va a comprender todo perfectamente.
¿Y tu hermana Camila? ¿Ya le dijiste?
- Sí, sí, mi amor, le conté todo a Camila y está feliz,
ya se siente en familia.
Además, es muy amiga de tus nietos Pablo y Helena,
y ellos son tan especiales con ella que...
que parecen hermanitos.
Ambos: [Ríen]
- Ay, amorcito, conejito.
Ay, conejito.
Ay, ay, ay.
- [Ríe]
Camila, yo no creo que tú sepas mucho de curaciones, ¿eh?
- Sé lo suficiente. - Ay, doctora.
- Así que relájate, que te va a arder un poquito.
- Sí, sí, sí, sí, uy.
Ay, despacito, despacito, despacito, despacito.
- Señorita, Pablo, qué pena por lo que pasó.
Ustedes saben que esto no... - Dionisio, disculpe por todo
y muchísimas gracias por el botiquín,
pero traigo enfermera particular.
Y no se preocupe por los gastos, yo cubro todo.
Páseme la cuenta, ¿sí?
- ¿Y por qué vas a pagar tú?
Debería cobrarle a las fulanas
que armaron toda la pelea.
Es que mire nada más, señor, cómo me lo dejaron.
- Ey, ey, ey, ey, ya no exageres, ¿sí?
Siga con lo suyo. - Pablo, no está exagerando.
Deberías demandar a las viejas esas que te pegaron.
- Sí, sí, la señorita tiene razón.
Si usted quiere, me puede acompañar a la oficina,
yo le puedo dar los datos de esa mujer, la que lo atacó.
[♪♪]
- ¿Usted tiene sus datos personales?
- Sí.
- ¿Cómo los consiguió, Dionisio?
[♪♪]
- Pues, no es que Pablo me haga mucho caso que digamos,
pero ya por lo menos estamos saliendo.
Aunque sea en compañía de Helena,
que a veces es como medio pesada.
Pero no me importa, no me importa, no me importa,
con tal de salir con él y llamar su atención.
- Pues me parece muy bien, Camila.
Ojalá logres meterte en forma con Pablo y con Helena,
porque en realidad lo necesitamos mucho tú y yo.
- ¿Y tú sí crees que algún día la tal Isabel
terminará por aceptarnos?
- Pues no creo que tenga alternativa, porque mira...
- Ah, no.
- Sí, mi boda con Félix es todo un hecho.
Y si ella no está de acuerdo, ni modo.
Ese es su problema.
Por lo pronto, nosotras tenemos que seguir trabajando
hacia un mismo objetivo.
Eso sí, mi princesa, recuerda una cosa.
No me descuides la amistad con Helena.
Esa muchachita podrá ser todo lo insoportable que tú quieras,
pero es muy importante.
Recuerda que es la única nieta que tiene Félix.
- No te vayas, mamá.
Todavía tenemos muchas cosas que discutir.
¿Cómo está eso de que no te gusta mi amistad con Camila?
- No es que no me guste,
pero creo que deberías ser más prudente con ella.
Nunca ha sido tu amiga, y ahora parecen dos gotas de agua.
- Me cae bien, y además es la única
que me aguanta el paso.
- No me gusta tanta confianza, Helena.
- ¿No? Pero si ya Camila va a ser como de la familia.
Será casi como tu "tíastra".
Suena raro, ¿verdad?
Ay, mamá, mira que mi abuelo es un desubicado.
¿Casarse siendo ya un viejo?
- Por favor, no hablemos más de eso, Helena.
Tú ya sabes cómo me afecta la locura de tu abuelo.
[♪♪]
- ¿Mamá?
Mamá, ¿te sientes bien?
Mami.
- En cuanto me di cuenta de que no podía caminar
y que respiraba mal,
lo aparté del resto de la caballada.
Pa' mí que tiene soroche de monte.
Y lo peor es que está cargada.
No vayamos a perder el potrillo.
Alejandro: ¿Y qué dijo el veterinario?
- Es que no tenemos veterinario, patrón.
- ¿Otra vez?
- Pero ¿qué es lo que está pasando aquí?
- Muchas cosas.
Yo ya las veía venir.
Por eso se las comenté a don Pablo.
¿Qué? ¿Él no les dijo nada?
- No, ni una palabra.
- Pues parece que estos montes asustan a la gente.
Más si es veterinario.
Ultimadamente hemos tenido un desfile de cobardes
que salen corriendo a la primera.
- No, es que esto es muy grave, Tobías.
- Más grave es que se nos enfermen
y se nos mueran los animales sin poder hacer nada, patrón.
Esta yegua es la tercera de la semana.
Usted sabe muy bien lo mucho que quiere doña Isabel
a la Priscilla.
- Sí, yo sé.
Yo sé, y hay que hacer lo que sea para salvarla.
- Aunque a mí preocupan más los caballos de rejoneo.
- A mí también.
Justamente estaba pensando en eso.
- Pues hay que traer un veterinario, dos, tres,
los que sean necesarios, ¡pero no se muere un animal más
en esta hacienda!
Félix, ¿a quién se te ocurre que podemos traer?
[Relinchos]
- La hija de Pedro Rivera, el contador, ¿no es veterinaria?
Me pareció haberle escuchado decir que la muchacha
acaba de llegar de un viaje de estudios.
- Llamémosla.
[Relinchos]
[♪♪]
- ¿Y sería comenzar a trabajar hoy mismo?
- Sí, mi amor, sí.
- ¿Y dices que puedo escoger mi propio asistente?
- Claro, claro, sí.
- ¡Ay, papá! Pero por supuesto que acepto, papi, cómo no.
Dios mío, es lo mejor que me puede estar pasando
en este momento de mi vida, papi.
- Pues a empacar se dijo, mi amor.
- Ay, papá, gracias... - Te amo, mi amor.
- Gracias por todo lo que has hecho por mí,
por lo que sigues haciendo, papá.
Te prometo que nunca te voy a defraudar, nunca.
- Es una oportunidad buenísima, mi hijita.
Los Méndez son gente muy decente.
Don Alejandro es una gran persona.
Y su suegro, don Félix Gallardo, es todo un caballero.
Por eso de entrada les dije que sí,
que estaba seguro que a ti te iba a interesar el trabajo.
- Claro que no me acuerdo muy bien de ellos.
Pues tengo un vago recuerdo de cuando era una niña,
de las fiestas de Navidad, de los regalos...
Ay, pero eso fue hace mucho tiempo.
Yo creo que, si los veo, ya no los voy a reconocer.
- Ay, mi amor, ya tendrás tiempo de sobra para eso.
Eso sí, están 15 años más viejos.
Pero igual de vitales, mi amor.
Ellos se la pasan en la hacienda en la que tú vas a trabajar.
Para don Alejandro, esa es su vida, mi amor.
- Dios mío, Dios mío, Dios mío,
es que es lo mejor que me puede estar pasando, papá.
¿Comenzar mi carrera trabajando en una hacienda como esas?
Ay, qué felicidad, papá.
Y yo sé que Flu va a saltar en una pata
cuando le diga.
Gracias, papi. - Mi amor, te amo, te amo.
[♪♪]
[♪♪]
Ambas: [Ríen]
- Hola. Flor: ¡Didi!
Gracias por haberme invitado a trabajar contigo.
Te debo todas.
Pero ¿cómo? Ahora y siempre, amiga, ¿o no?
- Pero es que yo pensé que estabas enojadísima conmigo
por haberte sonsacado a ese lugar a bailar.
Pero déjame decirte que ya puse pintos
a todos mis amigos por habernos dejado solas en la bronca.
- Pero, por favor, con este nuevo trabajo
nada de enojos.
Vamos por lo que nos gusta, amiga.
Por trabajar en el campo, por estar rodeada de animales.
Ay, Dios mío, ya no veo la hora de llegar.
- ¡Uh!
- Momento, adivina quién fue esta mañana a mi casa
a llevarme mi bolso.
- No. - Como si nada hubiera pasado.
- No me digas que el patán de anoche.
- Ajá.
- No puede ser. - Recién bañadito y todo.
- No, me lo tienes que contar absolutamente todo.
Bueno, y mira, ¿este por qué se aparece?
[♪♪]
¡Uh!
- No debiste dejar sola a mamá en ese estado de nervios.
Al menos me hubieras llamado.
- Cómo se nota que no conoces a mi mamá.
- Mira, si estuvo a punto de desmayarse, es por algo.
- Sí, porque está muy nerviosa con los preparativos
de la boda del abuelo, eso es todo.
- Seguro volviste a discutir con ella, ¿no?
- Sí.
[Suspira]
Y esta vez sí me pasé.
- Vamos a buscarla.
- ¿Tú crees? Pablo: Sí.
[Suena el celular]
- Pablo, necesito que llegues a la hacienda
en el término de la distancia.
- Sí, papá, pero... Alejandro: Pero nada.
Estamos en medio de una emergencia veterinaria.
¡Te necesito ya acá!
- Está bien, papá.
Está furioso y ni siquiera me dejó explicarle
lo que pasa con mamá.
- Ya cálmate, mi mamá va a estar bien.
[♪♪]
[Motor arranca]
Isabel: No sé qué tengo, estoy tan angustiada.
A veces siento que la vida se me va por segundos.
La noticia del matrimonio de mi padre
me ha angustiado más de la cuenta.
Y pienso que tanta angustia no es normal.
¿Qué es lo que tengo?
- Ven, Isabel.
Los estudios que te hice
arrojaron un resultado muy impreciso.
Para mayor seguridad me gustaría repetirlos.
- Bueno, cuando quieras.
Dime adónde, ¿prefieres que cambie de laboratorio?
- No, solo prefiero estar presente en todos
y cada uno de los estudios.
Ven, ven conmigo. - ¿Adónde vamos?
- Aquí, hay una unidad especializada
para ese tipo de exámenes.
- ¿Ahora mismo?
¿Así de mal estoy?
Dime la verdad, Rodrigo, ¿qué está pasando?
- No te alarmes, Isabel,
solo estoy tratando de tener un diagnóstico más preciso.
Eso es todo.
Vamos, nos están esperando.
Si quieres, puedes dejar tus cosas aquí, tranquila.
[♪♪]
[Suena el celular]
[Suena tono de llamada]
- Mamá no contesta.
- Ya cálmate, Pablo.
No te alucines, solamente fue un mareo, ¿sí?
- Sí.
- Además, mi mamá anda ahorita medio histericona, eso es todo.
Mi papá te dijo que en cuanto llegáramos a la hacienda
él se iba a regresar.
Mejor concéntrate en la manejada, relájate,
y vamos por Camila.
[Música de rumba]
Camila: Tranquila, hermanita, Helena y yo somos amigas.
Ay, pero el que más me interesa es Pablo.
Y a ese me lo conquisto porque me lo conquisto.
- Ah, pues entonces vas a tener que cambiar de estrategia.
- Ah, ¿sí?
¿Y por cuál? A ver.
- Tienes que darte a desear.
No le permitas más besos ni más arrumacos gratis, no, señor.
Dale alguna excusa.
Invéntate un novio, lo que tú quieras.
Pero pónsela difícil.
Sí, señora, así como lo oyes.
A los hombres les encanta sentir que te están conquistando.
Y tú, mi princesa,
tú tienes que ser un trofeo muy difícil de alcanzar.
[Suena claxon]
- Ya, ya, ya, ya llegaron
Me voy, me voy, adiós, adiós, adiós.
[Ríe]
Me voy, me voy, me voy, me están esperando.
¡Chau!
Félix: Déborah es una gran mujer.
No te imaginas todos los problemas
que ha tenido en la vida para criar a su hermana...
[♪♪]
- ¡Hola!
Félix: Cuando Déborah era una niña
y Camila apenas empezaba a caminar.
- Félix, ¿Isabel sabe algo de lo que me estás contando?
- No, no he tenido la oportunidad de contárselo.
Y definitivamente Isabel no quiere a Déborah.
- No, no, no, no digas eso.
Tu hija está decidida a tener un acercamiento
con tu futura esposa.
Me lo dijo esta mañana antes de salir.
- ¿De veras? - Sí.
Cuando regresemos, vas a ver.
- No se va a arrepentir,
porque Déborah es una gran mujer.
[Motor arranca]
Después del gran dolor que sentí
con la muerte de la mamá de Isabel,
jamás pensé que me volvería a enamorar.
Me parecía imposible encontrar a la mujer ideal.
Y la encontré.
[♪♪]
Déborah es maravillosa.
Mira que criar a su hermana como si fuera su propia hija.
- ♪ Quémate con mi amor ♪
♪ Quémate con mi fuego ♪
Félix: Déborah es un ejemplo de fuerza, de fidelidad...
- ♪ De placer yo me muero ♪
Félix: De honestidad.
- ♪ En esta noche ♪
♪ Serás derroche ♪
♪ Y entre mis brazos caerás ♪
♪ Sombreando una herida mortal ♪
♪ Quémate con mi amor ♪
Félix: Déborah y yo estamos muy enamorados.
- ♪ Quémate con mi fuego ♪
♪ No te muevas, cariño, mi vida ♪
♪ De placer yo me muero ♪
♪ En esta noche ♪
♪ Serás derroche ♪
♪ Y entre mis brazos caerás ♪
Félix: Ella es la mujer de mi vida.
Estoy seguro de que voy a ser muy feliz a su lado.
Bueno, de hecho, ya lo soy.
Lo único que me falta para completar esta felicidad
es que mi hija, mi única hija,
la acepte como mi nueva esposa.
[Ríe]
- Don Pedro Rivera llamó.
Que su hija, la señorita Diana,
aceptó el trabajo y ya salió pa' acá.
- Pero qué gran noticia.
Entonces vamos a dar nuestra vuelta
antes de que llegue.
- Tobías, ¿ya dispuso todo para recibirla?
- Todo está en orden.
Yo nada más los encamino,
y me regreso para atender la llegada
de la señorita veterinaria.
[Motor falla]
- Eh...
Ya faltan como unos dos kilómetros para el entronque.
[Motor falla]
No.
No, Didi, no. ¿Qué... qué pasa?
- Que el trocolín anda queriendo sacar la mano.
- ¡Oh!
- Por favor, por favor...
- Yo... yo no sé nada de mecánica.
- Y yo menos. - Ay, ¿qué vamos a hacer?
- Al lado, al lado, al lado.
- Espera, nada, hay que comenzar a rezar
para no vararse.
Ya, empecemos.
No es nada bueno llegar tarde a tu primer día de trabajo.
- Y menos cuando se trata de una emergencia
y tú no llegas.
- No.
- Ay, esta familia.
[♪♪]
- ¿Y esto?
- De eso precisamente quería hablarle, patrón.
Porque me parece que no solamente necesitamos
un veterinario,
sino que vamos a gastar más en seguridad,
porque las cosas extrañas que están pasando aquí
no son cosas de fantasmas, no, señor.
- Al grano, Tobías.
- Pos yo no quiero pecar de chismoso,
pero a mí me parece que alguien del vecindario
quiere sembrar el terror por toda la región.
- Milcíades.
- Toma esa cerca de una buena vez, Cachimbo.
[Disparo]
- ¡Cachimbo, usted que rompe esa cerca
y yo que le vuelo los sesos!
- ¿Será que la señora sí tiene puntería?
[Disparo]
- Se mueve un centímetro y le reviento un ojo.
Mire, Milcíades Contreras,
por estas tierras soy capaz de hacer lo que sea.
- Usted sabe muy bien
que yo solamente estoy haciendo cumplir la ley.
Esa cerca tiene que correrse 20 metros.
- ¡Nunca!
Esta cerca siempre ha estado ahí y ahí se queda.
Porque son mis tierras
y no voy a dejar que usted me las quite.
- Yo no le voy a quitar nada, Empera.
Usted sabe muy bien que tiene que devolverme
las fanegadas de tierra
que su padre me quitó indebidamente.
Por error, claro está.
- Mi papá no cometió ningún error.
- Las escrituras dicen lo contrario.
- Usted con las escrituras se limpió los bigotes.
Aquí todo el mundo sabe perfectamente
que la ley lo favorece.
¡Así que lárguense de mis tierras con el mugroso ese
o no respondo!
- ¿Así es como nos vamos a entender
de ahora en adelante, Empera?
Usted me está cerrando el camino.
Soy hombre de paz,
cuando se puede.
Tenga cuidado con esa escopeta, se puede hacer daño.
[Relincho de caballo]
[Relincho de caballo]
[Disparo]
Empera: ¿Y usted qué espera para seguir a su amo?
- Ah, ya, yegua.
[♪♪]
- Parece que Milcíades desempolvó su colección
de armas.
- Don Milcíades Contreras y mucha gente del pueblo.
Pero pa' defenderse de él.
- Ja, muy interesante el panorama.
- Así estamos, patrón.
Cosa de todos los días.
La enfermedad de los animales, las cercas rotas,
problemas con el agua...
Y ahora ha de estar presionando a Empera
pa' que le venda sus tierras.
- Ese hombre está enloqueciendo de nuevo.
- Usted lo ha dicho, don Félix.
Pero cuando enloquece, hace y deshace.
Lo peor es que no se le puede probar nada.
El mañoso condenao.
- No.
Milcíades no está loco.
Nunca lo ha estado.
Milcíades está enfermo.
De rencor, de odio.
Y todo esto hace parte
de un problema que ya llevamos arrastrando hace mucho tiempo,
y tú sabes a qué problema me refiero, Félix.
- Pero si Isabel y tú llevan más de 20 años de casados.
No es posible que todavía él se resista a aceptar
que Isabel no quiso tener nada con él.
Eso es historia pasada.
Y más después de que nacieron mis nietos.
- No, nunca lo aceptó.
Él nunca aceptó mi matrimonio con Isabel.
Desde el momento en que me casé con ella,
juró vengarse.
Juró hacernos la vida imposible.
Pero, pase lo que pase, no lo va a conseguir.
- Bueno, pues, usté ordena, patrón.
- Lo de siempre, Tobías.
Ni un disparo sale de esta hacienda.
No vamos a darle motivos a Milcíades Contreras.
- No se diga más.
Ustedes saben que aquí se hace lo que ustedes ordenan.
Ahora permítanme que me retire.
Voy a recibir a la veterinaria, que creo que ya llegó.
- Vaya, cuando llegue nos avisa.
[♪♪]
Diana: A este paso no vamos a llegar nunca.
[Sopla]
Flor: ¿Ves algo? - Dale, dale, ya, dale arranque.
Ahí va, ahí va.
- ¡Por favor, por favor!
- Eso... Flor: No.
- No, espera, espera.
Flor: [Solloza] - Es aquí.
Eso, eso, ya, ahora sí, dale. Dale arranque, sí.
- ¡Vamos, vamos!
- Ya, ya, ya prendió, prendió. - ¡No!
- Ay.
[Resopla]
- ¿Te das cuenta en la que estamos metidas?
Hace ya yo no sé cuánto no pasa ningún carro.
¿Qué vamos a hacer, Didi?
- Bueno... Flor: [Ríe]
- Creo que vamos a tener que buscar ayuda.
Flor: Ah, ¿crees? - ¡Dios mío, por favor,
mándanos un angelito, alguien, por Dios!
- Por favorcito.
- ¡Ay, sí! Claro que me acuerdo.
Diana: ¡Aquí, pare! ¡Pare, por favor!
- Mira.
- ¡Pare! - ¡Por favor!
- ¿Esas no son las mismas viejas de la pelea en el bar?
- Ah. - ¿Qué hacen aquí?
- Pues solo hay una forma de averiguarlo, ¿no?
Diana: ¡Ay, pare, por favor! ¡Por favor, pare, por favor!
- Momento, momento.
- ¡Gracias por parar!
Es que tuvimos un problema con...
- [Ríe] - No puede ser.
Pablo: ¿Qué pasó?
- ¿Otra vez? ¿Usted?
[♪♪]
- ¡Don Alejandro, don Félix! - ¿Qué fue?
- Patrón, disculpe que los moleste,
pero es que no encuentro a don Tobías
y tenemos uno de los toros afuera del corral de encierro.
No sabemos cómo se salió, necesitamos más gente.
- ¿Dónde está?
- Por allá, por el Alto de Viento Frío.
- ¿Es uno de los sementales?
- El mismísimo Caifás.
- Hay que meterlo en el corral como sea.
- Sí, señor.
- Caifás es uno de mis mejores ejemplares.
- Y el más peligroso.
[♪♪]
[♪♪]
[♪♪]
[♪♪]
[♪♪]
[♪♪]
[♪♪]
- ¡Alejandro!
¿Qué vas a hacer? ¡Alejandro!
¡Alejandro!
- Pero qué bienvenida nos está dando la zona.
Y el galancete nos está ayudando,
¿puedes creer eso?
Oye, ¿lo viste bien? - ¿Eh?
- No está nada mal.
No está nada mal.
En serio.
Guau.
Fortachón... Diana: Ay, qué horror.
- Güerito, bronceado,
ojito de ángel, boca bonita...
Guau.
Oye, hablando en plata blanca,
este como que no canta mal las rancheras.
Yo de ti, le hacía caso.
- Pues sí, no está feo, pero no es mi tipo, ¿ah?
- No me salgas con ese cuento.
No me vas a decir que tienes un tipo en especial.
A ver, a mí, por ejemplo...
A mí, por ejemplo, me gustan todos.
[Ríe]
- Pues, aunque no me lo creas,
físicamente no tengo una predilección específica.
No, no, yo...
Yo quiero un hombre,
que piense y que sienta como un verdadero hombre.
[Relincho de caballo]
Félix: ¡Alejandro!
Alejandro: Venga, venga, venga.
Venga.
- ¡Alejandro! ¿Qué haces, Alejandro?
Diana: El día que me enamore de alguien,
tendrá que ser alguien muy pero muy especial.
A mí no me importa si es bonito, si es feo.
Yo lo único que quiero es que sea valiente.
Que... que quiera dar el todo por el todo.
Ah, y sobre todo que le gusten tanto los animales
como me gustan a mí.
Porque, sinceramente,
yo no me imagino haciendo otra cosa en mi vida.
¿Ves?
- Pero ¿por qué eres tan romántica, Didi?
Te vas a quedar sola. - Ay, ¿por qué?
- Porque ese hombre que tú describes
simplemente no existe, no existe.
Todos son una bola de cobardes.
- No, pues no estoy de acuerdo contigo.
- Mira, vamos a hacer una cosa.
El día que encuentres uno, me consigues otro para mí.
- Ay, el día que encuentre al hombre de mi vida,
el que me mueva el tapete y me haga morir de amor,
ese día te vas a dar cuenta sin que yo te lo tenga que decir.
- Ah, ¿sí? ¿Y por qué?
- Pues porque se me va a notar.
Porque me voy a poner roja como tomate
y se me va a esponjar el pelo,
y no voy a poder ni siquiera hablar.
Y, de paso, se me va a caer hasta el estetoscopio
de las manos, vas a ver.
- Qué exagerada.
Como quien dice, en pocas palabras,
¿este galancete medio patán, pero acomedido,
no te levanta un centímetro la buena?
¿Un centímetro?
Pablo: ¡Bueno, bueno! ¡A ver, muchachas!
- A ver, ¿listo?
- Dale vuelta a la llave.
- ¿Ya? - Ya.
- A ver, bendición.
- Diosito, diosito, por favor, por favor.
[Motor arranca]
[Grita] ¡Bien!
- ¡Sí, gracias, Dios mío! - Ay, qué alivio.
- Oye, es el distribuidor,
y en Soplaviento hay un muy buen mecánico.
- Ah, bueno, cuando lleguemos al pueblo, lo buscamos.
- Pero si quieren, yo las guío, digo...
Por si vuelve a fallar, ¿no?
Me encantan las mujeres que manejan este tipo de carros.
- Eh, ¿y qué tan lejos estamos de Soplaviento?
- Como a unos 20 minutos, está dando la vuelta al cerro,
pero yo paso por ahí para ir a mi rancho.
¿Para dónde vas?
- Vamos a... a una finca, a trabajar,
que nos están esperando.
Pero ya no le quiero quitar más tiempo, qué pena.
¿Cuánto le debo? ¿Cuánto es?
- Las gracias. - ¿Tienes sencillo?
- Oye, ¿cómo se llama la finca?
- Mire, Pablo... - Ajá.
- Estamos muy pero muy agradecidas
porque nos haya ayudado a desvarar, ¿eh?
Pero usted va para un lado,
y nosotras vamos para otro totalmente diferente.
Además, creo que sus amigas están un poco molestas, ¿no?
- Una de esas es mi hermana. - Ajá.
- Ya, Pablo, ya me harté de andar de ángel del camino.
¡Me está doliendo mucho la cabeza!
¡Ya me quiero ir al rancho!
¡Me están picando los mosquitos, no aguanto!
- Para el caso, es exactamente lo mismo.
Flor: Ay, Dios.
- Yo creo que este es el punto en que ya nos despedimos.
¿No le parece?
Es que no puedo perder cinco minutos más,
me están esperando y de verdad se trata de una emergencia.
Así que chau, gracias. Pablo: Adiós.
- Adiós.
[♪♪]
[♪♪]
[♪♪]
- ¡Venga!
[♪♪]
Rodrigo: Isabel, sea lo que sea, vamos a atenderte
con todo el cuidado que sea necesario.
Enfermera: Doctor, disculpe. Rodrigo: Sí, siga.
- Solo falta la química sanguínea.
En un momento la traigo. - Gracias.
[♪♪]
- Bueno, ¿y cómo estoy?
[♪♪]
- Isabel...
Estamos frente a una emergencia.
[♪♪]
- No puede ser.
- ¿Y estas viejas qué están haciendo aquí?
[♪♪]
- [Ríe]
- A pesar de los cuidados,
como que nada ha sido suficiente.
[♪♪]
- Este animal está muy mal.
- Está totalmente deshidratada.
- Flu, rápido, hay que reponerle los líquidos perdidos.
Lo antes posible.
[Suspira]
¿Hay algún otro animal con estos síntomas?
- Varios, y desde hace días.
Pero si quieren, las encamino hasta la casa principal,
y una vez que se instalen, las vuelvo a traer.
- No, no, no, no.
En este momento lo importante es el animal.
Después ya nos instalamos, esto no da espera.
- Eso, qué ni qué.
- ¿Cuál es su nombre? - Tobías, señorita.
- Necesitamos una mesa, por favor.
- Ahora mismo se la traigo.
Y de paso le aviso al patrón que ya llegaron, ¿eh?
Con permiso.
- [Suspira]
Tenme acá.
Ya con esto se va a mejorar.
Ay, chiquitina.
- Vaya, vaya, vaya.
Nunca me imaginé que la finca a la que venían a trabajar
era justamente a la mía.
- ¿Usted es Alejandro Méndez?
- Mi nombre es Pablo Alejandro Méndez Gallardo.
Para servirles a ustedes y a quien me necesite.
- Ah, un momento. Pablo: Ajá.
- Alejandro Méndez ha sido el jefe de mi papá
durante más de 15 años. - Ajá.
- Y fue quien llamó personalmente a solicitar
mis servicios profesionales.
No puede ser.
- A ver, cuéntame una cosa, ¿cómo es el nombre de tu papá?
- Pedro Rivera. - El contador.
- Sí, el contador.
- Pues yo lo conozco perfectamente
porque en efecto le pedí que me mandara una veterinaria.
- ¿Qué? No, no, no, esto no puede ser.
- Yo no le creo, Didi, no le hagas caso.
- Bueno, si quieren que me identifique, acompáñenme.
- No, no, nosotras no vamos a ir a ningún lado.
Aquí hay muchas cosas que hacer, tenemos que trabajar.
- Pues van a tener que acostumbrarse,
porque desde ahora en adelante este señor es su nuevo patrón.
- Ya.
Entonces, lo mejor será que nos demos prisa
para terminar lo que vinimos a hacer.
Y le suplico que, por favor, busque otro veterinario.
- A ver, ¿por qué?
- Porque no me interesa trabajar con usted, señor.
Pero no se preocupe.
Flu y yo somos unas personas muy profesionales
y vamos a esperar hasta que llegue el reemplazo.
Y si se puede retirar, nos ayudaría mucho.
- Pues yo no tengo por qué retirarme,
porque todo esto que ven aquí es mi hacienda.
- Nadie le está discutiendo eso, señor.
- Bueno, a ver, entonces, dígame.
- Lo que pasa es que su presencia
y su conversación interrumpen mi trabajo.
Así que, por favor, retírese, déjenos trabajar, ¿no?
[♪♪]
- Bueno, bueno, bueno, ey, ey, ey.
[Relincho de caballo]
[♪♪]
[Relincho de caballo]
¡Eh, muñeca!
Tranquila y tampoco me dejes hablando solo.
Quiero hacerte una preguntita nada más, ¿sí?
- Por favor, déjenos trabajar, ¿sí?
- Hay una situación...
[Gritos]
Pablo: ¡Cuidado! Flor: ¡Diana, Diana!
[♪♪]
[♪♪]
[Relincho de caballo]
[♪♪]
- ¡Venga, venga!
Félix: ¡Venga, don Alejandro!
Alejandro: Venga.
- ♪ Te voy a enseñar a querer ♪
♪ Como el viento y sol al amanecer ♪
♪ Te voy a embriagar con el aire ♪
♪ Que roza el jazmín de mi piel ♪
♪ Te voy a entregar una a una... ♪
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