Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
♪ No vamos al fracaso o felicidad. ♪
- Dime, Adrián, ¿estarías dispuesto
a irte conmigo a Los Ángeles?
- Yo te juro que si no tuviera a mi hijo,
yo me iría contigo hasta donde tú me lo pidieras,
pero tengo un hijo, y tú no me puedes pedir
que yo lo abandone. - Sí, lo sé, mejor que nadie.
- Tú sabes el amor tan grande que yo siento por ti
y por mi hijo.
Yo no quiero renunciar a ninguno de los dos.
¿Por qué tengo que hacerlo?
- Sí. Hay uno al que no puedes renunciar,
pero al otro sí, créeme que te entiendo.
- ¿Y por qué tengo que renunciar a ti?
¿Por qué? Porque sigo casado con Nelly,
pero tú sabes perfectamente que eso se acabó,
no hay nada entre los dos
y entre tú y yo hay un gran amor.
- Pero ella no piensa lo mismo, Adrián.
Dime, qué quieres que haga con la impotencia
que siento de no poder tenerte.
- Por qué no me das un poco de tiempo.
Déjame intentarlo, dame tiempo nada más.
- ¿Y qué es lo que quieres que haga
durante todo el tiempo?
¿Quieres que me quede esperando,
que me haga a un lado, que me aparte? ¿Ah?
¿Cómo crees que me voy a sentir la próxima vez que tenga
que ver a Nelly contigo o que la tenga que ver
abrazándote, Adrián, así como me sentí ayer? Dime.
- Yo no hice nada. Yo no hice nada.
Te juro, yo ni siquiera respondí.
De verdad.
- Yo te creo. Yo te creo.
Lo que sea, Adrián, pero Nelly es tu mujer,
así no te guste, y va a seguir siéndolo
por el bien de Esteban.
Yo no puedo obligarte a que te vayas conmigo.
Pero tú tampoco me puedes pedir
a que siga sufriendo de la manera
en que lo estoy haciendo.
- Tú no me puedes hacer esto.
César, tú me metiste en esta bronca
y no me puedes dejar ahora.
- Así que la abanderada de la moral
y las buenas costumbres te fue a buscar.
- Sí.
Y ahora también quiere que sea su oreja
en el despacho de su yerno.
Por favor, César, las cosas estaban empezando
a funcionar muy bien.
- Sí, Nelson. Escúchame, escúchame, Nelson.
Escucha lo que estoy diciéndote.
Como hermano te lo digo.
Estoy muy agradecido por todo lo que has hecho por mí.
Salte de ese mugrero.
Y si quieres seguir adelante, hazlo por tu cuenta.
Conmigo ya no cuentes.
[♪♪♪]
Fernanda: Aura está decidida a irse.
¿Qué podemos hacer para impedirlo?
- No, no, no. Es que no puede ser.
Tenemos que convencerla entre todos.
- Yo ya intenté todo, Germán, y nada.
Y la verdad es que ya la entiendo, por Dios.
- Buenas noches, mi amor.
¡Tarán! Mi amor.
- ¿Es para mí? - Claro.
Llevo meses buscándolo, mi amor.
Es un regalo. Deja ponértelo.
Déjame ponértelo.
- Qué bueno que los veo juntos a todos.
No pude hablar contigo, Germán,
porque te fuiste muy rápido del despacho,
pero estuve pensándolo y...
y no te quiero trabajando más ahí.
Es hora que en esta familia todos aprendan a ser
responsables de sus actos.
- Bueno, pero yo también tengo algo importante que decirles,
ya que estamos todos.
Me voy de la casa.
Voy a irme a vivir al departamento de Aura.
Ya estoy cansado de muchas de las cosas
que pasan en esta casa.
- ¿Qué estás diciendo, Ignacio?
Tú...
tú no estás hablando en serio, ¿verdad?
- Tan en serio como tú cuando dices que ya no quieres
a Germán en el despacho.
- Eso no tiene nada que ver contigo.
Germán tiene que pagar por lo que hizo.
- Ah, ¿sí? ¿Qué fue lo que hizo, abuela?
Explícame qué fue lo grave que hizo.
Es que no entiendo.
¿Ser consecuente con sus sentimientos?
Impedir que le echaran a perder la vida para casarse
con alguien que él no quería.
A mí no me parece que sea para un castigo, abuela.
Me parece que es como para apoyarlo.
- Yo no quiero discutir contigo los negocios de la familia.
- Pero si no son los negocios de la familia, abuela,
por Dios. Es pura venganza lo que haces tú.
Es exactamente lo mismo que hiciste con mi hermana,
no estuviste contenta hasta que la corriste
de la casa.
Y ahora es exactamente lo mismo que quieres
hacer con Germán. - Está bien, Nacho.
Si esa es la decisión de Virginia no hay problema.
Yo me voy. - No, no está bien.
Ignacio tiene razón.
Tú no tienes por qué irte a ningún lado.
Y, bueno, tú tampoco.
- Perdóname, mamá, yo ya no puedo ser
complice de las injusticias de mi abuela.
Estás haciendo todo lo posible
por separar a esta familia, y, pues, felicidades,
ya lo lograste.
- ¿Te das cuenta hasta dónde están llegando las cosas, mamá?
¿Vas a hacer algo para impedirlo?
- No te preocupes, Fernanda. Yo me encargo, mi amor.
¿Podemos hablar en privado?
[Suspira]
[♪♪♪]
- Ya, por favor, no me toques.
Adrián, déjame. Esto...
esto es muy doloroso para mí.
[♪♪♪]
- ¿Tú crees que yéndote tú yo voy a olvidarte?
¿Yo voy a dejar de pensar en ti,
de soñar contigo, de desearte?
Aura, dime la verdad.
¿Tú crees que solo cuestión de kilómetros?
¿De verdad tan poquito es el amor que entonces
la distancia lo va a matar?
Mírame. ¿Ves?
Ves, no me puedes contestar porque sabes
que yo tengo razón. Dímelo con el corazón.
Háblame.
- Adrián, no va a ser fácil,
pero te voy a olvidar.
[♪♪♪]
- ¿De verdad tú crees que vas a poder
olvidarme a mí, a mis besos?
[♪♪♪]
- Creo que deberías de reconsiderar
lo que hiciste, Virginia.
No creo que ninguno de nosotros
nos convenga que Germán
se vaya del despacho y de la casa.
- ¿Y por qué no habría de convenirme a mí según tú?
- Soy el encargado de cuidar tus intereses, Virginia.
Creo que es un error esta venganza contra Germán.
- Mira, Rogelio.
A mí que el anodino de tu hijo se vaya o se quede,
me da exactamente igual.
Si lo corrí fue porque debe quedarle muy claro
a él y a todos que todo en esta vida
tiene consecuencias.
- Algo que tampoco parece que tú has entendido, Virginia.
- Volvemos a las amenazas, Rogelio.
Eso es lo que estás queriendo decirme con ese tonito.
Tú intentas algo con ese cuento de que Gregorio
quiso hacer otro testamento,
y terminas hundido hasta el cuello.
- Yo no estaría tan seguro, Virginia.
- ¿Y qué piensas hacer, eh?
¿Falsificar la firma de mi marido
y enseñárselo a Aura
para que te meta a la cárcel por haber escondido
ese documento?
Permíteme recordarte que tu firma
está en el testamento que yo te ordené que redactaras.
- Estás jugando con fuego, Virginia.
- No, Rogelio.
El que está a punto de quemarse eres tú.
Pero aun así, estoy dispuesta a negociar
contigo porque todavía me sirves como marido
de mi hija.
No me quieres de enemiga, Rogelio.
Créeme que no te conviene.
[♪♪♪]
- ¿Qué pasó, comadre? Buenas noches.
Nelly: Hola. Tanque: ¿Cómo anda mi ahijado?
- Bien.
Lo dejé dormidito en la casa.
- ¿Qué crees? El compadre no está.
Se fue a recojer un coche allá
por la salida a Puebla por donde está la... de Juárez,
y yo creo que va a dilatar porque...
- Ah, ya, oficina. - ¿Qué? Mira,
tenemos una buen de chamba.
- Ya lo sé que tienen un buen de chamba,
no, está bien. No, no, no vine a preguntarte
por Adrián.
Ese cuentito de que siempre está recogiendo un coche
ya está muy trilladito, ¿eh, "Tanque"?
La neta no tengo ni ganas de verlo.
No quiero, no quiero ni verlo nada más.
¿Qué vas a hacer al rato?
- ¿Que voy a hacer yo? - Uhm.
- Pensaba ir allá a donde baila la Betina
a tomar un trago, ¿por qué?
- Llévame contigo.
- Ay, si no. Te voy a llevar
a un table dance.
♪ Baila, baila. ♪
- ¡No manches! ¿Es en serio
que me lo estás diciendo?
- Claro que es en serio. Llévame contigo.
- Ah, yo...
- Tengo ganas de tomarme un trago,
de olvidarme de todo lo que está pasando,
siempre estoy metida en mi casa,
nunca hago nada.
- Pero, Nelly, no maches.
Cómo te voy a llevar yo si es un lugar
donde las chavas se quitan la ropa
y hay señores que están chupando
y que se pueden pasar de lanza contigo y...
- Bueno, igual puedo conocer a alguien que valga la pena.
[♪♪♪]
- Esa vieja es peor en persona
que todo lo que me habían dicho de ella.
La verdad sí me asustó.
- ¿Qué quería, Filomena? ¿Te preguntó por Esteban?
- No, Tina.
Esa mujer no tiene sentimientos.
Mira, fui yo la que tuve que mencionarlo
para hacerla sentir mal, pero ni siquiera se inmutó.
No. Lo que quería era amenazarme
porque Gregorio y yo no queríamos.
- Pues, yo me fui porque tú me lo pediste,
pero debí haberme quedado, ¿eh?
¿Qué tal si, no sé, si te atacaba o algo?
Con esa cara de demonio que tiene se ve
que no se anda con rodeos.
- Ni creas que me dejé, Amador.
Bien que le dije sus verdades.
Amador: Bien hecho.
- Que ni crea que porque tiene mucho dinero
puede venir a humillarme cuando quiera.
No. La que me preocupa es mi prima.
Ella sí que le tiene que ver la cara todos los días.
Creo que debería hablarle.
- Pues, si quieres allá está el teléfono.
- Sí, Amador. Creo que es lo mejor.
[Teléfono suena]
- ¿Bueno? - Chelo, soy yo Filomena.
¿Puedes hablar?
- Sí, Filo. ¿Qué pasa?
- Solo quería avisarte que tu patrona
vino a armarme un escándalo.
Ya supo que yo fui la mujer de Gregorio.
- ¿Pero qué te dijo? No quisiera ni imaginármelo.
- A mí me amenazó horrible.
Seguro se va a ir ahora contra ti.
- Te llamo mañana.
- Chelo. Perdón,
podrías preparar un poco de té para todos, por favor.
- Sí. - ¿Qué tienes, Chelo?
¿Estás bien?
- Sí, Fer. Claro. Sí, estoy bien.
Les voy a preparar café y té a todos.
- Llevemos la fiesta en paz.
A mí tampoco me interesa entrar en conflicto contigo.
Lleguemos a un acuerdo.
- Está bien.
Voy a permitir que Germán siga en el despacho
y en la casa como gesto de buena voluntad.
Pero adviértele a él y a tus otros hijos
que esta familia se rige por reglas
que deben cumplirse.
Pon orden con tus hijos que yo haré lo mismo
con mi hija y con mi nieto.
[♪♪♪]
Diles a Fernanda y a Ignacio que quiero hablar con ellos.
- Está bien.
- Y una última cosa, Rogelio.
No quiero volver a escuchar una palabra de ese
supuesto testamento.
¿Está claro?
[♪♪♪]
- No debiste decir eso, Nacho.
Esa bronca era mía
y tú no tenías por qué comprártela.
- No, es que no es nada más por eso, Germán.
Es...
es que yo también ya estoy cansado
de sus chantajes. Estoy cansado
de que crea que tenemos cinco años
y que nos puede seguir manipulando.
- Tal vez lo que tendríamos que hacer es irnos
y dejarla sola.
A ver si así se da cuenta que todo tiene un límite.
Me da mucha pena decirlo, pero Virginia
se lo está buscando.
Perdóname, Fer, no te quiero hacer sentir mal,
pero es la verdad.
- No, Ale, no me hace sentir mal.
Yo creo que mi mamá lo único que está logrando
con esta actitud es de verdad quedarse sola.
[♪♪♪]
- Fernanda, Virginia quiere hablar contigo y con Ignacio.
- Pues, yo prefiero esperarte aquí, mamá.
- No, Ignacio. Vamos los dos.
Vamos los dos porque no quiero que piense
que nosotros estamos en la misma actitud que ella,
¿está bien?
[♪♪♪]
- No debiste negociar con ella.
A ver, papá, dime.
¿Qué le dijiste para que me perdonara la vida?
- Tenemos que hablar largamente sobre ese asunto.
- Qué lástima que aquí no está Sergio.
Logré salvarte el pellejo,
pero tienes que andarte con mucho cuidado
de ahora en adelante.
- No, papá. A ver,
¿quién te dijo a ti que yo quiero volver
a la oficina o que me quiero quedar en esta casa?
- No seas necio, Germán.
No compliques más las cosas.
Logré negociar que te quedaras y te quedas.
[Tocan timbre]
- ¡Voy!
[Silbidos]
- Nelson. ¿Y ese milagro? Pásale.
- ¿Cómo estás, Sergio?
Me imagino que entre mi hermana y tanto trabajo
no tienes tiempo para nada.
- Sí, he tenido mucho trabajo.
- Oye, por cierto, no hemos celebrado bien
la firma del contrato como se merece.
- Precisamente a eso venía,
a ver si me invitabas una copa.
- Está bien, me parece bien.
Es más, por qué no vamos al Backus.
- Sergio, yo la verdad preferiría no salir.
- Bueno. Como quieras. Este...
nos tomamos aquí algo, aquí tengo tequila.
- Sí, claro. - ¿Te parece?
[♪♪♪]
- ¿Ya acabaste de sellar sobre sellado, sobre sellado,
sobre sellado?
- Ya nomás acabo este block.
- Qué tonto eres de verdad.
- Nelly, es que además todavía que termine desde ya
tengo que esperar de todas maneras
a mi patrón porque viene con el coche.
Qué tal si...
- Me vas a decir dónde está o no.
Tanque: Ya te dije que...
Nelly: Se fue con ella, ¿verdad?
¿Se fue con la piruja?
- Ah. Te estoy diciendo la verdad, Nelly.
- Sabes qué, no tengo ganas
de pelearme contigo ni de hacer un escándalo,
ni de mucho menos.
Lo único que quiero es que te cambies
y me lleves a donde Betina, por favor.
- Ya sé. Por qué no vamos acá a la esquina,
unos tacos de cochinita... con su cebollita morada.
¿Eh? Y nos lo refinamos.
- ¿Te da miedo llevarme a este lugar o qué?
Porque a mí no, ¿eh?
De hecho, ya me dio más curiosidad
con todo este relajo que estás haciendo.
- Ah, Nelly, pues...
pues, es que ya no se me antoja ir con Betina.
Para... para qué irnos con Betina.
Mejor nos quedamos aquí, ¿no?
- Bueno, pues, entonces le voy a hablar
a Sergio para que me lleve.
- No, no, no... Este...
no, espérame.
[♪♪♪]
- De verdad, Aura, te parece justo
que cortemos esto cuando apenas está empezando.
- Quién ha dicho que la vida es justa.
A mí no ha hecho más que demostrarme lo contrario.
Cuando pensé que se trataba de sufrir y pedí a gritos
que me mandara una señal,
te mandó a ti.
Ese ha sido mi mejor regalo.
- ¿Y tú qué crees que eres para mí?
- Por lo menos nos demostró que valió la pena
seguir viviendo.
Que valió la pena lo que vivimos, Adrián.
Porque me voy a ir amándote.
- No.
No, no, no, Aura, porque yo no quiero
que te vayas.
Yo no quiero que esto sea una despedida.
Es como si me dijeras ahorita en este momento
que yo me quitara la vida.
- Es nuestra despedida, mi amor.
Abrázame.
Abrázame, por favor.
Me quiero llevar tu olor y todo lo que tú eres
dentro de mi piel.
Esta es nuestra despedida porque yo nunca
te voy a dejar de amar.
Pero...
pero no me puedo quedar esperándote.
Yo sé que si me quedo lo único que voy a lograr
es destruir lo que tenemos,
y voy a dañar nuestro amor,
y yo quiero llevármelo intacto, Adrián.
Quiero llevarte conmigo siempre.
[♪♪♪]
♪ En la vida todo cambia ♪
♪ Y no me quiero equivocar. ♪
- ¿Te gustaría que se enteraran?
♪ Mi corazón ya no resiste ♪
♪ Un sueño de felicidad. ♪
[♪♪♪]
♪ He tratado de olvidar. No consigo. ♪
♪ Quisiera irte a buscar. No me atrevo. ♪
♪ Quiero verte, aunque sea como amigo. ♪
♪ Doy todo por tenerte de nuevo. ♪
♪ Eres parte de mi alma y mi cuerpo. ♪
♪ Quizas te sienta incompleto. ♪
♪ Tú no sabes que por ti yo me muero. ♪
♪ Amor, acabo de llegar ♪
♪ Para sanar un corazón partido. ♪
♪ Corazón partido, me va a matar. ♪
♪ Dime para dónde me va llevar. ♪
♪ Corazón partido, no llores más. ♪
♪ Nos vamos al fracaso o felicidad. ♪
♪ Corazón partido, me va a matar. ♪
♪ Dime para dónde me va llevar. ♪
- Ya perdoné a Germán, Ignacio.
No tienes por qué seguir con esa tontería de que te vas.
- Es que no se trata de Germán nada más, abuela.
Se trata de que mientras las cosas entre tú y mi hermana
no estén bien, yo no voy a cambiar de parecer,
ya te lo dije.
- Ustedes no se dan cuenta que ven todo
desde la perspectiva de Aura.
Y yo qué, ¿por qué me haces esto, Nacho?
No te das cuenta de cuánto me lastimas.
Yo...
lamento mucho si te parezco dura,
pero no sé ser de otra manera,
pero eso no quiere decir que no me duela
lo que me dices.
- No es tan difícil lo que te pido, abuela.
Aura es tu sangre.
- Aura vive un mundo
muy diferente al nuestro, Ignacio.
Lo desprecia, lo insulta cada vez que puede.
¿Por qué tengo que soportarlo yo?
Dame una sola razón para que tenga que vivir
los últimos años de mi vida aguantando su odio.
- No se trata de eso, mamá. - No, sí, sí, Fernanda.
Por supuesto que sí.
Soy una mujer vieja
que quiere vivir sus últimos años al lado
de la gente que quiere, nada más.
Y ahora ustedes me ponen condiciones
para no abandonarme,
para no dejarme morir sola.
- No, abuela, no es eso.
Nosotros también te queremos.
Lo que pasa es que, pues, tienes que aprender
a escuchar a los demás también.
- Te escuché, Nacho.
Me quieres dejar, y me estás partiendo el alma.
Pero sí no puedo hacer nada.
Voy a darte de una vez lo que te corresponde
de tu herencia para que vivas bien.
- Ay, abuela.
- Y tú, Fernanda,
tal vez llegó el momento que...
que les deje la casa a tu marido y a ti.
Si mi familia ya no quiere vivir ella, de qué...
de qué me sirve a mí.
Hace tiempo
vi un lugar muy agradable para personas mayores.
Tal vez sea muy buena idea refugiarme ahí
y ya no causarle más problemas con...
con mi actitud de vieja dura intolerante.
- Estás exagerando, mamá.
- Váyase, hija, por favor.
Váyanse. Yo...
yo me siento muy mal y no...
no quiero que me vean llorar.
Por favor, váyanse.
Váyanse.
[Sollozo]
- No se supone que eres el publicista maravilla.
- Gracias.
- Me extraña que estés inseguro.
- Salud. [Tocan timbre]
- Espérame. Un segundo. - Sí.
- Cuñadita, ¿qué haciendo por aquí?
- Hola.
Si es que todavía me puedes decir cuñadita.
- Bueno, perdón, es la costumbre.
- Hola. - Hola.
- Invítame una copa, ¿no?
- Sí, claro. Ustedes ya me vieron
cara de cantinero o qué.
- Sergio, no sabía que esperabas visitas.
Si quieres nos vemos mañana.
- No, no, no, no, cómo crees.
Nos tomamos un trago los tres.
Ya conoces a Nelson, ¿no?
Es el novio de mi hermana.
- Sí.
- Salud.
Sergio: Salud.
[♪♪♪]
- Órale, esto está mejor de lo que pensaba.
- Sí. Rechido, ¿no? - Sí.
¿Ese tubo qué sostiene, "Tanque"?
- Ese tubo sostiene como a 20 familias.
- Ay, ya, no seas payaso.
Y Betina dónde andará, ¿eh?
- Ah, debe estar en su camerino,
pero ahorita no la podemos interrumpir porque...
- ¿Allá atrás?
Tanque: Sí, allí atrás, pero, pero no hay que ir allá
porque se está concentrando apenas.
Mira, una mesa, una mesa, mira. Vamos.
- ¡Ey! ¡"Tanque"! ¡"Tanque"!
- ¿Qué pasó, mi César?
César: ¿Cómo estás? Bienvenido.
- ¿Qué tranza?
- Hola, mucho gusto. Nelly Sambrano.
- Hola, ¿qué tal? "Tanque", felicidades.
Qué mujer tan hermosa.
César Echarri, para lo que se le ofrezca.
- ¿Echarri? Yo conozco a alguien Echarri.
- Bueno, nos vamos a ir sentando,
mi César, para que... - No, no, no, no.
Espérame, les voy a dar una buena mesa.
Chucho, por favor, sí.
El Echarri no es un apellido muy común.
A lo mejor si hacemos memoria.
- Sí, se llama Aura Echarri.
- Mira, es mi hija.
[♪♪♪]
César: ¿Y de dónde la conoces?
- Es... es una amiga mía de hace tiempo.
Sí.
[♪♪♪]
- Su té, señora.
- Gracias.
- Si desea algo más.
- Sí.
Hay algo más, Chelo.
Esto que he deseado por tanto tiempo.
[♪♪♪]
♪ Corazón partido. ♪
♪ Nos vamos al fracaso o felicidad. ♪
- Eres una traidora, Consuelo.
Una traidora.
Mordiste la mano que te da de comer.
¿Por qué me traicionaste? ¿Por qué?
¿Tú también pensaste sacarle dinero
al imbécil de Gregorio con tu prima?
Tú no vas a salir de aquí.
Sí, sí vas a salir.
Pero primero me vas a escuchar.
Esa asquerosa prima tuya y tú son iguales,
de la misma calaña.
Me queda clarísimo que te confabulaste con ella
para quitarme a mi marido.
- Yo no sabía, señora.
Cuando lo supe ellos ya llevaban un tiempo juntos.
- Mentira.
Lo supiste todo el tiempo y nunca lo dijiste.
Y cuando Gregorio murió,
le entregaste el hijo de Aura a ella,
a esa asquerosa mujer, a la única mujer en el mundo
que nunca debías haberle entregado.
- ¡No se atreva!
No se atreva porque no respondo.
- Tú no puedes hacer eso.
- Vuelva a pegarme. - ¡Sal de aquí!
¡Sal de mi casa inmediatamente!
- Sí me voy a ir,
pero la que me va a escuchar ahora es usted,
Virginia Graham.
Y no se las dé de santa conmigo,
doña Virginia,
que yo sí sé muy bien quién es usted.
Usted nunca quiso a don Gregorio,
y él lo sabía.
- Cállate ya.
- Don Gregorio le dio a ella todo el cariño
que no quiso darle usted, porque a ella sí la amaba.
Quiso ponerla como una reina, le ofreció de todo,
quería divorciarse de usted para casarse con ella.
Y Filomena nunca. Óigalo bien.
Nunca le aceptó nada
porque ella sí lo amaba de verdad,
no como usted.
- Cállate, Chelo.
Y sabes qué, saca mañana
a tu madre del hospital porque yo no pago una más
de esas cuentas.
Carga con tu madre, y si no puedes pagarlo,
ojalá que se te muera mañana mismo.
- No sabe cuánto la desprecio, señora.
Desde hace muchos años.
¿Se acuerda lo que me hizo cuando era casi una niña?
¿Quiere que se lo recuerde?
¿O prefiere que se lo cuente a todo el mundo?
Qué pensarán cuando sepan que usted me obligó
a hacerme un aborto y mandó a que me...
a que me ligaran.
- No, no, eso no es cierto. - Sí lo es.
Cuando la señora Fernanda me llevó con el médico
me lo dijeron y yo me lo callé.
Usted me mandó a ligar para que nunca más
pudiera tener hijos.
[♪♪♪]
- Deja el orgullo de lado, hijo.
Tenemos que mantener a la familia unida.
Germán, te necesito en el despacho.
La situación es muy difícil.
- No me vengas a decir que estamos en la ruina
porque no es cierto, papá.
Virginia me dijo que tienes mucho dinero
en tus cuentas de banco.
Fuste capaz de engañarme, papá.
Me hiciste sentir como un desgraciado
que estaba hundiendo a su propio padre.
- Bueno, hijo,
tenía que decirte algo para que no cometieras
el grave error que estabas cometiendo, entonces...
- Papá, déjalo así.
No tengo ganas de oír otra más de tus mentiras.
Alejandra: Ay, Germán. - No, Alejandra.
No se vale que hagan eso con nosotros.
Nos manipulan, quieren hacer
lo que se les pega la gana y hay que bajar la cabeza
y decirle que sí a todo. No, Alejandra.
- Mira, sí tienes la razón.
Tienes toda la razón del mundo, pero no podemos permitir
que esa señora se ponga en contra de mi papá.
Tenemos que mantenernos unidos.
[♪♪♪]
- Tu hermano es una porquería, no se merece nada.
- Ay, ya te entendí, ¿eh?
Ya lo dijiste como 20 veces.
- ¿Qué voy a hacer, Sergio?
- Mira, Claudia,
lo primero que tienes que hacer es quitar esa cara de sufrida
y segundo, lo que tienes que hacer
es salir, en serio,
divertirte para que pienses en otras cosas.
¿Qué dices, Nelson?
¿La llevamos al bar Backus o qué?
- No, Sergio. La verdad yo...
yo ya estoy muy cansado, y todavía tengo
que preparar unas cosas para presentarle
a tu papá mañana. Así que yo mejor me voy.
- Como quieras. Y, este...
no te preocupes por la campaña.
Hasta ahorita todo está de maravilla.
- Gracias, Sergio. - Cuídate.
- Bueno, con permiso. Hasta luego.
- Adiós.
- Entonces qué, cuñadita, ¿nos vamos de fiesta o qué?
Claudia: Como quieras. - ¿Sí?
[♪♪♪]
- Era una muchachita,
era una niña igual que Aura cuando salí embarazada.
Y usted me condenó a que nunca pudiera tener un hijo.
- Era mi obligación como lo fue con Aura, ingrata.
Que no corrieran con las consecuencias
por acostarse con el primero que llegaba.
- Pero usted no tenía derecho a hacerme eso.
Usted no es Dios.
- Yo soy el Dios de mi casa, de esta familia,
donde tú y todos tus antepasados
no han sido más que servidumbre.
Que es para lo único que sirven
y que es lo que merecen.
Sal de mi casa inmediatamente.
- Cuando recoja mis cosas y me prepare me voy.
No quiero seguir más aquí.
- ¡Vete ya!
- Rece mucho, doña Virginia.
Rece para ver si Dios la puede perdonar.
- Es que no me quiero despedir porque me parece
que eso es absurdo, sabes.
- Ya nos despedimos.
- Solamente quiero amanecer a tu lado
y no separarme nunca, Aura.
[♪♪♪]
- Ay, Adrián, yo...
yo quiero que sepas que ya nos separamos.
Estoy cerrando los ojos porque no te quiero ver más.
Y lo único que te pido es que salgas por esa puerta,
que te vayas y que no mires atrás porque yo...
yo ya te llevo en mi corazón, Adrián,
y solo espero que tú me lleves en el tuyo,
pero tenemos que entender que lo nuestro
no fue en este momento.
Ahorita no, no pudo ser y ya.
[♪♪♪]
- Ok.
[♪♪♪]
♪ Corazón partido. ♪
♪ Dime para dónde me va llevar. ♪
- Ve a Germán, ve a Ignacio, ve a Aura, veme a mí.
Cómo sigues diciendo "ve a tu pobre madre".
Estamos hablando de situaciones muy distintas.
- No, no, no.
Tiene razón de ponerse como se pone.
Le han faltado al respeto, empezando por ti
desde que atravesó Aura esa puerta.
Claro, los demás lo único que han hecho
es seguirte, Fernanda.
- Bueno, Rogelio, ¿a ti qué te pasa, eh?
Quién te entiende.
De repente llegas todo raro con un regalo
enfrente de todos, muy cariñoso
con la cara bien fresca y ahora te pones en mi contra
porque estoy defendiendo a tu hijo y al mío.
Quién te entiende.
- Eso es lo que pasa,
por eso buscas a César porque él sí te entiende, ¿no?
Y eso es lo que están haciendo tus hijos.
Están tratando de separarnos para que regreses
con tu exmarido.
- Pero qué es lo que estás diciendo, Rogelio.
Tú eres mi marido.
Mis hijos siempre te han respetado.
Ellos a mí nunca me han mencionado
nada al respecto, ¿eh?
Y lo único que yo quiero, escúchame bien.
Es defender a mi familia.
Y ya que sale esta palabra,
me gustaría mucho que redefiniéramos
el concepto de familia tú y yo porque al parecer
en tu concepto de familia,
mis hijos no cuentan.
Y yo necesito un esposo que me quiera,
que me entienda, que me respete
y que respete a mis hijos y que me defienda
aunque sea de mi madre.
[♪♪♪]
- Era doble. Tráete otro.
- No. No, no, no. Ya estuvo, comadre.
Ya. Bájale.
- Nelly, ya estuvo o te vas a poner hasta las manitas.
- La neta, Nelly, yo creo que ya
se te pasaron las copitas. - ¡Ay, ya!
Digo, si es el dinero, yo traigo dinero
para pagar esto y para pagarle a ustedes
y a todos. - No, no, no, Nelly.
No es el dinero. Ya sabes que no es el dinero.
El problema es que no puedo llevarte
a la casa de tus jefes arrastrando.
¿Qué cuentas le voy a dar a don Amador cuando te vea así?
- Qué chiquito es el mundo.
Ahora resulta que donde me estoy tomando mis trago,
el papá de mi rival es el dueño.
- ¡Ah! Para acabarla de fregar, este cuate. No.
- Tranquilo, "Tanque".
Acuérdate que es mi lugar de trabajo, por favor.
- Vaya, vaya, vaya. Mira nada más.
Nelly y Betina juntas.
Mis dos cariños adorados.
Qué sorpresa, Nelly. ¿Qué haces aquí?
- Qué tú crees que nomás los hombres ahogan sus penas
en los lugares. Pues, no, mi amor.
Las mujeres también.
- Claro, ella tiene razón.
Ustedes piensan que son los únicos
que pueden ahogar sus penas.
Nosotras también tenemos nuestros problemas.
Qué gusto verte, ¿eh?
Por qué ya no te paras por la tienda.
- Imagínate si me paro en la tienda donde le dije
las cosas a la güera,
me va a sacar a patadas después
de todo lo que le dije.
[Risas]
- Ay, no le hagas caso.
Tú tienes toda la razón.
Esa estúpida solo vino a destrozarnos la vida a todos.
- ¿Qué está pasando con Chelo, mamá?
Tú no te cansas de fastidiarnos la vida
a todos los que vivimos en esta casa, ¿no?
- A mí no me hablas en ese tono.
- ¿Quieres respeto?
¿Eso quieres, mamá, respeto?
Pues gánatelo.
Porque te advierto una cosa.
Si Chelo se va de esta casa por tu culpa,
detrás de ella me voy yo.
- Vas a defender a Chelo antes de saber lo que hizo.
- Lo que haya hecho, mamá.
Es como de la familia, mamá.
Lo que le estás haciendo no es justo.
- Yo solo le doy lo que se merece
a la traidora que mordió la mano que le dio de comer.
- ¿De qué estás hablando?
- De que la amante esa que tuvo tu padre,
es su prima.
¿Te das cuenta?
Chelo siempre estuvo jugándome sucio, Fernanda.
¿Qué quieres?
¿Que la adore por eso?
¿Que la ponga en el altar al lado de tu padre?
Nelly: Ya se hizo la pregunta de siempre.
O sea, qué les da a los hombres que a todos les gusta,
porque es brujería,
les da toloache o les hace algo.
- Yo creo que sí, porque...
- Nelly, ya te dije que no tienes por qué sufrir.
- Ah. - Me tienes a mí
para consolarte.
- Si no de quién... ¿verdad?
Tanque: Tú que dijiste ya le metí mano
porque está borracha, ¿no?
Nelly viene conmigo, hijo.
- Ahora tú qué quieres, mecánico de quinta.
¿Qué quieres ahora? Estúpido.
César: ¡Quieto! ¡Ya, quieto!
¡Ey, ey, ey, ey, ey! ¡Quieto!
- Aquí, tu cuate.
Me tienes harto, gorila.
Te la voy a cobrar todas juntas.
- Ya sabes dónde trabajo, hijo.
Ahí te espero. - Ya van varias.
- Sergio, ¿por qué lo tienes que echar todo a perder?
- Sí, sí, sí. ¡Suéltame!
- Sácalos, Iván.
- Chale. Se me cae que, discúlpame, mi César.
Me cae que yo no soy así, pero este chavo
siempre se pasa de lanza...
- No, ni me expliques, ya lo conozco.
Sabes qué, mejor ya llévate a tu "tomadre"
porque ya está bien chirreada.
- Sí, ahorita me la llevo.
Ahorita vengo, ¿no?
¡Comadre! ¡Comadre!
Ahorita te pago yo... - No te preocupes.
- Vente, vente, comadre. Ya, vámonos.
Mira, agárrame fuerte, eso.
A ver. Mira,
te voy a poner esto en la cara para que no te el fresco.
César: Con cuidado.
[♪♪♪]
Fernanda: Se lo dije muy claro, se va Chelo y me voy yo.
- ¿Pero por qué, mi niña Fer?
- Porque sí, nanita.
- Tú no debes hacer algo de lo cual te vayas
a arrepentir después.
Es tu madre, mi niña.
Y ya lo pensé muy bien anoche y ya lo decidí,
y me voy a ir.
- Bueno, si tú quieres es diferente.
- Buenos días.
- Buenos días, mi niña. - Hola, mi Chelito.
¿Cómo va todo por esta casa?
¿Qué pasó?
¿Por qué tienen la cara triste? ¿Qué pasó?
- Nos estamos despidiendo, niña.
Decidí sacar a mi madre de donde la tengo
para llevármela al pueblo y cuidarla mejor.
- Pe... pero ¿cómo te vas a ir?
No puede ser.
Chelo: Vamos a estar mejor las dos.
Con permiso.
Me voy a hacer algunas cosas tengo pendientes.
- Chelito,
por lo menos espérame a que yo regrese en la tarde
y platiquemos, nos despidamos, algo.
- Claro que sí, mi niña.
Aquí voy a estar toda la tarde.
[♪♪♪]
- ¿Ignacio?
Ya que estoy aquí quisiera que aprovechemos
y estemos juntos toda la tarde.
- Sí.
- Y podemos invitar a Chelo a comer si te parece.
- Sí. - Buenos días, Fernanda.
- Buenos días. - ¿No has visto a mi papá?
Lo estoy buscando, me habló ayer en la noche.
- Sí, voy a buscarlo porque creo que quería
hablar contigo. A ver si lo alcanzo.
- Gracias.
Aura, qué gusto verte
antes de que ahueques el ala.
Me enteré de que te vas y no sabes
el dolor que me da.
- Qué lástima que yo no pueda decir lo mismo.
Tenía la ilusión que ya no tuviera que ver
tu desagradable cara, pero ya ves como es la vida.
Provecho.
- ¿No me vas a acompañar?
[♪♪♪]
- Adrián.
- Sí. ¿Cómo estás?
- Te hablaba porque te quiero pedir un favor.
No sé, quisiera que...
que me ayudaras para poderme despedir de Esteban.
Quisiera verlo por última vez.
¿Tú sabes a qué hora sale a recreo?
- Bueno, el recreo es a las 10:30
y le dan solamente media hora.
- Ok.
Entonces, voy a verlo.
No sabes el gusto que me va a dar poder verlo.
Así sea en silencio no importa.
[♪♪♪]
♪ No llores más. ♪
- Buenos días, señora.
Le traigo su desayuno.
- ¿Ya se fue Chelo?
- No, señora. Está recogiendo sus cosas.
[♪♪♪]
- Pues, ve aprendiendo muy bien todo lo que hacía Chelo,
porque tú la vas a reemplazar.
- Sí, señora.
Permiso.
- Yo creo sí lo voy a hacer.
Digo, Claudia también es socia de la tienda.
Yo creo que no importa que haya estado borracha.
Las cosas que dijo las dijo de verdad, ¿no?
- Ay, hija. Te vas a meter en más problemas.
- Es que es bien chistoso como siempre que te digo algo
me llevas la contra.
[Teléfono suena] - Yo contesto.
¿Bueno?
- Hola, preciosa.
Oye, la próxima vez que te vayas de fiesta,
hazme el favor de no llevarte al gorila ese.
No sabes qué mal me cae.
Dime cómo le hace uno para poderte raptar, ¿eh?
- Y tú te llevaste a tu cuñada también, ¿no?
¿Te la llevaste a tu casa contigo?
- Por supuesto que no.
La llevé a su casa sana y salva.
A la que me hubiera gustado llevarme es a ti,
pero como el guarura ese, pues, ni modo.
Ya habrá otra oportunidad.
De todos modos no te hablé para eso.
Te estoy hablando porque tengo un dato muy importante
que estoy seguro que te va a interesar.
- Es que, bueno, luego, ya hay cosas que ni qué,
compadre, ¿no? ¿Qué podía yo hacer?
La verdad, tú sabes como es la comadre.
Cuando se le mete una cosa en la cabeza ahí está
duro dale, duro dale.
- Y qué quieres que te diga.
A mí no me importa, compadre.
Mientras no le dé malos ejemplos al Grillo, ya está.
Ahí se quedó. Total el niño con los abuelos.
Pero me hubiera dejado a mí y entonces que haga
con su vida lo que se le pegue la gana, ¿no?
- Sí.
- Ahorita vengo, compadre. Tengo algo que hacer.
- ¿Qué?
- ¡Maldito cuida ratas!
Te lo voy a preguntar una sola vez.
¿A qué gente le entregaste a la hija de Aura?
- No sé de qué me está hablando.
Yo no sé nada. - ¡Contéstame!
- No sé de qué me está hablando.
- ¿Quieres que te refresque la memoria?
¡Contéstame! - Yo no sé nada.
- ¡Contéstame! ¡Contéstame, te digo!
¿Dónde está mi nieta? ¿Dónde está?
- No sé nada.
- Te vas a morir si no me contestas.
¿Dónde está, perro? ¿Dónde está?
[Quejidos]
- Ah, sí, pronto.
Esteban.
Esteban: ¡Princesa! Aura: ¡Principito!
Ay, amor. A ver.
Déjame verte. ¡Guau!
Te prometí que me iba a despedir cuando me fuera,
¿verdad? Y aquí estoy.
- ¿Ya te vas a ir?
- Vine a hablar contigo. - ¿Qué parte no entendiste?
De que no te acercaras a mi hijo, ¿eh?
¿Quieres que te mate?
¿Estás buscando que te mate o qué?
[♪♪♪]
♪ Corazón partido, no llores más. ♪
♪ Nos vamos al fracaso o felicidad. ♪
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.