Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
¿Cuándo pensabas contarme que quizá el niño no es mío?
¿Me ibas a tener engañado toda la vida? ¿Esa era tu idea?
Manuel ya lo sabe.
Yo no le he dicho nada.
Me ha llamado María. Manuel ya lo sabe todo.
¿Crees que fui yo? Nos escucharía hablar.
Antes Manuel te sacaba ventaja, pero tú le puedes alcanzar.
¿A que no sabes quién acaba de llegar? Tu jefecito.
La verdad es que no está mal.
Quiero lo que me pertenece.
Tú has tenido esas tierras toda la vida. Ahora me toca a mí.
Quería pediros un favor a todas. Echadme una mano.
A lo mejor mañana todo esto es mío.
Doña Claudia…
¡Ya has oído al juez! No tenemos papeles que lo demuestren. Yo me voy.
¿Tú estás segura?
Ven conmigo.
Tenía miedo y casi acabo con nosotros.
Y yo he estado a punto de renunciar a lo que más quiero.
Eso sí que habría sido una idiotez.
Vamos a la fábrica. Allí no habrá nadie.
Los habíamos separado.
Confía en mí. De esta salimos ganando tú y yo.
Pero ganando de verdad.
Buenos días.
Uy.
- ¿Y esto? - Ven aquí.
Te lo mereces. Ya va siendo hora de que te dejes cuidar.
Pero qué detalle.
Creo que con el pan se me ha ido un poco la mano.
Está un poco amargo, solo un poco.
Ya… Se me ha olvidado en el fuego, pero te preparo otro.
No, no, no.
Quédate aquí, conmigo.
Mañana me saldrá mejor.
Seguro que sí.
¿A qué hora te vas?
No quiero tardar mucho en salir.
Quiero estar en Soria para comer y así volver por la tarde.
¿Vas a cerrar el trato con el fabricante?
Si el acuerdo es bueno, sí. Aunque, pensándolo bien,
podrías venir conmigo. Se te da muy bien negociar.
No será para tanto.
La verdad es que esas mujeres ayudaron mucho.
- Se portaron muy bien conmigo. - Venga, no te quites mérito.
Mi tío se hubiera quitado el sombrero.
Eso habría que verlo.
Ya…
Oye, ayer pensé una cosa.
¿Qué te parece si, cuando nazca el niño, nos vamos los cuatro de vacaciones al mar?
Pues me parece una idea maravillosa.
Y también podemos pasar por Almería, y así le presentamos el niño a mi familia.
Claro, así conocerán al primer Cervantes Rodríguez.
- Eso es. - ¿No?
Sí.
Creo que voy a sacar ese aparato de esta casa.
Manuel.
Adelante, siéntate.
No sé a qué viene tanta prisa.
Espero que sea importante.
¿Comprarte toda tu cosecha de trigo a precio de oro
durante los próximos años es suficientemente importante?
He hecho un trato con la empresa francesa. Les venderé harina de tu trigo
durante muchos años.
Eso es bueno para mí, pero también para ti.
Pues lo siento, pero este año no podrá ser.
Tengo toda la cosecha apalabrada con un fabricante de Soria.
¿Y eso por qué?
Te seré franco: no quería depender de ti y simplemente busqué otra opción.
Te entiendo.
Y no te lo reprocho.
Pero, Manuel,
las cosas entre nosotros han cambiado.
Hemos solucionado todos los malentendidos.
Sí, claro.
¿Entonces?
Escúchame.
Esos franceses se dedican a la industria alimentaria a gran escala.
Nos van a pagar un precio que jamás imaginarías.
Hazme caso. Los próximos años van a ser muy muy buenos para todos nosotros.
No sé… Puede que tengas razón, pero…
¿Pero?
- ¿Ya has firmado con ese hombre de Soria? - Todavía no, pero…
tengo una reunión para ultimar detalles.
Entonces, no pasa nada. No vas a romper ningún acuerdo.
Di a entender que estaba cerrado.
Ya…
Manuel, ¿y si yo pudiera pagarte el doble
de lo que te va a pagar él?
- María. ¿Cómo se lo ha tomado?
Regular. El hombre contaba con nuestro trigo.
Pero me ha agradecido que me acercara a Soria a decírselo en persona.
No sé, me ha sabido muy mal. Espero que no nos guarde rencor.
¿Por qué aceptas la oferta de José si no quieres trabajar con él?
Por el dinero, María. Quiero compartirlo con Claudia. Es una manera de compensarla.
Vamos, estoy agotado.
¡Manuel!
Estarás contento, ¿no?
- Te has librado de Claudia. No sé de qué hablas.
Se ha marchado.
- ¿Qué dices? ¡Tú no te metas!
Es lo que querías, ¿no? La finca entera para vosotros.
Cálmate. Siento que Claudia se haya ido, pero nosotros no tenemos la culpa.
No, claro. Solo le has robado la herencia que le corresponde.
- ¿Qué barbaridades dices? Te equivocas.
Tengo pensado compartir las ganancias de la cosecha con ella.
¿Le darás las migajas?
- Estás siendo injusto. - ¿Sabes qué es injusto?
Que tú seas una terrateniente y que ella, una Cervantes de verdad, ¡no tenga nada!
Hasta aquí. No te permito que le hables así.
- ¿Vas a pegarme como haría tu tío? - ¿Qué pasa?
Gabi, ¿por qué no entras y hablamos con tranquilidad?
¿Eh?
- Venga, vamos. - ¿Qué ha pasado?
¿Dónde estabas? Llevo todo el día buscándote.
¿Qué te pasa?
¿Qué hago mal?
Custodio.
- ¿Qué he hecho mal? - ¿De qué hablas?
Te vi en la fábrica.
¿Cómo?
¿Por qué me haces esto?
¿Es que ya no te gusto?
¿Ya no te gusto?
¿Qué hay, Iván?
¿Dónde has estado estos días?
No quiero que te acerques a mí nunca más.
¿Qué pasa?
Dime, ¿qué pasa?
Te dije que nos habían visto. Fue Inés.
- ¿Qué dices? - Hemos tenido suerte.
Si llega a ser otro, lo sabrían todos.
¿Nos habrían…?
- ¿Nos habrían detenido? - Peor que eso.
Mi padre y mis hermanos nos habrían apaleado.
- ¿Inés dirá algo? - No.
No, no dirá nada, la pobre.
Si no le damos motivos.
Esto se ha acabado.
- Pero habrá alguna forma… - No, no la hay.
Ya te dije que no soy como tú.
¿Va todo bien?
Sí, sí. Estábamos hablando de una cosa de los turnos.
Ah…
Pues… si ya habéis hablado…
a trabajar.
- Buenos días. - Buenos días.
Doña Ascensión.
Hombre, Manuel, ¿qué tal, hijo?
Tú debes de ser María, ¿verdad?
- Sí. - Es la mujer de don Antón,
el antiguo dueño de la fábrica.
¿Cómo no nos conocíamos aún?
Hija, me fui a Valencia a cuidar de mi hermana.
- Ah… - Pero ya está bien.
Así que, a partir de ahora, nos veremos más.
- ¿Y qué tal su marido? - Pues muy bien. En el casino.
Y como las mujeres no podemos entrar, estoy esperándolo como una quinceañera.
Haremos lo mismo. Si ellos tienen un club, nosotras también.
Pues claro que sí. Cuenta conmigo.
- Les damos con la puerta en las narices. - Eso.
- ¡Don Cervantes! - ¡Don Antón!
Bueno, bueno. Menuda cosecha de trigo habéis recogido este año.
- He oído que tenéis los almacenes llenos. - No nos podemos quejar.
Me alegro.
Bueno, nos vamos, que nos esperan.
Tenemos una comida en la fundación benéfica con la que colaboro.
Una fundación que no para de sacarme dinero.
- Ha sido un placer conocerte. - Igualmente.
Y vente a verme un día, así conspiramos contra ellos.
Vamos.
Buen día.
- Hasta luego. - Hasta luego.
Cierra los ojos. Te voy a hacer un regalo.
No los abras, ¿eh?
A la de tres. Una,
dos y tres.
- ¿Te gusta? - Sí.
Dentro de poco, tu padre te podrá comprar una de verdad con lo que ganará.
- ¿Una como la de papá? - No.
- Mucho mejor. - Ya… No le hagas caso. Está exagerando.
- ¿Te gusta? - Sí.
Pues para ti, venga.
A jugar al pasillo.
Bueno, ¿qué, José? ¿Cuándo piensas llevarte el trigo?
Tengo los almacenes a reventar y necesito espacio.
Hay que esperar. Tengo que darle salida a toda la harina que aún tengo.
Ya… ¿Y lo del transporte cómo piensas solucionarlo?
¿A qué te refieres?
Bueno, para llevar semejante cantidad a Francia,
he estado echando cuentas y te va a salir por un pico.
No voy a contratar camioneros.
Negociaré con la empresa de transporte. Es mucho más rentable.
Además, Manuel, tú solo preocúpate por que el trigo esté en buen estado.
De todo lo demás me encargo yo, ¿vale?
De acuerdo.
Ey.
Anímate un poco.
Un vino, Sancho.
¿Qué hace ese aquí?
Pasa de él.
Toma, cóbrate.
- ¿Te vas ya? - Sí, he olvidado una cosa en la fábrica.
- ¿Por qué ha venido? - No lo sé.
Deja de darle vueltas.
Jura que no volverá a pasar.
Te lo juro.
Ey.
Ya está.
Justa.
¿Necesitas algo?
Hablar con José. Llevo días llamándolo y no coge el teléfono.
Es que está de viaje. Si quieres que le diga algo cuando vuelva…
Sí, dile que me contacte de inmediato. Aún tengo el trigo en el almacén.
Y aún no me ha pagado.
Descuida, que le doy el recado.
Díselo, por favor, es importante.
Tengo pagos pendientes y me urge cobrar, ¿de acuerdo?
Está muy nervioso.
Y más que se va a poner.
¿Qué le vas a hacer?
Justa…
te prometí que me encargaría de separarlos.
Confía en mí.
- ¿Está Manuel? - Sí.
Los franceses me han dejado tirado.
No puedo quedarme vuestra cosecha.
- ¿Qué estás diciendo? - Lo que oyes.
No me van a comprar la harina. Y yo no puedo pagaros nada.
No, no, no. José, hemos confiado en ti.
Ya lo sé.
Habrán encontrado un proveedor más barato. No me han dado explicaciones.
Una cosa es que la empresa te deje tirado y otra que nos dejes tirados a nosotros.
Manuel, ¿qué quieres que haga? No tengo dinero para pagaros ese grano.
- ¡Cumple con el trato y páganos! - ¡Yo también tenía un trato con ellos!
- ¡Sin ellos, no puedo pagaros! - ¿Sabes lo que cuesta mantener esto?
Jornaleros, maquinaria, mantenimiento…
¡Por supuesto que lo sé, Manuel!
Pues, si lo sabes, cumple con tu parte y páganos.
¿Sabes por qué he estado tanto tiempo fuera?
Para conseguir vuestro dinero. ¡Está todo invertido, no tengo liquidez!
¡Me da igual! ¡Haz lo que sea, pero páganos!
Está bien.
Os compraré la cosecha.
Reduciré la plantilla en la fábrica, así podré pagaros.
José,
no puedes echarlos a la calle.
Es la única manera.
- Ya… - Toca apretarse el cinturón.
- Pero ellos no tienen la culpa. - ¿Y qué hago?
¿Qué quieres que haga? ¡Manuel quiere que le pague!
Está bien, está bien. No eches a nadie.
No quiero que paguen la mierda en la que nos has metido.
Manuel,
han sido esos franceses. ¡Nos han jodido a todos!
Sí, sí. No se preocupe, lo entiendo perfectamente.
Sí, gracias.
- ¿Qué? - Nada.
He llamado a todas las fábricas que conozco y…
a estas alturas, como es normal, tienen trigo suficiente.
¿Y la de Soria?
No coge el teléfono. Mañana iré a verle.
María, yo creo que José nos la ha jugado.
Yo también lo he pensado.
Como sea así, voy a ir a por él.
Guillermo.
Has apuntado los gastos de la semana pasada como ingresos.
Está todo descuadrado.
Lo siento.
- Lo siento mucho. - Céntrate, Guillermo.
Sé que tu hermana y su marido lo están pasando mal,
pero no debe interferir en tu trabajo.
- Venga, a trabajar. - Tienes razón. No volverá a ocurrir.
¡Guillermo!
¡Guillermo!
Espera.
No hay nadie. Sal tú primero.
Sal tú, que vas en moto y vas más rápido.
Venga, corre.
Corre, corre.
- ¿Cuándo viene papá? - Ya está aquí. ¿No lo has oído?
- Hola. - Hola. ¿Qué tal ha ido?
Tiene grano de sobra, pero está dispuesto a comprarnos toda la cosecha.
Eso sí, a precio de coste.
- Mejor eso que nada. - No digas tonterías.
Nos toca pagar el transporte y tendríamos pérdidas.
Casi mejor si le damos fuego a todo el trigo.
Perdona, María.
Así que era eso lo que querías.
Ganarte la confianza de Manuel y arruinarle la cosecha.
Ahora,
le toca hipotecar la finca o malvenderla.
¿Qué ganamos con eso?
Justa…
la falta de dinero tensa las cosas.
Manuel no tardará en venirse abajo, y con él su matrimonio.
Estará destrozado.
Deberías alegrarte.
Fue idea tuya.
Me dijiste: "En los próximos meses, van a tener muchos gastos".
¿Recuerdas?
- Pepita. - Hola, Manuel.
¿No ha llegado María?
No, no la he visto. Te veo muy bien.
Venga, no hace falta que disimules. Todo el pueblo sabe que estamos en apuros.
Podéis contar con Sancho y conmigo.
Te lo agradezco.
¿Un aguardiente?
- No, mejor ponme un vino. - Venga, un vino.
Qué poco te van a durar las tierras de tu familia, ¿no?
Igual las pierdes antes de que acabe el año.
Gabi, por favor.
Tu tío se estará retorciendo en la tumba por lo inútil que eres.
¡Eh!
- ¡Te voy a…! - ¡Manuel!
- ¡Calma! - ¡Hijo de puta, te mato!
¡Déjame!
Señorito de mierda.
- ¿Estás bien? - Sí, sí. Gracias.
No se lo tengas en cuenta a Gabi, no sabe lo que dice.
Lo de Claudia lo tiene trastornado.
Gabi tiene razón. María, soy un inútil.
Sabe perfectamente lo que hizo. Me conoce bien.
- Eso no es verdad. - Sí que lo es.
María, estoy a punto de perder todo el legado familiar.
Al final he pasado por la caja de ahorros.
¿Y qué te han dicho?
Que, si queremos el crédito, necesitamos…
Sí o sí tenemos que hipotecar la finca. Podemos perderlo todo.
Debemos ser fuertes y tirar para adelante.
¿Dónde vas?
A intentar averiguar qué ha pasado con Claudia.
- Don Guillermo. - ¿Qué pasa?
Custodio, que se nos casa con la Inés.
¡Chicos, que no me entere yo que se queda ninguno con sed!
- Vamos. - ¡Vamos!
Sirve, toma. Trae para acá.
- Venga. ¡Que viva el novio! - ¡Viva!
Custodio.
¿Qué quieres?
- ¿Por qué vas a hacer esa locura? - ¿No puedo tener una vida normal?
¿Por qué dices eso? ¿Qué ha pasado?
Si no me caso, Inés contará lo nuestro.
Eso es chantaje.
¿Y qué hago?
¿Dejo que se entere todo el mundo y que mi familia te mate?
No serás feliz con ella.
¿Crees que no lo sé?
No.
¿Esperabas a otra persona?
¿Seguro?
Que no, tonta. Venga, pasa.
¿Qué querías?
¿Qué opinas de todo lo que está pasando? De todo esto de los franceses.
José está haciendo todo lo que puede por ayudaros.
Ya…
¿Tú cómo estás?
Anda, siéntate, que hace mucho que no hablamos.
Bueno…
Sabes que puedes contarme lo que sea.
Lo sé.
Estoy bien, de verdad.
Hasta mañana.
¿Quería algo, don José?
No está.
¿Cómo dice?
Nada, que…
te veo mirando el escritorio de Guillermo
y te digo que no está.
Ah.
¿Un billete de autobús?
La solución a todos tus problemas.
Ya sabes, todos esos… encontronazos con Guillermo.
No… No sé de qué me habla.
A ver…
Guillermo es la mejor mano derecha que he tenido en mi vida.
Es fiel, leal, muy trabajador…
Pero tiene un pequeño defecto: se despista fácilmente con ciertas cosas.
Entonces, yo creo
que lo mejor para todos es alejar
esas ciertas cosas.
¿Entiendes?
Sí.
O te marchas…
o te corto los cojones.
Tú decides.
Los Cervantes siempre han sido unos sinvergüenzas.
Yo pensaba que Manuel era distinto, pero…
es igual que su tío, ¡un sinvergüenza! ¡Un sinvergüenza!
Gabi, ya está bien.
- Será mejor que te vayas. - Solo quiero hablar con él.
- No levanta cabeza desde lo de Claudia. - Lo sé.
Estoy al corriente. Confía en mí.
- Hazme caso. - Tranquila.
¡Eh, tú! ¡Ven aquí, hijo de puta! ¡Esta vez no te escapas!
¡Esta vez no te me escapas!
- ¡Ven aquí! - Calma, Gabi.
¡Dejadme!
- Vete, por favor. - Sí. Mejor otro día, sí.
¡Cobarde!
Ya está, ya está.
Venga. Ya está.
Necesito hablar con vosotros.
No está Manuel en casa.
María.
Es importante. Déjame entrar.
Justa.
Siento mucho lo que te está pasando.
Yo no debería estar aquí, pero…
Pero ¿qué?
¿Sabes algo que yo deba saber?
Estoy preocupado por vosotros.
Y no me extraña.
- Nos has metido en un problema. - Lo sé.
Y lo siento.
Lo siento mucho.
No debí meteros en ese negocio con los franceses.
Vamos, Justa, ¿qué?
Nada.
Que son las tierras de tu familia y no me gusta ver que lo pasas mal.
¿A qué has venido?
He estado…
pensando cómo conseguir vuestro dinero y…
voy a vender la fábrica.
Es la única manera que tengo de pagaros.
- Gracias por tu apoyo. - Me preocupo por ti.
- ¡Manuel! - Tengo que irme.
Pase lo que pase, yo siempre me preocuparé por ti.
Te agradezco el gesto, pero no me parece una buena idea.
¿Por qué? Es la solución perfecta para vosotros.
Porque, si vendes esa fábrica, mucha gente se quedará sin trabajo, ¿no?
Tengo que irme.
Ya nos arreglaremos Manuel y yo. No te preocupes.
No te lo tomes a mal, pero Manuel es incapaz de llevar las riendas de la finca.
¿A qué viene eso?
A que es verdad.
Las ha heredado, pero no sabe hacer nada. ¿Qué ha hecho para merecerlo?
- ¡No ha hecho nada! - No vayas por ahí.
- Hablas de mi marido. - Ya lo sé.
También sé que tú y yo somos diferentes.
Éramos…
muy diferentes.
No necesitábamos a nadie para conseguirlo todo, no como ellos.
¡Ya está bien! Ya no hay nada que hablar. Ya está.
Buenos días.
- Vaya. - Tostadas en su punto,
café caliente pero no quemado…
¿Qué tal ayer?
No sé, María.
- Cada día lo veo todo más complicado. - Ya…
Gracias.
De nada.
Ayer se pasó José por aquí.
¿José?
¿Qué quería?
Estaba dispuesto a vender la fábrica para ayudarnos.
No tiene sentido. No me lo creo.
Yo tampoco.
Pero no importa. Esto lo solucionaremos tú y yo.
Ah, ¿sí?
¿Cómo?
Son las escrituras de las tierras que nos regaló mi tío.
Estas tierras no pertenecen a la finca de tus abuelos.
Ya…
Ya sé por dónde vas. Sigue, sigue.
Podríamos pagar las deudas y salvar la finca
vendiendo estas tierras.
María, no hay tiempo.
Sería mucho dinero y necesitamos un comprador solvente.
Es que creo que tengo la solución.
Manuel.
¡Don Antón!
- Don Antón. - Manuel.
Disculpe.
Creo recordar que me dijo que su mujer colaboraba con la fundación benéfica.
Sí, claro.
- ¿Podríamos hablar con ella? - Por supuesto. Venid conmigo.
Y por eso estábamos pensando donar nuestro trigo a su fundación.
- ¿De verdad? - Claro.
No queremos malvenderlo y tampoco queremos que se desperdicie.
Ustedes se harían cargo del transporte y de convertirlo en harina.
Son muchas toneladas.
- Con eso, ayudaríamos a muchísima gente. - Claro.
Pero les tenemos que pedir un favor: necesitamos que nos compren unas tierras.
Eso va a ser más difícil, hija. Es una fundación muy pequeña.
Apenas tenemos fondos.
Doña Ascensión, se trata de un terreno muy fértil.
Y se lo dejaríamos a buen precio.
Antón, ¿qué te parece si les compras las tierras a Manuel y a María?
Yo ya estoy retirado de los negocios.
Vamos, don Antón, estoy seguro de que les sacará provecho.
Las compró mi tío antes de morir.
Las que están al otro lado del río.
Sí.
Sí que son buenas.
Pero deben costar un pico.
Diga un precio razonable y no lo discutiremos.
Si las trabaja bien, en pocos años estarán amortizadas. Vamos.
Vamos, Antón, que ahora tienes mucho tiempo libre.
Así sales un poco del casino y me ayudas.
Siga.
Querido Guillermo, tienes razón. No viviré una mentira.
Me marcho a Barcelona esta tarde.
Gracias por haberme hecho feliz.
Custodio.
Rafael, comprueba si han llegado los tres camiones.
Enseguida, don José.
Manuel y María han donado toda la cosecha de trigo.
Y encima han conseguido salvar la finca.
¿Qué?
Nadie sabe cómo lo han hecho, pero la gente está encantada.
- Hola. - Hola.
- Muchas gracias, ¿eh? - Muchas gracias.
Gracias.
Así que enhorabuena.
- Tu idea los ha unido aún más. - ¡Cállate!
O sea, que esa persona que te gusta se ha marchado a Barcelona.
Sí, pero no es solo eso.
A ver…
Es…
Es difícil de explicar.
Te advierto que no me asusto de nada. Yo trabajo en el cine.
Esa persona…
a la que quiero…
no es una mujer.
No es una mujer.
¿Entiendes lo que digo?
María y yo ya nos lo imaginábamos.
¿Cómo?
¿María también?
Desde pequeños.
¿Ese chico es Custodio?
Sí.
¿Mamá también lo sabe?
No nos hemos atrevido a preguntárselo.
Te va a tocar a ti hablar con ella.
- No, no. - ¿No?
Mejor que no.
José.
Manuel está arriba. Lleva un rato esperándote.
- ¿Queda alguien en la fábrica? - No.
- Gabi ya se ha marchado. - Vale.
- Te puedes ir, yo cierro. - ¿Qué vas a hacer?
Voy a hablar con Manuel y a cerrar la fábrica.
Hasta mañana.
Enhorabuena por haber solucionado todo.
Quise ayudaros vendiendo la fábrica, pero María se negó.
Sí, estoy al tanto, sí.
Dime,
¿cómo habéis conseguido el dinero sin hipotecar la finca?
¿Y tú por qué quieres saberlo?
Me sorprende. Es…
mera curiosidad.
Yo no estoy tan seguro de eso.
¿Cómo?
¿No te cansas de mentir siempre?
Lo de la empresa francesa era mentira.
- ¿Qué? - Deja de hacer el imbécil.
- Enséñame esos contratos, a ver. - Te equivocas.
- No me equivoco. - Sí.
Porque esos contratos nunca existieron.
Te lo inventaste para intentar hundirnos.
- No sé qué has… - Y así quedarte con María. ¿Es eso? ¿Eh?
- Manuel, te estás equivocando. - ¿Que me estoy equivocando?
No merece la pena.
Ya da igual lo que hagas.
María no volverá a confiar en ti jamás.
Has perdido para siempre.
¡María!
Tranquilo, caballero. Respire, respire.
No hable.
Vale.
Tranquilo, relájese. No se ponga nervioso.
María.
Sí, sí. Ya están aquí. Respire, respire.
Ya…
María…
Sí.
- María. - Manuel.
Lo siento…
- No hables, no hables. - Lo siento…
Nicolás.
Te vas a poner bien.
Nuestro bebé…
Manuel…
Os quiero.
¡Manuel!
¡Manuel!
¡Manuel! ¡Manuel!
Manuel.
Aquí ya nada te retiene, solo malos recuerdos.
- Anda, vuelve a casa. - ¡Ya estoy en casa!
No son temas fáciles para hablar con una madre.
José me lo ha contado.
Lo importante es que esa criatura aún podría tener un padre.
¡No tenías ningún derecho a decir nada! Este niño es de Manuel.
Todo esto ha sido muy beneficioso para ti, se te queda el camino libre.
La muerte de su marido no fue un accidente.
Alguien le provocó un fallo mecánico.
Nuestro experto ha analizado el depósito dañado.
Es una suerte que su hermano se percatara.
Estamos de camino para detener al sospechoso.
¿Saben quién es?
Se trata de alguien
que sentía un odio profundo hacia su marido,
que tenía motivo y oportunidad.
Y, sobre todo, alguien que tenía los medios.
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.