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Original subtitles

- Se te acaba el tiempo. - Dame unos meses más.

Lo suficiente para verle la carita a mi heredero.

He venido a presentarte al nuevo propietario de la fábrica.

Venimos del notario.

Yo… me estoy muriendo.

Pensé que me había equivocado contigo,

pero no he podido escoger una esposa mejor para Manuel.

Y ahora llevas un Cervantes.

¿Qué haces aquí? Vete antes de que vuelva Manuel.

Asegúrame que ese niño no es mío.

Métete en la cabeza que es de Manuel.

- Se está muriendo don Ramón. - ¿El Sr. Cervantes?

Por algo del corazón. Blas se va para la finca.

Vengo a hablarte de mi hermana Carmen.

- Jamás estuvo con otro. - ¿Claudia es…?

Es tu hija.

Vale, tranquila.

María…

¿Que ese hijo de puta era mi padre?

¿El hombre que me hizo trabajar hasta perder a mi hijo?

Algo te corresponderá de la herencia.

Habrá alguna manera de pedir lo que te corresponde.

¿Sabéis de algún sitio para tomar algo?

Soy la hija de Ramón Cervantes y reclamaré mi herencia.

Esta finca me pertenece.

¿Es buena idea que él sepa que ese niño es mío?

Además, le prometí a María que no se lo diría a nadie.

¿Qué haces aquí, Manuel?

No te oí llegar. ¿Qué tal por Soria?

¿Cuándo pensabas contármelo?

¿Contarte qué?

¿Cuándo pensabas contarme…

que quizá el hijo que esperas no…

no es mío?

¿Pensabas que…

no me iba a enterar nunca de que te acostaste con José?

¿Me ibas a tener engañado toda la vida?

¿Es eso? ¿Esa era tu idea?

Manuel, yo quería contártelo.

Pero tenía miedo.

Entonces, ¿es verdad?

- Manuel, eso fue hace mucho. - ¡No! ¡No estás entendiendo nada!

Lo que me molesta es que no tengas la confianza de contármelo,

que prefieras callarte y hacerme creer que ese hijo es mío.

- ¡Es que es tuyo! - ¡Eso no lo sabes!

¿Cómo estás tan segura?

- ¡Esas cosas se saben! ¡El bebé es tuyo! - No, no. ¿Por qué?

¿Por qué me hiciste creer que por fin había algo bueno en mi vida?

¿Por qué no me dejaste donde estaba?

- Hablemos, por favor. - No hay nada que hablar.

- Has tenido meses para hablar conmigo. - ¡Pues no lo retrasemos más! ¡Por favor!

- Manuel… - ¿Por qué?

Es a ti a quien quiero.

Bonita manera de demostrarlo.

Créeme.

- Por favor. - Ahora creerte sería lo de menos.

Manuel, por favor… Por favor.

Manuel, ¿dónde vas?

- ¿Sí? - Se lo has contado.

Me prometiste que no lo harías.

María.

- Manuel ya lo sabe. María, yo no le he dicho nada.

- Nunca te engañaría con eso. ¿Y cómo se ha enterado?

¡Justa!

Cuando termines, pásate por el despacho.

Rafael, esto tenemos que acabarlo hoy sí o sí, ¿vale?

Buenas.

Buenos días.

¿Hola?

¿Querías algo?

¿Alguna queja de mi trabajo o alguna nueva orden?

Si no tienes nada que decirme, mejor apártate.

Estamos trabajando y podrías mancharte como el otro día.

- Gabi. - Manuel, Manuel, Manuel.

Eh… El abogado nos ha recomendado que solo hablemos delante de él.

¿Qué dices? Siempre hemos hablado sin abogados. ¿Por qué es diferente ahora?

- Solo hacemos lo que es justo. - Y yo no digo lo contrario, ¿eh?

Podemos hablar de todo sin abogados de por medio.

Estás acostumbrado a dar órdenes, pero esta no es tu casa.

Claudia, he leído los papeles

y creo que podemos llegar a un acuerdo antes de pasar por un juez.

Pero es que yo sí quiero pasar por un juez.

Quiero que todo sea legal, quiero que haya papeles con mi nombre.

Claudia Cervantes.

Hablas como si quisiera engañarte, y fui yo quien te dijo que era tu padre.

No es personal. Solo quiero lo que es mío.

Me voy a trabajar. En los papeles pone la fecha de la citación.

Estoy absolutamente dispuesto a compartir mis tierras. Es lo justo.

De hecho, pensaba hacerlo antes de leer esos papeles.

No.

Quiero lo que me pertenece.

Tu tío me explotó.

Me humilló.

¡Trabajé de sol a sol para pagar la multa que hizo que nos pusieran!

¡Trabajé tanto que perdí al bebé, así que no me hables de lo que es justo!

Y de repartir, nada.

Tú has tenido esas tierras toda la vida, ¿no? Pues se acabó.

Ahora me toca a mí.

- ¿Querías verme? - Siéntate.

Veo que te gusta tu trabajo.

Y se te da bien.

Menos callar.

Eso no sabes hacerlo.

Me ha llamado María.

Manuel ya lo sabe todo.

¿Crees que he sido yo?

Siempre me extrañó que me lo contaras a mí en lugar de a él.

Nos escucharía hablar ayer. Me parece que vi su coche.

¡Anda! Qué casualidad.

Todo tiene su lado bueno.

- Manuel ya lo sabe. - ¿Y qué cojones tiene de bueno eso?

La carrera acaba de empezar.

Antes Manuel te sacaba ventaja,

pero tú le puedes alcanzar.

Ya te lo dije, vienen días difíciles para la finca.

Muchos gastos, mucho trabajo, poca liquidez…

Ella estará cansada, harta de esta vida.

Vía libre para ti.

Claro.

- ¿A qué hora os vais? - Siete y media o así.

- ¿Tú también te quedas? - No.

- Todo el día currando. - Todo el día currando.

Sí, claro.

- Luego habrá que tomar algo, ¿no? - Nos vemos en la taberna.

- ¿Vamos? - Ahora voy.

- Nos vemos luego. - Venga, arriba.

Vale, vale.

Hasta ahora.

¿A qué coño estás jugando?

¿Y tú? ¿Qué te pasa?

Pero ¿qué quieres que me pase aquí, en la fábrica?

Háblame bien. Ayer no me hablabas así.

Lo de ayer fue culpa tuya, ¿eh?

No te confundas, yo no soy de esos.

- ¿Fue culpa mía que me besaras? - ¿Te quieres callar?

Mira, no sé qué historia te habrás montado

para quedarte tranquilo, pero fuiste tú el que empezó…

¿Qué coño haces? Que no te acerques.

No quiero que me rondes

ni que estés todo el puto día buscándome con la mirada.

Aquí la gente se da cuenta de todo. Es la última vez que te lo digo.

No te confundas. Yo no soy como tú.

Necesito que me aclares una cosa.

¿Cómo sabías tú todo esto?

- Lo importante es que ahora lo sabes tú. - ¿Desde cuándo lo sabías?

Las explicaciones se las pides a María. ¿Qué te ha dicho?

No pienso hablar de María contigo.

Una mujer que es capaz de engañarte de por vida…

Seguro que tenía algo planificado por si se descubría todo.

Justa.

Yo no podría vivir con una persona a mi lado que me hiciera algo así.

- Justa, cállate. - ¡Mereces respeto, Manuel!

Y que no te engañen.

Hazme caso, por Dios, aunque solo sea una vez en la vida.

Manuel.

¿Qué haces aquí?

- Ya está la cena. - No tengo hambre.

- Manuel, por favor. - María, déjalo.

No tengo fuerzas para seguir con esto.

Estoy muy cansado. Voy a dormir aquí.

Hay que solucionar este problema antes de que se haga más grande.

Dime qué quieres que haga y lo hago.

Necesito volver a confiar en ti, pero es bastante difícil.

Pues confía.

De verdad.

No más secretos.

María, estoy muy cansado. Déjame descansar.

Manuel.

¿Qué le digo a Nicolás?

Le parecerá raro que no cenes.

Invéntate algo,

que eres muy buena mintiendo, ¿no?

Don Manuel.

- ¿Cómo va, Sebas? - Bien, hemos empezado bien.

Démonos prisa. Solo tenemos unos días.

- Sí, hombre. - Sigue, por favor.

¿Qué pasa?

Han llamado antes preguntando por ti, pero no te he querido despertar.

Era alguien de una fábrica de Soria, que habías quedado en llamarles.

Ya… Ya no tiene sentido seguir con eso.

¿No decías que era un buen negocio?

Quizá en unos días esto ya no sea nuestro.

Mejor ir haciéndonos a la idea.

¿Por qué estás tan seguro?

¿Eh?

¿Has hablado con Claudia?

- ¿Quieres que hable yo con ella? - No, no. Ya has hecho suficiente.

¡Don Manuel! ¡Don Manuel, el niño!

¡Nicolás! ¡Nicolás!

Nicolás. Nicolás, tranquilo.

Tranquilo. ¡El vehículo, acercadlo!

¡Herrero, el coche, tráelo!

Ven, ayúdame.

¡Vamos! ¡Vamos!

Venga, vamos. ¡Vamos!

Venga, vamos. ¡Rápido!

¡Vamos!

Tranquilos, está bien. Ya está despierto.

Nicolás, campeón.

Eh, ¿cómo estás?

A ver.

Entonces, estabais en el campo trabajando.

Sí, fumigando.

Con pesticida, imagino. ¿Cuál?

Con el que usaba mi tío, el de siempre, el de la fábrica de Sigüenza.

Pues ha sido eso.

Se lo dije a tu tío, se lo digo a los jornaleros que vienen mareados…

Ese pesticida es altamente tóxico. No deberías usarlo.

Y tú,

estando embarazada, mucho menos.

Bueno, voy a por un jarabe.

Tendréis que dárselo cada ocho horas.

Unos minutos más y os los podéis llevar.

♪ La, la, la, la, la, la. Canta y sé feliz. ♪

♪ La, la, la, la, la, la. ♪

Qué bien juegas, ¿no?

- Estate quieta, Inés. - ¿Qué?

Verás.

♪ Mi amor, déjalo así. ♪

♪ Mejor que sigas tu camino… ♪

Nos están mirando todos.

¿No es lo que querías?

A ver si así te quedas más tranquila, ¿mm?

♪ Tal vez te han convencido. ♪

Hola.

♪ Amor, déjalo así. ♪

♪ Seguir ya no tiene sentido… ♪

¿A que no sabes quién acaba de llegar?

- ¿Quién? - Tu jefecito.

- La verdad es que no está nada mal. - Inés.

- ¿Estás celoso? - ¿Yo?

Qué tonto. Pero si a mí solo me gustas tú.

Vale.

♪ La, la, la, la, la, la. ♪

Bueno, vale. Ya está, ya está. Ya está.

- Pero ¿qué te pasa? - Estás todo el día igual.

Y tú, todo el día de mal humor.

♪ …aquel amor que nos unió. ♪

♪ Y el cielo es azul. ♪

♪ Igual que cuando estabas tú. ♪

♪ El mundo no se detendrá. ♪

♪ La vida debe continuar. ♪

♪ Yo mientras seguiré cantando mi canción. ♪

♪ Canción que dice así. ♪

♪ La, la, la, la, la, la. ♪

♪ Canta y sé feliz. ♪

♪ La, la, la, la, la, la. ♪

♪ Canta y sé feliz. ♪

♪ Canta y sé feliz. ♪

♪ Canta y sé feliz. ♪

Ya estás bien, ¿eh? De eso no hay duda.

¿Puedo salir a jugar?

- Pero que te vea desde la ventana, ¿mm? - Vale.

Nicolás.

Ponte un abrigo para salir a la calle.

Te he preparado el desayuno.

¿Cuándo llegaba Luisa?

A mediodía.

Bien, así no te quedas sola.

Nicolás está bien. Me voy unos días a Madrid.

- ¿A Madrid? - Sí.

Quiero hablar con el abogado por el tema de la herencia.

- ¿Y hace falta que te vayas tantos días? - No.

Pero para buscar trabajo sí.

Hay muchas cosas que solucionar.

Allí hay unos amigos de mi tío que me pueden ayudar a empezar de cero.

Si pierdo la finca, me voy a quedar con casi nada.

De algún lugar tendré que sacar el dinero, ¿no?

Tampoco sería el primero que se tiene que ir del pueblo.

¿No crees que exageras un poco? Igual podemos encontrar una solución.

Tengo que juntar mucho dinero, tengo unas cuantas deudas.

Entre ellas, una bonita herencia que me dejó mi tío:

pagarte a ti y a tu familia todo el dinero que se os debe.

Sabes que hace mucho tiempo que no estoy aquí por dinero.

Estoy aquí por ti, porque te quiero.

Y entiendo que estés dolido.

Pero no hace falta que seas injusto conmigo.

Te encargarás del control del almacén.

Son productos químicos, así que mejor tenerlo siempre cerrado.

Toma.

No la pierdas, que es la única copia.

- Ni siquiera José tiene llave. - Descuida.

Me vas a tener que disculpar. Tengo que recoger a mi hermana.

Rafael, me voy a marchar a recoger a mi hermana.

¡Ey!

- ¿Qué tal el viaje? - Muy bien.

Pero qué lejos está esto y qué frío hace.

Cómo te echaba de menos, hermanita.

Y yo a ti, tonto.

¿Y María?

Está en casa, descansando.

- Pero ¿está bien? - Sí, sí.

Bueno, creo. No sé. Tampoco he hablado mucho con ella.

¿Va todo bien?

No sé. No es la misma María desde que se fue.

Pero, bueno, supongo que será todo cosa del embarazo.

- Su equipaje. - Muchas gracias.

¿Cuántos días te quedas?

Por si me sale alguna prueba en Madrid. Mejor estar preparada.

Espero que hayas traído faldas más largas.

Que no veas cómo son en este pueblo.

Ya me imagino. Pues que espabilen.

¿Y tú? ¿Qué tal?

Estarás aburridísimo por aquí.

- Con lo polvorilla que tú eres. - Bueno, no te creas.

También se pueden hacer cosas.

¡Hombre! ¡Qué maravilla!

¡Qué cosa más bonita!

- ¡Guapa! - ¡Olé, ahí!

Hola.

¡Pero si ha venido Sophia Loren a visitarnos!

- Luisa, la hermana de María. - Sí.

Te sonará de las películas. Ha hecho ya de india y de mujer de la cantina.

- Al final del plano. Casi ni sale. - Por algo se empieza.

- Que sí, tonta. - ¿Qué?

¿Te gusta la fábrica que me he comprado?

- Muy bonita. - Ah.

Lejos de Almería, eso sí. Debe de encantarte el trigo de la zona.

Nicolás se desmayó por los pesticidas.

Son tóxicos. Ya lo sabéis, trabajáis con ellos.

Son rápidos, que es lo que importa, María.

Dejaremos de usarlos en nuestros campos.

Vamos a hacer como antes,

vamos a fumigar con azufre.

Con azufre tardaremos mucho más, y el tiempo cuesta dinero.

Tendrás que pagarnos más.

En estas fechas no puedo pagaros más.

Tenéis que respetar el acuerdo. Lo siento mucho.

El acuerdo era por unos días concretos. Y con pesticida.

Y eso lo hemos cumplido.

Compréndelo, María. Tú miras por lo tuyo, nosotros miramos por lo nuestro.

No, yo miro por la salud de todos nosotros.

Pensaba recoger la paja de la cosecha y contaba con vosotros.

Bueno, mira, quizá en unos días, cuando terminemos, me pueda pasar

con alguno de estos y…

Pero no puedo retrasarlo más.

Si lo dejo más tiempo, se pudre. Eso si no llueve.

¿Esto es por los pesticidas?

Pero si ya visteis a Nicolás.

Os puede pasar también a vosotros.

¿No os importa vuestra salud?

Lo único que me importa es el dinero con el que mantener a mi familia.

Mucha suerte.

Vámonos.

¿Tenéis trabajo mañana?

Pues ya nos gustaría saberlo, pero nosotras vivimos al día.

Necesito ayuda en la finca.

- Hay faena para todas. - ¿A cuánto la jornada?

Sería lo de siempre, pero os pagaría en dos semanas.

Mis hijos comen todos los días, María, no puedo decirles que esperen.

Ah, mira, pregúntale a Claudia, que, como ahora es la finca de su familia,

a lo mejor te trabaja gratis.

No te prometo nada. Si nos sale trabajo y nos pagan al final de la jornada,

pues lo siento mucho.

¡Vamos, señores, ya está el pescado vendido!

¡Todo el mundo a casa!

- Vamos. - No puedo llevarte.

Estoy ocupado.

¿Ocupado? ¿Viene tu hermana a verte y estás ocupado?

No seas pesada, luego nos vemos.

Te acerco yo.

¿En tu descapotable?

- Sí, ¿no? - Vale.

Pero no me puedo despeinar. El peinado me tiene que durar varios días.

Justa se va en media hora.

Coge esos pequeños, Nicolás.

Ponlos ahí.

Muy bien.

Venga.

Mira.

Esa es tu tía Luisa. Es una estrella de cine, ¿eh?

- ¡Hola! - Hola.

¿Tú eres Nicolás?

- Encantada de conocerte. - Vamos a ver los caballos.

Bueno.

No deberías levantar peso.

- Necesito leña. - Pues yo te ayudo.

¿Y Manuel? ¿Por qué no lo hace él?

Porque se ha tenido que ir. No está.

Ya…

Se ha enterado…

y se ha tenido que ir. Yo nunca te dejaría así.

Tú me abandonaste durante unos cuantos años.

Manuel es un Cervantes, María.

¿Sabes? Él solo buscaba un heredero.

Al saber que ese hijo puede no ser suyo,

ha salido por patas.

¿Cómo será tu vida al lado de un hombre así?

José, por favor.

¿Sabes?

Estoy pensando en vender todo lo que tengo.

Y, con el dinero que consiga, voy a empezar una nueva vida.

Podríamos…

fugarnos a Brasil.

Nadie nos conoce en Brasil.

- ¿Qué te parece? - Que no te confundas.

Las cosas están claras.

No tienes que decidirlo ahora, ¿mm?

Tú solo piénsalo.

Tú y yo…

en una playa en Brasil, bailando.

Espero que hayas traído ropa más cómoda. Mañana me tienes que ayudar.

Yo nunca había hecho esto.

Con un hombre, quiero decir. Con mujeres sí, joder. Con muchas.

Con muchas.

- También es mi primera vez. - ¿Con un hombre?

Yo no podría estar con una mujer.

- Siempre he sabido que era… - ¿Maricón?

Especial.

Si esa es la palabra que quieres usar, sí.

Maricón.

No, no. Tú no…

Tú no eres maricón.

Maricón había uno aquí, en el pueblo. La de pedradas que se llevó el pobre.

Hasta que se lo llevaron detenido.

Pero tú y yo no… No somos como él.

¿Y qué somos, entonces?

Tú, no sé. Yo… Yo tengo novia.

No hay nada de malo en esto.

No entiendo por qué hay que ponerle nombre.

¿Nos vemos mañana?

No.

No voy a convertir esto en una costumbre.

¿Hay que madrugar tanto para esto?

Tenemos mucho trabajo. Hay que meterlo todo en el pajar.

¿Todo esto? ¿Nosotras dos solas?

Bueno…

Hacemos lo que podamos.

Hay que hacerlo rápido. En esta época, puede llover en cualquier momento.

- ¿Vamos? - Vamos.

Vamos a por esta.

Vamos allá. Empuja.

Espera, espera.

Lo dejamos por hoy.

Pero si queda todo eso.

Mañana.

¿No decías que si tardábamos se pudría?

Solo espero que no llueva.

Venga, vamos.

- ¿Dónde vas? - Espérame ahí. Ahora te veo.

Míralas, ahí las tienes. Se matan a trabajar todo el día en el campo

y ahora se matan para dejar bien bonita a la patrona para las fiestas.

Ay…

- ¿Qué tal, don Blas? - Hola, María.

Bien, bien.

Me gustaría hablar con vosotras.

María, tenemos mucho trabajo. Yo solo quiero llegar a casa y descansar.

Quiere contaros algo.

Será la primera vez que no queréis chismes. Hacedle caso.

- Luego me cuentas. - Gracias.

Tengo un montón de paja en el patio desde la cosecha.

Y, si no la guardo, se pudre.

Así que quería pediros un favor a todas.

Que me echéis una mano.

- Los favores no alimentan, María. - Lo sé. Y por eso…

repartámoslo.

En cuanto llegue el dinero del ingreso,

os doy la parte que os corresponde.

Hemos recogido juntas el trigo. Yo no me voy a quedar más.

¿Y qué ganas tú con esto?

Lo mismo que vosotras.

Comer de lo que trabajo.

- ¿Y por qué tendríamos que creerte? - Creo que me conocéis.

Normalmente, comparto las cosas.

Y… trato de ser justa.

Lo que no es mío, lo devuelvo.

Muy bonito, pero tenemos mucha faena ahí dentro.

¿No veis que todos se están yendo?

Los demás patrones lo están vendiendo todo para irse a la ciudad.

Porque ahí es mucho más fácil.

Si todos se van, los campos se mueren.

Y, si los campos se mueren, aquí no hay trabajo. Ni para vosotras.

También os tendréis que ir.

A mí me gusta vivir aquí. Es duro, pero…

¿Vosotras os queréis ir?

María, mira.

Cuando tengas el dinero, queremos nuestra parte.

María, para ya, anda.

Por favor.

Perdón.

Después, si queréis, podéis entrar en casa a tomar algo o…

- A refrescaros un poco. - Yo no pinto nada ahí.

¿Cómo que no?

Tú aquí siempre vas a ser invitada. También es tu casa.

Bueno, mañana lo sabremos.

¿Mañana?

- ¿No te lo ha dicho Manuel? - No.

Su abogado ha adelantado la fecha de la citación,

así que a lo mejor mañana todo esto es mío.

Buenos días.

¿Y Manuel?

Disculpad el retraso.

Hemos tenido algún problema.

¿Qué haces aquí?

Apoyar a mi marido en un día tan importante.

¿Qué tal el viaje?

Buenos días, señores.

Buenos días.

Empecemos todo esto cuanto antes.

Están aquí reunidos don Manuel Cervantes, sobrino del fallecido don Ramón Cervantes,

y doña Claudia Barea, que asegura ser hija del fallecido,

para el reparto de los bienes que componen el caudal hereditario.

La herencia del fallecido está constituida, entre otros bienes,

por una finca de labor, amplios terrenos de cultivo diseminados por la provincia,

caballos y demás animales de granja

y una cantidad de dinero aún a determinar depositada en diversas cuentas bancarias.

Lo que tenía que ser. ¡Está visto que es lo que merezco!

- Claudia, todavía podemos ir a juicio. - ¿Para tener una deuda con el abogado?

Ya has oído. No tenemos papeles que demuestren lo que decimos.

- Tu tía… - ¡Eso no sirve de nada, Gabi!

Ese abogado nos ha hecho creer ilusiones ¡y yo ya estoy harta!

¡Estoy harta de todo!

Irse del pueblo puede ser la solución, sí.

Porque yo estoy harta de vivir así, de aguantar reproches y humillaciones.

- ¡Harta! - Estás cansada.

Mañana lo verás todo con otros ojos.

A mi madre la humillaron hasta que murió, y eso no se olvida con echarse a dormir.

- Tu tía tiene razón… - ¡No!

Y, con esto de la herencia, si antes se reían de mí, ahora serán crueles.

¡Me lo recordarán eternamente!

Yo me voy de aquí.

Cariño, ¿cómo que te vas?

Las primas de Vigo. ¿Crees que me acogerían unos días?

Bueno, supongo que sí, pero ¿tú estás segura?

Ven conmigo.

Ahora tengo un buen trabajo, me pagan bien… Tenemos un futuro aquí.

Llevamos toda la vida.

¿Tú has escuchado algo de lo que acabo de decir?

Yo me voy.

Vengas tú o no.

No lo entiendo.

No es justo. Claudia es una Cervantes.

Y aun dando mi testimonio de que eso es así, no ha servido de nada.

Mañana me acercaré al abogado para que me lo explique mejor.

¿Y qué piensas hacer?

María, he encontrado un posible trabajo.

Ya…

Tú te vas a Madrid, ¿y yo?

¿Qué pasa conmigo?

¿Me estás dejando?

¿Es eso lo que está pasando?

¿Eh?

No sé qué contestarte.

¿Has visto qué bonita está la plaza?

Mi madre me traía, pero ya no me acuerdo.

Bueno… Vamos a por algo de beber, ven.

- Con Dios, don Guillermo. - Justa.

¡Hala! A pasarlo bien.

Que tu hermana venga a verme, que no sé nada de ella.

¡Hermana!

Así me gusta, llegar a mesa puesta.

¿Y María? ¿No viene? ¿Y tu padre? Hace días que no lo veo.

Eh… Vamos a por algo de comer.

Quédate aquí en la mesa. ¿Me la guardas?

Ahora venimos.

Tú estás tonto, ¿no?

¿Qué pasa?

María no dice nada, pero Manuel apenas pasa por casa.

- Y no duermen juntos. - ¿Qué dices?

Tienen razón en que es guapa la hermana de tu jefe.

Oye, preséntamelo. Ya es hora de que lo conozca.

Inés, déjalos tranquilos. Están de fiesta.

- Inés… - ¡Guillermo!

Eres Guillermo, ¿verdad?

Nos hemos visto varias veces, pero no nos hemos presentado.

Yo soy Inés.

- Luisa, mi hermana. - ¡Ay! A ti quería conocerte yo.

Me encanta cómo vistes.

Ay, gracias. No es nada.

Se lo vi a Conchita Velasco en una revista y me lo copié.

Inés, no incordies. Están ocupados.

- Adiós. - Hasta luego.

Voy a comprar tabaco. Ve pidiendo tú, ¿vale?

¡Fernando, más vino!

Quiero verte.

No querías convertirlo en una costumbre.

Bueno, hoy es día de fiesta.

- ¿En el río? - No, estará lleno de gente.

Pues vamos a la fábrica. Allí no habrá nadie.

Aquí están.

Fumando a escondidas, como niños.

Vamos.

- ¡Vivan las fiestas! - ¡Vivan!

Ya está. ¿Vamos a por esos dulces?

¡Viva!

¡Viva la Virgen de los Dolores!

¡Viva!

Yo aquí, esforzándome por integrarme, y vosotros ya lo estáis, ¿eh?

¡José!

Ven, tómate algo con nosotros.

¿Dónde está María?

Se ha quedado en casa. No le apetecía venir.

Siéntate, tómate algo. ¿Qué te apetece?

No, gracias. Tengo cosas que hacer.

Me he enterado de lo de la herencia.

Y de que has estado buscando trabajo en Madrid.

¿Y tú cómo sabes eso?

Yo nunca he estado en Madrid.

También podría encontrar trabajo allí.

- Justa, por favor. - Allí no nos conoce nadie, Manuel.

Creí que había sido lo suficientemente claro contigo.

Sí, muy claro.

Conmigo siempre eres muy claro.

Pero al final siempre me buscas.

¿Por qué no hablamos tú y yo de lo que pasa?

A solas.

¿En serio? ¿Te vas sin decirme nada?

Te lo dije ayer y te lo he dicho esta mañana.

- Pero es todo tan de repente… - No lo sería si me escucharas.

Te puedo denunciar por abandono del hogar.

Pero no lo harás.

Porque me quieres.

Gabi, yo no quiero despedirme de ti.

Ven conmigo. Yo aquí no aguanto ni un segundo más.

Ven conmigo. Tenemos suficiente para los dos.

Siéntense. Vamos a salir.

Gabi.

¡Claudia!

José, ¿otra vez aquí?

Sí, por última vez.

Hay algo de lo que me he arrepentido y que no he querido creerme.

Ya, sí… ¿Y no se te ocurre algo del pasado?

Sí, creo que es momento de aceptarlo.

Y hacerme a un lado.

He hablado con Manuel.

Lo que ha pasado no se arregla de un día para otro.

Pero hemos dado los primeros pasos.

Respecto a nosotros…

si quieres,

seguiré en tu vida.

Pero decide tú cuando quieras que lo haga.

Adiós.

Lo siento. Lo siento muchísimo, Manuel. Me he portado como una idiota.

Tranquila, los dos lo hemos hecho.

Tenía miedo de estropearlo y casi acabo con nosotros.

Yo he estado a punto de renunciar a lo que más quiero.

Eso sí que hubiera sido una idiotez.

Te prometo que querré a ese bebé con locura.

Lo sé.

Estos días en Madrid

he tenido tiempo suficiente para darme cuenta de que no…

No puedo vivir sin ti.

Tú has traído luz a mi vida y… ya no quiero vivir sin esa luz.

Si es que no tienes por qué hacerlo.

- Volvamos a casa. - Sí.

Sancho, la cuenta, que tengo que llevar a Nicolás a casa.

Y dame un paquete de tabaco.

- Hola. - Hola.

Oye, ¿has visto a Custodio? No lo encuentro por ninguna parte.

Eh… Estará de farra con mi hermano.

Ya aparecerán, no te preocupes.

- ¿Quieres? - No. Me encantaría, pero… no puedo.

¿Por?

¿En tu pueblo era igual?

O peor. Éramos siempre la comidilla del pueblo.

¿Y eso por qué?

Pues a mí me tenían de fresca para arriba, y a mi hermano…

Tu hermano es un hombre. A ellos les dejan en paz, ¿no?

No te creas.

Le tenían tirria porque prefería quedarse en casa leyendo que salir a buscar novia.

Pero… ¿Guillermo nunca ha tenido novia?

No. Es que mi hermano siempre ha sido un poco… especial.

¿Especial cómo?

Tengo que irme a casa, que tengo a Nicolás fuera.

- Vale. Adiós. - Hasta luego.

Había alguien mirándonos.

¿Quién va a venir? Están todos en la fiesta.

Alguien que haya visto tu moto o mi bici.

Aquí no hay nadie.

- Cálmate. - ¿Que me calme?

Como se corra la voz en el pueblo, estamos acabados.

- Cálmate, habla conmigo. - ¡Que tú no sabes cómo son aquí!

Será mejor que no volvamos a vernos nunca más.

Custodio… Custodio, no te vayas.

Ahora me vas a explicar lo que acabas de hacer.

Porque ya teníamos todo el trabajo hecho.

Los habíamos separado, por el amor de Dios.

Confía en mí.

De esta salimos ganando tú y yo.

Pero ganando de verdad.

¿Vamos dentro?

Te lo mereces. Ya va siendo hora de que te dejes cuidar.

Qué detalle.

- Espero que sea importante. - ¿Comprarte toda tu cosecha de trigo

a precio de oro es suficientemente importante?

Por el futuro.

- ¿Por qué has aceptado? - Por el dinero.

Estarás contento. Claudia se ha marchado.

La finca entera para vosotros.

- Estás siendo injusto. - ¿Sabes qué es injusto?

¡Que Claudia, una Cervantes, no tenga nada!

Vale. Hasta aquí. No le hables así.

¿Y qué vas a hacer? ¿Pegarme?

Te vi en la fábrica.

Si llega a ser otro, nos habrían apaleado.

Esto se ha acabado.

Dentro de poco, tu padre te podrá comprar una de verdad.

- ¿Qué pasa? - Custodio, que se casa con la Inés.

- No puedo quedarme vuestra cosecha. - ¡Cumple con el trato y páganos!

- No puedo pagaros nada. - ¡Me da igual!

Tenemos que ser fuertes y tirar para adelante.

¿Dónde vas?

Voy a intentar averiguar qué ha pasado.

- Te inventaste todo esto para hundirnos. - Manuel, no sabes…

Y así quedarte con María. ¿Es eso? ¿Eh?

La falta de dinero tensa las cosas. Manuel no tardará en venirse abajo.

Y con él, su matrimonio.

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