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Original subtitles

María, tu hermano estaba muy mal. Necesitaba el mejor tratamiento.

- No sabía que estaba aquí. - Menos mal que llegó José.

Él consiguió que lo ingresaran.

- ¿Te ocupas de todo? - Ayudo a tu hermano.

Las cosas no funcionan así.

No habrá próxima vez.

- ¿Por esa mosquita muerta? - Esa lengua.

- ¡Claudia! - Debería verla un médico.

Dadle agua y se le pasará.

Pero si se ha despertado nuestro dormilón.

He tenido que ponerme malo para que vengas.

Tuve que casarme para sacarlos adelante porque no sabía nada de ti.

Calculo que debe de estar embarazada de unas siete semanas.

- ¿Qué hacemos? - Pues quitármelo.

Puedes salir y recuperarte en casa.

Tengo algo que le interesa.

He visto esa foto.

El autobús de vuelta sale pasado mañana.

¡Si no lo coges, entenderé que él te interesa más!

¿Sabes por qué he venido? Porque eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

¿Estás bien?

Eh…

Y, ahora, un ratito al fresco. Ya veréis lo bien que sienta.

A mí no me saque silla, que me tengo que ir. Me marcho.

Ay…

Manuel.

Encantado de conocerte.

- ¿Te quedas mucho tiempo? - Depende. Hay muchas cosas en el aire.

- Ya… Me imagino. - ¡María!

- ¡José! - Mira.

Ven.

- Te presento a mis hermanos. - Ah.

Luisa y Guillermo.

- Hola. - Manuel.

Hola.

- Un placer. - Hola, ¿qué tal? Encantado.

Voy a sacar la maleta del coche.

De haber sabido que era tan guapo…

Bueno…

No ha cambiado nada.

- Esto, para el aseo de la mañana, ¿eh?

Así que ya está todo listo.

Bueno, os dejo, que tendréis mucho de lo que hablar.

- Que descanséis.

- Buenas noches. Buenas noches.

- Gracias.

Hay que ver…

Menudo cochazo.

¿Es él?

¿Quién?

Venga, María, por favor. Yo también he visto la foto.

Y… sigue habiendo algo entre vosotros. Esas cosas se notan.

Gracias a él, mi hermano está vivo.

Así que, si hay algo, es solo agradecimiento.

Cuando volviste a Almería, ¿pensabas verlo a él?

Recuerda que no eres el más adecuado para hacer estos reproches.

Con lo de Justa te equivocas, no es lo que crees.

No quiero hablar de Justa ahora.

- ¿Para qué has venido? - He venido a por ti.

Pero… supongo que es demasiado tarde.

Está bien. No quiero preocupar a tu madre.

Sigamos fingiendo, ¿no?

Pero qué maravilla, Gabi. Voy a llevarlo a la despensa.

Así. Y vente esta noche, que haré algo con todo esto.

Claro.

¿Cómo te encuentras?

No sé.

¿Tú crees…

que podemos pedir que nos devuelvan el dinero?

No sé, no creo.

- ¿Es lo que más te preocupa? - No, pero es bastante dinero.

Nos vendría muy bien ahora.

Claudia, tendremos que casarnos.

Ya sé que no te gusta que te hable de ello, pero…

si vamos a seguir con esto, hagámoslo bien.

Aunque sea para que los demás nos dejen en paz.

Está bien.

Casémonos.

¿Y esas caras?

Concha…

Claudia y yo vamos a casarnos.

Pues ya era hora.

¿Cómo os ha dado por ahí así, de repente?

Ay…

Bueno…

Al menos esta vez no se repetirá la historia.

¡Guardia Civil!

¿Qué?

- ¡Abran! - ¿Qué pasa?

- ¿Y Claudia? - ¿Por qué? ¿Qué pasa?

Dile que salga.

- Pero ¿ha hecho algo o…? - Sabes perfectamente lo que ha hecho.

Aquí estoy. ¿Qué pasa?

Esa es la furtiva.

Con permiso, Concha.

Claudia, vas a tener que acompañarnos al cuartel.

Tenemos que hacerte algunas preguntas.

Don Ramón dice que eres tú la que pone trampas.

- No, interróguenme a mí. - Gabi.

Yo pongo las trampas.

Es tarde para hacerse el valiente.

Bueno, es igual. De momento, vais a venir los dos.

Concha.

Tengo que registrar la casa.

Pasa. No tengo nada que ocultar.

Debería darte vergüenza.

Para vergüenza la educación que le has dado a tu sobrina.

María, no, no. Suelta eso ahí y siéntate, que vamos a desayunar, venga.

Hala.

Tu marido habla poco, pero parece un buen hombre.

Nada que ver con su tío.

No se parecen mucho.

¿Cómo le gusta el café a Manuel?

No, doña Sagrario. No se preocupe, no me quedo a desayunar.

Me gustaría estar en casa a buena hora. El viaje es largo y tengo trabajo.

Hija mía, ¿cómo no me dices antes que os vais ya?

Hubiera preparado algo para el camino.

No, no. Yo… Yo lo preparo.

Me voy yo solo.

Es mejor que María se quede hasta que Guillermo se recupere del todo.

Guillermo ya está bien.

Bueno, ya decidirá ella cuándo volver, ¿no?

Despierta a tu hermano, anda.

No, no. De verdad, no hace falta.

Que duerma tranquilo.

Manuel, ya sabes cómo son los muchachos a esa edad, siempre tienen sueño.

- Ya… - Manuel.

Eh… Para el viaje.

- ¿Vas a dejar que se vaya solo? - Mamá.

- Bueno… - ¿"Bueno" qué?

Habrá que cambiarle unas piezas.

Me voy al taller a por ellas. Eso sí,

esto van a ser unas cuantas horas. Espero que no tuviera prisa.

Hombre, relativamente.

Al final has tenido suerte.

Es la fiesta de la patrona y hay sardinada en la playa.

¿A quién no le gusta?

Claro, hija. Tú aprovecha y enséñale a tu marido el pueblo.

Manuel, verás qué pueblo tan bonito. No te vas a querer ir, ya verás.

- Voy a por Guillermo para que se venga. - Tira.

Vamos.

Oye, María, hay una cosa que no me quito de la cabeza.

No sé, es curioso. Yo hablo poco, pero…

sabes todo sobre mí.

Sabes mi historia con Llanos. Incluso lo de Justa.

Pero yo de ti no sé nada.

Bueno, sé que tienes un pasado. Poco más.

¿Qué ganarías si te lo cuento?

Bueno, tampoco perdemos nada, ¿no?

- ¿Fue él tu primer amor? - El único.

- Íbamos a casarnos. - Ah… ¿Y qué pasó?

Que se fue y nunca volvió.

Estuve esperándolo durante muchos años y…

después fue cuando vino tu tío.

Ya…

Yo no sabía que José iba a regresar al pueblo.

Ya…

Que no se diga que en La Mancha no bailan.

- No marees. A lo mejor no quiere. - Habla por ti. Me encanta bailar.

♪ Ya llega con su sol. ♪

♪ Y volver al mar, salir de fiesta sin parar. ♪

♪ Volver a ver a todos los amigos de antaño. ♪

♪ Y ligar y bañarse a la medianoche. ♪

Hola.

- ¿Quieres un vasito? - Sí.

¿Tú has visto cómo baila?

Sí.

Baila muy bien.

♪ Ver felicidad. Ponerse negro bajo el sol… ♪

- Toma, voy para allá. - Chao.

♪ …ansia de vivir. ♪

♪ De soñar, de olvidar preocupaciones. ¡Ajá! ♪

♪ Ya llega el verano. ♪

No sabía que se te daba tan bien.

Tampoco hemos tenido la ocasión, ¿no?

Estarás de acuerdo conmigo en que tú y yo no hemos empezado con buen pie, ¿no?

Manuel, ¿por qué no te vienes y te enseñamos cómo hacemos las sardinas?

Tengo un hambre…

♪ Ya llega el verano. ♪

♪ Ay, ya llega el verano. ♪

María, necesito hablar contigo. ¿Damos una vuelta?

Ahora vamos con una canción compuesta…

Sí, sí.

Tu madre me ha dicho que estabais aquí y que Manuel se va hoy.

Solo. En cuanto le arreglen el coche.

Eso no lo sé.

¿No sabes el qué?

No sé si se irá solo.

María,

todo lo que me has contado de tu vida junto a él…

No parecías muy feliz.

¿Y ayer?

- Lo que pasó ayer entre nosotros… - No.

- José… - Estábamos bien hasta que vino Manuel.

Lo de ayer me hizo darme cuenta de que ya no siento lo mismo por ti.

Ha pasado mucho tiempo.

Demasiado.

Yo ya no soy la misma, he cambiado.

Lo siento.

Un día te arrepentirás.

Y ese día llámame.

Porque yo te esperaré toda la vida.

- ¿Dónde está Manuel? - Eh… Ha ido a buscarte tras las barcas.

¿No te ha dicho nada? Y luego iba a ver cómo va lo del coche.

Bueno, y eso…

¡Eh! ¡Eh!

¿No pensabas esperarme?

Ya sé que te han soltado por falta de pruebas.

Pero tú no te vas a librar.

- Las encontraré. - No tenemos nada que ocultar.

- Lo que no tenéis es vergüenza. - Cálmese.

Cállate.

¿A quién quieres engañar?

Sé perfectamente que eres su cómplice.

Ya os pillaré. A los dos.

Si algo sé hacer yo…

es esperar.

No deberías haber dicho nada. No necesito tu protección.

No empieces otra vez. Mi hijo no va a nacer en una cárcel.

Y te digo más: a partir de ahora, quieta.

No te quitará el ojo de encima hasta que te pille.

¡Hombre, Tito! El que faltaba ya.

Gabi.

He tenido que mentir por ti en la fábrica.

- He dicho que estabas enfermo. - Gracias. Ojalá fuera eso.

Ya echarás de menos ir a trabajar a diario.

- ¿Por qué lo dices? - ¿No lo sabes?

Don Antón nos ha comentado que vende la fábrica.

¿Cómo que la vende? ¿Y nosotros?

Bueno, eso depende de quién la compre.

Yo empezaría a ahorrar.

Bueno…

¿"Bueno"? ¿A ti te da igual que nos quiten el trabajo?

Claro que no, pero la fábrica de harinas es el principal cliente de Ramón.

Piénsalo.

Si pierden a ese cliente, los Cervantes van a tener problemas.

Y, por una vez, nuestros problemas serán los suyos.

¡Dios!

- ¿Estás bien? - Sí, sí.

Menudo fenómeno el mecánico de tu pueblo.

No me lo puedo creer.

Mi tío me va a matar.

Te va a matar.

- ¿Necesitan ayuda? - Eh… Sí. Necesitamos hacer una llamada.

Ah, bien. Pues claro, subid.

Subid. Os llevamos.

Eh…

- Estáis en vuestra casa. - Gracias.

Hemos hablado con el taller más cercano.

Dicen que pueden ir ahora con la grúa a recoger el coche.

Ah, estupendo.

Pero… no saben para cuándo estará listo.

Y, conociendo España, eso puede ser mañana, pasado o en 15 días.

- Gracias. - Gracias.

Vaya, ¿y ahora qué hacemos?

- Podéis pasar la noche aquí. - Claro.

Buena idea.

No, no. Muy amables, pero creo que ya hemos molestado bastante.

No es ninguna molestia.

Estáis recién casados, ¿verdad?

- Sí. - Sí, se puede decir que sí.

No dejéis que un motor estropeado os fastidie la luna de miel.

¿Mm?

Os dejamos para que os lo penséis.

Aquí tenéis la habitación de invitados.

El baño está al fondo, ¿vale?

Si necesitáis algo, por favor, avisadme.

Y ahora os dejo, que estaréis cansados.

Buenas noches.

La verdad es que no estoy cansado.

Yo tampoco.

María, yo…

todos estos meses, no he podido parar de pensar en ti.

Esto puede acabar muy mal.

Solo quiero que tenga un buen principio

para los dos.

El anterior no me valió.

¿Qué hora es?

Tarde.

Hacía tiempo que no me levantaba con tanta luz.

Sobrio, quiero decir.

Escucha.

Hoy no tenemos nada que hacer.

¿Seguimos con nuestra luna de miel?

A mí me vale.

No, no. No os mováis. Estáis perfectos.

Espero que no os importe. Solamente soy un aficionado.

Como antes.

Estáis guapísimos.

Para vosotros.

¡Han vuelto, han vuelto!

¡Don Ramón, don Ramón!

¡Han vuelto!

Pero qué ganas tenía de verte yo a ti.

- ¡Has vuelto! Toma. - Sí que he vuelto.

No, no. Esto no. Tú y yo teníamos un trato y hay que cumplirlo.

Eso digo yo.

En tu caso, será el primer trato que te dignas a cumplir.

Has vuelto, sí, pero han tenido que ir a buscarte.

Yo también me alegro mucho de verlo.

Espero que hayas dejado a tu familia con buena salud.

- Y a tus amigos. - Sí, con una salud envidiable.

Pero gracias por preocuparse por ellos.

Se acabaron tus vacaciones. Es tarde y hay que preparar la cena. ¡Andando!

Tío, le pido que a partir de ahora modere su carácter con María.

Le recuerdo que es mi esposa.

Venga.

¿Dónde está mi cosa guapa?

Vamos, venga.

Hija de puta.

Hija de puta.

No esperaba verte aquí. Creí que lo habías entendido.

- Te estás equivocando. - No, te equivocas tú. Tengo una esposa.

Hace meses que la tienes y no te ha importado hasta ahora.

Las cosas han cambiado.

Ahora estoy enamorado.

Quiero empezar una nueva vida.

Me he dado cuenta de que no puedo vivir sin ella.

Por eso fui a buscarla. Quiero formar una familia con María y con Nicolás.

Y en esa nueva vida no hay espacio para ti.

Son muchos años, Manuel. Siempre hay sitio para mí.

Justa, no quiero hacerte daño,

pero esto acaba aquí y ahora.

¡Manuel!

¡Sabes dónde vivo!

No puede ser. No, no puede ser.

Antes de ir a buscarte, guardé todo en un baúl.

Por si volvías.

María, creo que ya es hora de que este cuarto sea solo tuyo y mío

y lo llenemos de nuestros propios recuerdos.

Mira.

¡Verdura fresca!

¡Verdura fresca!

Me llevo esta.

- ¿Vamos a por fruta? - Claro.

- Buenos días. - ¡Anda! Buenos días, Claudia.

Está muy rara estos días, de mal humor. Tampoco era la alegría de la huerta, pero…

Mira qué pescaditos.

- ¿Estás bien? - Sí.

Estoy bien.

¿Seguro?

Ponte esto en el cuello, que te irá muy bien.

Gracias.

¿De cuánto estás?

Varias semanas.

- No digáis nada, por favor. - No. Nosotras, calladas.

Enhorabuena.

- No sé si hay algo que celebrar. - Claro que sí.

Vas a ser muy buena madre.

Eres lista, eres valiente, luchas por las cosas que quieres…

Lo harás muy bien.

¿Y Gabi?

¿Lo sabe?

- En cuanto ahorremos, nos casamos. - ¡Uy!

Entonces, nena, ¿dónde está el drama?

¡Claro que hay que celebrar! Voy a por algo para brindar.

¡Ay!

Lo siento.

Creo que fui algo injusta contigo cuando llegaste.

Pensaba que eras de otra manera.

- Muy bien. Gracias, Encarna. - Adiós.

- Gracias. - De nada.

María, espera.

Espera. Entiendo que me odies.

No te odio, Justa.

No lo hago.

Tú me ayudaste a liberar a Manuel, y te lo agradezco.

- No lo hice por ti, lo hice por él… - Ya lo sé.

Vivimos muy cerca la una de la otra,

así que vamos a intentar respetarnos, ¿de acuerdo?

Te deseo lo mejor.

"Conchita Velasco".

- "Ro…". - "Roda…".

- "…jes". - "…jes".

- "Más ilusionada que nunca". - ¡Pero bueno!

¡Pero qué bien lees!

¡Muy bien, Nicolás!

- A ver, ¿qué pone aquí? - "Rodada en Almería.

Santo Tomás es el protagonista de…".

¡María!

¿Y qué?

Sí.

Bonita…

Ay, qué alegría. Venga, vamos a brindar con un mostito.

- Venga. - El primer embarazo no se olvida.

Pero, a partir de este, todos los demás se te van a mezclar.

Pepita, con pensar en este de momento ya me basta.

Bonita.

¿Estás feliz?

- Y un poco asustada. - Claro, llevas a un Cervantes ahí dentro.

Bueno, echando cuentas…

Ese niño está hecho en Almería.

¡Ay, que ese niño va a ser medio andaluz!

Mira, una cosa compensa la otra.

¿He dicho algo que no debía?

No, no. Son los nervios.

Pues hala. Un mostito para quitar los nervios.

- Venga. - Ya.

- Por la vida. - Por la vida.

Eh…

¿Estás segura?

Sí, me lo ha confirmado el Dr. Calderón.

María.

Madre mía, si ahora estás guapa, ¿cómo estarás en unos meses?

¿No estás contenta?

Sí. Lo que pasa es que todavía estoy asimilándolo.

Quiero una niña igual de guapa y lista que tú.

No sé si a tu tío le va a valer con una niña.

Pues se tendrá que conformar.

Se lo digo yo.

¿Mm?

Sí.

Adelante.

Llevas medio día fuera y lo primero que haces al llegar es sentarte.

Se tendrá que acostumbrar a verme sentada.

Una forma muy moderna de llevar una finca. Sí, señor.

La fábrica de harinas en venta y nosotros aquí, sentados.

Sabe que tenemos un trato.

Claro que lo sé. Lo que me extraña es que lo recuerdes tú.

Bueno… Pues en unos meses yo habré cumplido con mi parte.

Has…

Has tardado mucho.

Pero gracias.

Está feliz, no te preocupes.

Para los reproches no tiene problemas, pero las alegrías… Esas se le atragantan.

Ya lo veo.

María, vas a tener un bebé mío.

- Mira, Ramón… - Tengamos la fiesta en paz.

- Es un día especial, no quiero discutir. - Ni yo, pero no me lo pones fácil.

Yo solo defiendo lo mío.

Y mira tú, qué casualidad.

Desde que hice llevar a Claudia al cuartel,

no han vuelto a aparecer trampas en mis tierras. Pero, claro,

tu sobrina no puede ser porque es una mujer muy decente.

Cuidado con lo que dices. Quizá algún día te arrepientas.

No, yo no me arrepiento de nada.

Pues deberías.

Que tengas un buen día, Concha. Ah…

Y a ver si casas de una vez a tu sobrina, que ya se empieza a murmurar.

¿Sabes qué tiene mi sobrina y que tú no tendrás nunca?

Alguien que te ame.

- Don Ramón. - ¿Eh?

Don Ramón, lo estaba buscando. He encontrado algo que debería ver.

- ¿Qué cosa? - En la finca. Vayamos.

Anda, vamos.

Hasta esta cerca, que es suya, llegan sus tierras.

Esto es de Gabi.

Así que robando agua… Y conejos.

¡Cierra!

- Estás preciosa, María.

Cómo corre el tiempo, ¿eh?

- Sí, pasa muy rápido. Pero no tengas prisa.

Lo más bonito es la espera.

Eso lo dices tú porque no tienes que cargar con esto.

Ya estoy, María, perdona.

- He vuelto a ensancharte el vestido, ¿eh? - Vale.

- Luego te lo pruebas. - Vale.

- No tengamos un disgusto en la iglesia. - Esto no se disimula.

Haberte casado antes.

¿Y con qué dinero? Los pobres hacemos las cosas cuando podemos.

Ay, ay, ay…

Vamos.

¿Estás nerviosa?

Un poco.

Pensaba que no iba a estarlo, pero sí. ¿Tú estabas nerviosa el día de tu boda?

Yo no… No soy un buen ejemplo para hablar de mi boda.

- Gracias por venir a peinarme. - Nada. Este es mi regalo de bodas.

- ¿Aquí? - Sí, siéntate.

Que te voy a poner como un pincel.

- ¿Qué haces, Nicolás? - Ven.

- ¿Qué quieres? - Ven, pasa.

- Pasa, abre la puerta. - Voy, voy.

Se supone que a una boda no se puede ir más guapa que la novia.

- Venga, que llegaremos tarde. - Espera, ven. Espera un segundo.

Antes tenemos que hacer una cosa.

Ven por aquí.

Siéntate.

Escucha. Eh…

Nicolás y yo hemos estado hablando

y creemos que tú y yo algún día deberíamos casarnos.

Pero ya estamos casados.

- No, no. - ¿No?

Creemos que debería ser una boda boda.

Una boda en la que yo esté presente.

Porque tú quieres casarte conmigo, ¿no?

- Sí, sí quiero. - ¿Sí?

Pues hagámoslo ahora.

¿Ahora? Pero Blas no creo… que pueda.

Ante la Iglesia ya estamos casados.

Yo lo que quiero es casarme ante ti.

Dame tu mano.

María…

¿Quieres ser mi esposa

desde hoy y para siempre?

Sí, quiero.

Y tú, Manuel…

¿quieres ser mi esposo…

desde hoy para siempre?

Sí, quiero.

Puedes besar a la novia.

- ¿Sí? - Enhorabuena, María.

Me acabo de enterar.

- ¿Qué haces llamando aquí? - Necesitaba escuchar tu voz.

José, para.

¡Basta ya!

Es mejor que no volvamos a hablar nunca más.

Dime que no has pensado en mí todo este tiempo.

Dímelo y cuelgo.

Me tengo que ir. Me están esperando.

Dime que no piensas en lo que dijimos en la playa.

- María, en lo que hicimos. - José…

Lo que nos dijimos en la playa ese día fue un error.

Y lo que hicimos después fue mucho más.

No te creo.

Te conozco, María. No sabes mentir.

Si alguna vez pienso en ese día es porque me arrepiento.

No me importa que ese hijo sea de Manuel.

Puedo aprender a quererlo.

- Escúchame, yo te sigo esperando. - ¡José, no!

No me esperes más.

Haz tu vida como yo hago la mía.

Adiós.

- ¡Vivan los novios! - ¡Vivan!

- ¿Os gustan? - Gracias. Bueno…

- ¡Enhorabuena! Qué guapa. - Gracias.

- Sí, está saliendo todo muy bien. - Ya llevo dos vinos. Estoy alegre alegre.

Gabi.

Enhorabuena.

Quién te ha visto y quién te ve.

- Por fin casado. - Si llego a saber que era tan caro…

- Los ahorros de un mes… esfumados. - Si necesitas ayuda, ya sabes.

- No, no, no, no. No es eso. - ¿Eh?

¿Tú no tienes miedo?

La venta de la fábrica también os afecta a vosotros.

Si alguien compra una fábrica de harina será porque la quiere.

Necesitará trigo, trabajadores…

- Ey, ¿qué tal? - Un momento.

Muchas gracias por venir.

María.

¿Qué haces aquí tan sola?

Eh…

¿Te has arrepentido ya de casarte conmigo?

Claro que no.

¡Gabi!

Lo siento, pero es el día que han dispuesto para la entrega.

¿Qué pasa?

Una multa.

Me han puesto una multa por usar un pozo para regar mi huerto.

Que el pozo no está en mis tierras.

Que estoy robando, dice.

¿20 000 pesetas?

¿Por usar agua? Pero ¿de dónde sacamos 20 000 pesetas?

- ¿Qué pasa? - ¿Tú sabías algo de esto?

- ¿De qué? - De esto.

Buenas tardes. ¿El bar La Flecha?

Me gustaría que me ayudaran a encontrar a una persona. Es un tal José.

Es amigo de la familia de María Rodríguez.

Ay, lo siento, pero es que es muy importante. Por favor.

Gracias.

Va. Venga, bonita.

¿De verdad, tío? ¿En serio?

¿Por una miseria de agua para regar una huerta?

La huerta será suya, pero el agua no. Estaban robando.

- Los robos se denuncian. - ¿El día de su boda?

Eso no es cosa mía, será del juez.

¿Lo de las 20 000 pesetas también es cosa del juez? ¿Eh?

¡Por Dios! ¿De dónde sacarán 20 000 pesetas?

Me parece un buen precio por todos los conejos que han robado.

¡Ah, acabáramos! Que todo esto es por los conejos. Pero usted…

- ¿Adónde vas? - Al cuartel, voy a ver si arreglo esto.

África.

Vamos.

¿De cuánto tiempo cree que está embarazada?

No lo sé, pero de poco, supongo.

No, no, no.

De mucho más tiempo del que piensa.

Haga cuentas.

- Qué guapa. - Vete antes de que vuelva Manuel.

Asegúrame que ese niño no es mío.

¡Métete en la cabeza que es de Manuel!

He comprado las tierras del otro lado del río.

Es un regalo. Nunca os hice un regalo de bodas, pues ahora os lo hago.

Tu madre me pidió que no lo contara.

Dijo que eras hija de un temporero.

¿Ahora me dices que era mi padre?

Te quiero y quiero estar cerca de ti y de nuestro hijo.

¡No digas eso! ¡Que este niño es de Manuel!

- ¡Tu tío! - ¡Don Ramón!

¡Don Ramón!

¡Don Ramón!

- ¿Qué tal tu tío? - Mejor. Habrá sido una bajada de tensión.

Durante mucho tiempo, pensé que me había equivocado contigo.

No he podido escoger una esposa mejor para Manuel.

Y ahora llevas un Cervantes.

¿Justa?

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