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Original subtitles

Niñas, vamos.

Venga, vamos.

¡Julia, otro carajillo!

Ay, Paco, espérese a que María me quite los rulos.

¿Eh?

¿Qué se trae la mujer del alcalde con las hijas de Rocío?

Me acabo de enterar. Ha venido un amigo del alcalde.

Un agricultor rico de estos de La Mancha.

Hicieron la mili juntos y, al parecer, son uña y carne.

Es un potentado que tiene caballos, tierras y una finca que quita el sentido.

Vamos, que a ese le sobran las pesetas.

- ¿Y a qué ha venido? - A buscar esposa.

- ¿Qué dices? - Sí.

- ¿Edad? - Quin…

Veintiuno.

¿No tienen mujeres en La Mancha?

No compares lo secas que son las manchegas con la gracia que tenemos nosotras.

Por lo visto, ya tenía apalabrado ayudar a una chica de aquí, del pueblo.

¿Y eso es ayudar?

¿Casarse con una niña con la mitad de edad como el que va al mercado a por carne?

Mal no va a estar.

Mejor una señora allí que aquí espantando moscas todo el día.

Esto no es lo que quedamos, Valentín.

A mí la que me gustaba era la morena esa de la que me mandaste fotografías.

Sí, la Teresa, ya lo sé. Pero la polio la ha dejado coja.

De poco te va a servir.

Pues esta tampoco me sirve.

- Pues esto ya está. - ¡Uy!

¡Si parezco Lola Flores! Nena, qué manos. Que Dios te las guarde.

- ¿Cuánto te debo por el peinado? - Cincuenta pesetas.

- Paco, me pongo con tu carajillo. - Gracias.

¿Aún te interesa la cadena de oro para tu sobrina?

Claro, para su comunión.

Te vendo la mía por 700 pesetas.

¿Seguro? Es un recuerdo de tu padre.

Pero eso no llena la tripa.

Es preciosa, María. Pero me da apuro.

- Toma. - Pues te la doy por 500.

Quinientas y unas sardinas de las tuyas.

¿Mm?

Hola.

- ¡Mamá, ya he llegado! - ¡Hola, hija!

¿Y esto?

Un dinerillo que me debían en el bar más el sueldo de las salinas.

- Esta noche cenamos de puchero. - Vaya.

¿Te duele la espalda otra vez?

- ¿Quieres que te dé unas friegas? - ¿Para qué, hija? Si ya no tengo arreglo.

No seas agorera. Siéntate ahí, que estarás más cómoda.

Ven, que te ayudo.

- ¿Estás bien? - Mm.

María,

hoy ha venido don Carlos a cobrar el alquiler.

- Ya le debemos diez meses. - Pues ya hablaré con él.

No sé. Igual puedo ir a…

peinar a su mujer o, por la noche, ir a limpiar a su casa.

Me ha dicho que o le pagamos o tendrá que echarnos.

Menos aires, que esto no es un palacio.

Pero es un techo. Si tu padre viviera, se moriría de la vergüenza.

No te preocupes, lo arreglaré.

No se lo digas a Guillermo ni a la niña.

- Así no les preocupamos. - ¿Dónde andan tus hermanos?

♪ Un rayo de sol. Oh, oh, oh. ♪

♪ Me trajo tu amor. Oh, oh, oh. ♪

♪ Un rayo de sol. Oh, oh, oh. ♪

♪ A mi corazón. Oh, oh, oh. ♪

♪ Llegó y me dio tu querer ♪

♪ que tanto y tanto busqué y al fin tendré. ♪

♪ Y quiero ser parte tuya. Dentro de ti siempre… ♪

¡Luisa, Guillermo!

¡Para casa, que nos espera mamá con la cena!

- ♪ Tu alegría y felicidad ♪ - Luisa, vamos.

Venga, tira.

¡Venga!

Venga.

♪ Un rayo de sol. Oh, oh, oh. ♪

- ♪ Me trajo tu amor. ♪ - ♪ Oh, oh. ♪

No tenéis gusto musical.

Escucha.

♪ Tiene la Tarara un vestido blanco ♪

♪ que se pone negro cuando baila tanto… ♪

Mira que eres hortera.

♪ La Tarara sí, la Tarara no. ♪

- ♪ La Tarara… ♪ - ♪ Niña, que la… ♪

Bueno, son bien bonitas mis coplas, ¿no?

Es que Luisa desde que pasó aquellos meses en casa de la tía en Almería

se ha vuelto moderna.

Vas a comparar este pueblucho con una capital.

A Luisa no le gusta tanto la música como los cantantes, ¿verdad?

Además…

¡Cuidado, cuidado, cuidado!

¡Será cafre! Casi nos desgracia. A toda velocidad, sin mirar ni nada.

- El coche es bonito. - Que se vaya.

Se nota que no es del pueblo.

Qué morro.

¿Nos vamos?

- ¿Estás bien? - Sí.

Me cuesta creer que es mamá.

- Nunca la he visto tan contenta. - ¿Y tú? Mírate, con esos mofletes.

- Papá era guapo, ¿eh? - Sí.

- He salido a él. - Sobre todo en el bigote.

¿Esta foto es del año que murió en el naufragio?

Unos meses antes. Mm.

Me da pena no acordarme de él.

Ya me acuerdo yo por los tres. No te preocupes.

Venga, vamos.

- ¿Te importa si hago una llamada? - No, llama.

Operadora. ¿Qué desea?

Conferencia con Alemania.

¿Me indica la ciudad?

- Frankfurt. - ¿Es un particular?

Sí, es un particular.

Dígame el número, por favor.

280051.

No se retire.

Perdone, pero no responde. ¿Desea que…?

Cinco años hace ya que el José se fue y aún sigues llamándolo todas las semanas.

Si te hubiese querido buscar, te hubiese llamado o escrito.

Al principio lo hacía.

Me mandaba una postal todas las semanas. Luego ya…

no sé lo que le pasó.

Sé que lo que te voy a decir es difícil de escuchar,

pero o se ha olvidado de ti o se ha echado una novia allí.

- No tengo tiempo para esto. - Sí, vete.

Los hombres son todos unos golfos. Y tú, más tonta que masticar agua, ¿eh?

Así que pasa página.

- ¿Me vas a echar cuenta? - Que sí. Sí.

Tiene un bar con nevera, televisión… No les falta de nada.

- No quiero. - Harás lo que digamos.

- De eso nada. - No seas maleducada.

- Tiene que disculparla, señor alcalde. - Madre.

No le podemos hacer esto a Luisa.

¿Qué está pasando?

Hemos venido con buenas noticias. Don Ramón se ha interesado por tu hermana.

¿Qué dice?

Para desposarla.

Es un honor. Debería estar agradecida.

¡Pero yo no quiero!

¿Qué locura es esta?

¡Madre! ¡Madre, diga algo!

Por favor.

Mi hija es todavía muy joven para casarse.

Tiene edad suficiente. No puede quedarse pegada a tus faldas.

Además, si estoy bien enterada, debéis meses de alquiler.

Y tenéis deudas con todo el pueblo. ¿Usted qué dice, don Ramón?

Habría una compensación económica muy generosa, por supuesto.

Mi hermana no está en venta.

No es decisión tuya, sino de tu madre.

- No la pueden obligar a casarse. - No, pero pensad en las consecuencias.

Sin dinero, os echarán de la casa.

No os fiarán en el bar ni en el colmado. Ni tendréis ayuda de la parroquia.

El pueblo os dará la espalda.

Sagrario, ¿no prefieres que tus hijos tengan un futuro?

Luisa estaría casada con un potentado dueño de tierras.

Con el dinero de don Ramón, Guillermo podría estudiar una carrera.

Y María no tendría que deslomarse para manteneros.

Sé que despegarse de la pequeña de la casa no es plato de buen gusto,

pero, con tu marido muerto, que en paz descanse,

no puedes hacer otra cosa.

Entonces, ¿estás de acuerdo?

Solo asiente.

No, no, no. Mamá, por favor.

No se hable más. Mañana nos ocuparemos del contrato.

¿No ves? Alegra esa cara, que está a punto de cambiarte la vida.

No me gusta que sea respondona.

No se preocupe, que usted la mete en vereda.

¿Qué ha hecho, madre? ¿Qué ha hecho?

Si papá estuviera aquí, no permitiría nada de esto.

¡Pero está muerto! ¿O es que no lo entendéis?

Si no aceptamos, nosotros también nos vamos a morir de hambre.

¡No lo haré! ¡No me casaré!

¡Luisa!

Luisa, espera.

Voy a mirar en la playa.

Ay, Dios mío.

¡Luisa!

¡Luisa!

- ¿La has encontrado? - Qué va. Sus amigas no saben nada.

- Deberíamos ir a casa. Igual ha vuelto. - ¡Luisa, hija, abre, por favor!

- ¿Qué pasa? - María, ven. Es tu hermana.

- Que ha vuelto, pero se ha encerrado. - ¡Luisa!

¡Luisa!

- ¡Luisa, abre la puerta! - ¡Luisa, cariño!

¡Cariño, abre, por favor, que mamá está preocupada!

Oye, Luisa, por favor. Cariño, abre.

¡Luisa!

Aparta, aparta.

¡Ay, hija mía! Ay, mi niña. Ay, mi niña.

Pero si estas son mis pastillas.

Ay, hija mía. Ay, hija mía.

Ve a buscar a un médico. ¡Ve!

- Ven aquí. - Ay, mi niña.

Arriba, venga.

Hay que hacerla vomitar. Venga, vamos a ver.

Venga.

Venga, abre la boca.

- Muy bien, eso. Muy bien. - Échalo.

Muy bien, muy bien.

Mira, no vuelvas a decir eso.

Mamá, ¿y no podría volver a casa de la tía en Almería? Aunque fuera unos días.

Sabéis que es imposible.

Bastantes favores nos han hecho. Además,

desde que su marido se quedó sin trabajo, apenas les llega para ellos.

Si don Carlos nos diera más tiempo para pagar las deudas…

Yo podría pedirle a Julio que nos prestara dinero.

Y yo puedo dejar la escuela para contribuir más.

Incluso tú, mamá, podrías hacer más arreglos de ropa.

¿No la habéis escuchado?

Una palabra suya y nos convertiremos en unos apestados.

Aquí a nadie le importa que nos muramos de hambre. Y eso pasará.

Todo esto es culpa mía.

¿Qué madre no es capaz de alimentar a sus criaturas?

He fallado a vuestro padre. Y a vosotros también.

Si alguien tiene que quitarse la vida, soy yo.

No digas eso.

Vuestra vida acaba de empezar y ya estáis destinados a pudriros aquí.

He sido una egoísta.

Lo haré.

Me casaré con él por vosotros

y por ti.

Ay, mi niña. Ay, mi niña.

Ya están aquí.

Sagrario, ya está preparado el contrato para que lo firme.

Venga, pasad por aquí.

Sentaos.

Aquí.

En este párrafo se especifican las obligaciones de su hija.

Y en este otro, el dinero que percibirá y los plazos de entrega previstos.

Si está de acuerdo, solo tiene que firmar aquí.

Elíjame a mí.

¿Cómo dices?

Yo soy la esposa adecuada para usted.

- María, ¿qué haces? - Calla.

- ¿Estás loca? - ¡Cállate!

- ¿Qué edad tienes? - Veintiocho.

Una solterona.

No me interesas.

¿Quién quiere vaca teniendo ternera?

Si usted tiene ganado, sabrá que una vaca es más fuerte y cabezona.

Le dará más filetes que una ternera. Lo que necesita es una mujer, no una niña.

- ¿Una mujer como tú? - Resisto el invierno y el sol de agosto.

No me asusta trabajar. Llevo toda la vida peinando, recogiendo sal o fregando.

Mire mis manos.

Son las manos de una princesa comparadas con las de mis jornaleras.

Pues trabajaré hasta que se me caigan los dedos.

Eso habría que verlo.

Deme la oportunidad, deje que se lo demuestre.

Mismas condiciones, mismo contrato.

Usted salda las deudas de mi familia y yo me convierto en su esposa.

- María, para. - Solo hay que cambiar el nombre.

¿Eres virgen?

¿Cómo?

No pretenderás que pague este dineral por una mercancía defectuosa.

Sí, soy virgen.

¿Cómo te llamas?

María.

María…

Hablas demasiado para ser una mujer.

Eso será lo primero que vamos a corregir.

Mañana celebraremos la boda en la parroquia.

Luego partiremos hacia La Mancha.

Tu vestido.

¡María! ¡María! No quiero que hagas esto por mí.

- Por favor, te lo pido. - Yo estaré bien. Yo voy a estar bien.

No te preocupes.

¿Os habéis vuelto locas o qué?

Acabas de arruinarte la vida.

¿Tú qué habrías hecho?

- ¿Yo? - Mm.

Podría haber buscado trabajo en un barco pesquero, como padre.

¿Y desperdiciar tu vida?

Tú, con el dinero que os van a dar… Escúchame.

Puedes estudiar una carrera.

Puedes ser médico, abogado… Puedes ser tantas cosas… ¿No lo ves?

¿A costa de qué?

¿De que mi hermana se meta en la cama de un ricachón?

Tu hermana mayor, a la que le debes un respeto.

¿Cómo te voy a deber respeto si te lo has perdido a ti misma?

Nunca podré agradecerte lo que has hecho por mí.

Prométeme que volverás de visita en cuanto puedas.

Y tú, que no dejarás de soñar hasta convertirte en una actriz de cine.

- Y cantante, como la Marisol. - Claro.

María.

- ¿Qué? - ¿Te da miedo?

Pensar en tu noche de bodas.

Sí, pero pensaré en otra cosa.

¿En qué?

En el mar.

El mar me gusta mucho.

Pensaré que estoy en la playa, con el ruido de las olas.

Al calor de la arena.

Mi cuerpo estará allí, pero mi mente estará muy lejos.

¿Echarás de menos el mar en Alemania?

No será lo único que eche de menos.

Ojalá no tuvieras que irte.

No puedo desaprovechar la oportunidad.

Los sueldos en el extranjero no son como aquí.

Con la miseria que me pagan aquí descargando pescado,

no podríamos casarnos hasta los 30.

Pues te esperaré lo que haga falta.

- Escúchame. - ¿Qué?

Ya me esperaste el servicio militar. No quiero que se nos pase el arroz.

¿Por qué no te vienes conmigo?

No puedo. Mi familia me necesita, ya lo sabes.

En cuanto consiga el dinero, volveré y nos casaremos.

En esta misma playa.

¿Qué te parece?

- ¿Me lo prometes? - Te lo prometo.

María, escucha.

¿Estás segura?

- ¿Ha visto qué bonita es la iglesia? - Mm…

No se preocupe, que seguro que viene.

Seguro que viene, don Ramón. Seguro.

- Y después nos tomamos un vinito. - Bien.

- Sí que es viejo el novio, ¿no? - Mejor, así se queda viuda antes.

¡Mira, ahí viene! Ahí viene.

¿Quién nos iba a decir que no se quedaría para vestir santos?

- Pensaba que era la novia de José. - ¿De José?

¿No se iban a casar cuando volviera?

Llevan muchos años sin verse. Ese tendrá hasta chiquillos en el extranjero.

- Seguro. - Sí.

- Mira qué guapa. - Está guapísima.

Qué bien le sienta el blanco.

¡Guapa!

Queridos vecinos,

hoy estamos aquí reunidos

para asistir al más feliz de los sacramentos.

Hoy celebramos el matrimonio entre María Rodríguez y Manuel Cervantes,

quien, desgraciadamente, no puede estar hoy aquí con nosotros.

¿Cómo?

- ¿Qué quiere decir? - Celebraremos una ceremonia abreviada

en la que don Ramón Cervantes

lo sustituirá en el intercambio de anillos.

¿Alguien me explica qué pasa aquí?

Un matrimonio por poderes, hija.

- No nos ha dicho nada de eso. - No tengo por qué darte explicaciones.

No me casaré con alguien a quien no he visto.

- Prosiga. - No, pare.

¿Quién es Manuel?

Mi sobrino. Siga.

¿Por qué no ha venido a casarse conmigo en persona?

Basta.

Otra pregunta y me voy. Y tu familia se queda sin el dinero.

Sea quien sea, no puede ser peor que usted.

Sigamos.

¡Guapa! ¡Guapa!

Te queremos invitar a unos vinos para celebrarlo.

Prefiero partir cuanto antes. Nos espera un viaje muy largo.

- Qué ceremonia tan bonita. - Preciosa.

Te echaré mucho de menos.

Yo también os voy a echar mucho de menos.

Siento que Guillermo no haya venido.

- No os preocupéis por mí. - Dele recuerdos.

Os quiero mucho a todos. A todos, ¿de acuerdo?

- Gracias por todo. - De nada.

¿Me permite, señora?

Vámonos, niña.

Venga.

¡María! ¡Espere, por favor! ¡Pare el coche! ¡María!

¡Pare el coche!

- Guillermo. - ¡María!

- ¡Pare, es mi hermano! - Que hubiera venido antes.

¡María!

- ¿Estás loca? - ¡Frene o me tiro!

¡María!

Siento mucho todo lo que te he dicho. He sido un egoísta, lo siento.

- Perdona. Perdóname. - No hay nada que perdonar.

- Sí. Te quiero. - Yo también te quiero, Guillermo.

María.

Sube ahora mismo o te vas andando.

Ya hemos llegado.

Anda, levántate.

¡Fea! ¡Fea!

Me has echado de menos, ¿verdad que sí?

¿Te han dado de comer? ¡Uy! Ahora te doy alguna cosa rica.

Venga.

Tú, venga, date prisa.

¡Fea!

Vamos, Feíta.

Te voy a dar algo de comer rico.

A ver si te gusta. No, ven aquí, ven aquí, ven aquí. Ven.

Venga, aquí.

Un poco para ti y un poco para mí. No, no. Este es mío.

Toma.

¿Quién es esta mujer?

Se llama María.

¿Y qué hace aquí?

- Ha venido conmigo desde Almería. - Ya… ¿Y qué hace así vestida?

¿No lo ves? Es tu nueva esposa.

- ¿De qué está hablando? - De tu esposa.

- El casamiento ha sido esta mañana. - No. No, no, no.

Eso no es posible. No sin mi consentimiento.

¿Y esto qué es? ¿Mm?

"Autorizo a mi tío, don Ramón Cervantes, a contraer matrimonio en mi nombre".

¿Tan borracho estabas que no sabes qué firmas?

- ¡Usted está completamente loco! - ¡Cállate!

Es hora de que vuelva a haber una mujer en la casa.

Tu alianza.

Ella lleva la suya puesta.

¡Quita! Me estás haciendo daño. ¡Que no me agarres!

¡Estoy harta de que nadie me hable claro!

¡Yo tampoco quería casarme, si te sirve de consuelo!

¿No podemos hablar como personas normales?

No hay nada que hablar.

¡Sube!

Voy, voy.

- Manuel, es tardísimo. - Blas, ayúdame.

- Tranquilo. ¿Qué te pasa? - Ella es lo que me pasa. Escucha.

Mi tío me ha organizado un matrimonio por poderes.

Deshazlo. Yo no sabía lo que firmaba.

En menudo lío os habéis metido. Pasad y hablamos con tranquilidad.

No tengo nada que hablar. Ya estoy casado.

Que esta mujer vuelva a su pueblo mañana. Es lo mejor para todos.

Pero, Manuel, espera.

¡Espera!

Ese hombre con el que me han casado está loco.

- Manuel no ha tenido una vida fácil. - Ni yo, y no por eso voy gritando así.

- ¿Y eso de que estaba casado? - Se refiere a su primera mujer.

Llanos.

Pero ya no está.

- ¿Está muerta? - No.

Sí. Bueno, en realidad nadie lo sabe.

Un día se marchó sin dejar rastro.

Pero de eso ya hace años.

A mí nadie me ha contado nada de esto.

Por no saber, no sabía ni que existían los matrimonios por poderes.

Mañana mismo yo te ayudo a conseguir un billete de autobús de vuelta a Almería.

No. Eso es lo que me gustaría, pero no.

No me puedo ir.

No hay quien te entienda.

Es que mi familia necesita el dinero de don Ramón.

Si me marcho, él no salda nuestras deudas. Por eso no me puedo ir.

Eh, tú. Espabila.

No me sea brusco con la muchacha, don Ramón.

Que a una nuera se la trata con cariño y respeto.

Los sermones, para la misa.

Se acabó la luna de miel. Venga, cámbiate de ropa.

- ¿Adónde vamos? - A trabajar.

A eso he venido, a que ayude a mi familia.

Ahora tu familia somos nosotros. Cuanto antes lo asumas, mejor.

- ¿Y esa quién es? - Ni idea.

¿Tú la conoces?

Dolores, Ángela, Charo, Adela.

Sara.

Claudia. Vosotras dos también, venga.

No, Mercedes, tú no.

Pero necesito trabajar. Mi marido sigue enfermo, no me queda otra.

No me sales a cuenta. Estás vieja.

Paras todo el rato a recuperar el resuello.

- Me esforzaré. - No te lo crees ni tú.

- No sea ogro, don Ramón. - ¿Quién te ha dado vela en este entierro?

He dicho que no.

¿Y esta quién es?

- Le ha quitado el sitio a Mercedes. - Claudia, si protestas, te quedas.

Nos estás retrasando a todas.

Es la primera vez que lo hago.

¿Vienes de Almería a quitarnos el trabajo?

No te cebes con ella. Toma. La Claudia ladra mucho, pero no muerde.

¿Qué haces tan lejos de tu tierra? ¿No tienes marido?

Mi marido es Manuel Cervantes.

¿El sobrino de don Ramón? ¿Desde cuándo?

- Desde ayer. - A esta la traen para espiarnos.

Yo no estoy espiando a nadie. Me gano la vida igual que vosotras.

¿Qué pasa ahí? Basta ya de cháchara.

¡Venga!

No nos cuentes tu vida.

Además, poco tiempo vas a poder hacer de espía.

¿Por qué?

Las mujeres de los Cervantes tienen la curiosa costumbre de esfumarse.

No le metas miedo.

¿Eso lo dices por Llanos?

- El cura me dijo que se fue del pueblo. - Sí, se marchó. Al otro barrio.

Entera o en trocitos. Ahí está la duda.

No le hagas caso. Son chismorreos.

No. La pobre Llanos tenía un amante, y tu marido le cortó el cuello.

- ¿Qué dices? - Que no te oiga don Ramón.

Son rumores, niña, rumores.

Yo solo digo que cuando el río suena…

¿Cansada?

No, no. Estoy bien.

Mejor, porque no te creas que hemos terminado.

Yo le doy de comer a los caballos y tú, a los cerdos.

En el establo tienes el pienso.

Mézclalo con agua y viértelo en los comederos. Venga.

Hola. ¡Uy!

No te asustes.

¿Hola?

Hola.

¿Cómo te llamas?

Oye. ¡Eh! ¿Dónde vas? ¿Dónde vas?

¿Ya has acabado? Pues pon la mesa y calienta la sopa.

A partir de mañana, prepararás el desayuno, la comida y la cena.

¿Quién es el niño del establo?

- Sigues igual de preguntona, ¿eh? - Y usted, igual de seco.

Hay que sacarle la información con sacamuelas.

Se llama Nicolás. Es mi sobrino.

¿Es el hijo de Manuel?

De Manuel y de Llanos, sí.

- ¿Qué haces? ¿Adónde vas? - Lo que me ha mandado, poner la mesa.

No, aquí. Solo para ti y para mí. Manuel no va a cenar.

Se ha ido a la taberna, como de costumbre.

- ¿Y Nicolás? - Cena en el establo.

Es un niño.

No es un animal salvaje.

Como si lo fuera.

Desde que su madre se fue, no ha vuelto a pisar esta casa. Ni habla.

Manuel ha intentado traerlo a rastras, pero siempre se escapa.

- No puede estar ahí. Es muy pequeño. - ¿Y?

¿Se da cuenta de lo que está diciendo?

Un respeto. Yo a su edad trabajaba de sol a sol, igual que tú.

- ¿Tú no mantenías a tu familia? - Sí, pero eso no significa que esté bien.

Ven aquí, siéntate.

Tú y yo tenemos algo en común.

Los dos sabemos lo importante que es la familia, así que seré claro.

Tu madre necesita dinero.

Y yo, un heredero en condiciones para mis tierras.

Tú vas a ser la madre de ese heredero.

Usted ya tiene un heredero.

- Y es Nicolás. - Olvídalo. He dicho "en condiciones".

Ese niño nunca será de provecho. Solo nos ha causado problemas.

- ¿Qué problemas? - ¡Basta!

Manuel necesita hijos y tú se los darás, y en los meses que especifica el contrato.

- Si no, tu familia devolverá el dinero. - ¿Perdón?

Veo que no te has leído el contrato.

Que te sirva de lección: los contratos hay que leérselos hasta la última coma.

No tiene corazón.

Esta noche te meterás en la cama de Manuel.

Y cuando vuelva borracho, como siempre,

no te costará nada convencerle para que haga lo que tiene que hacer.

Y, en cuanto te quedes embarazada,

le enviaré a tu madre dinero suficiente

para que no le falte de nada el resto de su vida.

Pero, si no lo consigues,

me devolveréis hasta la última peseta con intereses.

Y no me vengas ahora con remilgos de mojigata.

Eres la esposa de Manuel a los ojos de Dios y de la ley.

Y una esposa

cuida de la casa

y tiene descendencia.

Manuel está a punto de llegar. Espérale en su dormitorio. Es ese de ahí.

Perdón.

Fuera de esta habitación

¿Y dónde voy a dormir?

Es la nueva esposa de Manuel

- Me llamo María. - Justa.

Vengo a ayudar con la casa y con el crío.

No hará falta que vengas más. A partir de ahora, ella se encargará.

- Haces falta. - No es lo que dice tu tío.

Pronto se dará cuenta, tranquila.

He tenido mucha paciencia contigo por respeto a tu padre.

A partir de ahora, si no obedeces, habrá consecuencias.

Te llamas Nicolás, ¿verdad? Es que desde ahí no te puedo ver.

¿Tú la conocías?

Me ha preguntado por Llanos. Y no seré la única con la que ha hablado.

Estaba soñando. Estaba con mi madre.

Era la última vez que la vi.

Después vino mi padre y se la llevó.

- ¿Dónde? - Al bosque.

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